Cada verano la escena se repite en la Patagonia: bosques en llamas, poblaciones evacuadas, brigadistas exhaustos y funcionarios sorprendidos. El relato oficial suele apelar al cambio climático, a la “imprevisibilidad” del fuego o a causas difusas. Pero la realidad es más incómoda: los incendios que arrasan Chubut, Neuquén y otras provincias del sur no son inevitables; son consecuencia directa de decisiones políticas.
Por el director Ejecutivo de Primicias Rurales.
Ing. Agr. Pedro Adolfo Lobos
Buenos Aires, domingo 1 febrero (PR/26) La evidencia es clara. Más del 90 % de los incendios forestales tienen origen humano. No se trata de rayos ni de fenómenos espontáneos. Se trata de negligencia, falta de control, infraestructura mal mantenida y, en algunos casos, acciones intencionales que prosperan en un territorio abandonado por el Estado.
El cambio climático existe y agrava el problema, nadie lo niega. Sequías prolongadas, temperaturas extremas y vientos intensos convierten cualquier chispa en un incendio descontrolado. Pero el clima no prende el fuego. Lo que hace es exponer brutalmente la falta de prevención y planificación.
Prevención: la política que nunca llega
Argentina tiene leyes, organismos y técnicos capacitados para prevenir incendios. Lo que no tiene es voluntad política sostenida. Los presupuestos destinados al manejo del fuego y al ambiente han sufrido recortes reales significativos y, lo que es aún más grave, una subejecución crónica. El dinero que debería usarse para prevenir simplemente no se usa.
La prevención no da fotos espectaculares ni titulares urgentes. No genera rédito electoral inmediato. Por eso se posterga. Se desfinancia el manejo del combustible vegetal, se abandonan cortafuegos, se debilita la vigilancia temprana y se deja a los territorios librados a la suerte. Luego, cuando el fuego avanza, se declara la emergencia y se improvisa.
Infraestructura eléctrica y riesgo ignorado
Un aspecto casi ausente del debate público es el mantenimiento del tendido eléctrico que atraviesa bosques y zonas rurales. Las normas obligan a despejar vegetación, revisar líneas y transformadores, y evitar fallas que puedan generar chispas. Sin embargo, el control es débil, fragmentado y poco transparente.
En un contexto de sequía extrema, una línea mal mantenida puede ser el disparador de un incendio devastador. No es una hipótesis: es un riesgo conocido. Pero fiscalizar cuesta, y prevenir no vende.
Brigadistas y guardaparques: héroes precarizados

Mientras tanto, quienes sostienen el territorio —brigadistas y guardaparques— trabajan en condiciones inaceptables. Contratos temporarios, salarios bajos, falta de equipamiento y escaso reconocimiento institucional. Se los convoca como héroes cuando el fuego avanza, pero se los abandona el resto del año.
No hay política ambiental seria sin trabajadores ambientales protegidos y jerarquizados. Todo lo demás es discurso.
Minería vs. preservación: el conflicto de fondo
El desinterés por la protección ambiental no es casual. En muchas provincias, la preservación de bosques, reservas y parques nacionales choca con intereses extractivos, especialmente mineros. Para los gobiernos de turno, el ambiente suele ser visto como un obstáculo al “desarrollo”, nunca como una condición básica para la vida y la economía futura.
Mientras se discute flexibilizar controles ambientales y habilitar proyectos extractivos, los organismos de protección pierden presupuesto, personal y poder de control. El mensaje es inequívoco: la naturaleza es negociable.
El fuego como síntoma

Los incendios no son la causa del problema, son el síntoma. El síntoma de un Estado que llega tarde, que no ejecuta lo que promete y que considera al ambiente una variable secundaria. Pero los bosques no esperan, el fuego no negocia y las pérdidas son irreversibles.
¿Se podrían minimizar los incendios? Sí, de manera contundente. Con prevención real, ejecución total del presupuesto, control efectivo de la infraestructura, fortalecimiento de brigadistas y guardaparques, y una política ambiental que no se subordine a intereses de corto plazo.
El fuego no es inevitable.
Lo inevitable, hasta ahora, ha sido la falta de decisión política para evitarlo.
Primicias Rurales – Director de PR Ing. Agr. Pedro A. Lobos
Fuentes. varias



















