Nov 11, 2025 | Santo del Día
Buenos Aires, martes 11 noviembre (PR/25) — cada 11 de noviembre, la Iglesia Católica conmemora la figura de San Martín de Tours, quien fue nombrado Patrono de Buenos Aires en 1580, después de la fundación. Este santo es recordado por sus actos solidarios y por haber creado uno de los primeros monasterios en Europa. En la colonia, la fiesta en su honor, celebrada cada 11 de noviembre, estaba a cargo del Cabildo.
El Santo Patrono de la Ciudad de Buenos Aires, fue un soldado romano que una vez convertido al cristianismo llegó a ser obispo de Tours y a fundar uno de los primeros monasterios de Europa.
La elección de San Martín de Tours como patrono de la Ciudad tiene algo de leyenda y de azar. Ocurrió el 20 de octubre de 1580, poco después de la fundación, cuando las autoridades debieron elegir a un patrono.
Entonces, pusieron los nombres de varios santos en unas papeletas y sacaron una al azar. Salió San Martín de Tours, pero como no quedaron conformes volvieron a realizar el sorteo dos veces más. El resultado fue el mismo y no tuvieron más remedio que aceptarlo.
Santoral 11 de noviembre: día de San Martín de Tours./ Imagen: ícono ortodoxo de San Martín de Tours.
Hijo de un tribuno militar romano, Martín nació en la actual Szombathely (Hungría) en el año 316. Siguiendo con la tradición militar, ingresó al ejército imperial a los 15 años. Mientras integraba las huestes romanas se convirtió al cristianismo.
Hacia el 337, mientras estaba en Amiens (actual Francia), San Martín de Tours vio a un mendigo que estaba recostado junto a la puerta de la ciudad, tiritando de frío. Entonces, espada en mano, dividió su capa en dos. Conservó una mitad y la otra mitad se la dio al mendigo como abrigo.
El gesto causó sorpresa entre los demás romanos, porque ellos no acostumbraban a tener compasión con los más débiles. Días después de este episodio, Martín vio en un sueño a Jesucristo, quien le dijo: “Martín, me has cubierto con este vestido”.
Santoral del 11 de noviembre: día de San Martín de Tours./ Imagen: gran pintura de El Greco con San Martín y el mendigo.
Después de recibir el bautismo, fue liberado de sus obligaciones militares en Worms (actual Alemania). Entonces, fue a Poitiers para unirse a los discípulos de San Hilario y adoptó un modo de vida ascético y de oración casi constante.
Luego, fue a Milán, donde volvió a encontrarse con su madre a quien logró convertir al cristianismo. En cambio, su padre permaneció pagano. De regreso en Poitiers, hacia 361, participó de la construcción del monasterio de Ligugé, donde vivió como monje durante diez años, bajo la dirección espiritual de Hilario. En 371, luego de ser ordenado sacerdote, fue electo obispo de Tours.
Ya como Obispo de Tours, San Martín emprendió la evangelización y el combate contra el paganismo, en especial, contra el gnosticismo. También tuvo que enfrentar al Obispo Prisciliano, quien había adoptado la doctrina maniquea.
Santoral del 11 de noviembre: día de San Martín de Tours. Placa Conmemorativa en Buenos Aires Recoleta, a San Martín de Tours designado Patrono de la ciudad en 1580.
Martín de Tours fundó la comunidad Maius Monasterium (monasterio mayor), también conocida como Marmoutier. Además, en su afán evangelizador, dedicó los últimos 25 años de su vida a viajar por Turena, Chartres, París, Autun, Sens y Vienne. Murió en Candes (actual Candes-Saint-Martin) en 397.
Luego de su muerte, el trozo de capa que le había regalado al mendigo fue encontrada y puesta en una urna. Además, un grupo de cristianos construyó un pequeño santuario para conservarla y como lugar de culto. Como en latín “media capa” se dice capilla, la gente comenzó a decir que iba a rezar a la “capilla”. De esta manera, la palabra comenzó a identificar a cualquier lugar pequeño dedicado al rezo.
Otros santos del 11 de noviembre
Santoral del 11 de noviembre: día de San Juan el Limosnero./ Pintura de Tiziano realizada en 1545.
- San Juan el limosnero. (550-620). Miembro de una rica familia de Chipre, ejerció como patriarca u obispo de Alejandría (actual Egipto) alrededor del 608. Alcanzó la fama por su compasión y su caridad, además de construir varias iglesias, hospitales y orfanatos. Mientras viajaba a Rodas, decidió regresar a su isla natal, para morir en la actual Limassol.
- San Verano de Vence. (402-475). Hijo del obispo Euquerio de Lyon, estudió en el monasterio de Lérins y hacia 450 asumió la sede de Vence (fusionada con la de Niza en 1789), que gobernó durante 25 años. Su hermano Salonio, en tanto, fue obispo de Ginebra.
- Santa Marina de Omura. (¿?-1634). Nació en Omura, cerca de Nagasaki (Japón), y siendo muy joven ingresó como terciaria dominica. En una época de persecución a los cristianos en su país, fue acusada de colaborar con religiosos.
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Fuente: Clarín
Nov 10, 2025 | Santo del Día
España, lunes 10 noviembre (PR/25) — Papa de la iglesia católica desde el 440 al 461. Es uno de los padres y doctores mayores de la Iglesia latina. Durante su pontificado se celebró, en 451, el Concilio de Calcedonia que proclamó la divinidad y la humanidad de Cristo
Un Papa para la cristología
León I el Grande, o Magno, diácono de la Iglesia de Roma bajo Celestino I (422-32) y Sixto III (432-40), elegido pontífice en el año 440, justo cuando ejercía de legado pontificio en Galia, intrépido salvador de Italia frente a la crueldad de Atila (452) y de Genserico (455), es uno de los padres y doctores mayores de la Iglesia latina. Su pontificado abarcó los años 440-61. Nacido probablemente en Roma a finales del siglo IV, tampoco debe ser desechado sin más el posible origen toscano.
Su célebre Carta Dogmática a Flaviano (Ep. 28), en la cuestión eutiquiana (13 de junio de 449), es fundamental para la cristología, y a ella se debe el triunfo de la ortodoxia en el Concilio de Calcedonia (451), donde el documento fue acogido al grito de «Pedro ha hablado por boca de León». Especial interés revisten los Sermones, luminosos de forma, profundos por contenido, espléndidos de belleza latina, con estilo pontifical, si bien inferiores en genialidad a los de San Agustín y en facundia a los de San Ambrosio.
Si Gregorio Magno es el papa vuelto hacia el futuro, León Magno representa, más bien, el remate de un proceso, la celebrada y airosa cumbre de un período histórico a punto de terminar. Al adjudicarle el título de Magno se ha querido honrar en él más al heredero y ejecutor que al intuitivo e inspirador. Obispo de Roma durante los difíciles momentos de las invasiones bárbaras, impuso ortodoxia y disciplina en la vida de la comunidad cristiana, y con la predicación trató de inculcar a los fieles el profundo mensaje de la vida bautismal.
Combatió la herejía, organizó la liturgia, embelleció las basílicas, renovó la vida monástica. En cuanto metropolita de Italia centro-meridional, primado de Italia septentrional y patriarca de Occidente tampoco descuidó los sínodos romanos, ni la comunión eclesiástica con los otros obispos de Italia a la hora, ya de la lucha contra el pelagianismo y el maniqueísmo, ya de la recepción de la fe de Calcedonia.
Nunca se desentendió de lo político, tal y como la situación de la Iglesia imperial de entonces exigía. Un vivo concepto de la dignidad y de la autoridad presidió siempre su hacer pontifical, requiriendo, por supuesto, que le fuera reconocida su alta misión al servicio de toda la Iglesia, aunque sin olvidar nunca la humilitas, o sea, su dependencia absoluta de Cristo, verdadero Señor de la Iglesia. Intransigente con el error en la fe y con la indisciplina, supo en cambio comprender y estar siempre dispuesto y disponible a la recuperación de los desviados.
Para tan prudente moderación y cordura de espíritu, especialmente sobre el plano dogmático, le habían dispuesto la vasta cultura acumulada con el paso de los años, el profundo conocimiento jurídico que le venía de atrás y la buena formación retórica contraída en su habitual recurso a los clásicos. Con proverbial optimismo cristiano en el ser y en el quehacer, convencido como estaba de que el Señor jamás abandona a su Iglesia, persuadido de ser guiado por Cristo presente en Pedro, resulta casi lógico que defendiera las antedichas tesis primaciales.
Es la suya, sin duda, teología más bien tradicional. No brilla por reflexiones originales en torno a la fe cristiana, por ejemplo. Despliega sobre todo una pastoral común, pero él mismo es consciente de que, al defender la ortodoxia, contribuye a implantar la concordia en la cristiandad.
Propenso a cierto método exegético, desarrollado sobre todo por San Agustín, con las predicaciones litúrgicas sabe conducir a sus fieles, de la realidad histórica (ordo rerum) de la vida de Jesús a una inteligencia más profunda, y a la ejemplaridad de unos hechos (gesta) efectuados de una vez y para siempre. En cuanto a su cristocentrismo, por una parte defiende con energía el dogma del único Cristo en dos naturalezas, tesis fundamental de Calcedonia, y de modo particular la encarnación, mientras que, por otra, no deja de hablar de Cristo, Señor y Salvador.
El aspecto kerigmático es, a pesar de lo dicho, más importante. Destaca sin cesar la presencia de Cristo en la comunidad cristiana, y muy concretamente en la Iglesia de Roma. Para las prerrogativas de la sede apostólica recurre a la nomenclatura política, donde es buen exponente de la transposición del concepto político de Roma aeterna, caput orbis terrarum (Roma eterna, cabeza del orbe terráqueo) en el cristiano Urbs sancta.
La colaboración papa-emperador se impone teniendo en cuenta que Cristo es el Señor, ya de la Iglesia, ya del Imperio. De ahí que, según él, no sólo la salvación de las almas, sino también la salus rei publicae, derivada de la pax christiana, provienen y se fundan en la encarnación de Dios.
Teología política la de León Magno, en resumen, heredada de Eusebio de Cesarea, muy discutida y problematizada hoy día en sus líneas generales, es verdad, pero cuya principal intención fue, a la postre, ciertamente religiosa.
Pedro Langa, O.S.A.
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.
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