En un histórico encuentro en el Vaticano, el Pontífice recibió a los obispos de la Iglesia caldea de Bagdad. Durante la audiencia, condenó la «blasfemia de la guerra» y llamó a los pastores a ser artífices de la paz y signos de esperanza en Oriente Medio.

Ciudad del Vaticano, sábado 11 de abril (PR/26) «Dios no bendice ningún conflicto» y quien es «discípulo de Cristo» nunca está del lado de «quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza bombas». Fueron palabras duras, las del Papa León XIV, tan duras como el panorama actual de un «mundo marcado por violencias absurdas e inhumanas», impulsadas por la «codicia» y el «odio».

El Pontífice recibió  ayer 10 de abril, en el Vaticano, a los miembros del Sínodo de la Iglesia de Bagdad de los caldeos. Una Iglesia que hunde sus raíces en la primitiva y que es, por tanto, guardiana «de una fe transmitida a lo largo de los siglos con valentía y fidelidad».

El motivo fue la convocatoria de la asamblea en Roma (del 9 al 15 de abril) para la elección del nuevo patriarca, tras la renuncia del cardenal Louis Raphaël Sako, el pasado 10 de marzo, por haber alcanzado la edad límite. Una fase «delicada y compleja, a veces incluso controvertida», señaló León XIV.

Sangre inocente derramada

En el rostro de estos pastores, el Papa vio reflejado el Oriente Medio con sus heridas, sus complejidades y dificultades. Y por eso confió a los «hermanos obispos» un mandato preciso: ser «signos de esperanza» en medio de las brutalidades que «se extienden con ferocidad precisamente en las tierras que vieron surgir la salvación, en los lugares sagrados del Oriente cristiano, profanados por la blasfemia de la guerra y la brutalidad de los negocios, sin consideración por la vida de las personas, considerada como mucho un efecto colateral de sus propios intereses».

“Pero ningún interés puede valer más que la vida de los más débiles, de los niños, de las familias; ninguna causa puede justificar la sangre inocente derramada”

Pleno respeto a los cristianos

Con el mismo vigor, el Papa León pidió el pleno respeto a los cristianos en las tierras de Oriente Medio para que «se sientan animados, a pesar de todas las pruebas, a permanecer firmes en la fe recibida de los Padres y a quedarse en sus territorios». «Estodijoes importante para toda la Iglesia, porque las regiones en las que surgió la luz de la fe —orientale lumen— no pueden prescindir de los creyentes en Jesús».

“¡Que los cristianos de todo Oriente Medio sean respetados, no solo de palabra, sino que disfruten de verdadera libertad religiosa y de plena ciudadanía, sin ser tratados como huéspedes o como ciudadanos de segunda clase!”

Infatigables artífices de la paz

«Estoy con vosotros», afirmó de nuevo León XIV: «Que las pruebas que atravesáis os impulsen a ofrecer una respuesta iluminada por la fe y marcada por la comunión». Así, añadió, «seréis un gran ejemplo y un gran estímulo» también para el «querido y admirable pueblo» de Oriente Medio que «llevó en el corazón y por el que rezó».

«Ayudadnos a proclamar claramente que Dios no bendice ningún conflicto; a gritar al mundo que quien es discípulo de Cristo, príncipe de la paz, nunca está del lado de quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza bombas; a recordar que no serán las acciones militares las que creen espacios de libertad o tiempos de paz, sino solo la paciente promoción de la convivencia y del diálogo entre los pueblos».

Fue, pues, una gran misión la que correspondió a los obispos: «Anunciar a Cristo resucitado incluso en contextos de muerte, ser presencia viva de fe y caridad». No hay que desanimarse: «El Señor caminó con vosotros», animó León, quien aseguró el acompañamiento del Dicasterio para las Iglesias Orientales.

Transparencia, atención, responsabilidad, prudencia

El Pontífice dirigió también palabras de gratitud al cardenal Sako por las «significativas aportaciones». «Sintióañadióque este es el momento de la renovación espiritual». La referencia fue a la «riqueza» del patrimonio litúrgico y espiritual, de «suma importancia».

Junto a esto, el Papa León dirigió una exhortación «fraterna y paterna» a los miembros del Sínodo caldeo. En primer lugar, la de ser «atentos y transparentes en la administración de los bienes, sobrios, mesurados», así como «responsables en el uso de los medios de comunicación, prudentes en las declaraciones públicas».

El nuevo patriarca

Por último, el Papa trazó el perfil del futuro nuevo patriarca que será elegido en los próximos días. En primer lugar, dijo, debe ser «un padre en la fe y un signo de comunión con todos y entre todos». «Que Su Beatitud sea un hombre de las Bienaventuranzas: no llamado a gestos extraordinarios ni a suscitar revuelo, sino a una santidad cotidiana, hecha de honestidad, misericordia y pureza de corazón», afirmó León XIV.

“Que sea un Pastor capaz de escuchar y acompañar, porque la autoridad en la Iglesia es siempre servicio y nunca hegemonía”

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Fuente: Vatican News