La temperatura global para todo el periodo comprendido entre 2020 y 2024 se situará entre 1.15°C y 1.46°C, según Met Office.
En ausencia de una gran erupción volcánica es probable que se produzca un nuevo récord de temperatura media global en los próximos cinco años, según el Servicio Meteorológico Nacional del Reino Unido. ¿Cuáles serían las regiones que sufrirán un mayor impacto?
Según el Servicio Meteorológico Nacional del Reino Unido (Met Office) la temperatura promedio global de la Tierra seguramente alcance nuevos récords entre 2020-2024. Según sus estimaciones, la temperatura anual del planeta evolucionará entre 1.06°C y 1.62°C por encima de los niveles preindustriales en ese periodo.
Hasta el momento, el año 2016 se mantiene como el año más caluroso registrado en la Tierra desde 1880, con una anomalía de temperatura global que se situó 1.16°C por encima de los niveles preindustriales. Dicho año formó parte de un último quinquenio que fue el más caluroso jamás registrado, con una anomalía media de 1,09°C.
Si 2015 fue el primer año en el que la temperatura media global superó el grado centígrado por encima de las temperaturas medias registradas entre 1850 y 1900, y 2016 se consagró como el más caluroso de la historia reciente, todo indica que en ausencia de una gran erupción volcánica es probable que se produzca un nuevo récord en los próximos cinco años.
¿Podrá superarse algún año el límite de 1.5°C?
La temperatura global para todo el periodo comprendido entre 2020 y 2024 se situará entre 1.15°C y 1.46°C, según Met Office, con una estimación media más probable de 1.3°C por encima de los niveles preindustriales.
Este 2020 no presenta un pronóstico muy favorable en los modelos climáticos de la Met Office: la temperatura media global se situará entre el 0.99°C y 1.23°C por encima de los niveles preindustriales, con una estimación media para los doce meses de 1.11°C
Latest @metoffice forecast reveals new record global average temperature likely within 5 years. Predicted between 1.06°C & 1.62°C above pre-industrial conditions, it exceeds the current record set in 2016 of 1.16°C & demonstrates a continued warming trendhttp://bit.ly/2tRp9Gj
El pronóstico también advierte de un riesgo mayor, aunque bajo (menos del 10% de probabilidad) de que en alguno de esos años se llegue a superar el límite del 1.5°C establecido por el Acuerdo de París. Este umbral se superaría entre 2020 y 2024 si algunos factores imprevistos (como un evento destacado de El Niño) provocarán una escalada adicional de la temperatura media global.
¿Qué zonas se calentarían más?
Doug Smith, miembro de Met Office experto en predicción decadal, explica que “el último pronóstico de cinco años sugiere un calentamiento continuo, consistente con altos niveles sostenidos de gases de efecto invernadero. Existen incertidumbres dentro del pronóstico, pero se espera que la mayoría de las regiones sean más cálidas y los patrones de pronóstico sugieren un mayor calentamiento sobre continente, especialmente en las partes del norte de Europa, Asia y América del Norte, extendiendo la tendencia actual”
Además, las frías aguas del Atlántico Norte también seguirán calentándose, lo que podría implicar un aumento todavía mayor de las temperaturas en Europa, al mismo tiempo que en el océano austral se
darán condiciones más frías, según Met Office.
Buenos Aires, 20 enero (PR/20) — El calentamiento global ligado al creciente desarrollo de fenómenos meteorológicos extremos lleva a un cuestionamiento social cada vez más intenso acerca de los principales responsables de estos cambios. Recientemente, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) informó que la década 2010-2019 fue la más calurosa desde que existen los registros, atribuyendo la responsabilidad al cambio climático, ocasionado por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
Estos gases, como el dióxido de carbono, el monóxido de carbono, el metano o los óxidos de nitrógeno, reciben este
nombre precisamente porque provocan en la tierra el mismo efecto que las paredes de un invernadero. Es decir,
impiden la salida del calor y provocan un aumento de temperatura en el interior, provocando el famoso calentamiento
global.
Ahora bien, ¿por qué en la opinión pública gran parte de esta responsabilidad es atribuida a la ganadería? Según las estimaciones del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), a escala global el sector ganadero contribuye con el 14% de las emisiones de GEI generadas por actividades humanas.
Nuestro país es parte activa en esta lucha contra el cambio climático. Dentro de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, los países en desarrollo tienen la obligación de presentar cada dos años, sus Inventarios Nacionales de Gases de Efecto Invernadero, conforme a los métodos sugeridos por el IPCC.
De acuerdo al último inventario oficial, correspondiente al bienio 2014, el sector ganadero nacional contribuye en un 20,7% a la generación total de gases de efecto invernadero, en su mayor parte provocados por las emisiones de metano
provenientes de la fermentación entérica de bovinos.
En general, existe un acuerdo en el mundo científico acerca de los métodos recomendados por el IPCC para la medición de las emisiones de los distintos países. Sin embargo, aún se encuentra bajo debate el método más apropiado para estimar el secuestro de carbono que generan los bosques, las pasturas y la vegetación en general. Es precisamente esta divergencia la que abre el debate en cuanto a los resultados que aportaría un balance integral de carbono.
El Grupo de Productores del Sur (GPS), entidad de nuclea a un conjunto de especialistas e instituciones de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay ha sido uno de los pioneros en impulsar en el desarrollo de estos conceptos.
En 2019 un grupo de investigadores del CONICET vinculados a GPS (Ernesto Viglizzo, María Florencia Ricard, Miguel Taboada y Gabriel Vázquez Amabile) han publicado un trabajo científico sobre el rol de las tierras de pastoreo en el balance regional de carbono (Reassessing the role of grazing lands in carbonbalance estimations: Meta-analysis and review, 2019).
En el trabajo se reanaliza el balance de carbono en tierras de pastoreo, integrando el secuestro de carbono que realizan las pasturas con las emisiones que genera el ganado bovino, planteando así una medición alternativa al método simplificado del
IPCC que siguen las estimaciones de inventarios nacionales.
Similares mediciones se realizaron para la agricultura anual de cultivos de cosecha y para los cambios de uso de la tierra provocados principalmente por deforestación, resultando ambas mediciones en balances negativos para la región.
Sin embargo, integrando los tres balances, Argentina sigue siendo el país que más logra maximizar esos
créditos de carbono favorecida por su sistema de producción mayormente pastoril. Así, en el balance general Argentina tendría una relación secuestro/ emisión de 6,7 mientras que los restantes países se ubican entre 1,1 y 2,1.
El trabajo resulta concluyente. El excedente de carbono que estarían generando un sistema de ganadería pastoril, no sólo puede compensar las emisiones del sector rural en su conjunto sino también, parcial o totalmente, las emisiones de sectores no rurales. Sin embargo, al no medirlo y considerar sólo una parte de este flujo de intercambio, lleva a generalizar conclusiones erróneas.
En este sentido, el esfuerzo de la ciencia por cuestionar y exponer métodos alternativos representa un invaluable aporte. De hecho, a mediados del año pasado, el IPCC a través un documento oficial reconoció que “las oportunidades para el secuestro de carbono en pastizales y pasturas pueden ser significativas” mencionando además que el secuestro de carbono relacionado con el manejo de ganado “en pasturas bien gestionadas” podría considerarse “como una práctica de mitigación” de emisión de gases de efecto invernadero. Esta mención sin dudas representa un punto de inflexión clave para nuestra región dada la elevada proporción de ganado criado en pastizales.
Este cambio de concepto, de inventario a balance, así como una comunicación más proactiva incluso desde lo privado, ayudaría a conciliar visiones que actualmente se perciben diametralmente opuestas, entre ganaderos y grupos ecologistas.
La Argentina tiene un enorme potencial para mitigar los efectos del cambio climático a través de una ganadería pastoril, concebida bajo un manejo sostenible que proteja la biodiversidad de los ambientes rurales. Trabajar conjuntamente entre
sector público y privado, para promulgar este tipo de ganadería y comunicar activamente su impacto real, será clave para revertir estos conceptos erróneos que tan velozmente se han estado instalando en la opinión pública y sin dudas afectan la valoración de la actividad.
Buenos Aires, 7 enero (PR/20) — El ambiente es el entorno en el cual una organización opera, incluidos el aire, el agua, el suelo, los recursos naturales, la flora, la fauna, los seres humanos y sus interrelaciones.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) cuenta en su estructura organizativa con un Departamento de Gestión Ambiental que trabaja en la prevención de actos que degraden los recursos naturales, la promoción de consensos para el logro de ordenamientos ambientales y la articulación público-privada para la resolución de los conflictos.
Todos los años la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación acredita al Senasa la aprobación del sistema de manipulación, transporte, tratamiento o disposición final que es aplicada a los residuos peligrosos.
El Laboratorio del Senasa en su manejo de residuos implementa una política ambiental donde gestiona diferentes aspectos. Entre los elementos que controla están la generación de residuos, la manipulación y uso de sustancias, las químicas y biológicas peligrosas, emisiones al aire, descargas al suelo, vertidos al agua, dispersión de agentes patogénicos, liberación no controlada durante emergencias y el uso de energía.
Durante el 2019 fueron gestionados en el Laboratorio ubicado en Martínez 78.598 kg de residuos industriales, 23.309,51 kg de residuos patogénicos, 20.100 kg de barros orgánicos provenientes del digestor de la burbuja de bioseguridad nivel IV, 5.737,25 kg de residuos químicos peligrosos sólidos y líquidos y 1.316 kg de material reciclable entre papel, cartón, vidrio y plástico.
En tanto que en el Laboratorio ubicado en la avenida Huergo, de la Ciudad de Buenos Aires, fueron gestionados 6.500 kg de residuos industriales, 350 kg de residuos patogénicos, 2.821 kg de residuos químicos peligrosos sólidos y líquidos, y 350 kg de material reciclable.
Igual tarea se realiza en los laboratorios regionales y campos experimentales donde se retiran según la necesidad del servicio los mismos tipos de residuos. Todos ellos con trazabilidad y certificados de tratamiento, destrucción o disposición final garantizados, emitidos por la autoridad competente.
Por otro lado, es importante destacar que la Dirección General de Laboratorio y Control Técnico del Senasa cuenta con un seguro de caución por daño ambiental de incidencia colectiva que cubre ante eventuales siniestros ambientales, tanto al Organismo como al Estado por la recomposición económica necesaria para reparar, resarcir o mitigar los daños producidos al ambiente.
Estas acciones no sólo significan el cumplimiento de la normativa ambiental vigente como la Ley Nacional de Residuos Peligrosos N° 24051 o la Ley General del Ambiente N° 25675, sino que contribuyen a concientizar institucionalmente sobre las medidas que cada área individual o colectivamente pueden tomar, para reducir el impacto en el ambiente en beneficio de la seguridad y la salud humana y la sanidad animal y vegetal.
Madrid 13 Diciembre (PR/19) -Pedro Vigneau, presidente honorario de Aapresid, y Marcelo Torres, miembro de la Comisión Directiva y Director Adjunto de Prospectiva, representaron a la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, durante la tercera jornada de la iniciativa “4 por 1000” de la COP 25, que se realiza anualmente en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
El programa tendrá como objetivo promover el desarrollo de sistemas agropecuarios sustentables a través de la implementación y certificación de distintos estándares.
Allí, Aapresid integró dos espacios: el primero en el marco de los discursos inaugurales y el segundo durante la sesión plenaria de socios de la iniciativa, representando a productores de América Latina.
Torres hizo hincapié en el apoyo que, desde hace treinta años, Aapresid brinda a los productores argentinos para desarrollar el sistema de siembra directa: “Esta tecnología cambió el paradigma agrícola”, sostuvo.
A su turno, Pedro Vigneau, expuso en representación de la “Global Conservation Agriculture Network”(Red Global de Conservación Agrícola) los resultados generados en Argentina, en línea con modelos de “Agricultura Siempre Verde”, en sistemas bajo siembra directa.
En este sentido, destacó que los ensayos de “Agricultura Siempre Verde”, en los cuales bajo secuencias ‘más verdes’ los stocks de carbono del suelo aumentan en promedio más de 6 toneladas de carbono/hectárea.
Por otro lado, habló de la prestación de servicios ecosistémicos: “Nuestros ensayos muestran que podemos aprovechar las plantas para controlar malezas, reponer nutrientes, mantener la biodiversidad, reducir la erosión y gestionar el agua”, aclaró.
A modo de cierre, se reforzó la importancia de trascender el liderazgo que tiene nuestro país en el cuidado de los suelos para posicionarnos como líderes de una agricultura capaz de contribuir a la mitigación de cambio climático.
El instituto Germanwatch ha presentado durante la cumbre del clima de Madrid los resultados del Índice de Riesgo Climático Global 2020.
El Índice Global de Riesgo Climático, presentado durante la cumbre climática (COP25) que se celebra estos días en Madrid, hasta el 13 de diciembre, muestra que en 2018 países industrializados como Japón y Alemania están entre los más afectados por olas de calor y graves sequías.
También Filipinas, ya que sufrió el tifón más fuerte registrado en todo el mundo el pasado año. A esta lista le siguen Madagascar, India y Sri Lanka.
“Es una sorpresa que los países desarrollados estén tan altos en el índice de este año. Es un indicador de que los impactos de los fenómenos meteorológicos extremos se sienten en todo el mundo”, dice David Eckstein, del instituto de investigación Germanwatch que ha presentado el informe en la COP25.
Según sus creadores, el Índice de Riesgo Climático Global (IRC) indica el nivel de exposición y la vulnerabilidad a los fenómenos climáticos extremos “que los países deben entender como una advertencia para estar preparados para eventos climáticos más frecuentes o más severos en el futuro”.
En este sentido, de los países europeos analizados, Alemania experimentó en 2018 el año más cálido desde que se tiene registro, debido a una fuerte ola de calor. El período entre abril y julio de 2018 fue el más caluroso de la historia del país germano, con temperaturas de cerca de 3° C por encima de la media.
“España ocupa el puesto 38 debido principalmente a las fuertes lluvias, tormentas e inundaciones que tuvieron lugar en octubre de 2018, en la parte oriental de España y las Islas Baleares”, apunta Eckstein.
Las olas de calor fueron una de las principales causas de los daños en 2018. De los diez países más afectados en 2018, Japón, Alemania e India sufrieron un prolongado período de calor.
Países más afectados a largo plazo
El estudio también ha analizado los resultados a largo plazo de estos fenómenos extremos desde 1999 a 2018. En este caso, los países pobres son los que tuvieron que soportar impactos más altos.
“Siete de los diez países más afectados en este período son países en desarrollo con bajos ingresos medios per cápita”, señalan.
Puerto Rico, Myanmar y Haití fueron los más afectados, según este índice a largo plazo. Cerca de 500.000 personas murieron como resultado directo de más de 12.000 eventos climáticos extremos que causaron daños por valor de 3,5 billones de dólares en los últimos 20 años.
“Los países en desarrollo y las comunidades vulnerables dentro de estos están más afectados existencialmente por los impactos, ya que carecen de la capacidad para hacerles frente”, añade el experto.
Haití, Filipinas y Pakistán son golpeados repetidamente por fenómenos meteorológicos extremos sin tiempo para recuperarse por completo. “Eso subraya la importancia de mecanismos de apoyo financiero real para países pobres, no solo en la adaptación al cambio climático, sino también para hacer frente a las pérdidas y daños inducidos por el clima», subrayan desde Germanwatch.
“El índice de riesgo climático muestra que el cambio climático tiene efectos desastrosos, especialmente para los países pobres, pero también causa daños cada vez más graves en países industrializados como Japón o Alemania», concluye Eckstein.
Dar respuesta a los más vulnerables
Una de las cuestiones a debate en la COP25 es abordar la financiación para ayudar a las personas y los países más pobres a hacer frente a los daños y las pérdidas relacionadas con la crisis climática.
El trabajo resalta que aunque las pérdidas financieras absolutas son significativamente mayores en los países ricos, es en los países de bajos ingresos donde las muertes, la miseria y las amenazas por el clima extremo son mucho más probables.
“La conferencia climática debe obtener resultados sobre la decisión de determinar regularmente las necesidades de apoyo de los países vulnerables para daños futuros. Además, la COP25 tiene que decidir los pasos necesarios para generar recursos financieros reales para satisfacer dichas necesidades. Asimismo, la implementación de la adaptación al cambio climático también debe fortalecerse”, enfatizan.
Por Patricio Brentan y María Laura Rodríguez de Sanctis
Rosario, 6 diciembre (PR/19) — La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático define el cambio climático como: “cambio del clima atribuido directa o indirectamente a actividades humanas que alteran la composición de la atmósfera mundial y que viene a añadirse a la variabilidad natural del clima observada durante periodos de tiempo comparables”. El cambio climático es resultado de la acumulación de los gases de efecto invernadero (GEI) atrapados en la atmósfera.
La huella de carbono (HC) es un indicador de la cantidad de GEI generado y emitidos por una empresa o durante el ciclo de vida de un producto a lo largo de la cadena de producción. La HC considera los 6 GEI identificados en el Protocolo de Kioto (PK): dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6). La huella de carbono se mide en toneladas equivalentes de dióxido de carbono (CO2e), a fin de poder expresar las emisiones de los GEI en una unidad común. Las metodologías más utilizadas a nivel internacional para la medición de la HC son, PAS 2050, ISO 14064, GHG Protocol.
Por el avance del cambio climático desde hace varios años se llevó a cabo primeramente el Protocolo de Kioto (2005), posteriormente el Acuerdo de Paris (2015) con el fin de establecer ciertos lineamientos para la mitigación de GEI donde surge el concepto de Huella de Carbono Neutro (HCN), donde distintos países aceptaron y adoptaron estos lineamientos para la reducción y/o captación de los distintos gases con el objetivo de mantener por debajo del 2% la emisión de dichos gases. La HCN incluye para su cálculo, la emisión inicial (Huella de Carbono), la reducción de emisiones por eficiencia (Gestión de Emisiones), la captura y por último la compensación por créditos de carbono verificado y certificado (Bonos de Carbono).
El Mercado de Carbono surge en el Protocolo de Kioto, donde se promueve la realización de proyectos de reducción y/o absorción de emisiones de GEI en “países no Anexo I” generando reducciones de emisiones certificadas (CER) que pueden ser comercializados en las plataformas de negociación existentes con “países Anexo I” (ratificantes del Protocolo de Kioto-PK) que deben cumplir con el objetivo del PK.
A lo largo de las últimas décadas se ha desarrollado un cambio profundo en los patrones de producción, distribución y consumo de alimentos, con importantes implicancias para el comercio de alimentos exportables. Actualmente dentro de los requerimientos de acceso a mercado internacional de diferentes productos existe una multiplicidad de estándares ambientales, certificados a través de distintos sellos, basados en el impacto ambiental del ciclo de vida del producto.
Argentina al ser uno de los principales jugadores del mercado mundial de alimentos, no puede mantenerse ajeno al cambio de paradigma en la producción, distribución y consumo de sus productos exportables. En la búsqueda de la certificación de reducción de emisiones de carbono de los productos exportables argentino y permitir una mayor inserción en el mercado internacional, la decisión de implementar el Programa Argentino de Carbono Neutro con mesas sectoriales por producto, tiene como objetivo, posicionar con éxito los bienes transables argentinos en el mundo y avanzar en estas buenas prácticas ambientales.
Por otro lado, pero relacionado a buenas prácticas con impacto ambiental desde hace varios años, pero con mucha más fuerza desde 2014 aparecen los Bonos Verdes. En pocas palabras, los Bonos Verdes son definidos por Green Bond Principles como “cualquier tipo de bonos donde los recursos serán exclusivamente destinados para financiar, o refinanciar, ya sea en parte o totalmente, proyectos nuevos o existentes que sean elegibles como proyectos verdes”. Los componentes principales son el uso de los fondos, la selección de proyectos, la administración de los fondos y la presentación de informes. Los fondos de la emisión se destinan exclusivamente a financiar actividades con beneficios ambientales, pudiendo incluir activos intangibles. Estos instrumentos contemplan beneficios ambientales como la mitigación y/o adaptación al cambio climático, la conservación de la biodiversidad, la conservación de recursos nacionales, o el control de la contaminación del aire, del agua y del suelo.
Fuente: Informativo Semanal. Bolsa de Comercio de Rosario