En el día más sobrio del calendario litúrgico, la Iglesia no celebra la Eucaristía, sino que se recoge en el misterio de la Pasión. Es la jornada de la Adoración de la Cruz, el ayuno y la contemplación del amor supremo de Jesús al dar la vida en la Cruz por la humanidad.
El día del Gran Silencio
Buenos Aires, viernes santo 3 abril (PR/26) — El Viernes Santo es el único día del año en el que no se celebra la Santa Misa. El altar permanece desnudo, sin manteles, sin velas y sin cruz, reflejando el vacío y el luto por la muerte del Maestro.
El Viernes Santo no es un final, sino la antesala de la gloria. Es la entrega de un Dios que, por amor, elige el camino del sacrificio para abrirnos, finalmente, las puertas de la vida eterna.
Es un tiempo de silencio sagrado, donde la comunidad cristiana se une al dolor de María y los discípulos al pie de la Cruz.
La Liturgia de la Pasión

La celebración central se desarrolla en tres momentos esenciales:
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Liturgia de la Palabra: Se proclama la Pasión según San Juan, invitándonos a entrar en el escenario de la entrega de Cristo.
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Oración Universal: Una plegaria solemne por las necesidades de la Iglesia, del mundo, de los gobernantes, de los necesitados y de todos los hombres.
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Adoración de la Santa Cruz: No se adora el madero como objeto, sino al Salvador que en él fue clavado. El gesto de inclinarse o besar la Cruz es el reconocimiento del amor extremo. “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”.
Esta última frase es de la liturgia del Viernes Santo: . Es la aclamación (Ecce lignum Crucis) que pronuncia el sacerdote al mostrar la cruz a los fieles antes de la adoración, diciendo: «Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo»
El Vía Crucis: El camino de la entrega
El Vía Crucis (Camino de la Cruz) es la devoción por excelencia de este día, un ejercicio de piedad que recorre las 14 estaciones que marcaron el camino de Jesús hacia el Calvario. En la estación número 12 Jesús muere en la cruz. Así lo ven los evangelistas:
Según el Evangelio de San Lucas (23, 44-46)
Este pasaje destaca la entrega absoluta de Jesús al Padre:
«Era ya cerca de la hora sexta cuando se oscureció el sol y toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora novena. El velo del Templo se rasgó por medio. Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y dicho esto, expiró.»
Según el Evangelio de San Juan (19, 28-30)
Este pasaje subraya el cumplimiento de las Escrituras y el fin de su misión:
«Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed». Había allí un botijo lleno de vinagre. Fijaron en una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.»

Las 14 Estaciones del Vía Crucis
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I. Jesús es condenado a muerte.
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II. Jesús carga con la Cruz.
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III. Jesús cae por primera vez.

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IV. Jesús se encuentra con su Madre.
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V. El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz.
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VI. La Verónica enjuga el rostro de Jesús.
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VII. Jesús cae por segunda vez.
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VIII. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
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IX. Jesús cae por tercera vez.
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X. Jesús es despojado de sus vestiduras.
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XI. Jesús es clavado en la Cruz.
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XII. Jesús muere en la Cruz.
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XIII. Jesús es bajado de la Cruz y puesto en brazos de su Madre.
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XIV. Jesús es sepultado.
Significado del ayuno y la abstinencia
Como gesto de penitencia, el Viernes Santo es día de ayuno y abstinencia. Más allá de no comer carne, el ayuno es un «vacío» que busca llenarse con la presencia de Cristo.
Es un sacrificio corporal que nos une al sufrimiento del Señor y nos prepara espiritualmente para la alegría de la Resurrección, recordándonos que no solo de pan vive el hombre.
Las Siete Palabras

Durante la agonía en la Cruz, Jesús pronunció siete frases que resumen su testamento de amor y perdón antes de entregar su espíritu:
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“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
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“Hoy estarás conmigo en el paraíso”.
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“Mujer, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu madre”.
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“¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”.
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“Tengo sed”.
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“Todo está cumplido”.
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“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
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Fuentes: Varias



















