París, sábado 13 de diciembre (PR/25) — A un año de su reapertura oficial, la catedral de Notre Dame de París no solo recuperó su esplendor arquitectónico tras el devastador incendio de 2019, sino que se consolidó como el sitio más visitado de la capital francesa, superando al Museo del Louvre y a la Torre Eiffel.

Más de 11 millones de personas cruzaron su umbral entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, una cifra inédita para un monumento religioso en Francia.

La solemne liturgia del 7 de diciembre de 2024, presidida por el arzobispo de París, Laurent Ulrich, marcó el cierre de una reconstrucción que demandó años de trabajo y una inversión cercana a los 700 millones de euros. Sin embargo, el fenómeno que siguió a la reapertura excedió toda previsión: Notre Dame volvió a convertirse en un corazón espiritual, cultural y turístico, atrayendo a un promedio diario de más de 30.000 visitantes.

Turismo religioso en alza

Lejos de tratarse únicamente de curiosidad arquitectónica, el resurgimiento de Notre Dame está estrechamente ligado al crecimiento del turismo religioso, una tendencia que gana peso en Europa. Según datos de la Arquidiócesis de París, solo en 2025 se celebraron más de 1.600 actos litúrgicos y se recibieron 650 peregrinaciones organizadas, provenientes de distintos países.

Entre los momentos más significativos del último año se destacaron la primera Misa de Gallo en la nave restaurada, las celebraciones en torno a la elección del papa León XIV y los ritos fúnebres del papa Francisco, acontecimientos que reforzaron el rol de la catedral como escenario espiritual de alcance global.

Este flujo constante de fieles convive con turistas sin afiliación religiosa, en una convivencia que se ha vuelto característica del templo: peregrinos que rezan en silencio, visitantes que observan vitrales y esculturas, y grupos que recorren el edificio como parte de los circuitos culturales de París.

La Corona de Cristo, eje espiritual de las visitas

 

Uno de los principales atractivos religiosos es la Corona de Espinas de Cristo, una de las reliquias más veneradas del cristianismo y custodiada históricamente por Notre Dame. Tras la reapertura, la reliquia volvió a ocupar un lugar central en la vida devocional de la catedral.

La Corona es expuesta al público en ocasiones litúrgicas específicas, especialmente durante la Semana Santa, y en fechas determinadas a lo largo del año, bajo estrictas medidas de conservación y seguridad. Su exhibición genera una fuerte afluencia de peregrinos y creyentes, muchos de los cuales planifican su viaje a París en función de estos momentos, reforzando el perfil de Notre Dame como destino de peregrinación internacional.

Para la Iglesia, la presencia visible de la reliquia simboliza que la restauración no fue solo material. “Notre Dame no es un museo, es un lugar de fe”, repiten las autoridades eclesiásticas, una postura que se reflejó en la decisión de mantener el acceso gratuito, pese a los debates políticos sobre la posibilidad de cobrar entrada.

Acceso libre y ciudad viva

 

Actualmente, los visitantes pueden ingresar mediante reserva horaria online o aguardando en fila en la explanada. El sistema permitió ordenar el flujo sin restringir el acceso económico, una política que resultó clave para sostener el carácter abierto y popular de la catedral.

Antes del incendio, Notre Dame recibía alrededor de 9 millones de visitantes anuales. Hoy, esa cifra no solo fue superada, sino que redefinió el lugar del templo en la vida parisina. Más que un récord turístico, el fenómeno revela la recuperación de un símbolo colectivo, donde historia, fe y cultura convergen sin necesidad de etiquetas.

Doce meses después de su reapertura, Notre Dame volvió a ser lo que fue durante siglos: un punto de encuentro, un espacio vivo y un faro espiritual que late nuevamente en el centro de París.

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Fuente: Zenit.Org / IA