Con la llegada León XIV, el Palacio Apostólico vuelve a ser residencia habitual de un pontífice. El Papa tomó posesión este sábado de sus apartamentos en el histórico edificio, donde vivirá junto a sus colaboradores más cercanos nueve meses después de su elección.
Con él se mudan sus dos secretarios de confianza: Mons. Edgard Iván Rimaycuna Inga, el sacerdote peruano que conoce desde su época como obispo de Chiclayo y el italiano don Marco Billeri, canonista, originario de la diócesis de San Miniato.
El Papa había residido hasta ahora en el edificio cercano al Vaticano donde se alojaba cuando ejercía como prefecto del Dicasterio para los Obispos antes de su elección en el cónclave del pasado mes de mayo.
Nueve meses de reformas
El traslado llega tras nueve meses de obras de reforma y reestructuración en el apartamento papal. La última vez que se hicieron reformas fue en el verano de 2005, antes de que lo ocupara definitivamente Benedicto XVI.
Cada Papa ha modernizado el Palacio Apostólico y le ha dado su toque personal para convertirlo en un hogar acogedor hecho a su medida. León XIII, por ejemplo, añadió las líneas telefónicas. «Pablo VI eligió un tono gris para la tapicería», según apunta Mons. Gänswein en su libro de memorias. «Benedicto pidió que se retirara la moqueta para recuperar el suelo de mármol del siglo XVI, que era muy luminoso», añade.
León XIV lo visitó en mayo y decidió una renovación integral. Se habían detectado goteras y problemas de humedad acumulados tras más de una década sin uso residencial. También fue necesario renovar completamente los circuitos eléctricos y las instalaciones de fontanería.
Aunque la Santa Sede no ha revelado detalles concretos sobre la distribución de la vivienda, algunos medios italianos apuntan a que el Pontífice podría utilizar parte de la zona superior del palacio, apenas visible desde el exterior.
En esa área se habría habilitado un pequeño gimnasio para que mantenga su rutina deportiva, mientras que el dormitorio estaría situado en un ala opuesta, sin vistas directas a la plaza de San Pedro.
Según informaciones publicadas por la prensa italiana, la residencia privada del Papa se encuentra en el tercer piso del Palacio Apostólico. No se trata de una simple habitación, sino de una vivienda compuesta por alrededor de diez estancias.
Entre los espacios principales figuran: un despacho privado, donde el Papa trabaja y recibe visitas privadas y no anunciadas en el boletín oficial; el dormitorio; una capilla privada, que es el corazón de su residencia, que está decorada con vidrieras y custodia unas reliquias de san Pedro; un comedor; dependencias para los colaboradores más cercanos; una suite médica preparada para la asistencia sanitaria, y la llamada “habitación de la ventana”, desde la cual el Pontífice se asoma cada domingo para rezar el Ángelus.

A lo largo de los siglos, el apartamento ha sido adaptado a las necesidades de cada Papa. Con el tiempo se incorporaron instalaciones modernas, líneas telefónicas, sistemas de seguridad e incluso un pequeño ascensor interior.
Trece años sin un Papa
El traslado de León XIV pone fin a trece años en los que el apartamento papal permaneció cerrado como residencia permanente.
Desde su elección en 2013, el Papa Francisco optó por vivir en la Casa Santa Marta, una decisión interpretada como un gesto de sencillez. Aquella elección convirtió durante más de una década el apartamento del Palacio Apostólico en un espacio prácticamente deshabitado.
El apartamento ha sido escenario de momentos históricos. En 1944, Pío XII se asomó a la ventana para saludar a los romanos que celebraban el fin de la ocupación nazi de Roma. Tanto San Juan XXIII como San Juan Pablo II fallecieron allí mientras miles de personas rezaban por ellos en la plaza; y Benedicto XVI vivió allí hasta que presentó su renuncia en febrero del 2013.
Un palacio con cerca de mil habitaciones
El Palacio Apostólico no es un edificio único, sino un vasto complejo arquitectónico de aproximadamente mil estancias, que constituye el verdadero centro operativo de la Santa Sede. Fue construido por Domenico Fontana en tiempo récord, en sólo dos años, entre 1589 y 1590.
En su interior se encuentran algunos de los lugares más célebres del Vaticano, entre ellos: la Capilla Sixtina, donde se celebran los cónclaves para elegir al Papa; las Estancias de Rafael, decoradas por el maestro renacentista; la Biblioteca Apostólica Vaticana, una de las instituciones culturales más importantes del mundo; la Sala Regia y la Sala Ducal, utilizadas históricamente para ceremonias y audiencias oficiales y los despachos de la Secretaría de Estado del Vaticano.

Una historia que atraviesa siglos
La historia del Palacio Apostólico se remonta a la Edad Media, aunque su aspecto actual se debe en gran medida a las grandes transformaciones impulsadas durante el Renacimiento.
Pontífices como Sixto IV, Julio II y León X promovieron ampliaciones y decoraciones confiadas a algunos de los artistas más destacados de su tiempo, entre ellos Donato Bramante, Rafael Sanzio y Miguel Ángel Buonarroti.
El complejo se consolidó como residencia principal de los pontífices tras el regreso del papado de Aviñón en 1377, cuando comenzó a sustituir progresivamente al Palacio de Letrán como sede habitual del Papa.
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Fuente: ACI Prensa


















