Brasil se consolidó en 2025 como el principal productor mundial de carne vacuna, superando a Estados Unidos en un contexto de caída de la producción global y creciente demanda internacional de proteínas animales. Este liderazgo no sólo refleja mejoras productivas y de eficiencia, sino también el impacto de políticas públicas orientadas a la apertura comercial, la integración agroindustrial y la sostenibilidad ambiental.
Por ing agr Pedro A. Lobos, director Ejecutivo de Primicias Rurales
Buenos Aires, jueves 8 enero (PR/26) — Según estimaciones de mercado, la producción brasileña superó los 12,3 millones de toneladas equivalentes en canal. Este incremento se logró mediante mejoras en productividad —reducción de la edad de faena, mayor tasa de gestación, engorde en corrales— sin expandir significativamente el número de cabezas de ganado.

La intensificación permite desacoplar el crecimiento productivo de la expansión de la frontera ganadera, un factor clave en la mitigación de la deforestación amazónica.
Huella de carbono y sostenibilidad
Desde la perspectiva climática, la eficiencia productiva tiene un efecto directo sobre la huella de carbono de la carne
. En Brasil, el uso de corrales de engorde y la terminación acelerada del ganado reducen los años de emisiones por animal, disminuyendo la intensidad de carbono por kilogramo de carne producida. Datos de consultoras del sector indican que la huella de carbono promedio de la carne vacuna brasileña se sitúa alrededor de 27–28 kg CO₂e por kg de carne, con variaciones según el sistema de producción y el tipo de corral.
En Argentina, aunque las emisiones por unidad de carne pueden ser menores en sistemas pastoriles extensivos de alta eficiencia reproductiva, la menor densidad productiva y la prolongación de los ciclos de crecimiento elevan la huella de carbono por kilogramo en comparación con Brasil si se considera la productividad promedio nacional.
Expertos señalan que, en sistemas intensivos, Argentina podría reducir la huella de carbono hasta 20–22 kg CO₂e por kg de carne adoptando prácticas de engorde en corral, mejora genética y alimentación estratégica.
La comparación evidencia un punto central: la sostenibilidad ambiental no depende solo de la extensión de la superficie ganadera o de la densidad del ganado, sino de la eficiencia del sistema productivo y de la integración de políticas públicas que promuevan mitigación de emisiones.
Política comercial y posicionamiento global
Brasil consolidó su papel como principal exportador mundial de carne vacuna, con ventas externas por cerca de 17.000 millones de dólares. La política comercial brasileña combina apertura de mercados,
fortalecimiento sanitario y diversificación de destinos, con China, Estados Unidos y Medio Oriente como ejes centrales.
El liderazgo brasileño adquiere relevancia estratégica frente a proyecciones que anticipan una caída del 2,4% en la producción conjunta de los principales países productores en 2026.
En este contexto, la capacidad de Brasil de sostener la oferta global y mantener estándares de sostenibilidad se traduce en influencia sobre precios internacionales y seguridad alimentaria global.
Argentina: oportunidades y condicionantes
Para Argentina, el nuevo equilibrio regional expone los desafíos estructurales del sector: aunque cuenta con ventajas naturales y reputación internacional por la calidad de su carne, las políticas internas —restricciones a la exportación, control de precios, presión fiscal y volatilidad macroeconómica— limitan la inversión de largo plazo y frenan la modernización productiva.
Desde la perspectiva climática, Argentina tiene margen para reducir su huella de carbono sin expandir la frontera ganadera.
La intensificación selectiva, mayor uso de corrales de engorde y mejora genética podrían aumentar la eficiencia y la competitividad internacional, alineando la producción con los estándares ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) que exigen los principales mercados.
Comercio internacional y estrategia climática
La creciente importancia de los criterios ESG en los mercados globales convierte la política climática y productiva en un factor estratégico.
Brasil ha comenzado a incorporar trazabilidad, monitoreo de emisiones y compromisos de reducción de deforestación, mientras que Argentina enfrenta la oportunidad de diferenciar su carne con un marco regulatorio estable, políticas de incentivo a la eficiencia y certificaciones ambientales que mejoren su posición en mercados de alto valor.
El contraste entre ambos países evidencia que el futuro del sector no depende solo de recursos naturales o capacidades técnicas, sino de políticas públicas coherentes, sostenibilidad ambiental y previsibilidad comercial.
Para Argentina, avanzar en este marco se vuelve crítico para recuperar competitividad frente a un Brasil que combina escala, eficiencia y alineación con estándares climáticos internacionales.
Primicias Rurales – ing agr Pedro A Lobos
Fuentes: Varios













