Estudio privado del Instituto de Estudios Económicos IERAL de la Fundación Mediterránea, dice que el país perdería ingresos por más de 2.800 millones de dólares

 Juan Carlos Garzón, economista del IERAL analizó varios escenarios productivos posibles para la cosecha gruesa. Estos coinciden con las estimaciones de la Bolsa de Cereales, que en el día de ayer informó que la cosecha de soja sería de solo 42 millones de toneladas y la de maíz de 34 millones.

En este escenario de pérdidas, quedaría un “rojo”, según los números del economista, de US$ 2.871 millones respecto al valor bruto esperado en el arranque de la campaña, lo que representa un monto equivalente a 0,5 puntos del PBI de 2017.

En el arranque del año agrícola 2017/18, la misma Bolsa estimaba que se podrían llegar a producir 54 millones de toneladas de soja (12 millones más que ahora) y 42 millones de toneladas de maíz (8 millones más). En total, se está 20 millones de toneladas por debajo de lo estimado al comienzo.

Pero en realidad, el valor de esas 20 millones de toneladas que ya se perdieron es mucho mayor: de US$ 6.132 millones, pero el economista descontó de esa cifra US$ 3.261 millones de mayores ingresos por la suba de los precios internacionales de ambos granos, debido justamente a la fuerte sequía que padece la región núcleo argentina.

El estudio advirtió que el impacto de la sequía sería mucho más dramático sobre los niveles de actividad de varios de los actores que intervienen en la cadena agrícola, en especial de los productores, que en muchos casos ni siquiera llegarían a cubrir sus costos de implantación.

Por este motivo, el economista recomendó que el Gobierno analice una posible reducción más acelerada de los derechos de exportación vigentes para la soja.

En el escenario actual, según el documento de la Fundación Mediterránea, el Estado ya estaría resignando unos US$ 330 millones de recaudación por retenciones debido a la caída de los volúmenes de exportación que dejará la sequía.

Para concluir, el economista agregó: “Otra muestra de cómo la menor oferta de granos impactará negativamente en diferentes sectores es lo que sucederá con los camioneros, ya que con los recortes de la cosecha ,la demanda potencial de transporte de carga en camión se reduce en unos 535 mil viajes en relación al ciclo 2016/17″.

A un flete promedio de 300 kilómetros y tomando en cuenta las tarifas vigentes, eso equivale a US$ 440 millones.

El informe de la Fundación Mediterránea deja abierta la puerta para que las pérdidas sean todavía mayores en caso de que no llueva en los próximos días.

 

Infocampo/Primicias Rurales

Prevén calor, seguido por lluvias sobre el oeste del área agrícola, y valores escasos sobre el resto

 Buenos Aires, 1 marzo (PR/18) — La perspectiva agroclimática de la Bolsa de Cereales porteña prevé calor, seguido por lluvias sobre el oeste y norte del área agrícola, y valores escasos sobre el resto para finalizar con un descenso térmico.

   El ciclo de siete días "comenzará con vientos del norte reactivando el calor en la mayor parte del área agrícola", indicó el autor del informe, el analista Eduardo Sierra.

   Expresó que hacia el final de la primera etapa de la perspectiva, el paso de un frente de Pampero provocará precipitaciones intensas sobre la mayor parte del NOA, la Región del Chaco y territorio del Paraguay, mientras que el resto del área agrícola recibirá valores escasos.

   "A medida que se produzca el paso del frente, tendrá lugar una irrupción de vientos del sur, que causarán un marcado descenso de la temperatura en el sur del área agrícola, mientras que el norte continuará dominado por los vientos del trópico", señaló Sierra.

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PRIMICIAS RULARES

 

Inauguraron el primer observatorio de clima, sequía y erosión en la Patagonia Austral

   Buenos Aires, 28 febrero (PR/18) — El presidente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, Juan Balbín inauguró oficialmente el primer observatorio de clima, sequía y erosión en la Patagonia Austral.
   También puso en funcionamiento el laboratorio de análisis de calidad de alimentos y forrajes que permitirán avanzar en investigaciones y estudios para anticiparse a los fenómenos que condicionan las actividades productivas de la región.
   Las instalaciones se encuentran en el INTA Río Gallegos, Santa Cruz, y permitirán potenciar las actividades productivas de la región, mientras que la inversión, que superó los de 10 millones de pesos, fue financiada por la Fundación ArgenINTA.
   "El gran capital del INTA es nuestra gente, su compromiso y la visión de conjunto de un organismo que aporta en un espectro mucho más amplio que una tecnología puntual y lo aborda desde la investigación hasta la extensión", sostuvo Balbín.
   Aseguró que "dentro de los desafíos que tenemos, debemos considerar a la agroindustria como vector de trabajo en el territorio. En este sentido, resulta trascendental que desde nuestra institución generemos todas las capacidades tecnológicas en la producción y en la apertura de mercado".
   Sergio Pena –director del INTA Santa Cruz– reconoció sentir un "enorme orgullo y responsabilidad" al inaugurar esta obra que compromete al organismo a generar información para el desarrollo sustentable de la región.
   Agradeció a la Fundación ArgenINTA, a los socios en el territorio, a la universidad, al consejo agrario y principalmente a los productores a quienes consideró "eje central y principales destinatarios de la obra" y los invitó a formar parte del proyecto de alto impacto en la región.
   "Este proyecto debe servir para generar información necesaria que aporta al desarrollo regional de la mano de la innovación, debe fortalecer la producción en cantidad y calidad, al tiempo que debe afianzar las relaciones entre las instituciones que generen la sinergia necesaria para avanzar hacia redes más eficientes", manifestó Pena.  
 
Primicias Rurales
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Oficina de riesgo climático opina que sobre algunas regiones llovió menos que durante el ciclo híper seco 2008-2009

 

   Buenos Aires, 28 febrero (PR/18) — La Oficina de Riesgo Climático de la Nación estimó que en algunas áreas, en la campaña 2017-2018 en curso los milimetrajes acumulados han sido incluso menores que los registrados en el emblemático ciclo seco 2008-2009, lo que aumenta el peligro de más pérdidas productivas.
   Es decir que en esta sequía que afecta a la Zona Núcleo y al centro del país especialmente, en algunas partes llovió menos que durante ciclo 2008-2009 cuando la cosecha de soja no superó las 32 millones de toneladas.
   Desde la Oficina de Riesgo Agropecuario realizaron una comparación entre ambas campañas, según difundió el sitio Agrofy News.
   En el mes más crítico para la definición del rendimiento de la soja en el área productiva principal, las lluvias han resultado muy escasas en relación a los valores normales, sostuvo el análisis.
   Así, con excepción del NOA, hoy en todo el territorio nacional apto para cultivos extensivos predominan las reservas hídricas deficitarias.
   Esta situación llevó a fuertes recortes estimativos durante la última semana, tanto de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, como así también de la Bolsa de Comercio de Rosario.
   Los almacenajes no dependen sólo de las lluvias de los últimos días sino de cómo se haya ido recargando (o no) el perfil a lo largo del ciclo del cultivo, además de la temperatura y otros factores.
   En cuanto a las precipitaciones, se puede ver que en la campaña en curso existen áreas en las que los milimetrajes acumulados en el periodo diciembre-enero-febrero han sido incluso menores que los registrados en los mismos meses de la campaña 2008-2009, considerada como emblemática en relación a los bajos rendimientos generados por la sequía.
   "Se observan zonas en que en esta campaña ha llovido menos que en la 2008-2009 (valores negativos) y otras donde ha sucedido lo contrario (valores positivos)", explicaron desde la Oficina de Riesgo Agropecuario.
   En tanto, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires volvió a recortar las estimaciones de la cosecha de soja que ahora ubicó en 47 millones de toneladas, 3 millones menos que lo planteado la semana anterior y 10,5 millones por debajo de lo obtenido en 2016- 2017 y éste parece ser sólo el comienzo porque el achique sería aún más drástico.
   Por su parte la Bolsa de Comercio de Rosario fue más allá y proyectó un recorte de 5 millones de toneladas y una cosecha total de 46,5 millones.
   Ambas entidades coinciden que sí se prolonga la falta de lluvias la situación podría ser peor en el corto plazo y los pronósticos climáticos no son muy alentadores.
   En este contexto, la Bolsa de Cereales recortó su proyección de producción de maíz con destino grano comercial para la campaña en 2 millones de toneladas llegando a las 37 millones de toneladas, 4 millones menos que las estimadas durante septiembre del año pasado.
   Por su parte, la entidad rosarina también redujo su estimación de la cosecha de maíz en 4,9 millones, frente a las cifras planteadas a comienzos de enero y que ahora sería de 35 millones de toneladas. 
 
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Prevén breve, pero intenso descenso térmico, seguido por calor

 

   Buenos Aires, 23 febrero (PR/18) — La perspectiva agroclimática de la Bolsa de Cereales porteña prevé breve, pero intenso descenso térmico, seguido por calor, para finalizar con precipitaciones sobre el norte y el oeste del área agrícola, mientras que la mayor parte de su extensión recibirá valores escasos.
   El ciclo comenzará con la entrada de vientos del sector sur- sudeste, "provocando un marcado descenso térmico sobre gran parte del área agrícola, con riesgo de heladas en las zonas serranas y cordilleranas", indicó el autor del informe, el especialista Eduardo Sierra.
   Indicó que el descenso de la temperatura será de corta duración y que los vientos del norte retornarán rápidamente, "reactivando la ola de calor en la mayor parte del área agrícola".
   "Hacia el final de la perspectiva, se producirán lluvias aisladas de frente caliente que, posteriormente, darán paso al avance un frente de Pampero, con precipitaciones con valores significativos sobre el norte y el oeste del área agrícola, mientras que la mayor parte de La Argentina y del Uruguay, recibirán valores escasos", señaló el reporte. 
 
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El cambio del clima deja huella en la agricultura

 La temperatura media y las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera fluctúan desde siempre. De hecho, en un ciclo de cientos de miles de años se produjeron diferentes climas, producto de cambios en la superficie terrestre –diferente ubicación de los continentes– y en la órbita alrededor del Sol, lo que modificó el balance de radiación del sistema climático. Lo cierto es que, en los últimos años, la Tierra registró un aumento de 0,94 °C y, según el Panel Intergubernamental de la ONU sobre Cambio Climático (IPCC), existe una altísima probabilidad de que eso se deba a las actividades humanas.

La atmósfera es el escudo invisible que recubre el planeta. Compuesta por nitrógeno, oxígeno, dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, entre otros gases, esta capa que protege la vida en la Tierra, no solo evita que la radiación solar impacte directamente, sino que además, –gracias a su composición– la temperatura media de la superficie ronda los 15 °C.

Si bien se trata de procesos complejos que se desarrollan en el transcurso de varios años, “cuando la composición de la atmósfera es modificada natural o artificialmente, cambia la reflexión y absorción de energía solar y, como resultado, se obtiene un clima distinto”, señaló Mario Núñez, profesor en Meteorología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador del Conicet, quien aseguró que “el clima está en permanente cambio”.

Para entender lo que sucede en la actualidad es necesario remontarnos a 1750: el inicio de la era industrial. Esa revolución marcó un punto de inflexión en la historia, se pasó de una economía rural basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio de productos agrícolas a una de carácter urbano, industrializada y mecanizada e intensiva en cuanto a la movilización y comercialización de productos.

“Desde el comienzo de la era industrial, el incremento en la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera fue notable”, indicó Núñez quien analizó: “Las emisiones resultantes de las actividades humanas fueron la principal causa del rápido calentamiento del planeta durante los últimos 150 años”.

“Sabemos que la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene de la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón)”, afirmó Núñez quien aclaró que no es la única fuente: “Los cambios en el uso del suelo, deforestación de bosques nativos sumado al crecimiento de las ciudades y el aumento de la población también hicieron su aporte”.

Según el IPCC el calentamiento en el sistema climático es inequívoco y muchos de los cambios observados no tienen precedentes. “La atmósfera y el océano se calentaron, los volúmenes de hielo y nieve disminuyeron, el nivel del mar se elevó y las concentraciones de gases de efecto invernadero aumentaron”, detalló Núñez como evidencia de la influencia humana.

En relación con el clima presente, investigadores argentinos del Conicet y de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la UBA, en el informe de la Tercera Comunicación Nacional de la República Argentina a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, determinaron que el sudeste de América del Sur, integrado por la Argentina, Uruguay y el sudeste de Brasil, es una de las regiones del mundo donde se registraron los mayores cambios en el clima durante los últimos 30 años.

De todos modos, Núñez destacó que “los cambios térmicos observados no solo se deben al incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino que además están causados por cambios en el uso de la tierra”.

Para Gabriel Rodríguez, experto en Cambio Climático del INTA, la influencia humana es clara. “Cuando hablamos de cambio climático el componente de la actividad humana es un factor clave y asume la forma de tendencia creciente, principalmente en la temperatura global del planeta”, expresó.

Según la Tercera Comunicación Nacional, en la región Pampeana argentina –a partir de 1960– las lluvias de primavera-verano aumentaron entre un 10 % y un 50 % y las temperaturas mínimas subieron hasta 1,9 °C mientras que las máximas se redujeron hasta 2 °C.

“Además de las variaciones en los patrones de lluvias y temperaturas, las modificaciones en la frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos, como las intensas precipitaciones y olas de calor que ocurrieron en la Argentina en el primer semestre, podrían deberse al cambio climático”, describió Rodríguez quien aclaró: “También es posible que sean consecuencia de la variabilidad natural del clima”.

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En la región Pampeana argentina las lluvias de primavera-verano aumentaron entre un 10 % y un 50 % y las temperaturas mínimas subieron hasta 1,9 °C.

A rigor de verdad, la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos informó en 2016 que, por tercer año consecutivo, las temperaturas fueron las más altas desde que comenzaron los registros en 1880. “La temperatura global fue 0,94 °C superior a la media del siglo XX”, señaló el documento.

En esta línea, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) –organismo que recopila datos en la Argentina desde 1872– afirmó que la temperatura subió en promedio 0,5 °C en esta región del mundo. Además, reveló que el volumen de lluvias creció un 20 % en el período que abarca desde 1961 a 2010.

En los últimos 800.000 años, las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso aumentaron a niveles sin precedentes. A escala mundial, la producción de electricidad y calefacción, transporte, industria y deforestación son las principales fuentes de dióxido de carbono, mientras que la agricultura es la principal responsable de la producción de metano y óxido nitroso. Este último en particular tiene un potencial de calentamiento global 310 veces más alto que el dióxido de carbono.

Cómo medir el impacto en el futuro inmediato

El cambio en el clima transformó el régimen de lluvias y de temperaturas a escala global y, la Argentina no es ajena a esta situación. En este punto, la clave para el sector agropecuario estará en implementar las prácticas necesarias para adaptarse y no quedar en el intento.

En la Argentina, los cambios que se sucedan en el clima afectarán de diversas formas y con diferentes magnitudes al sector agropecuario. “Las modificaciones en los patrones de lluvias y en las temperaturas, por un lado, alterarán la productividad de los cultivos y de los rodeos; y por el otro, aumentarán la presión que ejercen las malezas, plagas y enfermedades”, señaló Rodríguez quien analizó: “El clima siempre fue un factor de riesgo para la producción agrícola y, en este contexto, la contingencia se verá incrementada”.

En la Tercera Comunicación Nacional, se analizan modelos de simulación del crecimiento y desarrollo de cultivos en escenarios climáticos futuros. De allí se desprende que, en promedio y en la región pampeana, tanto el maíz como la soja se verían favorecidos. Si bien, el rendimiento del cereal podría incrementarse levemente, la oleaginosa rendiría hasta un 50 % más hacia fines de siglo. Con respecto al trigo y en un futuro cercano (2040) los rendimientos podrían disminuir.

“Si bien estos resultados pueden verse como favorables, no hay que perder de vista que se trata de promedios regionales y de una serie de 30 años, lo que implica que las variaciones espaciales y temporales son altas, con zonas donde los rendimientos disminuirán y otras en las que los incrementos serán mayores”, aclaró Rodríguez.

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Rodríguez: “El clima siempre fue un factor de riesgo para la producción agrícola y, en este contexto, la contingencia se verá incrementada”.

Según el último informe del IPCC, la temperatura en superficie continuará en aumento a lo largo del siglo XXI, con la posibilidad de alcanzar un incremento de entre 0,3 °C y 0,7 °C para el período 2016-2035 y de entre 1,5 y 4,6 °C al 2100, con respecto a los niveles preindustriales. Datos que proyectan un futuro cada vez más complejo.

“Sobre nuestro territorio el clima ya cambió”, afirmó Pablo Mercuri –director del Centro de Investigación en Recursos Naturales del INTA–, quien fue categórico: “Estamos ante una alta probabilidad de ocurrencia de eventos de alto impacto como lluvias, olas de frío o calor, de condiciones meteorológicas que se modifican muy rápidamente, con las que conviven las producciones agropecuarias y a las que debemos estar cada vez más preparados debido a que estos eventos climáticos no solo son extremos, sino que además, tienen un alto impacto sobre la vida de los habitantes y sus producciones”.

En este sentido, Mercuri consideró a la ocurrencia de precipitaciones extremas en un corto tiempo como una clara evidencia de los cambios. “Tuvimos en el término de 10 días eventos extremos en 11 provincias. Lo que ocurrió en la localidad de Comodoro Rivadavia –Chubut– a principios de abril de este año nos impactó a todos y no deja de ser una alarma a la que tendremos que prestar atención”, acentuó.

“El impacto estuvo dado porque el evento extremo ocurrió en una zona muy árida y sin vegetación en la que no hay manera de retener el agua. Todo escurre y termina, por lo tanto, sobre las zonas urbanas. En especial, afectando a las poblaciones más vulnerables que habitan en zonas bajas, cuenca abajo”, detalló Mercuri.

Natalia Huykman, asesora del área de proyectos en la oficina de la FAO en la Argentina, destacó que “según el IPCC es muy probable que las olas de calor ocurran con mayor frecuencia y duren más tiempo, y que los episodios de precipitación extrema sean más intensos y frecuentes”.

De hecho, “en el centro y noreste de la Argentina, ya se observan aumentos en temperaturas, precipitaciones, escorrentías y rango de distribución de vectores transmisores de enfermedades”, puntualizó Huykman y añadió: “En la zona cordillerana y patagónica, se evidencian reducciones en precipitaciones, derretimiento de glaciares y aumento en las temperaturas, así como en la intensidad de los eventos extremos”.

Frente a esto, las opciones no abundan. “Debemos implementar acciones para la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero y avanzar en el desarrollo de estrategias de adaptación de los cultivos que nos permitan mitigar los efectos”, dijo Rodríguez.

El aumento en la frecuencia de temperaturas extremas, registrado en los últimos años, lleva a que investigadores y técnicos agudicen el ingenio para minimizar los efectos que esto puede tener sobre la producción mundial de alimentos.

“Estos factores generan presión directa sobre los sistemas agroproductivos: limitan la disponibilidad de agua y forraje, acentúan la vulnerabilidad ante plagas y enfermedades y reducen los rendimientos de ciertos cultivos”, analizó Huykman.

Asimismo, Huykman destacó que “en un contexto de crecimiento poblacional sostenido y el consiguiente aumento en la demanda de alimentos, el cambio climático ejerce una presión indirecta sobre las capacidades de uso de las tierras productivas, la vulnerabilidad de las poblaciones rurales y el aumento de las migraciones del campo a las ciudades”. 

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Fuente: INTA informa