Sep 20, 2020 | Columnas
Por Rodrigo Ponce*.
Buenos Aires, 20 septiembre (Especial para NA) — En un escenario donde se volvió indispensable el uso de la tecnología para sostener diversas actividades en la vida diaria, las organizaciones se vieron obligadas a abrazar la transformación digital y reinventar la forma en que se piensan los negocios.
Independientemente del tamaño de la organización o de la industria a la que pertenezcan, el contexto hizo evidente la necesidad de acelerar la incorporación de herramientas digitales.
En este tiempo, fuimos testigos de empresas que dieron sus primeros pasos en la nube.
También vimos un gran crecimiento en la aplicación de herramientas de colaboración para mantener la productividad en el trabajo remoto.
Por ejemplo, el uso diario de Google Meet para videollamadas creció 30 veces en marzo y, para abril, la cantidad de participantes por día en reuniones había superado los 100 millones.
En Google Cloud estamos trabajando con múltiples industrias para redefinir procesos, optimizar costos y acelerar la toma de decisiones basadas en datos.
Por ejemplo, usamos el análisis de imágenes mediante inteligencia artificial para telemedicina, aplicamos soluciones de análisis de voz en tiempo real para mejorar los sistemas de atención al cliente e incluso usamos machine learning para optimizar las rutas de distribución en logística mediante Google Maps.
Las posibilidades son infinitas.
Mirando hacia el futuro, aún no sabemos cómo será la nueva normalidad de los negocios, pero si algo aprendimos de esta crisis es que la tecnología y la colaboración son indispensables.
A medida que las organizaciones se transforman, la gestión y el análisis de los datos, el uso de inteligencia artificial en los procesos de negocios, y la adopción de una forma de trabajo más digital, colaborativa y flexible serán las claves para innovar y afrontar los cambios que se vienen de forma segura.
(*) Gerente General de Google Cloud Argentina y Uruguay.
Primicias Rurales
Fuente: NA
Sep 16, 2020 | Columnas
Por Rosina Leicht Ziegler*.
Buenos Aires, 16 septiembre (Especial para NA) — El Programa de Fiscalización y Monitoreo en Medios Digitales de productos que puedan hallarse en infracción a diferentes normativas vigentes depende de la Unidad Presidencia del Senasa, está vigente y es un excelente instrumento.
Fue creado mediante la Resolución 344/2020 y es el resultado de un minucioso trabajo realizado por técnicos y profesionales del Senasa, respondiendo a una demanda de la sociedad sobre la presencia y control por parte del Estado en las diferentes operaciones y transacciones realizadas en canales de comercio electrónico.
La fiscalización es sobre productos, subproductos y derivados de origen animal y vegetal.
El primer paso en ese sentido se dio en 2019, con la celebración de un convenio de cooperación mutua con la empresa Mercado Libre, la plataforma de comercio de productos y servicios más grande de Latinoamérica y la séptima del mundo.
La unión con Mercado Libre nos permite fiscalizar en dicho sitio web y detectar la venta de aquellos productos que puedan hallarse en infracción a las diferentes normativas vigentes, siempre dentro del ámbito de las competencias de este servicio sanitario.
Luego de esa primera experiencia, y entendiendo que el comercio electrónico es una de las herramientas más utilizadas por los consumidores en general y, dado su crecimiento exponencial en los últimos meses por la pandemia, es que este Servicio Nacional planificó y desarrolló el programa, que permite fiscalizar dentro de ese sitio.
Además, permite fiscalizar mediante acuerdos y convenios celebrados con otros actores del ámbito público y privado, facilita el acceso a una mayor órbita de acción para evitar la venta ilegal de los artículos dentro del marco de nuestras competencias para, de esta manera, preservar y asegurar la salud de los consumidores y de la sociedad en su conjunto.
Desde el programa se trabaja de manera articulada con todas las direcciones nacionales y las áreas sustantivas del Senasa, dado que, gracias a la valiosa experiencia, cooperación y apoyo de sus técnicos y profesionales, se puede desarrollar una serie de acciones tendientes a informar, concientizar, brindar asesoramiento y asistir a los usuarios en general.
De esta manera se puede de una forma sostenida y responsable, ir ordenando la venta de aquellos productos y servicios de nuestra competencia, y tener presencia activa para dar certezas y acompañamiento a los consumidores y a los usuarios del sistema público en general.
Existe un gran desafío por delante dado que es la primera vez en su historia que el Senasa tiene presencia en los canales de comercio electrónico, pero trabajando todos de manera coordinada y conjunta con la ciudadanía, no tenemos dudas que el resultado, en pos de preservar la salud de los consumidores, va a poner definitivamente a este organismo en el siglo XXI.
(*) Unidad Presidencia del Senasa.
Primicias Rurales
Fuente: NA
Sep 13, 2020 | Columnas
Por Gabriel Zurdo*.
Buenos Aires, 13 septiembre (Especial para NA) — Argentina, Brasil y Colombia se encuentran entre los cinco países con más usuarios de criptomonedas a nivel mundial.
Si bien las criptomonedas son utilizadas en su mayoría de forma legal, también se han convertido en atractivos tesoros para los criminales, quienes resultan bastante creativos a la hora de tender toda clase de trampas a los dueños desprevenidos.
Durante una reunión de la Cámara de Representantes en Estados Unidos reciente, el FBI citó un aumento del 75% en el cibercrimen diario desde el inicio del coronavirus.
Actores del mercado hablan de un aumento monumental del 900% en los ataques de ransomware entre enero y mayo de este año. En los ataques, una gran cantidad de los rescates exigieron bitcoins como pago, debido en parte, al anonimato que ofrece.
Sólo en el primer semestre de 2020 los estafadores ganaron u$s 24 millones en bitcoins y no se detienen. Peor aún, esto es solo lo que han sido registrado o denunciado.
Para estar alerta, éstas son las modalidades de engaño y estafa más frecuentes:
– ICO fraudulentas, las Ofertas Iniciales de Moneda (ICO) se convirtieron rápidamente en el método preferido de financiamiento para gran parte de las startups del criptomundo.
El problema surge dado que literalmente cualquiera puede lanzar una ICO, ya que los requisitos son mínimos. Esto da la oportunidad a muchos estafadores de armar ICO fraudulentas, respaldadas en proyectos que, en realidad, no planean concretar nunca, pues su intención es sólo escapar con la mayor cantidad posible de fondos.
– Phishing. Consiste en la suplantación de identidad de una autoridad, empresa o incluso de alguna persona, con el fin de engañar a la víctima para que ésta revele su información confidencial. De esta forma, el atacante podrá acceder a sus cuentas o carteras y robar los fondos. Lo más común son los sitios clonados, que pueden ser desde una casa de cambio o cartera en línea hasta la página oficial de alguna Oferta Inicial de Moneda (ICO). También existen los falsos equipos de soporte, que le comunican a sus víctimas algún presunto inconveniente y les solicitan su información privada con el falso propósito de ayudarlos.
– Intercambios P2P. Se trata del simple intercambio de criptomonedas directamente entre las partes involucradas, sin la ayuda de algún intermediario de confianza, como una casa de cambio. El éxito o fracaso de dicho intercambio depende, por supuesto, de las circunstancias y las partes involucradas. En las redes sociales y chats abundan los anuncios de intercambio, que ofrecen comprar o vender criptomonedas con diferentes métodos de pago.
Algunos pueden ser legítimos, pero otros solicitarán que envíes primero los fondos y desaparecerán con ellos.
– «Regalos» en las redes sociales. Esta estafa es bastante similar al phishing, pues se trata de utilizar cuentas impostoras en las redes para engañar a los usuarios. La diferencia es que a través de estas cuentas se solicitan los fondos directamente en lugar de tan solo la información confidencial, bajo la promesa de que se recibirá una recompensa mucho mayor después de transferido un porcentaje más bien pequeño en comparación.
– Cloud Mining, éste es un método en donde alguna empresa ofrece contratos o acciones a clientes interesados en obtener ganancias con la minería (creación) de criptomonedas. No se trata por sí mismo de una estafa, pero resulta muy sencillo para otros engañar a los usuarios para comprar estos contratos, ofreciendo ganancias irreales y supuestamente garantizadas, cuando ni siquiera poseen los equipos necesarios para minar.
– Casas de cambio falsas, aunque las casas de cambio ofrecen un servicio muy demandado, lo cierto es que son entes centralizados. Por tanto, una vez que transferís allí tus criptomonedas, debés estar consciente de que, a partir de ese momento, la plataforma tiene la capacidad de controlar más allá de vos esos fondos. Y, si así lo quieren los administradores, nunca devolverlos.
– Billeteras falsas, no solo las casas de cambio pueden ser falsas: también las billeteras. En este caso, además, no basta con quedarse entre las carteras más conocidas, pues la versión que estemos descargando (en especial las versiones móviles) puede ser falsa. Así, una aplicación no oficial de MyEtherWallet se las arregló no sólo para aparecer en la App Store, sino para ser una de las más descargadas de la tienda.
– Esquemas pump and dump. La táctica consiste en inflar artificialmente el precio de una criptomoneda muy poco conocida mediante la compra masiva coordinada y la promoción con anuncios fraudulentos. Una vez que el precio alcanza cierto nivel, se da una venta masiva para recoger ganancias, que vuelve a hacer caer el valor de la criptomoneda. De ahí su nombre: «infla y desecha».Los que se ven más afectados por esta práctica son quienes compraron el token en su precio inflado, creyendo que seguiría aumentando o que esta sería una señal para confiar en el proyecto.
– Esquemas piramidales, consisten en la inversión en una nueva plataforma o proyecto en donde se prometen mayores ganancias mientras más nuevos participantes se capten. Pueden ser usados de forma legítima cuando se recomienda algún producto o servicio y se gana comisión por ello. Sin embargo, la idea de los esquemas piramidales es que los últimos participantes produzcan las ganancias de los primeros, como en una pirámide.
Así que cuando dejan de haber suficientes participantes nuevos, la pirámide colapsa y los administradores desaparecen con los fondos ya recogidos.
Lamentablemente, el criptomundo ha sido tierra bastante fértil para toda clase de delitos y la posibilidad de lucrar a costa de los usuarios es bastante grande.
La proyección es que, para fines de 2020, los estafadores generarán al menos U$S 50 millones en ingresos anuales con sólo una de las más de 2.500 monedas virtuales que existe.
Ante este florecimiento de las estafas, que se han vuelto más creíbles y agresivas, hace falta mucha educación y concientización. Después de todo, como dice el viejo refrán, «no todo lo que brilla es oro».
(*) CEO de BTR Consulting.
Primicias Rurales
Fuente: Agencia Noticias Argentinas
Sep 2, 2020 | Columnas
Escribe Susana Merlo
Buenos Aires, 2 septiembre (PR/20) — Eureka (en griego, “¡Lo he descubierto!”) es una famosa interjección atribuida al matemático Arquímedes, utilizada hoy en día como celebración de un descubrimiento, hallazgo o consecución que se busca con afán.
La historia cuenta que la pronunció tras descubrir el que ahora se denomina Principio de Arquímedes, que establece la relación entre el volumen de un cuerpo sumergido y la fuerza de flotación que este experimenta. Esto le permitió resolver el problema que el rey tirano Hieron II le formuló en relación a la pureza en oro de una corona. Este hallazgo lo habría realizado mientras se encontraba sumergido en la bañera, y tal fue su alegría que salió corriendo a las calles de Siracusa desnudo gritando ¡Eureka! (‘¡Lo he descubierto!’). Wikipedia
Si bien prácticamente ningún tema (excepto la pandemia y sus consecuencias) parecen perdurar más de una semana en el eje de la atención pública de los argentinos, la sorpresiva irrupción del plan agroindustrial en la arena política hace menos de dos meses atrás fue, además de inesperada, desconcertante.
De la mano de un rimbombante Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), reedición aggiornada de otros intentos de años anteriores como el Foro Agroindustrial, etc., la idea corrió como reguero de pólvora sorprendiendo a más de uno. Y no es que no tuviera justificativo, de hecho, se trata del sector más activo, competitivo y moderno de la producción local. Sin embargo, hasta ahora no había tenido mayor suerte a la hora de la atención oficial y, si algo caracterizó especialmente a las últimas dos décadas fue, justamente, que el campo y sus derivaciones empresarias, sólo eran tenidas en cuenta a la hora de pagar más impuestos, o de aplicarles algún gravamen adicional que cubriera déficits de la imperturbable ineficiencia pública.
Pero, como suele ocurrir, esta vez la coyuntura tiempo-espacio pareció haberse alineado y los funcionarios oficiales reaccionaron rápida y positivamente a la idea, igual que cada uno de los gobernadores que fueron informados sobre el proyecto.
Es probable que haya tenido que ver el agravamiento de la crisis económica a causa de la pandemia, o la falta de ideas propias entre funcionarios que no tuvieron ni tiempo de conocerse (mucho menos de conformar un equipo) antes de que les explotara el CoronaVirus a poco de asumir; o también porque hasta el más desinformado hoy sabe que el único sector capaz de seguir funcionando con su propio “combustible”, y que hasta puede generar divisas genuinas por exportación es la agroindustria; o por una conjunción de todo esto, lo cierto es que desde que se puso el primer tímido proyecto sobre la mesa (que en ese momento eran solo enunciados, una cáscara sin contenido), todos se transformaron en “agroindustrialistas de la primera hora”, bendijeron la propuesta, y varios hasta la tomaron como propia.
Igual de sorprendente fue la reacción, hasta ahora minoritaria, de algunos sectores políticos y de entidades, fuertemente críticos de la cuestión, aunque no por los objetivos (sobre los que no se puede disentir), ni por las pocas herramientas que van trascendiendo, sino más vale por cuestiones políticas. Algunos grupos muy radicalizados de la oposición política sostienen en voz baja y en cenáculos cerrados (nadie se anima a hacerlo en público), que esta es una nueva estrategia dilatoria del oficialismo; que la adhesión gubernamental a la propuesta no es creíble, y que finalmente el gobierno va a “engañar” a los sectores empresarios que están comprometidos con un plan que, según sostienen sus gestores, apunta a aumentar las exportaciones agroindustriales (para lo cual hay que aumentar la producción) y los puestos de trabajo, con todo lo que eso conlleva.
Más difícil de entender resultan los cuestionamientos de las pocas entidades que van quedando fuera del grupo y que aducen objeciones poco consistentes como que tienen otro tipo de proyecto; o que el gobierno no es creíble, y no mucho más, en una posición que parece mucho más cercana a la de algunos políticos opositores, que a la de dirigentes empresarios que si algo tienen que hacer es escuchar a todos, hablar con todos, y tratar de conseguir algún beneficio (o evitar un daño) para el sector que dicen representar, más allá de si coinciden o no con los lineamientos del Gobierno de turno.
Así las cosas, la por ahora mediática Estrategia de Reactivación Agroindustrial Exportadora, Inclusiva, Sustentable y Federal (!!), tal el nombre dado al proyecto, va cobrando contenido con diferentes tendencias, según las “plumas”participantes. Las hay burocráticas y estatistas; las hay netamente empresarias con objetivos directos y de corto plazo; y hasta aparecen unas pocas sorpresas de visión estratégica con lineamientos de un verdadero proyecto país, que hace años que no hay en Argentina, y mucho menos, perdurable en el tiempo como se pretende que sea este, que plantea una década (´20-´30), y con estabilidad fiscal por ley.
Y, más allá de las idas y vueltas oficiales, los privados siguen trabajando aceleradamente para tener en pocas semanas más un proyecto de ley concreto que entre al Congreso, buscando su aprobación este mismo año, para lo cual primero deberá consolidarse una propuesta unificada que “atenúe” al máximo las aristas indeseadas, en especial, las estatizantes ya que si algo está claro a esta altura es que, para disminuir la presión impositiva (que es una de las claves para poder producir más), es imprescindible bajar el gasto público (menos Estado y más eficiente), y volver al recorte del famoso “Costo Argentino” en todas sus variantes, abandonado hace más de 20 años.
¿Se podrá lograr?
La respuesta es un gran enigma. De hecho, mientras muchos de los más altos funcionarios respaldan públicamente la propuesta, otros van en sentido exactamente contrario y crean nuevas empresas públicas (Caso Hidrovía), o proponen más nuevos impuestos (Ejemplo, Afip-Mercedes Marcó del Pont).
Sin embargo, es la primera vez en décadas (salvo en los ´90), que la agroindustria no es vista por el top de la burocracia pública como un enemigo y/o sólo una fuente de recursos fiscales; y con que se logren aunque sea dos o tres de la media docena de leyes que están en danza en la propuesta, ya sería un gran paso adelante para la producción, que requiere con urgencia de previsibilidad y de algunos alicientes para poder intentar algún incremento productivo, aunque sea mínimo.
Primicias Rurales
Fuente: Campo.02
Sep 2, 2020 | Columnas
Por Néstor Cestari*.
Buenos Aires, 2 septiembre (Especial para NA) — Este es, sin dudas, uno de los años que quedará en la historia.
Habíamos cerrado 2019 con muchas dificultades para el sector de maquinaria agrícola, y el 2020 comenzó con buenas expectativas.
Por un lado, porque teníamos una buena campaña por delante, y por otro lado, por el nivel de consultas que tuvimos en Expoagro y las perspectivas de nuevas líneas de crédito.
En marzo, nos sorprendió la pandemia y el aislamiento social obligatorio nos puso a prueba. Rápidamente pudimos armar protocolos sanitarios que se adecuaran a nuestras fábricas, y a nuestra actividad.
Así, en abril pudimos retomar nuestras tareas para sostener y acompañar al sector agropecuario en sus labores que nunca cesaron.
A partir del segundo trimestre, las empresas se encuentran trabajando normalmente con un incremento interesante de ventas.
Hoy miramos con preocupación la situación de falta de lluvias que están perjudicando al trigo ya sembrado en la zona núcleo y que está demorando algunas decisiones de los productores.
A la vez, seguimos trabajando en procurar financiamiento a tasas accesibles para el productor agrícola.
Desde la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (CAFMA), sostenemos que deben priorizarse las líneas de financiación para la adquisición de equipos nacionales, que tengan al menos el 60% de componentes fabricados en el país.
Respecto del mercado externo, las empresas pudieron mantener sus ventas y cumplir con los compromisos adquiridos. A falta de ferias internacionales, tenemos una agenda de reuniones con distintas embajadas como Ecuador, Sudáfrica y Bulgaria y también estamos trabajando en presentaciones virtuales.
Desde el mes pasado, CAFMA se sumó al Consejo Agroexportador Argentino junto a otras 53 entidades que impulsan un plan sustentable que permitirá alcanzar los U$S 100 mil millones anuales de exportación y generar 700 mil empleos adicionales tanto en las ciudades como en el interior de nuestro país, generando inclusión social y desarrollo.
La maquinaria agrícola es una de las cadenas de valor que ya tiene experiencia exportadora y que generó su mayor ingreso de divisas en 2012 con la exportación de 250 millones de dólares, en rubros como cosechadoras, tractores, sembradoras y herramientas.
Por diversas razones, las exportaciones de maquinaria agrícola fueron cayendo y en 2019, las empresas que componen la cámara cerraron negocios por 60 millones de dólares.
Hoy estamos trabajando con la Cancillería y con la Agencia de Promoción de Exportaciones para recuperar el nivel de ventas que pudimos conseguir. Somos optimistas y vemos posible superar los U$S 100 millones de exportaciones en cinco años.
Es un año muy particular, pero nuestro sector es optimista, porque mientras haya trabajo en las fábricas, las expectativas son positivas.
(*) Presidente de la Cámara de Maquinaria Agrícola (CAFMA).
Primicias Rurales
Fuente: NA
Ago 31, 2020 | Columnas
Por Carlos Achetoni (*)
Buenos Aires, 31 de agosto (PR/20).- En el marco de lo que pareciera ser el pico de la pandemia, muchos argentinos estamos sumidos en la angustia y la preocupación que genera ver la proliferación de contagios y el aumento de muertos por Covid-19. Esto se agudiza cuando se consideran las consecuencias económicas que padecen muchos hogares argentinos, que han visto mermados sus ingresos o destruidas sus fuentes laborales. En el caso de los pequeños y medianos productores agropecuarios, estas semanas hemos padecido incendios, hechos de inseguridad, sequía, nevadas y granizadas, que se suman a las difíciles situaciones que ya veníamos arrastrando, vinculadas con los problemas de rentabilidad, alta presión impositiva, escaso acceso al crédito y problemas productivos.
Es muy triste, pero creo ningún argentino desconoce esta realidad. Pues tristemente ya sucede que todos tenemos algún allegado, familiar o amigo contagiado, o conocemos trabajadores de salud que por magrísimos sueldos hacen denonados esfuerzos para hacer frente a esta pandemia, muchas veces sin contar con la protección necesaria.
En este escenario, preocupa la falta de tino de la política.
Nadie que viva en este país puede pensar que la Justicia funciona bien. Desde hace muchos años se discute sobre sus tiempos, su independencia o no, sus maneras de actuar. Podría decirse que hay consenso acerca de la importancia de realizar cambios en ese sistema. Sin embargo, resulta muy difícil de comprender por qué el oficialismo impulsa ahora este debate.
En momentos en los que el Congreso sesiona a distancia, en el que todos tenemos la cabeza y el corazón en hacer frente a la pandemia, instalan en la agenda pública un debate necesario, pero a destiempo. Pretenden modificar un sistema sin poder hacer audiencias públicas, dar debates, permitir la participación de los especialistas, juristas o la ciudadanía. Porque si bien ha habido algunas exposiciones, uno recuerda cómo se llegó a consenso en el caso de la modificación del Código Civil y Comercial, y el largo e interesante proceso de consultas y participación que tuvo, y lo compara con esto, y apena.
Como digo, seguramente sea un tema a modificar. Pero no podemos no preguntarnos, como ciudadanos ni como parte de una institución, por qué ahora. Por qué con este apuro. Y, más grave aún, si pudiera agravarse aún más, por qué con estos modos.
En este caso no se está modificando un Código de Fondo, como en aquél, pero se está actuando y decidiendo sobre otro Poder de la República. Son dos Poderes (el Ejecutivo a través del proyecto y el Legislativo, en este tratamiento) que avanzan con modificaciones sobre el tercero. Y, evidentemente, ese es el camino, según la Constitución, sin embargo, ¿por qué se actúa de este modo?
Se le da la espalda a las necesidades de la gente, se desatienden sus prioridades, se crean muchísimos cargos, se tiñe a la justicia de política, y todo eso se hace con dudosos procedimientos parlamentarios. Porque si bien no rompieron el reglamento de la Cámara Alta, el haber introducido a último momento (luego de horas de debate) cambios en el dictamen tratado, sin permitir el debido debate, agrava la situación. Avanzan en una modificación de suma relevancia para todos los argentinos, con modos cuestionables.
¿No sería importante que este tipo de debates parlamentarios se dieran de cara a la gente, respetando los reglamentos, haciendo las cosas bien? ¿Por qué sumar dudas al proceso, que ya es cuestionado por diversos actores sociales y políticos?
Ahora es el tiempo de Diputados. Esperamos que, dado que ya evidentemente no hay posibilidades de que se debata en otro momento, porque no lo permiten, se lleve adelante un debate serio y responsable. Respetuoso de las instituciones. De cara a la gente.
Y ojalá llegue el día en el que la política pueda estar a la altura. Escuchar a los argentinos. Y trabajar para ellos, y no para sus propios intereses. Ahora tienen la oportunidad de hacerlo. Todos estaremos mirándolos con las expectativas en ello.
Desde FAA siempre hemos defendido los principios republicanos. Y la crisis desatada por la pandemia, nos obliga (como a todos los argentinos) a expresar preocupación cuando dudamos sobre lo que pasa. Esperamos ver un debate acorde en la Cámara Baja. Si bien los legisladores son elegidos por los partidos políticos, representan a los ciudadanos. Y necesitamos que, de una vez por todas, nos escuchen.
(*) Presidente de Federación Agraria Argentina.
Prensa FAA: Vanina Fujiwara 011 1567036048
Primicias Rurales