El cine rural en Argentina

El cine rural en Argentina

Del paisaje como personaje a los silencios que dicen más que las palabras, el cine rural argentino construye una mirada pausada, federal y profundamente identitaria sobre el territorio, el tiempo y las tensiones sociales del interior del país.

Por Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine, especial para Primicias Rurales

Buenos Aires, sábado 28 febrero (PR/26) — El cine rural en Argentina constituye un campo fértil y profundamente identificatorio dentro de la producción audiovisual nacional. A lo largo de las últimas décadas, ha funcionado como una ventana hacia territorios, culturas y problemáticas que rara vez ocupan el centro de la escena mediática. Lejos del ritmo vertiginoso de las grandes ciudades, este tipo de cine propone una mirada pausada, contemplativa y, muchas veces, íntima sobre la vida en el interior del país.

 

 

Características:

Una de las características más distintivas del cine rural argentino es su fuerte anclaje en el paisaje. La pampa, el monte, la cordillera o las zonas áridas del norte no son meros escenarios, sino elementos narrativos que condicionan la vida de los personajes.

El entorno natural influye en sus decisiones, en sus silencios y en sus conflictos. En este sentido, la geografía se convierte en un personaje más, cargado de simbolismo y potencia visual.

Un ejemplo muy claro de esto se ve en La ciénaga de Lucrecia Martel (2001).

La película transcurre en una finca rural del noroeste argentino, en un clima sofocante, húmedo y estancado. La naturaleza —el calor, la vegetación densa, el agua turbia de la pileta— no solo rodea a los personajes, sino que refleja su deterioro físico, emocional y moral. El ambiente condiciona su apatía, su violencia contenida y su imposibilidad de cambio.

Lo podemos ver en este diálogo

—Hace calor… no se puede respirar.

—Siempre hace calor acá.

—La tormenta nunca llega.

—No va a llegar.

(Este intercambio ocurre mientras los personajes miran un cielo cargado, inmóvil. La tensión climática refleja la tensión interna: todo parece a punto de estallar, pero nada cambia.)

En esta escena, el clima no es sólo contexto:

El calor opresivo simboliza el estancamiento social y familiar.

La tormenta que no llega funciona como metáfora de una transformación que nunca ocurre.

Escena: https://youtu.be/WDlBxSifvpc?si=GAu5Lxxk4TWeDkNw

Trailer: https://youtu.be/en3Gw7SSsbg?si=WQ_c7uwW-nN-4_Z5

 

El tratamiento del tiempo también es particular. A diferencia del cine comercial, donde la acción suele ser constante, el cine rural privilegia los ritmos lentos, los planos largos y los espacios de contemplación. Este enfoque permite al espectador sumergirse en una experiencia más sensorial, donde lo cotidiano adquiere una dimensión poética. Las tareas rurales, los vínculos familiares y las tradiciones locales se presentan sin artificios, muchas veces con una estética cercana al documental.

Un ejemplo representativo es la película Jauja de Lisandro Alonso (2014).

Ambientada en la Patagonia del siglo XIX, la película se caracteriza por sus planos largos, silencios prolongados y una narrativa mínima. El tiempo parece dilatarse: caminar, esperar o simplemente observar el paisaje son acciones que ocupan gran parte del metraje. La experiencia no pasa por lo que “ocurre”, sino por cómo se percibe ese transcurrir.

Se puede ver en este diálogo:

—¿Cuánto falta para llegar?

—En estas tierras… no se llega. Se sigue.

—Todo parece igual.

—No es igual. Es el tiempo… que no apura.

(Los personajes avanzan lentamente por un paisaje casi inmóvil. El viento y el silencio pesan más que las palabras.)

Los planos largos obligan al espectador a habitar el tiempo de los personajes. La escasez de diálogo refuerza una experiencia sensorial más que narrativa. Las acciones cotidianas (caminar, orientarse, esperar) adquieren una dimensión casi existencial. La estética cercana al documental (poca música, actuaciones contenidas) genera una sensación de autenticidad.

Trailer: https://youtu.be/t4FHN8nkDnM?si=obTsEcVC9eQV0oKj

Lo vemos en una película más “costumbrista”, centrado en los vínculos familiares y el trabajo rural, es Las acacias de Pablo Giorgelli (2011).

 

 

El film sigue a un camionero que transporta madera desde Paraguay hacia Buenos Aires y, casi sin proponérselo, termina compartiendo el viaje con una mujer y su bebé. Aunque gran parte transcurre en la ruta, el universo que construye es profundamente rural: el trabajo, los tiempos muertos, la rutina y los silencios.

En este tipo de cine, el tiempo no “empuja” la historia: la deja respirar. Y en esa respiración aparecen lo afectivo, lo humano y lo profundamente cotidiano del mundo rural.

Trailer: https://youtu.be/3vJMCmEtCwg?si=TdWQBoEBixNspEKA

Otro rasgo clave es la exploración de identidades y tensiones sociales.

 

El cine rural argentino aborda temas como el arraigo, el desarraigo, la migración hacia las ciudades, el trabajo en el campo, la desigualdad y la relación con la tierra. En muchos casos, las historias reflejan el choque entre lo tradicional y lo moderno, entre generaciones o entre formas distintas de habitar el territorio.

 

Un claro ejemplo de este es La deuda interna de Miguel Pereira (1988).

Ambientada en una comunidad rural del noroeste argentino, la película muestra la vida de un niño indígena y su maestro, en un contexto atravesado por la pobreza, la desigualdad estructural y el abandono estatal. Allí se evidencian tensiones entre el mundo rural tradicional y las promesas —muchas veces incumplidas— de la modernidad.

Se observa en este diálogo.

—¿Para qué sirve aprender todo esto, maestro?

—Para que puedas elegir.

—¿Elegir qué?

—Quedarte… o irte.

—Acá no hay nada.

—Hay tierra. Hay historia.

—Pero allá dicen que hay futuro.

(Silencio. El viento en la puna, la inmensidad del paisaje.)

El conflicto entre arraigo y desarraigo aparece en la decisión de migrar o permanecer.

 

La desigualdad social se refleja en las limitadas oportunidades del entorno rural.

 

El choque entre tradición y modernidad se encarna en la escuela: promesa de progreso, pero también de ruptura cultural. La relación con la tierra no es sólo económica, sino de identidad y pertenencia.

 

Trailer: https://youtu.be/eJ_9A4Xnung?si=Gb8pzlnGQRIQfqgg

 

Asimismo, este tipo de cine ha sido una plataforma importante para visibilizar voces regionales. Directores provenientes de distintas provincias han logrado plasmar miradas auténticas, alejadas de los estereotipos centralistas. Esto ha contribuido a diversificar el panorama cinematográfico argentino y a construir una narrativa más federal.

Un ejemplo claro de cómo el cine argentino ha funcionado como plataforma para visibilizar voces regionales puede verse en directores de distintas provincias que filman desde sus propios territorios:

 

El invierno – Emiliano Torres (Patagonia, 2016)

Retrata la vida en una estancia patagónica, donde el clima extremo y el aislamiento moldean las relaciones laborales y humanas. La mirada surge desde el sur profundo, lejos de los imaginarios urbanos tradicionales.

Trailer: https://youtu.be/YM6NHUXCHhs?si=ByuNH9w1RI0ggP2H

 

Nosilatiaj. La belleza – Daniela Seggiaro (Salta, NOA, 2012). Aborda la identidad indígena y las tensiones culturales en el norte argentino, incorporando lengua y cosmovisión wichí. Ofrece una perspectiva íntima y situada, poco representada en el cine centralista.

Trailer: https://youtu.be/h5NPtQRJfhI?si=d5wdAwYUBz8G-5YA

 

La mujer sin cabeza – Lucrecia Martel (Salta, NOA, 2008)

Aunque con mayor proyección internacional, mantiene un fuerte anclaje regional. Expone las desigualdades sociales y raciales del norte argentino desde una mirada sensorial y crítica.

Trailer: https://youtu.be/YZuZ06rmdqI?si=JYOdw2bcgWqtkBAI

 

El movimiento – Benjamín Naishtat (interior / mirada federal, 2015)

Reinterpreta conflictos históricos en territorios rurales, aportando una visión descentralizada de la construcción política y social del país.

Trailer: https://youtu.be/XJrhY22eWvc?si=LXFBb-HwoTt8Sjw6

 

En conjunto, estos directores construyen relatos desde sus propios territorios, no desde una mirada externa.

 

Incorporan lenguajes, problemáticas y culturas locales.

 

Rompen con el predominio de Buenos Aires como único centro narrativo.

 

Contribuyen a un cine argentino más federal, diverso y representativo.

 

Este conjunto de miradas demuestra cómo el cine rural y regional amplía la identidad cinematográfica del país, integrando múltiples voces y experiencias.

 

Estética:

En términos estéticos, el cine rural suele apoyarse en actuaciones naturalistas, muchas veces con actores no profesionales, y en el uso de locaciones reales.

 

La iluminación natural, el sonido ambiente y la economía de recursos refuerzan la sensación de autenticidad. Este minimalismo formal no implica falta de complejidad; por el contrario, exige una gran precisión en la construcción narrativa.

 

Un par de ejemplos ilustrativos:

 

 

La libertad – 2001

Dir. Lisandro Alonso

Protagonizada por un hachero real (no actor), filmada en locaciones rurales con mínima intervención. Predomina el sonido ambiente y casi no hay diálogo.

Trailer: https://youtu.be/9STM-CUrrDA?si=ANjz23bkIwRx_k_l

 

Los muertos – 2004

Dir. Lisandro Alonso

Actor no profesional en un entorno selvático del Litoral. Uso de luz natural y largos silencios que refuerzan la sensación documental.

Trailer: https://youtu.be/4dCRxW6_hec?si=OJY4G8ZAgIv_yryq

 

Los últimos años:

En los últimos años, el cine rural ha ganado reconocimiento en festivales internacionales, consolidándose como una de las vertientes más valoradas del cine argentino contemporáneo. Su capacidad para narrar lo local con una sensibilidad universal le permite conectar con públicos diversos, más allá de las fronteras.

 

Premios y reconocimientos:

Jauja – 2014 Dir. Lisandro Alonso. Premio FIPRESCI en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes.

 

Nosilatiaj. La belleza – 2012. Dir. Daniela Seggiaro. Reconocida en festivales como Berlín.

 

 

En definitiva, el cine rural en Argentina no sólo documenta formas de vida, sino que también interpela al espectador sobre su relación con el territorio, el tiempo y la identidad.

En un mundo cada vez más urbanizado, estas historias ofrecen una pausa necesaria y una oportunidad para redescubrir la riqueza cultural y humana del ámbito rural.

No podemos dejar de referirnos a los clásicos fundacionales

Cine rural ligado a lo social y a la construcción de identidad nacional (gaucho, trabajo, tierra).

  • Prisioneros de la tierra (1939) – Dir. Mario Soffici-

Trailer: https://youtu.be/CYtz74yQ9Ag?si=DhxPs4l6NBRTLxBA

  • La guerra gaucha (1942) – Dir. Lucas Demare

Trailer: https://youtu.be/Ng2WSTD13lE?si=bAc5p_Gdo0AjeJmD

 

Transición y modernidad (años 60–80) Ruralidad más simbólica, marginalidad y figuras míticas.

  • El dependiente (1969) – Dir. Leonardo Favio

Trailer: https://youtu.be/nENzsuvLHIY?si=Ep2PByDvJt0_y0Uy

 

Nuevo Cine Argentino (los 90–2000): Aparición del paisaje como protagonista y narrativas mínimas.

  • La libertad (2001) – Dir. Lisandro Alonso (arriba mencionado)
  • Historias mínimas (2002) – Dir. Carlos Sorín

Trailer: https://youtu.be/1vB3bXPwNbM?si=pNF7CHFYhqxytXRh

  • Los muertos (2004) – Dir. Lisandro Alonso (arriba mencionado)
  • El viento (2005) – Dir. Eduardo Mignogna

Trailer: https://youtu.be/r1FMMZ-cmxw?si=rSWHEueOqayHTWYA

 

Cine rural contemporáneo (2010–2020s): Ruralidad como experiencia sensorial, política y existencial.

  • Las acacias (2011) – Dir. Pablo Giorgelli (arriba mencionado)
  • La patota (2015) – Dir. Santiago Mitre

Trailer: https://youtu.be/iwrOi36_XEo?si=Hm-Z5kNP1ctwgrm3

  • El invierno (2016) – Dir. Emiliano Torres (arriba mencionado)
  • Zama (2017) – Dir. Lucrecia Martel

Trailer: https://youtu.be/XZLXAnVZT3k?si=LNlMvrbtJmfFvPu5

 

 

Plataformas clave para cine rural argentino:

  • AR PLAY (INCAA)
  • Retina Latina
  • TV
  • MUBI
  • Amazon Prime Video (alquiler/compra)
  • Apple TV
  • Google TV
  • YouTube

 

Especial para Primicias Rurales por Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine

El Retorno al Edén: Por qué un suelo enfermo es la cuna de una Humanidad sin vida

El Retorno al Edén: Por qué un suelo enfermo es la cuna de una Humanidad sin vida

Hemos olvidado que el suelo es un organismo vivo, un diseño perfecto del Creador que no necesita de venenos para prosperar. Al tratar la tierra como una fábrica inerte, hemos desconectado nuestra nutrición de su fuente de vida. Es hora de entender que la verdadera agronomía no es una guerra contra las plagas, sino un acto de mayordomía que reconoce que nuestra salud comienza en el respeto sagrado por la microbiología del suelo.

Por  Ing. Agr. Pedro A. Lobos, director de Primicias Rurales

Para tener en cuenta: La salud del alma y la salud del suelo están íntimamente ligadas
Buenos Aires, lunes 2 marzo (PR/26) — En las últimas décadas, los campos del mundo se han transformado en escenarios de una guerra silenciosa.
Agrónomos, técnicos y productores, armados con el arsenal de la química moderna, batallan contra «malezas», insectos y hongos.
Sin embargo, tras años de «victorias» tecnológicas, el balance es alarmante: el suelo está más agotado, las plagas son más resistentes y, lo más grave, la humanidad padece una crisis sanitaria sin precedentes.
¿Qué estamos haciendo mal?
La Trofobiosis: El pecado de la sobrealimentación
La ciencia moderna nos ha llevado a olvidar un principio básico: la Trofobiosis. Al forzar el crecimiento de las plantas con fertilizantes sintéticos —especialmente el Nitrógeno soluble—, creamos organismos con una savia «dulce», llena de aminoácidos libres que son el banquete perfecto para las plagas.
En nuestra soberbia por controlar los tiempos de la naturaleza, hemos creado plantas metabólicamente desequilibradas. Una planta sana, nutrida por la compleja red de micorrizas y minerales traza del suelo, produce proteínas complejas que los insectos simplemente no pueden digerir. La plaga no es el enemigo; es el mensajero de un desequilibrio que nosotros mismos provocamos.
Suelo muerto, comida hueca, cuerpo enfermo
El suelo no es un soporte inerte; es un organismo vivo. Al tratarlo como una factoría de extracción, hemos roto la cadena de la vida.
  • La pérdida de vitalidad: Una planta que crece en un suelo tratado con biocidas carece de metabolitos secundarios (antioxidantes y polifenoles).
  • El impacto en la salud: Consumimos comida «hueca». Esta carencia nutricional, sumada a los residuos químicos, desregula nuestro sistema endocrino y daña nuestro microbioma intestinal, donde reside el 80% de nuestra inmunidad. La explosión de cánceres, alergias y enfermedades autoinmunes no es casualidad: es el reflejo de una biología interna que ya no reconoce lo que ingiere como «alimento vivo».

 

La solución a gran escala: Agricultura Regenerativa y Sintrópica
¿Es posible alimentar al mundo sin venenos? La respuesta es un rotundo sí, pero requiere un cambio de paradigma: de la extracción a la regeneración.
  1. Agricultura Sintrópica: Propuesta por Ernst Götsch, busca imitar la dinámica de los bosques. Se basa en la sucesión natural y la alta densidad de especies que cooperan en lugar de competir. En estos sistemas, la poda se convierte en el motor que fertiliza el suelo de forma gratuita y constante.
  2. Remineralización y Microbiología: Sustituir el NPK químico por harina de rocas y microorganismos eficientes. Esto devuelve al suelo la «memoria mineral» necesaria para que las plantas recuperen su sistema inmunológico.
  3. Manejo Holístico: Integrar animales y cultivos para cerrar los ciclos de nutrientes, devolviendo al suelo la materia orgánica que el sol y la fotosíntesis generan.
Una visión espiritual: El Creador y la Mayordomía
Más allá de la técnica, hay una verdad que hemos ignorado: la tierra no nos pertenece. En nuestra carrera por el rendimiento máximo, hemos olvidado el rostro del Creador en la creación. Existe un diseño inteligente en cada raíz y en cada filamento de hongo.
La salud del alma y la salud del suelo están íntimamente ligadas. Un suelo enfermo es el síntoma de un espíritu desconectado de su origen. Al envenenar la tierra, estamos profanando el sustento que nos fue dado para nuestra vitalidad y propósito.
Recuperar la agricultura es, en última instancia, un acto de humildad: es reconocer que no somos los dueños de la vida, sino sus guardianes o «mayordomos».
En un suelo sano, la vida florece sin esfuerzo. En un corazón conectado, la sabiduría de la naturaleza se vuelve evidente. Es hora de dejar de luchar contra la creación y empezar a danzar con ella.
Reflexión final: El cambio comienza en el suelo de nuestras propias decisiones. Cada vez que elegimos cómo producir o qué consumir, estamos votando por el mundo que queremos habitar.

Por  Ing. Agr. Pedro A. Lobos, director de Primicias Rurales

Primicias Rurales

Fuentes : Life & Energy in Agriculture – Arden B. Andersen

Agroecología – Miguel  Altieri

La Vida Secreta de las plantas

La reforma que mira al pasado en un mundo que ya no existe

La reforma que mira al pasado en un mundo que ya no existe

Por: Sergio Marcelo Mammarelli

Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut

El abogado laboralista Sergio Marcelo Mammarelli cuestiona la reciente reforma laboral al considerar que discute categorías del siglo XIX mientras la inteligencia artificial y la robotización redefinen el trabajo. Sostiene que el verdadero desafío no es la indemnización sino la transición tecnológica y la redistribución del excedente productivo.

Buenos Aires, domingo 1 marzo (PR/26) — La Cámara de Senadores aprobó la reforma laboral y ya es Ley.  Seguramente el Presidente la promulgará rápido para que constituya un eje de su discurso en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. Sin embargo, en lo que me interesa, otra vez el país se divide entre quienes celebran la “modernización” y quienes denuncian la “regresión”.

Se discuten salarios, indemnizaciones, jornada, aportes sindicales, fondos de cese, litigiosidad. Se cruzan estadísticas sobre empleo formal e informal. Se invocan principios constitucionales y dogmas de mercado. Todo parece trascendente y creo que realmente lo es.

Sin embargo, hay algo inquietante que sobrevuela el debate si es que queremos transformar esta discusión en algo más interesante que nos aleje de algunas discusiones a mi juicio estériles: estamos polemizando sobre categorías del siglo XIX en medio de una revolución tecnológica que redefine la noción misma de trabajo.

Con esto no quiero minimizar la discusión tras la reforma laboral, que es más que intensa y polémica, pero quiero a la vez que tomemos conciencia que esa discusión es pequeña.

Me parece que el verdadero elefante en la sala no es la indemnización, ni el fondo de asistencia laboral, ni la multa por trabajo no registrado. El verdadero protagonista de esta época es la inteligencia artificial y su convergencia con la robotización. Y sobre eso, la reforma laboral guarda un silencio que no es neutro: es histórico.

El derecho laboral nunca fue estático: siempre fue derecho de transición tecnológica

Conviene recordar algo elemental que muchas veces escapa al análisis jurídico o incluso económico. El derecho del trabajo no nació para proteger contratos. Nació para amortiguar disrupciones tecnológicas.

La primera revolución industrial no generó un “problema jurídico”. Generó un problema social, con masas desplazadas, jornadas interminables, trabajo infantil, concentración de capital. El derecho laboral apareció como respuesta política a una transformación productiva que desbordaba las reglas civiles.

La segunda revolución industrial —electricidad, producción en serie— obligó a rediseñar jornada, descanso, negociación colectiva y frente a esos cambios, el fordismo, el taylorismo, la automatización de posguerra, la informática de los años 80, la globalización digital de los 90 hicieron necesario que el Derecho laboral nuevamente administrara dicho cambio. En definitiva, cada salto tecnológico exigió adaptar el marco normativo para administrar la transición entre un modelo productivo y otro.

Visto así, el derecho laboral fue siempre una herramienta de equilibrio dinámico. Nunca fue nostalgia. Nunca fue mera técnica contractual. Por el contrario, siempre fue ingeniería institucional frente al cambio tecnológico.

Será por todo esto que además de aburrido por toda esta discusión laboral de los últimos meses, me sorprende e inquieta que, en la mayor revolución productiva desde la máquina de vapor, nuestra discusión legislativa se haya limitado a los márgenes de la relación laboral clásica.

La humanidad artificial y el desplazamiento silencioso

Hoy no estamos ante una mejora incremental de productividad. Estamos ante la externalización de capacidades cognitivas humanas. Para que lo podamos entender, hoy la inteligencia artificial ya escribe, programa, diagnostica, diseña, traduce, predice, asesora jurídicamente y produce análisis financieros con una velocidad y escala que ningún estudio humano puede igualar.

Y si bien la robotización avanza más lento, avanza también a un ritmo vertiginoso. Dicho de otro modo, cuando se acople definitivamente a la IA la robótica, el impacto no será sectorial: será sistémico.

Con esto no quiero ser de los alarmistas que pronostican que “todo trabajo desaparecerá”. Significa algo más complejo: el trabajo será desagregado en tareas, y cada tarea será evaluada en función de su automatizabilidad. De este modo, el empleo ya no se define por la profesión sino por el algoritmo.

Para que lo podamos ver más claro en ese contexto, la reforma aprobada discute la jornada, cuando la IA no tiene jornada. Discute la subordinación jurídica, cuando el nuevo empleador puede ser un sistema algorítmico. Discute indemnización por despido, cuando el reemplazo no es una decisión empresarial sino una consecuencia tecnológica.

En conclusión, no estamos ante una reforma regresiva solamente. Estamos ante una reforma insuficiente.

El error conceptual: pensar el trabajo como si el capital siguiera siendo humano

La relación laboral clásica partía de una tensión clara: capital humano versus capital financiero. El empleador era una persona o sociedad que decidía contratar o despedir.

Sin embargo, en el nuevo paradigma, el capital incorpora inteligencia autónoma y la decisión de reemplazo puede no ser ideológica ni arbitraria. Puede ser puramente eficiente.

En este contexto aparece, como me gusta, la pregunta incómoda:

¿qué hace el derecho laboral cuando el despido no es una decisión empresarial sino una consecuencia estructural de la obsolescencia tecnológica?

Si el trabajo administrativo es absorbido por sistemas generativos. Si el análisis contable es automatizado. Si el asesoramiento jurídico rutinario se resuelve por modelos entrenados. Si el marketing y la redacción técnica se ejecutan por IA. ¿Dónde se inserta esta reforma polémica pensada para resolver problemas del Siglo XIX? ¿En qué artículo aborda la transición tecnológica masiva?

Pues en absolutamente ninguno.

El trabajo manual y la confianza: los últimos refugios

Hoy sobreviven con relativa estabilidad dos grandes ámbitos:

  1. El trabajo manual no robotizado.
  2. El trabajo basado en confianza interpersonal.

La construcción, el cuidado, la presencia física, la responsabilidad humana directa, el vínculo personal parecieran ser los dos nichos de supervivencia del trabajo humano. Sin embargo, aun así, ambos ámbitos están bajo presión. La robotización reducirá progresivamente la frontera del trabajo manual.
Y la confianza humana será híbrida, mediada por plataformas, reputaciones digitales y sistemas de evaluación automatizada. Ya esto lo estamos viendo, donde el abogado, el médico, el contador, el periodista —profesiones históricamente basadas en la confianza— ya compiten con sistemas de análisis automatizado.

En consecuencia, la pregunta no es si habrá reemplazo. La pregunta es a qué ritmo y con qué reglas de transición. Y allí es donde la reforma calla y no se hace cargo de los verdaderos problemas que tenemos a la vuelta de la esquina.

La pobreza no es sólo salario

Otro elemento que estuvo ausente en el debate de la reciente reforma laboral es la redistribución del excedente tecnológico. Dicho de otro modo, si la IA multiplica productividad y reduce costos laborales, el problema central no es la indemnización. Es la distribución de ese excedente y entre quiénes.

¿Quién captura el valor generado por la automatización?

  • ¿El capital?
  • ¿El Estado vía impuestos?
  • ¿Los trabajadores vía participación?
  • ¿Nadie?

La pregunta y las respuestas deberían ser inquietantes porque nos conectan con un problema, donde la pobreza del futuro puede no ser falta de empleo. Puede ser irrelevancia productiva.

Deberíamos salir de esa vieja lógica marxista para analizar que el trabajador desplazado no será necesariamente explotado. Puede ser directamente innecesario. Y este nuevo paradigma cambia el eje del derecho laboral para siempre. Deja de ser protección frente al abuso y pasa a ser garantía de inclusión en una economía altamente automatizada.

Todos estos temas deberían exigirnos pensar en formación permanente, renta de transición, redistribución fiscal del excedente tecnológico, regulación algorítmica. Sin embargo, nada de eso aparece en la reforma.

Una modernización que no moderniza

Se nos dijo que esta ley moderniza. Pero modernizar no es flexibilizar categorías del siglo XX. Modernizar es anticipar el siglo XXI. Si la nueva ley hubiera querido modernizar hubiera analizado incorporar:

  • Regulación del uso de IA en relaciones laborales.
  • Transparencia algorítmica en decisiones de contratación y despido.
  • Derechos frente a la automatización.
  • Fondos de reconversión tecnológica.
  • Mecanismos de redistribución del excedente productivo automatizado.

Nada de eso fue discutido seriamente. Sin embargo, se debatió, en cambio, cómo reducir litigiosidad y costos, se negoció coparticipación, aportes y equilibrios fiscales, se habló de empleo como si la variable central fuera la carga tributaria y no la sustitución tecnológica.

El verdadero desafío

La historia demuestra que cada revolución tecnológica genera dos caminos:

  1. Concentración extrema de riqueza y fragmentación social.
  2. Adaptación institucional que convierte productividad en bienestar colectivo.

Precisamente el derecho laboral nació para colaborar en la búsqueda del segundo camino y pareciera que la reciente reforma renunció a esa función, con independencia si fuera demasiado protector o demasiado flexible. En este sentido, la reforma aprobada quedó atrapada en su propia tradición. Podrá reducir juicios. Podrá alterar indemnizaciones. Podrá mejorar algunos indicadores coyunturales. Sin embargo, si no incorpora la transición tecnológica como eje estructural, será apenas una ley de administración del pasado.

Conclusión: discutir el costo del despido mientras cambia la naturaleza del empleador

Estamos discutiendo cuánto cuesta despedir a un trabajador humano en un mundo donde el nuevo empleador puede ser un algoritmo. Estamos regulando la jornada cuando la inteligencia artificial trabaja sin descanso. Estamos negociando aportes sindicales mientras el trabajo se fragmenta en tareas deslocalizadas y automatizadas.

El derecho laboral siempre fue derecho de transición tecnológica y si dejara de serlo, como parece, no será por regresivo o progresista sino por irrelevante.

En definitiva, lo peor que le puede pasar a una ley no es ser mala.

Es volverse innecesaria en el mismo momento en que nace. A mi juicio, ahí reside el verdadero riesgo de esta reforma: no que mire demasiado al pasado,
sino que ignore que el futuro ya empezó.

 

 

Primicias Rurales

Fuente: https://infosurenlinea.com.ar/

El Retorno al Edén: Por qué un suelo enfermo es la cuna de una Humanidad sin vida

Detrás de los Microbios: La Revolución Invisible que Transforma la Agricultura Moderna

La agricultura del futuro no sólo está en las manos de los agricultores, sino en los diminutos habitantes invisibles del suelo.

Por Ing Agr Pedro A Lobos

Buenos Aires, martes 17 de diciembre (PR/25) — El microbioma, una red compleja de bacterias, hongos y virus, ha emergido como el verdadero motor detrás de una revolución silenciosa que está redefiniendo la forma en que cultivamos nuestros alimentos.

 En este nuevo paradigma agrícola, los microbios no sólo son aliados, sino protagonistas clave en la creación de cultivos más saludables y resilientes.

1. Bioestimulantes y Biofertilizantes: El Poder de los Microorganismos

 A diferencia de los fertilizantes químicos tradicionales, los bioestimulantes y biofertilizantes se basan en microorganismos vivos para optimizar la absorción de nutrientes y mejorar la salud de las plantas.

Entre ellos, las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR) destacan por su capacidad para fijar nitrógeno del aire y solubilizar el fósforo en el suelo. Esta acción reduce la dependencia de fertilizantes sintéticos, favoreciendo una agricultura más sostenible y menos contaminante.

Empresas como Bioceres Crop Solutions están a la vanguardia de este cambio, ofreciendo soluciones innovadoras que aprovechan el poder de la microbiología para mejorar los cultivos.

2. Biocontrol: Los Microbios como Guardianes Naturales

Los microbios no sólo alimentan a las plantas, también las defienden. En un mundo cada vez más preocupado por los efectos nocivos de los pesticidas químicos, hongos como Trichoderma y bacterias como Bacillus thuringiensis se están posicionando como los “guardaespaldas” naturales de los cultivos. Estos organismos actúan de manera selectiva para combatir patógenos y plagas, evitando la toxicidad de los pesticidas convencionales y, de paso, protegiendo a los polinizadores esenciales para la biodiversidad.

3. Resistencia al Cambio Climático: Microbios que Salvan Cultivos

Con el cambio climático intensificando fenómenos como sequías y olas de calor, la investigación científica de 2025 está centrada en descubrir microbios que ayuden a las plantas a resistir estos extremos.

Ciertas comunidades microbianas tienen la capacidad de inducir tolerancia al estrés hídrico y térmico, permitiendo que los cultivos mantengan su productividad incluso bajo condiciones climáticas adversas. Esta innovación no solo promete incrementar la seguridad alimentaria, sino también hacer la agricultura más resiliente frente a un futuro incierto.

4. Salud del Suelo y Secuestro de Carbono: Microbios Contra el Calentamiento Global

El suelo no solo es la base de la agricultura; también juega un papel crucial en la lucha contra el cambio climático. Un suelo microbiológicamente activo no solo es más fértil, sino que actúa como un sumidero de carbono eficiente, atrapando dióxido de carbono y ayudando a mitigar el calentamiento global.

Las simbiosis entre las raíces de las plantas y los hongos micorrícicos, por ejemplo, expanden el sistema radicular, mejorando la estructura del suelo y aumentando su capacidad para almacenar carbono. De esta manera, los microbios no solo impulsan la productividad agrícola, sino que también ayudan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

En este escenario de innovación y sostenibilidad, los microbios se presentan como los verdaderos héroes invisibles de la agricultura moderna.

Para los interesados en profundizar en los avances científicos y las investigaciones más recientes, los recursos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ofrecen un panorama detallado de estos desarrollos que están cambiando el rumbo de la agricultura a nivel global.

Especial  por Ing. Agr. Pedro A. Lobos, director de Primicias Rurales

 

La reforma que mira al pasado en un mundo que ya no existe

¿Quién ganó y quién perdió con la media sanción en el Senado de la reforma laboral?

Por: Sergio Marcelo Mammarelli – Primicias Rurales

Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut

Buenos Aires, lunes 16 febrero (PR/26) — Con mucha atención seguí el trámite parlamentario en el Senado de la tan vapuleada “reforma laboral” enviada por el gobierno. No por curiosidad académica. Tampoco por fetichismo institucional.

Sino porque allí, en esas madrugadas parlamentarias que casi nadie mira, se redefine silenciosamente el equilibrio entre capital y trabajo en la Argentina.

Mi hipótesis es sencilla pero incómoda: contrastar, con evidencia documental y trazabilidad parlamentaria, qué decía el texto ingresado por el Poder Ejecutivo y qué terminó votándose; cómo fue el procedimiento; qué actores aparecen como ganadores y cuáles como perdedores si uno analiza los incentivos reales que emergen del articulado, no de los discursos. Y la conclusión preliminar no es alentadora.

Una reforma exprés: cuando el Senado legisla sin leer

Lo que ocurrió esta semana en el Senado no fue un debate. Fue una puesta en escena, casi una pantomima. La reforma laboral discutida no fue objeto de deliberación seria, ni de escucha genuina y menos de estudio riguroso. Fue el resultado de un procedimiento que avergüenza a cualquier estándar mínimo de institucionalidad republicana.

El proyecto ingresó y, en cuestión de días, obtuvo dictamen favorable. Una reforma estructural, que modifica el contrato social entre capital y trabajo, atravesó el filtro del Senado a una velocidad que sólo sería comprensible si estuviéramos regulando el ancho de una vereda. Sin embargo, estamos hablando del régimen de despido, del esquema de aportes, de la estructura de negociación colectiva, del financiamiento sindical y del diseño de incentivos del mercado laboral argentino. Nadie tuvo tiempo material de leerla completa. Mucho menos de analizarla en detalle, contrastarla con legislación vigente, evaluar efectos sistémicos o proyectar impactos fiscales y previsionales.

Lo cierto es que primero se firmó dictamen, después se convocó a escuchar a cámaras empresariales, sindicatos, juristas y especialistas. El orden lógico, escuchar, analizar y dictaminar, fue invertidoLa deliberación fue posterior a la decisión. Es decir, decorativa. Estos dos hechos, hasta aquí, confirman mi hipótesis de que se estaba legislando sin leer. Sin embargo, lo más relevante vino después.

Negociar no es debatir

La verdadera discusión parlamentaria no giró en torno al impacto de la reforma, ni a sus riesgos técnicos, ni a su coherencia macroeconómica. El eje real fue otro:

  • ¿Cómo compensar a los gobernadores por la caída de coparticipación derivada de la modificación del impuesto a las ganancias?
  • ¿Cómo preservar el financiamiento sindical?
  • ¿Cómo sostener el negocio bancario asociado al manejo de sueldos y aportes?

En síntesis: se rediseñan las reglas del mundo del trabajo a cambio de recursos fiscales, privilegios corporativos y equilibrios políticos territoriales. No pretendo con esto realizar ninguna acusación moral sino simplemente estoy realizando una descripción institucional.

Hecho verificable: qué se aprobó y qué no sabemos aún

En la madrugada del 12/02/2026 (sesión del 11/02/2026), el Senado dio media sanción al proyecto denominado “Ley de Modernización Laboral”, con 42 votos afirmativos y 30 negativos. El despacho incorporó 28 modificaciones formales, aunque crónicas periodísticas hablaron de más de 50 cambios acumulados en el proceso. Y aunque parezca mentira, todavía no es fácilmente accesible el texto definitivo post-media sanción. Al menos para poder hacer una auditoría artículo por artículo. Dicho de otro modo, la negociación queda en el terreno del rumor y no del documento.

El mapa de concesiones: dónde se cedió y para quién

El oficialismo presentó el texto final como resultado de acuerdos transversales. Traducido al lenguaje real y común, realizó concesiones selectivas para alcanzar la mayoría.

1. Gobernadores y provincias

El primer eje de negociación fue territorial. Sin los votos provinciales no había número. Y los votos provinciales no son gratuitos. De este modo, el oficialismo ajustó puntos sensibles para garantizar acompañamiento. La lógica utilizada es por todos conocida: estabilidad política a cambio de compensaciones fiscales explícitas o implícitas.

2. Estructuras sindicales y “cajas”

El segundo eje fue corporativo. Se mantuvo el esquema de financiamiento de obras sociales y aportes sindicales, con un tope negociado del 2%. Es decir, no se desmontó la arquitectura financiera de las estructuras sindicales.

Lo expuesto nos desnuda una paradoja interesante. Se flexibilizan tutelas del trabajador individual, pero se preservan mecanismos de financiamiento de actores con poder de presión institucional. Para que se entienda, el gobierno prefirió que el trabajador atomizado pierda capacidad de protección efectiva a cambio de mantener los recursos de la estructura organizada sindical.

3. El sistema bancario se salió con la suya.

La última concesión, lo fue con los Bancos. El gobierno cedió también ante el poder financiero, impidiendo la competencia del negocio en el manejo de los sueldos de los trabajadores dependientes a lo que se denomina “billeteras virtuales”. Las razones de la negociación lamentablemente no encuentran ninguna otra lógica que no sean los privilegios de la casta financiera.

Matriz de ganadores y perdedores

Si dejamos de lado el relato y observamos incentivos económicos y jurídicos, el cuadro es más que nítido.

Ganadores probables

  • Empresas con alta rotación o intensivas en mano de obra, que se ven beneficiadas con reducciones de costos de despido o mecanismos alternativos de indemnización que licúan contingencias.
  • Grandes empleadores con departamentos legales robustos, que ante la individualización y descentralización de la negociación colectiva favorecen a quien tiene mayor poder contractual.
  • Gobernadores y partidos provinciales, donde la negociación legislativa fortalece su rol de árbitros federales.
  • Estructuras sindicales y cámaras empresarias, que lograron la preservación de financiamiento y capacidad de interlocución.

Perdedores probables

  • El trabajador individual, especialmente no sindicalizado, que padecerá una mayor flexibilidad de salida y acuerdos individualizados que reducen protección real.
  • El sistema previsional (según diseño final de aportes), que recibe un desvío de flujos hacia fondos alternativos que seguramente afectarán el financiamiento estructural.
  • La transparencia legislativa, donde la velocidad y opacidad de todo el proceso de negociación deterioran aún más la calidad institucional.
El FMI, la flexibilidad y el mito de la condicionalidad

En este contexto de ganadores y perdedores, no puedo dejar de mencionar al FMI, donde todos sabemos a través de sus propios informes, que sugieren que la Argentina debe promover reformas pro-mercado y en particular la importancia de mayor flexibilidad laboral y reducción de litigiosidad.

Ahora bien, ¿Es esta reforma una imposición formal del FMI?
No hay evidencia pública concluyente que permita afirmarlo como condicionalidad explícita. Sin embargo, todos sabemos que la reforma es consistente con la orientación estructural recomendada por el organismo. Dicho de otro modo, si bien no debemos confundir el alineamiento ideológico con imposición contractual negar la convergencia conceptual sería ingenuo.

Lo que viene en Diputados

La reforma pasa ahora a la Cámara de Diputados y si el Senado funcionó como cámara de negociación política, es probable que Diputados replique el esquema con dictámenes acelerados, modificaciones quirúrgicas para cerrar mayorías y un debate discursivo intenso acompañado de transacciones selectivas. Es decir, nada nuevo bajo el sol legislativo argentino.

Intentando aproximarme a una conclusión simplemente diría que lo sucedido en el Senada fue la más sublime demostración de cinismoLo votado esta semana en la Cámara alta no fue sólo una reforma laboral, sino que fue la institucionalización del toma y daca como método legislativo. A ello se le agregó una nueva regla: se creó la regla del consenso sin lectura y la negociación sin transparencia.

Hasta acá la enseñanza es desbastadora. Para modificar el mundo del trabajo argentino ya no se necesita análisis técnico exhaustivo, ni estadísticas comparadas, ni estudios de impacto regulatorio. Alcanzan 72 horas, un dictamen exprés y algunos acuerdos de despacho cerrado.Y lo que más me inquieta y sorprende, no es la velocidad sino su naturalización.

En fin, todos declaran haber ganado algo. Los senadores porque “mejoraron” el texto. Los sindicatos porque “preservaron” aportes. Los empresarios porque “redujeron” costos. Los gobernadores porque “negociaron” recursos. El oficialismo porque “avanzó” frente a la oposición. Sin embargo, el trabajador argentino, el único y exclusivo sujeto teórico de la reforma, ni siquiera tuvo tiempo de leer lo que perdió.

La pregunta ya no es si esta reforma es buena o mala. La pregunta es otra:
¿Estamos dispuestos a aceptar que las reglas del trabajo se redefinan como si fueran cláusulas accesorias en un contrato político de madrugada?

Porque cuando la República se acostumbra a legislar sin leer, el problema ya no es laboral. Es democrático. Por eso, quizás el verdadero ganador no sea ningún senador, ni ningún sindicato, ni ningún empresario. El verdadero ganador es el cinismo y los verdaderos perdedores somos nosotros.

 

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