Buenos Aires, viernes 26 diciembre (PR/25) — Aún resuenan los ecos del festejo de la Navidad en Roma y en todo el mundo, marcado por el mensaje de esperanza y paz que el Papa León XIV dirigió desde el Vaticano.

En el corazón de la celebración de la Natividad, el Pontífice recordó que el nacimiento de Jesús no es solo un acontecimiento del pasado, sino una presencia viva que transforma la historia: “Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo… Él es nuestra paz”, afirmó

En su primera Navidad como Pontífice, Robert Prevost subrayó que el Niño de Belén vence “al odio y a la enemistad con el amor misericordioso de Dios”.

En esa misma línea, León XIV exhortó a no reducir la Navidad a un sentimiento pasajero, sino a dejar que el misterio del pesebre se traduzca en gestos concretos. “Cuando la fragilidad de otros penetra en nuestros corazones, cuando su dolor rompe nuestras rígidas certezas, entonces la paz ya ha comenzado”, expresó, invitando a abrirse al prójimo.

Y añadió: “En este santo día, abramos nuestros corazones a nuestros hermanos y hermanas que necesitan y sufren”, porque —remarcó— “la Navidad nos recuerda que Dios se acerca al corazón de nuestras pequeñas historias”, haciendo de la esperanza una luz capaz de perdurar más allá de las celebraciones litúrgicas.

Vivamos la Navidad en todo momento

La Navidad no se clausura con el paso de los días, porque al Niño Dios se lo cuida todo el año, en la oración cotidiana, en la caridad y en el compromiso con los demás.

La tradición cristiana recuerda que el pesebre permanece armado hasta el 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, cuando la Iglesia celebra la manifestación de Jesús a los pueblos representados por los Reyes Magos.

Guardar el pesebre en esa fecha no es un simple gesto doméstico, sino un signo de fe: el Niño nacido en Belén continúa acompañando la vida de los creyentes mucho más allá del tiempo litúrgico de la Navidad.

Primicias Rurales. Matilde Fierro