Lograda la estabilidad de precios, el desafío se traslada al mercado laboral: generar empleo de calidad implica transformar el crecimiento en puestos formales, productivos y con salarios reales que superen el estancamiento actual.

Buenos Aires, jueves 9 de abril (PR/26) — En diciembre de 2023, la economía estaba al borde de la hiperinflación. La urgencia era clara: bajar los precios.

Con un programa de estabilización apoyado en un ajuste fiscal sin precedentes, se logró desacelerar rápidamente la inflación. Para comienzos de 2025, el índice de precios había caído hacia un 3% mensual y la producción y los salarios se habían recuperado tras una fuerte caída inicial. Fue un logro notable, aunque todavía no definitivo.

Hoy, a comienzos de 2026, las prioridades cambiaron. La inflación sigue siendo un desafío, pero ya no es la única meta. Lo que preocupa ahora es el mercado de trabajo: los salarios reales estancados y el empleo formal en retroceso

. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 se perdieron más de 200.000 puestos de trabajo privados registrados, mientras que el trabajo informal y por cuenta propia crece. Paradójicamente, la economía produce más: el nivel de actividad es más de un 6% superior al de fines de 2023.

¿Cómo se explica esta paradoja? Parte de la respuesta está en la heterogeneidad sectorial: los sectores más intensivos en empleo, como la construcción, muestran caídas significativas tanto en actividad como en empleo formal.

Otra parte es estructural: muchos puestos solo existían en el marco de la economía anterior, marcada por alta inflación, subsidios y distorsiones. En un contexto más estable, estas estructuras se adaptan, y la reconversión laboral tiene costos, pero también beneficios claros en productividad y competitividad.

Sin embargo, no todo ajuste es eficiente. Regulaciones inadecuadas, carga impositiva distorsiva, falta de infraestructura, incertidumbre macroeconómica y restricciones de financiamiento obligan a muchas empresas a reducir empleo no por eficiencia, sino por sobrevivencia. Aquí, la pérdida de puestos de trabajo es un desperdicio de potencial productivo y humano.

El desafío de hoy es doble: permitir la reconversión necesaria para mejorar la productividad, y al mismo tiempo minimizar la destrucción de empleos causada por un entorno económico todavía adverso. Avanzar hacia un régimen monetario definitivo, consolidar reformas estructurales y una reforma tributaria que elimine los tributos más distorsivos son pasos indispensables.

Superada la urgencia inflacionaria, la prioridad es clara: generar empleo de calidad, sin renunciar a la estabilidad alcanzada. La recuperación económica no será completa mientras los argentinos vean crecer la economía sin que eso se traduzca en más y mejores empleos.

Fuente: Osvaldo Giordano.
Editorial de la Revista Novedades Económicas

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