El joven nadó sin descanso durante cuatro horas, desafiando el fuerte oleaje e incluso a tiburones, hasta llegar a la orilla de la playa de Quindalup, en Australia Occidental. “No creo que fuera yo quien lo hizo, fue Dios todo el tiempo”, reveló a los medios locales el chico, hoy considerado un héroe nacional.

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La familia Applebee se encontraba en la playa disfrutando de actividades acuáticas con un kayak y dos tablas de paddle surf cuando el viento se intensificó de forma repentina y los arrastró mar adentro, hasta dejarlos atrapados a unos cuatro kilómetros de la costa.

Con el paso de las horas, ninguna embarcación apareció para prestarles auxilio. A medida que se separaban de la orilla, el oleaje se volvía cada vez más intenso y mantenerse sobre las tablas resultaba casi imposible. Aunque llevaban chalecos salvavidas, no tenían agua ni comida.

“Al principio no parecía que estuviéramos tan lejos de la costa”, explicó Joanne a la BBC. Por ello, pidió a su hijo mayor que nadara hasta la orilla en busca de ayuda. Austin no lo dudó y se armó de valor para salvar la vida de su familia.

“Estaba todo el rato pensando que lo iba a conseguir”, aseguró. Durante aquellas horas pasaron por su cabeza infinidad de recuerdos. Instantes con sus amigos del colegio, con su grupo cristiano, e incluso una serie de dibujos animados que le ayudó a pensar en cosas alegres. Pero Austin lo tenía claro: se repetía una y otra vez que lo lograría y que aquel día no iba a perder la vida.

Al llegar a la orilla, ya sin chaleco salvavidas, tuvo que recorrer dos kilómetros más para encontrar un teléfono y pedir auxilio. Una vez cumplida su misión, se desmayó abatido por el cansancio.

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Fuente: ACI Prensa