Esquejes de primavera: la guía para lograr que una simple rama eche raíces y se convierta en planta nueva

Esquejes de primavera: la guía para lograr que una simple rama eche raíces y se convierta en planta nueva

 

Con una rama sana, un recipiente adecuado y algunos cuidados básicos, la primavera se convierte en el momento ideal para multiplicar las plantas del jardín o del balcón sin gastar un peso en semillas.

 

 

Buenos Aires martes 22 septiembre (PR/26)– La primavera llegó y con ella el mejor momento del año para darle una segunda vida al jardín. Muchas especies retoman su crecimiento después del invierno y ofrecen la oportunidad perfecta para animarse a preparar esquejes, una técnica simple que no requiere experiencia previa.

Un esqueje es, ni más ni menos, un fragmento de una planta —un tallo, una hoja o incluso una raíz— que se separa del ejemplar original con un objetivo claro: que desarrolle sus propias raíces y se transforme en una planta completamente nueva e independiente.

Lo mejor de este método es que permite multiplicar especies sin comprar semillas, obteniendo además ejemplares con características muy similares a los de la planta madre. Eso sí: no todas las variedades responden igual, algunas enraízan con facilidad y otras exigen condiciones más precisas.

 

Paso a paso, cómo preparar un esqueje que realmente prospere

 

Todo arranca con la elección correcta: hay que buscar una planta madre saludable, sin plagas ni enfermedades a la vista y sin daños importantes en sus tallos o ramas.

Cómo enraizar esquejes: métodos para un enraizamiento exitoso

 

De esa planta se selecciona un tallo joven o semileñoso, según la especie de la que se trate. A partir de ahí, el procedimiento se ordena en pasos concretos y fáciles de seguir.

El primero es elegir un tallo sano, firme y de buen aspecto, evitando ramas débiles, dañadas o secas. Después llega el corte: con una tijera de poda limpia y afilada se recorta un segmento de 10 a 15 centímetros, siempre justo por debajo de un nudo, el punto exacto donde nacen las hojas.

El siguiente paso es retirar las hojas inferiores, dejando solo algunas en la parte superior y quitando las que quedarían enterradas o sumergidas en agua. Luego se prepara el recipiente: una maceta pequeña con buen drenaje y un sustrato liviano que evite el encharcamiento.

 

Esquejes_ Aprende a Preparar y Plantar Paso a Paso. #fblifestyle

 

Con todo listo, se coloca el esqueje introduciendo la parte inferior del tallo en el sustrato, procurando que al menos un nudo quede en contacto con la tierra. Después se riega ligeramente, sin encharcar, y se busca un lugar luminoso pero protegido del sol directo intenso y de las corrientes de aire durante los primeros días.

 

La alternativa del agua: ver crecer las raíces en tiempo real

 

Existe también la posibilidad de enraizar esquejes directamente en agua, una opción que permite observar el proceso paso a paso. Se coloca el tallo en un recipiente limpio, dejando las hojas por encima de la superficie del agua.

 

 

La clave está en mantener el agua limpia y renovarla cuando haga falta. Una vez que el esqueje desarrolla un sistema de raíces suficiente, puede trasladarse con cuidado a un sustrato definitivo.

De todos modos, no todas las especies se adaptan igual a este método: en algunos casos, comenzar directamente en tierra facilita que las raíces se acostumbren mejor al sustrato desde el principio.

 

 

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Fuente: Canal 26

 

 

Una bióloga de La Plata cultiva verduras frescas en plena Antártida y maravilla a todos

Una bióloga de La Plata cultiva verduras frescas en plena Antártida y maravilla a todos

La platense Mara Schmid supervisa en Base Esperanza un sistema que permite producir lechuga, rúcula, espinaca y otras verduras en pleno territorio antártico.

 

 

La Plata, sábado 29 agosto (PR/26) — Durante décadas, los científicos y el personal militar argentino que viajaban a la Antártida y permanecían allí desde 45 días hasta más de un año solían comer alimentos congelados, de lata o secos. Hasta que un desarrollo científico nacional revolucionó la vida en las bases, donde era inimaginable que un plato de hojas verdes frescas pudiera llegar a la mesa y producir tanto entusiasmo. Entre ellos está Mara Schmid, una bióloga egresada de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que hoy cultiva verduras en plena Antártida.

«Es tan raro ver verde acá que cuando ponés las verduras en la mesa todo el mundo agarra los celulares y empieza a sacar fotos», cuenta Schmid desde el Módulo Antárquico de Producción Hidropónica (MAPHI) que ella supervisa y gestiona junto a cuatro personas desde febrero, cuando llegó junto a su familia para participar de la invernada que culmina en diciembre. «Después suben las fotos a sus redes porque es raro ver algo verde acá… y es muy placentero».

La platense Mara Schmid está encargada del Módulo de Producción Hidropónica en la Base Esperanza de la Antártida
La platense Mara Schmid está encargada del Módulo de Producción Hidropónica en la Base Esperanza de la Antártida

En Base Esperanza, una dotación de 58 personas acompaña sus comidas dos veces por semana con ensalada y los sábados por la noche sigue la tradición argentina en la Antártida: los «sábados de pizzas», a las que les sumaron rúcula, albahaca y hasta lechuga. «Es una innovación que los cocineros han hecho», explica Schmid en referencia a esa exótica pizza y agrega: «Es como una ensalada césar arriba de la pizza. No sé si influye el aislamiento o que hace tanto tiempo que uno no come verduras frescas cotidianamente, pero es exquisita la pizza de lechuga».

La pizza con lechuga causa sensación en la Antártida
La pizza con lechuga causa sensación en la Antártida

El proceso comienza colocando la siembra sobre una espuma fenólica que se sostiene en cajones que tienen agua con una solución nutritiva y reciben la luz led de lámparas especiales. Cada día se riega con regularidad estricta por la mañana y por la noche y, al cabo de un mes, se obtienen los cultivos y se renueva el ciclo. También se pueden desarrollar microgreens, que son las mismas verduras pero de menor tamaño porque son producidas en un lapso de 10 a 12 días y aportan más nutrientes, además de facilitar un mayor volumen de producción.

Reverdecer anímico en la Antártida

Incorporar alimentos frescos, al igual que observar el verde vegetal cuando la paleta de colores del paisaje cotidiano se compone de múltiples variaciones del blanco, generó cambios en el ánimo de una dotación acostumbrada a alimentos secos, de lata o congelados.

Según Mara Schmid, esto es particularmente notorio en el caso de los que no consumen carne. «Es muy distinto comerte una ensalada que viene en lata, a prepararte una con crutones, con lechuga, con un poquito de salsa encima», explica, «al estar tan aislados, reaviva mucho la emoción de sentirse un poco más conectado a la vida cotidiana en el continente».

La bióloga platense no exagera en sus apreciaciones ya que está comprobado que consumir repetidamente alimentos procesados o en conserva durante más de 6 meses provoca aversión sensorial, según explica a 0221.com.ar la nutricionista Valeria Souto Brey (MP 4903). «Esto fue documentado exhaustivamente por la NASA, en su Human Research Program», explica Souto Brey en referencia al programa de investigación de la agencia espacial norteamericana que estudia los riesgos fisiológicos y psicológicos que enfrentan los astronautas durante los viajes prolongados.

 

La tecnología MAPHI permite tener verduras frescas en muy poco tiempo
La tecnología MAPHI permite tener verduras frescas en muy poco tiempo

Esa aversión sensorial provoca «una disminución inadvertida de la ingesta calórica diaria y cambios de humor irritables», agrega la nutricionista, «la falta de variedad de texturas y aromas vivos genera desinterés por la comida, afectando el apetito y la experiencia digestiva global». Por eso, la incorporación de texturas crujientes y sabores «vivos» rompe este hábito defensivo del cerebro, según explica.

Además, en los alimentos enlatados, los niveles de vitamina C decrecen -al igual que algunas vitaminas del complejo B- y esta carencia puede disminuir la capacidad antioxidante del organismo, redundando en una mayor fatiga y un sistema inmune menos efectivo. A eso se suma que la sal utilizada para la conservación de los enlatados, junto con la reducción de la actividad metabólica al aire libre debido a las bajas temperaturas -que pueden llegar a los 70°C bajo cero-, inciden en la presión arterial y la retención de líquidos.

 

Los módulos hidropónicos permiten producir verduras frescas en la Base Esperanza, pese a las condiciones extremas de la Antártida
Los módulos hidropónicos permiten producir verduras frescas en la Base Esperanza, pese a las condiciones extremas de la Antártida

Al introducir verduras frescas, «el color verde vivo, el aroma a vegetal y la textura crujiente reactivan los receptores sensoriales aletargados por la monotonía de las latas», explica Souto Brey y agrega: «Interactuar con vegetales y consumir algo recién cosechado reduce los niveles de cortisol -la hormona del estrés- y estimula la liberación de dopamina y endorfinas» (conocidas como «las hormonas de la felicidad»).

 

Ciencia al servicio de las necesidades antárticas

Los módulos de producción hidropónica nacieron como un desarrollo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) al servicio de las necesidades del personal que todos los años realiza campañas en la Antártida. Comenzaron a desarrollarse en 2015, cuando llegó un pedido al canal web que el organismo habilitó para que consultas por parte de la sociedad. El pedido había llegado desde la Base Carlini, una de las seis bases permanentes argentinas y preguntaba qué posibilidades existían de producir alimentos frescos en un territorio cubierto en gran parte por hielo y nieve, donde las ráfagas de viento pueden llegar a los 200 kilómetros por hora.

Tras recibir la consulta, el ingeniero agrónomo e investigador del INTA, Jorge Birghi, comenzó a investigar los desarrollos existentes hasta el momento. «La verdad que no había nada o había muy poco», comenta Birghi a 0221.com.ar. Entonces empezaron a desarrollar su propio sistema, de manera virtual y teniendo en cuenta los problemas técnicos que pudieran surgir, principalmente relacionados con el clima, como por ejemplo, la escases de agua, que si bien abunda, se encuentra en estado sólido y tornarla líquida implica una inversión de tiempo, esfuerzo y recursos.

Jorge Birghi, investigador del INTA, fue clave en el desarrollo de los módulos hidropónicos que llegaron a la Antártida
Jorge Birghi, investigador del INTA, fue clave en el desarrollo de los módulos hidropónicos que llegaron a la Antártida

«Para no desperdiciar agua, desarrollamos sistemas hidropónicos de circuito cerrado», explica Birghi, «se incorpora una cantidad determinada de agua a un tanque contenedor, se le ponen los nutrientes y ambos forman lo que llamamos ‘solución nutritiva’, que tiene todo lo que la planta necesita para crecer». Además del circuito cerrado, el sistema incluye luz artificial con paneles LED que proveen fotones fotosintéticamente activos que ayudan al crecimiento de los cultivos.

Con la supervisión por parte de personal militar que había estado en las bases y de científicos del Instituto Antárquico Argentino, se avanzó en el desarrollo de los módulos y, en 2018, Birghi viajó hasta la Base Marambio, donde empezaron a acondicionar un contenedor para desarrollar los cultivos, con aislamiento, iluminación y distintos niveles de producción. Trabajos que insumieron un tiempo considerable hasta que en 2020 lograron tener todo listo, pero la puesta en marcha se demoró con la pandemia de Covid-19.

El módulo de Base Marambio durante las tareas de acondicionamiento
El módulo de Base Marambio durante las tareas de acondicionamiento

Finalmente, en 2022 se inauguró el primer MAPHI en Base Marambio y al año siguiente, el de Base Esperanza. En 2024, se instaló el de la Base Belgrano y esperan poder llevar el desarrollo al resto de las bases argentinas en Antártida. Además, prevén ampliar los cultivos e incorporar frutillas y tomates cherri, y se están desarrollando los trabajos para hacerlo de acuerdo al protocolo de Madrid, al que la Argentina adhiere y que protege el medio ambiente antárquico.

Ahora, desde el INTA trabajan en la adaptación de los módulos a espacios reducidos como balcones que podrían aplicarse también en hogares de zonas áridas que, con un consumo mínimo de agua, podrían empezar a producir verduras frescas en zonas inhóspitas, como parte de una solución más de la ciencia argentina aplicada al beneficio de los argentinos.

 

Primicias Rurales
Fuente: https://www.0221.com.ar/
El huerto del Papa cumple 800 años y hoy florece 100% orgánico en los Jardines Vaticanos

El huerto del Papa cumple 800 años y hoy florece 100% orgánico en los Jardines Vaticanos

 

Un pequeño terreno junto al monasterio Mater Ecclesiae dejó atrás los métodos tradicionales para convertirse en un modelo de respeto por la tierra. Monjas, un jardinero experto y jóvenes colaboradores cuidan cada planta siguiendo el espíritu de la Laudato si’.

 

 

 

El huerto que crece junto al monasterio Mater Ecclesiae, en pleno corazón de los Jardines Vaticanos, dejó atrás las viejas prácticas y se convirtió en un espacio completamente orgánico. Ya no importa cuánto se cosecha, sino cómo.

Cada semilla, cada riego y cada estación se respetan como parte de un mismo ciclo natural. La transformación sigue los principios de la encíclica Laudato si’, del Papa Francisco, que puso el cuidado de la Creación en el centro de la vida cristiana.

El Papa León XIV retomó esa idea en 2025, durante un discurso ante agrónomos y silvicultores italianos. Allí describió el trabajo de la tierra como una forma concreta de caridad hacia la Madre Tierra y hacia las generaciones futuras.

 

El huerto del Papa en los Jardines Vaticanos

 

Porque, según sus palabras, la tierra no es una posesión sino un don, y quienes la trabajan con respeto y sabiduría participan en la obra creadora de Dios.

 

Una forma distinta de cultivar

 

Antes, el huerto se abonaba con estiércol traído desde las Villas Pontificias de Castel Gandolfo. Hoy solo se usa fertilizante granulado certificado, elegido según la estación y el tipo de planta que se necesite nutrir.

Las buenas prácticas agronómicas también redujeron la necesidad de pesticidas: la cantidad y actividad de las plagas se mantiene siempre por debajo del umbral que causaría daño real a los cultivos.

Cada intervención queda anotada en un cuaderno de campo, tal como exige la ley para los tratamientos que requieren licencia; las sustancias naturales, en cambio, no necesitan ese registro.

Para mantener la fertilidad del suelo se aplica la rotación de cultivos, con leguminosas como las judías verdes, capaces de fijar nitrógeno de forma natural. Este año se probó un fertilizante a base de algas marinas en los tomates.

Las plántulas llegan desde afuera, ya tratadas con criterios naturales. Se prefiere trabajar con plantines comprados antes que con semilleros propios, para reducir el riesgo de que una enfermedad arruine toda la cosecha.

Aun así, ya se piensa en crear un semillero interno, junto con un invernadero dedicado a los bonsáis.

 

Religiosas y jardineros, un mismo equipo

 

El huerto depende del Servicio de Jardines y Medio Ambiente, que dirige el experto forestal Stefano Giampaolo, dentro de la Dirección de Infraestructuras y Servicios de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, a cargo de Salvatore Farina.

El jardinero Gilberto Bianchi se ocupa del cuidado diario de las cuatro parcelas, que en conjunto suman casi 400 metros cuadrados de superficie cultivable. Un grupo de jóvenes colaboradores lo acompaña y aprende de su experiencia.

De a poco, ese conocimiento va pasando de mano en mano, como ocurría siglos atrás entre monasterio y monasterio. Las monjas indican, según la temporada, qué cultivos hacen falta, y el riego —incluso hoy— se sigue haciendo de forma completamente manual.

 

Un calendario que sigue el ritmo de las estaciones

 

El huerto respeta fielmente cada estación del año. Ajo fresco, albahaca, plantines y chiles crecen entre cítricos y calabazas que maduran hasta noviembre, incluyendo una variedad peruana reconocida por su intensidad.

Este año, a pedido de las monjas, se sumaron los primeros kiwis. Entre fines de agosto y principios de septiembre comienza además la siembra de invierno, con repollo, brócoli, espinaca y lechuga.

Mayo es el mes de mayor actividad en el huerto. El verano, en cambio, resulta la estación más difícil por el calor, cuando tomates, berenjenas, pimientos, judías verdes, calabacines y pepinos —incluida la variedad apuliana— llegan al final de su ciclo.

 

El huerto del Papa en los Jardines Vaticanos

 

Los cítricos son plantas centenarias, de unos 150 años, injertadas con distintas variedades a lo largo del tiempo, muchas de ellas ya descatalogadas. Se cultivan sin ningún tratamiento y hasta se consumen con cáscara.

Con ellos, las monjas siguen preparando mermeladas, cáscaras confitadas y galletas: algunas se ofrecen a los huéspedes y otras se venden. Durante años, la producción abasteció a organizaciones benéficas como Casa Dono di Maria, una obra que hoy se retoma con renovado entusiasmo.

 

Ocho siglos de historia entre los muros del Vaticano

 

La historia de este pequeño huerto se remonta a la Edad Media. Fue el Papa Nicolás III Orsini quien, al trasladar la residencia papal de Letrán al Vaticano entre 1277 y 1280, decidió crear un huerto frutal y un viridarium dentro de los nuevos muros.

Aquel espacio nació para abastecer las necesidades de la mesa papal. Ocho siglos después, esa misma vocación se repite casi intacta junto al monasterio que mandó construir Juan Pablo II entre 1992 y 1994, pensado para una comunidad de clausura dedicada a la oración por el Papa.

 

El huerto del Papa en los Jardines Vaticanos

 

Fueron las propias monjas quienes al principio trabajaron la tierra con sus manos. «La agricultura es una oración hecha con las manos», dijo la abadesa benedictina María Sofía Cichetti, entonces priora del monasterio, en una entrevista con L’Osservatore Romano el 26 de agosto de 2009.

Incluso Benedicto XVI, ya como Papa Emérito, disfrutaba caminar entre esos mismos parterres durante sus días de oración y estudio.

 

Primicias Rurales
Fuente: Vatican News
El secreto del tomate para crecer sano incluso cuando está apretado entre sus vecinas

El secreto del tomate para crecer sano incluso cuando está apretado entre sus vecinas

 

Un equipo del CONICET descubrió que una proteína actúa como un interruptor biológico en la planta de tomate: le permite reconocer la sombra de sus vecinas y decidir cuánto crecer para no perder rendimiento. 

 

 

 

Buenos Aires,  martes 28 julio (PR/26)–Cuando las plantas de tomate crecen muy juntas, como pasa en casi cualquier cultivo comercial, se hacen sombra entre sí. Y ahí surge un problema: sin suficiente luz no pueden hacer fotosíntesis, el proceso que necesitan para crecer y producir frutos.

 

Tomate: descubren un interruptor genético que promete revolucionar la producción

 

Ahora, especialistas del CONICET encontraron la pieza que explica cómo resuelven ese conflicto: una proteína que funciona como un verdadero interruptor biológico, capaz de detectar la sombra de las plantas vecinas y activar una respuesta de crecimiento en altura para buscar la luz.

 

Un gen que decide cuánto crece la planta

 

La proteína se llama SlBBX20 y está codificada por un gen del mismo nombre. «Los resultados de este trabajo demuestran que esta proteína es fundamental para que la planta optimice la cosecha de luz para hacer fotosíntesis y ajuste su rendimiento en respuesta a la sombra», explica Javier Botto, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA, CONICET-UBA) y líder del estudio.

 

🌱 CONICET identificó el gen SlBBX20, que funciona como un “interruptor” para que la planta de tomate detecte la sombra producida por la alta densidad de siembra y crezca mejor para aprovechar

 

Según Botto, el hallazgo tiene una aplicación muy concreta para el mejoramiento genético de los cultivos: el gen identificado podría convertirse en un blanco molecular para desarrollar variedades comerciales de tomate, y de otras especies, más eficientes y de mayor rendimiento.

 

Qué pasa cuando falta esa proteína

 

Para entender su función, los investigadores compararon plantas de tomate normales con otras mutantes que no producen la proteína SlBBX20. «Aquellas plantas que carecen de esta proteína pierden casi por completo la capacidad de crecer en respuesta a la sombra», indica Mariano Mejía, primer autor del trabajo, ingeniero agrónomo y becario doctoral del CONICET.

Mejía agrega que, al no poder regular correctamente sus procesos biológicos frente a la luz, esas plantas hacen menos fotosíntesis: tienen menos poros estomáticos y los abren menos, lo que reduce el ingreso de dióxido de carbono y, como consecuencia directa, produce menos frutos.

 

Un protector solar natural para las hojas

 

La proteína SlBBX20 tiene otra función igual de interesante: mejora la expresión de los genes que producen antocianinas, los pigmentos que dan tonos violáceos y azulados a hojas, tallos y frutos.

 

🌱 CONICET identificó el gen SlBBX20, que funciona como un “interruptor” para que la planta de tomate detecte la sombra producida por la alta densidad de siembra y crezca mejor para aprovechar

 

«Estos pigmentos naturales actúan como protector solar y antioxidantes para la planta, reduciendo los efectos inhibitorios por alta intensidad de luz sobre la fotosíntesis», explica Gabriel Gomez Ocampo, doctor en Ciencias Agropecuarias y becario posdoctoral del CONICET, también primer autor del estudio. Eso permite a la planta cosechar más luz, sintetizar más carbohidratos y producir más tomates en ambientes abiertos y luminosos.

 

Cómo se hizo el descubrimiento

 

Los investigadores sometieron a plantas de tomate salvajes y mutantes a distintos tratamientos de luz: simulaciones de sombra con luces y filtros específicos, y sombreado natural aumentando la densidad de plantas en cámaras de crecimiento e invernadero.

 

Amazonas: científicos mejoran rendimiento del tomate en condiciones deficitarias de riego | Agencia Andina

 

«Al estudiar las plantas editadas a las que se les bloqueó la expresión del gen SlBBX20 observamos que perdían por completo la capacidad de crecer en respuesta a la sombra», explica Botto. Esas plantas desarrollaron menos poros estomáticos y sufrieron una caída drástica en sus niveles de auxinas, las hormonas clave del crecimiento, junto con una menor producción de pigmentos fotoprotectores.

El resultado final fue siempre el mismo: menos fotosíntesis y una pérdida en la cantidad y el peso de los tomates producidos. «El hallazgo del rol de este gen permitiría desarrollar cultivos de tomate que maximicen el uso de los carbohidratos fotosintetizados para producir más frutos», concluye Botto.

Del estudio, publicado en la revista científica Plant Physiology and Biochemistry, también participaron investigadores de IFEVA, de la Facultad de Agronomía de la UBA, del Instituto de Botánica Experimental de la Universidad Palacký de República Checa, y del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo, en Brasil.

 

 

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Fuente: CONICET
Las exportaciones de hortalizas alcanzaron récord en valor de los últimos 22 años con 265 millones de dólares

Las exportaciones de hortalizas alcanzaron récord en valor de los últimos 22 años con 265 millones de dólares

Récord en las exportaciones de hortalizas argentinas durante el primer cuatrimestre, alcanzando el monto más alto en los últimos 22 años.

Buenos Aires, miércoles 24 junio (PR/26) — Las exportaciones de hortalizas alcanzaron un récord en valor de los últimos 22 años con 265 millones de dólares.

El monto histórico exportado referencia a los primeros cuatro meses del año, traccionado por las hortalizas pesadas como el ajo, las preparaciones de papa congeladas, las semillas y la cebolla.

La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación informó que las exportaciones de hortalizas crecieron un 17% en el monto exportado respecto de 2025, alcanzando un récord en los últimos 22 años, con 265 millones de dólares durante el primer cuatrimestre del año.

A su vez, el volumen se incrementó un 12% y alcanzó las 269.351 toneladas, en base al análisis de los datos de INDEC. Para el primer cuatrimestre, los mayores incrementos se dieron en el caso de las semillas hortícolas con 84% en valor alcanzando los 22,8 millones de dólares, el monto más alto desde 2004, valor en seguido por las cebollas frescas con un aumento del 72% y 14 millones de dólares. Luego continúan el ajo fresco que tuvo un incremento del 21% y 105 millones de dólares y las preparaciones de papa congelada con un aumento del 5%, superando los 110 millones de dólares, valor récord para un primer cuatrimestre.

Con menores montos se destaca el caso de los zapallos y calabazas que se incrementaron un 57% en el valor; zanahorias y nabos frescos o refrigerados con un 55%, o papas frescas o refrigeradas con un 7%.

Se menciona el caso de la batata que retomó sus exportaciones luego de varios cuatrimestres sin ventas al exterior, representando un récord tanto en el valor como en el volumen exportado desde 2004, alcanzando 188 mil dólares y 499 toneladas.

El principal destino de venta del complejo fue Brasil, seguido por Estados Unidos, Chile, Países Bajos, Uruguay, Paraguay y España, entre otros.

Las distintas producciones de la oferta argentina muestran una tendencia hacia una diversificación de la oferta exportable, potenciando el agregado de valor en cada una de las regiones del país.

Fuente: Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación
Primicias Rurales
Cómo mejorar el desarrollo de las raíces y aumentar el rendimiento de los cultivos

Cómo mejorar el desarrollo de las raíces y aumentar el rendimiento de los cultivos

Las estrategias agronómicas que fortalecen el sistema radicular y mejoran la productividad agrícola

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bueno Aires jueves 18 de junio (PR/26)–Un sistema radicular sano puede marcar la diferencia entre un cultivo promedio y uno de alto rendimiento. Desde el manejo del suelo hasta el uso de microorganismos benéficos y bioestimulantes, las raíces se consolidan como uno de los pilares de la agricultura moderna y sostenible.

 

 

La importancia de las raíces en la productividad agrícola

 

Durante décadas, gran parte de la atención agronómica estuvo puesta en la parte visible de los cultivos. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que el verdadero motor de la productividad se encuentra bajo tierra.

 

 

 

Las raíces son responsables de absorber agua y nutrientes, sostener la planta, producir hormonas vegetales y establecer relaciones con microorganismos beneficiosos.

 

 

Suelo bien estructurado: el primer paso para raíces más profundas

La siembra directa y la labranza de conservación ayudan a preservar la estructura del suelo, mejorar la infiltración del agua y reducir la erosión.

 

 

Riego eficiente y nutrición balanceada

 

Las raíces necesitan un equilibrio adecuado entre humedad y oxígeno. El riego por goteo es una de las herramientas más eficientes para mantener una rizósfera saludable.

 

Rotación de cultivos y materia orgánica

 

La incorporación de cultivos de cobertura, rotaciones con leguminosas y aplicaciones de compost o estiércol mejora la estructura física del suelo y favorece el desarrollo de las raíces.

 

 

 

 

Micorrizas y bacterias: aliadas invisibles del crecimiento

 

Las micorrizas arbusculares y bacterias como Rhizobium, Azospirillum y Bacillus mejoran la absorción de nutrientes y favorecen el crecimiento radicular.

 

Bioestimulantes e hidrogeles para frenar el estrés hídrico

 

Los bioestimulantes radiculares y los hidrogeles ayudan a fortalecer las raíces y mejorar la disponibilidad de agua durante períodos de déficit hídrico.

 

 

 

 

La clave para una agricultura más rentable y sostenible

 

Fortalecer el sistema radicular permite desarrollar cultivos más eficientes, resistentes y productivos, mejorando la rentabilidad y la sustentabilidad agrícola.

 

 

 

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Fuente: portal frutícula