Los vinos de los valles templados jujeños lograron un reconocimiento clave que busca potenciar su identidad, calidad y proyección comercial.


Buenos Aires, miércoles 18 marzo (PR/26) — El sector vitivinícola de la provincia de Jujuy dio un paso estratégico al obtener la Identificación Geográfica (IG) para los vinos de los valles templados, un reconocimiento que permite diferenciar su producción por origen y características propias, y que abre nuevas oportunidades para posicionarse en el mercado.

Según destacaron desde MAIZAR, este avance es el resultado de un trabajo articulado entre productores, bodegas y organismos técnicos, con el objetivo de visibilizar una región con identidad propia dentro del mapa vitivinícola argentino.

La Identificación Geográfica, contemplada en la legislación nacional, permite distinguir productos agroalimentarios en función de su procedencia y de las condiciones naturales y humanas que influyen en su elaboración. En este caso, reconoce a los vinos de los valles templados jujeños como una expresión singular, diferente de otras regiones del país.

El proceso para alcanzar esta distinción se apoyó en estudios técnicos impulsados por Corporación Vitivinícola Argentina y el Consejo Federal de Inversiones, que permitieron caracterizar en profundidad las condiciones edafoclimáticas de la zona. Estos análisis fueron clave para sustentar el pedido ante el Instituto Nacional de Vitivinicultura.

Desde el sector remarcaron que la IG no sólo aporta valor simbólico, sino también comercial. Al identificar el origen en la etiqueta, los vinos ganan una herramienta de diferenciación que mejora su posicionamiento en distintos mercados y refuerza su identidad territorial.

La región de valles templados, con epicentro en zonas como Perico y El Carmen, presenta condiciones particulares: un clima más cálido y húmedo que otras áreas vitivinícolas del NOA, con buena amplitud térmica y mayor nubosidad en época de maduración. Esto da lugar a vinos más frescos, frutados y de menor graduación alcohólica, con marcada acidez natural, cualidades especialmente valoradas para blancos, espumantes y líneas jóvenes.

Estas características contrastan con las de la Quebrada de Humahuaca, donde la mayor altura y radiación solar generan vinos más estructurados, intensos y con mayor concentración. Ambas regiones, sin embargo, se complementan y fortalecen la diversidad vitivinícola de la provincia.

Actualmente, los valles templados cuentan con un conjunto de emprendimientos en crecimiento, con variedades tintas como Malbec, Cabernet Sauvignon y Syrah, y blancas como Sauvignon Blanc, Chardonnay y Torrontés Riojano. Aunque se trata de una producción a pequeña escala en comparación con regiones tradicionales como Cuyo o Cafayate, el foco está puesto en la diferenciación y la calidad.

El desafío hacia adelante será consolidar esta identidad, garantizar el cumplimiento de los estándares asociados a la IG y profundizar la investigación sobre las variedades que mejor se adaptan a la región, con el objetivo de seguir posicionando a los vinos jujeños en el escenario nacional e internacional.

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