Por el contrario, animó a proteger en ellas “los valores del Evangelio: la oración, la frecuencia a los sacramentos —especialmente la confesión y la comunión—, los afectos sanos, el diálogo sincero, la fidelidad, el realismo sencillo y hermoso de las palabras y los gestos buenos de cada día”.
Al comentar el pasaje evangélico de la huida a Egipto (cf. Mt 2,13-15.19-23), el Pontífice subrayó que se trata de “un momento de prueba para Jesús, María y José” porque sobre el “resplandeciente cuadro de la Navidad se proyecta, casi de improviso, la inquietante sombra de una amenaza mortal”.
El Santo Padre aludió así a la figura de Herodes, a quien describió como “un hombre cruel y sanguinario, profundamente solo y obsesionado por el miedo a ser destronado”.
Herodes, “cegado por el miedo a perder el trono, sus riquezas, sus privilegios”
El Papa explicó que Herodes, al enterarse por los Magos del nacimiento del “rey de los judíos”, “decreta la muerte de todos los niños de la edad de Jesús”, incapaz de reconocer el cumplimiento de las promesas de salvación por estar “cegado por el miedo a perder el trono, sus riquezas, sus privilegios”.
En Belén, continuó, «hay luz, hay alegría; algunos pastores han recibido el anuncio celestial y ante el pesebre han glorificado a Dios (cf. Lc 2,8-20), pero nada de esto logra penetrar las defensas blindadas del palacio real, salvo como un eco distorsionado de una amenaza que hay que sofocar con violencia ciega».
En contraste, destacó que frente a esta «dureza de corazón» la Sagrada Familia representa “el nido y la cuna de la única respuesta posible de salvación: la de Dios que, con total gratuidad, se entrega a los hombres sin reservas y sin pretensiones”.
El Pontífice puso también el acento en la figura de San José, cuyo gesto obediente —al llevar a salvo a María y al Niño— “se manifiesta aquí en todo su significado redentor”.
“En Egipto crece la llama del amor doméstico a la que el Señor ha confiado su presencia en el mundo y cobra vigor para llevar la luz al mundo entero”, afirmó.
Familias, luz de esperanza para los «entornos en los que vivimos»
Finalmente, invitó a contemplar el misterio de la Sagrada Familia pensando en las familias de hoy y en su misión en la sociedad.
“Esto las convertirá en luz de esperanza para los entornos en los que vivimos, escuela de amor e instrumento de salvación en las manos de Dios”, dijo. Finalmente, el Pontífice encomendó a todas las familias a la intercesión de María y san José, para que sean “un signo eficaz de la presencia y del amor sin fin de Dios”.















