Durante años, el pistacho fue percibido en Argentina como un ingrediente importado, costoso y reservado a heladerías premium o pastelerías de especialidad. Sin embargo, en los últimos tiempos, este fruto seco dejó de ocupar un lugar marginal para convertirse en protagonista de vitrinas, cartas gastronómicas y redes sociales, dando lugar a lo que hoy puede definirse como una verdadera “pistachomanía” con rasgos propios del mercado argentino.

Buenos Aires, miércoles 21 de enero (PR/26) .- El fenómeno local se inscribe dentro de una tendencia global de crecimiento sostenido del mercado del pistacho, impulsada por el consumo de frutos secos percibidos como funcionales y saludables.

}Según el informe “El pistacho, el nuevo oro verde” de Human Connections Media, el punto de inflexión simbólico fue la viralización del llamado “chocolate Dubái” en TikTok, que superó los 120 millones de visualizaciones y generó un aumento inmediato de la demanda internacional, con subas de precios superiores al 50% interanual en mercados mayoristas.

En Argentina, ese impacto global encontró un terreno cultural fértil y adoptó una identidad propia.

A diferencia de otros fenómenos gastronómicos, el pistacho no ingresó al mercado argentino impulsado por grandes campañas publicitarias, sino de manera orgánica.

Su crecimiento se dio en paralelo en la pastelería artesanal, el café de especialidad y el ecosistema foodie urbano, acompañado por una estética visual —el “verde pistacho”— asociada al lujo suave, lo natural, el bienestar y una sofisticación accesible. Antes de convertirse en estrategia de marca, el pistacho ya era una conversación cultural.

 

 

Las redes sociales jugaron un rol central en la amplificación del fenómeno. TikTok e Instagram potenciaron recetas virales, contenidos ASMR y una narrativa aspiracional que vinculó al pistacho con estilo de vida, diseño y disfrute cotidiano.

Lejos de existir un único disparador, la tendencia se construyó de forma distribuida a partir de microcreadores, marcas pequeñas y consumidores que validaron el producto desde la experiencia. En ese contexto, el pistacho dejó de ser solo un ingrediente para convertirse en un objeto de deseo aspiracional masivo.

Cuando la tendencia ya estaba instalada en la conversación social, las marcas argentinas comenzaron a incorporarla por razones estratégicas claras: diferenciación inmediata, posicionamiento premium sin elitismo, alta fotogenia para redes y un relato asociado a lo saludable y funcional.

Desde cafeterías y heladerías artesanales hasta marcas de mayor escala, el pistacho se consolidó como una puerta de entrada al universo gourmet sin perder cercanía, permitiendo subir el ticket promedio, renovar categorías saturadas y conectar con consumidores que buscan pequeños lujos cotidianos en contextos económicos desafiantes.

En Argentina, el pistacho opera como lo que los analistas definen como “lujo cotidiano”: un consumo emocionalmente justificable que combina placer, estética y validación social. No reemplaza sabores identitarios como el dulce de leche o el chocolate, sino que se fusiona con ellos, dando lugar a reinterpretaciones locales que refuerzan la identidad cultural del consumo. La heladería, como espacio social y ritual urbano, fue clave para que el pistacho se volviera visible en la calle y trascendiera el nicho gourmet.

La pistachomanía argentina se mueve hoy en una tensión productiva entre una tendencia orgánica, nacida en la conversación social, y una tendencia amplificada por las marcas, que tiende a estandarizarse y consolidarse como categoría.

Según el análisis de Human Connections Media, las marcas no crean el fenómeno, pero sí lo validan, lo estabilizan y lo convierten en hábito.

“El caso del pistacho en Argentina muestra con claridad cómo hoy las tendencias no nacen en las marcas, sino en la cultura. Cuando un ingrediente logra condensar estética, deseo y sentido de pertenencia, las marcas tienen la oportunidad —y el desafío— de acompañar ese movimiento sin perder su autenticidad. La pistachomanía es un ejemplo de cómo una conversación social puede transformarse en una categoría con  valor sostenido”, señala Fabián Basteguieta, CEO de Human Connections Media Argentina.


En ese cruce entre deseo cultural y estructura de mercado, el pistacho se consolidó como algo más que un sabor de moda. En Argentina, se transformó en un termómetro cultural que refleja nuevas formas de consumir, pertenecer y buscar bienestar en lo cotidiano.

Más allá del producto, la pistachomanía confirma una certeza: hoy no solo consumimos alimentos, consumimos relatos, imágenes y pequeñas promesas de disfrute diario.

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Fuente: Human Connections Media