Jun 22, 2021 | Columnas
Por: Dr. Daniel Urcía, presidente de Fifra
La carne vacuna tiene un precio competitivo ya que aumentó mucho menos que sus insumos. La suba que experimentó obedece a un faltante de oferta que responde a cambios productivos. Desde Fifra nos expedimos en contra del cierre de exportaciones así como de cualquier otra medida restrictiva que limite el normal funcionamiento de los mercados y las empresas. Lo contrario derivará en una menor producción y en definitiva en nuevos aumentos de precios.
Buenos Aires, 23 de junio (PR/21) .– En los últimos meses el precio de la carne bovina viene siendo noticia lo que pone en evidencia el deterioro del poder adquisitivo de la población. Cuando uno analiza el incremento de algunos valores entre enero de 2018 y abril de 2021 se observa que la invernada subió 410%, el maíz 501%, la hacienda para faena 457%, el dólar oficial 377%, el dólar blue 699% y la carne al consumidor 365%, es decir que la carne al consumidor aumento menos que sus insumos directos y casi la mitad que el dólar no oficial, lo que significa que su precio es competitivo (los valores se pueden consultar en el trabajo de la consultora Agroideas que se publica en este newsletter).
Hace ya tiempo y en el mes de marzo en particular hicimos referencia en nuestra Editorial a que las categorías de consumo (vaquillonas y novillitos) estaban disminuyendo porque el engorde tradicional resultaba deficitario (destete, ingreso al corral y salida de gordo sin recría) y que eso ocasionaría un faltante de hacienda terminada porque la inclusión de la recría en los planteos ganaderos conlleva mayor tiempo de animales en el campo (entre 6 meses y un año más).
Ese faltante se ve claramente en la composición de las faenas como informa la Dirección de Control Comercial Agropecuaria, con un faltante de casi 30.000 vaquillonas y casi 50.000 novillitos respecto al segundo semestre 2020. Esa escasez de oferta de hacienda bien terminada llevó los precios a los niveles actuales que son similares a los que había antes del cese de comercialización y seguramente seguirán en esos rangos porque el valor de la invernada también se sostiene. Con estas cotizaciones no hay posibilidad alguna de baja de precios de la carne.
Desde FIFRA nos expedimos especialmente en contra del cese de exportaciones porque no consideramos que sea una herramienta que sirva para corregir precios internos, tampoco creemos que cualquier otro mecanismo de restricciones a la exportación sirva para cumplir con ese objetivo.
Tampoco creemos que otras medidas restrictivas o prohibitivas como establecer pesos mínimos de faena sirvan para aumentar la oferta sino sólo para pergeñar triquiñuelas evasivas y beneficios a unos pocos marginales, como se demostró con la vigencia del anterior modelo. En el último año el promedio de peso de faena creció sin ninguna norma que lo restrinja.
La mayor producción de hacienda y de carne se logra generando ambiente de inversión e instrumentos que incentiven la misma. Solo con inversión se genera empleo y se aumenta la oferta. Desde el Consejo Agroindustrial Argentina (CAA) y desde FIFRA en particular hemos aportado propuestas que van desde correcciones impositivas hasta herramientas de incentivo fiscal o créditos blandos, pero hasta el presente los distintos gobiernos no han promovido la actividad.
Anhelamos que el actual contexto sirva para poner en marcha mecanismos de promoción e incentivo, todos los modelos anteriores de restricciones llevaron a un fracaso rotundo y a la pérdida de empleos y empresas.
La oferta actual de carnes bovina, porcina y aviar aseguran un normal abastecimiento del mercado doméstico y el sostenimiento de la participación en los mercados externos nos aseguran una producción constante. Restringir mercados conlleva a restringir producción y eso nos llevará a una menor oferta de carne y precios más caros en el mediano plazo, como ya lo vivimos.
Primicias Rurales
Jun 21, 2021 | Columnas
Por Federico Sturzenegger — Perfil
Buenos Aires, 21 de junio (PR/21) .– Alguna vez se ha dicho que el modelo económico de este gobierno es soja y suerte, pero los eventos de los últimos meses permitirían hoy caracterizarlo mejor como soja, Powell, Biden y suerte.
Hagamos un poco de historia. La crisis financiera detonada por la eclosión de Lehman Brothers en 2008 abrió un interrogante sobre las perspectivas del mundo y el futuro del capitalismo; sin embargo, gracias a la acción decidida (y expansiva) de la Reserva Federal de Ben Bernanke y (algo más tarde) del Banco Central Europeo con Mario Draghi, la sangre no llegó al río: la economía mundial se recuperó y sin inflación. Tanto fue el éxito de estas dos instituciones que en la década que siguió se les atribuyó el poder de sortear cualquier tropiezo y hacer al mismo tiempo de la inflación algo del pasado.
Sin dormirse en los laureles, bajo la tutela ya de Janet Yellen, la Reserva Federal comenzó en 2017 un cauteloso camino de reversión de la expansión monetaria previa como prevención a un posible rebrote inflacionario. Los argentinos vivimos los efectos de ese proceso en las subas de interés que contribuyeron, entre otros factores, a la crisis de 2018, año en el que llega Jerome Powell a la Reserva Federal. Powell inicialmente profundizó el sendero contractivo de Yellen pero en 2019, por voluntad propia o quizás por las presiones de Trump, da un volantazo y pone a la política monetaria nuevamente en modo expansivo. Al poco tiempo el covid lo impulsó a profundizar aun más ese programa de expansión, quizás bajo la convicción de que la inflación no se movería.
El triunfo de Juan Domingo Biden sumó a una política monetaria ya expansiva, un fuerte programa de estimulo (léase déficit) fiscal que adicionaba a su vez al que ya se había hecho con Donald Trump. Digo fuerte porque en tamaño lo que EE.UU. ya comprometió en gastos relacionados al covid-19 supera (en plata de hoy) a lo que ese país gastó en las dos guerras mundiales, las de Corea y Vietnam… todas juntas. Excepto que en este caso el esfuerzo se aplica en poco más de un año y cuando la economía norteamericana se espera crezca más de 6%. Larry Summers, quizás el economista más importante de nuestro tiempo, ha sentenciado que hoy la combinación de política fiscal y monetaria de los EE.UU. es la más irresponsable de los últimos 50 años.
La conjunción de estas políticas expansivas ha centrado el debate en si esta combinación puede traer del más allá a la inflación. Hasta hace poco era un debate académico, pero en los últimos meses el problema se convirtió en real. La inflación mensual en abril en EE.UU. marcó un 0,8% (un 10% anualizado) y en mayo fue de 0,6% (un 7% anualizado). Por supuesto que son solo dos meses, pero en mayo los precios ya habían subido 5% respecto al año anterior y el salto en la inflación núcleo la llevó a valores que no se veían desde 1992. Aun así, las tasas de interés de largo plazo casi no se han movido, indicando que el mercado piensa que el fenómeno es transitorio y el comunicado de la Fed de este miércoles pasado, por otra parte, no muestra ninguna señal de preocupación al respecto.
Los argentinos, duchos en el tema inflación, sabemos leer señales que indican si el problema llegó para quedarse. Por ejemplo, cuando la gente anticipa inflación, busca refugio en el dólar, que actúa como termómetro de esa inflación por venir. En Estados Unidos esas señales están por todos lados, excepto que allá se manifiestan en otros activos: el precio de las acciones (el índice accionario S&P subió 37% en el último año), el bitcoin (subió 220%) o en los commodities (la soja subió más de 60%). Esto último es particularmente relevante para la Argentina. Los términos de intercambio del primer trimestre 2021 son los terceros más altos de toda la serie que publica el Indec desde 1986. Esto es porque el precio de nuestras exportaciones sube en anticipación de una inflación, que determinará, eventualmente, el costo de las importaciones. La ayuda de Powell en esto no va a durar.
Pero el salto inflacionario en los EE.UU. genera otro beneficio económico para el Estado argentino. El Gobierno tiene una deuda con el sector privado que está colocada en gran parte en bonos a largo plazo denominados en dólares. La clave es que está fijo el valor en dólares de lo que hay que pagar. Por consiguiente, cualquier aumento en la inflación norteamericana licúa el valor real de esa deuda. Por ejemplo, una inflación de 5%, en un año, como la que se alcanzó en mayo, reduce el valor real de las obligaciones que emergieron del canje de deuda del año pasado en 4.600 millones de dólares. Si continúa, seguirá sumando licuación. Los economistas lo llaman “ganancia por valuación”. El mercado percibe que la deuda, licuada, menor en carga (el PBI argentino en dólares crecerá a la tasa de inflación norteamericana más cualquier extra que pueda adicionar) es más factible que se pague. En parte por esto en las últimas semanas los bonos argentinos vienen subiendo sostenidamente.
En adición a los ya muy comentados 10 mil millones de dólares de ingresos extra de divisas por el aumento en el precio de la soja y los 4.300 millones por la capitalización del FMI, debiéramos sumarle entonces este año un alivio de al menos 4.600 por efecto valuación sobre la deuda (aunque esto último lo gana el Estado pero en una parte lo pierden otros argentinos).
El resultado por valuación puede asimilarse a un ingreso fiscal. Si se adiciona, ¿cómo queda el resultado fiscal? El déficit fiscal primario de este año rondará el 3,4% del PBI, una baja importante respecto del año anterior. Pero en realidad gran parte de ese desequilibrio no se financia con endeudamiento sino con impuesto inflacionario. Y la inflación en realidad hay que contarla como un impuesto más. Un impuesto horrible pero impuesto al fin. De mínima, la inflación recaudará este año un 2,4% del PBI. El déficit fiscal es, en realidad, 1%. Y si sumamos la ganancia de valuación que mencionamos arriba, de 1,1% del PBI, tenemos en realidad un superávit primario de 0,1% del PBI. El tipo de resultado que le gusta al FMI.
Biden y Powell están, sin que les importe en lo más mínimo, ayudando a equilibrar las cuentas del Estado argentino. El populismo, por momentos, suma aliados inesperados.
*Profesor en la Universidad de San Andrés, Harvard y HEC (París).
Primicias Rurales
Jun 21, 2021 | Columnas
Por Hernán Fernandez Martinez – Director de Agroeducación / Especial para Clarin
Buenos Aires, 22 de junio (PR/21) .– Muy buenos días, este 2021 nos regaló en el final de su primera mitad una semana que quedará en el recuerdo a pesar de que, para muchos, sería mejor olvidarla. Seguramente estén al tanto mis amigos lectores, pero vale recordar que en el caso de la soja el pasado 17 de junio se vivió en el mercado de referencia de Chicago, una caída en la cotización de algo más de U$D43/tn (8,21%), que constituyó la segunda caída diaria más importante de los últimos 50 años y la más grande de los últimos 25. Ese día la cotización por tonelada cayó desde U$D532/tn hasta los U$D 489/tn. El resto de los productos no quedaron exentos.
Pero vale la pena hilar un poco más fino y analizar el detrás de escena; en donde encontramos dos factores de relevancia que generaron el derrape.
ACEITE DE SOJA – El protagonista central de los últimos largos meses, si del complejo sojero hablamos, fue el Aceite de Soja producto que casi triplicó su valor desde abril de 2020 hasta el 8 de junio de este año, pasando de U$D 551/tn a los U$D 1.586/tn.
Muchos factores coexistieron y se encadenaron para justificar la suba, entre las que podríamos citar la recuperación del precio del crudo desde su valor negativo del mismo lunes 20 de abril de 2020, la recuperación de las demandas en el sudeste de Asia, sumado a una muy mala campaña anterior de aceite de palma, y encadenando con la coyuntura, es clave citar la reimposición de la “Agenda Verde” en Estados Unidos por parte del presidente Biden quien asumió en enero del presente año.
Esto último lleva implícito un crecimiento de la demanda de materias primas para producción de biodiesel (aceite de soja) y etanol (Maíz). Así llegamos al récord de precio citado del martes de la semana anterior. Vale recordar que el viernes pasado la realidad nos había mostrado refinerías planteando a través de sus representantes legales que ya no estaban en condiciones económicas de afrontar la compra de biocombustibles para cumplir con el corte obligatorio, por el altísimo valor de estos, ni tampoco de comprar los RINs (Renewable Identification Numbers), créditos que se deben comprar a otras refinerías que se encuentren mezclando, por exigencia de la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés), en caso de no poder o no querer mezclar según el mandato.
El viernes de la semana pasada trascendió que el presidente Biden se encontraba analizando la posibilidad de aliviar sus exigencias sobre las refinerías, empresas que amenazaron con despedir operarios, lo cual también disparó reclamos de los sindicatos respectivos. En resumen, hoy por hoy tenemos a la Agencia de Protección Ambiental (EPA) estudiando el tema, pero como ustedes saben los grandes operadores del mercado intentan anticiparse, y más aún habiendo subido tan alto en la montaña, así es que muchos de ellos han decidido desensillar a la espera de nuevas noticias, particularmente desde el Poder Ejecutivo.
RESERVA FEDERAL DE ESTADOS UNIDOS – Hemos contado en columnas anteriores que el incremento del Índice de Precios al Consumidor verificado durante 2021 y explicitado en el dato de inflación de mayo alcanzando el 5,00%, constituye un tema que preocupa al gran mercado de capitales de aquel país.
La preocupación radica en que podría traducirse, si el presidente del Banco Central norteamericano considerara a la Inflación como algo preocupante y estructural, en una fuerte suba de tasas de interés de referencia, que aún hoy se encuentran en el “Rango de Emergencia” de 0,00%-0,25% y en un freno al esquema de fenomenal “Compra de Activos”, que es lo mismo que decir fenomenal “Emisión Monetaria” que se viene explicitando desde marzo de 2020.
Si bien la Reserva Federal sostuvo hace algunos días que no se tocarían las Tasas de Interés hasta fin de 2023, durante la semana pasada trascendieron palabras de algunos integrantes del Comité de Política Monetaria de aquel país, que dejaban entrever que podría apresurarse dicha medida si las variables macroeconómicas se descontrolaran. En resumen, en esto último no hay nada especialmente nuevo, pero como solemos decir, “lo que importa no es el dato sino la reacción del mercado ante él”.
Concluyendo e integrando los dos fenómenos antes citados es que el jueves de la semana pasada vivimos una jornada negra en el gran mercado de capitales del planeta, pues claramente no sólo el aceite de Soja sufrió un golpe grande en sus cotizaciones, sino que la mayoría de los activos financieros vivieron una importante caída.
Cayeron los índices de acciones Dow Jones y S&P 500, los Energéticos, principalmente representados por el Petróleo, en sus versiones del WTI y el Brent: los Soft Commodities, como el Cacao, el Algodón, el Jugo de Naranja y el Café, los metales, como el Cobre, el Platino, el Palladio, el Oro y la Plata, y claro que también nuestros commodities, Harina, Aceite y Poroto de Soja, Maíz, Trigo, Avena y Arroz. Sólo se salvaron los Bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 y a 30 años y el dólar.
Fue una jornada en la que se verificó el pánico generalizado, y hasta las criptomonedas sufrieron la hemorragia. Podemos concluir analizando las variaciones de precios que hubo salidas de activos de riesgo en búsqueda de un lugar de resguardo de valor ante la percepción de tormenta; y lugar el reparo elegido fue claramente el billete verde y los bonos norteamericanos de más largo plazo. El dólar fue, durante la semana, el gran ganador apreciándose casi un 2,00% frente a las monedas fuertes del mundo.
Esto fue una breve reseña de lo sucedido y créanme que no nos volvimos locos, está claro que esta es una columna de Mercado de Granos y Gestión Comercial pero justamente por eso es que nos vimos obligados a hacer esta reseña. Solemos decir, y quienes nos escuchan hace largos años no me dejarán mentir, que existen 5 Máximas de la Gestión Comercial de Granos, y esta semana se verificaron varias de ellas, particularmente:
-“El juego de la oferta y la demanda sucede en un determinado contexto financiero mundial”
-“El fundamento de la oferta y la demanda se expresa solo, si el mundo financiero se lo permite»
-“Lo que importa no es el dato en sí mismo, sino la reacción del mercado ante él”.
A partir de las cuales queremos ratificar más que nunca aquello sobre lo que trabajamos a diario con amigos y clientes de todo el país, “NO PERSIGAS EL MEJOR PRECIO SINO TU RENTABILIDAD OBJETIVO”, idealmente sumándole Flexibilidad a las posiciones comerciales vendidas.
En resumen, el contexto macroeconómico parece querer complicarse en Estados Unidos, mientras el mundo de la Oferta y Demanda de Mercadería Física continúa mostrando variables numérica y objetivamente alcistas, que se expresarán en el precio sólo si los grandes operadores deciden prestarles atención.
Mientras tanto vale recordar que la campaña 21/22 en el país del norte se acerca sin prisa, pero sin pausa a los momentos de definición de rendimientos donde el clima se hace protagonista, en medio de una incesante escasez de humedad y altas temperaturas en el centro del cinturón agrícola norteamericano, con particular gravedad en el estado de Iowa y el estado de Michigan. En una campaña donde los balances de oferta y demanda de Soja en aquel país, exigen una producción casi perfecta en términos agronómicos para no continuar reduciendo los stocks finales, especialmente ajustados desde inicio, según las estimaciones del propio USDA.
YENDO A LA GESTIÓN
Muchas veces nos toca en nuestra labor diaria, escuchar catarsis, de muchos empresarios que no hicieron los deberes y se preocupan mucho cuando las cotizaciones caen.
Está muy bien y es parte de nuestra función, pero abramos los ojos,aún tenemos a mano precios muy buenos si los traducimos en resultados obtenidos de la campaña 20/21 y también generan buenos resultados en los presupuestos las posiciones de cosecha 21/22.
¿Qué sucederá en el futuro mediato e inmediato? Sólo Dios lo sabe, pero aún estamos a tiempo de poner pisos o vender en valores que permitan capturar rentabilidades interesantes sobre la campaña actual y particularmente queremos hacer hincapié hoy aprovechar estas caídas para darle flexibilidad a las ventas ya hechas, tanto de campaña actual como de la 21/22.
La compra de CALLs sobre posiciones más lejanas aparece como especial oportunidad en este contexto. Y lejos estamos de sugerir cambios de distribuciones en las superficies planificadas, en términos de precios encaramos una nueva campaña que muy probablemente nos regale grandes oportunidades. Pero una vez más sugerimos PRAGMATISMO, DISCIPLINA Y OBJETIVIDAD para la Gestión Comercial….todo el resto es cotillón para los comentaristas de turno. ¡Manos a la Obra!
Primicias Rurales
Jun 10, 2021 | Columnas
Por Juan Manuel Garzón *
Buenos Aires, 10 junio (PR/21) — Según el relevamiento periódico que realiza FAO (Naciones Unidas) el valor internacional de una canasta de alimentos (que contiene un mix de productos que incluyen principales carnes, lácteos, aceites, granos y azúcar) se viene incrementando al 3,2% mensual en los cinco primeros meses del 2021, mostrando los precios una aceleración importante respecto del ritmo que tuvieran en el 2020 (+0,6% mes).
Un interrogante relevante es si esta revalorización global de los alimentos a nivel de comercio de frontera se está trasladando a los consumidores finales de los distintos países, particularmente en nuestra región
En este aspecto se observa que en Argentina la inflación minorista en alimentos y bebidas no alcohólicas pasó del 3,0% mensual en el 2020 al 4,4% mensual en los primeros cuatro meses del 2021 (IPC Nacional, INDEC), es decir, la tasa que ya era elevada subió 1,4 puntos porcentuales.
Ahora bien, en Latinoamérica, y analizando 8 países de la región como para tener una muestra relativamente amplia, la inflación para el mismo rubro de bienes fue de sólo el 0,4% mensual en el 2021 (valor mediano), una tasa considerablemente más baja, pero que además muestra una desaceleración (muy leve) respecto del 2020 (0,5% mensual)
El repaso de las estadísticas indica que los precios a nivel consumidor de los alimentos se muestran bastante estabilizados en la región, habiendo transcurrido ya varios meses del ciclo internacional alcista de commodities y alimentos, e incluso con varias monedas de la zona perdiendo valor (y no poco, entre el 1% y 2% de depreciación mensual en países como Brasil o Uruguay este año).
La realidad de estos países revela que la elevada inflación de Argentina en estos productos (una tasa que es 11 veces la tasa media de la región) y su aceleración en el 2021, no puede estar anclada en el contexto externo y debe encontrarse una mejor explicación de ella, seguramente más asociada a la política monetaria (emisión pasada, actual o esperada en exceso a la que el mercado requiere) y/o la organización económica del país (una economía cada vez más cerrada, dependiente del sector público y con bajos incentivos para la inversión privada).
(*) Economista jefe del IERAL de la Fundación Mediterránea
Primicias Rurales
Jun 6, 2021 | Columnas
Por Claudio Molina*.
Buenos Aires, 6 junio (Especial para NA) — El segmento de la industria de biodiésel que abastece al mercado interno enfrenta recurrentes cambios de reglas de juego desde agosto de 2012, los que se intensificaron a partir de 2019, y hasta la fecha.
A pesar de que la OMS alertó en 2012 sobre el alto riesgo de contraer cáncer de vejiga y pulmón por parte de los seres humanos que se expongan a las emisiones de gasoil, el biodiésel que lo complementa en las mezclas obligatorias, es resistido por los refinadores locales de petróleo.
Esto, a pesar del mandato establecido por la Ley 26.093 y normas complementarias, que vencerá el próximo 12 de julio, y actualmente llega un 10% de contenido de ese combustible biológico.
La Secretaría de Energía, como autoridad de aplicación de este régimen, no ha corregido los desvíos que se fueron produciendo y que afectaron muy negativamente a los productores de biodiesel, llevándolos en muchos casos, a la presentación de acciones judiciales –problema también verificado con los productores de bioetanol- y poniéndolos al borde de la bancarrota en varios casos.
Algunos de esos desvíos -violatorios de la normativa vigente-, derivan de errores u omisiones de la Autoridad de Aplicación, y son los siguientes:
1. Mezclas de gasoil con biodiesel muy por debajo del mandato legal. En este sentido, el nivel de corte promedio desde que asumió Alberto Fernández y hasta la fecha, resultó menor a un 5% de contenido biodiésel en el gasoil, problema que se potenció durante la actual pandemia, por la importante baja en la demanda de combustibles.
2. Falta de controles periódicos de calidad, hecho que perjudica indirectamente a los productores cumplidores.
3. Congelamientos y/o no publicación de los precios del biodiesel por largos períodos, acentuados en el segundo semestre de 2019, y entre diciembre de 2019 y octubre de 2020 respectivamente.
4. Determinación de precios oficiales para el biodiesel, que no cubren los costos de producción.
5. Imposición de plazos de pago por parte de YPF incompatibles con la alta inflación e inestabilidad cambiaria registradas.
6. Existencia de grupos económicos que solapados bajo la figura de pymes, paulatinamente van adquiriendo activos a precios de remate.
En estas condiciones, la capacidad ociosa de las pymes y de las empresas grandes no integradas productoras de biodiesel ha llegado a niveles imposibles de sostener, hecho potenciado por la existencia de bajos precios de venta. De esta forma, la oferta se redujo.
El proyecto de ley impulsado por diputados oficialistas, que durante el pasado mes de mayo obtuvo dictamen favorable y próximamente será tratado en el recinto de la Cámara de Diputados de la Nación, lejos está de defender a las pymes, incluso y muy llamativamente, este acrónimo no figura en el texto del mismo.
Por el contrario, al proponer una reducción de las mezclas a niveles mínimos del 3%, convalidará las prácticas antes enumeradas, generando un riesgo cierto de desaparición de varias empresas, y un proceso inevitable de concentración que favorecerá a los amigos del poder.
Aquél viola el principio de progresividad incluido en el Acuerdo de París –ratificado por Ley 27.270- y en el artículo 4 de la Ley Nacional Ambiental N° 25.675, por lo que es de prever que se presenten en el futuro, acciones judiciales para determinar su inconstitucionalidad u otras, que pondrán en riesgo la continuidad de las operaciones.
Del análisis de estadísticas oficiales se verifica una tendencia muy firme de caída en la actividad.
Es evidente que existe una receta no escrita que «orienta» la gestión pública en la materia, consistente en reducir al mínimo la oferta de biodiésel en el mercado local, a costa, inclusive, de llevar a la quiebra a una gran cantidad de empresas productoras del mismo.
Esa receta pareciera haber sido cumplida al pie de la letra por la Autoridad de Aplicación, desde el segundo semestre de 2019, hasta la fecha.
Si bien el biodiésel en promedio y desde 2010, computando la desgravación que goza ante los impuestos específicos a los combustibles, no resultó más caro que el gasoil con el que se mezcla, el mensaje oficial es que «debemos cuidar el bolsillo de los argentinos».
Y por lo tanto, dada la influencia que bajo esa óptica tiene el precio del biodiesel en los surtidores argentinos, hay que consumir menos de este producto.
Por el contrario, la realidad nos indica que si el precio del biodiésel se duplicara –hecho de baja probabilidad de ocurrencia a corto y mediano plazo-, manteniéndose sin cambios el precio del gasoil fósil que integra la mezcla respectiva, la incidencia de aquel aumento en el IPC del INDEC, será de tan sólo un 0,8% aproximadamente.
En cambio, el precio de los combustibles en surtidores sube indefinidamente, suceso que ocupa tapas de diarios.
Esa suba no está vinculada de manera principal al precio del biodiésel, sino a la variación del precio del petróleo crudo – que cotiza en dólares-, a la suba permanente del tipo de cambio y a la inflación doméstica, que el Gobierno no logra controlar.
Por encima de todos estos fundamentos, la receta que nos trata -que denomino «fantasma» porque no está escrita, pero pareciera que la Autoridad de Aplicación siempre la toma en cuenta- se aplica sin que ello importe la calidad del ambiente y de la salud de los argentinos.
Como así tampoco, los eventuales despidos masivos que se generarán como consecuencia de los posibles cierres masivos de empresas productoras de biodiésel.
La comunicación oficial en la materia se sostiene sobre hipótesis equivocadas, que resultan funcionales a lo que el oficialismo procura, y la que lamentablemente cuenta con el apoyo de un grupo minoritario de empresarios productores de biodiésel, los que obran, o bien por efectos de su desesperación ante su propio deterioro económico, o bien, por oportunismo.
Si no se rectifica el texto de esta iniciativa legal, la misma convalidará la recurrente mala praxis del Gobierno Nacional asociada con la política de biocombustibles.
A contrario sensu, la Agencia Internacional de Energía recomienda no invertir más en petróleo y gas, y la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina emitió un reciente comunicado a favor de los biocombustibles, en el marco de las enseñanzas de la Encíclica Papal «Laudato Si» y en contra de aquel proyecto de ley.
(*) Asesor en Biocombustibles.
Primicias Rurales
May 22, 2021 | Columnas
Por Gabriel Levinas
Buenos Aires, 22 de mayo (PR/21) .– Voy a referirme a las características culturales de los
argentinos que nos han llevado al entuerto presente, con un cierre de exportaciones de carne que perjudica a los productores, y al país todo, y que no resolverá la inflación. Argentina era un país que tradicionalmente vivía del campo, cuya productividad la llevó a tener un poder enorme y a ser la quinta economía del mundo, con un PBI equivalente al de toda la América Latina sumada, antes de 1930. Era un país poderoso. Una potencia agroganadera.
El agricultor es alguien muy diferente de un cazador. Un aborigen wichi, por ejemplo, que se dedica a la caza, la pesca y la recolección, vive en la inmediatez. Él no hace planes, sino estrategias de caza: sabe que hay pesca en enero en el Pilcomayo y se desplaza hasta allí para pescar. El cazador vive al día y no planifica. Si se la da por ejemplo una ayuda de $100, $1000 o $1.000.000, lo más probable es que lo gaste en lo inmediato, porque el mañana no existe en su horizonte de vida.
La mentalidad del agricultor es completamente distinta. Planta y espera, por cuestiones biológicas y climáticas. Uno está en un lugar maravilloso donde la comida fluye de los árboles y el otro está en un lugar árido en el que necesita labrar la tierra para que ésta produzca.
El agricultor planta, espera unos meses y, mientras tanto, tiene que trabajar para que la semilla no sea atacada, por ejemplo, comida por las aves; luego para que la planta, recién crecida y por lo tanto frágil, no sea atacada por otro yuyo… Y cuando llega el tiempo de la cosecha, además de recolectar y preparar el producto para su venta, debe separar semillas, una parte para vender y otra para el año siguiente. Esto significa que el agricultor que, a su vez posee una serie de vaquitas a las que hizo servir para tener un ternero que vender a los tres años, tiene una cabeza más ordenada que la del cazador porque piensa en el largo plazo. Da lo mismo que el hombre tenga 10000 hectáreas o media hectarea de porotos; la cultura es la misma.
Por eso, cuando se discutió la resolución 125, todo el campo se levantó contra esa arbitrariedad y luchó unido, porque lo que se estaba atacando era una cultura común a todos los productores. Se atacó al productor que planifica y el gobierno se convirtió en un gobierno de cazadores al que solo le importa la inmediatez y ver cómo resuelve el hambre de hoy. A esto se lo llama ser fundamentalistas de la coyuntura. Es decir, cuando ya no tienen nada que cazar dentro del Estado, no les queda otro recurso que ir a robarles las vacas y las gallinas -como cazadores que son- a los que tienen vacas y gallinas, porque el cazador no sabe producir ni planear. Si el cazador tiene hambre porque no hay más liebres a la redonda, irá por las vacas ajenas.
Esto es metafóricamente la síntesis de lo que estamos viviendo. La gente que trabaja para el Estado, ya sea nacional o provincial, vive de la caza. Por más que no trabajen, por más improductivos que sean, saben que van a cobrar de todos modos y que prácticamente están blindados contra los despidos. Luego vienen todos los beneficiarios de planes de la Argentina que también integran el grupo de cazadores y tampoco saben producir porque ya constituyen la tercera generación que nunca trabajó de modo regular. Por último, están los políticos que buscan perdurar en sus puestos para seguir gozando de privilegios, acomodar a su familia y premiar a la gente de su entorno con un trabajo en el Estado.
Los que vivían de la caza eran incluso más inteligentes que los políticos, porque sabían que de tanto en tanto debían desplazarse a otro hábitat, porque su actividad predadora iba agotando las posibles presas y un día ya no habría más animales que cazar. Sabían hasta qué punto podían presionar al medio ambiente, y viajaban para no quedarse sin alimento.
Pero hoy, si a los aborígenes no se les da un plan, se mueren de hambre porque sus hijos nunca fueron a cazar con el padre, ni con el abuelo. No saben ni siquiera cómo capturar un conejo. Convertimos a los grupos que tenían cierta eficiencia para vivir en su entorno también en gente que va a vivir del Estado.
Todas esas personas se han convertido en cazadores voraces que, para subsistir, lo único que les queda son las vacas del productor agropecuario.
Primicias Rurales
Fuente: infobae