La guerra contra Irán en 2026 impacta en el agro argentino y mundial: suben fertilizantes, combustibles y seguros marítimos, se reducen márgenes y aumenta la volatilidad en los precios de los alimentos.

Buenos Aires, lunes 2 marzo (PR/26) — La escalada bélica en Oriente Medio durante 2026 volvió a colocar al sector agropecuario global en el centro de la tormenta económica. Aunque los combates no se desarrollen en zonas agrícolas clave, el conflicto contra Irán impacta de forma directa e indirecta sobre los costos de producción, la logística internacional y la estabilidad de los precios de los alimentos.

El agro argentino —altamente dependiente de fertilizantes importados, energía y transporte marítimo— siente con fuerza estos movimientos, en un contexto de márgenes ya ajustados.

Fertilizantes: el efecto urea

Uno de los impactos más inmediatos se observa en el mercado de fertilizantes nitrogenados, especialmente la urea. Irán es un actor relevante en la producción global de este insumo, y cualquier interrupción en exportaciones, sanciones o restricciones logísticas genera subas rápidas en las cotizaciones internacionales.

En Argentina, donde el trigo y el maíz dependen fuertemente de la fertilización nitrogenada, el aumento de precios de la urea complica la planificación de la campaña 2026/27. Técnicos del sector advierten que, ante insumos más caros, algunos productores podrían reducir dosis o superficie sembrada, afectando potencialmente los rindes.

Según análisis difundidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los conflictos armados no sólo destruyen infraestructura en las zonas afectadas, sino que alteran cadenas de suministro globales, elevando costos en países alejados del teatro de operaciones.

Energía y combustibles: presión directa sobre los costos

El petróleo y el gas reaccionaron con alta volatilidad ante la amenaza sobre rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, por donde circula una parte sustancial del crudo mundial. Cada salto en el barril impacta de manera directa en:

  • Gasoil para maquinaria agrícola

  • Costos de transporte interno

  • Fletes marítimos

  • Energía para plantas de procesamiento

En Argentina, donde el transporte terrestre es clave para movilizar granos hacia los puertos del Gran Rosario, cualquier suba sostenida del combustible erosiona rápidamente la rentabilidad del productor.

Además, el encarecimiento del gas afecta la producción global de fertilizantes —muchos de ellos derivados del gas natural— generando un doble efecto sobre los costos agrícolas.

Riesgo logístico y seguros marítimos

Otro frente de tensión es el marítimo. La inestabilidad en Medio Oriente elevó las primas de seguros para buques que atraviesan zonas consideradas de riesgo. Esto repercute en el comercio mundial de materias primas, incluidos granos, aceites y subproductos.

Si bien Argentina exporta principalmente desde el Atlántico Sur, la disrupción en rutas energéticas y comerciales globales altera tarifas, tiempos y disponibilidad de flota. La volatilidad logística termina trasladándose al precio final de los alimentos.

El estrecho de Ormuz está cerrado, es punto de importancia estratégica mundial que separa las costas de Irán y Omán, se encuentra entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán y por sus aguas se transporta alrededor del 20 % de la producción mundial de crudo y también de gas.

Márgenes ajustados y decisiones productivas

En América Latina, productores enfrentan un escenario complejo: mayores costos de insumos y energía combinados con mercados internacionales volátiles. Aunque los precios de los commodities pueden reaccionar al alza por incertidumbre geopolítica, el beneficio no siempre compensa el incremento de costos.

El resultado es una reducción de márgenes netos, que puede derivar en:

  • Menor inversión tecnológica

  • Ajuste en fertilización

  • Cambios en rotaciones

  • Disminución de superficie sembrada

La FAO advierte que los conflictos generan impactos que trascienden lo inmediato: desplazamientos de población, pérdida de mano de obra agrícola, deterioro de infraestructura y afectación de activos productivos como ganado o maquinaria.

En este marco, organismos internacionales como el Banco Mundial, la Unión Europea y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han desarrollado guías para evaluaciones post desastre (PDNA) adaptadas a contextos de conflicto, con el objetivo de evitar que las respuestas económicas profundicen tensiones estructurales.

Impacto en los precios de alimentos

A corto plazo, el efecto dominante es el aumento de costos de producción. A mediano plazo, la incertidumbre tiende a sostener la volatilidad de los precios internacionales de alimentos.

En países importadores netos de granos y fertilizantes, el encarecimiento se traduce en inflación alimentaria. En exportadores como Argentina, el escenario es ambivalente: pueden mejorar los precios internacionales, pero los costos internos suben en paralelo.

Un conflicto lejano, consecuencias globales

La guerra contra Irán en 2026 demuestra, una vez más, la interconexión del sistema agroalimentario global. Lo que ocurre en una región estratégica para la energía y los fertilizantes repercute en los márgenes de un productor de maíz en la pampa húmeda y en el precio del pan en cualquier ciudad del mundo.

En un sector donde la planificación depende de estabilidad y previsibilidad, la incertidumbre geopolítica se convierte en una variable más —y cada vez más determinante— dentro del cálculo productivo.

Por Matilde Fierro, editora de Primicias Rurales