La ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán reavivó la tensión en el Golfo Pérsico y elevó el riesgo de un salto en el precio del crudo. Analistas advierten que Argentina podría enfrentar más inflación y volatilidad financiera, aunque también mayores ingresos por exportaciones energéticas.
Buenos Aires, martes 2 marzo (PR/26) — La ofensiva coordinada de Estados Unidos e Israel contra Irán volvió a tensionar al máximo el tablero energético global y encendió alertas en la economía argentina. El foco de la preocupación está puesto en el estratégico Estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por el que circula cerca del 20% del petróleo mundial y grandes volúmenes de gas natural licuado.
Aunque hasta el momento no se confirmaron bloqueos formales, el solo riesgo de una interrupción elevó la prima geopolítica del crudo. El Brent —referencia internacional— ya mostraba una tendencia alcista y, según bancos de inversión como Goldman Sachs y JPMorgan Chase, podría superar los USD 100 si el conflicto escala o si Teherán intenta restringir el paso marítimo.
Inflación y combustibles: el impacto más inmediato
Para Argentina, el primer efecto sería inflacionario. Un salto sostenido del petróleo se traslada, con rezago, a los precios de naftas y gasoil. Economistas de la consultora Ecolatina advierten que cada aumento del 10% en el precio internacional del crudo puede sumar entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales a la inflación mensual, dependiendo del esquema de subsidios y del tipo de cambio.
Desde LCG señalan que el impacto no se limita a los surtidores: el encarecimiento del transporte repercute en toda la cadena logística —alimentos, insumos industriales y comercio—, amplificando el efecto sobre el índice de precios.
Además, en un contexto de desregulación progresiva del mercado energético, el traslado a precios podría ser más rápido que en años anteriores, reduciendo el margen del Gobierno para amortiguar el shock.
Vaca Muerta: oportunidad exportadora
Sin embargo, el escenario no es unívocamente negativo. Argentina es hoy exportador neto de petróleo gracias al desarrollo de Vaca Muerta, uno de los principales reservorios no convencionales del mundo. Un barril por encima de USD 90 o 100 mejoraría los ingresos por exportaciones y el flujo de divisas.
Analistas de Abeceb estiman que un precio alto sostenido podría fortalecer la balanza comercial energética y aportar dólares adicionales en un momento clave para la acumulación de reservas. También beneficiaría a compañías con fuerte presencia en el shale, como YPF.
No obstante, advierten que el efecto positivo depende de la estabilidad cambiaria: si el aumento del crudo genera presión sobre el dólar global y fortalece la moneda estadounidense, podría encarecer el financiamiento externo y complicar a economías emergentes como la argentina.
Mercados financieros y riesgo país
La escalada bélica también impacta en los activos financieros. El aumento de la aversión al riesgo suele provocar salida de capitales de mercados emergentes hacia activos seguros, como los bonos del Tesoro de EE.UU. y el oro.
Según la consultora EcoGo, en escenarios de alta volatilidad internacional el riesgo país argentino tiende a ampliarse, encareciendo el crédito y afectando la cotización de bonos y acciones. Si el índice VIX —conocido como “índice del miedo”— continúa en alza, podría profundizarse la presión sobre los activos locales.
Gas y efecto regional
El conflicto también involucra exportaciones de gas natural licuado desde Qatar, lo que puede alterar precios internacionales del GNL. Para Argentina, que en invierno aún importa energía para cubrir picos de demanda, un aumento del gas podría elevar el costo fiscal o las tarifas.
Un equilibrio frágil
En síntesis, el shock petrolero tendría efectos mixtos:
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Negativos: presión inflacionaria, suba de combustibles, mayor volatilidad financiera y posible ampliación del riesgo país.
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Positivos: mayores ingresos por exportaciones energéticas y mejora del saldo comercial.
El desenlace dependerá de si el conflicto queda acotado o si se produce una interrupción efectiva en el flujo del Golfo Pérsico.
De consolidarse un barril por encima de los USD 100, Argentina podría enfrentar un nuevo test de resistencia macroeconómica: más dólares por energía, pero también más presión sobre precios y estabilidad financiera en un contexto global cada vez más incierto.
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Fuentes: Varias

















