Hoy recordamos a San Maximiliano Kolbe, mártir de la vida, víctima de la ideología

Hoy recordamos a San Maximiliano Kolbe, mártir de la vida, víctima de la ideología

San Maximiliano Kolbe fue un gran promotor de la devoción al Inmaculado Corazón de María y uno de los fundadores de la “Ciudad de la Inmaculada», un complejo religioso construido cerca de Varsovia que contaba con un seminario, un monasterio, una editorial y una estación de radio.

Dos coronas: una blanca y otra roja

Maximiliano, cuyo nombre de pila fue Raimundo, nació el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola, Reino de Polonia (en ese momento parte del Imperio Ruso).

De acuerdo al relato de su madre -registrado después de la muerte del santo-, cuando Raimundo era niño, hizo una travesura que ella reprochó enérgicamente: “Niño mío, ¡quién sabe lo que será de ti!”. Días después, la madre vio que el pequeño Raimundo había cambiado de actitud y que oraba llorando con frecuencia ante un pequeño altar que tenía entre dos roperos. Ella le pidió que le contara qué le sucedía. Entonces, con los ojos llenos de lágrimas, Raimundo contestó:

“Mamá, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen que me dijera lo que sería de mí. Lo mismo en la Iglesia, le volví a rogar. Entonces se me apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que sería mártir. Contesté que aceptaba las dos. Entonces la Virgen me miró con dulzura y desapareció”.

Este hecho marcó la vida de Maximiliano, quien a partir de entonces profesó la más grande de las devociones a la Virgen Inmaculada.

Caballero de la Inmaculada, hijo de San Francisco

Años más tarde, Raimundo se descubrió llamado a la vida religiosa e ingresó a la Orden de los Franciscanos Conventuales. En el noviciado (1910) cambió su nombre por el de “Maximiliano” en honor a San Maximiliano de Celeia, mártir. En 1911 profesó sus primeros votos y en 1914 los votos finales. Es entonces cuando adopta el nombre adicional de “María”, en honor a la madre de Jesús.

De regreso a Polonia, publica la revista mensual “Caballero de la Inmaculada” y en 1929 funda la «Ciudad de la Inmaculada» en Niepokalanów, a 40 kilómetros de Varsovia. Luego se ofreció como misionero en Asia. Establecido en Japón, funda una nueva «Ciudad de la Inmaculada» (Mugenzai No Sono) y publica la revista “Caballero de la Inmaculada” en japonés.

La vuelta a Polonia y el inicio de la Guerra

Con esto, el P. Kolbe quedó expuesto a la persecución de los nazis. Mientras tanto, continuaba con su servicio sacerdotal heroicamente: alentaba a la gente a mantener la fe y a acercarse al Señor. En solidaridad con el pueblo judío, se negó a ser registrado en la lista de los “alemanes” -su padre era alemán, su madre polaca-, con lo que se hubiese librado de posteriores problemas u hostigamientos. Sin embargo, su opción fundamental era el respeto por la humanidad toda, sin exclusiones.

Maximiliano mantuvo una posición firme contra el nacionalsocialismo. Luego de algunos enfrentamientos verbales con los nazis, es apresado y enviado a los  campos de concentración. Asignado en Auschwitz, destinado a las barracas, quiso ser signo del amor de Dios en un lugar que todos creían precisamente abandonado por Dios.

El amor más grande: dar la vida

Ante esto, el P. Maximiliano se ofreció para ser intercambiado por el condenado a muerte. El sacerdote fue llevado a un subterráneo, donde alienta a los demás prisioneros a mantenerse unidos en oración. Después de varios días, sin comida ni agua, todos han muerto y solo él queda vivo. Para desocupar el lugar, los soldados decidieron aplicarle veneno, procedimiento que se conoce como “inyección letal».

El P. Maximiliano rezó así hasta el final: “Concédeme alabarte, Virgen santa, concédeme alabarte con mi sacrificio. Concédeme por ti, solo por ti, vivir, trabajar, sufrir, gastarme, morir…”. Murió el 14 de agosto de 1941, a los 47 años de edad.

El Papa San Pablo VI lo declaró Beato al P. Kolbe en 1971. Fue canonizado por San Juan Pablo II -su compatriota- en 1982. En la ceremonia el Papa polaco lo honró con estas palabras: “Maximiliano Kolbe hizo como Jesús, no sufrió la muerte sino que donó la vida”.

El 19 de julio de 2016, el Papa Francisco visitó la “celda del hambre” -lugar donde fue encerrado San Maximiliano Kolbe hasta el día de su muerte-. La visita se realizó durante la visita papal al campo de concentración de Auschwitz, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, realizada ese año en Polonia.

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Fuente: aciprensa

Hoy se celebra a San Estanislao Kostka, patrono de los jóvenes que aspiran al sacerdocio

Hoy se celebra a San Estanislao Kostka, patrono de los jóvenes que aspiran al sacerdocio

Buenos Aires, 13 de agos5to (PR/25) .- Cada 13 de agosto la Iglesia celebra a San Estanislao de Kostka, novicio polaco de la Compañía de Jesús que vivió entre los años 1550 y 1668. Siendo aún muy joven alcanzó las cumbres de la santidad gracias a su amor a la Virgen María y al deseo de servir a la Iglesia.

San Estanislao es patrono de los novicios, de los que se preparan al sacerdocio y de la República de Polonia.

“Caminar con rapidez por la senda de la vida”

Estanislao nació en el castillo de Rostkowo, provincia de Mazovia (actual Polonia), el 28 de octubre de 1550. Su padre, Juan Kostka, Señor de Zakroczym, era un influyente político del Reino de Polonia que ocupaba el cargo de senador; su madre, Margarita Kryska de Drobni, estaba emparentada con los Duques de Mazovia. Estanislao era el segundo de los siete hijos de la pareja.

Con solo 13 años, Estanislao ingresó al internado jesuita de Viena (Austria), a donde a pesar de su corta edad fue enviado para educarse con la nobleza austríaca. Pronto, el pequeño empezó a destacar por su amor al estudio, pero también por su recogimiento, devoción y afinidad con la oración. Allí Estanislao estudió gramática, humanidades y retórica durante tres años.

Desde los días de su estancia en el internado, Estanislao aprendería mucho sobre las tensiones que surgen entre el poder temporal y los hijos de la Iglesia: el emperador Maximiliano II de Austria empezó a hostigar a los jesuitas hasta el punto de quitarles la casa que el rey Fernando I -su predecesor- había cedido al internado. Es así que Estanislao junto a su hermano Pablo y otros compañeros se vieron obligados a salir del internado y trasladarse lejos de la comunidad. El grupo terminó alojado en casa de un senador luterano residente en Viena.

Amor entrañable a la Eucaristía y a la Virgen

Al poco tiempo, estando de huésped en casa del senador, Estanislao cayó gravemente enfermo, temió lo peor y pidió que se le administrara la Eucaristía. Sin embargo, el dueño de casa, por ser luterano, no permitió que ingresara el sagrado viático a su propiedad.

En esas condiciones, Estanislao, que no paraba de rezar, entró en éxtasis: habiéndose encomendado a Santa Bárbara, a cuya cofradía pertenecía, tuvo una visión en la que la santa, en compañía de dos ángeles, le llevaba la comunión hasta su cuarto.

Más adelante, fue la mismísima Virgen María con el Niño Jesús en brazos quienes se le aparecieron. La Madre de Dios le dijo: “Nuestra voluntad es que entres cuanto antes en la Compañía de mi Hijo Jesús”. Estanislao recibió aquellas palabras con profundo gozo, porque su corazón ya manifestaba hacía tiempo el deseo de entregar la vida a Cristo.

“Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37)

Estanislao decidió entonces romper lazos con su familia. Primero, fue enviado a Alemania y después a Roma, para hacer su ingreso allí a la orden religiosa. En su paso por Dillingen, Alemania, donde permaneció un tiempo, buscó a Pedro Canisio (más tarde prominente santo) quien era el provincial jesuita en ese país.

Pedro Canisio lo acogió amablemente y le permitió quedarse en la casa de la Compañía, encargándole algunos oficios sencillos como la atención a los estudiantes y la limpieza.

Estanislao intercalaba las horas de trabajo con las de oración intensa en la capilla.

Dejando todo en las manos del Señor, se entregó a la práctica de la oración constante y el estudio. Cada vez que entraba a la Iglesia, su rostro se encendía y con frecuencia era arrebatado en éxtasis durante la Misa, especialmente después de la comunión.

En el mes de la Asunción

El primer día de agosto de 1568, Pedro Canisio, de paso en Roma, se reunió con los novicios jesuitas para darles una plática sobre la urgencia de vivir la vida en constante conversión, condición para ir al cielo. Después de la plática, Estanislao dijo en frente de sus compañeros: “El padre Canisio nos ha exhortado a caminar con rapidez por la senda de la vida; pero su exhortación para mí ha sido un presagio de mi muerte”.

A los pocos días, su salud empezó a decaer. Tenía frecuentes desvanecimientos, aparentemente debidos al calor del verano romano que le hacía mucho daño. Al amanecer del día de la Asunción de 1568, después de relatar que había contemplado a la Santísima Virgen rodeada de los ángeles en el cielo, partió a la Casa del Padre a los 18 años de edad.

En una de las celebraciones anteriores del día de la Asunción de la Virgen, San Estanislao había exclamado: “¡Qué día tan feliz debió ser para todos los santos aquél en que María entró en el cielo! Quizá ellos lo celebran con especial gozo, como lo hacemos nosotros en la tierra. Espero estar entre ellos en su próxima celebración”.

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Fuente: Aciprensa

Hoy recordamos al Papa Beato Inocencio XI, ejemplo e inspiración para todo líder católico

Hoy recordamos al Papa Beato Inocencio XI, ejemplo e inspiración para todo líder católico

Benedetto Giulio Odescalchi -nombre de pila del Papa Inocencio- nació el 16 de mayo de 1611 en la ciudad de Como, al norte de Italia. Realizó sus primeros estudios con los jesuitas, en su ciudad natal. Posteriormente, continuó su formación en la universidad La Sapienza de Roma y en la Universidad de Nápoles, donde se doctoró en derecho civil y derecho canónico (1639).

Es poco o nada lo que se sabe sobre su ordenación sacerdotal e incorporación al clero, pero para 1645, ya había sido designado cardenal diácono de la basílica de San Cosme y Damián por el Papa Inocencio X (1644-1655).

Elección

El 21 de septiembre de 1676, después de cincuenta días de cónclave, Odescalchi fue elegido Papa. El proceso fue arduo debido a la férrea oposición del rey de Francia a su postulación. Luis XIV quería acrecentar su influencia en Europa y sabía que el cardenal Odescalchi no se lo permitiría.

Si bien al final el rey desistió de sus intenciones iniciales y terminó apoyando el nombramiento de Odescalchi, pronto surgirían nuevos conflictos entre él y el recién elegido pontífice.

El Papa, contrapeso del poder temporal

No pasó mucho tiempo cuando Luis XIV de Francia, el “Rey sol”, como se hacía llamar, regresó a la carga. El monarca estaba empecinado en extender el dominio político francés en el continente y le parecía decisivo debilitar el poder papal. Por este motivo, todo el pontificado de Inocencio estuvo caracterizado por las tensiones con Luis XIV.

Entre las maniobras que llevó a cabo Luis XIV estuvo la convocatoria al clero francés a integrar una asamblea con el propósito de obligar al Papa a que se sometiera al poder estatal. El Papa Inocencio XI se opuso a la constitución de dicha asamblea y amenazó con excomulgar a todo el clero francés si se rendía a las exigencias del monarca. Al final la excomunión se hizo efectiva, pero solo para los candidatos episcopales franceses que se sometieron al rey.

Lo sucedido compuso un escenario tremendamente tenso, al punto de temerse un cisma. Ciertamente, la animadversión de Luis XIV hacia Inocencio XI venía desde antes de su elección -el rey había intentado influir en el cónclave con los votos de sus cardenales afines-, pero la manera como el pontífice manejó uno a uno los momentos críticos -con firmeza y sabiduría-, contribuyó al fortalecimiento de la Iglesia, la que mantuvo su unidad y que demostraba, una vez más, que él era el contrapeso necesario ante los abusos o excesos del poder político francés.

Este episodio le valió al Papa Inocencio la fama de hombre de paz, de magnífico estratega y gran diplomático, en el contexto característico de la Europa del siglo XVII.

Aun así, aquellos rasgos humanos del beato no son, por mucho, lo más digno de destacar. Nada del buen desempeño de Inocencio XI hubiese sido posible sin su entrega al servicio del cuerpo místico de Cristo. El Papa Odescalchi fue fundamentalmente un asceta, un hombre bondadoso y muy generoso con los más pobres. Renunció a la opulencia que rodeaba al papado y luchó contra el nepotismo del clero -labor que fue continuada por Inocencio XII, su sucesor-.

El Papa, además, reformó la administración de la Curia y ordenó las finanzas del Vaticano: los Odescalchi eran una familia de banqueros y por eso Benedetto conocía mucho de estos menesteres.

Su magisterio estuvo dirigido a promover el amor a la Eucaristía entre los fieles, al enriquecimiento de la teología moral, y al conocimiento de sistemas y perspectivas morales, como un intento de aclarar muchas de las controversias de su época. Puso particular interés en fortalecer la doctrina en torno al sacramento de la reconciliación, y el sigilo y discreción que debe caracterizar a los confesores.

Tras una larga enfermedad, Inocencio XI murió el 12 de agosto de 1689, en el palacio del Quirinal. Llorado por el pueblo romano que lo amó y respetó, fue sepultado en la basílica de San Pedro, en la capilla de San Sebastián. Allí permanecieron sus restos hasta el año 2011, cuando fueron trasladados a otro mausoleo dentro de la basílica. Las autoridades eclesiásticas decidieron en ese momento que su lugar de sepultura sea ocupado por el mausoleo de otro gran Pontífice: el Papa San Juan Pablo II.

Inocencio XI fue beatificado por el Venerable Papa Pío XII el 7 de octubre de 1956.

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Fuente : aciprensa

Hoy celebramos a Santa Clara de Asís, sierva de los pobres, patrona de la televisión

Hoy celebramos a Santa Clara de Asís, sierva de los pobres, patrona de la televisión

Buenos Aires, 11 de agosto (PR/25) .- Cada 11 de agosto, la Iglesia Católica celebra a Santa Clara de Asís, fundadora junto a San Francisco de Asís, de la Orden de las Hermanas Pobres, conocidas póstumamente como “clarisas” en honor a ella. Santa Clara de Asís es considerada patrona de la televisión y las telecomunicaciones.

La Orden de las Hermanas Pobres es un instituto perteneciente a la Segunda Orden de los “hermanos menores” o franciscanos. Las clarisas constituyen así la rama femenina de los franciscanos.

Francisco de Asís, su hermano

Santa Clara, cuyo nombre evoca pureza y luminosidad, nació el 16 de julio de 1194 en Asís (Italia), en el seno de una de las familias nobles de la ciudad. Desde muy pequeña se esforzó en adquirir y crecer en la virtud: acudía con asiduidad a la oración y la penitencia; solía ocuparse de las tareas más difíciles del hogar y cuidaba de los detalles más pequeños.

A los 18 años acudió como de costumbre a la iglesia de San Giorgio de Asís para la misa. Ese día, San Francisco hizo la prédica en torno a la Cuaresma. Clara, después de escucharlo, le pidió al santo que la ayudara a vivir también “según el modo del Evangelio”. Desde ese momento, él se convirtió en su preceptor espiritual y cultivaron una santa amistad. Clara, conforme se iba comprometiendo más con el Señor, se sentía cada día más atraída por una vida sencilla y de entrega a los pobres: ese era, precisamente, el camino que Jesús le señalaba.

La noche del Domingo de Ramos de 1212, Clara dejó su casa y se encaminó a la Porciúncula, al lado de la cual vivían los frailes menores (hoy esta pequeña capilla franciscana permanece al interior de la Basílica de Santa María de los Ángeles).

El milagro del pan

Santa Clara vivió casi toda su vida religiosa en el monasterio de San Damián. Cierto día, en la alacena no había más que un solo pan y había que alimentar a cincuenta. Santa Clara lo bendijo e hizo rezar a todas el padrenuestro. Un segundo después se produjo el milagro: Clara multiplicó el pan y lo repartió a sus hermanas. Incluso sobró, y mandó la mitad sobrante a los hermanos menores. Entonces dijo: «Aquél que multiplica el pan en la Eucaristía, el gran misterio de fe, ¿acaso le faltará poder para abastecer de pan a sus esposas pobres?».

Para Dios nada es imposible

Uno de los episodios más conocidos de su vida sucedió el día de la Solemnidad de la Natividad de Cristo. Estando gravemente enferma, fue transportada milagrosamente desde su cama a la iglesia de San Francisco. Allí asistió a todo el oficio de los maitines y a la Misa de medianoche, además recibió la santa comunión; después, apareció de nuevo en su celda, sobre su cama.

El Sumo Pontífice, Inocencio III (1198-1216), la visitó en el monasterio hasta en dos ocasiones, en alguno de los peores momentos de su enfermedad. En una de esas oportunidades, después de verla, el Papa exclamó: «Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita».

Patrona de las telecomunicaciones y la TV

Muchas ciudades, santuarios y templos alrededor del mundo llevan su nombre, generalmente en lugares donde está presente la familia franciscana.

Así, en 1958, Pio XII publicó una Carta Apostólica proclamando a Santa Clara Patrona de la Televisión. Por extensión, se le considera también patrona de todas las telecomunicaciones en general.

En el documento se expresa que la Iglesia apoya la innovación tecnológica y recomienda el uso de la tecnología moderna para proclamar el Evangelio. Además, se reconoce críticamente que la televisión es tan capaz de producir bienes como de lo contrario -lo mismo puede decirse de toda forma de telecomunicación o transferencia de información o data-, por lo que se hace necesario que esta tecnología tenga un santo patrono para la protección espiritual de quienes la utilizan.

Esa es precisamente Santa Clara, la mujer que fue transportada milagrosamente desde “un punto a otro”, es decir, desde su habitación al altar de la capilla del monasterio.

En septiembre del 2010, el Papa Benedicto XVI, comentó que la vida de Santa Clara es un ejemplo de cuán importantes son las mujeres en la vida eclesial. Para el entonces Primado de la Iglesia, Clara había demostrado con creces “cuánto debe toda la Iglesia a las mujeres valientes y ricas de fe como ella, capaces de dar un impulso decisivo a la renovación de la Iglesia».

Si quieres saber más sobre Santa Clara de Asís, te recomendamos leer este artçiulo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Clara_de_Asís.

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Fuente: aciprensa

Hoy celebramos a San Lorenzo mártir, patrono de los diáconos, archivistas y tesoreros

Hoy celebramos a San Lorenzo mártir, patrono de los diáconos, archivistas y tesoreros

San Lorenzo, además de ser patrono de los archiveros (o archivistas) lo es de los tesoreros, patronazgos que ostenta en virtud de su servicio diaconal. En el siglo V a los diáconos les era encomendada la tarea del registro y cuidado de los bienes de la Iglesia de Roma, así como la administración de los recursos para ayudar a los pobres.

San Agustín (354-430) destacó su labor como diácono en uno de sus sermones: “La Iglesia de Roma nos invita hoy a celebrar el triunfo de San Lorenzo, que superó las amenazas y seducciones del mundo, venciendo así la persecución diabólica. Él, como ya se os ha explicado más de una vez, era diácono de aquella Iglesia. En ella administró la sangre sagrada de Cristo, en ella, también, derramó su propia sangre por el nombre de Cristo”. Con estas palabras, San Agustín coloca a San Lorenzo como ejemplo de entrega total al Señor, al punto de imitarlo entregando la propia sangre.

El Papa San Sixto II, mártir

San Lorenzo nació en Huesca, Hispania (España), alrededor del año 225. Fue uno de los siete diáconos “regionarios” de Roma, es decir, tenía a su cargo una de las “regiones” o “cuarteles” de la ciudad. Los diáconos tenían la tarea de asistir al Papa, obispo de Roma, en el cuidado pastoral de los fieles.

Lorenzo, gracias a su servicio, gozó de la cercanía del Papa de aquel entonces, San Sixto II, quien moriría también martirizado. De acuerdo a la tradición, el Papa Sixto II fue ejecutado tres días antes que Lorenzo por manos de los soldados del emperador.

Poco después el Senado respaldó a Valeriano con un conjunto de medidas adicionales: todas las manifestaciones públicas cristianas quedaban prohibidas y las autoridades eclesiales debían ser ejecutadas sin consideración.

La tradición cuenta que San Lorenzo, al ver que iban a matar a Sixto II, le dijo: “Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?” y el Santo Padre le respondió: “Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás”.

Entonces, Lorenzo, considerando que moriría pronto, juntó todos los bienes de la Iglesia de los que disponía en ese momento -como diácono tenía esa potestad-, y empezó a venderlos y repartir el dinero entre los necesitados.

La autoridad imperial encargada de la ciudad sabía muy bien que Lorenzo era el administrador de los bienes eclesiales y lo mandó llamar. Una vez que Lorenzo estuvo en su presencia, el prefecto le exigió que entregue las riquezas a su cargo para costear la próxima campaña militar del emperador. El santo le pidió tres días de plazo para cumplir el cometido, a lo que el prefecto asintió.

El joven diácono mientras tanto convocó a los pobres de Roma: lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos -a los que habitualmente ayudaba con limosnas-, reuniendo un número significativo de ellos. Una vez congregados se presentó con ellos ante la autoridad y le dijo: “Estos son los tesoros más preciados de la Iglesia de Cristo”.

Assum est [asado está]

Por esta acción, considerada una afrenta, Lorenzo fue condenado a muerte en el acto por el prefecto. La orden era que muriese lenta y dolorosamente. Se le colocaría sobre una parrilla de hierro encendida hasta que muera. Sería la paga por haber desafiado la autoridad del emperador.

San Lorenzo murió ese 10 de agosto del año 258. Tenía unos 33 años.

La sangre de los mártires, semilla de cristianos

El martirio de San Lorenzo produjo un crecimiento del número de bautizados y un golpe muy fuerte para los enemigos de la Iglesia. Por su testimonio, muchos paganos abrazaron la fe en Cristo.

San Lorenzo y el Papa Francisco

El 10 de agosto de 2019, el Papa Francisco dedicó un breve mensaje en redes sociales dedicado a San Lorenzo: “El testigo cristiano, en el fondo, anuncia solo esto: que Jesús vive y es el secreto de la vida. #SanLorenzoMártir”.

Como dato anecdótico, el club de fútbol favorito del difunto Papa Francisco lleva el nombre del diácono mártir: el Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Dicho nombre fue puesto por uno de los fundadores de la institución, el sacerdote salesiano P. Lorenzo Massa.

Si deseas saber más sobre San Lorenzo, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Lorenzo.

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Fuente: aciprensa

Hoy celebramos a Santa Edith Stein, carmelita de origen judío, víctima del nazismo

Hoy celebramos a Santa Edith Stein, carmelita de origen judío, víctima del nazismo

Edith -quien adoptaría el nombre religioso de Sor Teresa Benedicta de la Cruz- nació en Breslau (Breslavia) el 12 de octubre de 1891, en tiempos en los que dicha ciudad era todavía una provincia alemana. Hoy Breslavia forma parte de Polonia.

Amor a la sabiduría

Edith nació en el seno de una familia judía y fue educada como tal. Sin embargo, durante su adolescencia y los primeros años de juventud empezó a cuestionar su religión paulatinamente, hasta que terminó abrazando el ateísmo.

Años más tarde, convertida en prominente estudiante de filosofía de la universidad de Gotinga (Alemania), tomó contacto con la “fenomenología” -novedosa perspectiva filosófica en ese momento-, caracterizada por la pretensión de base de renovar las ciencias y el saber tal y como se conocían.

Edith destacó como estudiante universitaria gracias a su penetración intelectual. Enterado de ello, el filósofo Edmund Husserl -padre de la fenomenología- la escogió como asistente de cátedra. Edith ocupó con brillantez ese destacado puesto, incluso antes que Martín Heidegger (1889-1976), otro de los más importantes filósofos del siglo XX.

La Primera Guerra y la Cruz Roja

La joven filósofa poseía un elevado sentido de la solidaridad. Desatada la Primera Guerra Mundial (1914-1918), se enlistó en la Cruz Roja como enfermera y fue destacada a un hospital de campaña. Los años siguientes fueron muy duros: Edith conoció de manera directa la tragedia de la guerra y experimentó con creces lo que significa la fragilidad humana.

El encuentro con Cristo a través de Santa Teresa de Ávila

Terminada la guerra, en 1921, Edith decide visitar a una amiga que había quedado viuda, con el propósito de hacerle compañía. Grande fue su sorpresa al encontrarla con una serenidad y resignación fuera de lo común: quedó impactada por la paz y la fe que irradiaba aquella mujer, a pesar del dolor a causa de la pérdida. Su amiga, entonces, le confesó que lo que la sostenía era la fe en Dios. Casi de inmediato, Edith se interesa en la fuente de aquella paz espiritual que anhelaba: el cristianismo. Luego lee la autobiografía de Santa Teresa de Jesús.

Aquel acercamiento intelectual y espiritual a la vida de Teresa de Ávila la transformó profundamente. Un radical cuestionamiento sobre el sentido de la propia vida y la búsqueda de la verdad culminaron en el abrazo a la fe católica.

“Como católica me siento más judía” (Edith Stein)

Después de un tiempo de purificación personal, pidió ser bautizada. Buscó la ayuda de un sacerdote y, después de una etapa de preparación, recibió el sacramento de la iniciación en 1922. Edith había encontrado por fin aquello que siempre buscó desde lo hondo de su ser.

Vocación religiosa

Paulatinamente fue brotando otro cuestionamiento: la inquietud vocacional. Edith continuaría su itinerario personal, esta vez acompañada de un director espiritual. Ingresa a trabajar como profesora en la escuela de formación de maestras de las dominicas de Santa Magdalena; dicta conferencias, traduce libros, destaca profesionalmente, y, cada vez que puede, se escapa para encontrar la paz que necesita. Su lugar favorito era la abadía benedictina de Beuron.

Mientras tanto, la situación política en Alemania se radicaliza -eran años de deterioro moral en su país-. El régimen nacional socialista, caracterizado por su antisemitismo, la identifica y le prohíbe la enseñanza. A pesar de ello, Edith no se desanima. Su fe ha madurado y se descubre llamada a la vida religiosa: ingresa al Carmelo en Colonia como postulante. Con ese paso, rompe definitivamente con su pasado, y renuncia al prestigio y la fama del mundo académico. El 15 de abril de 1934 toma el hábito carmelita y cambia su nombre a Teresa Benedicta de la Cruz.

Para ese entonces, la situación de los judíos se había tornado dramática y Edith pide ser trasladada de monasterio para no poner en riesgo la vida de sus compañeras. Es enviada a una comunidad en Holanda junto con su hermana Rosa, quien también se había convertido al cristianismo y servía como hermana lega. Mientras tanto, los nazis amenazan con “deportar” -desaparecer- a los judíos de Europa, incluyendo a los conversos.

El derrotero tomado por el partido ya generaba el rechazo del mundo libre y la condena internacional. La Iglesia Católica, a través de las gestiones del Papa Pío XII se convierte en bastión de defensa del pueblo judío. A pesar de las innumerables presiones que recibe, Pio XII se mantiene firme del lado de los perseguidos y maltratados.

El camino de la Cruz

Las fuerzas nazis de ocupación en Holanda declaran a todos los católicos judíos como “apátridas”, por lo que deberán ser detenidos y deportados. Así, un contingente militar nazi ingresa al convento carmelita donde viven Edith y Rosa y se las llevan.

Ambas son trasladadas al campo de concentración de Westerbork (Países Bajos). Edith, en medio de aquella situación extrema, se preocupa por ayudar y consolar a sus compañeros de prisión. Las condiciones en las que viven incluyen humillaciones, tortura y, por supuesto, la muerte.

Semanas después, Edith y Rosa son enviadas al campo de concentración de Auschwitz (territorio de ocupación en Polonia). Forman parte de un grupo de unos mil judíos. Las hermanas Stein arriban el 9 de agosto de 1942. Después solo sucede lo inevitable: los prisioneros recién llegados son organizados para ser conducidos a la cámara de gas. Santa Edith es ejecutada en uno de los grupos. Muere ofreciendo su vida por la salvación de las almas, la liberación de su pueblo y la conversión de Alemania.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Santa Edith Stein, fue canonizada por San Juan Pablo II en 1998. El Papa le concedió el título de “Mártir por amor”.

Un año más tarde, en octubre de 1999, la santa fue declarada copatrona de Europa.

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Fuente: Aciprensa