La profanación ocurrió la mañana de este viernes 16 de enero en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en el municipio localizado en la región noroeste de Michoacán, cerca de la frontera con Jalisco, en la Diócesis de Zamora.
De acuerdo con el párroco, el mayor daño lo sufrió la imagen de Cristo que estaba colocada en el presbiterio, así como la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, que es tradicionalmente sacada en procesión durante la Semana Santa.
También fueron afectados la base del Cirio Pascual y algunas bancas del templo, las cuales el agresor volcó. ACI Prensa confirmó que tanto el sagrario como las hostias consagradas no resultaron dañadas.
El P. Rojas Cervantes aseguró que para los católicos “esto es un sacrilegio, es una ofensa directa a nuestros símbolos sagrados, es un agravio directo para nosotros”.
Además mencionó que, al tratarse de un delito de carácter federal —la iglesia fue construida en 1873, y por lo tanto es propiedad de la nación—, interpuso la denuncia correspondiente ante la Fiscalía General del Estado de Michoacán, por lo que corresponde a las autoridades determinar los pasos a seguir conforme a la ley.
El sacerdote también agradeció la intervención de los asistentes y de personas cercanas a la parroquia, quienes ayudaron a controlar la situación y dar aviso a las autoridades.
Arzobispo explica tres vías para desagraviar una profanación eucarística
Después de realizar un sencillo acto de desagravio el pasado 3 de enero en el Monasterio de la Santa Espina de Valladolid, cuyo sagrario fue profanado por segunda vez el 28 de diciembre de 2025, Mons. Argüello analizas las posibles causas de un acto de esta naturaleza y propone varias actitudes al respecto.
En segundo lugar, señala la superficialidad con la que se pueda celebrar la liturgia eucarística y, como tercera posibilidad, la de “un agravio más hondo o profundo, un ataque del misterio del mal, que supone lo que los Padres de la Iglesia llamaban ‘la fe de los demonios’”, que sólo sirve a los “perversos intereses ideológicos o de autobombo y vanagloria del propio Satán”.
Así, prosigue el prelado, surge una triple llamada: a testimoniar nuestra fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía; a anunciar que Jesús ha resucitado y “que el Señor está con nosotros y que lo está realmente en el Sagrario”; y a romper la superficialidad y “no vivir nuestra liturgia de una manera mediocre”, lo que, a su entender, constituye “un desafío mayor para nuestras comunidades”.
“Sí, hay una llamada grande a desagraviar cuidando la liturgia, disponiendo nuestro corazón para comulgar estando nuestra alma bien dispuesta”, enfatiza Mons. Argüello, al tiempo que insta a velar por “la manera en que nos acercamos a comulgar”, de tal forma que nuestros gestos expresen “que verdaderamente creemos que vamos a comulgar a Jesucristo resucitado”.
“Una comunidad que ora y adora, que celebra y comulga, que expresa con su propia presencia y sus gestos, que acoge realmente a Jesucristo en su corazón», prosigue Mons. Argüello, ayuda a todos los presentes en el templo “a caer en la cuenta de que ahí, cuando celebramos la Eucaristía, pasa algo, mejor, pasa alguien, y este alguien se nos entrega y permanece con nosotros para nuestro bien”.
En referencia a una “manera ideológica o divisiva de celebrar la Eucaristía, estamos llamados a unir Eucaristía y vida” porque “mal desagravio haríamos si cuidamos mucho o que ocurre en el templo y, luego, descuidamos esas otras formas de presencia que Jesús Eucaristía nos permite descubrir” en los empobrecidos, los solitarios, los tristes, etc.
Este ejercicio se traduce en cuidar la fraternidad y “hacer de nuestras vidas un verdadero combate espiritual que vaya a las causas pecaminosas de todos los males de nuestro mundo”. En concreto, Mons. Argüello anima en estos días a sumarse a la campaña anual de Manos Unidas contra el hambre en el mundo.
“Desagraviemos, hermanos, anunciando el Evangelio, cuidando la liturgia y ejercitando la caridad”, resume el Arzobispo de Valladolid.
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Fuente: ACI Prensa



















