De polvo, praderas y pantallas: el cine rural estadounidense como espejo de una nación

De polvo, praderas y pantallas: el cine rural estadounidense como espejo de una nación

Un recorrido por la evolución del cine rural norteamericano, desde la construcción de mitos fundacionales hasta las miradas críticas de directores contemporáneos. La pantalla se convierte en un espejo que refleja las crisis, la resiliencia y la identidad de la «América profunda».

 

Por Gonzalo Fierro

Especial para Primicias Rurales. El autor es especialista en cine y médico.

Buenos Aires, viernes 8  mayo (PR/26) — El cine rural norteamericano ha sido desde sus orígenes una forma poderosa de contar la historia de Estados Unidos: sus mitos (el Oeste), sus fracturas sociales y las vidas cotidianas en el campo.

Es el país de las gasolineras solitarias, de los silos oxidados, de los pueblos con una sola calle principal y un cine que, cuando todavía existe, proyecta películas con tres semanas de retraso. Ese país la llamada América profunda que lleva más de un siglo siendo materia prima del séptimo arte. Y conviene detenerse a mirarlo, porque en sus imágenes se juega algo más grande que una estética: se juega el relato que una nación se cuenta a sí misma.

Para el público general, estas películas ofrecen tanto épica y aventura como retratos íntimos de pobreza, familia, trabajo y paisaje.

Los orígenes: cuando el cine descubrió el polvo

El cine estadounidense nació urbano, la primera proyección pública fue en Nueva York, en 1896, con el proyector de Thomas Alva Edison, pero se hizo adulto al salir al campo. En 1903, Edwin S. Porter dirigió El gran atraco al tren, apenas doce minutos que fundaron un imaginario.

 

 

Allí estaban ya, los caballos, los rieles perdiéndose en el horizonte, el forajido y el sheriff, los arquetipos de una ruralidad mítica que Hollywood explotaría durante décadas.

No es casualidad que la industria se asentara en el sur de California. Su clima templado y la variedad de sus paisajes, desiertos, sierras, llanuras, bosques; permitían rodar al aire libre durante todo el año. La geografía, literalmente, modeló la narrativa: el wéstern no existiría sin ese sol inclemente ni esos horizontes abiertos.

 

El nacimiento de una nación (D W Griffith, 1915)

Poco después, D. W. Griffith, discípulo de Porter, llevó el lenguaje cinematográfico a otro nivel con El nacimiento de una nación (1915), ambientada en el sur rural de la Guerra de Secesión. La película, técnicamente revolucionaria y moralmente indefendible por su visión racista, inauguró una tensión que acompañará al cine rural para siempre: la del paisaje idílico que esconde heridas profundas.

 

El wéstern, el melodrama y la fábrica de mitos

Durante la primera mitad del siglo XX, dos géneros construyeron el canon del cine rural: el wéstern y el melodrama. El primero mitificó la frontera se territorio donde, según el relato oficial, se forjaba el carácter americano; el segundo exploró la intimidad de las familias granjeras, los pueblos pequeños, los valores de religión, trabajo y patria.

El cine rural clásico funcionó, en palabras de los estudios culturales, como un vehículo ideológico: no solo entretenía, sino que enseñaba a los espectadores qué significaba ser estadounidense. Individualismo, autosuficiencia, desconfianza hacia el gobierno federal, comunidad basada en la iglesia y la familia: todos esos valores viajaron desde las pantallas rurales hasta el imaginario colectivo.

El reverso crítico, cuando el campo dejó de ser postal,

A partir de los años sesenta, una nueva generación de cineastas empezó a mirar la ruralidad estadounidense con ojos menos complacientes. El racismo estructural, la xenofobia, la pobreza y los conflictos de clase dejaron de ser paisaje de fondo para volverse tema central. Filmes como,

Viñas de Ira, (John Ford, 1940), filmada en el contexto de la etapa final de la gran depresión en EE.UU. No se puede dejar de mencionar este filme al hablar de cine rural de estadounidense. Reúne todas las características de esta clase de películas, ambientación rural que comienza en Oklahoma, en plena crisis agrícola del dust bowl, un desastre ecológico y social que ocurrió en Estados Unidos durante la década de 1930.

Viñas de ira (John Ford, 1940)

 

Consistió en una serie de tormentas de polvo masivas que afectaron principalmente las grandes llanuras.

Muestra granjeros expulsados de sus tierras y obligados a migrar. La familia protagonista representa al estadounidense promedio golpeado por la crisis. Aborda temas referido a valores y tensiones trabajo, dignidad, familia, pero también injusticia social y desigualdad.

 

 

Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan,1962)                                       Misisipi en llamas (Alan Parker, 1988)

Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962)

– En el calor de la noche (Norman Jewison, 1967)

– Mississippi en llamas (Alan Parker, 1988)

– El sendero de la traición (Costa-Gavras, 1988)

 

El infiltrado dl KKKlan (Spike Lee, 2018)

 

Y más recientemente Déjame salir (Jordan Peele, 2017) o El infiltrado en el KKKlan (Spike Lee, 2018), convirtieron los pueblos y condados rurales en escenarios donde se libra la batalla por los derechos civiles. El sur dejó de ser sólo magnolias y verandas: se mostró también como el lugar donde la promesa de igualdad sigue sin cumplirse.

Esta tradición crítica se ha reactivado con cada coyuntura política: las presidencias de Nixon o Trump, los debates sobre inmigración y el auge de los nacionalismos han reavivado un cine que interroga, más que celebra, a la América profunda.

 

El nuevo paisaje: Chloé Zhao y el cine de los márgenes

Si hay una cineasta que ha redefinido el cine rural estadounidense en el siglo XXI, esa es Chloé Zhao. Nacida en Pekín y formada en la NYU, Zhao construyó, casi por necesidad, cuando el financiamiento tradicional falló, un método propio: mezclar actores profesionales con no actores, filmar en locaciones reales, dejar que el paisaje sea un personaje más.

Su trilogía informal del medio oeste,

Songs My Brothers Taught Me (2015), en la reserva lakota de Pine Ridge,

– The Rider (2017), entre los jinetes de rodeo de Dakota del Sur,

– Nomadland (2020), con Frances McDormand recorriendo el Oeste en una furgoneta,

Nomadland, ofrece un retrato inédito del país, el de quienes quedaron fuera del sueño. Basada en el libro homónimo de Jessica Bruder, sigue a Fern, una viuda sexagenaria que, tras el cierre de la planta de yeso de Empire, Nevada, en 2011, se lanza a la carretera y sobrevive con trabajos temporales. La película fue multipremiada en importantes competencias y convirtió a Zhao en la segunda mujer y, primera mujer asiática, en llevarse OscarTM a la dirección.

 

La constelación contemporánea, Reichardt, Granik y Nichols

Otros tres cineastas han construido, película a película, un mapa alternativo de la América rural que merece un análisis detenido. Cada uno aporta una mirada distinta sobre el mismo territorio.

Certain women (Kelly Reichardt, 2016)
Kelly Reichardt, el minimalismo como ética

Si existe una heredera directa del neorrealismo italiano en el cine estadounidense contemporáneo, esa es Kelly Reichardt. Afincada en Oregón, ha construido una filmografía donde menos siempre, es más: menos diálogo, menos música, menos explicación. Y, paradójicamente, más verdad.

Sus películas prescinden de banda sonora invasiva, de giros dramáticos convencionales, de resoluciones catárticas. El espectador debe habitar el silencio.

En Meek’s Cutoff (2010) y First Cow (2019) usa el antiguo formato «Academy», un encuadre casi cuadrado que comprime el paisaje y transmite claustrofobia incluso en espacios abiertos.

Filmografía

Old Joy 2006 Bosques de Oregón Amistad masculina y distanciamiento

Wendy and Lucy 2008 Pueblo de Oregón Precariedad económica, vínculo con un animal

Meek’s Cutoff 2010 Desierto de Oregón, 1845 wéstern revisionista desde la mirada femenina

Night Moves 2013 Oregón rural Ecoterrorismo y consecuencias morales

Certain Women 2016 Montana Aislamiento femenino en pueblos pequeños

First Cow 2019 Oregón, década de 1820 Orígenes del capitalismo americano

 

Lo que aporta al cine rural:

Reichardt desmonta el mito de la frontera sin estridencias. No hay épica ni denuncia explícita: hay cuerpos cansados, caminatas largas, decisiones pequeñas con consecuencias enormes. Su cine demuestra que se puede hacer política con un plano fijo

Debra Granik, la dignidad de los Ozarks(son una región montañosa y de meseta ubicada principalmente en el estado de Missouri)

Si Reichardt mira al Noroeste, Debra Granik fija su cámara en otro territorio mítico y olvidado: los Ozarks de Missouri y los bosques del Pacífico. Formada en ciencias políticas en Brandeis y en cine en la NYU, Granik combina rigor investigativo con sensibilidad documental. Su método se parece más al de una periodista de largo aliento que al de una directora convencional.

Su método:

-Inmersión comunitaria: antes de rodar, Granik y su productora Anne Rosellini pasan años investigando las comunidades que retratan. Se consideran a sí mismas «periodistas de investigación» tanto como cineastas.

– Estética naturalista: luz natural, equipos mínimos, «huella pequeña» (impacto logístico reducido en el set). Es decir: menos equipo, menos gente, menos ocupación de espacio y menor complejidad para filmar en las locaciones. El paisaje no se embellece ni se dramatiza: simplemente se habita.

Filmografía esencial:

Down to the Bone 2004 Nueva York rural

Winter’s Bone 2010 Ozarks, Missouri | Pobreza, clanes, supervivencia adolescente. lanzó a Jennifer Lawrence al estrellato

Stray Dog (doc.) 2014 Missouri rural, veteranos, subcultura motera

Leave No Trace 2018 Bosques de Oregón/Washington Vida fuera del sistema, paternidad y trauma

 

Jeff Nichols, el gótico sureño del siglo XXI

Si Reichardt es el neorrealismo y Granik el periodismo narrativo, Jeff Nichols es la literatura sureña hecha cine. Su obra dialoga explícitamente con Faulkner, Flannery O’Connor y Cormac McCarthy: paisajes cargados de presagios, familias rotas por herencias de violencia, hombres comunes enfrentados a fuerzas que no comprenden.

Método y estilo:

– Sus películas construyen tensión con paciencia, acumulando detalles cotidianos hasta que la presión estalla en momentos de intensidad controlada.

– Mezcla drama familiar con thriller, ciencia ficción, wéstern o cine de juicios, sin que ningún género domine sobre el otro.

– Masculinidad bajo presión, sus protagonistas son padres, hermanos, esposos que cargan con responsabilidades que los superan. El heroísmo, en Nichols, no es épico sino doméstico: proteger a un hijo, mantener una casa, resistir la tentación de la violencia.

 

   Mud (Jeff Nichols, 2011)

 

Filmografía esencial:

Shotgun Stories 2007 Arkansas rural, Feudo fraternal, herencia de violencia

Take Shelter 2011 Ohio rural, visiones apocalípticas

Mud 2012 Río Arkansas historias del sur, mitología masculina

Midnight Special 2016 Sur profundo, carreteras, paternidad, lo sobrenatural, persecución

Loving 2016 Virginia rural, derechos civiles, matrimonio interracial

The Bikeriders 2023 Medio Oeste, Subculturas masculinas, transformación social.

Nichols devuelve al cine rural estadounidense su dimensión mítica y literaria sin caer en la nostalgia. Sus películas demuestran que el Sur y el Medio Oeste siguen produciendo historias con la densidad de una novela de Faulkner, pero ancladas en la precariedad económica y emocional del siglo XXI.

 

Un mapa común: lo que comparten estos cuatro cineastas

 

Wendy y Lucy (Kelly Reichardt, 2008)                        Nomadland (Chloé Zhao, 2020)

 

Pese a sus diferencias, el minimalismo de Reichardt, el periodismo de Granik, el goticismo de Nichols, el lirismo de Zhao, estos cuatro directores comparten un territorio ético y estético:

-Presupuestos modestos, ritmos lentos, finales abiertos, paisaje como personaje,

-Gente nómada, adolescentes pobres, inmigrantes, no actores, locaciones reales, investigación de campo. Derribar mitos como el sueño americano, la autosuficiencia, la familia nuclear. Y por último ambigüedad moral sin villanos claros, sin resoluciones fáciles.

Juntos, conforman lo que podríamos llamar un nuevo ruralismo cinematográfico, un cine que insiste en que las historias locales que precisamente por su especificidad, son universales.

El cine rural estadounidense de los años 2020 ha dejado atrás tanto la épica del wéstern clásico como el melodrama nostálgico. En su lugar emerge un realismo poscrisis.

Entonces:

El cine rural estadounidense nunca ha sido sólo cine rural. Ha sido y sigue siendo un campo de disputa sobre qué significa ser americano. Desde Porter hasta Zhao, desde el forajido a caballo hasta la viuda en una furgoneta, las pantallas han ido dibujando un país que se niega a caber en una sola imagen.

Quizá ésa sea la lección más honesta de este siglo largo de películas: que detrás de cada plano general de una llanura dorada hay una historia de trabajo, de pérdida y, a veces, de resistencia. Y que mirar esas historias de verdad, sin condescendencia ni mitología sigue siendo una de las formas más urgentes de hacer periodismo con una cámara.

The bikeriders (Jeff Nichols, 2023)                                   Winter´s bone (Debra Granik, 2010)

 

Por Gonzalo Fierro 

gfierro02@gmail.com
Especial para Primicias Rurales. El autor es especialista en cine y médico.

 

 

 

La paradoja del espejo brasileño: Volumen vs. Valor

La paradoja del espejo brasileño: Volumen vs. Valor

 

La brecha productiva con Brasil alcanzará el 147% en la campaña 2025/26. Entre la expansión territorial vecina y la resiliencia técnica local, analizamos  por qué la política y no el rinde es el factor determinante.
Por  el Ing. Agr. Pedro Adolfo Lobos, director de  Primicias Rurales

 

Buenos Aires, lunes 27 de abril (PR/26) .- ¿Es Brasil realmente más eficiente, o simplemente es más grande? Los datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) son una bofetada de realidad: la brecha productiva entre Brasil y Argentina ha pasado de un 53% en los años 90 a un proyectado 147% para la campaña 2025/26. Brasil ha roto la barrera de los 300 millones de toneladas mientras nosotros luchamos por consolidar los 140 millones. Sin embargo, detrás de la frialdad de los números absolutos, se esconde una narrativa técnica que merece ser desmenuzada:

1. El mito del rinde: El músculo contra la técnica

La primera gran verdad que debemos sostener es que Brasil no nos gana en «inteligencia productiva» por unidad de superficie, sino en ocupación territorial. La expansión de la frontera agrícola brasileña, especialmente hacia el Cerrado y el Mato Grosso, ha sido el motor de su crecimiento.

Si analizamos los rendimientos por hectárea (rindes), Argentina sigue demostrando una resiliencia técnica superior en sus zonas núcleo. Mientras que Brasil necesita incorporar millones de nuevas hectáreas para sostener su crecimiento, Argentina ha logrado mantener niveles competitivos de productividad a pesar de una inversión tecnológica asfixiada por los derechos de exportación (retenciones). La diferencia en volumen es, fundamentalmente, una diferencia de superficie de siembra.

2. El gigante de los commodities vs. la fábrica de alimentos

Brasil se ha consolidado como el gran exportador de «materia prima en bruto». Su modelo está fuertemente volcado a la exportación de grano sin procesar, principalmente hacia China.

Aquí es donde Argentina tiene una ventaja competitiva que no siempre valoramos: el valor agregado. Nuestro país posee uno de los polos de procesamiento de oleaginosas más eficientes del mundo en el Gran Rosario. Mientras Brasil exporta el poroto de soja, Argentina históricamente ha liderado las exportaciones de harina y aceite de soja. Transformar la proteína vegetal en proteína animal o en derivados industriales es nuestra asignatura pendiente para escalar, pero partimos de una base industrial mucho más sofisticada que la brasileña, que sigue siendo, en gran medida, una economía extractiva de granos.

3. ¿Socio, competidor o espejo?

¿Es Brasil nuestro competidor? Sí y no. En los mercados internacionales de exportación de granos, competimos por los mismos destinos (China, Sudeste Asiático). Sin embargo, en términos estratégicos, Brasil debería ser visto como un aliado logístico y un espejo macroeconómico.

Lo que Brasil hace diferente no es necesariamente «mejor agricultura», sino mejor política para la agricultura. Mientras Argentina discute si el campo es un aliado o una fuente de recaudación, Brasil ha mantenido:

  • Crédito a largo plazo: A través del Plan Safra, inyectan miles de millones de reales en tasas subsidiadas.
  • Estabilidad impositiva: No existen las retenciones; el productor recibe el precio internacional pleno.
  • Visión de Estado: La «Bancada Ruralista» garantiza que, sin importar el color del gobierno (Lula o Bolsonaro), las reglas del juego agroindustrial no se toquen.

4. ¿Qué podemos aprender?

Para que Argentina vuelva a acortar esa brecha que hoy parece un abismo, las lecciones son claras:

  1. Eliminación de sesgos antiexportadores: El rinde argentino explotaría si el productor pudiera reinvertir lo que hoy el Estado le quita en retenciones.
  2. Infraestructura Ferroviaria: Brasil ha invertido masivamente en logística para bajar costos de flete; nosotros seguimos dependiendo excesivamente del camión para distancias largas.
  3. Profundizar la transformación: No debemos envidiar los 300 millones de toneladas de Brasil si nosotros podemos convertir nuestros 140 millones en carne, bioplásticos y energía.

La evidencia es contundente: Brasil nos ha superado en escala porque decidió ser una potencia agropecuaria. Argentina, con mejores suelos y una industria de procesamiento superior, se ha quedado rezagada por decisiones políticas, no por falta de capacidad técnica. El desafío de la campaña 2025/26 no es solo producir más, sino decidir si queremos seguir siendo un país que exporta granos o uno que exporta trabajo argentino transformado en valor.

Si bien la escala brasileña es abrumadora, el «milagro» del país vecino se basa en una expansión territorial agresiva y estabilidad macroeconómica, mientras que Argentina mantiene una eficiencia productiva por hectárea superior y un entramado agroindustrial más integrado, a pesar de los palos en la rueda impositivos.

Primicias Rurales – Ing.Agr. Pedro A. Lobos

 

“No es la macro, es la vida”

“No es la macro, es la vida”

El análisis de Sergio Mammarelli cuestiona la vigencia del dogma económico frente a la realidad social en el tercer año de gestión de Milei. La columna advierte sobre el riesgo de priorizar el equilibrio fiscal si éste no se traduce en bienestar palpable para la mayoría de los argentinos.

 

Por: Sergio Marcelo Mammarelli

Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva. Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia. Autor de varios libros y Publicaciones. Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut.

Buenos Aires, lunes 27 abril (PR/26) — Hay una frase que atravesó la política moderna como hace un tiempo atrás: “It’s the economy, stupid”. Fue brutal, simple y eficaz.

Le ganó una elección a un presidente en ejercicio y ordenó décadas de pensamiento político. Pero como toda verdad contundente, también envejece. Hoy intentaremos trasladarla al gobierno de Milei y ver cuánto puede mantener su vigencia puesto que en la Argentina de hoy pareciera que nos obliga a reescribirla en estos términos: Ya no alcanza con decir “es la economía”.

Si uno escucha al Gobierno, la respuesta parece ser a favor de la frase. Se bajó la inflación. Se ordenaron las cuentas. Se eliminó el déficit. Se terminó con la mentira estructural del gasto financiado con emisión. Por fin, tenemos un programa que es coherente. Incluso, para muchos economistas, necesario.

Sin embargo, si uno baja a la calle y habla con una empleada, un jardinero, un comerciante, un pequeño productor o cualquier profesional independiente aparece otra economía. Una economía que no se mide en puntos de inflación sino en angustia. Una economía donde el salario alcanza menos, el trabajo escasea más y el futuro se volvió un terreno incierto.

Es allí donde apareció la grieta real. No la ideológica. No la partidaria. La grieta verdadera es entre la macro que cierra y la vida que no cierra.

El reciente análisis aparecido en “The Wall Street Journal” sobre el gobierno de Javier Milei es interesante precisamente por eso. No es una crítica militante ni una defensa cerrada. Es algo más incómodo: una advertencia. El artículo reconoce los logros, pero señala el problema. Las reformas avanzan, pero chocan con la realidad social. El orden fiscal aparece, pero el bienestar no. La estabilidad macro se insinúa, pero el malestar cotidiano crece.

Y de esta forma deja de ser un detalle técnico para transformarse en un problema político de fondo porque la economía, en democracia, no se valida en dogmas o discursos, sino que se valida en la percepción de la sociedad.

Lo expuesto quiere decir que un gobierno puede tener razón en términos económicos y aun así perder legitimidad. A esto apunta este editorial.

Ese es el riesgo que empieza a asomar en el tercer año de mandato de Milei. Aun cuando durante décadas, la Argentina vivió del otro lado del espejo, donde se expandía el gasto, se sostenía el consumo artificialmente, se escondía el déficit y se compraba tiempo con inflación lo cierto es que era una ficción, pero era una ficción que la gente sentía como realidad.

Hoy ocurre precisamente lo inverso. Se corrige la ficción, pero la realidad se vuelve más dura que nunca. Y aparece la pregunta inevitable que se hacen todos los analistas políticos e incluso económicos en la actualidad: ¿cuánto tiempo puede sostenerse un programa económico que no mejora la vida de la mayoría?

Un sector importante de la sociedad votó este cambio no por convicción absoluta, sino por hartazgo. No eligió tanto un modelo como rechazó el anterior. Fue un voto prestado. Y los votos prestados tienen una característica peligrosa: no se renuevan automáticamente. Si la mejora no llega, el crédito se agota.

Es precisamente ahí donde la frase de los noventa queda vieja. No alcanza con decir “es la economía”. Hay que explicar qué economía. Porque una inflación más baja es una condición necesaria, pero no suficiente. El equilibrio fiscal es una herramienta, no un resultado en sí mismo. Y un país no es exitoso porque cierre sus cuentas, sino porque abre oportunidades.

La historia argentina —y no sólo la argentina— está llena de programas económicamente correctos que fracasaron políticamente. No porque estuvieran mal diseñados, sino porque no lograron construir una transición soportable.

Ese es el desafío central, y no se trata de volver atrás. No se trata de reivindicar el desorden. No se trata de negar que había un problema estructural gravísimo. Se trata de algo más complejo: ordenar sin destruir, ajustar sin expulsar, estabilizar sin asfixiar. Y es lógico, porque si el costo del orden es una sociedad exhausta, el orden mismo se vuelve inestable.

Y lo peor, en este escenario, es el riesgo más grande de todos: que el péndulo vuelva a moverse. La Argentina tiene una larga tradición de errores pendulares. Varias veces ha pasado del descontrol al ajuste brutal, del populismo al shock, de la expansión irresponsable al recorte indiscriminado. Y en ese movimiento, nunca construye un camino sostenido.

Hoy estamos otra vez en ese punto de inflexión. La diferencia es que esta vez el diagnóstico es más claro que nunca. Sabemos lo que no funciona y además sabemos lo que no debe volver. Sin embargo, todavía no sabemos —o no vemos— lo que sí puede funcionar para la mayoría.

Milei debe entender de una vez por todas que su éxito no es bajar la inflación, no es alcanzar el déficit cero, no es ordenar la macro. Es convertir ese orden en bienestar. Si no lo logra, todo el esfuerzo será percibido como un sacrificio sin sentido. Por eso, la frase debería reescribirse para esta Argentina: No es la economía, estúpido. Es la vida.

Ningún argentino vota teorías. Vota lo que siente cuando llega a fin de mes. Y si ese sentimiento no cambia, no hay programa económico que sobreviva.

Lo peor ya pasó: anatomía de una promesa incumplida.

Veamos la siguiente cronología:

Diciembre 2023 – Asunción: Arranque del experimento. Diagnóstico catastrófico, herencia devastada, y la promesa implícita: el dolor es transitorio, el rebote será histórico.

12 de junio de 2024 – ExpoEFI – Javier Milei: “Lo peor ya pasó. La economía tocó un piso”.

14 de agosto de 2024 – Council of the Americas – Javier Milei: insiste en que “lo peor ya pasó”. Ya cuando una frase necesita repetirse tanto, deja de ser diagnóstico y empieza a ser mantra.

Septiembre 2024 – TV (Susana Giménez), Javier Milei: “De acá para adelante solo quedan buenas noticias”.

9 de octubre de 2024 – Entrevista LN+, Luis Caputo: “Lo peor ya pasó y hoy ya podemos empezar a mostrar resultados”. Ahora se agregó el Ministro validando el relato.

7 de noviembre de 2024 – Declaración oficial, Javier Milei: “La recesión terminó”. Casi un acta de defunción de la recesión, pero sin velorio estadístico.

11 de noviembre de 2024 – Evento Ualá, Javier Milei: “El país entra en su mejor momento de los últimos 100 años”. Aquí frente el presente duro, se lo reemplaza por un futuro épico.

10 de diciembre de 2024 – Cadena nacional (1 año), Javier Milei: “Hemos dejado atrás lo peor”. El problema es que nada cambia.

20 de diciembre de 2024 – Bolsa de Córdoba, Javier Milei: “Proceso vertical de recuperación” y economía que “despega”.

30 de abril de 2025 – EFI 2025, Javier Milei: “Ahora es el momento de crecer”.

20 de mayo de 2025 – AmCham, Luis Caputo: crecimiento “por arriba del 6%” y Argentina como “ejemplo en 20 años”.

15 de septiembre de 2025 – Cadena nacional, Javier Milei: otra vez “lo peor ya pasó”.

13 de noviembre de 2025 – UIA, Luis Caputo: Argentina será el país que más crezca en los próximos 30 años.

3 de marzo de 2026 – Córdoba, Luis Caputo: “Futuro spectacular” y liderazgo global en crecimiento.

5 de marzo de 2026 – Mendoza, Luis Caputo: nivel de inversión “nunca visto” en 4 años.

14 de abril de 2026 – AmCham, Luis Caputo: los próximos 18 meses serán los mejores en décadas.

Según el oficialismo, la economía vive en un eterno amanecer: el sol está por salir, siempre. Sin embargo, es reiteración sin anclaje verificable. Cuando “lo peor ya pasó” se repite tres, cuatro, cinco veces, deja de ser un dato y pasa a ser un recurso narrativo.

El milagro invisible

Toda esta narrativa encierra una hipótesis mucho más incómoda que la de un gobierno exagerando logros: y es que efectivamente crea que ya cumplió. Que el “milagro económico” no sea una promesa incumplida, sino una realidad consumada.

Si fuera así, Javier Milei no estaría anunciando el futuro: estaría describiendo el presente. Y si insiste en que “lo peor ya pasó” no es porque se equivoca en el timing, sino porque, desde su marco conceptual, el problema ya fue resuelto. En este caso estamos en el verdadero riesgo. No el error, sino el dogma.

Al igual que le ocurrió al Kirchnerismo, cuando una política se vuelve dogmática, deja de necesitar validación empírica. Funciona al revés: si los datos o la percepción social no acompañan, entonces lo que falla no es la política sino la sociedad. No es que el salario no alcanza: es que la gente “no entiende”. No es que la recuperación no se siente: es que “todavía no la ven”.

Si uno escucha atentamente al Presidente, el Gobierno ya ganó. La Argentina ya es —en su propia narrativa— el mejor país de su historia reciente. Y si los argentinos no lo perciben, el problema pasa a ser casi moral: no lo ven, no lo valoran, no lo agradecen. El desplazamiento es sutil pero profundo. La economía deja de ser un campo de resultados para convertirse en un campo de fe. Dicho de otro modo, no es solo optimismo reiterado. Es algo más sofisticado: un modelo donde el éxito no se mide por sus efectos, sino por su coherencia ideológica.

Milei viene proclamando el “inicio del mayor crecimiento de la historia argentina” desde antes de asumir. No es casualidad ni descuido retórico: es un recurso deliberado. La fórmula funciona como profecía autocumplida discursiva, una manera de fijar expectativas y, sobre todo, de desplazar el eje del debate desde el presente (recesión, caída del consumo, destrucción de empleo formal, pérdida del poder adquisitivo de jubilados) hacia un futuro siempre inminente pero nunca auditable.

Es el mismo mecanismo de “el año que viene crecemos” que usaron Menem en el 95, Macri con el “segundo semestre” y, en otra escala, cualquier gobierno que necesita comprar tiempo político. La diferencia es que Milei lo eleva a liturgia.

El programa libertario muestra resultados mixtos —baja de la inflación mensual, superávit fiscal, cierto reordenamiento cambiario— y costos muy visibles —caída del salario real, aumento de la pobreza en 2024, retracción industrial, conflicto con universidades, jubilados, ciencia—. Lo que está fracasando no es necesariamente el diagnóstico (el desequilibrio fiscal y monetario era real), sino la pretensión dogmática de que el mercado por sí solo, sin Estado articulador, va a generar una recuperación con derrame.

La evidencia empírica argentina y comparada (Chile post-1982, el propio Menemismo, incluso la experiencia de ajustes europeos post-2010) muestra que sin política productiva, sin inversión pública estratégica y sin mecanismos de redistribución, el crecimiento —cuando llega— es concentrado y excluyente.

Mientras Milei mantenga el monopolio del relato anti-casta y la oposición no construya una alternativa creíble, la disonancia entre discurso y realidad material se procesa como “costo necesario” o “culpa de la herencia”. El punto de quiebre suele llegar cuando tres cosas coinciden: el deterioro material toca a las clases medias que lo votaron, aparece un liderazgo opositor con densidad, y algún hecho simbólico rompe el encanto. Ninguna de las tres está madura todavía, pero la primera empieza a asomar fuertemente.

Si el milagro ya ocurrió, pero nadie lo nota, el problema deja de ser económico. Pasa a ser perceptivo. Y gobernar, entonces, ya no es mejorar la realidad sino corregir a quienes no la ven: una Argentina que se está transformando en Kuka.

Primicias Rurales

Territorios en foco: La insurrección de la mirada en el nuevo Cine Rural Latinoamericano

Territorios en foco: La insurrección de la mirada en el nuevo Cine Rural Latinoamericano

El cine rural latinoamericano actual trasciende el folklore para consolidarse como un ejercicio de memoria y justicia simbólica. Al dar voz a las comunidades, estas obras transforman el campo de objeto de observación en un sujeto político con narrativa propia.

Por Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine, especial para Primicias Rurales

 

Buenos Aires, viernes 27 marzo (PR/26) — En una segunda entrega de nuestra serie sobre cine rural, recorremos el panorama cinematográfico del continente: desde la sierra mexicana hasta la zona rural brasileña, una nueva generación de directores y directoras filma el campo con ojos que no admiten el folklorismo ni la lástima.

En nuestra entrega anterior nos detuvimos en la Argentina. Ahora, la mirada se amplía hacia el resto del continente. Y lo que aparece es un mapa cinematográfico vasto, irregular y sorprendente: desde los pueblos controlados por el narco en la sierra de Guerrero hasta las aldeas amazónicas del Brasil profundo, desde las comunidades quechuas del altiplano andino hasta las sábanas calcinadas del interior venezolano.

El cine latinoamericano,ncon sus recursos escasos, su energía desbordante y su urgencia de contar, lleva décadas registrando la vida rural con una intensidad que las grandes productoras del norte difícilmente igualan.

No existe un movimiento unificado ni un manifiesto común. Lo que sí existe es una coincidencia de miradas y de apuestas: directores que eligen el tiempo lento del campo como materia cinematográfica, que rechazan tanto la idealización bucólica como el retrato victimizante, y que encuentran en la tierra, en sus conflictos y en sus silencios, un lenguaje propio.

El resultado es un panorama heterogéneo, pero siempre honesto en su intención.

 

México: una tradición que se reinventa

Ningún otro país latinoamericano carga con una tradición tan pesada —y tan fértil— de cine rural. Desde la época de oro del cine mexicano, los campos del país han sido escenario privilegiado de la pantalla grande. El director Emilio Fernández convirtió, a mediados del siglo XX, los pueblos de adobe en íconos visuales del imaginario nacional. Aún ese legado persiste, pero profundamente transformado por cineastas que ya no quieren filmar postales sino realidades.

Tatiana Huezo
Noche de fuego, México, 2021

En una aislada comunidad rural, cada cierto tiempo, narcotraficantes que controlan la zona, se llevan a alguna muchacha de manera violenta.

Tres niñas crecen en una comunidad de la sierra mexicana bajo el control absoluto de un grupo armado de narcos. Estas tres amigas: Ana, Paula y María han vivido una infancia acostumbrada a este ambiente.

Basada en el libro “Prayers for the Stolen” de Jennifer Clement, la directora Tatiana Huezo (foto) construye un relato sobre la infancia como territorio ocupado: los juegos, los rituales, la naturaleza exuberante y el miedo conviven sin posibilidad de separarse. Hay un subtexto y porque no, una referencia real a llevar una vida oprimida por la violencia en este caso del narcotráfico.

Estrenada en Netflix el 17 de noviembre de 2021.

Premio al Mejor Director en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, 2021.

Tatiana Huezo es hoy una de las voces más reconocidas del cine latinoamericano, pero no es un caso aislado.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=IWzkfBY982Y

 

Carlos Reygadas
Luz silenciosa, México (2007)

 

Carlos Reygadas

Rodada entre comunidades menonitas de Chihuahua, donde Johan, hombre casado y con varios hijos, sostiene una relación amorosa con otra mujer, transgrediendo las leyes de la religión que observa y las prácticas de la comunidad a la que pertenece.

Una característica muy interesante de este filme es que es hablado enteramente en plautdietsch, o bajo alemán menonita, es el idioma hablado por los descendientes de los menonitas en Rusia que viven apartados conservando sus tradiciones. A algunos nos traerá un lejano recuerdo al filme “Testigo en peligro” (EEUU, Peter Weird, 1985), en referencia al retrato de una comunidad agraria y religiosa en particular como los Amish. Que tiene un argumento totalmente alejado de “nuestro Tiempo”

Ganó el premio del jurado en el Festival de Cannes de 2007, entre otros premios en distintos festivales.

Este filme ocupa el lugar 98 dentro de la lista de las 100 mejores películas mexicanas, según la opinión de 27 críticos y especialistas del cine en México, publicada por el portal Sector Cine en junio de 2020

Trailer: http://www.imcine.gob.mx/peliculas/62.

 

Nuestro tiempo (2018), filmada en una hacienda del Estado de Morelos

Tardaron 3 años en filmarla, es una película no industrial. Se sitúa en una ganadería de toros bravos en el altiplano de México donde vive una familia. Mientras Ester administra el rancho, su marido Juan, un poeta reconocido, cría y selecciona el ganado. Cuando Ester se enamora de un adiestrador de caballos llamado Phil, la pareja lucha por superar la crisis emocional

Ha llevado los paisajes agrarios mexicanos a un registro casi contemplativo, donde el conflicto emocional se despliega a la misma velocidad con que maduran las cosechas.

Su cine exige paciencia, pero devuelve imágenes de una densidad poco frecuente en el cine contemporáneo.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=fCc0pX8Vjss

 

Everardo González
La libertad del diablo (2017)

Aquí investiga el fenómeno de la violencia en México en el siglo XXI, dando voz a víctimas y victimarios. Su propósito es ahondar en los motivos y las consecuencias que generan y acarrean los actos violentos.

En este marco registra con rigor etnográfico y sensibilidad narrativa a comunidades indígenas y campesinas del sur del país, a víctimas y victimarios de la violencia, a personas que viven en territorios donde el Estado hace décadas que dejó de llegar.

Fue premiada en el Festival Internacional de Berlín (Berlinale)como mejor documental original (2017)

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=wmkEBaiRsFg

 

Bolivia y Perú: filmar desde la herida colonial

Perú

Claudia Llosa

En los países andinos, el cine rural no puede ignorar el contexto de su dimensión histórica. Las comunidades indígenas del altiplano y de la cordillera son herederas de quinientos años de expoliación y marginalización, y las películas que las no pueden permitirse el lujo de la neutralidad. Los mejores cineastas de la región lo saben, y trabajan con esa tensión de manera deliberada.

La teta asustada, 2009

Se centra en los temores de las mujeres que fueron violadas durante la época del terrorismo que vivió Perú. En ese tiempo ocurrido en ese país entre los años 1980 y 2000 durante el cual las organizaciones Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL) y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) desplegaron diversas acciones terroristas con el objetivo de derrocar al Estado existente y reemplazarlo por un Estado socialista.

En ese contexto una joven de una comunidad quechua en las afueras de Lima cree haber heredado, a través de la leche materna, rabia, sufrimiento y tristeza debido al terror que sufrió su madre durante esa época.

La directora peruana construye con imágenes de papas, tierra seca y rituales ancestrales un lenguaje cinematográfico que no tiene equivalente en el cine peruano anterior.

Obtuvo en el Festival Internacional de Cine de Berlín el Oso de Oro, el cual es el máximo galardón otorgado por la Berlinale y también el Premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI). A principios de 2010, esta película fue nominada para el Óscar en la categoría «Mejor película en idioma extranjero», en ese año la ganadora fue “El secreto de sus ojos” Juan José Campanella, Argentina.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=1gquq9-k54g

Un aspecto muy distintivo de esta cineasta es la diversidad de temas que aborda e investiga. La señal de cable TNT presentó en 2011 el proyecto Fronteras, en donde Llosa presentó en como parte del proyecto Fronteras, una serie de cortos latinoamericanos producidos por la televisora de cable TNT. La cineasta filmó el cortometraje Loxoro, que trata sobre las fronteras entre lo masculino y lo femenino en la comunidad gay y transexual en el Perú.​ El loxoro es un lenguaje cifrado con aspecto de dialecto de la comunidad transexual peruana utilizado como autoprotección.

 

Bolivia

Ha vivido en las últimas dos décadas una renovación cinematográfica notable.
Kiro Russo

 

 

Este director, con Viejo Calavera (2016) y El gran movimiento (2021), explora el desplazamiento entre el campo y la ciudad desde los ojos de jóvenes que cargan con la memoria del altiplano y no logran instalarse del todo en ningún mundo. Sus planos largos, su sonido lleno de diferentes matices y su ritmo deliberadamente lento son elecciones estéticas que hablan de una forma de entender el tiempo heredada del campo.

 

Russo es un firme defensor de la película en celuloide frente al cine digital, lo cual está presente en su decisión de rodar «El Gran Movimiento» en Súper 16mm. Para Russo, el celuloide tiene una capacidad única para capturar el paso del tiempo y las huellas de los momentos.

Este director cree que «Bolivia solo se entiende desde la mina». La minería, según él, es un reflejo de los traumas coloniales y la identidad cultural del país. En su obra, la mina es más que un simple escenario, es un lugar de introspección y de crítica hacia los efectos de la modernidad y el capitalismo sobre las comunidades bolivianas.

Viejo Calavera, trailer: https://www.youtube.com/watch?v=ebfptoVUjGk
El gran movimiento, Premio Especial del Jurado en la sección Horizontes del Festival de Venecia por «El Gran Movimiento» (2021).

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=QKKZ5Kanh_U

 

Juan Carlos Valdivia
Yvy Maraey – Tierra sin mal (2013)

Juan Carlos Valdivia, lleva décadas construyendo un cine sobre la identidad boliviana.

Su película fue rodada íntegramente en el Chaco boliviano con la participación de comunidades indígenas guaraní, que intervinieron en la escritura del guión y en la definición de las escenas.

Un cineasta y un líder indígena viajan juntos por los bosques del sureste boliviano con el objetivo de investigar para una película sobre el mundo guaraní.

El punto de partida es una imagen en movimiento de unos salvajes filmada por un explorador sueco en 1910. El resultado es un filme que no habla sobre una comunidad, sino que fue hecho con ella: una distinción que en el cine latinoamericano marca una diferencia ética fundamental.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=e2YGcJa85d0

Película completa:  https://www.youtube.com/watch?v=jkG6872kOWE

 

Colombia: cuando el campo es historia y es guerra

Colombia es quizás el país donde el cine rural adquiere la mayor carga política del continente. Durante décadas, el campo colombiano fue el escenario central del conflicto armado: guerrillas, paramilitares, narcotráfico y desplazamiento forzado convirtieron a millones de campesinos en víctimas y protagonistas involuntarios de una guerra que las ciudades miraban desde lejos. El cine ha tomado nota de esa historia.

Ciro Guerra
El abrazo de la serpiente· Colombia, 2015

 

 

Rodada en blanco y negro en plena selva amazónica colombiana, la película narra en dos líneas temporales paralelas las expediciones de dos científicos europeos —uno a comienzos del siglo XX, otro en los años 40— que buscan en la Amazonia una planta sagrada llamada yakruna.

El chamán indígena Karamakate los guía en ambos viajes. La selva no es un decorado: es un archivo vivo de memorias, de pérdidas y de resistencias. Nominada al Óscar como Mejor Película en Lengua Extranjera, es hasta hoy la obra más vista del cine colombiano de autor.

Fue invitado a más de 60 festivales de cine de todo el mundo (incluyendo Cannes, Tribeca, Seúl, Bangkok, Seattle, Río de Janeiro y Guadalajara), ganador además de 15 premios y menciones en festivales como San Sebastián, Toulouse, Trieste, Mar del Plata, Varsovia, Austin, Quito, Santiago de Chile, Cartagena y La Habana.

En 2018 dirigió Pájaros de verano, elegida para representar a Colombia en la 91° edición de los Premios Óscar en la categoría Mejor película de habla no inglesa. En 2019 dirigió su primera película en idioma inglés, Waiting for the Barbarians, protagonizada por Johnny Depp y estrenada en el Festival de Cine de Venecia.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=31pfdpYLaCw

Los viajes del viento (2009)

Recorre la geografía del Caribe colombiano siguiendo a un viejo juglar vallenato

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=LjSudTLOh4I

Ciro Guerra continuó explorando el territorio colombiano en:

Pájaros de verano (2018)

 

Codirigida con Cristina Gallego, donde el desierto de La Guajira es el escenario de la primera gran historia del narcotráfico colombiano protagonizada por la comunidad wayuu.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=fCZ7uSl_xRQ

 

Laura Mora

 

Esta directora representa otra línea del cine colombiano contemporáneo. Su película Los reyes del mundo (2022) sigue a cinco jóvenes que recorren el país en moto para reclamar una parcela de tierra que les fue prometida por la Ley de Víctimas.

 

 

Es un road movie rural que pone en imagen lo que las estadísticas del posconflicto colombiano no logran transmitir: la precariedad, la esperanza desconfiada, la violencia latente. La película ganó la Cámara de Oro en el Festival de Cannes, el premio más importante para una ópera prima o segunda película en ese festival.

Es de mencionar que Laura Mora ganó también la Concha de Oro​ en la 70.ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, con Los reyes del mundo.

Un dato interesante de su trayectoria es que estuvo a cargo de la dirección de la serie Cien años de soledad, de Netflix, basada en la novela homónima de Gabriel García Márquez.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=kaluHEA9vVM

 

Venezuela

En este país el panorama es más escaso, pero no inexistente.

 

Jonathan Jakubowicz con Secuestro Express, (2005), se convirtió en una de las películas venezolanas más taquilleras en el país. Cabe mencionar que esta película actúa la argentina Mía Maestro, actriz de gran proyección internacional, recordemos la serie “Alias” y películas como “Diarios de motocicleta”, “Poseidón” entre otros filmes donde ella ha actuado y el panameño Rubén Blades.

En este film se muestran los territorios del interior venezolano, donde la violencia y el desplazamiento han reconfigurado radicalmente el paisaje humano en los últimos veinte años.

Entre sus obras figuran Manos de piedra, una película sobre el boxeador Roberto Durán con Robert De Niro y Edgar Ramírez, que se estrenó en la selección oficial del Festival de Cannes 2016

Trailer de Secuestro express: https://www.youtube.com/watch?v=r0fqx2U7BMk

 

 

Chile y Brasil: el paisaje como archivo político

Chile

 

En Chile, el documentalista Patricio Guzmán lleva décadas convirtiendo el campo del país en un instrumento de memoria histórica. Su trilogía más reciente —Nostalgia de la luz (2010), El botón de nácar (2015) y La cordillera de los sueños (2019)— recorre el desierto de Atacama, los canales de la Patagonia y la Cordillera de los Andes respectivamente, y en cada caso descubre en esos paisajes extremos una acumulación de tiempo, de víctimas y de silencios que la historia oficial prefiere no nombrar.

Los glaciares chilenos, en la mirada de Guzmán, no son simplemente bellos: son testigos.

Guzmán es creador de más de una veintena de películas, en su mayoría documentales por los cuales ha sido premiado en múltiples festivales de cine. Es una figura emblemática de la cinematografía chilena debido a su historia ya que en 1973 fue detenido luego del golpe de Estado en Chile. Consiguió partir al exilio y salvar el registro de la trilogía documental que lo hizo mundialmente reconocido: La batalla de Chile (1975-1979), que hablaba desde el triunfo del expresidente Salvador Allende y la Unidad Popular, hasta los hechos que desencadenaron finalmente el golpe de Estado. Actualmente vive en Francia.

Nostalgia de la luz (2010), tráiler:  https://www.youtube.com/watch?v=qZbfvf1VWcQ

El botón de nácar (2015), trailer: https://www.youtube.com/watch?v=qjdKFKNFFPI

La cordillera de los sueños (2019), tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=8KIhY63IbFM

 

Brasil

El cine rural brasileño es una de las corrientes más ricas y complejas de América Latina, profundamente ligada a la tierra, la violencia social, la espiritualidad popular y la identidad nacional.

Los temas recurrentes son la sequía, el nordeste semiárido como metáfora de abandono y resistencia. Vidas Secas (Nelson Pereira dos Santos, 1963), es obra cumbre del género.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=CUpIKnhXpsI

Película completa: https://www.youtube.com/watch?v=gFIgiX7qJQA

Conflictos por la tierra aparece Cabra Marcado para Morrer (Eduardo Coutinho, 1984), un documental excepcional sobre las Ligas de mujeres campesinas.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=TZWHkjiL3Eo

Película completa: https://www.youtube.com/watch?v=DAPs2Jw6R3k

Religiosidad popular, el catolicismo, el candomblé y el misticismo impregnan gran parte de estas historias. Y por  último la Amazonia con filmes sobre pueblos indígenas, donde se retrata la extracción intensiva de recursos naturales y deforestación.

El Nordeste semiárido es la geografía rural más filmada.

 

 

 

 

Desde el Cinema Novo de los años 60, con Glauber Rocha como figura central, quien convirtió la zona rural del nordeste en un espacio mítico y político. Fue un director revolucionario del cine brasileño, por la novedosa utilización del lenguaje cinemátográfico y un polemista a tiempo completo. Sus películas eran conocidas por sus temas políticos expresados de manera fuerte, a menudo combinados con misticismo y folclore, pero también por su particular estilo y fotografía. Murió prematuramente a los 41 años debido a una pericarditis viral, dejando una inmensa obra cinematográfica.

Filmes como Deus e o Diabo na Terra do Sol (1964)

Traíler: https://www.youtube.com/watch?v=06lr4b9vA60

Película completa: https://www.youtube.com/watch?v=zQ7ghoWyzNE

 

Antonio das Mortes (1969) establecieron la figura del bandido, el beato y el campesino sin tierra como símbolos de la lucha social.

Traíler: https://www.youtube.com/watch?v=x9WRAI3jTHs

El cine brasileño en la década del 90 actualizó esa tradición con Central do Brasil (1998) de Walter Salles es quizás la película que mejor sintetiza el cruce entre el Brasil urbano y el rural, cuando una maestra de Rio de Janeiro cruza el país para acompañar a un niño en busca de su padre.

La película recibió elogios de la crítica tras participar en el Festival de Cine de Berlín en donde Montenegro obtuvo el Oso de Plata a la Mejor Actriz y la película obtuvo el Oso de Oro.

La actuación de Montenegro le valió una nominación a los Premios Oscar en la categoría de Mejor Actriz (convirtiéndose en la primera actriz brasileña en ser nominada en la categoría de actriz principal), mientras que la película recibió una nominación a Mejor Película en Lengua Extranjera. Fue galardonada y nominada como mejor película extranjera en númerosos festivales cinemátográficos.

Traíler: https://www.youtube.com/watch?v=AO8GNubmhOw

 

Bacurau
Kleber Mendonça Filho & Juliano Dornelles · Brasil, 2019

 

Bacurau es un pueblo de la zona rural nororiental que no aparece en los mapas digitales y que, de un día para el otro, empieza a ser cazado por un grupo de turistas armados llegados del extranjero. La película, codirigida por Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, protagonizada por Sonia Braga y Udo Kier.

Usa la fórmula del thriller de terror para construir una alegoría política de una ferocidad inusual sobre el Brasil contemporáneo: la violencia del Estado, el racismo estructural y la resistencia de las comunidades negras y mestizas del interior. Premio del Jurado en Cannes 2019, es uno de los filmes latinoamericanos más discutidos de la última década.

Traíler: https://www.youtube.com/watch?v=RZVpW5yC3pM

 

 

Análisis final:

Más allá del cine de autor y de los circuitos festivaleros, en los últimos veinte años ha emergido en toda Latinoamérica un fenómeno que merece una atención especial: el surgimiento de cinematografías realizadas por y para comunidades indígenas. No son películas hechas por cineastas externos que viajan al campo a retratar al otro. Son obras producidas desde adentro, con voces y cámaras propias.

Este cine no siempre llega a las salas ni a los festivales internacionales. Circula en asambleas comunitarias, en teléfonos móviles, en pantallas improvisadas bajo árboles. Pero su existencia cambia algo fundamental en la ecuación del cine latinoamericano: el campo ya no es sólo el objeto de la mirada cinematográfica. También es, cada vez más, su sujeto.

Un campo que también mira

Lo que une a estas películas tan distintas entre sí no es un género ni una estética, sino una convicción compartida: que la vida rural latinoamericana —con su densidad histórica, sus conflictos irresueltos, sus formas propias de belleza y de dolor— merece ser contada con la misma complejidad con que se narran las vidas urbanas. Que el campesino, el indígena, el trabajador de la tierra no son figuras folclóricas ni víctimas pasivas, sino personas con historia, contradicciones y deseos.

En un continente donde la urbanización avanza sin pausa, donde el campo sigue siendo escenario de disputas por la tierra y el agua, donde las comunidades rurales son con frecuencia las primeras en sufrir los efectos del cambio climático y las últimas en recibir los beneficios del desarrollo, el cine cumple una función que va más allá del entretenimiento o del arte. Es registro. Es denuncia. Es memoria colectiva. Es, en el mejor de los casos, una forma de justicia simbólica para quienes rara vez se ven en las pantallas.

 

Para Primicias Rurales: Por Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine. 

 

 

Si quiere leer sobre el Cine Rural en la Argentina del mismo autor, ingrese aquí: https://www.ruralprimicias.com.ar/2026/03/03/el-cine-rural-en-argentina/

 

 

“Argentina S.A.: del conurbano industrial al extractivismo impaciente (o cómo dinamitar un país antes de que llegue la inversión)”

“Argentina S.A.: del conurbano industrial al extractivismo impaciente (o cómo dinamitar un país antes de que llegue la inversión)”

El fin del modelo industrial y el giro hacia una economía de enclave: un análisis profundo sobre la apuesta de Javier Milei por el extractivismo, el desmantelamiento del Estado y los riesgos de una transición que ignora los tiempos sociales y la geografía del país.
Por Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva. Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia. Autor de varios libros y Publicaciones. Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut

 

Buenos Aires, miércoles 22 abril (PR/26) — Hay algo profundamente fascinante —y peligrosamente ingenuo— en el experimento argentino actual: la convicción de que se puede desarmar un país en tiempo real y volver a armarlo mientras la gente sigue viviendo adentro.

El modelo histórico argentino —ese híbrido entre la fábrica del conurbano y la renta del campo— ha llegado a su fin. Y no porque alguien haya decidido clausurarlo, sino porque el mundo cambió. La industria fordista murió, la automatización avanzó y la inteligencia artificial terminó de empujar al viejo esquema productivo a una jubilación forzada. Hasta ahí, el diagnóstico.

El problema empieza cuando la solución se parece demasiado a una apuesta.

El fin de un país que funcionaba (más o menos)

Durante más de medio siglo, el Peronismo —con sus múltiples mutaciones— sostuvo un modelo que, con todas sus distorsiones, tenía una lógica: integrar socialmente a través del trabajo industrial financiado por el campo.

No era perfecto. Era inflacionario, corporativo, a veces ineficiente. Pero tenía una virtud central: ordenaba la sociedad. Hoy eso ya no existe.

El conurbano dejó de ser una máquina de producir empleo y se convirtió en una máquina de administrar pobreza. La industria nacional, atrapada entre la competencia global y su propia falta de escala, ya no puede cumplir el rol de absorción masiva de mano de obra. Y el Estado, que antes lubricaba el sistema, ahora está en retirada.

El dato estructural es brutal: un tercio de los argentinos vive en apenas el 0,5% del territorio -el AMBA-. No es un país: es una anomalía geográfica con pretensiones de nación.

Milei y la lógica del reemplazo: menos Estado, más subsuelo

Javier Milei no intenta arreglar ese modelo. Intenta reemplazarlo. Y lo hace con una lógica que, en términos estrictamente económicos, no es absurda:
pasar de un esquema basado en consumo interno e industria protegida a otro sustentado en exportaciones primarias de alto valorenergía, minería y agro.

En otras palabras: de la fábrica al pozo. Del obrero al geólogo y del conurbano a la cordillera.

El nuevo mapa productivo ya está dibujado:

  • Neuquény Vaca Muerta como epicentro energético
  • Río Negro como nodo logístico
  • San Juan, Catamarca y Jujuy como promesa minera.

El resto del país… bueno, el resto del país queda en veremos.

El gran problema: esto no es Excel, es sociedad

El modelo puede cerrar en una planilla. Pero la Argentina no es una planilla.

Hay tres preguntas que el Gobierno evita responder:

  1. ¿Quién absorbe el empleo que desaparece?
  2. ¿Cómo se produce la migración desde el conurbano al interior?
  3. ¿Cuánto tiempo lleva ese proceso?

Y hay una cuarta, más incómoda aún: ¿Qué pasa mientras tanto?

Porque el petróleo y la minería no son intensivos en mano de obra. No generan millones de empleos. Generan dólares. Y ahí aparece la primera gran contradicción del modelo: puede estabilizar la macroeconomía sin resolver la estructura social. Todo lo contrario que hizo el Peronismo en 70 años.

La Argentina de dos velocidades (y veinte provincias descartables)

El Gobierno parece haber decidido que hay provincias viables… y provincias prescindibles. No es una declaración explícita. Es algo más sofisticado: una omisión sistemática.

Mientras se promueve el RIGI y se seduce al capital extranjero, no hay una política clara para reconvertir las economías regionales. No hay incentivos reales para la relocalización poblacional. No hay infraestructura suficiente. No hay planificación territorial. Hay, en cambio, una lógica implícita:

“Si las provincias no funcionan, que se arreglen solas.” Esto no es federalismo.
Es darwinismo fiscal.

Política sin territorio: el algoritmo como nuevo puntero

En paralelo, ocurre otro fenómeno igual de disruptivo:
la política dejó de ser territorial. Fue reemplazada por “la era de la rabia y el algoritmo”. Dicho de otro modo:

  • Los partidos tradicionales colapsaron
  • El Radicalismo se volvió irrelevante
  • El Peronismo mutó en nostalgia organizada

Hoy, el único actor nacional real es el oficialismo. Y no necesita estructura territorial. Le alcanza con redes sociales.

La consecuencia es profunda: el poder ya no se construye desde el territorio, sino desde la narrativa.

La estabilidad como anestesia

Históricamente, los gobiernos caen por tres razones:

  • desempleo
  • aumento de alimentos
  • aumento del transporte

El Gobierno lo sabe. Y actúa en consecuencia.

  • Tolera la informalidad como válvula de escape
  • Sostiene la AUH como contención mínima
  • Administra subsidios clave
  • Y, sobre todo, baja la inflación como bandera política

Esto último es clave. Porque en Argentina la inflación no genera revoluciones.
Genera desgaste. Y Milei entendió algo que muchos subestimaron:
la estabilidad vale más que el crecimiento en el corto plazo.

El factor tiempo: el verdadero enemigo

Acá está el núcleo del problema. Todo el modelo depende de algo que no se puede decretar: el tiempo.

  • Tiempo para que lleguen inversiones
  • Tiempo para que maduren los proyectos
  • Tiempo para que se generen empleos
  • Tiempo para que la sociedad se adapte

Pero hay algo que no espera: la paciencia social.

Para ser más crudo: “la apuesta tiene un enemigo difícil de vencer: el tiempo.” Y en política, el tiempo no es lineal. Es electoral.

El antecedente olvidado

Cuando Raúl Alfonsín pensó en trasladar la capital, entendía algo que hoy parece ausente: la geografía importa. No era una locura. Era un intento de redistribuir poder, población y desarrollo.

Hoy el desafío es mucho mayor. No se trata de mover una capital. Se trata de reconfigurar un país entero. Y eso no se logra solo con equilibrio fiscal.

El contexto internacional: cuando el mundo no ayuda

El modelo tampoco juega en cancha propia.

  • Volatilidad del precio del petróleo
  • Tensiones geopolíticas
  • Guerra comercial
  • Capitales más selectivos

Incluso la necesidad de apoyo externo —como el guiño de Donald Trump— muestra que la autonomía del proyecto es relativa.

El mundo no está esperando a la Argentina. La Argentina está esperando al mundo.

La paradoja final

Y así llegamos al corazón del dilema:

El modelo puede funcionar… pero no necesariamente para todos.

Puede generar dólares.

Puede estabilizar precios.

Puede ordenar la macro.

Pero al mismo tiempo:

  • puede profundizar desigualdades territoriales
  • puede dejar millones fuera del sistema productivo
  • puede fragmentar aún más la estructura social

Es, en esencia, un modelo eficiente… pero selectivo.

La pregunta que nadie quiere responder

La historia argentina está llena de modelos que funcionaron… hasta que dejaron de funcionar.

El Peronismo construyó uno que duró 70 años. Este nuevo intento todavía no cumplió tres. La diferencia es que antes el problema era cómo sostener un modelo agotado. Hoy el problema es cómo llegar a uno que todavía no existe.

Y entonces queda flotando una pregunta incómoda, casi insolente:

¿Y si el problema no es el modelo… sino la transición?

Porque transformar un país no es solo una cuestión económica. Es, sobre todo, una cuestión de tiempos humanos. Y la Argentina —esa sociedad acostumbrada a sobrevivir a todo— tal vez tolere el ajuste, la incertidumbre y la espera…Pero hay algo que nunca toleró demasiado bien: la sensación de que el futuro siempre está por llegar…y nunca termina de empezar.

 

Primicias Rurales

La deuda eterna de la Pampa Deprimida: un fracaso político que se mide en millones

La deuda eterna de la Pampa Deprimida: un fracaso político que se mide en millones

Cada inundación en la Pampa Deprimida deja la misma imagen: campos convertidos en lagunas, rodeos atrapados, caminos desaparecidos. Y cada sequía, meses después, muestra el reverso igual de devastador: tierra resquebrajada, pasturas perdidas y productores liquidando hacienda para sobrevivir.
Por Ing. Agr. Pedro A Lobos, director de Primicias Rurales

Buenos Aires, 6 de abril (PR/26) —  Lo más grave no es el fenómeno climático. Es la repetición. La única salida real es una decisión que hasta ahora no existió: transformar el manejo del agua en una verdadera política de Estado.

En los últimos eventos extremos, las pérdidas en la región —entre mortandad de ganado, caída en la producción y deterioro de los suelos— se estiman en cientos de millones de dólares por campaña. A eso se suma el costo invisible: menor producción futura, pérdida de vientres y años de recuperación productiva.

No es una tragedia natural. Es un fracaso político.

Un problema que la dirigencia eligió no resolver

Los ingenieros agrónomos Walter Kugler, José F. Barbagallo y Jorge S. Molina lo advirtieron durante años: la región no necesita diagnósticos nuevos, necesita decisiones.

Sin embargo, la dirigencia —de distintos signos políticos y durante décadas— optó por otro camino: administrar la emergencia en lugar de resolver el problema.

Cómo se pierden millones sin resolver nada

 

El dinero público y privado sí estuvo. Pero el resultado es el mismo: la región sigue siendo vulnerable.

Se gastó en:
  • Obras inconexas que trasladan el agua en lugar de gestionarla
  • Canales que aceleran inundaciones aguas abajo
  • Infraestructura sin mantenimiento
  • Asistencia post desastre en lugar de prevención

A esto se suma un desorden estructural: cada productor toma decisiones individuales —muchas veces defensivas— que terminan agravando el problema colectivo.

El resultado no es neutral: es un sistema cada vez más frágil y más caro de sostener.

La “fábrica de terneros” que funciona a pérdida

La Pampa Deprimida es el corazón de la cría bovina argentina. Lo que ocurre allí impacta directamente en toda la cadena cárnica.

Cada inundación implica:  Terneros que no nacen o se pierden, Vacas que salen del sistema, Caída en los índices reproductivos

Cada sequía, por su parte, fuerza la venta anticipada de hacienda y destruye capital productivo.

El resultado es claro: menos producción, más volatilidad y un sistema ganadero debilitado.

Lo que la política evita: ordenar

Las soluciones están identificadas hace décadas:

  • Manejo integral del agua
  • Retención en lugar de drenaje indiscriminado
  • Sistematización del suelo
  • Coordinación obligatoria entre productores

Pero todas tienen algo en común: implican orden.

Y ordenar tiene costo político:

  • Limita la discrecionalidad
  • Genera conflictos iniciales
  • Exige inversiones que no rinden en el corto plazo

Por eso no se hace.

Cada tanto se arreglan caminos o rutas

Una deuda que atraviesa gobiernos

No es un problema de un partido. Es una deuda de todo el sistema político.

Gobiernos pasan, diagnósticos se repiten, anuncios se reciclan. Pero la estructura del problema sigue intacta.

Mientras tanto, los costos se acumulan campaña tras campaña. Lo que no se invierte bien hoy, se pierde multiplicado mañana.

Lo que debería hacerse —y no se hace

La única salida real es una decisión que hasta ahora no existió: transformar el manejo del agua en una verdadera política de Estado.

Un plan maestro con fuerza de ley que:

  • Ordene el territorio de manera integral
  • Garantice financiamiento sostenido
  • Imponga reglas claras y control efectivo
  • Trascienda los ciclos políticos

No es una cuestión técnica. Es una cuestión de poder y decisión.

El costo de seguir igual

Si nada cambia, el futuro no es incierto: es previsible.

Nuevas inundaciones volverán a generar pérdidas millonarias. Nuevas sequías volverán a destruir sistemas productivos. Y el Estado volverá a gastar recursos en emergencias que podrían haberse evitado.

Un círculo perfecto de ineficiencia.

La verdad incómoda

En la Pampa Deprimida no falta agua. Tampoco faltan soluciones.

Lo que falta —desde hace décadas— es decisión política para dejar de perder millones y empezar a gestionar uno de los recursos más valiosos del país.

Hasta que eso no ocurra, cada inundación y cada sequía no serán una sorpresa.

Serán, simplemente, la confirmación de un fracaso anunciado.

Primicias Rurales

Fuentes: Inundaciones y Manejo de Cuencas – CADIA. Plan de Prevención contra Inundaciones «Florentino Ameghino» Tranqueras Abiertas. Sequia e Inundaciones Propuestas OIKOS. Inundaciones Hombre y Suelo – Asociación Amigos del Suelo

Especial, por Ing. Agr. Pedro A Lobos, director de Primicias Rurales