El cine rural latinoamericano actual trasciende el folklore para consolidarse como un ejercicio de memoria y justicia simbólica. Al dar voz a las comunidades, estas obras transforman el campo de objeto de observación en un sujeto político con narrativa propia.

Por Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine, especial para Primicias Rurales

 

Buenos Aires, viernes 27 marzo (PR/26) — En una segunda entrega de nuestra serie sobre cine rural, recorremos el panorama cinematográfico del continente: desde la sierra mexicana hasta la zona rural brasileña, una nueva generación de directores y directoras filma el campo con ojos que no admiten el folklorismo ni la lástima.

En nuestra entrega anterior nos detuvimos en la Argentina. Ahora, la mirada se amplía hacia el resto del continente. Y lo que aparece es un mapa cinematográfico vasto, irregular y sorprendente: desde los pueblos controlados por el narco en la sierra de Guerrero hasta las aldeas amazónicas del Brasil profundo, desde las comunidades quechuas del altiplano andino hasta las sábanas calcinadas del interior venezolano.

El cine latinoamericano,ncon sus recursos escasos, su energía desbordante y su urgencia de contar, lleva décadas registrando la vida rural con una intensidad que las grandes productoras del norte difícilmente igualan.

No existe un movimiento unificado ni un manifiesto común. Lo que sí existe es una coincidencia de miradas y de apuestas: directores que eligen el tiempo lento del campo como materia cinematográfica, que rechazan tanto la idealización bucólica como el retrato victimizante, y que encuentran en la tierra, en sus conflictos y en sus silencios, un lenguaje propio.

El resultado es un panorama heterogéneo, pero siempre honesto en su intención.

 

México: una tradición que se reinventa

Ningún otro país latinoamericano carga con una tradición tan pesada —y tan fértil— de cine rural. Desde la época de oro del cine mexicano, los campos del país han sido escenario privilegiado de la pantalla grande. El director Emilio Fernández convirtió, a mediados del siglo XX, los pueblos de adobe en íconos visuales del imaginario nacional. Aún ese legado persiste, pero profundamente transformado por cineastas que ya no quieren filmar postales sino realidades.

Tatiana Huezo
Noche de fuego, México, 2021

En una aislada comunidad rural, cada cierto tiempo, narcotraficantes que controlan la zona, se llevan a alguna muchacha de manera violenta.

Tres niñas crecen en una comunidad de la sierra mexicana bajo el control absoluto de un grupo armado de narcos. Estas tres amigas: Ana, Paula y María han vivido una infancia acostumbrada a este ambiente.

Basada en el libro “Prayers for the Stolen” de Jennifer Clement, la directora Tatiana Huezo (foto) construye un relato sobre la infancia como territorio ocupado: los juegos, los rituales, la naturaleza exuberante y el miedo conviven sin posibilidad de separarse. Hay un subtexto y porque no, una referencia real a llevar una vida oprimida por la violencia en este caso del narcotráfico.

Estrenada en Netflix el 17 de noviembre de 2021.

Premio al Mejor Director en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, 2021.

Tatiana Huezo es hoy una de las voces más reconocidas del cine latinoamericano, pero no es un caso aislado.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=IWzkfBY982Y

 

Carlos Reygadas
Luz silenciosa, México (2007)

 

Carlos Reygadas

Rodada entre comunidades menonitas de Chihuahua, donde Johan, hombre casado y con varios hijos, sostiene una relación amorosa con otra mujer, transgrediendo las leyes de la religión que observa y las prácticas de la comunidad a la que pertenece.

Una característica muy interesante de este filme es que es hablado enteramente en plautdietsch, o bajo alemán menonita, es el idioma hablado por los descendientes de los menonitas en Rusia que viven apartados conservando sus tradiciones. A algunos nos traerá un lejano recuerdo al filme “Testigo en peligro” (EEUU, Peter Weird, 1985), en referencia al retrato de una comunidad agraria y religiosa en particular como los Amish. Que tiene un argumento totalmente alejado de “nuestro Tiempo”

Ganó el premio del jurado en el Festival de Cannes de 2007, entre otros premios en distintos festivales.

Este filme ocupa el lugar 98 dentro de la lista de las 100 mejores películas mexicanas, según la opinión de 27 críticos y especialistas del cine en México, publicada por el portal Sector Cine en junio de 2020

Trailer: http://www.imcine.gob.mx/peliculas/62.

 

Nuestro tiempo (2018), filmada en una hacienda del Estado de Morelos

Tardaron 3 años en filmarla, es una película no industrial. Se sitúa en una ganadería de toros bravos en el altiplano de México donde vive una familia. Mientras Ester administra el rancho, su marido Juan, un poeta reconocido, cría y selecciona el ganado. Cuando Ester se enamora de un adiestrador de caballos llamado Phil, la pareja lucha por superar la crisis emocional

Ha llevado los paisajes agrarios mexicanos a un registro casi contemplativo, donde el conflicto emocional se despliega a la misma velocidad con que maduran las cosechas.

Su cine exige paciencia, pero devuelve imágenes de una densidad poco frecuente en el cine contemporáneo.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=fCc0pX8Vjss

 

Everardo González
La libertad del diablo (2017)

Aquí investiga el fenómeno de la violencia en México en el siglo XXI, dando voz a víctimas y victimarios. Su propósito es ahondar en los motivos y las consecuencias que generan y acarrean los actos violentos.

En este marco registra con rigor etnográfico y sensibilidad narrativa a comunidades indígenas y campesinas del sur del país, a víctimas y victimarios de la violencia, a personas que viven en territorios donde el Estado hace décadas que dejó de llegar.

Fue premiada en el Festival Internacional de Berlín (Berlinale)como mejor documental original (2017)

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=wmkEBaiRsFg

 

Bolivia y Perú: filmar desde la herida colonial

Perú

Claudia Llosa

En los países andinos, el cine rural no puede ignorar el contexto de su dimensión histórica. Las comunidades indígenas del altiplano y de la cordillera son herederas de quinientos años de expoliación y marginalización, y las películas que las no pueden permitirse el lujo de la neutralidad. Los mejores cineastas de la región lo saben, y trabajan con esa tensión de manera deliberada.

La teta asustada, 2009

Se centra en los temores de las mujeres que fueron violadas durante la época del terrorismo que vivió Perú. En ese tiempo ocurrido en ese país entre los años 1980 y 2000 durante el cual las organizaciones Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL) y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) desplegaron diversas acciones terroristas con el objetivo de derrocar al Estado existente y reemplazarlo por un Estado socialista.

En ese contexto una joven de una comunidad quechua en las afueras de Lima cree haber heredado, a través de la leche materna, rabia, sufrimiento y tristeza debido al terror que sufrió su madre durante esa época.

La directora peruana construye con imágenes de papas, tierra seca y rituales ancestrales un lenguaje cinematográfico que no tiene equivalente en el cine peruano anterior.

Obtuvo en el Festival Internacional de Cine de Berlín el Oso de Oro, el cual es el máximo galardón otorgado por la Berlinale y también el Premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI). A principios de 2010, esta película fue nominada para el Óscar en la categoría «Mejor película en idioma extranjero», en ese año la ganadora fue “El secreto de sus ojos” Juan José Campanella, Argentina.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=1gquq9-k54g

Un aspecto muy distintivo de esta cineasta es la diversidad de temas que aborda e investiga. La señal de cable TNT presentó en 2011 el proyecto Fronteras, en donde Llosa presentó en como parte del proyecto Fronteras, una serie de cortos latinoamericanos producidos por la televisora de cable TNT. La cineasta filmó el cortometraje Loxoro, que trata sobre las fronteras entre lo masculino y lo femenino en la comunidad gay y transexual en el Perú.​ El loxoro es un lenguaje cifrado con aspecto de dialecto de la comunidad transexual peruana utilizado como autoprotección.

 

Bolivia

Ha vivido en las últimas dos décadas una renovación cinematográfica notable.
Kiro Russo

 

 

Este director, con Viejo Calavera (2016) y El gran movimiento (2021), explora el desplazamiento entre el campo y la ciudad desde los ojos de jóvenes que cargan con la memoria del altiplano y no logran instalarse del todo en ningún mundo. Sus planos largos, su sonido lleno de diferentes matices y su ritmo deliberadamente lento son elecciones estéticas que hablan de una forma de entender el tiempo heredada del campo.

 

Russo es un firme defensor de la película en celuloide frente al cine digital, lo cual está presente en su decisión de rodar «El Gran Movimiento» en Súper 16mm. Para Russo, el celuloide tiene una capacidad única para capturar el paso del tiempo y las huellas de los momentos.

Este director cree que «Bolivia solo se entiende desde la mina». La minería, según él, es un reflejo de los traumas coloniales y la identidad cultural del país. En su obra, la mina es más que un simple escenario, es un lugar de introspección y de crítica hacia los efectos de la modernidad y el capitalismo sobre las comunidades bolivianas.

Viejo Calavera, trailer: https://www.youtube.com/watch?v=ebfptoVUjGk
El gran movimiento, Premio Especial del Jurado en la sección Horizontes del Festival de Venecia por «El Gran Movimiento» (2021).

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=QKKZ5Kanh_U

 

Juan Carlos Valdivia
Yvy Maraey – Tierra sin mal (2013)

Juan Carlos Valdivia, lleva décadas construyendo un cine sobre la identidad boliviana.

Su película fue rodada íntegramente en el Chaco boliviano con la participación de comunidades indígenas guaraní, que intervinieron en la escritura del guión y en la definición de las escenas.

Un cineasta y un líder indígena viajan juntos por los bosques del sureste boliviano con el objetivo de investigar para una película sobre el mundo guaraní.

El punto de partida es una imagen en movimiento de unos salvajes filmada por un explorador sueco en 1910. El resultado es un filme que no habla sobre una comunidad, sino que fue hecho con ella: una distinción que en el cine latinoamericano marca una diferencia ética fundamental.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=e2YGcJa85d0

Película completa:  https://www.youtube.com/watch?v=jkG6872kOWE

 

Colombia: cuando el campo es historia y es guerra

Colombia es quizás el país donde el cine rural adquiere la mayor carga política del continente. Durante décadas, el campo colombiano fue el escenario central del conflicto armado: guerrillas, paramilitares, narcotráfico y desplazamiento forzado convirtieron a millones de campesinos en víctimas y protagonistas involuntarios de una guerra que las ciudades miraban desde lejos. El cine ha tomado nota de esa historia.

Ciro Guerra
El abrazo de la serpiente· Colombia, 2015

 

 

Rodada en blanco y negro en plena selva amazónica colombiana, la película narra en dos líneas temporales paralelas las expediciones de dos científicos europeos —uno a comienzos del siglo XX, otro en los años 40— que buscan en la Amazonia una planta sagrada llamada yakruna.

El chamán indígena Karamakate los guía en ambos viajes. La selva no es un decorado: es un archivo vivo de memorias, de pérdidas y de resistencias. Nominada al Óscar como Mejor Película en Lengua Extranjera, es hasta hoy la obra más vista del cine colombiano de autor.

Fue invitado a más de 60 festivales de cine de todo el mundo (incluyendo Cannes, Tribeca, Seúl, Bangkok, Seattle, Río de Janeiro y Guadalajara), ganador además de 15 premios y menciones en festivales como San Sebastián, Toulouse, Trieste, Mar del Plata, Varsovia, Austin, Quito, Santiago de Chile, Cartagena y La Habana.

En 2018 dirigió Pájaros de verano, elegida para representar a Colombia en la 91° edición de los Premios Óscar en la categoría Mejor película de habla no inglesa. En 2019 dirigió su primera película en idioma inglés, Waiting for the Barbarians, protagonizada por Johnny Depp y estrenada en el Festival de Cine de Venecia.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=31pfdpYLaCw

Los viajes del viento (2009)

Recorre la geografía del Caribe colombiano siguiendo a un viejo juglar vallenato

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=LjSudTLOh4I

Ciro Guerra continuó explorando el territorio colombiano en:

Pájaros de verano (2018)

 

Codirigida con Cristina Gallego, donde el desierto de La Guajira es el escenario de la primera gran historia del narcotráfico colombiano protagonizada por la comunidad wayuu.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=fCZ7uSl_xRQ

 

Laura Mora

 

Esta directora representa otra línea del cine colombiano contemporáneo. Su película Los reyes del mundo (2022) sigue a cinco jóvenes que recorren el país en moto para reclamar una parcela de tierra que les fue prometida por la Ley de Víctimas.

 

 

Es un road movie rural que pone en imagen lo que las estadísticas del posconflicto colombiano no logran transmitir: la precariedad, la esperanza desconfiada, la violencia latente. La película ganó la Cámara de Oro en el Festival de Cannes, el premio más importante para una ópera prima o segunda película en ese festival.

Es de mencionar que Laura Mora ganó también la Concha de Oro​ en la 70.ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, con Los reyes del mundo.

Un dato interesante de su trayectoria es que estuvo a cargo de la dirección de la serie Cien años de soledad, de Netflix, basada en la novela homónima de Gabriel García Márquez.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=kaluHEA9vVM

 

Venezuela

En este país el panorama es más escaso, pero no inexistente.

 

Jonathan Jakubowicz con Secuestro Express, (2005), se convirtió en una de las películas venezolanas más taquilleras en el país. Cabe mencionar que esta película actúa la argentina Mía Maestro, actriz de gran proyección internacional, recordemos la serie “Alias” y películas como “Diarios de motocicleta”, “Poseidón” entre otros filmes donde ella ha actuado y el panameño Rubén Blades.

En este film se muestran los territorios del interior venezolano, donde la violencia y el desplazamiento han reconfigurado radicalmente el paisaje humano en los últimos veinte años.

Entre sus obras figuran Manos de piedra, una película sobre el boxeador Roberto Durán con Robert De Niro y Edgar Ramírez, que se estrenó en la selección oficial del Festival de Cannes 2016

Trailer de Secuestro express: https://www.youtube.com/watch?v=r0fqx2U7BMk

 

 

Chile y Brasil: el paisaje como archivo político

Chile

 

En Chile, el documentalista Patricio Guzmán lleva décadas convirtiendo el campo del país en un instrumento de memoria histórica. Su trilogía más reciente —Nostalgia de la luz (2010), El botón de nácar (2015) y La cordillera de los sueños (2019)— recorre el desierto de Atacama, los canales de la Patagonia y la Cordillera de los Andes respectivamente, y en cada caso descubre en esos paisajes extremos una acumulación de tiempo, de víctimas y de silencios que la historia oficial prefiere no nombrar.

Los glaciares chilenos, en la mirada de Guzmán, no son simplemente bellos: son testigos.

Guzmán es creador de más de una veintena de películas, en su mayoría documentales por los cuales ha sido premiado en múltiples festivales de cine. Es una figura emblemática de la cinematografía chilena debido a su historia ya que en 1973 fue detenido luego del golpe de Estado en Chile. Consiguió partir al exilio y salvar el registro de la trilogía documental que lo hizo mundialmente reconocido: La batalla de Chile (1975-1979), que hablaba desde el triunfo del expresidente Salvador Allende y la Unidad Popular, hasta los hechos que desencadenaron finalmente el golpe de Estado. Actualmente vive en Francia.

Nostalgia de la luz (2010), tráiler:  https://www.youtube.com/watch?v=qZbfvf1VWcQ

El botón de nácar (2015), trailer: https://www.youtube.com/watch?v=qjdKFKNFFPI

La cordillera de los sueños (2019), tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=8KIhY63IbFM

 

Brasil

El cine rural brasileño es una de las corrientes más ricas y complejas de América Latina, profundamente ligada a la tierra, la violencia social, la espiritualidad popular y la identidad nacional.

Los temas recurrentes son la sequía, el nordeste semiárido como metáfora de abandono y resistencia. Vidas Secas (Nelson Pereira dos Santos, 1963), es obra cumbre del género.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=CUpIKnhXpsI

Película completa: https://www.youtube.com/watch?v=gFIgiX7qJQA

Conflictos por la tierra aparece Cabra Marcado para Morrer (Eduardo Coutinho, 1984), un documental excepcional sobre las Ligas de mujeres campesinas.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=TZWHkjiL3Eo

Película completa: https://www.youtube.com/watch?v=DAPs2Jw6R3k

Religiosidad popular, el catolicismo, el candomblé y el misticismo impregnan gran parte de estas historias. Y por  último la Amazonia con filmes sobre pueblos indígenas, donde se retrata la extracción intensiva de recursos naturales y deforestación.

El Nordeste semiárido es la geografía rural más filmada.

 

 

 

 

Desde el Cinema Novo de los años 60, con Glauber Rocha como figura central, quien convirtió la zona rural del nordeste en un espacio mítico y político. Fue un director revolucionario del cine brasileño, por la novedosa utilización del lenguaje cinemátográfico y un polemista a tiempo completo. Sus películas eran conocidas por sus temas políticos expresados de manera fuerte, a menudo combinados con misticismo y folclore, pero también por su particular estilo y fotografía. Murió prematuramente a los 41 años debido a una pericarditis viral, dejando una inmensa obra cinematográfica.

Filmes como Deus e o Diabo na Terra do Sol (1964)

Traíler: https://www.youtube.com/watch?v=06lr4b9vA60

Película completa: https://www.youtube.com/watch?v=zQ7ghoWyzNE

 

Antonio das Mortes (1969) establecieron la figura del bandido, el beato y el campesino sin tierra como símbolos de la lucha social.

Traíler: https://www.youtube.com/watch?v=x9WRAI3jTHs

El cine brasileño en la década del 90 actualizó esa tradición con Central do Brasil (1998) de Walter Salles es quizás la película que mejor sintetiza el cruce entre el Brasil urbano y el rural, cuando una maestra de Rio de Janeiro cruza el país para acompañar a un niño en busca de su padre.

La película recibió elogios de la crítica tras participar en el Festival de Cine de Berlín en donde Montenegro obtuvo el Oso de Plata a la Mejor Actriz y la película obtuvo el Oso de Oro.

La actuación de Montenegro le valió una nominación a los Premios Oscar en la categoría de Mejor Actriz (convirtiéndose en la primera actriz brasileña en ser nominada en la categoría de actriz principal), mientras que la película recibió una nominación a Mejor Película en Lengua Extranjera. Fue galardonada y nominada como mejor película extranjera en númerosos festivales cinemátográficos.

Traíler: https://www.youtube.com/watch?v=AO8GNubmhOw

 

Bacurau
Kleber Mendonça Filho & Juliano Dornelles · Brasil, 2019

 

Bacurau es un pueblo de la zona rural nororiental que no aparece en los mapas digitales y que, de un día para el otro, empieza a ser cazado por un grupo de turistas armados llegados del extranjero. La película, codirigida por Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, protagonizada por Sonia Braga y Udo Kier.

Usa la fórmula del thriller de terror para construir una alegoría política de una ferocidad inusual sobre el Brasil contemporáneo: la violencia del Estado, el racismo estructural y la resistencia de las comunidades negras y mestizas del interior. Premio del Jurado en Cannes 2019, es uno de los filmes latinoamericanos más discutidos de la última década.

Traíler: https://www.youtube.com/watch?v=RZVpW5yC3pM

 

 

Análisis final:

Más allá del cine de autor y de los circuitos festivaleros, en los últimos veinte años ha emergido en toda Latinoamérica un fenómeno que merece una atención especial: el surgimiento de cinematografías realizadas por y para comunidades indígenas. No son películas hechas por cineastas externos que viajan al campo a retratar al otro. Son obras producidas desde adentro, con voces y cámaras propias.

Este cine no siempre llega a las salas ni a los festivales internacionales. Circula en asambleas comunitarias, en teléfonos móviles, en pantallas improvisadas bajo árboles. Pero su existencia cambia algo fundamental en la ecuación del cine latinoamericano: el campo ya no es sólo el objeto de la mirada cinematográfica. También es, cada vez más, su sujeto.

Un campo que también mira

Lo que une a estas películas tan distintas entre sí no es un género ni una estética, sino una convicción compartida: que la vida rural latinoamericana —con su densidad histórica, sus conflictos irresueltos, sus formas propias de belleza y de dolor— merece ser contada con la misma complejidad con que se narran las vidas urbanas. Que el campesino, el indígena, el trabajador de la tierra no son figuras folclóricas ni víctimas pasivas, sino personas con historia, contradicciones y deseos.

En un continente donde la urbanización avanza sin pausa, donde el campo sigue siendo escenario de disputas por la tierra y el agua, donde las comunidades rurales son con frecuencia las primeras en sufrir los efectos del cambio climático y las últimas en recibir los beneficios del desarrollo, el cine cumple una función que va más allá del entretenimiento o del arte. Es registro. Es denuncia. Es memoria colectiva. Es, en el mejor de los casos, una forma de justicia simbólica para quienes rara vez se ven en las pantallas.

 

Para Primicias Rurales: Por Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine. 

 

 

Si quiere leer sobre el Cine Rural en la Argentina del mismo autor, ingrese aquí: https://www.ruralprimicias.com.ar/2026/03/03/el-cine-rural-en-argentina/