Massa en el Gabinete nacional: un relanzamiento de gestión que se sabe cómo empieza, pero no cómo puede terminar

Massa en el Gabinete nacional: un relanzamiento de gestión que se sabe cómo empieza, pero no cómo puede terminar

El extraño "traspaso" de Scioli con Massa en el Ministerio de Desarrollo Productivo.El extraño «traspaso» de Scioli con Massa en el Ministerio de Desarrollo Productivo. Foto: NA/Juan Vargas.

Buenos Aires, 31 julio (PR/22) –Desde el entorno de Sergio Massa aseguran que el flamante «superministro» de Economía se preparó durante años para asumir al frente de la misión que le acaba de confiar el presidente Alberto Fernández, en un intento por torcer el rumbo del Gobierno ya que, de lo contrario, «no habrá 2023 para nadie» en el Frente de Todos.

Dicen que el aún titular de la Cámara de Diputados viene trabajando desde hace un largo tiempo con sus equipos técnicos en propuestas y eventuales medidas que permitan al menos disipar el manto de agobio económico que cubre hoy no solo a los sectores productivos del país, sino a gran parte de la sociedad, en una Argentina que no crece en términos reales desde hace más de una década y, por consiguiente, genera pobreza.

Su asesor de confianza es Roberto Lavagna, que también se jugó su propia «patriada» -como califican en filas del massismo a la decisión que tomó la semana pasada el dirigente tigrense- cuando asumió como titular del Palacio de Hacienda en abril de 2002, en una aún convulsionada Argentina con Eduardo Duhalde como presidente tras la caída de Fernando de la Rúa.

En el Frente Renovador que encabeza Massa, y que ganó posiciones significativamente en el Gabinete nacional en medio de la crisis por la que transita el oficialismo, entienden que a partir de ahora no existirá margen para el error: desde el mismo momento en el que asuma al frente del área económica del Gobierno en su conjunto será «plata o mierda». Ni más, ni menos.

La administración Fernández quedó jaqueada por la ruidosa salida de Martín Guzmán y después de que las aguas se alborotaran aún más en los últimos días en el sector financiero nacional, pese a una reacción inicial positiva a la designación de Silvina Batakis, la Casa Rosada finalmente otorgó luz verde a los planes de Massa para avanzar con un proceso de cirugía mayor, con una reestructuración general.

La incorporación del ex intendente de Tigre al Gabinete, en un rol de «superministro» incluso, supone por un lado una de las últimas cartas moderadas que puede jugar el Gobierno en medio de sus tensiones internas y de la persistente puja entre albertistas y kirchneristas en el seno del oficialismo; por el otro, confirma que el verdadero problema argentino es hoy más político que económico. Se trata, en definitiva, de tomar decisiones drásticas.

«Si seguíamos como veníamos, no había 2023 para nadie, ni para Alberto, ni para Cristina (Kirchner) ni para el propio Massa. No había 2023 para el espacio que integramos», dijo una alta fuente del Frente de Todos (FdT), actualmente en funciones en una dependencia pública, en diálogo con NA.

Tras la llegada de un dirigente político como Massa al Palacio de Hacienda, lo que en principio causó un impacto alentador en los mercados, queda por verse si efectivamente será el tigrense, convocado de emergencia al Gabinete nacional, el encargo de impulsar como ministro de Economía las correcciones que, de acuerdo con analistas heterodoxos, necesita la Argentina en términos macro para empezar a asomar la cabeza del pozo. Básicamente, ¡un plan! Y sostenerlo en el tiempo.

Cómo terminará todo esto aún está por dilucidarse

Esta suerte de relanzamiento de urgencia que ensaya el Gobierno, en momentos en los que el agua ya le estaba llegando al cuello, se sabe cómo comienza -con un Massa empoderado, un Fernández retrocediendo sobre sus pasos tras haber malgastado tiempo y dosis de credibilidad con Batakis, y una Cristina expectante-, aunque claramente no cómo puede terminar.

Por lo pronto, el massismo transforma con esta movida al albertismo en un socio minoritario dentro del FdT, pero la enorme cuota de protagonismo que ganará ahora el líder renovador podría incomodar también al kirchnerismo, con su moderación y su perfil dialoguista, pensando en la carrera electoral de 2023. Y ni qué hablar en el caso de que goce de un mínimo éxito como «superministro».

Sin ir más lejos, el rol de Massa fue crucial en el Congreso para que la oposición respaldara el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que logró aprobar el Gobierno y que tanta urticaria ocasionó en el ala K de la coalición peronista en el poder, enfurecida con Guzmán por la letra chica de ese pacto y por dejarle abierta la puerta al organismo multilateral con sede en Washington para que se inmiscuya de lleno en la política económica nacional.

Volviendo a lo inmediato, está previsto que en las próximas horas el líder renovador anuncie a su grupo de colaboradores, luego que se confirme quién lo reemplazará como presidente de la Cámara de Diputados -se espera que sea Cecilia Moreau: sí, la misma de los disparatados argumentos con los que buscaba justificar en plena pandemia de coronavirus la no llegada al país de las vacunas de Pfizer– y más tarde, el próximo miércoles, que se conozcan las primeras medidas de su flamante gestión.

Todos estos pasos iniciales de esta nueva cruzada del Gobierno, buscando una vez más relanzarse, se producirán en medio de una espesa combinación de expectativa política -al igual que financiera, en la «city» porteña- y una preocupante efervescencia social en aumento, con pinceladas de hartazgo e incluso desesperación: este sábado, un grupo de personas trató de ingresar por la fuerza a un supermercado de Rawson, la ciudad capital de Chubut. La Policía provincial intervino y reprimió.

Con la oposición reclamando un programa serio de Gobierno, en lugar de un cambio de nombres en el Gabinete cada tanto, analistas políticos consideraron en las últimas horas que Massa era la opción «menos mala» a la que Fernández finalmente acudió para intentar esquivar el iceberg. De cualquier manera, no deja de ser una alternativa moderada dentro de un Frente de Todos que también se sabe cómo comenzó, con aquel Frankenstein electoral que pergeñó con éxito Cristina en 2019 para destronar a Mauricio Macri, pero que absolutamente nadie sabe cómo puede finalizar.

¿Qué significa esto, que Massa representa una carta moderada y dialoguista en el tablero político del oficialismo? Que en el caso de plantearse cambios en la hoja de ruta delineada por la Casa Rosada a partir del acuerdo con el FMI -lo cual en principio no estaría previsto-, habrá una negociación y «no va a ser a los gritos», dijo una fuente del albertismo a NA.

«No sé si es la mejor decisión, pero fue el reordenamiento posible, el que se pudo hacer», agregó, al tiempo que destacó que Massa en todo momento «trató de que no se rompiera la institucionalidad ante cada diferencia interna que surgió» en el seno del FdT. «El apoyo al presidente siempre estuvo, pero esta incorporación podría definirse como un mayor control de la previsibilidad», insistió la fuente consultada por Noticias Argentinas.

«Hay que pensar que su llegada es la ratificación de un rumbo y una forma en la toma de decisiones», acotó, antes de poner finalmente el acento en el primer gran tema espinoso con el que deberá lidiar el ahora «superministro»: la segmentación de tarifas de servicios públicos. Se trató éste, incluso, del principal conflicto puertas adentro en el Gobierno que determinó la salida de Guzmán. En principio, el kirchnerismo continuará al mando del área energética, por lo que habrá qué ver cómo se desempeñará Massa a partir de esta semana que comienza. De cualquier modo, su suerte parece echada y como dicen en su entorno: «Con un país que está tan mal como el nuestro y en plena crisis política, esto que estamos intentando ahora es definitivamente plata o mierda».

 

Primicias Rurales

Fuente: NA

 

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Importar o producir

Importar o producir

Por Dario Epstein*

Buenos Aires, 14 julio (PR/22) — La flamante ministra de Economía argentina asume con una pesada herencia y como en los últimos casos con funciones y margen de acción acotada. No tiene bajo su órbita sectores de la economía clave, como lo son producción, la recaudación y la entrada o salida de divisas.

Argentina sigue sin consolidar un Ministerio que tenga el poder suficiente para intentar solucionar los problemas de la gente.  En ese marco, hay señales respecto a los próximos pasos. Según definiciones de la propia Ministra  no habrá devaluación, pero sí más controles y acuerdos de precios. Todo esto dentro del marco de la lucha contra la inflación.

Quiero rescatar una frase de la vice presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, que es clarísima: “El deporte nacional de los argentinos es comprar dólares al oficial”.

La frase da en el clavo. Los incentivos monetarios están al revés.

Bajo el modelo actual la mejor forma de hacerse de activos al dólar oficial es importar. La contracara es vender dólares al oficial (algo que nadie quiere) y eso se logra exportando.
Esto no hace a la dolarización de los portafolios, ya que cuando se compra un departamento, un auto o un electrodoméstico, por citar algunos ejemplos, en general ya están valuado a un dólar no oficial. Esto hace al flujo de comercio exterior, la balanza comercial y los incentivos.

Mientas China, Japón y los ya viejos Tigres asiáticos lograron un gran desarrollo en base a exportaciones, nosotros invitamos a todos a no exportar.

Rápidamente, ante la demanda para importar cualquier cosa, nos quedamos sin divisas, restringiendo así la importación en forma desordenada. Entonces, miles de empresas que dependen de insumos importados paralizan su producción, sus ventas y en un segundo paso, probablemente se achiquen.

El faltante de oferta de productos, sumado a la permanente emisión monetaria alimenta la inflación. Personalmente creo que los cepos y los torniquetes a la producción son siempre, en el largo plazo, perjudiciales.

Pero acá estamos hablando de algo peor: aún cuando el modelo económico elegido fuera desarrollar la producción nacional, sustituir importaciones y aumentar las exportaciones, la política económica y los incentivos a la gente, los comerciantes y los empresarios–grandes o pequeños–, están al revés.

* Darío Epstein es director de Research for Traders

Primicias Rurales

Massa en el Gabinete nacional: un relanzamiento de gestión que se sabe cómo empieza, pero no cómo puede terminar

El derecho a viajar y la generación de empleo: el Gobierno se arriesga a poner en discusión la sensatez de sus decisiones

La flamante ministra de Economía, Silvina Batakis.La flamante ministra de Economía, Silvina Batakis.Foto: NA/Daniel Vides.

Buenos Aires, 9 de julio (PR/22) — En medio de un contexto que genera más dudas que certezas, el Gobierno intenta dejar atrás la crisis causada por la renuncia de Martín Guzmán y mantenerse en ese rumbo que supuestamente se propuso, mientras amaga con adentrarse en un territorio en el que puedan quedar bajo escrutinio la sensatez de sus decisiones.

La intempestiva salida del Gabinete del ahora ex ministro de Economía ocasionó un cimbronazo político en el seno de la Casa Rosada y cambió de la noche a la mañana la ecuación interna en el oficialismo -al menos por el momento-, ya que kirchneristas y albertistas dejaron de lado sus diferencias para unirse en una encendida crítica hacia Guzmán y su determinación.

Desde el massismo también arremetieron contra el joven discípulo del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Lo acusaron de haber traicionado al presidente Alberto Fernández, después de los denodados esfuerzos del jefe de Estado para sostenerlo al frente del Palacio de Hacienda en momentos de la embestida más enérgica del cristinismo contra Guzmán.

Incluso la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, instalada definitivamente en ese rol que pretende llevar adelante de «comentarista» de las vicisitudes de su propia creación de Gobierno, dio cuenta del malestar que generó en el albertismo la impulsiva renuncia del ex ministro en el acto que encabezó este viernes en El Calafate, desde donde fustigó con munición gruesa, además, a Guzmán.

Este escenario, ocasional, de posiciones encontradas dentro de la coalición gobernante en lo que se refiere a las sensaciones y opiniones de albertistas, kirchneristas y massistas con respecto a la más reciente tormenta política con la que debió lidiar el oficialismo -y a su principal causante-, de cualquier modo, lejos está de ser suficiente hoy para disipar los oscuros nubarrones que se asoman en el horizonte.

Los desafíos inmediatos, y exigentes por cierto, que tiene por delante el Gobierno se mantienen vigentes pese a la ruidosa salida de Guzmán del Gabinete nacional. Ahora con Silvina Batakis sujetando las riendas del Ministerio de Economía, la Argentina le acaba de confirmar al Fondo Monetario Internacional (FMI) que pretende cumplir con el acuerdo rubricado meses atrás y que tanta urticaria provocó en filas cristinistas.

También Batakis se mostró partidaria de avanzar hacia un equilibrio fiscal, en sintonía con lo que venía abogando Guzmán. Si bien las palabras de la nueva funcionaria nacional no alcanzaron para tranquilizar a los mercados, en una semana en la que se disparó la cotización del «blue» y del dólar bolsa, de igual manera que el contado con liquidación -que superó la barrera de los 300 pesos-, sus comentarios similares a los de su antecesor, en principio, permiten suponer que el Gobierno intentará seguir adelante con el rumbo que se había propuesto con la anterior conducción del Palacio de Hacienda.

El rumbo económico y las pujas internas del Gobierno

Un rumbo que, en teoría, está supeditado a la hoja de ruta establecida a partir del acuerdo con el FMI y que prevé una serie de ajustes macroeconómicos. En este sentido, si la Casa Rosada pretende avanzar en esa dirección, con Batakis al mando del timón, es de esperar que se reanuden en el seno de coalición gobernante las tensiones que apenas semanas atrás encontraban a Guzmán convertido en el blanco predilecto del fuego amigo kirchnerista.

Porque en el oficialismo, cuando resta poco más de un año para las próximas elecciones presidenciales, aún está en discusión el camino que debería recorrer la Argentina para salir de la crisis: «Lo que está en pugna es cómo se resuelven los problemas que generó Cambiemos», dijo esta semana una alta fuente del sector kirchnerista, que admitió que el acuerdo con el FMI «condiciona» la política económica de la Casa Rosada.

Ese pacto con el organismo con sede en Washington supone, como ya fue en dicho en diversas ocasiones, una serie de intervenciones en aspectos medulares y sensibles de la economía doméstica, a saber: el gasto estatal -¿qué sucederá con la asistencia social?-; los subsidios energéticos y las tarifas de servicios públicos; la volatilidad en torno del dólar y la brecha cambiaria; la inflación y la puja salarial; la sangría de reservas del Banco Central y el cepo a las importaciones, entre otros temas cardinales.

En consecuencia, está por verse cómo se desarrollará a partir de ahora la convivencia entre las distintas facciones que integran la alianza peronista gobernante tras la llegada de Batakis -acordada supuestamente por consenso- al Palacio de Hacienda y frente a las próximas decisiones quirúrgicas que la Casa Rosada debería tomar en materia económica, justo en vísperas de una nueva campaña proselitista en la Argentina.

A propósito, más allá de que el Gobierno procuró instalar la idea de que el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, fue quien motorizó la designación de Batakis en reemplazo de Guzmán, el desembarco de la nueva ministra de Economía en el Gabinete nacional fue celebrado con bombos y platillos por el kirchnerismo incluso más duro, lo que desenvaina un arma de doble filo para Cristina y sus eventuales aspiraciones electorales -y las de su espacio- de cara a 2023.

Si Batakis -que absorbió un significativo respaldo político del oficialismo en general en sus primeros días de gestión- consigue hilvanar un puñado de éxitos en las metas que se proponga, con la volatilidad cambiaria y los disparatos niveles de inflación en el país como sus desafíos más urgentes, habrá logrado robustecer la demacrada imagen del Gobierno y la figura de Cristina -cada vez más cuestionada- en particular.

En cambio, si llegara a trastabillar en su misión, la «jefa» del Frente de Todos indefectiblemente pagará un costo adicional al que ya supone para ella la deslucida -y por momentos fallida- labor que lleva adelante Fernández como presidente de la Nación, en su rol casi indiscutible hoy de «gerente general» del cuatro Gobierno kirchnerista, tras haber alcanzado el cristinismo su objetivo de esmerilar a Guzmán y forzarlo a renunciar. Porque más allá de las formas, éso fue lo que en definitiva sucedió.

La injerencia de Cristina en la gestión de Fernández

En este contexto, la influencia de Cristina en la gestión de Fernández a partir de este momento «dependerá de la orientación y de las decisiones políticas que se tomen», dijeron a NA fuentes del albertismo, al término de otra semana de máxima efervescencia en el seno del oficialismo que hasta incluyó una desmentida formal de parte de un funcionario cercano al jefe de Estado, como Fernando «Chino» Navarro, de una eventual renuncia presidencial.

Así están las cosas hoy por hoy en Balcarce 50. Una vez más, alcanza ribetes espeluznante lo que sucede puertas adentro -y hacia afuera también- en este Gobierno, mientras en la «city» porteña, allí cerca de la Casa Rosada, el dólar «blue» superó los $270. También se expandieron en los últimos días los temores de que se vuelva a desatar en el país una hiperinflación e incluso un ex director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, el mexicano Alejandro Werner, se expresó en tal sentido.

Días atrás, la portavoz presidencial Gabriela Cerruti habló de «golpecitos de mercado» en medio de la disparada del billete estadounidense en sus versiones financieras y marginal, acusó al periodismo de «generar caos» y negó rotundamente que se haya producido una cumbre entre Fernández, Cristina y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, para evaluar nuevos cambios en el Gabinete y analizar el rumbo del país.

En cualquier escenario lógico, no debería ser noticia que los tres principales dirigentes de una coalición oficialista lleven adelante reuniones de trabajo, pero -aunque cueste creerlo- en la Argentina sí lo es cuando efectivamente ocurren. Así las cosas, en medio de un contexto que genera más dudas que certezas, el Gobierno procura dejar atrás su más reciente maremoto, mantener a flote la nave -¿el Titanic?- y seguir adelante por la senda pespunteada oportunamente entre Guzmán y el Fondo.

Una senda que, incluso, podría obligar a la Casa Rosada a tomar decisiones cuya sensatez quede bajo escrutinio, al estar apremiada por la escasez de dólares en el Banco Central, si es que efectivamente resuelve avanzar con restricciones adicionales que afecten la libertad individual de los ciudadanos argentinos para evitar que, por ejemplo, y como plantea Batakis, el derecho a viajar colisione con la generación de puestos de trabajo.

«Si seguimos así, vamos camino a una derrota en primera vuelta», dijo a Noticias Argentinas esta semana una alta fuente del massismo, en referencia a las elecciones generales del año que viene. «Y corremos serio riesgo también de perder en la provincia de Buenos Aires, porque está claro que -el gobernador- Axel Kicillof no tracciona votos por fuera de la grieta», acotó.

Finalmente, en el kirchnerismo entienden que aún existe cierto margen para evaluar el escenario político y económico tras la salida de Guzmán antes de aplicar, eventualmente, cirugía mayor en el Gabinete nacional. En lo inmediato, el próximo jueves se conocerá el índice de inflación de junio pasado, que volvería a ubicarse por encima del 5 por ciento, el primer escombro «heredado» con el que tropezará el nuevo equipo económico apenas horas después de haber asumido.

 

Primicias Rurales

Fuente: Noticias Argentinas. Escrito por

Julio: seca, frío, y más cisnes negros

Julio: seca, frío, y más cisnes negros

Escribe Susana Merlo

Es cierto que el campo está acostumbrado a una serie de riesgos. Tiene asumido que la remanida frase: “una industria a cielo abierto”, es dolorosamente cierta. También conoce sobre las veleidades oficiales, y la falta de programas estratégicos, pero nunca se había producido una seguidilla de cuestiones climáticas, y políticas (malas) como en el último tiempo, con sus lógicas derivaciones económicas, desde el nivel del dólar, hasta los nuevos recortes para importar, pasando por el riesgo país que encarece todas las cuestiones financieras, y todo en medio de una ola de frío, y de una muy fuerte seca no adelantada por los meteorólogos (que decían que el clima iba a virar de Niña a neutro para el invierno).
Pero lo que nadie intuyó, ni se animó a suponer, es que tampoco iba a haber combustible. Gas oil para los tractores, para terminar la cosecha, para avanzar con las siembras de invierno, para transportar los productos, para bombear por el agua de la hacienda, para mover los equipos de frío, para…, para…, para….., producir, al fin y al cabo.
Además, el tema deja brutalmente expuesta la improvisación, la falta de conocimiento, y más aún, la ausencia total de responsabilidad de quienes ostentan los máximos cargos del país.
¿Cómo no sabían el nivel de demanda anual que hay?, ¿no fueron capaces de controlar el supuesto contrabando de combustible hacia países vecinos alentado por la cada vez más amplia brecha de precios? o, si lo supieron, ¿por qué no adelantaron medidas de control para evitar semejante crisis?, ¿o es que hay alguna pulseada con otros sectores empresarios que tienen retenido el combustible, pero para liberarlo a otro precio?.
Para los productores todo es muy confuso.
Dejando fuera la irremediable pérdida humana, ¿ahora quién se hace cargo de los daños?, porque jugar a la política sin costos lo hace cualquiera, el punto es el nivel de responsabilidad sobre las medidas y las políticas adoptadas que llevan a pérdidas de distinto tenor en cantidad de personas y actividades. ¿Por caprichos personales, como dejaron entrever un ministro y un secretario de Estado echándose mutuamente las culpas?, ¿por incapacidad?, ¿por política mal entendida?, ¿por lucha entre facciones?….
El hecho se sabe desde hace mucho, casi desde principios de año. A pesar de esto, apenas pocas semanas atrás, el propio Congreso votó una “baja” (si, una baja!) en el porcentaje de corte con los biocombustibles, que a mediados de junio tuvieron que corregir, elevando nuevamente, pero “por solo 2 meses”, como si alguien les exigiera un recorte incomprensible para un país que debe importar combustible y no tiene dólares para hacerlo o, en todo caso, tienen otras muchas prioridades.
¿O acaso Brasil no funciona perfectamente (lo que es evidente) con un corte de hasta 30% con biocombustibles, mientras que acá es casi un drama haberlo elevado de 5% (si, 5%) a 12,5%, eso si, “solo” por dos meses… Llamativo.
Que decir de las seguridades de que “habrá gas oil para las siembras y para la cosecha”, y sobre la descompresión que va a a generar primero el biocombustible, y luego, la llegada de los primeros envíos importados que llegarán recién hacia fines de julio o agosto.
De ahí también el ajuste de discurso oficial, que pasó las seguridades de abastecimiento desde el “muy pronto”, a un ambiguo “a partir del segundo semestre”, ¿pero cuándo?, porque el segundo semestre ya es hoy, pero dura hasta diciembre. ¿Y mientras tanto?.
¿Con que seguridad se puede encarar una inversión productiva a 5-6 meses en estas condiciones?. No solo sin saber los precios de los insumos, sino también si va a haber abastecimiento. Agroquímicos, fertilizantes, cubiertas, alambres, repuestos…,¡ y también gas oil!, realmente estarán disponibles en este segundo semestre como dice el Gobierno?.
Y al margen de esto, ¿alguien se anima a creerlo?
Y si no se cree, ¿cómo se hace para enterrar U$S 500-600 por hectárea, para producir y cosechar (si el clima lo permite) dentro de 6 meses??.
Otra bandada de cisnes negros cuyo impacto (negativo) se va a medir totalmente recién el año que viene, cuando termine la campaña….

Fuente: Campo 2.0

Primicias Rurales

La guerra entre la demanda y el consumo

La guerra entre la demanda y el consumo

Por Celina Mesquida VanNewkirk – RJO’Brien

Buenos Aires, 1 junio (PR/22) — El trigo Chicago limite abajo al comienzo de la semana corta en Chicago, y otros 60 centavos de caída el resto de los trigos. Lógicamente el resto de los productos fueron arrastrados en la inercia y como siempre, buscamos material fundamental para justificar el movimiento. Rusia parece estar dispuesta a proporcionar exportaciones de granos ucranianos si Ucrania elimina las bombas escondidas en sus puertos, sin embargo, otras fuentes proporcionan información contraria, en la que niegan rotundamente un acuerdo para exportar granos ucranianos y que es Rusia quien los toma como propios.
Rusia continúa chantajeando al mundo con el abasto de alimentos a cambio del levantamiento de las sanciones. El tema clave es si realmente el mundo necesita desesperadamente el consumo de granos hoy, y dada la secuencia en los precios parece que de momento hacemos una pausa. La demanda creció desmedidamente frente al consumo.

El consumo de grasas y aceites ha sido altamente perjudicado por la pandemia en 2020 ajustando el
suministro con el aumento incasable de precios, y de este modo, contrayendo su uso. El consumo total
de aceites comestibles y energéticos combinados se ha incrementado solo 3.6 mill de t desde la
pandemia (ultimas 3 campañas) mientras que el crecimiento en los 3 años anteriores había sido de 25
millones de toneladas. El consumo de aceites per cápita había alcanzado su máximo de 25.7 kg/hab/año
en 2018/19 mientras que se espera que 21/22 cierre en 25.1 kg/hab/año.

En la pantalla, los spreads se tranquilizan, hace una semana observábamos nuevos máximos de inverso
en el hacedor de viudas, soja julio 22 / noviembre 22; ahora calmado. El spread de maiz julio/
septiembre en dirección descendente sin poder juzgar una estructura sólidamente alcista en maiz. El
margen de molienda de soja en el julio se fundió desde más de 2 dolares/bushel a 87 centavos en 1 mes.
La siembra de cultivos de verano alcanzó su ritmo normal en USA tal como todos sospechaban y de
momento el clima no es una amenaza. Por su parte, el mercado del cash internamente en USA continua
muy sólido sobre todo al este del Midwest y los problemas de logística continúan trabando el
movimiento lo que ya no sabemos si son excusas y nos acostumbramos a ellas, o es real que poner
granos sobre ruedas, sobre rieles o agua es una contingencia.

 

Los grandes jugadores se han ausentado de este mercado dejando espacio a fondos que operan de
manera súbita emocional, pero sin una lógica que acomode el tema fundamental de prevalencia. Es así
como cuando estos quitan sus posiciones, la desnudez del mercado muestra las realidades.
Con todo esto no queremos argumentar que la escasez de producto no es real y que la inflación es
producto de una sensación, pero antes de castigar sin motivos el cultivo en suelo de USA debemos
esperar que el clima lo descomponga. Antes de salir a comprar inusitadamente debemos contabilizar lo
que tenemos en la despensa. El producto está, pero no disponible de momento.

Queres enterarte de más?… No te pierdas Comité de Crisis #2 Mexico, 5 PM Hora Mexico.

Inscripción al Comité de Crisis México


Twitter @celimesquida

Primicias Rurales

Fuente: Agroeducación

¿De la sartén al fuego?

¿De la sartén al fuego?

Escribe Susana Merlo

Buenos Aires, 1 de junio (PR/22) .- Mientras el sector político sigue concentrado en sus internas y pocos/ ninguno se dedican a gobernar (ni siquiera los funcionarios de menor rango), los productores del campo se debaten en un mar de incertidumbre potenciado por la inestabilidad política, en pleno arranque de la campaña 22/23.
Los riesgos habituales de mercados y clima están potenciados este año. Seca y atrasos en los cultivos del Hemisferio norte, que tensan más la plaza agrícola internacional que, además, sigue con stocks muy bajos; mientras en lo local se sigue acentuando la sequía y las heladas, a pesar del arranque con mejores perspectivas que había hasta hace unas semanas atrás. A esto se le agregan los precios internacionales alterados además por la Guerra del Mar Negro que podrían bajar de golpe si el conflicto se llegara a solucionar (lo que se percibió con el “amague” de fin de mayo), pero que también podrían continuar su escalada alcista si las condiciones climáticas se complican más en las principales zonas productivas.
Una verdadera timba para cualquiera.
Y, aunque, en general, las cotizaciones se encuentran en niveles extraordinarios, eso no se refleja totalmente en la plaza local debido a las retenciones, al atraso relativo del dólar oficial respecto al paralelo, a las restricciones comerciales impuestas, que incluyen hasta la prohibición de exportación en algún rubro, y otra serie de “sugerencias” no escritas que ponen en duda (otra más), las verdaderas posibilidades de recuperar la inversión que tiene el que haga agricultura.
Con semejante cúmulo de incertidumbres, ¿Quién se anima a enterrar por 6 meses, entre U$S 400 a U$S 600 promedio por hectárea, que es lo que implica hacer un cultivo este año, debido a la fuerte escalada de los principales costos (agroquímicos, fertilizantes, etc.)?.
Por supuesto que no es el único problema. A pesar de las declaraciones -y garantías- oficiales, en varias provincias sigue sin aparecer gas oil al punto de que ya se están suspendiendo las labores, mientras en la mayoría de las que aún se consigue (con restricciones de volumen), los precios a abonar son muy superiores al oficial.
Tampoco hay cubiertas, ni muchos de los repuestos importados que exige la maquinaria agrícola más sofisticada. O algo tan simple como el alambre, si el planteo es mixto (con ganadería). Decir que en estas condiciones se puede arriesgar la siembra, parece demasiado pedir, sobre todo cuando si se logran vencer todos y cada uno de los inconvenientes mencionados, tampoco es seguro que se pueda vender con libertad.
Y el dato es clave, pues en la medida que se prohíbe la exportación, o se ponen cupos y restricciones de cualquier clase, se está alterando la plaza, permitiendo que los compradores cuenten con un mercado interno cautivo obligado a aceptar la única oferta “libre”, que es una parte de la demanda local, dado que no se permite exportar.
“Cazar en el gallinero”, o “pescar en la pecera”, son las imágenes más habituales que se usan para definir este tipo de situación.
Pasa con la carne, con el trigo, con el maíz… Medidas explícitas, o no tanto, que impiden que el productor reciba el precio más lleno posible (aun con retenciones y doble tipo de cambio), ya que no juega la competencia.
La antigua “mesa de los argentinos”, ahora se aggiorno al “desacople” de precios que pretenden algunos funcionarios como si ya no hubiera suficiente despegue. Basta ver los precios que cobran por la misma mercadería los restantes vecinos del Mercosur, sea en leche, carne, granos, fruta, o cualquier otro producto.
Pero, lo que más desincentiva, en realidad, es que mientras en condiciones de producción normal se habla de “rentas extraordinarias” para el campo (aunque, de hecho, las principales las tiene el Gobierno), cuando toca la mala con sequías, heladas, inundaciones, o incendios, a los productores les toca perder solos.

Primicias Rurales

Fuente: Campo2.0