Nov 18, 2019 | Columnas
Por Matías Longoni
Buenos Aires, 18 noviembre (PR/19) — Me dice un colega periodista que la gestión de Luis Miguel Etchevehere en el Ministerio de Agricultura ha sido bastante buena después de todo, sobre todo si se la compara con la de sus antecesores. Y claro, así cualquiera parece bueno. Hago memoria hacia atrás y me aparecen los nombres de Ricardo Buryaile, de Carlos Casamiquela, de Norberto Yauhar, de Julián Domínguez, de Carlos Cheppi, de Javier de Urquiza. Frente a la mayoría de ellos, el ex presidente de la Sociedad Rural luce casi como a un estadista.
Tengo un pequeño problema a la hora de intentar hacer un balance objetivo de la gestión Etchevehere al frente del Ministerio de Agricultura, que es el mismo problema que me surge al analizar con trazo grueso la gestión global de Cambiemos. Frente a ciertos personajes del pasado, el entrerriano se luce. Pero a mi juicio su gestión no ha tenido demasiado brillo propio.
Dicho de otro modo, la política agropecuaria del macrismo ha sido sin duda exitosa en tanto y cuanto eliminó ciertas rémoras heredadas de los grises días del kirchnerismo, en especial los ROE y las retenciones mientras se pudo. Pero se quedó ahí, en remover obstáculos nomás. Frente a la falta de diálogo y la agresión del kirchnerimso, Etchevehere pudo organizar 35 mesas de competitividad que no condujeron a casi nada. Frente a la corrupción asfixiante de otros tiempos, esta gestión de Agricultura contestó con una “simplificación” de trámites y la “desburocratización” como bandera.
Sin embargo, para mi la política agropecuaria bien entendida es otra cosa. Debería haber sido otra cosas sobre todo durante la parte del mandato que le tocó cubrir a Etchevehere, la segunda mitad, luego de la aplastante victoria del oficialismo en la elección de medio tiempo. Era el tiempo de ir por más, pero hicieron la plancha en múltiples aspectos.
Presencié este jueves en el Centro Cultural Kirchner (CCK) el balance de la gestión de Etchevehere y de su equipo, finalmente el balance de la política agropecuaria del macrismo. No quiero personalizar en el ministro pues no corresponde aunque sea la principal cara visible. Finalmente, el soldado más fiel de Mauricio no hizo más de lo que el gobierno reclamaba de él. Para el macrismo no había que corregir distorsiones históricas en los mercados de productos agropecuarios. Y entonces Agricultura no corrigió. Para el macrismo no es necesario un cuidado especial con las economías regionales ni con los productores más pequeños. Y entonces Agricultura no los cuidó. Para el macrismo el Estado debe intervenir lo menos posible. Y entonces Agricultura no intervino.
Donde sí intervino activamente el Estado estos años fue en el control de operadores marginales de las principales cadenas agroalimentarias, a través de la ex ONCCA, con logros visibles que permitieron a la AFIP multiplicar varias veces la recaudación, sobre todo en materia de carne vacuna. Pero se ve que para Etchevehere esa intervención no cuenta, o hasta quizás le moleste, porque el papel de esa dirección no fue ni siquiera mencionado en toda la presentación. Y mucho menos forma parte de los diez hitos presentados por el ministro.
El macrismo ha hecho, en materia de política agropecuaria, lo que le han reclamado que haga los sectores de productores más acomodados de la región pampeana. Los que siguen en carrera y son competitivos quieren que el Estado se entrometa lo menos posible y los deje exportar, que les alivie la carga tributaria y les ahorre tiempo en los trámites, pero al mismo tiempo que no los controle demasiado en materia impositiva. Es a eso a lo que se dedicó esta gestión. Se olvidó, como en general sucedió con todo el gobierno de Macri, del resto de los productores y de los argentinos.
Pero es así la cosa: el Estado está para velar por todos y en especial por los más débiles.
Confieso que me ha chocado, y en esto sí voy a ser crítico con Etchevehere, que en la enumeración de los diez hitos de su gestión haya escrito solo para esa porción de la sociedad para la que finalmente parece haber gobernado. Me molestó bastante que en esta enumeración haya dejado la mitad de las cosas por decir, pues en los balances se supone que deben figurar las cosas buenas (el haber) y las malas (los debe). Por eso me tomé el atrevimiento de hacer algunos apuntes sobre los diez hitos de la gestión, según el propio ministro.
Destacó Etchevehere la realización del Censo Agropecuario en 2018 y sin duda es una muy buena noticia (pero no dijo nada de que el mismo censo mostró la continuidad de un fuerte proceso de concentración de la actividad, tanto en tiempos del kirchnerismo como durante el macrismo).
Subrayó Etchevehere que ya funcionan 520 grupos de Cambio Rural en el país (pero omitió que éstos son apenas una tercera parte de los que funcionaron años atrás y que lo que hubo fue un fuerte ajuste de los aportes oficiales a varios de los consorcios de productores).
Habló el ministro de que por primera vez en la historia se encuentran al día los pagos de los subsidios forestales de la Ley 25.080 (pero no dijo que eso se logró a costa de crear un virtual nuevo impuesto -ellos lo llaman bono solidario- para la gente común, porque es dinero que se recarga a los seguros de los autos).
Valoró Etchevehere la aprobación récord de 61 eventos transgénicos, con 26 de ellos en los últimos años (pero nada dijo de la polémica por la prohibición al trigo HB4 ni por las demoras en la desregulación en China de la soja también resistente a sequía, desarrollados ambos por una empresa argentina). Tampoco los múltiples problemas que enfrenta la papa tarnsgénica desarrollada por Tecnoplant.
Elogió el titular de Agricultura la inversión de un crédito internacional de 150 millones de dólares en un sistema agrometeorológico, el GIRSAR, que servirá “como base para armar un seguro multirriesgo, (pero no reconoció que esa herramienta fue un estrepitoso fracaso en su gestión debido a la falta de recursos públicos comprometidos para subsidiar la prima y abaratar su costo para los productores).
Comentó el funcionario los méritos del nuevo sistema de información lechera, que “ha permitido echar luz sobre el precio” real de la leche pagado a los productores (pero nada dijo que la mayor parte de su gestión los tamberos trabajaron a pérdida y el ministerio no movió ni un dedo para evitarlo).
Habló del crecimiento de las capturas pesqueras y con la construcción de un mayor número de barcos en los astilleros de Mar del Plata (pero nada dijo de los altos índices de desocupación entre los fileteros de esa ciudad, sobre la continuidad de cooperativas truchas de trabajo, y otros sinnúmero de conflictos de larga data en ese sector extractivo).
Por supuesto que remarcó que el país terminó la campaña 2018/19 con una cosecha récord de 147 millones de toneladas y destacó especialmente las 54 millones de toneladas de maíz logradas, de las cuales 20 millones se transforman dentro del país (pero sin mencionar que ese es un porcentaje de agregado de valor mucho más chico que el que se registra en Brasil o los Estados Unidos, y mucho menos hablar de que el macrismo deja el gobierno totalmente enemistado con los productores de bioetanol y biodiésel, por el quiebre de las reglas de juego).
Destacó Etchevehere los altos niveles de industrialización de la soja, con 77% de la cosecha del poroto procesado en las grandes fábricas aceiteras como promedio de los últimos años (pero sin mencionar que se eliminaron muchos de los reintegros a la exportaciónd e productos con mayor valor agregado y que, en el caso de este sector, los diferenciales históricos de retenciones , provocando un fuerte malestar en la industria más poderosa del país)
El ministro saliente, en materia ganadera, elogió el cumplimiento del 100% de la Cuota Hilton y que las exportaciones de carne se hayan “cuadruplicado” en comparación con 2015, sin afectar el consumo interno de todas las carnes (pero sin mencionar que los argentinos debieron reducir cerca de 10% de su ingesta de carne vacuna, ni que el salto exportador no llega a estimular con precios a los productores para que comience de una vez por todas a crecer una producción estancada durante los últimos cuarenta años).
Estos son los diez hitos de la gestión Etchevehere, con sus peros a cuestas.
-¡Pero Matías, que periodismo tan crítico que hacés!
-Cierto. Pero al lado del de otros periodistas, hasta luce bueno.
Fuente: Bichos de campo
Primicias Rurales
Nov 14, 2019 | Columnas
Buenos Aires, 14 noviembre (PR/19) — Finalmente, después de muchos meses de campaña proselitista, que interrumpió la actividad normal del país, y de la incertidumbre que generalmente provoca una elección presidencial, más aún cuando como ahora, se sucedió tras casi dos meses y medio de unas PASO que alteraron totalmente el tablero político del país, el horizonte comienza a despejarse.
Más allá de si hay sol o nubarrones, por lo menos comienzan a definirse los parámetros que guiarán a la Argentina en los próximos 4 años, los legisladores retomarán sus funciones suspendidas hace meses “para hacer campaña” y, después de mucho tiempo, ya se sabe que habrá sesiones Extraordinarias en el Congreso, al menos durante enero, para abordar las leyes urgentes que necesita la Argentina en las actuales circunstancias.
Ya se conoce quienes serán las principales cabezas del Ejecutivo nacional, en las provincias, y también los legisladores, pero aún falta completar el equipo de Gobierno a nivel nacional, clave para vislumbrar tanto el estilo de gobierno, como buena parte del contenido de las políticas.
Y es justamente en estos aspectos que el sector agroindustrial tiene los mayores resquemores, en gran medida, por los antecedentes de algunos de los miembros del nuevo gobierno, cuando les tocó estar en funciones en el pasado.
Es cierto que las condiciones actuales son totalmente distintas a las de hace 10-15 años atrás. En aquel momento, la economía mundial “volaba”, igual que los precios de los productos que exporta la Argentina. Ahora no.
También, se venía de una “limpieza” que había hecho el tándem Duhalde-Remes Lenicov con devaluación, saneamiento de pasivos, blanqueos, etc. y, como si fuera poco, la sociedad estaba muy asustada por la fuerte agitación social y política que se vivió a principios de siglo, por lo que había consensos para aceptar medidas “duras”, en forma transitoria. Tanto fue así, que fue el propio sector el que “ofreció” aportes especiales en aquel momento, y aceptó sin más la reimplantación de las retenciones (que había eliminado Domingo Cavallo 10 años atrás) que, según Duhalde, serían “transitorias”, y el monto en aquel 2002 totalizaron menos de U$S 900 millones.
Ahora, a pesar de la gravedad de algunos indicadores, la distancia con aquellos hechos es muy grande, entre otras cosas, por una serie de acontecimientos que se vivieron en medio y que, en el caso del campo, tuvieron su climax en la épica conocida como “la 125”, la resolución que pretendió en 2008, imponer retenciones móviles al sector, una cuota adicional a las muy altas que ya existían. No fue lo único, solo la gota de agua que colmó el vaso.
Y eso dejó marcas. Se perdió mucha producción, también después, con el secretario de Comercio Guillermo Moreno y sus controles de precios, amenazas, “negociaciones” para conseguir cupos, cuotas, etc., todo lo cual determinó la pérdida de un cuarto del rodeo vacuno (cerca de 12 millones de cabezas), la caída contínua en la producción láctea (que aún sigue), o la superficie más baja de trigo en 108 años en 2013.
Todo esto fue hecho en aras de “la mesa de los argentinos” (que se completaba con el “vivir con lo nuestro”), y de un “relato” en el que el campo aparecía como el malo de la película y los productores los “oligarcas”.
Hoy, censo mediante, se sabe que desde 2002 a la fecha, se perdieron más de 25% de los productores agropecuarios, cerca de 80.000, en buena parte por esas políticas, y más allá de la tendencia mundial a aumentar la escala en los predios productivos.
Por su parte, los recursos trasladados desde la producción hacia otras áreas, que solo en el caso de las retenciones a las exportaciones agropecuarias, rondaron los U$S 100.000 millones (sí, leyó bien), no queda demasiado claro que destino tuvieron, porque la pobreza siguió aumentando, a la par de los escándalos de corrupción.
No todo fue malo, pero la Argentina no creció lo que hubiera podido, no aprovechó la década dorada internacional que se esfumó, y el desempleo local se mantuvo, tanto porque la economía no creció, como por los crecientes costos laborales (que poco tienen que ver con los salarios).
Ahora, la escasa imaginación que aparece entre los candidatos solo se refiere a la aplicación de más “subsidios”, y la obsecuencia de la dirigencia empresaria también bastante generalizada, solo tiende a “ofrecer” antes de que le pidan, y lo que no es de ellos.
¿Quien paga, en realidad esos aportes?. Hasta ahora, los trabajadores y los productores. El resto lo traslada, o lo elude.
Así las cosas, hoy el temor más generalizado en el campo es que se vuelva a frustrar el crecimiento pendiente de la agroindustria, por políticas coyunturales que solo apelen a recortar más recursos de uno de los muy pocos sectores eficientes y competitivos que tiene el país.
Primicias Rurales
Oct 20, 2019 | Columnas
Por Matilde Fierro .
Buenos Aires, 20 octubre (Especial de NA) — El trigo de la nueva campaña 2019-2020 que ya es cosechado en el norte del país se encuentra en el centro de la escena, porque los precios del cereal aumentaron ante la disminución de hasta 40% en los rindes estimados del cereal en la región núcleo.
Ocurre que las «lluvias que hubo desde el viernes 11 de octubre hasta el jueves 17 en el centro sur de Santa Fe y en el norte de la provincia de Buenos Aires revitalizaron los trigos, pero no alcanzaron para dejar de lado la estimación de una baja en los rendimientos, depende la zona, entre un 10% a un 40%», indicó a NA, Marina Barletta, analista de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
La especialista explicó que la eventual caída en la producción del trigo nuevo se debe a «un septiembre seco, con falta de agua, y a que las últimas lluvias no pudieron remediar la pérdida de rinde, se perdieron los macollos que son tallos donde nacen las espigas, lo que significa que habrá menos espigas de trigo por planta».
En tanto, la región núcleo para GEA está constituida por el sudeste cordobés, el centro y sur de Santa Fe y el norte bonaerense.
GEA considera que el área sembrada con trigo es de 6,7 millones de hectáreas a nivel nacional, de las que corresponden a la región núcleo, 1,7 millones de hectáreas.
En cuanto al trigo, la cosecha progresó levemente en el norte del país, con demoras debido a las precipitaciones de la última semana.
Barletta prosiguió en diálogo con Noticias Argentinas: «Entonces ahora las lluvias no sirven para compensar esa pérdida de rendimiento, los productores nos dicen que se proyectan rindes de 3400 kilos por hectárea de trigo, muchos menores a los promedios de los últimos tres años, el año pasado fue de 4000 kilos por hectárea».
En otro sentido, destacó que «las últimas lluvias van a servir para darle un final a la siembra del maíz temprano especialmente al sudeste de Córdoba que era el área más atrasada.
«Con estas precipitaciones se permitió retomar la implantación y terminar los lotes», añadió.
La desigual distribución de lluvias marcó dos núcleos bien destacados con acumulados que superaron los 60 mm.
En el norte bonaerense, Chacabuco registró 129 mm y Junín 119,4 mm, en el centro-sur de Santa Fe, Irigoyen marcó 91,4 mm y Clason 69 mm.
Mientras que en el sudeste cordobés y en la franja que atraviesa el sur santafesino las marcas estuvieron por debajo de los 15 mm, por lo que se mantienen las condiciones de sequía.
La técnica de GEA consignó que «en el centro-sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires, el 90 por ciento de los maíces tempranos están implantados y lo que no se sembró hasta ahora ya no va a ser y esos lotes van a pasar a soja de primera o maíz de diciembre».
Mientras que «a días de empezar la siembra de soja de primera, en la zonas que recibieron los mayores milimetrajes en las últimas lluvias, las áreas que registraron menos de 15 milímetros necesitan más agua y tendrán que esperar nuevas precipitaciones para arrancar con la siembra de soja 2019-2020», dijo Barletta.
En definitiva, las precipitaciones registradas menguaron el estrés hídrico por el que atravesaban gran parte de los lotes de trigo en el país, pero no es suficiente y podrían incluso verificarse pérdidas de superficies trigueras.
La cosecha del trigo nuevo se lanzó en el norte de Argentina, mientras que las carencias hídricas en la zona núcleo siguen preocupando y apuntalan los precios del cereal 2019-2020.
Los economistas de la BCR, Emilce Terré y Javier Treboux destacaron que «los negocios por trigo nuevo tuvieron un importante resurgir en la plaza local, llegándose a comercializar entre los primeros tres días laborales de la semana unas 325 mil toneladas con descarga en el Gran Rosario, según datos oficiales, volúmenes que no se registraban desde hacía varias semanas».
Explicaron que «la proximidad con la cosecha generalizada y la mejora que sintieron los precios en la semana, ayudaron a tentar a los oferentes a cerrar acuerdos de venta, principalmente focalizados en la entrega en noviembre y diciembre, unas 250 mil toneladas entre los tres días».
«Son fechas en las cuales se espera que comience a entrar el grueso de la cosecha de trigo y se llegaron a pagar en el mercado local precios cercanos a los US$ 175 la tonelada», precisaron.
Por su parte, el segmento marzo 2020 acaparó también un importante volumen de negocios, 45 mil toneladas, al ofrecerse abiertamente por parte de la demanda US$ 180 la tonelada, por el trigo calidad exportación con descarga en ese mes del año próximo
Primicias Rurales
Oct 13, 2019 | Columnas
Por Matilde Fierro.
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Buenos Aires, 13 octubre (Especial de NA) — Un corto, pero meduloso comunicado de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) clausuró la semana de noticias del agro y reflejó las preocupaciones del campo por el futuro, de ganar las elecciones Alberto Fernández, el candidato a presidente del Frente de Todos.
En diálogo con NA, Jorge Chemes, actual vicepresidente de CRA y sindicado como futuro presidente de la entidad, sostuvo que en el mensaje se hicieron eco de declaraciones de referentes de Frente de Todos que hablan de la posibilidad de aplicar un impuesto a la Herencia, junto a un tributo a la Propiedad Inmueble, sumado a una suba extraordinaria de Bienes Personales.
Chemes indicó que están preocupados por la posibilidad de que un eventual triunfo de Fernández lo haga «potenciar el impuesto a la renta financiera y reemplazar el impuesto al cheque por un nuevo impuesto sobre las transacciones financieras».
«Desde CRA nos genera una profunda preocupación porque son medidas que no solo no dieron resultado, sino que provocaron el efecto adverso», sostuvo el dirigente entrerriano al señalar que tienen miedo de que «venga un intervencionismo del Estado sobre la producción agropecuaria».
Explicó que una muestra del «intervencionismo en el Estado sería que volviera la Junta Nacional de Granos, además de intervenir en las explotaciones agroindustriales» y que «al no tener un mercado libre empiezan las medidas intervencionistas que desalientan la inversión».
En este sentido destacó que la Mesa de Enlace que aglutina a CRA y a las tres restantes entidades agropecuarias, Sociedad Rural Argentina, Federación Agraria y Coninagro entregaron un documento con 14 puntos de medidas en las que se pide la eliminación de retenciones, a los candidatos electorales a presidentes.
«Todo estará bien siempre y cuando apliquen estas medidas, les hemos entregado un documento de 14 puntos, se trata de un resumen de lo que necesita el campo, sino lo toman en cuenta, estaríamos en un escenario difícil», reveló a Noticias Argentinas.
Además, señaló: «La historia reciente muestra que con esas medidas que circulan tuvimos la menor cosecha de trigo de la historia. Doce millones de cabezas de bovinos menos, la menor exportación histórica y una destrucción total de las economías regionales, son sólo ejemplos de la destrucción de valor que estas medidas generaron».
«Esperamos de que quien asuma o tenga que llevar adelante este Gobierno tenga criterio y sentido común porque que el campo es el sector que más divisas genera, nos deben consultar y no dar marcha atrás en lo mismo en que hemos podido progresar porque sería volver a situaciones que no hicieron bien: el país necesita exportar», consideró.
Por su parte, el comunicado de la entidad que preside Dardo Chiesa enfatizó que «el campo necesita reglas claras para generar inversiones a lo largo y ancho del país y el desafío argentino es exportar más, generar más divisas, promover productos con valor agregado con miras a ser proveedor de alimentos y productos insertados en el mundo».
«Desde CRA hacemos un llamado a los partidos y a la clase dirigente argentina a convocar a un espacio de diálogo de donde salgan las premisas básicas de un acuerdo político que arrojen las políticas de Estado que el país y su sociedad necesitan más allá de la contienda electoral», propusieron.
Esta semana se constató que productores ganaderos adelantaron antes de las elecciones del 27 de octubre la reducción de su stock de animales y aumentaron la faena de hembras a niveles históricos, del 49,1%.
Así lo indicó el informe de septiembre de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) que dirige Miguel Schiariti.
«Existe en el sector de la producción y de la industria un gran interrogante respecto de resultado de las próximas elecciones. Al analizar los números de faena y su composición podemos inferir que los productores, ante la caída de la rentabilidad de la cría y previendo el resultado de las primarias, adelantaron la decisión de achicar los stocks, aumentando la faena de hembras a niveles casi nunca antes vistos, 49,1%», indicó el reporte.
Por otra parte, el Partido Justicialista, también ante la inminencia de las elecciones, le entregó a Alberto Fernández un documento con propuestas económicas y para el agro de 100 páginas con eje en los pequeños productores y la agricultura familiar.
Retenciones segmentadas y evitar que el precio de los alimentos esté atado al dólar es la columna del plan de propuestas que redactaron el periodista de agro Javier Preciado Patiño y el director de la Licenciatura en Economía Política de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Juan Fal.
«En un país como la Argentina no puede haber compatriotas que pasen hambre. La prioridad de cualquier política agroalimentaria es que los argentinos volvamos a alimentarnos adecuadamente. En los hogares argentinos no puede faltar carne, pan, leche, verduras o frutas», empieza el capítulo referido al sector agropecuario del documento del PJ.
Además señalaron que «promover el valor agregado en origen es generar trabajo y desarrollo local y cuidar y proteger a los más pequeños es un deber de Estado».
«Estableceremos retenciones segmentadas que premiarán a los productores que agreguen valor y a las producciones regionales.
Las producciones que aporten valor agregado pagarán siempre menos que las que se limiten a exportar materia prima», precisaron.
Además, afirmaron: «Revisaremos la cadena de comercialización, a los efectos de detectar monopolios o cartelizaciones que puedan socavar la rentabilidad de los productores, fundamentalmente pequeños y medianos y promoveremos mecanismos de venta directa».
Primicias Rurales
Oct 6, 2019 | Columnas
Por Matilde Fierro
Buenos Aires, 6 octubre (Especial de NA) — La participación del Estado en la renta agrícola retrocedió en el trimestre julio- agosto-septiembre de a 56,9% a 56,4%, es decir que de cada $100 que genera el campo, $56,4 van a los gobiernos municipal, provincial o nacional.
Así lo consignó el último Índice FADA-septiembre 2019, que publica cada tres meses la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina, estudio en que la renta es entendida como el resultado del valor de la producción menos los costos.
«La participación estatal cayó de 56,9% que dio en junio a 56,4% en septiembre y la principal razón por la que bajó es la devaluación del mes pasado donde en el corto plazo licuó los costos en pesos, particularmente fletes y labores y los impuestos fijos como el inmobiliario rural y las tasas viales municipales», analizó en diálogo con NA, el economista jefe de FADA, David Miazzo.
Explicó que se trata de «corto plazo» porque «en cuestión de sólo en tres meses se actualizarán los precios de fletes y labores y a partir de enero comenzarán a regir los nuevos valores de los impuestos fijos».
«La lógica para evaluar es considerar cómo subió el dólar y los ingresos de la agricultura son en dólares y algunos costos que tiene el campo expresados en pesos bajan medidos en dólares», indicó a la Agencia Noticias Argentinas.
Expresó que «entonces en pesos sigue siendo lo mismo y en dólar menos, por eso decimos que se licuó».
En tanto, señaló que «lo que había impulsado la participación estatal en la renta agrícola hacia arriba era que hasta el mes de junio se utilizaron los rindes de la cosecha récord, es decir rindes más altos de lo normal, o sea a mayor torta para distribuir, la participación del Estado en la proporción de esa renta agrícola tiende a variar».
«Mientras mayor es la renta, menor es la participación relativa del Estado. Esa es la razón por la que con los mismos impuestos la participación del Estado en la renta del maíz es de 48,9% mientras que en el girasol es del 61,1% y en trigo 43,9%, porque es más rentable el maíz que el girasol», sostuvo Miazzo.
Las diferencias entre cada cultivo radican en los impuestos, como el caso de soja que tiene 18% más de derechos de exportación que el resto.
Respecto de los precios de los cuatro principales cultivos, trigo, soja, maíz y girasol, advirtió: «Son la principal señal de alarma tanto para el productor como para la economía argentina, en la generación de divisas del agro, porque en el último año, los precios de los granos bajaron en promedio un 7% y no hay expectativas hacia adelante de un alza».
El precio disponible del maíz pasó de 171 US$ la tonelada a US$ 132 entre junio y septiembre de 2019, una caída del 22,8%.
Miazzo precisó que «los costos en dólares tienden a mantenerse estables -fertilizantes, fitosanitarios y semillas-, mientras que los costos en pesos van a tender a copiar la evolución que han tenido en estos meses el tipo de cambio y la inflación».
FADA identificó que un 60% de los costos de una hectárea de soja está estrictamente dolarizado mientras que el restante 40% se encuentra pesificado.
Miazzo aclaró que «ese 56,4% de participación del Estado está compuesto por impuestos nacionales, provinciales y municipales, algunos coparticipables y otros no».
Los impuestos nacionales no coparticipables conforman el 55,7% del total de tributos que afronta una hectárea agrícola en Argentina y son, principalmente, los derechos de exportación, a los que se le suma la imposición a los créditos y débitos bancarios.
En este sentido, los tributos nacionales coparticipables entre el Estado nacional y los Estados provinciales constituyen el 38,6% de los impuestos medidos.
La mayor parte la ocupa el impuesto a las ganancias y el IVA; las provincias reciben parte de este 38,6% como coparticipación, y también recaudan diversos impuestos.
Los impuestos municipales conforman el 0,8% de los tributos en el Índice FADA promedio nacional: el componente central son las tasas viales. .
Es importante constatar que en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, San Luis y La Pampa se paga el impuesto inmobiliario rural.
En Buenos Aires, San Luis y La Pampa con una alícuota del 1% en las dos primeras y 0,5%, en la última.
Buenos Aires y Santa Fe tienen tasas municipales, mientras que La Pampa cobra las guías cerealeras.
Primicias Rurales
Sep 29, 2019 | Columnas
Por Matilde Fierro .
Buenos Aires, 29 septiembre (Especial de NA) — Los productores se refugian en la soja en detrimento de sembrar más maíz, ante la suba de costos, la baja de precios internacionales del cereal y la incertidumbre política.
El jefe de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, Esteban Copati, sostuvo en diálogo con NA que la entidad tuvo que cambiar sus proyecciones por el refugio en soja de los productores.
«Hemos tenido algunas modificaciones en las últimas semanas, inicialmente estábamos previendo una importante expansión del área implantada con maíz, pero esta decisión de siembra positiva para el cereal se fue perdiendo», indicó el economista.
Señaló que las causas son «un mix entre el escenario de cambio de costos que se encarecieron y de márgenes sobre todo para la variación de los precios internacionales de maíz que bajaron y afectó la rentabilidad del cultivo, y también tiene que ver con la incertidumbre política que se está viviendo».
«La incertidumbre climática y política ha impactado sobre la decisión de siembra, pero todavía estamos manteniendo una proyección de expansión de área interanual de maíz, estamos hablando de que podríamos alcanzar las 6,4 millones de hectáreas en esta campaña 2019-2020», remarcó Copati.
Asimismo, se prevé finalmente un incremento de maíz de sólo 100 mil hectáreas contra las 6,3 millones de hectáreas sembradas durante el año pasado: «Hasta hace un mes atrás podíamos hablar de una expansión en el orden de las 350 mil hectáreas» y esas 250 mil hectáreas que se desestimaron migraron a soja.
Así se perdió gran parte de la decisión de siembra de maíz, el cereal tiene un escenario positivo, pero con menor área.
«En términos de soja, se trata del cultivo que también ha revertido su tendencia, estábamos inicialmente pensando en una reducción del área y hoy estamos viendo una expansión de 17,4 millones de hectáreas a 17,6 millones, 200 mil hectáreas más que en gran medida captan la pérdida de decisión de siembra de maíz y también lotes que no pudieron ser sembrados con girasol en regiones del NEA», señaló Copati a Noticias Argentinas.
En el NEA, el girasol retrocedió por cuestiones climáticas locales como exceso de humedad, anegamiento, lotes con falta de piso que no pudieron ser incorporados al cultivo.
Por eso, el girasol 2019-2020 cayó significativamente en Chaco, Santiago del Estero y Santa Fe y gran parte de esta superficie va a ser capitalizada también por la soja.
Para Copati, «hay un cambio en la decisión de siembra, con una expansión en términos de soja, es una decisión más de refugio en términos de rotación para los productores».
La Bolsa de Cereales porteña estimó que la agricultura argentina se encuentra en lo que hace al área de implantación de la campaña 2019-2020 de un total entre cultivos de invierno y de verano ante un récord próximo a las 35 millones de hectáreas.
Según sus cálculos, en producción el año pasado, se lograron volúmenes por arriba de los 135 millones de toneladas totales entre los seis cultivos, soja, maíz, sorgo, girasol, trigo y cebada y para el ciclo 2019-2020 se estima una reducción a 131,7 millones de toneladas.
Si bien el trigo expandió el área sembrada que se trasladará a la rotación de soja de segunda implantación, no habrán, por la coyuntura climática de una virtual sequía, los rendimientos espectaculares que hubo en la campaña 2018-2019.
La producción de soja se contraerá casi cuatro millones de toneladas, al pasar de 55,1 millones de toneladas en 2018-2019 a 51 millones de toneladas en la nueva campaña 2019-2020.
En tanto, Copati explicó: «El sorgo ha mantenido relativamente estabilidad, proyectamos una leve expansión del área de solamente 20 mil hectáreas a nivel nacional y pasar de 730 mil hectáreas implantadas durante la campaña 2018-2019 a 750 mil proyectadas para este nuevo ciclo, pero no va a tener gran impacto en la producción con un volumen similar al último, de 2,5 millones de toneladas».
Mientras que el escenario para el trigo es alentador y se estima un área de 6,6 millones de hectáreas, con un incremento interanual de las 19 millones de toneladas obtenidas en el ciclo 2018-2020 que llegarán a 21 millones en esta cosecha de verano 2019-2020.
Para cebada, la Bolsa prevé una reducción del área implantada de un millón de hectáreas en el ciclo 2018-2019 a 950 mil hectáreas para la actual campaña y por el frío y las heladas se comprometió ya el rendimiento que estará en 3,8 millones de toneladas, por debajo de las 4,2 millones de toneladas cosechadas durante la campaña pasada.
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