Alberdi denunció cómo el sistema tributario perpetúa el modelo colonial, castigando al sector privado con impuestos crecientes para sostener el populismo
Por Roberto Cachanosky
Buenos Aires, 04 Dic (PR/24) .- En el Sistema Económico y Rentístico, Alberdi escribió: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país ha sido la riqueza del Fisco. Debemos al antiguo régimen colonial el legado de este error fundamental de su economía española»
Si bien la obra más conocida de Juan Bautista Alberdi es “Bases y puntos de partida para la organización política de la República de Argentina”, otro de sus libros fundamentales es el “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina”, según su Constitución de 1853. En un donde la historia y la educación han sido erosionadas, muchas personas desconocen quién fue Alberdi y el valor de sus obras.
Por el contrario, a lo largo de la historia se enaltecieron figuras controvertidas, mientras se han ignorado a pensadores fundamentales como Alberdi.
En el Sistema Económico y Rentístico, Alberdi escribió: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país ha sido la riqueza del Fisco. Debemos al antiguo régimen colonial el legado de este error fundamental de su economía española. Somos países de complexión fiscal, pueblos organizados para producir rentas reales. Simples tributarios o colonos, por espacio de tres siglos, somos hasta hoy la obra de ese antecedente, que tiene más poder que nuestras constituciones escritas. Después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco nacional: he ahí toda la diferencia. Después de ser colonos de España, lo hemos sido de nuestros gobiernos patrios: siempre estados fiscales, siempre máquinas serviles de rentas, que jamás llegan, porque la miseria y el atraso nada pueden redituar”.
Y más adelante añadía: “El moderno régimen está en nuestros corazones, pero el colonial en nuestros hábitos, más poderosos de ordinario que el deseo abstracto de lo mejor”.
Tras la independencia, cambiamos de dueño, pero no de modelo: de máquinas del fisco español a máquinas del fisco argentino
Pasaron 170 años desde la publicación de ese libro, y seguimos siendo un país de “complexión fiscal”. Tras la independencia, cambiamos de dueño, pero no de modelo: de máquinas del fisco español a máquinas del fisco argentino.
En nombre de la recaudación fiscal, se violan derechos fundamentales. Si alguien se opone a este trato confiscatorio, no solo es perseguido como evasor sino también acusado de desinteresarse por el equilibrio fiscal. Paradójicamente, el mismo Estado que promueve este modelo demanda casi dos tercios de la renta de la soja para sostenerse y perpetúa un sistema que castiga al sector productivo.
(Foto: EFE)
Hoy, la nueva regla es el equilibrio fiscal, aunque sea a costa de quedarse con el 67% de la renta de la soja.
Objetivos del sistema tributario
Al sistema tributario se le piden tres objetivos principales:
Generar ingresos para el fisco;
Asignar recursos productivos; y
Redistribuir ingresos.
El primer punto no requiere mayor explicación: los impuestos financian un Estado que se muestra ineficiente e insaciable.
En el segundo, el sistema distorsiona la asignación de recursos. Por ejemplo, gravar fuertemente la nómina salarial encarece el empleo formal, incentivando la informalidad o la automatización. Otro caso son los aranceles de importación: altos para bienes de consumo y bajos para bienes de capital, lo que fuerza una sustitución dirigida.
Los aranceles de importación son altos para bienes de consumo y bajos para bienes de capital, lo que fuerza una sustitución dirigida (Foto: Shutterstock)
El Impuesto PAIS y las retenciones a quienes compran dólares para viajar al exterior refuerzan esta lógica, etiquetando a los consumidores como “traidores a la patria”. Sin embargo, el atraso cambiario diluye su efecto. Las cifras lo demuestran: en octubre, los argentinos que viajaron a Chile crecieron 107% interanual, un dato que refleja las distorsiones económicas.
Redistribución de ingresos
Respecto a la redistribución de ingresos, el Impuesto a las Ganancias castiga el éxito económico, como si la eficiencia o la satisfacer las necesidades del consumidor fuera un pecado. En lugar de redistribuir mediante impuestos distorsivos, debería hacerse vía presupuesto, detallando beneficiarios, montos y plazos, tal como exige la transparencia fiscal.
Si bien ningún tributo es completamente neutro, el sistema debería minimizar las distorsiones en precios relativos y evitar ahogar al sector productivo. Sin embargo, el problema no radica solo en los impuestos, sino en el nivel de gasto público, que demanda una recaudación insostenible.
El sistema debería minimizar las distorsiones en precios relativos y evitar ahogar al sector productivo. Sin embargo, el problema no radica solo en los impuestos, sino en el nivel de gasto público
El presidente Javier Milei, que prometió no subir impuestos, los aumentó al asumir: subió de7,5% a 17,5% el Impuesto PAIS, restableció el Impuesto a las Ganancias para la cuarta categoría y elevó los gravámenes a los combustibles líquidos.
La diferencia entre las máquinas serviles del fisco que denunciaba Alberdi en la relación de la colonia con España era porque en esa época la corona tenía que financiar sus guerras.
Recordemos que, por ejemplo, la revolución por la independencia americana se produce por la mayor carga impositiva que quiso imponer el rey de Inglaterra a los colonos para financiar los gastos de guerra con Francia. Curiosamente, luego Francia va a ayudar a las fuerzas continentales a combatir contra el ejército inglés.
En tiempos de Alberdi, los impuestos financiaban guerras. Hoy, en cambio, sostienen un populismo disfrazado de “solidaridad social”. Basta observar la composición del gasto público para ver que las funciones básicas del Estado quedan relegadas, mientras el gasto social se lleva la mayor parte del presupuesto.
Argentina necesita una reforma tributaria profunda: impuestos simples, alícuotas bajas y una base amplia. Muchos deben pagar poco, en lugar de pocos pagando mucho. Esto no solo reduciría la evasión, sino que aliviaría la carga sobre el sector productivo y permitiría un desarrollo más sostenible, al quitar uno de los estímulos para evadir.
En palabras de Alberdi, hemos dejado de ser colonos de España para convertirnos en esclavos de los políticos, trabajando para sostener sus conquistas políticas mediante un sistema fiscal que ahoga la libertad y la productividad.
Coordinador General de Revista Novedades Económicas
Buenos Aires, lunes 2 diciembre (PR/24) –El llamado impuesto inflacionario no es sólo una fuente no legislada de financiamiento del déficit fiscal, es también una especie de “marea alta” que no deja ver con claridad el resto de las deficiencias de la economía.
Por el lado de la oferta, cuando la marea baja pasa a ser urgente avanzar en productividad yabatir el “costo argentino”, en el contexto de una economía más abierta al mundo; mientras que, del lado de la demanda, una vez conseguida, la estabilidad pasa a ser “un bien adquirido”, y la agenda se desplaza hacia nuevos requerimientos, vinculados con la calidad y disponibilidad de servicios públicos, la eficacia de las agencias regulatorias, la competencia existente entre los oferentes de bienes y servicios privados, entre otros.
Además, para el caso de países bimonetarios como la Argentina, la transición en marcha debe contemplar la profundización de la operatoria del sistema financiero y del mercado de capitales, tanto en pesos como en dólares, ya que la “competencia de monedas” no debería limitarse al plano transaccional.
A su vez, para que depósitos y préstamos en dólares mantengan su dinámica, se requieren “sujetos” de crédito operando en actividades con sesgo exportador. De lo contrario, el bimonetarismo seguirá con una base de sustentación muy angosta del lado real de la economía, con el riesgo de una futura alteración de las reglas para que, demandantes de crédito en pesos (que podrían encarecerse relativo a los en dólares) accedan a préstamos en moneda extranjera.
Es el descalce de monedas que ya se experimentó en la última etapa de la convertibilidad. El gobierno se resiste a anular el blend (por el cual las exportaciones se liquidan hasta un 20% a través del CCL) y uno de los motivos podría ser evitar la emisión monetaria derivada de las compras de dólares del BCRA en el mercado oficial.
Esta política de astringencia monetaria empuja en dirección a la “dolarización endógena”, en una economía en la que los sectores que producen bienes exportables representan apenas el 27,6% del PIB. Si el rumbo fuera distinto, conviene que sea explicitado.
Así, se tiene que, sin haberse completado la tarea de la estabilización, en la agenda comienzan a asomar con fuerza los ítems que tienen que ver con definir de modo más nítido el esquema monetario-cambiario “permanente” al que se apunta, junto con la necesidad de una economía más competitiva y nuevos motores que empujen el crecimiento.
Es cierto que el consumo seguirá recuperándose, en la medida en que pueda mantenerse a raya la inflación; y que las inversiones ya están comenzando a dar resultados visibles en sectores como hidrocarburos y minería, pero se necesita encender motores adicionales para empujar el PIB de un país con 46 millones de habitantes.
En un principio de resumen, acercándonos a fin de año, no deberían faltar los siguientes puntos:
En 2024 apenas si se ha iniciado una compleja transición, dejando atrás un “modelo” basado en el cierre de la economía y el gasto público como supuestas “locomotoras”, pero con un nuevo régimen que sólo puede desplegar su potencial en el mediano plazo, haciendo que los “resabios” del viejo modelo perduren en sectores y regiones.
Esto explica la heterogeneidad de los datos de salida de la recesión. Con estimaciones de Jorge Day, y focalizando en la evolución de la masa salarial privada: de marzo a setiembre de 2024 (desestacionalizado) entre las provincias que lograron más rápida recuperación en términos reales, habiendo caído menos hasta marzo, se cuentan Neuquén, Río Negro y Chubut. Del otro lado, con merma significativa de poder adquisitivo de la masa salarial privada hasta marzo, y descensos adicionales entre marzo y setiembre, se tiene a Formosa, La Rioja y Catamarca. Con rebote importante, pero sin compensar la caída previa, se encuentran Mendoza y CABA. Y las provincias intensivas en industria y actividad agropecuaria, caso de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, se encuentran ubicadas “al medio del pelotón”.
El 2024 estará terminando con una caída del PIB del 3,0% y expectativas de una variación del orden del 4,7% para 2025, con un superávit comercial que se estaría achicando de 17,7 a 11,5 mil millones de dólares de un año para el otro. Lo que hace consistente ambas proyecciones es la reaparición de la liquidez en dólares de la economía, de la mano del blanqueo, la mayor oferta de créditos en argendólares, el auge de las suscripciones de Obligaciones Negociables emitidas por compañías que operan en el ámbito local, y también la normalización de la oferta de crédito de importaciones.
En lo que hace a las restricciones cambiarias derivadas del cepo, sus efectos más negativos en términos de entrada de capitales y distorsiones en el mercado de cambios se han atemperado de forma muy significativa, de la mano de la mayor liquidez en dólares y de los efectos de la política fiscal, monetaria y cambiaria sobre la marcha de la inflación, que conlleva un aplacamiento de las expectativas de devaluación. Pese a que estas tendencias forman parte de los requisitos a cumplir para salir del cepo, paradójicamente el gobierno parece menos urgido por dar ese paso. El riesgo de mayor volatilidad en el período preelectoral no se evita esperando a quitar las restricciones cambiarias después de octubre de 2025, pero también es cierto que han aparecido mejores condiciones para “estirar la vida útil del cepo”, como se analizara en el informe de noviembre. Seguramente también influye el hecho que el riesgo país, actualmente en 752 puntos, no ha bajado lo suficiente como para realizar emisiones de deuda, en un contexto en el que los vencimientos de pasivos estatales en manos de privados siguen siendo significativos, del orden de los 7,0 puntos del PIB para 2025, en el caso de la deuda doméstica. Hasta mediados de año, el sistema bancario venía cumpliendo un rol fundamental para el éxito de las licitaciones del Tesoro en procura de refinanciar vencimientos de deuda. Pero esa dinámica ha cambiado (en buena hora) ya que las entidades financieras encuentran más atractivo aplicar la liquidez a favor del crédito al sector privado.
Primicias Rurales
Fuente: Revista Novedades Económicas. IERAL. Fundación Mediterránea
Recuperación heterogénea: Desde marzo/abril de 2024, se observa una leve mejora económica con variaciones entre sectores y regiones. Mejor desempeño en minería y agro; rezago en industrias no agrícolas.
Neuquén lidera: Impulsada por Vaca Muerta, junto con Río Negro y Chubut. Mendoza mejora por cosecha de uvas.
Provincias grandes: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe marcan el promedio nacional con su aporte agrícola.
Regiones desfavorecidas: Provincias pequeñas y del norte argentino sufren más por su dependencia de transferencias nacionales mínimas.
Perspectivas: Recuperación del poder adquisitivo continuará, apoyada por estabilidad en salarios y factores favorables como petróleo y minería. Sin embargo, el impacto de la cosecha podría ser transitorio.
Buenos Aires, jueves 21 noviembre (PR/24) — A nivel global la actividad económica en el país cayó fuertemente a fin de año, y a partir de marzo/ abril 2024 se ha ido recuperando levemente, en forma heterogénea en cuanto a sectores. Peor la industria que no está basada en el agro, y mejor la minería y el sector agrícola.
Siendo así, la recuperación también ha sido heterogénea en las regiones argentinas. Para dimensionar esas diferencias, se utilizará un índice de poder de compra de la masa salarial privada sin estacionalidad. En agosto de año 2023 se llega a un techo, para luego ir disminuyendo hasta marzo 2024 (-8% a nivel nacional). A partir de ahí la masa salarial se ha ido recuperando de a poco, más por salarios que por empleo.
Acorde a estos datos la mejor posicionada ha sido Neuquén que viene siendo la estrella desde hace unos años, gracias al impulso petrolero asociado a Vaca Muerta. Esto también ayudó a Río Negro. Por un tema similar también se habría favorecido Chubut. En Mendoza mejor por mayor cosecha en uvas.
Las provincias grandes, Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, son las que determinan el promedio nacional. Si les fue relativamente mejor, gracias a una mayor cosecha en granos, entonces el promedio se aleja más de las provincias pequeñas.
A eso se agrega que varias de esas jurisdicciones pequeñas son muy dependientes de los fondos nacionales, en especial de las transferencias discrecionales, que se redujeron a un mínimo. Por lo cual, aparecen con una peor performance en masa salarial. En este grupo menos favorecido se encuentran varias provincias del norte argentino, con la notoria excepción de Salta. También se ha visto afectada Tierra del Fuego, al ver disminuida la producción de productos industriales sustitutos de importación
Una consecuencia de un menor poder de compra de la población son las menores ventas. En general, las provincias norteñas también tuvieron peor performance en el comercio, por ejemplo, supermercados autos y motos
A nivel macroeconómico, para los próximos meses aparecen dos factores positivos; por un lado, la recuperación económica que viene siendo gradual. Por otro lado, cuando el dólar oficial se rezaga con respecto a la inflación, se recuperan los salarios y, por ende, las ventas en el mercado interno. Esto sería un punto a favor para todo el país.
Un interrogante qué ocurrirá con los factores que generaron las diferencias regionales que recién se comentaron. Algunos de estos se los puede considerar transitorios, por ejemplo, la cosecha de granos en la región pampeana; después de un mal 2023, se recuperó al año siguiente, pero no se espera un incremento de la misma magnitud para el 2025.
Otros factores podrían continuar creciendo, como el caso del petróleo y la minería. Es conocido el alto rendimiento que presenta la explotación no convencional del petróleo. Y a eso se le sumaria las ventajas del RIGI, un programa que promueve grandes inversiones en las regiones especialmente asociada a los hidrocarburos y a la minería.
En cuanto a las transferencias discrecionales, es posible que el gobierno nacional mantenga su política de mantenerlas en el mínimo. Aunque complicará a las jurisdicciones que cuentan con pocos recursos para desarrollar su actividad económica, se lo puede considerar como un fenómeno transitorio, porque no pueden seguir cayendo más esas transferencias.
Por lo tanto, para los próximos meses, a nivel global se espera el mantenimiento de esa recuperación del poder de compra de la población. Posiblemente también se mantengan los factores que favorecen a las provincias petroleras y mineras.
Por Sergio Juve | Lider de Agrocanjes y Nuevos Negocios ROAGRO SA
Buenos Aires, lunes 18 noviembre (PR/24)– Desde Alberto Fernández en el mes de Septiembre 2022, que se creó el primer PIE I, Plan de incremento exportador, luego fueron pasando Dólar Maíz Pie I, II, III … hasta llegar al contemporáneo dólar Blend, el cual como todos sabemos se forma de un 80% de TC Oficial y 20% del dólar ccl y además fue el primero en no tener fecha de vencimiento
Estos PIE nos trajeron una distorsión de precios expresados entre pesos y dólares respecto al mercado natural. La distorsión fue tal, que en un momento que se liquidaban granos entre un 41% y un 43%, más que el dólar oficial, en ese momento tuvimos algunas oportunidades muy distintas a lo que hoy tenemos.
El problema más grande es que perdíamos referencia de nuestro mercado futuro MTR, ya que los valores expresados en dólares no se sabían si coincidían con los pesos generados en ese momento.
CAPACIDAD TEORICA DE PAGO
¿Ahora, resuelta inservible el dólar blend, con un spread del 3%?.
La respuesta es, no, por su arquitectura diferente a los primeros PIE hoy nos está devolviendo una parte del premio que en el caso de la soja forma parte del diferencial de ctp que tenemos hoy en el mercado.
SI vemos el precio del poroto de soja en promedio entre fabrica y exportación ya que en el caso de la fábrica es más complejo, el cálculo, en el disponible, se forma de la siguiente manera, Precios fob, menos retenciones, menos gastos de fobing, y lo comparamos con respecto al precio de la soja disponible, estamos con un premio de casi 7 dólares, entre el fas teórico en dólares tc oficial y el precio fas en dólar blend, con lo cual nos sigue devolviendo parte del premio, que nos da la exportación.
Recordemos que hace unos meses llego a ser de 17 dólares.
Ahora se puede sumar a este precio algo más de premio por la necesidad de la exportación de generar ventas subiendo ese premio aún más.
En el caso de la soja mayo es más difícil de calcular porque no sabemos si este dólar blend puede continuar.
CCL
¿Ahora cómo nos pega la cotización del CCL?, si vemos la cotización diaria como viene corrigiendo el gobierno con su política económica, le hace perder al exportador poder de fuego y achicar ese premio que estamos teniendo, con lo cual una unificación cambiaria que es una gran solución a muchos problemas, podría afectarnos y reducir ese premio que hoy estamos teniendo. No solo en sobreprecio sino en el diferencial en el caso de alguna cotización a dólar oficial todavía podemos hacernos de ese pase entre dólar blend y dólar oficial.
SI vemos el dólar blend contra dólares reales hoy es de 3% y en su mejor momento fue de 10%, con lo cual hoy podemos hacernos de dólares mep a un precio más cercano.
Ahora si analizamos pricing estamos en dólares en mano casi un 30% mejor parados con respecto a la cosecha de soja.
Con lo cual estamos ante un momento que te puede gustar o no el precio, las malditas retenciones nos siguen afectando y mucho, pero de alguna manera tenemos algún aliciente en el mercado disponible.
COBERTURAS
Otro punto importante es aprovechar este spread cambiario para poder tomar coberturas ya que estamos con un diferencial para la compra de opciones y en esta volatilidad de mercado entrar a una nueva cosecha sin coberturas es un riesgo muy alto.
Hemos tenido cambios desde el 2022, pero como buenos Argentinos que somos le hemos sabido poner todo tipo de nombres a estos PIE. Desde Dólar Fernet (70/30) hasta Blend (80/20), siempre bien acertados ya que no solo supieron manejar el pulso de ventas del mercado con estas reglamentaciones, sino que nos han mareado de una manera increíble.
Sergio Juve | Lider de Agrocanjes y Nuevos Negocios ROAGRO SA
Sin una dolarización oficial, la Argentina seguirá condenada a la inestabilidad macroeconómica, el estancamiento y el default de su deuda soberana.
Por Emilio Ocampo
Buenos Aires, 11 de noviembre (PR/24) .- Se escucha a veces hablar de la “escasez estructural de dólares” de la economía argentina. Esta también llamada “restricción externa” no es más que el límite que le impone el mundo a la desenfrenada prodigalidad de los gobiernos y los políticos argentinos. La pretensión de tener un Estado de Bienestar al estilo europeo que Perón impuso en 1946 como política de estado se choca períodicamente con los magros niveles de inversión y productividad que aporta un sector privado agobiado por impuestos y regulaciones. La destrucción de los mercados de capitales locales vía represión financiera, intervencionismo y confiscaciones dejó sólo dos mecanismos para financiar un “Estado de Malestar”, ineficiente y corrupto: emisión monetaria y deuda externa.
La “maquinita” ha sido el único mecanismo al que han podido recurrir los gobiernos populistas cuando ya no les quedan ahorros privados fáciles de confiscar. A los gobiernos no populistas, más creíbles internacionalmente, no tuvieron más opción que recurrir a la deuda externa para reducir gradualmente los excesos del populismo sin alimentar la inflación. Pero como desde 1955 el sistema corporativista ha logrado abortar todos los intentos de poner en caja al Estado del que se nutre, la Argentina ha oscilado entre crisis inflacionarias y crisis externas. Esto explica por qué es el país que desde 1955 en adelante tiene más años con inflación alta, recesión y default.
Los argentinos aprendieron a defenderse de las depredaciones de un Estado abusivo huyendo del peso y ahorrando en dólares fuera del sistema bancario doméstico. La elección por el dólar no se explica por afinidades culturales con el imperio (la Argentina es el país con el sentimiento anti-norteamericano más intenso en América Latina) sino por instinto de supervivencia.
Mientras que el sector privado ahorra en dólares, el Estado desahorra (se endeuda) en dólares. Consecuentemente, como en un juego de gato y ratón, éste permanentemente busca apoderarse de los dólares de aquel a un tipo de cambio inferior al del mercado imponiendo todo tipo de controles, restricciones y penalidades. En este aspecto el dólar es como cualquier otro bien: un precio máximo por debajo del equilibrio de mercado genera exceso de demanda y escasez de oferta.
Para imponer el peso y recaudar impuesto inflacionario, el Estado impone innumerables obstáculos a la tenencia, uso y transferencias de dólares. La incongruencia entre una dolarización de facto de la economía y el curso forzoso del peso no sólo genera inestabilidad sino también altísimos costos de transacción para la economía.
A esta incongruencia, se agrega otra igualmente costosa y desestabilizante: el descalce cambiario del sector público. El Estado recauda en pesos, pero necesita dólares para pagar sus deudas. Los únicos tributos cuya base imponible se ajusta al dólar son los aranceles a las importaciones y los derechos de exportación. Desde 2020 hasta septiembre de 2024 estos impuestos representaron, en promedio, sólo 11% de la recaudación total.
Todo esto viene a colación del siguiente dato: entre 2025 y 2034, la Argentina deberá desembolsar anualmente, en promedio, US$20.400 millones en concepto de capital e intereses de su deuda pública denominada en moneda extranjera (fundamentalmente en dólares). De esta suma, prácticamente la mitad deberá pagarse a organismos internacionales y el resto a inversores privados no residentes. Los intereses representan, en promedio, aproximadamente 1% del PBI.
Se podrían hacer varias observaciones sobre este dato. Primero, los países normales no pagan su deuda sino que la renuevan. Segundo, el nivel de deuda externa con relación al PBI de la Argentina parece comparable al del resto de América Latina. Pero la Argentina no es un “país normal: y como no tiene acceso a los mercado no puede renovar la deuda con el sector privado. Además como es un defaulteador serial que padece de “intolerancia financiera”, un ratio de deuda externa/PBN por encima de 30% (manejable para un “país normal”) genera efectos no deseables incluyendo crisis cambiarias, bancarias y externas.
Si bien es cierto que la deuda con organismos internacionales no presenta riesgos de renovación (roll-over), la expectativa del FMI es que la Argentina cancele gradualmente (y lo más rápidamente posible) el capital adeudado. La única manera de hacerlo es accediendo a los mercados de capitales internacionales. Esto supone que en los próximos 10 años la Argentina deberá conseguir que los inversores le renueven cerca de US$90.000 millones más la deuda con el FMI de casi US$42.000 millones.
A esta cifra debemos agregarle las necesidades de financiamiento del sector privado que son considerables bajo un escenario de crecimiento sostenido. Desde 2005 hasta 2023 la tasa de ahorro doméstica promedió 17,2% del PBI y no alcanzó a financiar una magra tasa de inversión de 17,8%. La diferencia la financió el resto del mundo. Como se puede ver en el gráfico, con estos niveles de inversión la economía no crece.
“Hay que tener en cuenta que la amortización por sí sola es igual a 15% del PBI,” explica Orlando Ferreres. “Se necesita invertir eso simplemente para no perder capital productivo. Para crecer al 5% anual la Argentina necesita invertir el 25% del PBI: 15% para cubrir la amortización y 10% de aumento de capital”. Esto implica una inversión anual de US$150.000 millones, qué bajo el régimen monetario actual difícilmente podría ser financiada localmente porque los argentinos han demostrado no estar dispuestos a ahorrar en pesos.
Supongamos un objetivo más modesto: una tasa de inversión de 22% del PBI (el promedio de Perú entre 2003 y 2023). Esto significa casi siete puntos porcentuales por encima de la tasa alcanzada en los dos primeros trimestres de 2024. Si suponemos que la inversión extranjera directa representará la mayor parte de esta inversión adicional el sector privado necesitará financiar desde el exterior, con un mix de bonos, préstamos, acciones e inversión directa, de al menos US$40.000 millones netos por año. Para poner esta cifra en perspectiva, en los últimos veinte años, los flujos financieros netos totales a América Latina promediaron US$150.000 millones por año y la participación promedio de la Argentina fue de 7,3%.
Las proyecciones del FMI para 2025-2029 son bastante más modestas que las que requiere el cálculo anterior. Suponen que la cuenta financiera aportará, en promedio, US$8.600 millones por año. Este escenario se basa en un supuesto clave que dada la proverbial inestabilidad argentina parece cuestionable: que los cambios impulsados por el gobierno desde diciembre de 2023, especialmente el superávit fiscal, se sostendrán durante al menos los próximos cinco años.
Ni Vaca Muerta, ni la minería, ni el litio nos van a “salvar”, porque para que puedan “salvarnos” será necesario invertir sumas considerables que no son posibles de financiar localmente bajo el régimen monetario actual. Es posible que el sector energético en 2030 aporte US$30.000 millones de dólares en exportaciones, pero la inversión que esto requiere será superior. Aunque no he visto ningún análisis detallado, desde el punto de vista del flujo neto de dólares (exportaciones menos importación de equipos, repatriación de dividendos e intereses sobre deuda), es probable que Vaca Muerta sea deficitaria que en los próximos años.
¿Por qué una dolarización oficial contribuiría a resolver este problema? En primer lugar, porque desaparecería el descalce cambiario del sector público, junto con el déficit fiscal uno de los principales generadores de inestabilidad macroeconómica. El Estado pasaría a recaudar impuestos en dólares y no se vería obligado a “rapiñarle” dólares al sector exportador a tipos de cambio desfavorables que desincentivan la inversión.
En segundo lugar, porque al repatriar una parte importante de la liquidez en dólares que está fuera del sistema financiero (según el INDEC aproximadamente US$ 250.000 millones) permitiría aumentar la tasa de ahorro doméstica. Esto contribuirá al aumento del crédito al sector privado a tasas razonables (siempre y cuando el Estado no vuelva a las andanzas). La repatriación y posterior intermediación de esta masa de liquidez dolarizada es la única esperanza de la Argentina para resolver el drama de la pobreza estructural. Y este escenario difícilmente ocurra sin una dolarización oficial (como he explicado en este y este artículo hay otros buenos argumentos a favor de una dolarización).
A la Argentina no le faltan dólares. Le faltan dólares al Estado y le seguirán faltando mientras exista una moneda que los políticos pueden abusar a piacere.
En una economía moderna el principal creador de dinero es el sistema bancario privado. Por ejemplo, en Suecia el dinero externo que emite el banco central casi ya no existe. El reciente aumento de los depósitos en dólares gracias al blanqueo es prueba elocuente de que en la Argentina hay muchos dólares. Una dolarización es factible porque es autofinanciable. No es necesario retirar todos los pesos de la noche a la mañana. Sólo congelar la circulación monetaria, declarar al dólar moneda de curso legal y adoptarla como única moneda de cuenta del sistema financiero.
Se dice que la Argentina es una economía bi-monetaria. En realidad, es una economía bi-monetaria pero mayormente dolarizada de facto. Sostener otra cosa es voluntarismo. Una dolarización oficial –declarar el curso legal del dólar, congelar los pesos en circulación y dolarizar 100% de los depósitos y préstamos bancarios– no significa imponerles a los argentinos arbitrariamente una moneda, sino reconocer que el dólar es la moneda que ya han elegido y prefieren usar. La única moneda que los argentinos no quieren y que el Estado a tratado de imponerles por la fuerza es un peso que se deprecia día a día.
Fernando Vuelta | Director de Comercialización de Agroeducación
Cuando la experiencia deja de ser nuestra aliada.
Buenos Aires, lunes 11 noviembre (PR/24) — Cuan dificultoso es dar marcha atrás con una consigna cuando la construimos en nuestra mente como verdad suprema.
Es una situación fácilmente observable en cualquier interacción de personas que implique una discusión sobre algún tópico polémico que osa hacer temblar alguna estructura mental preestablecida.
Más aun para nosotros los argentinos donde el punta y hacha verbal es casi un deporte nacional que practicamos con tanta pasión como frecuencia.
Puede ser muy divertido para una sobremesa de domingo pero cuando cuentan los porotos, esa clase de emocionalidad e intransigencia ante una realidad (muchas veces evidente) puede resultar letal. La inteligencia emocional no puede ganarle a la capacidad intelectual.
Llevándolo al campo empresarial podemos afirmar que, si ante la ocurrencia de un cambio de reglas de juego, decidimos desde el pensamiento dogmático anulando la posibilidad de un análisis crítico, lo sufrirá el estado de resultados. Adaptarse es la clave.
En los últimos 20 años hemos escrito nuestro manual de supervivencia eligiendo caminos ante un cúmulo de regulaciones de tipos de cambio, retenciones fijas o móviles (siempre confiscatorias), tasas en pesos a licuar con devaluación, mercados intervenidos, restricciones a la exportación y podría seguir todo el día.
Tanto tiempo bajo estas condiciones nos han llevado a normalizar la anormalidad, subsistir donde lo impensado tiene ponderación como posibilidad. Cuántas veces hemos repetido “puede pasar cualquier cosa”.
Una anormalidad que funcionaba de espaldas a los libros y que donde la decisión racional (elemental para la teoría económica) no era aplicable y hasta antieconómica.
Por más difícil que se nos haga nuestra diaria, es momento de volver cuanto antes a las sanas reglas del mercado, las que enseñan los libros, aquellas que se quisieron reescribir.
Máximas olvidadas con nueva vigencia
Endeudarse cuesta plata.
Volvamos algo más de un año atrás y repensemos la situación.
Una cosecha de soja fue buena pero veníamos de dos muy malas, estaba llegando una de trigo mediocre en general y el maíz había sufrido un duro golpe por la plaga con grandes mermas.
Tasas de 66/70% se tomaban con total voracidad como modus operandi de supervivencia Albertista/Massista, un carry trade agrícola de manual como lo fue tasa contra tipo de cambio.
El análisis económico financiero basado en margen bruto y eficiencia operativa resultaba irrelevante, el spread tasa/devaluación hacía todo el trabajo.
Tomar pesos prestados era per se una forma de capitalizar la empresa con solo mantener saldos de activos en moneda dura y pasivos en moneda en constante devaluación.
Esta práctica va absolutamente en contra de la lógica económica de funcionamiento de los mercados libres y por lo tanto normales.
La palanca financiera debe tomarse si y solo si la renta operativa que se obtiene de la aplicación de los fondos es en % superior a la tasa pagada. Si está máxima no se cumple la palanca financiera será negativa y como tal es un torpedo en la línea de flotación del estado de resultados
Parece una aclaración obvia pero no lo es, la mente nos lleva a hacer lo mismo que ha funcionado en otras épocas en base a nuestra experiencia reciente, en forma mecánica muchas veces sin profundizar el análisis.
La nueva realidad nos muestra tasas en dólares muy competitivas para fondear capital de trabajo o inversiones, las tasas en pesos en los niveles de antaño son prohibitivas traducidas a moneda dura. O lo que es lo mismo, no existe renta operativa en el campo hoy que pueda pagarlas sin descapitalizarse.
El capital está para fluir, no estancarse.
“Tengo guardada soja y maíz pero si lo vendo, que hago con la plata”
Frase dicha millones de veces en los últimos años y por lógicas razones.
Las restricciones cambiarias provocaron la escasez o inexistencia de refugio en activos líquidos en dólares oficiales y algunas de las pocas alternativas existentes eran:
Insumos con límites prácticos en su acopio y sobrecompra
Dólares alternativos con una brecha de cotización de más del 100% (mep/BNA).
Otros instrumentos que por volátiles, riesgosos o desconocidos no eran utilizados por la mayoría.(ONs, Bonos)
Por otro lado la estrategia hermana de la enunciada en punto anterior era justamente retener inventarios para obtener beneficios de una devaluación.
Con tan solo observar la historia reciente se puede comprobar que la retención por la retención misma nos puede jugar una mala pasada, y el concepto de costo de oportunidad nuevamente hace su aparición y no debe ser ignorado. La gestión es un insumo un poco olvidado que llegará para quedarse.
Mantener stocks es razonable si y solo si durante el período de la guarda estimado el precio de los granos sube más que la tasa que pago por financiarme o es mejor a las tasas de las alternativas de inversión disponibles.
Las alternativas de colocación financiera comienzan a aparecer y lo mejor que podemos hacer como empresarios es enfocarnos en el análisis completo de alternativas para maximizar los resultados que van más allá de lo estrictamente productivo, en este caso financiero.
Nunca olvidarse que las empresas son una máquina de interés compuesto, estancar fondos habiendo alternativas mejores de colocación es como romperle los engranajes.
Bajo este contexto vuelven los análisis de precios diferidos para operar el costo de acarreo de mercadería entre posiciones, o la toma de inversos con colocación de los fondos disponibles entre otros razonamientos. Esto necesariamente llevará a un mercado con mejor volumen, mayor liquidez y por consecuencia mucho más arbitrado.
La estacionalidad afecta los precios de bienes y servicios
Ríos de tinta se han escrito nombrando la ley de la oferta y la demanda, se enseña desde secundarias hasta claustros de altos estudios y sin embargo aquí en Argentina ha tenido un valor relativo.
Me voy a enfocar específicamente en una variable cuyo precio es crítico para el cálculo de costos en un territorio tan vasto como el nuestro: la logística.
Cuenta la leyenda que hace muchos muchos años, se calculaba meticulosamente dentro del costo de comercialización, comparando precios de plena cosecha (altos) con precios en baja (más bajos) para así poder programar una logística que nos arrojara el menor costo posible.
Esta sana práctica presupuestaria y de gestión fue hace mucho abandonada por mucho por otras más intuitivas, necesarios ante cambios y continuas arbitrariedades en las variables macro.
Sin embargo la estabilización me lleva a plantearme que vuelva el comportamiento lógico, basado en oferta y demanda, donde el diferimiento de ventas debe ser puesto en valor junto con la incidencia de los costos logísticos de transporte. El precio en puerto es relativo si mis gastos suben o bajan a través de la línea temporal, y lo que vale es lo que recibo tranqueras adentro.
Volver a las bases
Lejos de tener voluntad de sermón a los lectores de nuestro sector, estas líneas cumplen más bien una función de autodeterminación.
Todos aquellos que participamos en decisiones empresariales desde hace muchos años se nos dificulta cambiar de canal, dejar la defensiva, el poner foco en mejorar nuestra eficiencia en lugar de buscar por los rincones de donde va a venir el próximo guantazo. Es prioridad elaborar escenarios alternativos para asegurar respuestas razonadas y no reactivas frente a la incertidumbre estructural.
Como toda transformación debe hacerse en forma consciente, con decisión y rapidez, aquellos que lo logren generarán gran ventaja y sobre todo evitarán los errores no forzados.
Cuando los márgenes se achican, volver a las bases de la eficiencia y la productividad debe ser el camino a elegir, donde las sugerencias expresadas se transformarán más bien en un mandato de supervivencia.
Fernando Vuelta | Director de Comercialización de Agroeducación