Hoy se celebra a San Lorenzo de Brindisi, el fraile que “valía lo que un ejército”

Hoy se celebra a San Lorenzo de Brindisi, el fraile que “valía lo que un ejército”

En el mundo de habla hispana es conocido como San Lorenzo de ‘Brindis’, castellanización del italiano ‘Brindisi’ (nombre de la ciudad de la región italiana de Apulia, antiguo Reino de Nápoles). La Iglesia le ha otorgado el título de Doctor apostolicus [Doctor apostólico] (Breve pontificio: “Celsitudo ex humilitate”).

“Me basta Jesús crucificado” (San Lorenzo)

Giulio Cesare Russi -nombre de pila del santo- destacó en los estudios desde pequeño gracias a su buena memoria y a la claridad de su razonamiento. De adolescente, tocó las puertas de los franciscanos capuchinos de su ciudad y fue recibido por ellos con beneplácito. Giulio se descubría llamado a seguir de cerca los pasos de San Francisco de Asís.

A poco de haber ingresado a la vida religiosa, tuvo un diálogo con su prior que quedaría grabado en su memoria para siempre. El prior quiso advertirle de la dureza y austeridad de la vida franciscana -al probarla la mayoría de jóvenes jóvenes desistía hasta de los más firmes propósitos-.

Giulio prometió abrazar el espíritu de pobreza franciscana consciente de que le era posible con la ayuda del Señor: “Al mirar a Cristo Crucificado tendré fuerzas para sufrir, por amor a Él, cualquier padecimiento… Me basta Jesús crucificado”.

Presentar el Evangelio a “Nuestros hermanos mayores” (San Juan Pablo II)

Como diácono empezó a predicar con insistencia en diversos lugares. Dios le concedió un ánimo especial para la predicación, y el joven fraile se esmeró en desarrollar ese talento. No pasaría mucho tiempo para que Fray Lorenzo suscitara las primeras conversiones entre quienes lo oían. El franciscano sería ordenado en 1583.

Después, ya de sacerdote, el Papa Clemente VIII le encomendó un ministerio muy especial: predicar a los judíos e intentar ganarlos para Cristo. Muy pocos conocían y dominaban la lengua hebrea como Fray Lorenzo, y el Pontífice deseaba que el Evangelio fuera anunciado con cercanía y calidez a quienes son “nuestros hermanos mayores” (expresión con la que el Papa Juan Pablo II solía referirse al pueblo judío).

El secreto de una buena homilía

Cierto día un sacerdote le preguntó a Lorenzo cuál era su “secreto” para predicar tan bien, a lo que él respondió: «En buena parte se debe a mi buena memoria. En otra buena parte, a que dedico muchas horas a prepararme. Pero la causa principal es que encomiendo mucho a Dios mis predicaciones, y cuando empiezo a predicar se me olvida todo el plan que tenía y empiezo a hablar como si estuviera leyendo en un libro misterioso venido del cielo».

Viajó a Alemania para unir fuerzas con el Beato Benito de Urbino. Ambos capuchinos se dedicaron a la atención de las víctimas de la peste que asoló ese país hacia el último cuarto del siglo XVI. De la mano del beato, fundó conventos en Praga, Viena y Gorizia.

Contrarreforma

Lorenzo deseaba contribuir con su apostolado al movimiento de la contrarreforma. En ese propósito, se inspira en lo hecho por el holandés Pedro Canisio y se entrena en la dialéctica teológica. Fruto de sus disputas con teólogos protestantes son, por ejemplo, las Lutheranismi hypotyposis [El luteranismo hipotético] escritas en tres volúmenes, y una síntesis de las Disputationes de Roberto Belarmino.

«Seguro de que él solo valdría lo que un ejército» (Papa Clemente VIII)

El Papa Clemente VIII le pide a Lorenzo que colabore de cerca con el emperador germano Rodolfo II, y lo convierte en su representante diplomático. En un momento complicadísimo para los germanos, el santo tuvo que lidiar para conseguir el apoyo de todos los príncipes alemanes y poder hacer frente a una inminente invasión turca.

Involucrado por la obediencia con la casta militar, Fray Lorenzo se hizo capellán del ejército imperial.

Obrero de la paz

De vuelta tras la victoria, el santo permaneció en el convento de Gorizia. Después el Papa le encomendó otras misiones diplomáticas en favor de la consolidación de la paz en diversas partes de Europa.

El santo se retiró finalmente al convento de Caserta. Allí era frecuente verlo arrebatado, en éxtasis, durante la celebración de la Misa.

San Lorenzo de Brindis partió a la Casa del Padre el 22 de julio de 1619, el mismo día de su cumpleaños. Fue canonizado en 1881 y, en 1959, San Juan XIII le otorgó el título de Doctor de la Iglesia.

Si quieres conocer más sobre San Lorenzo, puedes leer el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Lorenzo_de_Brindis.

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Fuente: aciprensa

Hoy celebramos a San Apolinar, mártir, el tenaz obispo de Rávena

Hoy celebramos a San Apolinar, mártir, el tenaz obispo de Rávena

“San Apolinar, obispo, que al mismo tiempo que propagaba entre los gentiles las insondables riquezas de Cristo, iba delante de sus ovejas como buen pastor, y es tradición que honró con su ilustre martirio a la iglesia de Classe, cerca de Rávena, en la vía Flaminia, pasando al banquete eterno el día veintitrés de julio (c. s. II)”.

Espíritu apostólico

De acuerdo a las actas de su martirio, Apolinar nació en Antioquía (actual Turquía), donde se hizo discípulo de San Pedro, quien después -según una antigua tradición- lo nombraría obispo de Rávena. Este santo fue uno de los mártires más famosos de la Iglesia primitiva, y la gran veneración que se le profesa desde la antigüedad puede ser considerada el mejor testimonio de su santidad y espíritu apostólico.

Tras su conversión y posterior bautizo, Apolinar se consagró al anuncio de Cristo entre sus coetáneos. Muchas conversiones fueron obradas en su ciudad natal gracias a su testimonio, lo que le valió ser objeto del repudio de las autoridades civiles. El santo terminó desterrado, por lo que se dirigió hacia la región de Bolonia (norte de Italia), donde el Evangelio había calado en muchas almas.

Como obispo de Rávena, ciudad costera en la ruta de Bolonia, volvió a ponerse en la mira de las autoridades imperiales y fue nuevamente desterrado. Durante la travesía hacia el exilio naufragó frente a las costas de Dalmacia, donde fue capturado y castigado severamente por declararse cristiano.

Firme como el amor de Dios

Apolinar volvió tres veces a su sede, y otras tantas fue capturado, torturado y desterrado. El emperador Vespasiano había publicado un decreto por el que condenaba al destierro a todos los cristianos. San Apolinar consiguió evadir la pena por algún tiempo más, pero fue descubierto y murió a golpes a manos de una turba.

San Pedro Crisólogo, ilustre sucesor del santo, lo llamó mártir, y añadió que Dios había preservado la vida de Apolinar durante largo tiempo para bien de la Iglesia.

Patronazgo e iconografía

Apolinar es patrón de Rávena y de la región italiana de Emilia-Romagna, donde también está Bolonia. Es reconocido como intercesor milagroso, especialmente efectivo contra enfermedades como la gota, las enfermedades venéreas y la epilepsia.

El obispo suele ser representado con atuendo episcopal, la palma del martirio y el palio. La historia de su vida está representada en los vitrales de la Catedral de San Pedro y San Pablo de Troyes (Francia).

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Fuente: aciprensa

Hoy celebramos a las santas Justa y Rufina, patronas de los alfareros y los comerciantes de cerámica

Hoy celebramos a las santas Justa y Rufina, patronas de los alfareros y los comerciantes de cerámica

En Sevilla, su tierra natal, se les celebra el día 17 de julio, mientras que en el resto de España y en otros lugares el día central de las celebraciones es el 19 de julio.

Más allá de la controversia

Existe una antigua controversia en torno a estas santas y su historicidad, dado que muchas de las fuentes en las que son mencionadas carecen de rigurosidad absoluta, sea por su temprana elaboración o por los típicos errores que abundan en los escritos de la antigüedad. Sin embargo, la tradición que las venera goza de tal fortaleza que hace perfectamente creíbles sus testimonios.

La Enciclopedia Católica señala: “Solamente Santa Justa es mencionada en el ‘Martyrologium Hieronymianum’, pero en los martirologios históricos (Quentin, “Les martyrologes historiques”) se le menciona como ‘Justina’”. Esto ha inducido a más de uno a  ciertos malentendidos ocasionados por el nombre y a confundir a las hermanas con otras mujeres mártires. Lamentablemente, recién a partir de documentos del siglo VI ambas hermanas aparecen con los nombres con los que se les venera hoy. En consideración a esto (una fuente del siglo VI es una fuente considerada “cercana”) y a la tradición, reforzada por las Actas, es posible sostener que “no hay duda de que ambas santas son mártires históricas de la Iglesia española” (Enciclopedia Católica).

Hijas de la Iglesia

Justa y Rufina nacieron aproximadamente entre los años 268 y 270, en territorio perteneciente a Andalucía, Hispania, cuando esta formaba parte de los territorios de la península anexados al Imperio romano. Las hermanas eran parte de una familia muy modesta, pero de firmes costumbres y sólida fe cristiana.

Sus padres murieron cuando eran unas niñas. Entonces, el obispo de la ciudad, cercano a la familia, decidió apoyarlas y velar por ellas, animándolas a perseverar en la fe y la virtud. Luego, los cristianos las ayudaron a aprender un oficio -alfarería- con el que pudiesen ganarse la vida honradamente.

Las hermanas se dedicaron a vender los recipientes de cerámica que hacían. Agradecidas con Dios por no haberlas abandonado, participaban activamente de la comunidad cristiana de su ciudad: oraban y asistían a la Eucaristía.

La gente del pueblo las conocía por su caridad y benevolencia, que concedían a todos sin distinción, sean paganos o cristianos. Las hermanas no temían dar testimonio de su fe frente a nadie y, en actitud ejemplar, pedían siempre por la conversión de los no cristianos. Proclamaban al Señor y enseñaban su doctrina a los gentiles.

Firmes en la fe por la gracia

Diogeniano, prefecto romano en Sevilla, en respuesta a la “provocación” mandó apresar a Justa y Rufina, las interrogó y las amenazó con crueles tormentos si persistían en defender la religión cristiana. Sin embargo, pese a las amenazas, las santas se resistieron a renegar de su fe, exclamando que solo adorarían a Jesucristo:

«Eso que vos llamáis la diosa Salambona, no era más que un despreciable cacharro de barro cocido; nosotras adoramos al único Dios verdadero que está en los Cielos, y a su Hijo Jesucristo que se hizo hombre y murió por nosotros para salvarnos de nuestros pecados…».

Valientes sevillanas 

La tradición ha hecho de las santas hermanas las patronas de Sevilla y de los gremios de alfareros y cacharreros. También lo son de Valencia, Palencia y otras ciudades de España. Sus restos fueron venerados en esta ciudad desde el tiempo de su martirio hasta la invasión árabe en el año 711, cuando tuvieron que ser escondidos para su protección.

El siglo pasado dichos restos fueron redescubiertos en Alcalá de los Gazules (Cádiz); y hoy, debajo de la iglesia de la Trinidad en Sevilla, pueden encontrarse las celdas en las que Justa y Rufina pasaron sus últimas horas

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Fuente: aciprensa

Hoy celebramos a San Arnulfo de Metz, el patrono de la cerveza y los cerveceros

Hoy celebramos a San Arnulfo de Metz, el patrono de la cerveza y los cerveceros

Cada 18 de julio la Iglesia Católica celebra a San Arnulfo de Metz, obispo, santo de origen franco, conocido como el ‘patrono de la cerveza’.

Buenos Aires, 18 de julio (PR/25) .- Arnulfo vivió entre finales del siglo VI y la primera parte del siglo VII y se desempeñó como consejero e intendente del palacio merovingio de la antigua Austrasia (nombre con el que se designaba a la parte nororiental del reino Franco) hasta que abandonó la vida secular para abrazar la vida religiosa.

La virtud y la cerveza

San Arnulfo o Arnoldo (ambos nombres se usan indistintamente en español) es patrono de la cerveza y de los cerveceros.

Sin embargo, como señalaba hace unos años el P. José de Jesús Aguilar, subdirector de Radio y Televisión de la Arquidiócesis de México, el mencionado patronazgo no debe ser entendido como “de la embriaguez o de los borrachos, porque eso no tiene nada de santidad”. “La embriaguez es parte del pecado de gula”, añadía el P. Aguilar.

Sobre las razones de este patronazgo, el P. Aguilar explicaba que “durante cierta época la gente utilizaba los ríos como basureros e incluso la gente lanzaba [a las aguas] cadáveres de personas y animales, por lo que tomar agua de los ríos llegaba a ocasionar la muerte”.

La virtud de la cerveza

Resulta interesante que el proceso de preparación de la cerveza -que incluye la fermentación de la cebada y la cocción en agua- fuera identificado como “saludable” en la antigüedad, en contraposición al consumo directo de agua que pudiera estar contaminada.

Nada humano es ajeno a la Iglesia 

Nació en el año 580 en el seno de una familia acomodada en Mosela, un territorio que perteneció a los antiguos merovingios y hoy es parte de Austria .

En su juventud entró al servicio de la corte bajo Brunegilda, princesa visigoda, y el rey Teodoberto II, rey franco de Austrasia, quien lo incluyó en la lista regular de oficiales reales: fue comandante militar y tuvo seis provincias bajo su responsabilidad.

En el año 612 renunció a todos sus cargos y, pese a estar casado y tener dos hijos, fue autorizado para ingresar a la vida religiosa. Fue ordenado sacerdote y luego obispo de Metz, sede que ocupó por un acuerdo entre el poder civil y el eclesiástico. En el año 627 se retiró al monasterio de Remiremont (Francia), donde falleció el 19 de julio de 640, a los 57 años.

Un año después de su muerte, los pobladores de los alrededores del monasterio pidieron que su cuerpo fuera exhumado y llevado a su ciudad de Metz para enterrarlo en la iglesia local, en la que predicó a Cristo con todas sus fuerzas, y donde también habló de las virtudes de la cerveza.

Según la tradición, durante el viaje de traslado de los restos del santo -que resultó largo y agotador- los fieles a quienes se les encargó la tarea, muertos de sed, se detuvieron para comprar cerveza a un comerciante local, al lado del camino. Lamentablemente descubrieron que quedaba muy poca, menos de un barril para compartir, y, sin embargo, la cerveza alcanzó para satisfacer la sed de todos.

“A esto se le conoce como el milagro de la cerveza y es la razón por la que se considera a San Arnulfo el Santo Patrón de los cerveceros y la cerveza”, afirmó el P. Aguilar, quien alienta a los fieles a pedirle al santo que esta bebida «nunca sea consumida por los niños y siempre sea bebida con moderación».

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Fuente: aciprensa
Hoy conmemoramos a las 16 mártires carmelitas asesinadas durante la Revolución Francesa

Hoy conmemoramos a las 16 mártires carmelitas asesinadas durante la Revolución Francesa

A estas mártires se les suele llamar también “teresianas”, en alusión a Teresa de San Agustín, priora del monasterio carmelita de Compiègne.

Tiempos de confusión

Las carmelitas se establecieron en Compiègne en 1641 y, fieles al espíritu de Santa Teresa de Jesús, con su santidad se ganaron la estima de los lugareños. Sin embargo, iniciada la Revolución, se desató un régimen persecutorio contra la Iglesia y sus representantes. El convento en el que vivían las religiosas fue cerrado y sus integrantes forzadas a vivir como seglares, de acuerdo a la ley revolucionaria de 1790.

El siguiente paso fue obligar a las religiosas a firmar el llamado “juramento revolucionario”, por el que se comprometían a defender los valores de la revolución: libertad, igualdad y fraternidad. Sometiéndose a dicha ley evitaron ser deportadas, pero tuvieron que disgregarse. Fue así que las integrantes de la comunidad pasaron a residir en cuatro casas distintas, en la clandestinidad.

Cuando la situación parecía haberse calmado un poco, Teresa de San Agustín, antigua priora del convento, propuso a sus hermanas retomar la disciplina de la vida conventual, aunque estuviesen exclaustradas. De ese modo, pese a vivir separadas, las monjas retomaron la relación de obediencia con su superiora y comenzaron a comunicarse entre ellas a diario.

En determinado momento, algunos partidarios de la Revolución en Compiègne se percataron de lo que las hermanas hacían -desafiar el autoritarismo del Régimen del Terror-  y las denunciaron ante el “Comité de Salud Pública”. De inmediato, se ordenó registrar sus casas y confiscar toda «prueba de vida conventual”. Encontraron una estampa del Sagrado Corazón, algunas cartas y escritos.

Esto era más que suficiente para acusarlas de conspirar secretamente en pos del “restablecimiento de la monarquía y la desaparición de la República”. Lo que les esperaba  era, al menos, la cárcel.

Afortunadamente, algunas carmelitas lograron escapar, aunque la mayoría -unas dieciséis- fue apresada. Los revolucionarios reunieron a las prisioneras en un solo recinto. Estando una frente a la otra, las mujeres se encomendaron a la Virgen del Carmen y acordaron retractarse del juramento revolucionario y no aceptar más imposiciones contra su fe.

Cuando se solicitó que firmaran de nuevo el juramento, las carmelitas se negaron. Acto seguido, fueron acusadas de “conspiradoras contra la revolución”.

Las dieciséis fueron enviadas a París, con las manos atadas, encima de dos carretas con paja. Al llegar a su destino fueron encerradas en la prisión de la Conciergerie, que tenía la fama de ser la antesala de la guillotina. Allí las ubicaron al lado de presos comunes y, por supuesto, de presbíteros, religiosos y laicos acusados de conspiradores también.

En la prisión, las carmelitas fueron un modelo de piedad y firmeza. Establecieron una suerte de régimen de oración conventual y lo cumplían frente a todos, carceleros y reos, sin ningún temor. Las monjas, incluso, se las arreglaron para celebrar a la Virgen del Carmen el 16 de julio.

Aquel fue un día glorioso en la prisión, en el que se pudo respirar algo de serena alegría y solemnidad.

A la mañana siguiente, el 17 de julio de 1794, las hermanas comparecieron ante el Tribunal Revolucionario. Este sentenció la pena de muerte para todas; la forma de la ejecución: muerte por decapitación.

Al pie de la guillotina las carmelitas cantaron el “Te Deum”, renovaron sus promesas y votos, y subieron una por una a entregar la vida como ofrenda a Cristo. Así se cumpliría lo que cien años antes había vaticinado una carmelita de la misma comunidad de Compiègne. Aquella religiosa tuvo una visión en la que aparecían las monjas del monasterio vestidas de blanco, llevando la palma del martirio en las manos.

Las dieciséis carmelitas de Compiègne fueron beatificadas por el Papa San Pío X en 1906. El Papa Francisco autorizó su proceso de canonización por ‘equipolencia’ [equivalencia], el 3 de marzo de 2022. Este proceso es conocido como ‘canonización extraordinaria’, y se da cuando el Papa reconoce, acepta y ordena el culto público y universal de una persona sin pasar por el procedimiento ordinario (reconocimiento de algún milagro), dada la extensión o antigüedad de la veneración, condición que se cumple en el caso de las mártires de Compiègne.

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Fuente: aciprensa

Hoy es el Día de Nuestra Señora del Carmen

Hoy es el Día de Nuestra Señora del Carmen

Buenos Aires, miércoles 16 julio (PR/25) — La Iglesia Católica celebra hoy el día de la Virgen del Carmen, patrona y generala del Ejército de los Andes. Patrona de la orden carmelita.

La advocación de Nuestra Señora del Carmen se origina en el Monte Carmelo (Israel), lugar donde según lo confirma la  tradición judeo-cristiana vivió el profeta Elías.

Fue el 16 de julio de 1251, cuando la imagen de la Virgen del Carmen se le aparece al superior general de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas), San Simón Stock, y le entrega un escapulario, prometiendo librar del castigo eterno a los que lo llevasen.

A partir de allí la devoción a la Virgen del Carmen se extendería por toda Europa y llegaría a América en el siglo XVI.

La Virgen del Carmen de Cuyo

La advocación mariana mendocina hace su aparición en el siglo XVIII, cuando Pedro de Núñez -caballero de gran fortuna y devoción, donó la imagen y todo lo necesario para el culto de la Virgen del Carmen-.

Esta imagen estuvo primero en el templo de los Padres Jesuitas pero en 1776, a raíz de la expulsión de la Orden, la imagen fue trasladada a la Basílica de San Francisco Solano, desde donde presidiría una de las más bellas jornadas de la historia de nuestra patria.

Patrona y generala del Ejército de los Andes

A partir del año 1814, San Martín hará de los pacíficos habitantes de Cuyo heroicos soldados forjadores de libertad y ellos necesitan una Madre que los ampare y de sentido a tanto sacrificio. Es de todos conocida la profunda devoción que el Libertador profesó a la Virgen y que lo hizo nombrarla generala del Ejército Libertador.

Tanta importancia dio al tema que lo decidió con su estado mayor: la devoción a la Virgen del Carmen estaba muy arraigada en Cuyo y casi todos los soldados llevaban su escapulario, eso sin dudas inclinó la balanza.

Es así que el 5 de enero de 1.817, San Martín le entrega su bastón de mando, la nombra generala, y hace bendecir también la Bandera de los Andes saludada por dianas y la banda con cajas y clarines, mientras rompía una salva de veintiún cañonazos, ante el ejército de gran gala y todo el pueblo de Mendoza.

Más tarde, después de sus triunfos, entregará definitivamente su bastón, esta vez en el silencio que acompaña a todo lo grande y dejando estas palabras:

“La protección que ha prestado al Ejército de los Andes su Patrona y Generala la Virgen del Carmen son demasiado visibles”.

Ambas reliquias, el bastón y la carta, se conservan hoy en el Camarín de la Virgen, en el templo de San Francisco, como mudos testigos de la parte que Ella tuvo en la grandeza de alma de nuestro Libertador. Siendo Generala del Ejército Argentino, junto a la banda, acompaña a la imagen nuestra bandera, como así también las banderas de Perú y Chile, al ser esta advocación Patrona de los dos países vecinos.

 

En resumen, hay que saber:

La historia de la Virgen del Carmen y los Carmelitas Descalzos está ligada a la aparición de la Virgen a San Simón Stock en 1251, donde le entregó el escapulario como signo de protección y promesa de salvaciónLa fiesta del 16 de julio conmemora este evento y celebra la devoción a la Virgen del Carmen, patrona de la Orden Carmelita. 

Historia de la Virgen del Carmen y los Carmelitas Descalzos: 

  • Origen en el Monte Carmelo:

    La devoción a la Virgen del Carmen se remonta al Monte Carmelo, en Israel, lugar donde vivió el profeta Elías y donde se construyó una capilla en honor a la Virgen María. 

  • San Simón Stock y el Escapulario:

    En 1251, la Virgen María se apareció a San Simón Stock, superior general de la Orden Carmelita, y le entregó el escapulario, prometiendo la salvación eterna a quienes lo llevaran con fe. 

  • Expansión de la Orden:

    La Orden Carmelita, con la devoción a la Virgen del Carmen, se extendió por Europa y América, especialmente con la reforma del Carmelo Descalzo impulsada por Santa Teresa de Jesús. 

  • La fiesta del 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, conmemora la aparición a San Simón Stock y celebra la devoción mariana, siendo una festividad importante para los carmelitas y para muchos fieles en el mundo. 

La Virgen del Carmen y los Carmelitas Descalzos:
  • Patrona de la Orden:

    La Virgen del Carmen es la patrona principal de la Orden Carmelita, tanto de la rama de los Carmelitas Descalzos como de la rama de los Carmelitas de la Antigua Observancia. 

  • Escapulario como signo:

    El escapulario, entregado a San Simón Stock, es un signo distintivo de la devoción a la Virgen del Carmen y de la pertenencia a la Orden Carmelita. 

  • Vida de oración y clausura:

    Los Carmelitas Descalzos, bajo la influencia de Santa Teresa de Jesús, se caracterizan por una vida de profunda oración, contemplación y clausura, buscando la unión con Dios a través de la oración y la penitencia. 

  • Extensión de la devoción:
    La devoción a la Virgen del Carmen se ha extendido a través de la Orden Carmelita y ha llegado a numerosos países, donde se celebran fiestas, procesiones y se realizan diversas manifestaciones de fe.
    El Escapulario 
    Según la Congregación para el Culto Divino de la Santa Sede, el Escapulario del Carmen es un signo exterior de la relación especial, filial y confiada, que se establece entre la Virgen, Reina y Madre del Carmelo, y los devotos que se confían a ella con total entrega y recurren con toda confianza a su intercesión maternal; recuerda la primacía de la vida espiritual y la necesidad de la oración.  La virgen prometió a San Simón Stock (siglo XIII) que los que murieran con su escapulario no se condenarían.
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