Detectan el avance del picudo negro en nuevas zonas productivas y refuerzan las alertas para el cultivo de soja.


Buenos Aires, sábado 21 marzo (PR/26) — El avance del picudo negro en cultivos de soja comienza a encender señales de alerta en distintas regiones productivas del país, a partir de nuevas detecciones que confirman su expansión geográfica más allá de su área histórica en el NOA.

De acuerdo con reportes de INTA y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), junto a información difundida por distintos medios la plaga fue detectada por primera vez en el noroeste de Santa Fe, en la zona de Ceres, sumándose a registros recientes en Córdoba y Santiago del Estero.

Especialistas del INTA, como Eduardo Trumper —coordinador nacional del Programa de Protección Vegetal—, advierten que si bien la situación no constituye aún una “alarma generalizada”, sí representa una clara señal de expansión. “Estos hallazgos sugieren la ampliación del área de distribución de esta importante plaga”, indicó el técnico.

El insecto, identificado como Rhyssomatus subtilis, genera daños severos en distintas etapas del cultivo de soja.

Ataca cotiledones en estadios tempranos y luego afecta las vainas en fases reproductivas (R5-R6), mientras que sus larvas se alimentan directamente de los granos.

En escenarios críticos, las pérdidas pueden alcanzar hasta el 100% del rendimiento, tal como señalan reportes.

La expansión territorial muestra un patrón claro: desde focos iniciales en Tucumán, Salta y Santiago del Estero, el picudo negro avanzó hacia Córdoba y ahora se consolida su presencia en Santa Fe. En este sentido, técnicos del INTA destacan que la detección en Ceres marca un hito clave en la dinámica de dispersión de la plaga.

Frente a este escenario, los especialistas recomiendan intensificar el monitoreo, especialmente en etapas reproductivas, y evitar el monocultivo de soja mediante la rotación de cultivos, una práctica clave para interrumpir el ciclo biológico del insecto, que puede sobrevivir como larva en el suelo.

Asimismo, desde el INTA subrayan la necesidad de fortalecer redes de colaboración entre instituciones, asesores y productores. En esa línea, se impulsan capacitaciones técnicas —como las realizadas en Ceres y Rafaela— orientadas a mejorar la detección temprana y el manejo integrado.

También se recomienda prestar especial atención a las emergencias del insecto tras lluvias primaverales y aplicar controles focalizados cuando se detectan los primeros focos.

Aunque por el momento no se trata de una situación crítica generalizada, el consenso entre organismos técnicos es claro: el avance del picudo negro requiere seguimiento cercano para evitar que se transforme en un problema estructural en la producción de soja.

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Fuentes: Varias