El 20 de febrero, primer viernes de Cuaresma, se presentaron en la basílica de San Pedro las catorce estaciones del Vía Crucis del pintor Manuel Andreas Dürr. El suizo, de confesión protestante y de sólo 36 años, destacó el gran reto técnico y espiritual que había supuesto para él este encargo

 

España, lunes 2 marzo (PR/26) — En diciembre de 2023, la Santa Sede convocó un concurso internacional para la realización de un Vía Crucis de 14 estaciones destinado a ser expuesto temporalmente en la basílica de San Pedro durante la Cuaresma.

¿Una señal de la Providencia? Manuel Andreas Dürr, un pintor suizo de Biel de 36 años, trabajaba entonces en un Vía Crucis, pero en un contexto muy diferente: el de la iglesia protestante de la comunidad reformada «Jahu», una pequeña iglesia local a la que pertenece, muy orientada al ecumenismo.

 

 

Avisado y animado por un amigo, este padre de tres hijos, que se considera «bastante cercano» a la fe católica desde el punto de vista teológico, finalmente acepta presentar un proyecto, pero «sin mucha convicción», confiesa. En aquel momento, pensaba que no estaría a la altura, pero fue él quien, en diciembre de 2024, fue elegido por el Vaticano.

«Es realmente un gran honor, probablemente el punto culminante de mi carrera», asegura.

Para realizar los catorce cuadros previstos, Manuel Andreas Dürr se desplazó primero a la basílica de San Pedro en Roma.

Su primera impresión fue descubrir una «Iglesia global», formada por personas «de todas las edades, todos los continentes y todas las clases sociales». «¡Mi propia Iglesia en casa me pareció muy provinciana!», reconoce.

 

Los visitantes admiran el Vía Crucis del pintor Manuel Andreas Dürr

 

En la inmensa basílica, el pintor explica que también tomó conciencia de la dificultad de la tarea que le esperaba. «Es el fruto de toda una historia y, por lo tanto, uno de los lugares donde es más difícil añadir algo». Nada que ver con lo que suele estar acostumbrado el artista contemporáneo, que en la mayoría de los casos se ve obligado a colgar su obra en un «cuadrado de pared blanca».

Se inspira especialmente en Miguel Ángel, pero también en Fra Angelico, un pintor que ha aprendido a apreciar con los años y que hoy le conmueve de manera especial.

El otro gran reto para él fue también el tema del encargo. «Pintar a Jesús es realmente difícil, porque no es alguien a quien yo descubro, es una persona que miles de personas conocen, con la que incluso tienen una relación personal», asegura.

 

Además, el Vía Crucis es una historia que ha influido en «todo el arte cristiano y toda la cultura europea», reconoce el suizo.

«Donde la cruz se concebía como un motivo de terror, que infundía miedo a los ciudadanos del Imperio romano, se ha convertido en algo que llevamos alrededor del cuello como símbolo de esperanza», subraya.

Desde entonces, su objetivo ha sido tratar de ofrecer un nuevo «punto de entrada» a este misterio a los peregrinos de la basílica.

Tras ocho meses pintando al óleo, seguidos de largas semanas de espera para que sus obras se secaran, finalmente entregó su obra, inaugurada el primer viernes de Cuaresma.

En la basílica, fue por primera vez a contemplar los lienzos ante los que desfilan miles de fieles. De las catorce estaciones, confiesa que su favorita es probablemente la que representa a Verónica descubriendo la huella del rostro de Cristo en el paño que le tendió. En ella vio una especie de mise en abyme («puesta en abismo») de su pintura, ya que él también trabaja sobre un lienzo de tela.

«Esto dignifica lo que el pintor intenta hacer: ofrecer un pequeño rastro de algo más profundo», afirma.

 

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Fuente: Aleteia