Cambio Climático: América Latina será una de las regiones más afectadas

Cambio Climático: América Latina será una de las regiones más afectadas

World Bank/Stephan Bachenheimer
La región montañosa de Chacaltaya en Bolivia fue en tiempos una estación de esquí, pero los glacieres se fundieron hace décadas.

 

Buenos Aires, 20 de agosto (PR/21) .– Un informe confirma que el cambio climático se ensañará con América Latina, donde se batirán récord de huracanes, se sufrirán sequías severas, seguirá aumentando el nivel del mar y habrá más incendios . Todo podría empeorar si no se logra detener urgentemente la emisión de gases de efecto invernadero.

El futuro ya está aquí: las peores sequías en 50 años en el sur de la Amazonia y el récord de huracanes e inundaciones en Centroamérica durante 2020 son la nueva normalidad que espera a América Latina, según dio a conocer este martes el nuevo Reporte del Estado del Clima en América Latina y El Caribe 2020 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

La investigación señala que América Latina y el Caribe es una de las regiones del mundo más afectadas por el Cambio Climático y los fenómenos meteorológicos externos que están causando graves daños a la salud, a la vida, a la comida, al agua, a la energía y al desarrollo socioeconómico de la región.

El reporte señala que los eventos relacionados con el clima y sus impactos cobraron más de 312.000 vidas en América Latina y el Caribe y afectaron a más de 277 millones de personas entre 1998 y 2020.

¿Cómo será el futuro en la región?

América Latina se proyecta como una de las regiones del mundo donde los efectos e impactos del cambio climático, como las olas de calor, la disminución del rendimiento de los cultivos, los incendios forestales, el agotamiento de los arrecifes de coral y los eventos extremos del nivel del mar, serán más intensos.

El informe es contundente al asegurar que poner límites el calentamiento global por debajo de 2,0 grados centígrados, según lo dictaminado en el Acuerdo de París, es vital para reducir los riesgos en una región que ya enfrenta asimetrías económicas y sociales para su desarrollo de manera sostenible.

“La región de América Latina y el Caribe enfrenta y seguirá enfrentando graves crisis socioeconómicas debido a los eventos hidrometeorológicos extremos. En los últimos tiempos esto se ha visto agravado por los impactos de la pandemia de COVID-19. La recuperación posterior al COVID 19 será un gran desafío. Para asegurar es recuperación es fundamental seguir impulsando el Objetivo de Desarrollo Sostenible 13 que señala la adopción de medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus impactos”, recalcó Petteri Taalas, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial.

¿Qué cambios extremos del clima e impactos se están dando en América Latina?

El informe es claro al señalar que hay fuertes efectos relacionados al aumento de temperaturas, cambios en los patrones de precipitación y tormentas, así como un marcado retroceso de los glaciares.

La agencia de la ONU lanzó además un mapa virtual que recoge las principales conclusiones, impactos y requerimientos para la adaptación y la resiliencia, entre ellos:

Temperaturas

El reporte destaca que 2020 fue uno de los tres años más cálidos de América Central y el Caribe, y el segundo año más cálido de América del Sur, con 1,0 grados centígrados, 0,8 y 0,6 por encima del período 1981-2010, respectivamente.

Lluvias

La sequía generalizada tuvo un impacto significativo en las rutas de navegación, el rendimiento de los cultivos y la producción de alimentos, lo que provocó un empeoramiento de la seguridad alimentaria en muchas áreas.

En América del Sur los impactos fueron extremos. La intensa sequía en el sur de la Amazonia y la región del Pantanal fue la peor de los últimos 50 años.

Los déficits de precipitación son particularmente graves para la región del Caribe, ya que varios de sus territorios se encuentran en la lista mundial de países con mayor estrés hídrico.

Un monzón débil en América del Norte y temperaturas de la superficie del mar más frías de lo normal a lo largo del Pacífico oriental, asociadas con La Niña, provocaron la sequía en México.

Hacia fines de año, las intensas lluvias provocaron deslizamientos de tierra e inundaciones repentinas en las zonas rurales y urbanas de América Central y del Sur.

Incendios en el Amazonas

El 2020 superó a 2019 y se convirtió en el año de incendios más activo en el sur de la Amazonia. La sequía fue un factor determinante. La cuenca del río Amazonas, que se extiende a lo largo de nueve países de América del Sur y almacena el 10% del carbono global, ha experimentado una mayor deforestación en los últimos cuatro años debido a la tala para crear pastizales para el ganado y la degradación producida por los incendios.

Si bien todavía es un sumidero neto de carbono, el Amazonas se tambalea y podría convertirse en una fuente de emisión de carbono si la pérdida de bosques continúa al ritmo actual.

La región de América Latina y el Caribe contiene aproximadamente el 57% de los bosques primarios del mundo, almacenando aproximadamente 104 gigatoneladas de carbono y albergando entre el 40% y el 50% de la biodiversidad mundial y un tercio de todas las especies de plantas.

Ciclones tropicales

Mientras la sequía afectaba a gran parte de México y América del Sur, 2020 trajo un inédito récord de 30 tormentas con nombre en la cuenca del Atlántico.

Usualmente en noviembre la temporada de huracanes está por terminar. Pero este 2020 presenció a los huracanes de categoría 4 Eta e Iota tocar tierra en la misma región con apenas una semana de diferencia.

Siguieron caminos casi idénticos a través de Nicaragua y Honduras, afectando las mismas áreas y exacerbando así los impactos. Estos huracanes sin precedentes afectaron a más de ocho millones de personas en Centroamérica.

Guatemala, Honduras y Nicaragua fueron los países más afectados con más de  964.000 hectáreas de cultivos dañadas.

Sólo en Honduras los daños al Producto Interno Bruto de estos dos huracanes fueron calculados en más de 2000 millones de dólares.

Una nube de polvo del Sahara oscurece los cielos del Caribe en 2020.

OMM
Una nube de polvo del Sahara oscurece los cielos del Caribe en 2020.

Aumento del nivel del mar

El nivel del mar en la región crece por encima del promedio mundial. Con un promedio de 3,6 mm anuales, entre 1993-2020, el nivel del mar en el Caribe ha aumentado a un ritmo superior al promedio mundial, que fue de 3,3mm al año.

En América Latina y el Caribe, más del 27% de la población vive en áreas costeras, y se estima que entre el 6 y el 8% vive en áreas que tienen un riesgo alto o muy alto de verse afectadas por amenazas costeras.

Temperatura del océano

La temperatura de la superficie del mar en el Océano Atlántico Norte fue significativamente más cálida de lo normal durante todo el año.

En el Caribe, 2020 fue el año con las mayores alteraciones de la temperatura oceánica jamás registradas. A partir de mayo de 2020 las temperaturas de la superficie del mar comenzaron a enfriarse gradualmente en el Pacífico ecuatorial y se desarrolló La Niña. Esto, junto al aumento de temperatura en el Atlántico contribuyó a una temporada de huracanes más activa de lo normal.

Glaciares

En los Andes de Chile y Argentina, los glaciares han ido retrocediendo durante las últimas décadas.
La pérdida de masa de hielo se ha acelerado desde 2010, junto a un aumento de las temperaturas estacionales y anuales y una reducción significativa de las precipitaciones en la región.

Alimentación y acceso a la comida

Los fenómenos meteorológicos extremos afectaron a más de ocho millones de personas en América Central, agravando la carestía de alimentos en países que ya estaban paralizados por crisis económicas, restricciones de COVID-19 y conflictos.

En Guatemala por ejemplo, las condiciones climáticas han contribuido a la pérdida cercana al 80% de la cosecha de maíz.

En México, el municipio de Cerritos sufrió una baja del 50% en las cosechas debido a la sequía. Entre los cultivos más afectados estuvieron el sorgo, el girasol y el maíz.

¿Es posible la adaptación y la resiliencia en esta región?

El informe plantea que el cambio climático debe entenderse en conjunto con el nivel de intervención humana en el entorno, como la urbanización descontrolada, destrucción de ecosistemas, así como su relación con otros factores de riesgo asociados como la pobreza, la desigualdad y la corrupción, entre otros.

“La muerte y devastación que resultaron de los huracanes Eta e Iota en Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, y la intensa sequía y la inusual temporada de incendios en la región del Pantanal de Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina, resaltan una vez más la necesidad de cooperación regional e internacional porque los peligros asociados a los fenómenos hidrometeorológicos y el clima no respetan fronteras”, dijo el secretario general de la OMM.

La agencia de la ONU señala en su informe que la región requiere:

  • reforzar el monitoreo de las amenazas climáticas
  • fortalecer sus sistemas de alerta temprana
  • planes de acción temprana para reducir el riesgo de desastres y sus impactos

Sin embargo, la evidencia muestra que los sistemas de alerta temprana están subdesarrollados en la región, particularmente en América Central y del Sur

La organización también mencionó que los sistemas de monitoreo de riesgos específicos, como el Índice de Estrés Agrícola (ASIS) de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, es un ejemplo de una herramienta útil que permite a los gobiernos emitir alertas tempranas para sectores específicos como la agricultura.

El informe sugiere además promover la protección de los manglares como un recursso excepcional para la adaptación y la mitigación al cambio climático, ya que este ecosistema presenta la capacidad de almacenar de tres a cuatro veces más carbono que la mayoría de los bosques del planeta, y brinda otros servicios como estabilización de costas, conservación de la biodiversidad, entre otros.

Sin embargo y a pesar de estos beneficios, las zonas de manglar se redujeron en cerca de un 20% en las primeras dos décadas del siglo XXI.

Un buzo monitorea el estado de los arrecifes en el caribe mexicano.

Mario Chow/Healthy Reefs
Un buzo monitorea el estado de los arrecifes en el caribe mexicano.

Financiación para la adaptación

En la presentación del informe, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señaló que el informe constata la gravedad de la crisis climática en la región y muestra la urgencia de enfrentarla, instando a la comunidad internacional a priorizar el financiamiento de medidas de adaptación.

El sistema de gobernanza global no ha sido eficaz para movilizar los recursos hacia los países en desarrollo. Hay escasez de financiamiento para la acción climática, especialmente para la adaptación. Esto agrava la vulnerabilidad de los países, reduciendo la capacidad de financiar sus propias acciones”, afirmó Alicia Bárcena.

Y añadió que “este es un reporte oportuno, necesario y pertinente y debe servir de base para la política pública, para la planificación económica, sectorial y social”.

La creación del informe

El informe fue elaborado mediante un proceso interactivo que involucró la participación de un grupo multidisciplinario de 40 expertos, coordinado por la Organización Meteorológica Mundial.

Los hallazgos del informe se basan en una evaluación del sistema climático a partir de datos de 1700 estaciones meteorológicas en México, América Central y el Caribe y de datos cuadriculados para América del Sur.

El informe se divulgó el 17 de agosto junto a la Conferencia de Alto Nivel “Trabajando Juntos por la resiliencia hidrometeorológica y climática en América Latina y el Caribe”,

Bajo la coordinación de la OMM, la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR).

Este reportaje ha sido producido por Danilo Mora Díaz, oficial de Comunicaciones de la ONU en Costa Rica

Primicias Rurales

Fuente: UN

La sequía no se administra, se prevé

La sequía no se administra, se prevé

Mendoza, 10 agosto (PR/21) — Mendoza entera atraviesa una situación de mega sequía, no nueva pero cada vez más extrema. Según datos del Departamento General de Irrigación y organismos técnicos, el área cordillerana de Cuyo demuestra sus niveles níveos más bajos desde el año 2000, dentro de los cuales los últimos cuatro años han estado también por debajo de esos valores.

Es hora de tomar conciencia de la extrema situación de crisis hídrica que vivimos considerada como una MEGA SEQUÍA. De acuerdo a la información existente hasta hoy la condición hídrica para la próxima temporada es de las peores conocidas, con precipitaciones níveas muy por debajo de la media histórica. De no producirse nevadas en lo que resta del ciclo, la cantidad de agua para riego, se verá notablemente disminuida.

Esto traerá acarreado una caída estrepitosa en la producción, las explotaciones rurales en estado crítico agravarán su situación hacia el abandono. El uso de los pozos estará condicionado por el impacto económico por aumento provincial en el VAD (Valor Agregado de Distribución) que se estima incrementará en un 51% la facturación eléctrica correspondiente a la temporada de uso intensivo de pozo y que impactará aumentando sus costos considerablemente. Habrá disminución del empleo y aumento del éxodo rural, con sus consecuencias.

Ante este escenario, ya anticipado hace años por los especialistas, no hay acciones acordes al crítico panorama planteado, ni de mitigación, ni obras, ni políticas concretas para afrontar la situación.

Distintos países con estructuras muy similares, alertados del rol vital que cumple el agua para la vida diaria y lo valioso y escaso de este recurso, han generado políticas concretas para el consumo humano, agrícola e industrial de forma responsable, abrazadas y respetadas por la población.

Es posible generar acciones de austeridad y manejo sustentable del agua. Los organismos públicos, privados y de la sociedad en pleno deben de llevar adelante este cambio estructural necesario para afrontar las dificultades por venir. Debemos priorizar las obras que permitan eficientizar y mejorar la distribución del recurso por encima de cualquier otro uso complementario. Obras históricamente pedidas y necesarias como el caso del Trasvase en la cuenca alta del Río Grande al Atuel, Los Blancos, Uspallata, etc, hoy más que nunca exigen su concreción.

¿ENTENDEMOS QUE NOS ESTAMOS QUEDANDO SIN AGUA Y NO HAY MEDIDAS SUFICIENTES PARA MITIGAR ESTE IMPACTO?

Para lo cual es necesario que se implementen acciones urgentes para afrontar la MEGA SEQUÍA que estamos viviendo. Es por ello que solicitamos al Departamento General de Irrigación y Gobierno provincial que, con asistencia del gobierno nacional, se instrumente de forma inmediata un PLAN DE EMERGENCIA que contemple obras y acciones de mitigación para hacer frente a la temporada 2021-2022.

Simplemente no podemos seguir actuando de forma fragmentada, impulsados por las crisis en lugar de la prevención. El costo de la prevención es mínimo en comparación con el costo del socorro en casos de desastre, por lo tanto, debemos pasar de la gestión de la crisis a la prevención de las sequías. La seguridad del agua, tanto el suministro sostenible en cantidad y calidad limpia, es un aspecto fundamental para garantizar la vida y el desarrollo.

 

 

Entidades Firmantes:

 

  • Asociación de Cooperativas Vitivinícolas
  • Asociación de Viñateros de Mendoza
  • Cámara de Comercio, Industria, Ganadería y Agricultura de General Alvear
  • Cámara de Cerezas de Mendoza
  • Unión Frutihortícola Argentina
  • Asociación de duraznos de industria
  • Asociación de productores, empacadores y exportadores de ajos, cebollas y afines de la Provincia de Mendoza
  • Asociación Tomate 2000
  • Unión Vitivinícola Argentina
  • Confederación Intercooperativa Agropecuaria
  • Cámara empresaria de Rivadavia
  • Federación de Cámaras Vitícolas
  • Sociedad Rural de San Rafael
  • Federación agraria argentina
  • Clúster de Ciruela Industrial de Mendoza
  • Asociación de frutos secos de Mendoza
  • Cámara de la Fruta Industrializada de Mendoza
  • Asociación de productores y exportadores de frutas frescas
  • Cámara de agricultura, industria, comercio y turismo del Valle de Tupungato
  • Sociedad Rural del Valle de Uco
  • Cámara de comercio, industria y agropecuaria de San Rafael
  • Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán
El IPCC lanzó el 6º Informe “Cambio climático 2021: Bases de ciencia física” y reafirma las alarmas de esta problemática global

El IPCC lanzó el 6º Informe “Cambio climático 2021: Bases de ciencia física” y reafirma las alarmas de esta problemática global

Buenos Aires, 10 de agosto (PR/21) .– Si alguien tenía dudas sobre el cambio climático, con el nuevo Informe de Naciones Unidas ya no las tendrá: superaremos los 1.5ºC de temperatura media
global si no reducimos las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y en las próximas décadas sufriremos más eventos climáticos extremos.
Ayer por la mañana, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el
Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de Naciones Unidas presentó
el Informe “Cambio Climático 2021: Bases Físicas”, primera entrega del Sexto
Informe de Evaluación, realizado por el Grupo de Trabajo I de dicho panel de
expertos.
El IPCC, grupo impulsado por Naciones Unidas en 1988 para facilitar
evaluaciones integrales del estado de los conocimientos científicos, técnicos y
socioeconómicos sobre el cambio climático, sus causas, posibles repercusiones
y estrategias de respuesta, está compuesto por científicos de todo el mundo,
incluyendo la Argentina a través de autoras de redacción como Carolina Vera
(Titular UGA, MINCyT / Vicepresidenta del Grupo de Trabajo I del IPCC) y Anna
A. Sörensson (CIMA – Universidad de Buenos Aires / CONICET); y de autores
colaboradores como Alejandro Di Luca (Universidad de Québec) y Lucas Ruiz
(IANIGLA / CONICET).
En pocas palabras, el cambio climático de base antropógeno es, según la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático –
CMNUCC- el “cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad
humana que altera la composición de la atmósfera global y que se suma a la
variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo
comparables”.
Es así que en el Informe “Cambio Climático 2021: Bases Físicas”
presentado hoy, que comprende un Resumen para Formuladores de Políticas
(Summary for Policymakers) y el Informe Completo, se llegan a conclusiones
como:
1. Los cambios en el clima se extienden e intensifican rápidamente.
Son niveles sin precedentes en miles de años.
2. Las actividades humanas están indiscutiblemente provocando el
cambio climático y efectos como olas de calor, lluvias torrenciales
y sequías están siendo más frecuentes y severas.
3. Para algunos cambios en el sistema, no hay camino de retorno. Sin
embargo, hay cambios que pueden ralentizarse y otros pueden
detenerse si limitamos el calentamiento.
4. El cambio climático está afectando a todas las regiones del mundo
de forma diversa. A medida que aumenta el calentamiento, sus
efectos seguirán aumentando.

5. Si no reducimos las emisiones inmediatamente y a gran escala, el
objetivo de limitar el calentamiento a 1.5º C será inalcanzable.
En este sentido, Diego Pontorno, Licenciado en Administración y
Coordinador del Programa de Gestión y Cambio Climático del Centro de
Desarrollo Sustentable GEO de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA)
afirma que “ya no quedan dudas del rol de la humanidad respecto al cambio
climático e información como la hoy presentada muestra que es hora de que
todos los actores, tanto internacionales, como nacionales, regionales y locales
asuman responsabilidades donde se tenga en cuenta que el cambio climático es
una barrera para lograr un desarrollo sostenible en regiones como América
Latina, donde los impactos serán extremadamente negativos dadas las
problemáticas sociales, económicas y ambientales preexistentes”.
Ante este panorama no podemos dejar de recordar que somos las
generaciones que estamos a tiempo de poder hacer algo para reducir los
embates del cambio climático en nuestra región. La acción es hoy.

Fuente: Centro de Desarrollo Sustentable GEO- Facultad de Ciencias Económicas de la
Universidad de Buenos Aires.

Primicias Rurales

Las sequías y el sector agropecuario argentino – Parte 2

Las sequías y el sector agropecuario argentino – Parte 2

Por José L. Aiello – Gustavo V. Necco Carlomagno – 30 de Julio de 2021
Los reconocidos especialistas continúan exponiendo sobre los principales temas de debate con relación a la atmósfera y su impacto en la actividad agropecuaria argentina: sequías, su previsibilidad e impacto, y el efecto esperado del cambio climático.

 

Introducción

En el Informativo Semanal N° 2.011, los reconocidos especialistas Dr. José Luis Aiello, asesor científico de GEA – Guía Estratégica para el Agro, y el Dr Gustavo Victor Necco Carlomagno, abordaron la cuestión del Cambio Climático y tiempos extremos, explicando que el impacto del primero se traduce, entre otros, en un aumento de los “tiempos extremos”, que cuando se dan en forma de pulsos de calor o secos generan déficits hídrícos que impactan en los rendimientos de los cultivos o en la producción ganadera. De ahí que el tratamiento de la previsibilidad es una parte central de su abordaje.

Desde GEA – Guía Estratégica para el AGRO se monitorea el núcleo de producción granaría con una red de estaciones meteorológicas automáticas, señalando cuando sea el caso los fenómenos de pulsos de calor, heladas, lluvias intensas y pulsos secos, con muy buenos resultados para entender el comportamiento del sistema de producción instalado.

Ahora bien, para comprender en profundidad a qué nos referimos cuando hablamos de Sequía, vale la pena recorrer algunos conceptos básicos de este crucial fenómeno meteorológico y las herramientas de las que se dispone para evaluarlas.

Sequías: Conceptos Básicos y Generalidades

Las sequías han sido objeto de gran preocupación en las principales praderas del mundo, por su influencia en la producción de alimentos y también en la degradación de los suelos por erosión eólica. Fueron la causa más importante de personas afectadas por desastres naturales en todo el mundo a lo largo del siglo XX y, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR 2015), 50 millones y medio de personas en el mundo se vieron afectadas por la sequía sólo en 2015. En épocas recientes han afectado seriamente extensas áreas de EE.UU. y Brasil, por ejemplo.

Las sequías se han vinculado directamente a la pobreza; según FAO fueron la causa de un tercio de las pérdidas globales de producción agrícola entre 2005-2015 por un monto de 96.000 millones de dólares; han sido asociadas con importantes efectos negativos a la salud humana; al incremento de la inequidad de género; al detrimento de la seguridad hídrica; a reducciones del potencial energético hidroeléctrico global producto de un clima cambiante; y han sido también relacionadas con el surgimiento de conflictos bélicos y rupturas de los estados de paz o un factor concurrente, al menos, a la existencia de determinados conflictos o inestabilidad política (Ref. 1).

En un sentido general la sequía se define, según la RAE, como “Tiempo seco de larga duración. Durante el período de sequía, el agua disponible de una región geográfica se ubica por debajo de los parámetros habituales por lo que no resulta suficiente para satisfacer las necesidades de los seres humanos, plantas y animales”.  En el ámbito meteorológico es usual definirla como déficit de lluvias durante un período de tiempo prolongado –una temporada, un año o varios años– en relación con la media estadística multi-anual de la región en cuestión, que causa un serio desequilibrio hidrológico. La falta de lluvia da lugar a un suministro insuficiente de agua para las plantas, los animales y los seres humanos. Notemos que hay más de 150  definiciones de sequía en la literatura científica (Ref. 2).

Es común distinguir entre diferentes tipos de sequía: meteorológica, hidrológica, agrícola/agronómica o hidroedáfica, socio-económica que definen el inicio, la severidad y el fin de una sequía, y se refieren al sector, sistema o grupo social impactado por el fenómeno.

Sequía meteorológica: Cuando se produce una escasez continuada de las precipitaciones. Es la sequía que da origen a los restantes tipos de sequía y normalmente suele afectar a zonas de gran extensión. El origen de la escasez de precipitaciones está relacionado con el comportamiento global del sistema atmósfera-océano, donde influyen tanto factores naturales como factores antrópicos. Las condiciones atmosféricas que producen déficit de precipitación son muy variables de una región a otra por lo que esta sequía está vinculada a una región específica. Si bien el indicador primario de disponibilidad de agua es la precipitación, en muchos casos este tipo de sequía también puede implicar temperaturas más altas, vientos de fuerte intensidad, humedad relativa baja, incremento de la evapotranspiración, menor cobertura de nubes y mayor insolación.

Sequía hidrológica: Se asocia con los efectos que provocan los períodos de poca precipitación sobre los niveles de los ríos, los embalses y los acuíferos (embalses de agua subterráneos). Esta sequía no sólo se puede deber a falta de lluvias sino también de cómo se use el agua, es decir a una inadecuada actividad humana.

Sequía agrícola/agronómica o hidroedáfica: Suele definirse como déficit de humedad en la zona radicular para satisfacer las necesidades de un cultivo dado, en un lugar y en una época determinada. La sequía agronómica puede ser distinta según el cultivo que se considere (trigo, girasol, maíz, soja, otros). También puede distinguirse entre agricultura de secano y de regadío. Para la agricultura de secano es el déficit de humedad de la tierra subsiguiente a una sequía meteorológica y que produce efectos negativos en la producción de la cosecha y/o en el crecimiento de vegetación natural. Para la agricultura de regadío es la escasez de agua para abastecer a los sistemas de irrigación debido a la sequía en las aguas superficiales o subterráneas que abastecen al uso agrícola.

Sequía socioeconómica: Escasez de agua que afecta a las personas y a la actividad económica como consecuencia de la sequía. Para hablar de sequía socioeconómica no es necesario que se produzca una restricción del suministro de agua, sino que basta con que algún sector económico se vea afectado por la escasez hídrica con consecuencias económicas desfavorables. La creciente presión de la actividad humana sobre el recurso agua hace que cada vez sea mayor la incidencia de la sequía socioeconómica, con pérdidas económicas crecientes. Puede mitigarse con una buena gestión.

En tiempos recientes también se han propuesto las llamadas “sequías repentinas” (“flash droughts”) que corresponden a una sequía con inicio o intensificación muy rápida, y que se originan por tasas de precipitación más bajas de lo normal, acompañadas de temperaturas, vientos y radiación anormalmente altas. Esta definición se puede aplicar a todos los tipos anteriores.

También se ha definido una “sequía ecológica” como un episodio de déficit de disponibilidad de agua que lleva a los ecosistemas a superar sus umbrales de vulnerabilidad, impactando en los servicios del ecosistema y desencadenando retroalimentaciones con los sistemas naturales y humanos.

Todas las sequías son consecuencia esencialmente de un déficit de precipitación (sequía meteorológica) que a su vez puede provocar otros tipos de sequía, como los definidos anteriormente.

Los siguientes gráficos (Fuente: Centro de Mitigación de Sequías, Universidad de Nebraska-Lincoln, EEUU) ilustran las secuencia de sucesos de sequía y sus efectos para los tipos de sequía usualmente aceptados y las interrelaciones entre las sequías meteorológica, agrícola, hidrológica y socio-económica.

También suele distinguirse entre sequía, aridez y/o escasez (Ref. 2):

La sequía, entendida como anomalía temporal de precipitación o caudal natural, puede producir, o no, una situación de insuficiencia en los suministros de agua, en función del nivel de demanda de agua existente en el área y de las características, en general, de los sistemas de explotación del recurso.

La escasez representa una situación permanente de déficit en relación con la demandas de agua en un sistema de recursos de ámbito regional, caracterizado, bien por un clima árido o bien por un rápido crecimiento de las demandas de consumo.

La aridez es una situación estructural natural de una región y por tanto también permanente, que debe diferenciarse de la sequía, que es una anomalía natural transitoria, aún prolongada.

Herramientas para la medición de las sequías: Indicadores e índices

Es importante distinguir los indicadores (indicators) de los índices (índices) de sequía, ya que suelen confundirse.

Según la OMM (Ref. 3) los indicadores son variables o parámetros utilizados para describir las condiciones de las sequías. Cabe citar, por ejemplo, la precipitación, la temperatura, los caudales fluviales, los niveles de las aguas subterráneas y de los embalses, la humedad del suelo y el manto de nieve. En tanto que los índices suelen ser representaciones numéricas informatizadas de la gravedad de las sequías, determinadas mediante datos climáticos o hidrometeorológicos, entre los que se incluyen los indicadores enumerados. Tienen por objeto analizar el estado cualitativo de las sequías en el entorno en un periodo de tiempo determinado.

Desde el punto de vista técnico, los índices también son indicadores. Vigilar el clima en diversas escalas temporales permite reconocer los periodos húmedos de corta duración dentro de las sequías de larga duración o los periodos secos de corta duración.

La Ref. 3 presenta  y detalla una variedad de indicadores e índices destacando la importancia que los indicadores o índices de sequía reflejen y representen de manera precisa los efectos que se producen durante las sequías. Estos efectos de las sequías pueden variar a medida que se desarrollan en función de la región y la estación.

En esta nota solo discutiremos los más usados. El lector interesado puede consultar la referencia citada para ampliar la información.

Como indicadores típicos podemos citar:

•    Difíciles: Mediante el periodo integro de registro de los datos de precipitación de un lugar, se clasifica la frecuencia y la distribución de la precipitación. El primer decil está compuesto por la cantidad de lluvia en que no se supera el 10% más bajo de los valores, y el quinto decil constituye la mediana. En esta metodología se pueden tener en cuenta valores diarios, semanales, mensuales, estacionales y anuales, dada su flexibilidad al comparar los datos actuales con el registro histórico de cualquier periodo determinado.
Puesto que analiza una sola variable, es una metodología sencilla y flexible para muchas situaciones. Mediante umbrales claramente definidos, los datos actuales se sitúan en un contexto histórico y se puede reconocer la situación de la sequía. Útil en situaciones de humedad y sequía. Dado que brinda la posibilidad de examinar distintas escalas temporales e intervalos de tiempo, los deciles se pueden utilizar en situaciones de sequía meteorológica, agrícola e hidrológica. Como punto débil, común con otros indicadores que solo utilizan la precipitación, no se tienen en cuenta los efectos de la temperatura ni de otras variables durante el desarrollo de la sequía.

•    PPN: El porcentaje de precipitación normal (PPN) se refiere a la relación que existe entre la precipitación acumulada en un año y la precipitación media anual, para una región y en un periodo dado, expresado de manera porcentual. La precipitación media anual se le conoce como precipitación normal y se obtiene a partir del valor promedio de las precipitaciones anuales ocurridas en un periodo no menor de 30 años.

Entre los índices más usados se encuentran:

1.    PDSI: Un indice pionero es el Índice de la severidad de la sequía de Palmer (PDSI) que fuera desarrollado en 1965 por Palmer y se basa en el concepto de suministro de agua. Es un algoritmo que permite medir la pérdida de humedad del suelo. Es adecuado para su aplicación a zonas con topografía uniforme.
El objetivo del Índice de Severidad de Sequía de Palmer es proporcionar medidas estandarizadas de condiciones de humedad, de tal forma que permita hacer comparaciones entre condiciones locales y entre duraciones. Palmer desarrolló criterios para determinar cuándo una sequía o un período húmedo se inicia y termina.

2.    SPI: El índice de precipitación estandarizada (SPI – Standardized Precipitation Index) o indice normalizado de precipitación (INP) fue desarrollado por McKee y otros investigadores en 1993. Este índice normalizado permite estudiar diferentes escalas de tiempo y se recomienda para registros de largo plazo. El SPI representa el número de desviaciones estándar que cada registro de precipitación se desvía del promedio histórico. Bajo este contexto, puede deducirse que registros de precipitación superiores al promedio histórico del mes correspondiente, darán valores del SPI positivos, esto representa condiciones de humedad; mientras que registros de precipitación inferiores al promedio histórico del mes correspondiente arrojarán valores del SPI negativos, lo cual indica una intensidad en el déficit de humedad. El SPI se destaca, entre otros aspectos, por su amplia difusión internacional.
A pesar de sus múltiples ventajas existen una serie de desventajas en su utilización, las más notables: a) la dificultad en su interpretación por el usuario final y b) una caracterización incorrecta de la condición de sequías en ambientes áridos y semi-áridos (Ref. 1).

3.    IRS: Índice de Riesgo de Sequía (IRS), que está formado por cuatro componentes: precipitación media anual corregida en función de la temperatura media anual, estacionalidad pluviométrica, variabilidad y persistencia de la sequía. Este índice se definió para poder determinar la severidad, y duración de la sequía y para predecir el inicio y el final de este período.

4.    NDVI: Indice diferencial normalizado de vegetación (NDVI) que se obtiene de las observaciones a distancia de radiómetros instalados en satélites meteorológicos operativos. En un punto determinado de la imagen el NDVI  es igual a la diferencia en las intensidades de la luz reflejada en el rango rojo e infrarrojo dividido por la suma de estas intensidades y está directamente relacionado con la densidad de la vegetación.
Este índice define valores de -1.0 a 1.0, donde los valores negativos están formados principalmente por nubes, agua y nieve, y los valores negativos cercanos a cero están formados principalmente por rocas y suelo descubierto. Los valores muy pequeños (0,1 o menos) corresponden a áreas sin rocas, arena o nieve. Los valores moderados (de 0,2 a 0,3) representan arbustos y praderas, mientras que los valores grandes (de 0,6 a 0,8) indican bosques templados y tropicales.
En forma sencilla, el NDVI es una medida del estado fito-sanitario basada en la manera en que una planta refleja la luz en ciertas frecuencias (algunas ondas se absorben y otras se reflejan). Este índice está disponible para usarse en tiempo real y se utiliza a menudo en todo el mundo para vigilar sequías, predecir la producción agrícola, ayudar a predecir zonas de incendios y áreas en proceso de desertificación. Es el índice preferido para el seguimiento global de la vegetación.

Referencias

1.    Atlas de sequías de América Latina y el Caribe, Unesco y CAZALAC, 2018.
2.    ¿Qué es la sequía?, Observatorio Nacional de la Sequía, España https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/observatorio-nacional-de-la-sequia/que-es-la-sequia/
3.    Manual de indicadores e indices de sequía, OMM Nº 1173, 2016.

Fuente: BCR

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Cambio Climático y tiempos extremos: sequías e impacto en el sector agropecuario argentino (Nota N°1)

Cambio Climático y tiempos extremos: sequías e impacto en el sector agropecuario argentino (Nota N°1)

Por José L. Aiello – Gustavo V. Necco Carlomagno – 23 de Julio de 2021
El tema del cambio climático y los tiempos extremos se ha instalado en todos los niveles de decisión, desde los gobiernos hasta las comunidades locales. El mismo afecta a la producción agropecuaria y a los mercados de granos.

Introducción a cargo de la DIYEE-BCR: 

Tenemos el agrado de presentar a dos especialistas de primer nivel para analizar la problemática citada en un conjunto de informes de nuestro asesor científico de Guía Estratégica para el Agro, el Dr. José Luis Aiello y el Dr Gustavo Víctor Necco Carlomagno. Adjuntamos sus antecedentes:

El Dr. Gustavo Víctor Necco Carlomagno es Licenciado en Ciencias Meteorológicas en la Universidad de Buenos Aires y Doctor Sc. (Meteorología) en la Universidad de París VI, Francia. Dirigió el Instituto de Investigaciones Sinópticas del Servicio Meteorológico Nacional. Fue investigador del proyecto francés EOLE, Laboratoire de Meteorologie Dynamique, ENS/CNRS, París, y científico visitante en la División de Desarrollos del NMC (National Meteorological Center), Washington DC, EEUU, entre otras actividades.
Investigador de la Universidad de Buenos Aires, asesor de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y Miembro del Grupo de Expertos sobre Satélites Meteorológicos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Ginebra, Suiza. Fue profesor en el Departamento de Meteorología de la UBA,
Fue miembro «in tuiti Personae», del Conseil de Perfectionnement, de la Ecole Nationale de la Météorologie,(ENM) francesa, situada en Toulouse, y miembro «Ex-oficio», del Comité Coordinador (COCOM) de la Conferencia Permanente de Directores de Instituciones de Formación de los Servicios Meteorológicos Naciones (Standing Conference of Heads of Training Institutions of National Meteorological Services, SCHOTI)
Exdirector del Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI) entre otros cargos de gran relevancia. 

El Dr. José Luis Aiello es Doctor en Ciencias de la Atmósfera en la Universidad de Buenos Aires. Post Grado en el International Center for Theoretical Physics, Miramare, Italia y Profesor Titular de Meteorología, Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad Nacional de La Plata.
Experto a cargo de actividades científicas en el Servicio Meteorológico Nacional y en la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, Ex Integrante del Grupo de Investigación de la Organización Latinoamericana de Energía y fue Director Científico del Programa Exametnet en convenio con la NASA de Estados Unidos y Responsable de la Cooperación Espacial Argentina-Alemania.
Fundador de los Proyectos SIBER de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos y de GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario, actualmente con el cargo de Asesor Científico y Presidente de JOLAP S.A. y de CCA, consultoras en temas climáticos aplicados a la Producción Agrícola que asisten a GEA-BCR. 

Artículo completo

El cambio climático y los tiempos extremos asociados han producido las mayores volatilidades en la producción de cultivos y en los precios de los cereales y oleaginosas, y así seguirá siendo durante los próximos años.

Las evidencias son contundentes y es necesario disponer de algoritmos que aborden la detección y pronóstico de dichos tiempos extremos. En GEA-BCR venimos trabajando desde hace unos años en estos temas. Los pronósticos de corto plazo (una semana a 15 días) son los utilizados por los usuarios del área de la agricultura, pero no son los más adecuados para tratar precisamente el origen de la volatilidad en la producción y de los mercados.

Lo alarmante de los efectos del Cambio Climático y tiempo extremo, llevaron a que presentemos un informe sobre “Sequías y el sector agropecuario”, tarea que busca informar sobre ésta problemática a través de cuatro notas que se publicarán en el Informativo Semanal de la Bolsa de Comercio de Rosario. Ellas versarán sobre:

•    Generalidades y conceptos básicos
•    Previsibilidad.
•    Efectos del cambio climático
•    Impactos en Argentina

El tema del cambio climático y sus implicancias ya se ha instalado en todos los niveles de decisión, desde los gobiernos hasta las comunidades locales, a pesar de la presión de ciertos “escépticos” que niegan o denigran los informes de la comunidad científica, con el fin de defender ciertos intereses económicos y distraer la atención del problema principal. Están aquellos que sin buscar información fáctica (física y biológica) sobre el cambio climático, sencillamente no creen en él. El recrudecimiento reciente de olas de calor, incendios y sequías ha sensibilizado en esos días a la opinión pública sobre estos temas. Lo estamos viviendo en el Gran Rosario con la bajante histórica del Río Paraná.

En un mundo que se calienta, lamentablemente esperamos que aumente el riesgo de que ocurran algunos tipos de eventos meteorológicos extremos. Por ejemplo con el aumento de las temperaturas en la mayor parte del mundo, esperamos más olas de calor. Al mismo tiempo, el aire más cálido puede contener más agua y, por lo tanto, esperamos lluvias más extremas.

Los eventos meteorológicos individuales son, en última instancia, únicos y siempre están causados por una combinación de diferentes factores, incluida la variabilidad local en el clima, las condiciones de la superficie terrestre y sus interacciones con la atmósfera, los patrones a gran escala de las temperaturas oceánicas y los cambios en los forzantes externos (por ejemplo, gases de efecto invernadero, aerosoles). Por lo tanto, no se puede decir que un evento meteorológico extremo fue “causado” por el calentamiento o el cambio climático asociado. Sin embargo, podemos estimar si, y en qué medida, la probabilidad o la intensidad de un evento extremo ha cambiado debido al cambio climático inducido por el hombre.

El creciente impacto de las actividades humanas no solo afecta el clima sino también el medio ambiente global y se habla entonces de cambio medio-ambiental global (GEC – Global Environmental Change) que  aborda las perturbaciones químicas, biológicas, geológicas y físicas a gran escala de la superficie de la Tierra, la superficie del océano, la superficie terrestre y el ciclo hidrológico, prestando especial atención a escalas de tiempo de décadas a siglos, a perturbaciones causadas por el hombre y sus impactos en la sociedad.

La acción humana denota un comportamiento reciente caracterizado por la alteración transversal y desproporcionada en todos los ecosistemas de la Tierra, particularmente por el uso de energía proveniente de la extracción y utilización de combustibles fósiles. La situación se relaciona con el incremento de la productividad tecno-industrial, así como al crecimiento desbordado de la población junto a la hiper-urbanización, los cambios en el suelo y la cobertura vegetal. Todo esto impacta en el clima, produciendo cambios que se refuerzan e intensifican por los procesos antropogénicos de diversa índole.

En cuanto a las tendencias futuras del clima, las estimaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), NNUU, basadas en simulaciones numéricas muestran, a pesar de las incertidumbres, que aún en los escenarios más optimistas seguirá el calentamiento (y sus consecuencias climáticas), a menos que se reduzcan fuertemente las emisiones. En la reunión de NNUU sobre cambio climático COP-21, París 2015, el mundo acordó que para fines de siglo el aumento de la temperatura global no debería estar por encima de 2 °C respecto a los niveles preindustriales. El objetivo era limitar el aumento a 1,5 °C, si era posible, pero no hubo avances.  Según este acuerdo los países prometieron volver a reunirse cada cinco años y aumentar sus objetivos de reducción de carbono. Por la pandemia la reunión COP-26 de Glasgow, planeada para 2020, se postergó a noviembre de este año.

Según las estimaciones actuales, se espera que el mundo supere el límite de 1,5 °C en 12 años o menos, y que alcance 3 °C de calentamiento para fines de siglo y la reunión de Glasgow podría ser un encuentro en el que se aumenten los recortes a las emisiones de carbono. La situación es urgente (el Secretario General de las NNUU advirtió recientemente que estamos librando una “guerra suicida” contra la naturaleza) y ya hay países que se han comprometido unilateralmente en asumir un compromiso legal de cero emisiones netas (el Reino Unido en 2019, La Unión Europea en 2020 y recientemente China, uno de los mayores emisores).

La pandemia COVID-19 mostró que el mundo no es invulnerable y que se puede afectar en formas que no se pueden controlar. Provocó una conmoción económica que hizo reaccionar a los gobiernos con paquetes de estímulo para reactivar sus economías. Esperamos que una vez superada, a través de programas de vacunación universales, la atención se vuelque a otra inquietud global: el cambio climático, y las acciones para limitar sus consecuencias (por ejemplo la reducción de emisiones, limitación del consumo, uso de energías renovables, tratamiento de desechos, etc.)

Un enfoque “business-as-usual” nos podría llevar a una situación planetaria insostenible.
Fuente: BCR

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¿Y si solo nos quedara un rato más en el planeta?

¿Y si solo nos quedara un rato más en el planeta?

Buenos Aires, 22 de abril (PR/21) .– Hoy se celebra el Día Mundial de la Tierra, una fecha que ya lleva más de 50 años en la agenda de grupos ambientalistas, organismos internacionales y gobiernos, pero que tomó mayor relevancia en las últimas dos décadas. Este día es un llamado a generar conciencia acerca de la interdependencia existente entre los seres humanos, seres vivos y medioambiente natural; y la importancia de la transición hacia un modelo económico más sostenible. 

 

Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), la pandemia de COVID-19 guarda «una fuerte relación con la salud de nuestro ecosistema». El cambio climático y la pérdida de biodiversidad causada por la deforestación, el desgaste de los suelos y las producciones animales intensivas son solo algunas de las cusas por las que «pueden aumentar el contacto y la transmisión de enfermedades infecciosas de animales a humanos», afirman desde la ONU y también advierten: «De la salud de nuestros ecosistemas depende directamente la salud de nuestro planeta y sus habitantes».

¿Vamos camino a una nueva extinción?

En esta línea, durante la presentación del documental «Una vida en nuestro planeta», David  Attenborough afirmó que la Tierra «se encamina hacia el desastre» y llamó a la sociedad a «aprender a trabajar con la naturaleza y no en contra de ella». Con 94 años, el científico y divulgador naturalista británico, ferviente luchador contra el cambio climático; reconoce siempre lo afortunado que es con su trabajo. Desde 1952, trabaja en radio y televisión, y su carrera es la que le ha permitido no solo viajar por los lugares más salvajes del mundo sino también ver cómo, a lo largo de 60 años, el planeta fue cambiando.

El divulgador y científico británico David Attenborough. Foto: Jackie Nickerson para TIME.

Ser un testigo privilegiado de esta mutación no solo lo convierte en un vocero calificado, sino que también en un estudioso de la materia. Basándose en datos científicos Attenborough informa que del 66% de zonas vírgenes en el planeta en 1837, actualmente solo contamos con un 35%. «Desde mi primer programa de televisión, la población humana se ha triplicado y ahora nos damos cuenta del terrible daño que hemos causado al planeta», afirmó en una entrevista a la BBC.

El último documental del periodista tuvo un gran impacto, y a pesar de llevar una larga trayectoria, su primera aparición en redes sociales no lo decepcionó: en solo unos pocos días, sumó cinco millones y medio de seguidores en Instagram. Y esto no se debe a un edulcorado contenido, sino a un fuerte mensaje y a un inmediato llamado a la acción: si no actuamos ahora, para el año 2100 estaríamos al borde de una sexta extinción masiva.

Al respecto también se expresaba Greta Thunberg, la joven sueca que por el 2018 con solo 16 años, comenzó a liderar el movimiento «Viernes por el futuro» y sorprendió a líderes de diferentes países con su mensaje en la Cumbre de Acción del Clima de la ONU de 2019. En en Nueva York, frente a unos 60 representantes del mundo, Greta comenzaba diciendo: «Todo esto está mal. Yo no debería estar aquí arriba. Debería estar de vuelta en la escuela, al otro lado del océano. Sin embargo, ¿ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza? ¿Cómo se atreven?«.

Greta Thunberg. Foto: Guglielmo Mangiapane para REUTERS.

Interpelando a cada uno de los presentes y a cada persona que estuviera escuhándola, siguió: «Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva. Y de lo único que pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?».

En el cambio está la esperanza

Afortunadamente, todavía hay una luz de esperanza. Estamos a tiempo de frenar, cambiar el juego y restaurar los ecosistemas. El Acuerdo de París, el tratado internacional sobre el cambio climático adoptado en 2015 por 196 países en la COP21, es una de las principales señales de compromiso de los Gobiernos para trabajar en esta materia.

Con el objetivo de «limitar el calentamiento mundial a muy por debajo de 2, preferiblemente a 1,5 grados centígrados, en comparación con los niveles preindustriales», los países trabajan en reducir el máximo de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) «lo antes posible para lograr un planeta con clima neutro para mediados de siglo». A 5 años de su puesta en funcionamiento el 4 de noviembre de 2016, hoy los firmantes del acuerdo deben actualizar sus metas y avanzar hacia mayores y mejores soluciones para alcanzar que el valor de emisiones de carbono llegue a cero.

Como ya comentamos en El Agrario, este objetivo plantea nuevos desafíos a nivel agroindustrial y de transporte suponiendo nuevas oportunidades de negocio para quienes avanzan en este camino hacia la sustentabilidad.

Como menciona el video de la ONG Conservación Internacional al inicio de esta nota, es momento de darnos cuenta que la Tierra no nos necesita y es capaz de evolucionar sin los hombres. ¿Nosotros también podremos?

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