En el marco del Domingo de la Divina Misericordia, la Iglesia Católica invita a los fieles a obtener la indulgencia plenaria, una gracia que otorga el perdón total de las penas por los pecados. Para acceder a este beneficio, tanto para uno mismo como para los difuntos, se requiere cumplir con la confesión, la comunión y la oración por el Papa.
Buenos Aires, sábado 11 abril (PR/26) — En el segundo Domingo de Pascua, en el que la Iglesia Católica celebra también el Domingo de la Divina Misericordia, o sea mañana 12 de abril, el fiel puede obtener una indulgencia plenaria para sí mismo o para alguien que falleció.
De manera amplia se puede decir que la indulgencia plenaria es una gracia que «devuelve» el alma al estado en el que estuvo al recibir el Bautismo. Si una persona fallece después de recibirla, va directamente al Cielo.
En sus apariciones a Santa Faustina Kowalska, Cristo, bajo la devoción del Señor de la Divina Misericordia, aseguró varias gracias a los que se acojan a su misericordia.
«Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores… El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas… Que ninguna alma tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlata», dijo el Señor en una de sus apariciones a la santa polaca.
La indulgencia plenaria se concede al fiel que participe en actos de piedad realizados en honor de la Divina Misericordia, con las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa.
La indulgencia plenaria en la Iglesia Católica es la remisión completa (ante Dios) de la pena temporal debida por los pecados ya perdonados en la confesión. Limpia el alma por completo, como tras el bautismo, eliminando la necesidad de purificación en el purgatorio. Se puede ganar para uno mismo o por difuntos.
Es un regalo de la Divina Misericordia.
Corremos ya imparables hacia el costado de Cristo, que fluye como una fuente de tesoros inagotables: “ Dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias ”, dijo Jesús.
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Fuentes: Varias


















