En Mónaco, el Pontífice cuestionó las “razones falsas” para matar y llamó a rechazar el poder convertido en dominio.
Mónaco, domingo 29 marzo (PR/26) — El Papa León XIV celebró una multitudinaria misa en el Estadio Louis II de Mónaco, donde dejó un fuerte mensaje contra la violencia y cuestionó los argumentos utilizados para justificar la muerte de inocentes.
Dijo que las guerras son fruto de la idolatría.
Durante su homilía, el Pontífice denunció los “cálculos” y las “razones falsas” que, según afirmó, se utilizan en el mundo actual para eliminar vidas. “¡Cuántos cálculos se hacen para matar a inocentes!”, expresó, al tiempo que vinculó estas conductas con una lógica de poder y miedo.
En ese sentido, sostuvo que la condena a muerte de Jesús respondió a un “cálculo político”, basado en la percepción de amenaza por parte de quienes detentaban el poder. Según explicó, se trató de una decisión “precisa y meditada” nacida del temor a quien transformaba “el dolor del pueblo en alegría”.
El Papa remarcó que este contraste sigue vigente: por un lado, la acción de Dios que da vida, y por otro, la de quienes están dispuestos a “matar sin escrúpulos”. En ese cruce, señaló, aparece el mensaje central de Cristo: dar la vida por los demás.
Cuestionamiento a líderes religiosos
Asimismo, cuestionó la actitud de líderes religiosos de la época, a quienes acusó de distorsionar los principios fundamentales, incluso el mandato de “no matarás”. Para el Pontífice, estas conductas reflejan una visión reducida y deformada de la realidad.
Uno de los ejes centrales del mensaje fue la misericordia, a la que definió como la verdadera expresión del poder de Dios. “La misericordia salva al mundo”, afirmó, al destacar que implica cuidar toda vida humana, desde su inicio hasta su final, en todas sus etapas y fragilidades.
También advirtió sobre los peligros de la idolatría moderna, entendida como la adhesión a “pequeñas ideas” que reducen la mirada del ser humano. En esa línea, criticó el poder convertido en dominio, la riqueza transformada en codicia y la belleza degradada en vanidad.
En ese marco, el Pontífice fue más allá y sostuvo que “las guerras son fruto de la idolatría”, al señalar que nacen de visiones estrechas que colocan intereses, poder o bienes materiales por encima de la dignidad humana.
“El problema no es carecer de bienes, sino aferrarse a ellos hasta convertirlos en formas de esclavitud”, explicó, al tiempo que llamó a una liberación interior que permita recuperar una mirada más amplia y solidaria.
«No nos acostumbremos al estruendo de las armas»
En otro tramo de su mensaje, el Papa pidió no naturalizar la violencia y exhortó a rechazar la lógica de la guerra. “No nos acostumbremos al estruendo de las armas”, sostuvo, y subrayó que la paz no es solo equilibrio de fuerzas, sino el resultado de corazones transformados.
Ante miles de fieles —cerca de 15.000 personas—, el Pontífice también destacó el valor de la alegría auténtica, que, según dijo, “no se gana, sino que se comparte” a través de la caridad.
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La celebración contó con la presencia de autoridades religiosas y civiles, entre ellas el príncipe Alberto II de Mónaco, en un estadio colmado que combinó símbolos religiosos con el entusiasmo propio de los grandes eventos.
El Papa concluyó su mensaje con un llamado a defender la vida en todas sus formas y a construir una sociedad basada en el amor, la fe y la solidaridad, como camino para superar las tensiones y conflictos del presente.


















