Buenos Aires, jueves 9 mayo (PR/24) — Si la economía se estabiliza en precios y el Gobierno logra un equilibrio fiscal sustentable, en el futuro habrá mayor OFERTA de créditos bancarios para el sector privado. Un interrogante es si realmente acompañará la DEMANDA. Quizá no tanto en el actual contexto recesivo, pero sí cuando comience a repuntar la actividad económica.
Los sectores que usualmente toman más créditos son la Industria, el Agro y el Comercio, y en forma indirecta (cuando son sus clientes los que perciben los préstamos), la construcción.
En cuanto a las perspectivas de esos sectores, se espera un mejor 2024 para el agro (especialmente pampeano). En los otros sectores recién mencionados, el panorama viene complicado, especialmente por la fuerte caída en el poder de compra de la población Quedan a la espera de un repunte económico. En cambio, a favor, está el sector energético, beneficiado con la recuperación tarifaria, y que periódicamente requieren inversiones.
Comparándonos con una economía más estable y con mayor financiamiento, como Chile, nos caracterizamos, no sólo por el bajo nivel de créditos, sino además por estar más concentrado en el consumo. En el mediano plazo, es posible que aumenten en mayor proporción los créditos destinados a empresas y los hipotecarios.
En cuanto a los costos de los préstamos, son altas las alícuotas del impuesto a los ingresos brutos en varias provincias. Por el lado de las tasas, está el UVA, que ha generado problema, porque los salarios se han rezagado notoriamente con respecto a la inflación. También está la incertidumbre de las tasas, si desaparece el cepo, que posiblemente eleve las tasas de los préstamos.
En el mediano plazo, si se logra una menor inflación, y la política económica permite una mayor actividad privada, se darían las condiciones necesarias para un crecimiento económica sostenible, que vendría apoyado por más financiamiento bancario.
Por Fernando Vuelta – Director Comercializacion Granaria Agroeducación
Buenos Aires, miércoles 8 mayo (PR/24) — Me voy a permitir algunas reflexiones sobre este nuevo capítulo de volatilidad de precios con recorrido alcista que está afectando al yuyo nacional.
Hasta hace una semana convivíamos con un equilibrio de fundamentos de oferta y demanda que fueron desafiados por nuevos y trágicos acontecimientos naturales en el sur de Brasil.
Claramente esto ha pateado el tablero de expectativas y por lo tanto la mesa de apuestas recibió un shock inesperado que nos tiene a todos sorprendidos con una sobredosis de velas verdes. Mucho cuidado ya que no es bueno en este estado formular juicios apresurados que nos lleven a decisiones de las que nos vayamos a arrepentir. Aclaración necesaria: NO operar es también decidir y tiene consecuencias.
Vamos a comenzar tratando de separar un poco tanta noticia apretujada, fotos y videos donde cada uno contribuye más aun al desconcierto general y poniendo el foco en escenarios posibles comparativos.
Para ello es necesario e inevitable el análisis de los datos duros.
Como dije en un inicio, la chispa originadora de la escalada de precios fue sin dudas la situación en Rio Grande do Sul con inundaciones masivas cuando aún restaba cosechar el 25% del área.
Desarrollemos entonces un escenario pesimista.
Siendo un estado con un potencial estimado por Conab de 22 mill/tt calculemos una merma por el 100% de lo que resta cosechar y estaríamos hablando de 5,4 mill/tt.
Los traders en general han estado operando la producción Brasilera entre 151 y 153 millones, entonces iniciaremos aún más abajo tomando la estimación Conab de 146 millones como volumen de arranque.
La duda radica, más allá de lo pendiente de cosechar, en lo ya cosechado, su estado y condiciones de infraestructura para ser comercializado en el futuro. Corresponde hacer esta salvedad ya que en este punto es imposible armar un escenario de ponderaciones objetivamente justificadas.
Por lo tanto analicemos el cuadro sudamericano bajo los primeros parámetros descriptos.
Y sacamos la primera conclusión, mucho cuidado con las magnitudes en las expectativas de suba.
Aun con semejante pérdida de nuestros vecinos en un escenario pesimista, Sudamérica aportará al balance mundial 12,6 mill/tt adicionales, un 6,58 % de incremento interanual.
Dicho de manera sencilla el abasto es mejor que el año pasado, y por lo tanto tenemos aquí una barrera a un fogonazo que pueda definirse como duradero.
Sin embargo sería imprudente y hasta peligroso subirnos a una estimación puramente numérica de este tipo entronándola como la verdad absoluta sin tener en cuenta a los sospechosos de siempre: Los fondos especulativos.
Estos venían de tocar el mínimo vendido histórico de 21% del interés abierto y al 30/4 se los informó en 17,8%, un volumen de posición corta neta aun altísimo.
Al 7/5 como estarán? Claramente con una posición vendida menor, pero la pregunta más bien radica en cuanto más se animan a recortar la sabiendo en el fondo que la oferta a fin de cuentas sigue siendo abundante.
Ya hoy los índices técnicos de fuerza relativa empezaron a flaquear y los máximos que se tocaron en enero comienzan a hacer su trabajo. En las próximas ruedas se definirá el partido, y podremos observar para que lado se inclina la balanza.
Mientras tanto en Argentina no se llega al 40% a nivel país de cosecha, con una semana por delante seca y fría y muchas cuentas por pagar.
El mercado está dando una oportunidad, hace apenas 15 días vender por encima de 300 parecía una utopía siendo que hoy está 315, con un pricing a nivel país de 4 mill/tt, apenas 8%.
Significa que como sector estamos comprados en soja un 92% de la producción… Si esto no es riesgo el riesgo donde esta?
Los rallys alcistas se venden cuando pierden fuerza, con el instrumento que se elija y en la posición que elija, más en esta situación de mínima cobertura.
Para colmo hay que decidir sobre Maíz y Trigo que están en racha también!!
A pesar de ciertas adversidades climáticas y de la irrupción de enfermedades inesperadas que vienen dañando a los cultivos, la cosecha 2023/24 será definitivamente mayor a la del ciclo previo, con una gran recuperación en el caso de la soja, que según las distintas fuentes podría crecer hasta más del 100% en volúmenes y un desempeño también bueno en el maíz, con una producción que probablemente terminará entre un 35% y 50% por encima de la del año pasado
Con las estadísticas ya disponibles para el primer trimestre, considerando las últimas estimaciones de volúmenes a cosechar y tomando como referencia los precios esperados para lo que resta del año (FOB Bolsa de Cereales de Buenos Aires), se estima que las exportaciones brutas de granos y principales derivados industriales se estarían aproximando a los USD 32,1 mil millones en 2024, creciendo un 26% respecto del 2023 (+USD 6,5 mil millones), un porcentaje que no luce tan impactante dada la importante recuperación de los volúmenes, pero que se explica por un significativo retroceso en los precios internacionales. Si en esta cuenta se netean las importaciones de soja, los envíos totalizarían USD 29,6 mil millones y la mejora asciende al 48% interanual, con un ingreso extra de divisas que se sitúa en el orden de los USD 9,6 mil millones
La temporalidad del impacto positivo de la mayor cosecha sobre la economía depende del ingreso de los granos al circuito comercial, es decir, de la decisión de venta del productor. Lo que se está observando es una comercialización por ahora muy lenta de la cosecha. En el caso de la soja, se había vendido sólo el 5% del volumen esperado a fines de marzo, un porcentaje bajo considerando un rango histórico de entre el 10% y 20%. En la primera semana de abril, la comercialización mostró aceleración, pasando de 320 mil toneladas a 750 mil toneladas semanales (operaciones de venta con precio cerrado), una buena cifra para un promedio de 650 mil toneladas en últimos años. En maíz se manifiesta algo parecido, a marzo, se llevaba vendido el 14% de la cosecha esperada, por debajo del rango medio histórico (entre 20% y 30%), y las ventas aceleraron en la primera semana de abril (de 470 mil toneladas a 816 mil toneladas)
Respecto al poder de compra de los granos, se observa en general un deterioro en relación al año pasado, para distintos indicadores que se monitorean. Según estimaciones propias, en el período abril – agosto, la soja y el maíz podrían estar ubicándose entre un 30% y 20% respectivamente por debajo de la campaña anterior en materia de su poder de compra de bienes y servicios básicos (canasta IPC). En este escenario, de confirmarse, los valores entrarían en el podio de los peores registros de las últimas 22 campañas, solo siendo superados por los precios observados en los ciclos 2014/15 y 2016/17. Por su parte, en términos de bienes construcción (costo del m2), en el caso del maíz, la relación de intercambio viene siendo bastante similar al promedio del año pasado, pero no así en soja, donde se observa un deterioro del 12%.
Buenos Aires, jueves 18 abril (PR/24) — Muchas veces animales de la misma raza y peso de ingreso, engordados con la misma dieta, obtienen resultados muy variables. Para analizar esta problemática, el Ing. Agr. Pedro Sueldo se retrotrae a la recría y presenta las últimas investigaciones sobre su impacto en la terminación. ¿Cuándo se define el rendimiento de la res?
Una evaluación de 8 mil animales Angus engordados con sistemas estandarizados arrojó una gran variabilidad en su rendimiento al gancho, con diferencias de hasta 11 puntos porcentuales. Una problemática que se repite en numerosos feedlots y que adquiere mayor relevancia por tratarse del parámetro clave para monetizar el esfuerzo del productor. Buscando explicar las causas, el Ing. Agr. Pedro Sueldo, Coordinador científico de rumiantes de Vetanco, hace una puesta a punto de los últimos estudios en el país y el mundo sobre el impacto de la recría en la terminación.
¿Cuándo se define el negocio del engorde? El estudio, que pone de manifiesto el quid de la cuestión, se realizó en un feedlot del país donde se midió la relación entre el tiempo de estadía (eje horizontal) y el rendimiento de la res (eje vertical) de todos los animales fenotípicamente considerados Angus.
“Si, por ejemplo, miramos los novillos que se faenaron tras 83 días de engorde, algunos rindieron 63% y otros apenas 51%. Como la raza, el peso de ingreso, los días de estadía y la dieta eran las mismas, hay que remontarse a lo que sucedió antes de ingresar al corral, o sea, cómo se manejó ese animal durante la recría, para explicar buena parte de la variabilidad”, dijo Sueldo en diálogo con Valor Carne. Y planteó: “algo importante es entender cuándo empieza la recría”.
Momento cero
¿Por qué la recría impacta tanto en la terminación? “A diferencia de lo que se piensa muchas veces en el campo, que pone el foco en el proceso posterior al destete, la recría se inicia en el mismo momento de la concepción”, argumentó Sueldo.
En tal sentido, desde el primer mes de gestación, pero sobre todo en el segundo trimestre, se define el número de fibras musculares que desarrollará la progenie durante toda su vida. No hay incrementos en cantidad después del nacimiento, solo aumentos de tamaño de esas fibras.
“Si malnutrimos a la madre en ese momento, tendremos una disminución del potencial de crecimiento del ternero a largo plazo”, advirtió.
A su vez, desde los cinco meses de gestación hasta aproximadamente los siete meses de vida del ternero se desarrollan las células donde luego se depone la grasa intramuscular.
“Si no se forman esos ‘adipocitos’ en ese período no podremos meter grasa intramuscular durante el engorde, que brinda jugosidad y terneza, y se genera grasa subcutánea. Por eso, cuando se faenan animales mal recriados, tienen exceso de cobertura (de escaso valor comercial) y poca grasa intramuscular”, pormenorizó.
Para echar luz sobre estos “errores”, Sueldo tomó como ejemplo un ensayo del INTA Cuenca del Salado realizado por el equipo del MV Sebastián Maresca que midió el efecto de la restricción proteica durante la gestación media.
“La restricción es una práctica que utilizan muchos productores porque consideran que la vaca aguanta los primeros meses y si las suplementan hacia el final vuelven a ciclar tras la parición. Y es cierto que la vaca aguanta, pero por algún lado nos los cobra”, alertó.
La experiencia incluyó 68 vacas Angus, de las cuales un grupo recibió suplementación proteica alta (HP) y otras fueron restringidas (a partir del día 134 de gestación) al 64% de sus requerimientos (LP). Todos los terneros nacieron en la misma época y tuvieron igual recría y terminación.
El gráfico muestra que las madres restringidas dieron una descendencia de menor rendimiento en planta: 57,6% versus el 60,2% de la suplementadas.
¿Da lo mismo recriar bien o mal?
Un paso más adelante, yendo al post destete, un ensayo de Neel et.al (2007) muestra qué pasó variando la ganancia de peso durante la recría de 216 terneros británicos: un tercio ganó 290 g/d (bajo), otro 520 g/d (medio) y el último 790 g/d (alto). La cría y terminación fue la misma.
El peso final de la recría, obviamente, fue mayor en el que tuvo alta ganancia diaria. Pero, durante la terminación, si bien el animal mal recriado ganó más kilos por día (1,16 vs 0,94 kg), no llegó a compensar el cien por ciento de lo que no ganó en la etapa anterior. Por eso, a los mismos días de encierre, salen más livianos: 495 kg vs 523 kg.
“Si el productor hace el ciclo completo, no le conviene recriar mal. Si quiere que ese animal equipare el kilaje del bien recriado necesitará más días de engorde, más comida. Entonces, es más caro llegar al mismo peso”, alertó Sueldo, agregando que el mal recriado además rindió al gancho 57% vs 58,8% del que ganó más peso. “Si se paga por rendimiento es muchísima plata”, aseveró.
¿Y si se trata de un feedlot de compra? “Deberá seleccionar proveedores que hagan las cosas bien, haciendo un seguimiento de la performance de los terneros. Hay empresas que ya lo están haciendo”, respondió.
Finalmente, el especialista presentó un ensayo similar, más antiguo pero muy vigente, de Hersom et.al. (2004). Se evaluó un rodeo recriado con distintas ganancias diarias (baja, media y alta) y con las mismas cría y dieta de terminación. La diferencia con el trabajo anterior (en el que se igualó la cantidad de días de encierre) es que en este caso los animales fueron faenados cuando llegaron a un espesor de grasa dorsal de 12 milímetros, que es lo que piden los mercados.
¿Cuál llega primero, el que fue bien o mal recriado? Los que habían tenido altas ganancias diarias durante la recría (ingresaron más pesados al feedlot), necesitaron 85 días de encierre para lograr la cobertura de grasa requerida. En el otro extremo, con una tasa de 150 g/d durante la recría (ingresaron más livianos), necesitaron 158 días de estadía.
Encima los mal recriados se terminaron más livianos: 528 kg vs 542 kg de los bien recriados. “O sea que finalmente lograron menos carne y menos rinde al gacho. Una muestra de lo carísimo que resulta recriar mal”, subrayó.
Para reflexionar
Este aporte del laboratorio Vetanco busca contribuir a la toma de decisiones de los productores mostrando desde la ciencia cómo impacta la recría en la terminación.
“La variabilidad que se advierte en el feedlot se origina mucho antes. En nuestros sistemas productivos el talón de Aquiles es la recría, entendida desde la concepción. Por eso, la restricción nutricional durante la gestación y las bajas ganancias de peso post destete afectan el rendimiento de la res y la calidad de la carne. Mejorar estos procesos es estratégico para el negocio ganadero”, concluyó Sueldo.
Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne
Los trabajos citados
Maresca et. al. (2019). The influence of protein restriction during mid- to late gestation on beef offspring growth, carcass characteristic and meat quality. Meat. Science.
Neel et. al. (2007). Effects of winter stocker growth rate and finishing system on: I. Animal performance and carcass characteristics. Journal of Animal Science.
Hersom et. al. (2004). Effect of live weight gain of steers during winter grazing I. Feedlot performance, carcass characteristics, and body composition of beef steers. Journal of Animal Science.
La discusión sobre la importación de vacunas bivalentes que escaló en los últimos días requiere información, consenso y articulación de entidades del agro, laboratorios, especialistas y autoridades. De su correcta resolución, para que “ciencia y mercado” vayan de la mano, no solo depende la sanidad del rodeo sino la potencialidad del negocio ganadero.
Por Miguel Gorelik.
Buenos Aires, 11 de abril (PR/24) .- En las últimas semanas se reavivó un debate sobre la vacunación contra la fiebre aftosa, en el que participaron entidades del agro, laboratorios, legisladores, especialistas y diversos actores.
En esta ocasión, los disparadores fueron el precio de la vacuna y la regulación que pesa sobre su importación.
Hubo afirmaciones en el sentido de que en los países vecinos la vacuna cuesta una fracción de su precio en la Argentina. Argumento que se potencia por las regulaciones que rigen en el país, que exigen que la vacunación se haga con productos tetravalentes, es decir, que contengan cuatro cepas de virus, los que no se fabrican en ninguna otra parte del mundo. Este requisito rige desde 2005.
El debate sobre el precio es realmente vidrioso fundamentalmente porque no está sobre la mesa, para muchos participantes, toda la información que el mismo requiere. Además, el ejercicio supone alguna decisión arbitraria, ya que, para la comparación, hay que optar entre los tipos de cambio oficial, de importación (oficial más arancel más impuesto PAIS de 17%) o blue.
Otra dificultad que se agrega es que poca gente conoce, en la Argentina, el precio real de la vacuna, ya que la enorme mayoría de los productores paga un valor que incluye , además, los gastos del vacunador oficial o veterinario del establecimiento y toda la logística involucrada, que puede también tener un margen para la fundación de lucha local. En cambio, en otros países que no usan la figura de fundaciones, el productor compra la vacuna directamente en la veterinaria.
De todas formas, pensamos que esa discusión debería ser resuelta por el mercado en condiciones de competencia sobre las mismas bases.
El otro tema que requiere un análisis profundo es si debe seguir exigiéndose una vacuna tetravalente. Hay especialistas que sostienen que alguna de esas cepas perdió sentido hace tiempo por ausencia. Pero no es algo de lo que se pueda opinar sin el debido conocimiento.
En ese sentido, el Senasa tiene mecanismos para decidir, basado en ciencia -respaldo que nunca debe faltar- cuál es el mejor camino a seguir. Hay foros, locales e internacionales, donde se discuten, al tiempo que se comunican, las políticas oficiales, lo que permite la articulación de estrategias entre países con similares situaciones.
Esta semana el vocero presidencial Manuel Adorni anunció que aquel organismo iba a habilitar la importación de vacunas bivalentes, pero aún no se conoce la norma concreta.
El mercado considera que Brasil es la principal fuente potencial de aprovisionamiento de vacuna bivalente importada. Pero el hecho de que se está desarrollando en este mes la última campaña de vacunación para el 96% de los casi 200 millones de animales que hay en ese país, genera dudas en cuanto a que haya producto, con fábricas cerradas precisamente por eso. Pero será un tema a resolver por los operadores.
La economía argentina está plagada de regulaciones que distorsionan numerosos mercados, las que hay que eliminar en el camino hacia una mayor apertura, con los consiguientes beneficios generales.
En la medida en que se respeten iguales condiciones para todos, hay que bregar para que haya la mayor competencia posible.
El gobierno puede dar prioridad al análisis y evaluación de plantas extranjeras y de sus productos, de manera de acortar los tiempos usuales de habilitación, pero debe exigir lo mismo tanto a locales como foráneos.
La seriedad en el manejo de este tema no sólo incidirá en la sanidad del rodeo sino en las posibilidades del negocio ganadero, cuando se está exportando el 35% de la carne producida y se puede proyectar una penetración mayor, con razonables perspectivas de crecimiento.
La crisis de aftosa de 2000-2001 tiene, todavía, a todos los protagonistas suficientemente escaldados como para tomar decisiones de largo alcance en base a situaciones coyunturales.
Confiemos en que se tomarán las medidas necesarias para que no haya que optar entre mercado o ciencia, sino que ambos avancen de la mano.
Buenos Aires, miércoles 10 abril (PR/24) – La agenda del gobierno que asumiera el 10 de diciembre inevitablemente tenía que incluir la resolución del “exceso de pesos”, canalizar la “demanda reprimida” de dólares de importaciones y de dividendos y, para comenzar a empalmar con la siguiente etapa, lograr una sostenida recuperación de la demanda de pesos, como paso imprescindible hacia la estabilización, salvo que se cuente con 35 mil millones de dólares para rescatar moneda local y dolarizar.
Esos objetivos forman parte de un “plan de transición” que, si bien no ha sido explicitado en su totalidad, puede “leerse” a partir de muchas de las medidas tomadas hasta aquí. Se trata de una tarea “por
resultados”, sin fecha fija de duración, por lo que no es seguro que los mismos instrumentos que
funcionaron en el arranque de la gestión mantengan su eficacia a medida que afloran nuevas
dificultades.
Entre los objetivos que resta cumplir se encuentra el de darle salida a la demanda reprimida de divisas por dividendos; el problema de flujos de pesos para los que todavía no hay demanda (intereses de los pases); resolver a tiempo las señales de alerta vinculadas con la “inflación en dólares”, con un rebote de precios de servicios privados que es más intenso que el experimentado a principios de 2016; junto con las precisiones acerca del régimen monetario cambiario en el que esta transición habrá de desembocar.
La agenda del gobierno que asumiera el 10 de diciembre inevitablemente tenía que incluir la resolución del “exceso de pesos”, canalizar la “demanda reprimida” de dólares de importaciones y de dividendos y, para comenzar a empalmar con la siguiente etapa, lograr una sostenida recuperación de la demanda de pesos, como paso imprescindible hacia la estabilización, salvo que se cuente con 35 mil millones de dólares para rescatar moneda local y dolarizar.
La caída en la demanda de pesos explicó más de 1/3 de la aceleración inflacionaria de 2023 (la emisión, los otros 2/3), pero no siempre es subrayado su rol. Y su función en sentido inverso, el de la recuperación de la demanda de dinero como herramienta de estabilización.
Hay mucho margen de recuperación para la demanda de dinero, contribuyendo a la estabilidad de la economía. Sin embargo, la confianza en el peso depende también del régimen monetario-cambiario que finalmente se adopte.
La indefinición no afecta sólo las expectativas, sino también confunde sobre los instrumentos a los que se habrá de apelar para enfrentar desafíos como el de la llamada “inflación inercial” y las señales de alerta que surgen del IPC de marzo de CABA, con precios de servicios privados que desde principios de año suben a un ritmo del 6,5 % mensual en moneda dura, rebotando a un ritmo más intenso que a principios de 2016, tras la devaluación de arranque del gobierno de Macri.
Considerando el precio de los servicios intensivos en mano de obra, caso peluquería, plomería, electricistas, servicio doméstico, consultas médicas, pasados a dólares al tipode cambio oficial, y partiendo de un índice 100 en enero del año anterior, se llega a un índice de 86,9 a marzo de este año. Si bien se ubica todavía 13,1 % por debajo del precio en dólares de enero del año pasado, el rebote es más rápido que durante la experiencia de 2016: a marzo de ese año el índice se ubicaba en 80,5, partiendo de 100 en enero de 2015.
Pese a que el ajuste es mucho más intenso en el arranque de la gestión Milei que en la de Macri, y esta política debería hacer más lento el traslado a precios de la devaluación, la actual “tablita cambiaria” parece estar fagocitando los efectos de la contracción fiscal y monetaria en términos de evolución de la “inflación en dólares”.
La importancia del régimen cambiario-monetario, que se adopte tiene que ver también con la recuperación del nivel de actividad, ya que ésta no será firme hasta que comience a ser alimentada por entrada genuina de capitales. Ya se sabe que la persistencia de los cepos es el primer obstáculo para pasar a ese escenario.
La desaceleración de la inflación que se observa en 2024 tiene más que ver con el freno a la emisión de origen fiscal, que por aumento de la demanda de dinero. Y, como otros vectores de emisión se han mantenido activos, ha sido necesario seguir apelando a la colocación de pases (antes Leliq) para retirar liquidez, una dinámica que tiene un costo elevado.
Desde el 10 de diciembre, los Pasivos Remunerados del BCRA han aumentado en 10,9 billones de pesos, pese a que también ha habido esterilización de pesos por BOPREAL y operaciones del Tesoro. La transición hacia la estabilidad se ve complicada no tanto por el stock de “exceso de pesos”, sino por ese flujo: actualmente, el pago de intereses por los pasivos remunerados del BCRA es una cifra de más de 2,1 billones de pesos/mes, equivalente a 6,8 % de la Base Monetaria Amplia.
Una presión inflacionaria subyacente que es una “piedra en el zapato” para proyectar estabilidad.
El gobierno ha bajado la tasa de interés para que esta “emisión endógena” se modere, llevándola de 8,6 % a 6,8 % mensual. Y espera la oportunidad para volver a recortarla.
Tendrá que hacer hincapié en la dinámica de la “inflación núcleo”, ya que el IPC habrá de seguir cargando con la mochila de la actualización de tarifas, que tendrán incidencia significativa en las mediciones del INDEC en estos meses del otoño.
Aún después de eventuales bajas adicionales de la tasa de interés, el piso de las presiones inflacionarias seguirá siendo elevado. De allí la importancia que tiene en la hoja de ruta oficial obtener 15 mil millones de dólares de libre disponibilidad, de modo de necesitar cada vez menos de la tasa de interés para encontrar un equilibrio entre el peso y el dólar en un eventual régimen de “competencia de monedas”.
Respecto a la tarea de canalizar “demanda reprimida” de dólares, el BOPREAL juega un rol destacado, al costo de engordar la deuda en moneda dura, ya que cumple simultáneamente con los dos objetivos planteados más arriba. Se canalizaron pagos de importaciones, al tiempo que se esterilizaron pesos por 6,5 billones desde el 10 de diciembre.
Ahora que quedan menos títulos por colocar para importadores, es posible que se intente replicar esta experiencia para dar salida también a la “demanda reprimida” de divisas por las remesas de dividendos pendientes.
Ahora bien, parte del éxito de la colocación del BOPREAL ha tenido que ver con los arbitrajes con el dólar libre (CCL), por lo que aquellos que esperan una unificación cambiaria rápida quizá tengan que esperar, al menos, hasta que se complete esa posible segunda fase del BOPREAL destinada a dividendos.
Esto explicaría también la persistencia de “restricciones cruzadas”, que penalizan a las empresas quitando acceso al mercado oficial cuando realizan operaciones en el CCL.
Ahora bien, la otra parte del plan de transición depende del sendero que se elija en la bifurcación que marca opciones como “dolarización sintética” vs competencia de monedas.
La ventaja de régimen de competencia de monedas está en que, durante la transición, podría ser compatible con la recuperación de la demanda de dinero, ya que el Gobierno se auto-obligaría a recrear condiciones como las que dieron lugar al nacimiento de la convertibilidad en abril de 1991.
Por el contrario, algún tipo de dolarización prematura podría llevar a caídas adicionales de la demanda de dinero y más inflación durante la transición.
El otro factor determinante de la demanda de dinero es lo que ocurra con la economía real y la forma que adquiera la salida de la recesión. Si la recuperación es en V, esto conlleva mayor demanda genuina de pesos.
Es cierto que la capacidad ociosa es elevada, pero ante el sesgo de la política fiscal, se requieren otros motores: Es el caso del crédito al sector privado, pero esta variable está supeditada al régimen
monetario-cambiario.
Otro vector es la recuperación de la masa de ingresos de la población en términos reales, complicada primero por la inflación, y ahora también por la pérdida de empleos.
Por la magnitud de la caída de los ingresos de los trabajadores, parece lógico esperar un rebote, que alimente la demanda y la salida de la recesión. Pero, el deterioro de la década de la estanflación ha sido tan profundo, que más temprano que tarde el rebote de los salarios se enfrentará al techo que impone la baja productividad de la economía.
Obsérvese que, desde el cuarto trimestre de 2011 (cuando se instalaron los cepos al cambio y al comercio exterior), la productividad media del trabajo cayó un 17,3 % acumulado, mientras que el salario real de trabajadores formales lo hizo un 19,0 %.
Son variables fuertemente correlacionadas, por lo que el rebote de los ingresos laborales deberá venir asociado a la evolución de la productividad, para que resulte sustentable.
Primicias Rurales
Fuente: Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) . Fundación Mediterránea