Hoy celebramos a San Bernardo de Claraval, el santo que convirtió a toda su familia

Hoy celebramos a San Bernardo de Claraval, el santo que convirtió a toda su familia

La tradición lo ha llamado ‘cazador de almas y vocaciones’ y ‘oráculo de la cristiandad’; y las razones para esto son múltiples, aunque generalmente concurren en torno a su fortaleza de carácter y su aguda inteligencia.

Una personalidad arrasadora

Bernardo fue el primer y más famoso abad del monasterio de Claraval, célebre abadía cisterciense por su influencia cultural y sus abundantes frutos de santidad. En ese sentido, Bernardo es reconocido como uno de los grandes impulsores del renacimiento de la vida monástica a inicios del segundo milenio.

Poseedor de un gran celo por la verdad y de una notable capacidad de persuasión, Bernardo fue también un hombre de voluntad férrea. Y es en este punto donde no se debe prescindir, si queremos conocer al santo, de la capacidad de su fe para encender su corazón apasionado: Bernardo fue fundamentalmente alguien que supo poner sus dones y habilidades al servicio del Evangelio. Fue un hombre de servicio y de entrega a los demás. Libró numerosas batallas intelectuales y convirtió a muchos a Cristo, incluyendo a varios miembros de su propia familia.

Fue consejero de reyes y papas, escribió varios libros y es el autor de una de las oraciones a la Virgen María más hermosas que existen.

Amor filial

Bernardo de Fontaine -por su nombre de pila- nació en 1090 en el castillo de Fontaine-les-Dijon, ubicado en la región de Borgoña (Francia). Su familia pertenecía a la nobleza gala. Su padre, Tescelino, fue uno de los caballeros del duque de Borgoña; y su madre, Alice, era hija de un poderoso señor feudal llamado Bernardo de Montbard. Bernardo fue el tercero de siete hermanos.

Desde niño tuvo una relación muy estrecha con su madre. Ella decía que, estando embarazada, había tenido una visión sobre la vida de su hijo como un santo. Bernardo era un niño sensible y habitualmente reservado. Recibió una esmerada educación, al igual que sus hermanos.

La “huída” del mundo

Durante su juventud forjó un temperamento vigoroso, pero también se dejó seducir por las cosas del mundo, entre amistades superficiales y la vanagloria. En el fondo, Bernardo se sentía vacío y hastiado.

“Cazador de vocaciones”

En 1112 Bernardo ingresó al monasterio cisterciense de Citeaux, fundado por tres grandes santos: San Roberto, San Alberico y San Esteban Harding. En aquel momento, el monasterio se había convertido en centro de un movimiento de renovación eclesial impulsada por la idea de ‘una vuelta a los orígenes’: allí se practicaba con rigor la regla de San Benito (regla instituida por San Benito de Nursia en el siglo VI). San Esteban Harding, que era el prior de Citeaux, aceptó con inusitada alegría a Bernardo y a todos quienes se presentaron con él a la puerta de la abadía: no habían recibido vocaciones por quince años.

El empeño que puso Bernardo para alcanzar la santidad a través del espíritu originario de la vida monacal hizo que sus superiores confiaran en él para liderar un proyecto ambicioso.  Con solo 25 años fue enviado a fundar, con otros doce monjes, un nuevo monasterio en Champagne, al que llamó “Clairvaux” -es decir, Claraval, que en francés significa “valle claro”-. El primer abad sería él.

Bernardo visitó y predicó en escuelas, universidades, pueblos y campos para hablar sobre las bondades de la vida religiosa.

Fundó cerca de 300 monasterios y consiguió que 900 hombres profesaran sus votos. Uno de sus discípulos, Bernardo de Pisa, llegó a ser papa, con el nombre de Eugenio III.

La familia que alcanzó a Cristo

Su madre, la Beata Alice de Montbard, fue una mujer caritativa y entregada a la voluntad de Dios. Formó en la fe cristiana a sus siete hijos y murió rezando el santo rosario. Su padre, el venerable Tescelino, le perdonó la vida a un caballero que lo retó a duelo. El buen hombre quiso así inculcar a sus dos hijos mayores -el Beato Gerardo y el Beato Guy- la importancia de la misericordia.

Sin embargo, todo proceso rumbo a la santidad tiene altos costos: cuando San Bernardo manifestó a su familia el deseo de hacerse monje, encontró una fuerte oposición. A pesar de esto, el santo consiguió que las cosas cambiaran. No solo venció aquella oposición inicial, sino que terminó llevando consigo a sus cuatro hermanos mayores: Gerardo, Guy, Andrés y Bartolomé -todos ellos futuros beatos-; así como a uno de sus tíos y a 31 compañeros.

Cuando Bernardo y sus hermanos -cuenta la tradición- dejaron la casa familiar, Nivardo, el hermano menor -otro que sería beatificado-, les dijo: “¡Ajá! ¿Conque ustedes se van a ganarse el cielo y a mí me dejan aquí en la tierra? Esto no lo puedo aceptar”. Años más tarde, Nivardo seguiría los pasos de sus hermanos mayores.

Y ahí no terminaría la historia: el padre de Bernardo, Tescelino, ingresaría también, tiempo después, al monasterio de Citeaux.

El bien es difusivo

La esposa del Beato Guy, Isabel, también se hizo monja junto con sus dos hijas. La hermana del santo, la Beata Humbelina, llegó a un mutuo acuerdo con su esposo, Guy de Marcy, de que ambos se consagrarían a Dios. Humbelina fue fundadora de varios conventos. Su lema fue “amar es servir”.

Bernardo había sido quien desató el amor por Cristo en la familia, y la familia respondió con creces al llamado de Dios.

Siempre abad, siempre padre

San Bernardo se hizo consejero de príncipes y obispos, quienes le pedían luces sobre los asuntos más importantes gracias a su rectitud de pensamiento y sabiduría. Por eso, lo terminaron llamando «el oráculo de la cristiandad».

Bernardo murió el 21 de agosto de 1153, a los 73 años, tras haber sido abad durante casi cuatro décadas. Fue canonizado el 18 de enero de 1174 por el Papa Alejandro III y proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Pio VIII en 1830.

Entre las reflexiones sobre los Doctores de la Iglesia que realizó el Papa Benedicto XVI durante su pontificado destaca la dedicada a San Bernardo. En esta, el Papa resaltaba  hermosamente, de la mano del santo, el papel de la Virgen María en la obra de la salvación:

“Quiero concluir estas reflexiones sobre san Bernardo con las invocaciones a María que leemos en una bella homilía suya: «En los peligros, en las angustias, en las incertidumbres -dice- piensa en María, invoca a María. Que Ella no se aparte nunca de tus labios, que no se aparte nunca de tu corazón; y para que obtengas la ayuda de su oración, no olvides nunca el ejemplo de su vida. Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te sostiene, no caes; si ella te protege, no tienes que temer; si ella te guía, no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta…» (Hom. ii super «Missus est», 17: PL 183, 70-71).

Patronazgos

San Bernardo es el patrono de los cistercienses. También lo es de diversos lugares como la región de Borgoña (Francia), Gibraltar, Algeciras. Es patrono del Queens’ College de la Universidad de Cambridge, de la Catedral de Speyer (Espira, Alemania) y de los apicultores y fabricantes de velas. En América Latina es patrono de la región del Salta (Argentina).

Si deseas saber más sobre este gran santo te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Bernardo_de_Claraval

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Fuente: Aciprensa

 

Hoy celebramos a San Ezequiel Moreno, patrono e intercesor de los enfermos de cáncer

Hoy celebramos a San Ezequiel Moreno, patrono e intercesor de los enfermos de cáncer

San Ezequiel poseyó tal ardor misionero que no dudó en arriesgarlo todo por la causa más noble: desde cruzar ríos caudalosos hasta soportar las inclemencias del clima tropical, todo con tal de llevar más almas a los pies de la Cruz. El santo se caracterizó por su espíritu fuerte, probado en las penas, frente a la crítica injustificada o en la enfermedad. En virtud a esa entrega apasionada a Dios y a su labor constante, se le considera uno de los más grandes apóstoles de la evangelización de América Latina y las Filipinas.

Cómo se forja un corazón misionero

Ezequiel Moreno Díaz nació el 9 de abril de 1848 en Alfaro, Rioja (España). Sus padres fueron Félix Moreno y Josefa Díaz, ambos de condición humilde, pero de alma devota, conscientes de que la fe católica es el más elevado tesoro de una familia.

Ese espíritu piadoso impreso en el hogar marcó su corazón para siempre. Desde la primera infancia, Ezequiel se sintió atraído por la vida religiosa, lo que no quiere decir que tuviera todo claro desde el inicio. Él, como tantos otros, pasó de la atracción incipiente a la conciencia madura de lo que una vocación implica.

El santo fue un niño como cualquiera: vivaz y muy juguetón, aunque siempre mostró espíritu de sacrificio. Sería durante la adolescencia que empezó a desarrollar un lado menos común: en más de una oportunidad dejó de asistir a alguna fiesta del pueblo -de esas a las que todos van- para quedarse al cuidado de algún amigo o familiar enfermo. Tras una noche velando por el prójimo, en gesto que alguien podría calificar de “heroico”, volvía a ser el chico común que le gustaba cantar y tocar la guitarra.

Filipinas

Con sólo 16 años, siguiendo el ejemplo de su hermano mayor, Eustaquio, ingresó al convento de los agustinos recoletos en Monteagudo, Navarra, el 21 de septiembre de 1864. Un año después hizo su profesión religiosa y cuatro años más tarde fue enviado como misionero a Filipinas. Allí culminó su formación y fue ordenado sacerdote el 3 de junio de 1871.

En 1876, el P. Ezequiel fue nombrado párroco de Lespinasse y cuatro años más tarde predicador conventual de Manila; allí asumió las riendas de una finca de los agustinos recoletos en Imus -fue notable administrador e impulsor de las obras de caridad-.

“Una sola alma vale más que toda mi vida” (San Ezequiel Moreno)

Varias veces, él y todos quienes vivían en el convento redujeron sus raciones de comida para poder abastecer adecuadamente a los mendigos y la gente sin hogar.

‘Dios y Colombia’

Tres años después, a inicios de la década siguiente, el P. Ezequiel volvió a embarcarse como misionero. Esta vez su destino fue Bogotá (Colombia), en América, donde viviría austeramente por cinco años, ocupando el cargo de provincial de su Orden. Allí se dedicó a predicar y atender a los enfermos, y realizó varios viajes a la región de Casanare -zona poco explorada en ese entonces- para evangelizar y administrar los sacramentos.

En 1896, fue nombrado obispo de Pasto. Sus prédicas contundentes contra los malos políticos o la difusión de doctrinas confusas como el liberalismo -muy en boga en esos días-, así como su habitual sencillez en frente del pueblo provocaron la ira de sus enemigos. Penosamente entre estos hubo algunos obispos, quienes lo atacarían por medio de la prensa local. Pese a todo, San Ezequiel trató a sus agresores con misericordia y siempre los incluyó en sus ruegos.

De vuelta a casa

En 1905, le diagnosticaron cáncer y, ante las reiteradas súplicas de sus hermanos y de la gente que lo quería, decidió embarcarse rumbo a España para operarse. Lamentablemente, la intervención fue muy dolorosa y no tuvo éxito. El buen P. Ezequiel se fue debilitando físicamente de manera progresiva, no así el espíritu de oración que brotaba de sus labios: “Dios mío, dame valor para sufrir por ti”.

…Si deseas saber más sobre San Ezequiel Moreno puedes leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Ezequiel_Moreno.

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Fuente: aciprensa

Hoy celebramos a Santa Elena, quien encontró la cruz de Cristo, poderosa intercesora cuando algo se nos ha extraviado

Hoy celebramos a Santa Elena, quien encontró la cruz de Cristo, poderosa intercesora cuando algo se nos ha extraviado

Santa Elena también es conocida como ‘Helena de Constantinopla’ o ‘Santa Elena de la Cruz’. A ella recurren los fieles cristianos cuando algo o alguien se ha extraviado, para que con su ayuda lo perdido sea encontrado.

Rechazada por su esposo, encontró al Dios verdadero

Elena nació alrededor del año 246, en Bitinia, antigua provincia del Imperio Romano ubicada al noroeste de Asia Menor, al suroeste del mar Negro (actual Turquía). Aunque su origen fue humilde -se dice que fue hija de un sirviente-, estuvo casada con Constancio Cloro, quien se convertiría en emperador con el nombre de Constancio I. Ambos fueron los padres de Constantino I el Grande.

En tiempos del emperador Maximiano, Constancio Cloro ya era reconocido como un militar destacado. Cuando el emperador se percató de su capacidad, lo invitó a ser su colaborador más cercano, pero con una condición: que repudiara a su esposa, Elena, y se casara con su hija. Dejándose llevar por la ambición, Constancio repudió a Elena.

La santa sufriría, como consecuencia, un humillante abandono durante 14 años. Sin embargo, en medio de la soledad, conoció a Dios y se convirtió al cristianismo, muy probablemente por influencia de su hijo, futuro emperador, quien abrazó el cristianismo antes que ella.

A la muerte de Constancio Cloro, Constantino fue proclamado emperador por el ejército romano.

Estando en el campamento militar del puente Milvio en Roma, antes de la batalla de Saxa Rubra (año 313), Constantino tuvo un sueño en el que Cristo le mostraba la cruz y le decía: “Con este signo vencerás”. A la mañana siguiente, el emperador ordenó que una cruz encabezara la formación de sus huestes. Así se hizo durante el combate y Constantino consiguió la victoria.

Buscó y halló: la Cruz

Constantino amaba y respetaba inmensamente a su madre, Elena, y la nombró “Augusta” (emperatriz). Mandó acuñar monedas con su rostro, y le dio plenos poderes para que empleara el dinero del imperio en las obras de caridad que ella quisiera.

Scala sancta

Posteriormente, en el año 326, Santa Elena mandó traer a Roma la “Escalera Santa” (Scala sancta) desde el palacio de Poncio Pilato en Jerusalén. La Escalera Santa fue transportada posteriormente en su integridad.

De acuerdo a la tradición, Cristo subió por aquella escalera el Viernes Santo hacia el lugar donde sería juzgado; y sobre ella derramó su sangre. Hoy, la escalera está ubicada frente a la Basílica de San Juan de Letrán en la Ciudad Eterna.

Una mujer humilde y de gran voluntad

San Ambrosio de Milán, en el siglo IV, se refería a Santa Elena resaltando que, a pesar de ser la madre del emperador, vestía con sencillez, se mezclaba con los pobres y utilizaba las riquezas que su hijo le daba para ayudarlos.

Santa Elena hizo construir tres templos en Tierra Santa: uno en el monte Calvario, otro en el monte de los Olivos y el tercero en Belén.

Santa Elena de la Cruz murió alrededor del año 330 de nuestra era.

…Si quieres saber más sobre Santa Elena, te sugerimos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Helena.

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Fuente: aciprensa

Hoy celebramos a Santa Beatriz de Silva, difusora de la devoción a la Virgen Inmaculada

Hoy celebramos a Santa Beatriz de Silva, difusora de la devoción a la Virgen Inmaculada

Se cree que nació en 1426 en Ceuta, la famosa ciudad ubicada en el norte de África de cara al Mediterráneo. Ceuta se encontraba en ese tiempo bajo el dominio de la corona portuguesa.

La importancia de la formación en la fe

La madre de Beatriz, siguiendo una tradición familiar, encomendó la educación religiosa de sus once hijos a los franciscanos. Ellos inculcaron en los niños un amor especial a la Inmaculada Concepción, la Virgen María. Como fruto de esos años de formación, surgieron varias vocaciones a la vida religiosa dentro de la familia.

Ese fue el caso de Beatriz, aunque ella no fue la única: uno de sus hermanos, Juan o “Joao”, tomaría también el hábito de San Francisco de Asís, adoptando el nombre de Amadeo. Este -el quinto de los hermanos De Silva- impulsó una reforma dentro de la Orden en tierras italianas. Dicha reforma, llegado el momento, se convertiría en una de sus ramas más vivas, la de los llamados “amadeístas” -hoy extintos-.

Una doncella en la corte de Castilla

El palacio de Juan II se había transformado en nido de habladurías y conspiraciones por el poder. Beatriz fue acusada de haber intentado seducir al rey, por lo que Isabel empezó a considerarla una traidora y a verla como una amenaza. Como castigo, la reina portuguesa ordenó que la encerraran en un cofre, donde permaneció por tres días.

Consolada por la Inmaculada Concepción

Así Beatriz abandonó la corte real, ubicada en Tordesillas (Valladolid), e ingresó al monasterio cisterciense de Santo Domingo de Silos, en Toledo, recinto en el que sirvió a Dios por espacio de 30 años.

Reivindicada por Cristo de toda calumnia

La nueva familia religiosa, lejos de debilitarse, se extendió rápidamente por Europa y América. Hoy, varios siglos después de su fundación, está integrada por unas 3 mil religiosas que viven en 150 monasterios repartidos por todo el mundo.

Beatriz fue beatificada por el Papa Pío XI, el 28 de julio de 1926. Luego sería canonizada por San Pablo VI, el 3 de octubre de 1976.

Una santa con un mensaje para los hombres y mujeres de hoy

Los restos de Santa Beatriz se conservan para veneración pública en la Casa Madre de las concepcionistas franciscanas, ubicada en Toledo, España.

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Fuente: Aciprensa

Hoy celebramos a San Esteban I de Hungría, rey y fundador de una nación cristiana

Hoy celebramos a San Esteban I de Hungría, rey y fundador de una nación cristiana

Una familia unida por Cristo

Esteban nació en Esztergom, Principado de Hungría, en el último cuarto del siglo X -no ha podido establecerse la fecha exacta de su nacimiento-.

“Vajk” -nombre pagano del santo- fue hijo del príncipe Géza de Hungría y de la reina Sarolta. Al ser bautizado, le fue cambiado el nombre por el de “Esteban”, después de que toda la familia real abrazase el cristianismo.

El joven príncipe recibió una educación cristiana y aprendió latín nada menos que con San Adalberto de Praga. Contrajo matrimonio con Gisela de Baviera, hermana del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, San Enrique II. Esta, mujer de probada virtud, sería reconocida más adelante como beata.

Ascensión al trono y fortalecimiento de la cultura cristiana

En ese propósito recurrió al Papa Silvestre II para que, a través suyo, Occidente reconociera su reino. El Pontífice envió a San Anastasio, discípulo de San Adalberto, para que fuera quien lo coronara. Desde el trono, organizó la vida política y religiosa de la nación.

Entre sus más cercanos colaboradores estuvieron los monjes de la Orden de San Benito, de la que formaron parte los primeros obispos del nuevo reino: San Anastasio, San Beszteréd, San Buldo, San Gerardo Sagredo, San Beneta, el Beato Sebastián de Esztergom, entre otros.

Así es que estableció un arzobispado en Budapest, apoyado por seis obispados. Pensando en la cristianización de la población, ordenó construir también tres monasterios benedictinos. Esteban prefirió el anuncio a la imposición, aunque en algunos casos se recurrió a esta. A la luz de los siglos, los efectos duraderos del proceso de cristianización hablan sin duda de un pueblo que acogió el Evangelio por voluntad propia.

El dolor de un padre

Emerico era el único hijo sobreviviente de Esteban -los había perdido a todos cuando eran pequeños-, por lo que era su consuelo. Trágicamente, Emerico -quien también sería proclamado santo- murió un año después en un accidente de caza. A partir de entonces, Esteban se aferró mucho más a Dios: su fe lo sostuvo para poder enfrentar las dificultades de sus últimos años, incluyendo las disputas que la sucesión de su reino traería.

El descanso para un noble corazón

San Esteban murió el 15 de agosto de 1038 y fue sepultado en la Basílica de Székesfehérvár, edificio que él mismo había construido y que llegó a ser una de las más grandes e importantes iglesias de Europa.

Si quieres saber más sobre San Esteban de Hungría, te sugerimos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Rey_San_Esteban

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Fuente: aciprensa

Hoy se celebra a San Pedro Fabro, discípulo de San Ignacio de Loyola

Hoy se celebra a San Pedro Fabro, discípulo de San Ignacio de Loyola

En 1525 ingresó en el Colegio de Montaigu en la Universidad de París, pero pronto se trasladó al de Santa Bárbara, donde compartió alojamiento con San Francisco Javier, a través del cual conocería a San Ignacio de Loyola.

Transformado por los Ejercicios

Las dudas y tentaciones sobre su futuro asaltaron a Fabro, pero aconsejado por Ignacio, hizo la primera semana de los «Ejercicios Espirituales». Aquella experiencia lo haría replantear todo en su vida y decidirse por seguir a Cristo, convirtiéndose en el primer discípulo en París del fundador de la Compañía de Jesús.

En 1530 Fabro recibió el grado de bachiller y de licenciado en Artes, y empezó un periodo de seis años de estudio intermitente de Teología. A inicios 1534 hace los Ejercicios Espirituales completos, también bajo la guía de Ignacio.

Fue tal su compenetración con los Ejercicios que, más tarde, San Ignacio lo consideró para ser director de los mismos. Alguna vez el primer general de los jesuitas se refirió a Fabro como “el mejor director de Ejercicios” entre todos sus compañeros.

Magnífico teólogo

Pedro Fabro se ordenó en mayo de 1534 y celebró su primera Misa el 15 agosto en Montmartre. En esa celebración San Ignacio y sus compañeros hicieron los votos de pobreza, castidad y obediencia, y prometieron viajar y trabajar apostólicamente en Tierra Santa.

Fabro tendría después un papel muy activo en la consecución de la aprobación pontificia de la Compañía de Jesús, cuya responsabilidad correspondía al Papa Pablo III.

Se sabe que tenía un extraordinario don para la amistad. Por doquier su sencillez y simpatía, unidas a un sólido conocimiento, despertaban el amor de Dios en los que trataba. Fue grande su contribución a la naciente Compañía de Jesús.

El primer jesuita alemán, San Pedro Canisio, decía de él que «nunca había encontrado un teólogo más profundo o un hombre de tan impresionante santidad… Todas sus palabras estaban llenas de Dios».

Esto se quedó reflejado en su Memorial, su diario espiritual escrito entre junio de 1542 y mayo 1545. Después de los Ejercicios Espirituales y las Constituciones, el Memorial de Fabro es considerado el documento más importante en la definición de la espiritualidad de la Compañía de Jesús.

Su propósito era relatar las gracias divinas que recibió, las que ayudaron para discernir mejor por dónde lo guiaba el Espíritu. Desgraciadamente, el manuscrito permaneció inédito durante tres siglos.

La vida de Pedro Fabro demuestra cómo el carisma original de los jesuitas fue recibido, reflejado e irradiado por una personalidad considerada la más sencilla y menos profunda entre los miembros de la generación fundacional. Y, al mismo tiempo, más alegre y menos austera que la de su principal fundador, San Ignacio.

El 17 de diciembre de 2013 el Papa Francisco, con la autoridad que le corresponde como Pontífice, inscribió en el libro de los santos al sacerdote jesuita Pedro Fabro.

Más adelante, el 3 de enero de 2014, al presidir la Misa de Fiesta del Santo Nombre de Jesús en la iglesia de Gesú de Roma, el Santo Padre señaló que “Fabro fue devorado por el intenso deseo de comunicar al Señor”.

“Si nosotros no tenemos su mismo deseo, entonces necesitamos detenernos en oración y, con fervor silencioso, pedir al Señor, por intercesión de nuestro hermano Pedro, que vuelva a seducirnos: con ese hechizo del Señor que llevaba a Pedro a todas estas ‘locuras’ apostólicas”, añadió el Papa.

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Fuente: Aciprensa