Olivar en la provincia de Neuquén, Patagonia. Foto: Florencia Salto.
En Centenario, Praderas Neuquinas combina sensibilidad artística y gestión empresarial para producir aceites de oliva premium y experiencias que revalorizan el producto desde su origen hasta el consumidor.
Neuquén, lunes 23 marzo (PR/26) — Centenario es una localidad de la provincia de Neuquén, ubicada en el departamento Confluencia. Allí, un emprendimiento olivícola logró algo poco frecuente: conjugar sensibilidad artística con lógica empresarial.
Praderas Neuquinas, liderada por Mariana Mauad, no sólo produce aceite de oliva virgen extra de alta calidad, sino que construyó una identidad donde el producto, la experiencia y la historia personal se entrelazan.
El arte de producir (y percibir) aceite de oliva en la Patagonia
La historia de Praderas Neuquinas comienza lejos del olivo. El campo, de 120 hectáreas, había sido pensado originalmente para la producción de alfalfa. Sin embargo, los estudios de suelo descartaron esa posibilidad y señalaron al olivo como una alternativa viable. Así, casi por azar, comenzó en 2005 una aventura que con el tiempo se transformaría en un proyecto productivo y cultural.

Matiana Mauad, productora olivícola de la Patagonia, durante una cata de aceite de oliva. Foto: gentileza Mariana Mauad.
Desde el inicio, apostaron por la diversidad. Plantaron seis variedades (Arbequina, Arbosana, Hojiblanca, Picual, Koroneiki y Coratina) para evaluar su adaptación. El resultado sorprendió: todas respondieron de manera óptima a las condiciones de la región. Esa diversidad hoy es una de las claves del proyecto, ya que permite obtener aceites con perfiles sensoriales distintos, desde suaves y frutados hasta intensos y complejos.

La cosecha de aceitunas en el olivar ubicado en Neuquén se realiza de manera manual. Foto: gentileza Mariana Mauad.
En ese contexto, el oleoturismo emerge como la expresión más clara del costado artístico del emprendimiento. Praderas Neuquinas no sólo vende aceite: propone una experiencia. Los visitantes recorren el olivar, participan de catas, degustaciones y actividades sensoriales que buscan conectar al consumidor con el producto desde otro lugar. Como en un atelier, el aceite deja de ser un simple alimento para convertirse en una obra que se aprecia con todos los sentidos.
Escala, inversión y posicionamiento: el lado del negocio
Detrás de esa impronta artística hay una estructura empresarial sólida. Praderas Neuquinas forma parte del grupo Mauad SRL, una empresa especializada en movimientos de suelos a través del uso de explosivos y otras herramientas.
Esa base permitió encarar un desarrollo que hoy alcanza las 70 hectáreas implantadas y una producción cercana a los 40.000 litros anuales de aceite de oliva virgen extra, que crece año a año.
El crecimiento no fue casual. Requirió inversiones significativas, especialmente en infraestructura. Uno de los hitos fue la construcción de un acueducto de 16 kilómetros para garantizar el riego del olivar, una obra clave en una zona donde el acceso al agua es determinante.
Ese desarrollo, además, benefició a otros actores del Parque Industrial de Centenario, generando un impacto que trasciende el propio emprendimiento.

Plantaron seis variedades (Arbequina, Arbosana, Hojiblanca, Picual, Koroneiki y Coratina) para evaluar su adaptación. El resultado sorprendió: todas respondieron de manera óptima a las condiciones del norte de la Patagonia. Foto: Florencia Salto.
El manejo agronómico también es intensivo y planificado. Incluye podas regulares, uso de fertilizantes orgánicos y riego por goteo. La pendiente del terreno evita la acumulación de aire frío, ayudando a reducir riesgos de heladas, un factor crítico en la región.
Durante la cosecha, la almazara opera las 24 horas para procesar rápidamente la fruta y preservar su calidad. En ese período, el equipo se amplía a entre 30 y 40 personas, en su mayoría mano de obra local, lo que refuerza el vínculo con la comunidad.

El riego es por goteo y se usan fertilizantes orgánicos en el olivar. Foto: Florencia Salto.
Ese nivel de cuidado y profesionalización se traduce en un producto premium, con stock limitado y fuerte posicionamiento. Los aceites de Praderas Neuquinas llegan a restaurantes y hoteles de alto nivel en la Patagonia y en Buenos Aires, incluyendo cadenas internacionales. Estar presentes en esos espacios no solo implica un canal comercial, sino también una validación de calidad.
En un contexto donde los aceites patagónicos gozan de reconocimiento por sus características diferenciales (fruto del clima, el suelo y el manejo), la empresa logró consolidarse en un segmento donde el precio no es la variable principal, sino el valor percibido.
Mirada a futuro: exportación y diversificación
Con una base productiva consolidada y un posicionamiento logrado en el mercado interno, el próximo paso parece claro: la exportación. Si bien actualmente no venden al exterior, el proyecto ya cuenta con certificaciones internacionales y avales que abren esa posibilidad. La validación obtenida en concursos internacionales, con medallas de oro, refuerza esa expectativa.
En paralelo, la empresa avanza en la diversificación. Al aceite de oliva se suman otros productos que amplían la propuesta: miel, girgolas, cosmética natural elaborada a partir de aceite de oliva y cera de abejas, e incluso desarrollos innovadores como briquetas gourmet para ahumar a base de orujo. También incursionan en la elaboración de un gin de autor.

Los aceites de oliva patagónicos gozan de un reconocimiento por su calidad, lo que permite su inserción en los más exigentes mercados. Foto: gentileza Mariana Mauad.
El oleoturismo, por su parte, sigue creciendo. A las visitas guiadas y catas se suman almuerzos y experiencias al aire libre, con el objetivo de profundizar el vínculo entre el consumidor y el producto.
En esa línea, el desarrollo de un restaurante dentro del olivar aparece como el próximo paso lógico: cerrar el círculo entre producción, gastronomía y experiencia.
Así, Praderas Neuquinas proyecta su crecimiento sobre una base clara: la calidad del aceite como punto de partida. Es esa calidad la que permite acceder a mercados exigentes, sostener precios premium y, al mismo tiempo, construir una propuesta que trasciende lo estrictamente productivo.
Crédito: Río Negro Rural

















