En un entorno imponente de alta montaña, un grupo de fieles participó de una celebración inédita en el cráter de la Corona del Inca, que se convirtió en la misa católica celebrada a mayor altura registrada hasta el momento.
La Rioja, martes 17 marzo (PR/26) — En pleno corazón de la Cordillera de los Andes, a más de 5.400 metros sobre el nivel del mar, se llevó a cabo una celebración religiosa que combinó espiritualidad, esfuerzo físico y naturaleza extrema.
El escenario fue el cráter de la Corona del Inca, uno de los paisajes más impactantes del noroeste argentino, donde un grupo de fieles participó de lo que se considera la misa católica celebrada a mayor altitud en el mundo.
La ceremonia se realizó en febrero y estuvo encabezada por el sacerdote Emmanuel Varas, de la iglesia La Merced de la capital riojana. Hasta allí llegaron unas treinta personas que enfrentaron condiciones exigentes: temperaturas bajas, escasez de oxígeno y una presión atmosférica considerablemente menor que a nivel del mar. A pesar de las dificultades, la experiencia fue vivida como un momento profundamente espiritual.

El lugar elegido no fue casual. La Corona del Inca es un cráter volcánico de gran altura que alberga una laguna de origen glaciar, ubicado cerca del Monte Pissis, uno de los volcanes más altos del mundo. Su acceso requiere travesías complejas a través de terrenos áridos, caminos de montaña y condiciones climáticas cambiantes, lo que lo convierte en un destino reservado para expediciones preparadas.
Según antecedentes recientes, una de las misas celebradas a mayor altura se había realizado en el campamento base del Monte Everest, a más de 5.300 metros. La ceremonia riojana habría superado ese registro, marcando un nuevo hito simbólico dentro del mundo religioso y del montañismo.
Más allá del dato récord, el evento también puso en valor una tendencia creciente: el turismo de fe vinculado a experiencias en la naturaleza. En este caso, la expedición fue organizada por una empresa especializada en travesías de alta montaña, lo que permitió trasladar a los participantes en condiciones de seguridad hasta el sitio.
En la La Rioja, donde el turismo representa una actividad económica clave, este tipo de iniciativas abre nuevas posibilidades. La combinación de paisajes únicos, historia cultural y propuestas espirituales posiciona a la provincia como un destino emergente dentro del turismo religioso y de aventura.
La figura del sacerdote también aporta un componente local significativo: su historia familiar está vinculada a tradiciones religiosas de la región, lo que refuerza el valor simbólico de la celebración. Para muchos de los asistentes, el esfuerzo físico necesario para llegar al lugar se transformó en parte de la experiencia espiritual.

En medio del silencio de la montaña y bajo un cielo intenso, la misa se desarrolló como un acto cargado de significado. A esa altura, donde el cuerpo siente el límite, la ceremonia adquirió una dimensión distinta: la de una búsqueda que une fe, naturaleza y desafío humano en uno de los escenarios más extremos del país.
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Fuente: Varias


















