Almudena Alonso-Herrero ha seguido el rastro de las galaxias estudiando en la Universidad Complutense de Madrid y en Oxford, Arizona y Hertfordshire. | Crédito: Observatorio Astronómico Vaticano
Castel Gandolfo, miércoles 16 julio (PR/25) — La astrónoma española, Almudena Alonso-Herrero, ha sido una de las profesoras que durante el mes de junio ha impartido clases a 25 alumnos en la Specola Vaticana, el observatorio astronómico que los jesuitas dirigen en Castel Gandolfo, a unos 25 kilómetros de Roma.
Está situado junto a la residencia pontificia, a orillas del lago Albano, donde el Papa León XIV se aloja hasta el próximo 20 de julio, cuando regresará al Vaticano tras una breve pausa estival.
El objetivo del curso, que duró cuatro semanas, era hacer balance de las observaciones que está enviando el telescopio espacial James Webb (en inglés, James Webb Space Telescope o JWST), desarrollado en colaboración por la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Canadiense (CSA), y lanzado al espacio en 2021 a bordo de un cohete Ariane 5 desde la Guayana Francesa. Se trata de una especie de máquina del tiempo que está siendo capaz de captar la luz emitida de las primeras galaxias que se formaron después del Big Bang, en el llamado «amanecer cósmico».
Con este tipo de imágenes, los científicos pueden estudiar con un grado de detalle sin precedentes cómo interactúan las galaxias entre sí y cómo evolucionan los agujeros negros.
Esto supone un gran avance en el campo de la investigación astronómica: “En el Universo local, donde las observaciones del James Webb nos permiten observar regiones en las cercanías de agujeros negros supermasivos que están en fase activa de crecimiento —lo que denominamos núcleos de galaxias activas—, estamos investigando si el material interestelar se encuentra afectado por los fenómenos energéticos que allí tienen lugar”, explica la astrónoma en una entrevista con ACI Prensa.
Sin embargo, lo más llamativo está sucediendo en los confines del cosmos: “En el Universo distante, se está identificando un gran número de candidatos a galaxias activas”. Además, se está observando que “muchos agujeros negros activos tienen masas enormes teniendo en cuenta que estamos hablando de épocas muy tempranas de la vida del Universo”.
Descubrimientos clave para comprender el origen del cosmos
Estos descubrimientos, añade, son clave para comprender el origen de las estructuras más enigmáticas del cosmos. “Esto está permitiendo empezar a evaluar en detalle las posibles vías de formación de agujeros negros supermasivos en el Universo primigenio”, especifica.
La astrofísica e investigadora en el Centro de Astrobiología, un centro mixto del CSIC e INTA, también participó como estudiante en el Observatorio Astronómico Vaticano en 1993.
“Tuve la gran suerte de ser seleccionada como alumna de la escuela de verano del Observatorio Vaticano durante mi primer año de doctorado”, recuerda Alonso-Herrero que también es parte del equipo del consorcio europeo del instrumento MIRI del telescopio espacial James Webb.
“La experiencia durante la escuela fue absolutamente excepcional, tanto desde el punto de vista científico —pues la escuela estaba dedicada a la temática de mi tesis— como desde el punto de vista personal”, constata.
Y añade: “Tuve la oportunidad de conocer a jóvenes astrónomos de todo el mundo y de entablar amistades y colaboraciones científicas que perduran después de tantísimos años”, manifiesta.
Alonso-Herrero lleva tres décadas mirando al cielo para explorar las galaxias estudiando en la Universidad Complutense de Madrid y en Oxford, Arizona y Hertfordshire. También es miembro de la Royal Astronomical Society de Londres, de la European Astronomical Society, de la International Astronomical Union y de la Sociedad Española de Astronomía.
En 2023, publicó el libro El telescopio espacial James Webb, la primera obra divulgativa en español sobre el revolucionario telescopio Webb?, en el que explica la historia del proyecto, sus primeros resultados y su extraordinaria capacidad para observar desde los albores del Universo hasta los exoplanetas y los agujeros negros.
Con la llegada del invierno, el jardín amanece blanco, silencioso, y en apariencia tranquilo. Pero no hay que dejarse engañar: las heladas son uno de los fenómenos más agresivos para las plantas, y si no actuamos con cuidado, el daño puede ser irreversible.
Buenos Aires, lunes 14 julio (PR/25) — Una de las claves para proteger nuestro espacio verde es prestar atención al césped. Durante la helada, cada hoja de pasto está congelada y extremadamente frágil. Caminar sobre él en ese estado puede quemarlo: las pisadas rompen las células congeladas y dejan marcas marrones que tardan semanas en recuperarse. Por eso, si ves escarcha, evitá pisar el césped hasta que se haya derretido por completo.
Otro truco sencillo pero muy útil es el riego nocturno antes de una noche fría. Aunque suene contradictorio, regar antes de la helada ayuda a que la temperatura del suelo no baje tanto. El agua actúa como un aislante: libera calor al congelarse, y eso puede ser suficiente para evitar que las plantas más sensibles sufran daños. Lo ideal es hacerlo al atardecer, cuando el suelo aún conserva algo de la temperatura del día.
También es importante observar qué zonas del jardín son más vulnerables. Los rincones sombríos, cercanos a muros o con poca circulación de aire, suelen acumular más escarcha. Si tenés macetas con especies delicadas, tratá de moverlas o cubrirlas con una manta, un lienzo o incluso una caja invertida (¡nunca con nylon!).
Y si bien el jardín pide calma, el invierno es el momento ideal para enfocarnos en las plantas de interior o las que están bajo invernáculo. Aprovechá estos meses para observarlas, hacer trasplantes, limpiar hojas, ajustar riegos o incluso reproducir algunas. Mientras afuera todo parece en pausa, adentro se puede seguir trabajando.
En estos días fríos, el jardín no necesita tanto de nuestras manos como de nuestra atención. Mirar, anticipar, proteger… y esperar a que el sol vuelva a calentar la tierra.
Buenos Aires, 13 de julio (PR/25) .- Hoy, uno de los programas más hermosos de nuestro mandato comenzó de verdad. Lo que antes era un sueño, una idea esbozada en papel, delineada en tantas reuniones, ahora es una realidad. «Cambiar tu Vida» se concretó gracias a un acuerdo entre el Departamento de Educación del Estado y la Fundación de Educación China Brasil/Tang.
Más de 120 jóvenes de las escuelas públicas estatales de Santa Catarina tendrán la oportunidad de aprender mandarín y, además, experimentar una inmersión en las mejores escuelas de tecnología de Asia. Allí, estudiarán robótica, mecatrónica e innovación con los principales fabricantes de automóviles y empresas asiáticas del mundo.
Y entonces surge la pregunta: ¿cambiar la vida de quiénes?
La respuesta me emociona: la de los estudiantes, sí. ¡Pero también la de sus amigos, sus familias y los niños que están por venir!
Porque cuando un joven rompe la barrera de la desigualdad a través de la educación, no solo cambia su propio destino; arrastra consigo a toda una comunidad.
Esta es la revolución silenciosa y poderosa que elegimos construir. Sin atajos ni trucos, con esfuerzo, valentía y oportunidad.
¿En serio? A mí también me cambió la vida. Porque como dijo Fernando Pessoa: «Todo vale la pena cuando el alma no es pequeña».
El Senasa cuida la inocuidad y la sanidad de los alimentos que consume la población y busca evitar el tráfico ilegal de estos productos.
Buenos Aires, viernes 11 julio (PR/25) — El Senasa reforzó las inspecciones en el puesto de control integral de tráfico federal ubicado en la Ruta Nº 16, en el acceso al Puente interprovincial “General Manuel Belgrano» que une las ciudades de Resistencia (Chaco) y Corrientes, por donde circulan alrededor de 20.000 vehículos por día.
Personal de los centros regionales Corrientes-Misiones y Chaco-Formosa del Senasa trabajan, de manera articulada, en el puesto de control ubicado del lado chaqueño a fin de evitar el tránsito de productos alimenticios que no cumplan con las condiciones higiénicas exigidas por la normativa vigente y combatir el comercio clandestino, entre otros, de huevos frescos.
El puesto de control del Senasa ubicado en el acceso al puente “General Manuel Belgrano» es un punto estratégico, ya que esta obra forma parte del corredor bioceánico entre Brasil, Argentina y Chile.
En este puesto de control los agentes del Senasa inspeccionan la documentación que debe amparar la carga de animales, vegetales y productos alimenticios (DT-e, DTV-e y permiso de tránsito de alimentos), que las condiciones en que se la transporta cumpla las normas establecidas y la habilitación de los vehículos.
“Lo que más me marcó para producir fue cuando era chico ese olor a tierra húmeda al trabajar en el campo”
Un sueño de chico puede terminar en un productor de cultivos de exportación en la principal región productiva del país, pero para ser competitivo es necesario formarse y capacitarse en forma permanente.
Buenos Aires, viernes 11 de julio (PR/25) .- No es novedad que el sector agroindustrial argentino es de los más competitivos del mundo, pero no es menos cierto que en la actualidad para estar presentes y prevalecer en la pulseada hace falta cada vez más conocimientos, tecnología y también resiliencia, además de amor por la tierra.
En el marco del ciclo Cosecha Propia de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (FCA-UNLZ), Manuel Soubelet, ingeniero agrónomo egresado de la facultad y hoy productor agropecuario en el campo familiar en Chivilcoy de la provincia de Buenos Aires, cuenta cómo siente ese arraigo a la tierra, analiza los desafíos del sector productivo y valora los conocimientos técnicos que la universidad le aportó para su desarrollo profesional.
– ¿Cómo fue tu acercamiento a la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNLZ? –
Me crie en el campo en Rawson, un pueblo muy chico de poco más de 2.000 habitantes, en el partido de Chacabuco, provincia de Buenos Aires. Cuando tenía 18 años quería estudiar Zootecnia, y sólo había dos lugares en Argentina, uno era la UNLZ y otra una universidad del norte del país. Por cercanía decidí ir a Lomas. A esa edad había muchas cosas que no las tenía muy claras, pero sí sabía que quería producir y trabajar la tierra. Posteriormente me pasé a Agronomía.
– ¿Qué es lo que más recordás de la facultad en esos años? –
Una de las cosas que valoro mucho de la facultad es la calidez de sus profesores, el ambiente familiar. En la medida que iba interactuando y haciendo amigos, eso fue un pilar importante para poder continuar. Si bien no fue fácil, pero el objetivo era meterle para adelante y ser ingeniero.
-¿Y por qué ya de muy chico pensaste en estudiar Zootecnia? ¿Venís de una familia de productores? –
Mi apellido es Soubelet y hace poco descubrí que el significado es “pastizales”, y es de origen vasco-francés, así que estoy vinculado al campo hasta en eso. Mis bisabuelos criaban cabras en los Pirineos, Francia. Llegaron hacia fines del 1800 a la Argentina, se casaron acá a principios del 1900 y soy la cuarta generación de productores.
Cuando compraron el establecimiento, la casa de campo, se enteraron que había pertenecido a un terrateniente de la Conquista del Desierto. Era y lo sigue siendo, una casa realmente muy grande, y al día de hoy se conservan grandes piedras de granito redondas de 1,10 o 1,20 metros de diámetro, que se utilizaban para la molienda del trigo. Por lo que pude hablar con los especialistas en Antropología de la Universidad Nacional del Centro, esas piedras pertenecieron a un centro de molienda del 1700.
Rawson fue fundado con la llegada del ferrocarril hacia 1882 pero el asentamiento y nuestro el campo estaban desde mucho antes. Y próximo a nuestro establecimiento, en 1852 pasó el Ejército Grande de Urquiza antes de enfrentarse con Rosas en la Batalla de Caseros. Venían siguiendo los cursos de agua del lado de Pergamino, pasaron cerca de nuestro campo, luego por Chivilcoy, Suipacha, Luján y fueron directo a Caseros, que hoy sería El Palomar.
-¿Qué producía tu familia? –
Los bisabuelos en el campo, básicamente, se dedicaban a la cría de ganado y puntualmente tambo. Todo eso uno lo fue mamando, respirando a través de historias familiares. Mi papá me enseñó a arar, en esa época con un arado de cuatro rejas. Creo que lo que más me marcó para producir es ese olor a tierra húmeda, a tierra negra, cuando se daba vuelta y venían las gaviotas a comer gusanitos y bichitos. Es una vivencia que quedó muy marcada en mí y me dije, «yo lo que quiero hacer es producir, es trabajar la tierra».
-Sobre tu ingreso a la facultad ¿cómo transcurrieron esos años en la UNLZ? –
Al principio estaban las materias duras que, si bien son básicas y formativas, matemática, física, química, en ese momento uno no le encontraba mucho sentido, pero sí se lo empieza a ver con el tiempo. Me costó mucho la facultad en esa etapa, más que nada por el cambio que había vivido de haber pasado de un pueblo chico a un ritmo tan fuerte, que es el universitario. Poco a poco, cuando uno llega a mitad de carrera ya empieza a ver materias más vinculadas a lo que uno había venido a buscar, el tema cambia. Algo muy importante es haber aprendido sobre comercialización y más que nada la negociación, porque es lo que, de alguna forma, nos da una herramienta cuando uno tiene que empezar a hacer calle.
-¿Cuáles son las dos o tres enseñanzas clave que te dejó la FCA-UNLZ? –
Técnicamente tuve la base como para luego seguir buscando. Me dejó amigos, que me regaló la vida. Poder encontrarme con gente, compartir, disfrutar, mirar hacia atrás y decir, «qué bueno que hayamos hecho esto o hayamos pasado por la facultad”. A los chicos les digo que no aflojen, que no hay nada fácil en la vida, que luchen por sus sueños, por sus esperanzas, por sus deseos que, si se quiere lograr, se logra.
-¿Te dio herramientas necesarias para desarrollarte como productor agropecuario o las tuviste que incorporar después por tu cuenta? –
La facultad me dio mucho, el universo de conocimientos que uno adquiere en la facultad, ver a profesores que están muy vinculados a las distintas actividades en las cuales uno podría desarrollarse. Vimos producciones de maíz, trigo, soja, girasol de manera incipiente, hortícola, frutales, floricultura, así que el aporte técnico que nos dio fue enorme.
-¿Qué es lo que están produciendo hoy en el campo? –
Soy productor agropecuario y lo que hacemos básicamente son los cultivos principales de zona núcleo, soja, maíz, trigo en un sistema de rotación. En la zona existen otros cultivos alternativos y complementarios, cultivos de cobertura, también de cebada, y en menor medida de girasol. El girasol empezó a volver, un poco porque ha subido el precio, pero generalmente lo asociamos más con lotes de menor calidad. Pero el productor cuando capta precio, obviamente, necesita tener un cultivo rentable y lo incorpora a su producción.
-¿Cómo estás viviendo como productor el tema impositivo y las retenciones?
– El productor es tomador de precios, en cualquier parte. Uno trata de ser más eficiente, producir más y bajar los costos, pero a los fines de subsistir o sobrevivir y, obviamente, si viene un año bueno, obtener reservas para años malos. Hay cosas que desde el punto de vista climático uno no puede manejar. Si me voy a la campaña 22/23, tuvimos una seca fenomenal. En cuanto al tema de costos, hoy el productor apunta a tener kilos, pero los precios internacionales están bajos y no ayudan, está sobrando soja en el mundo. Brasil está teniendo una excelente cosecha, la tuvo también en maíz de segunda (safrinha), en Estados Unidos también. Eso hace que deprima los precios y la única que nos quedan es producir más kilos para soportar los costos. Si miramos a la región, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia producen sin retenciones y nosotros por una inercia de gobiernos estamos bastante apretados en ese sentido.
-Hace 10 o 12 años Brasil era un productor menor de granos en comparación a Argentina.Hoy es el principal productor mundial de soja y en maíz es muy importante. ¿Qué podemos tomar de la experiencia de Brasil? –
Brasil y Argentina trabajan de manera complementaria, de hecho, les vendemos ciertos productos. Los brasileños tienen una tecnología impresionante, pero a diferencia nuestra, esté el gobierno que esté, ellos van para el mismo lado. Es lo que cada país debe tener, una política de Estado frente al sector agropecuario. Brasil invirtió mucho en puertos, en caminos. Hace 50 años Brasil tenía 40 y pico por ciento de pobreza y nosotros estábamos en el 5%. Brasil lo bajó al 20 y pico por ciento y nosotros hoy estamos en casi 50%. Las retenciones acá son algo extractivo para el productor. Tuvimos algún gobierno que quiso poner retenciones móviles hace no mucho.
En Argentina somos 47 millones de habitantes, pero se dice que producimos alimentos para 400 millones de habitantes, o sea, casi 10 veces la población de la Argentina. No podemos tener chicos con desnutrición, no podemos tener gente a la que le falte un plato de comida. Nosotros tratamos de ayudar a fundaciones como Conín, que luchan contra la desnutrición, comedores donde las necesidades básicas, a veces no se llegan a cubrir y en eso tenemos que trabajar como sociedad en general. No es sólo el sector, es toda la comunidad y es pensar en los más vulnerables.
Un equipo de investigadores del INTA y del Conicet trabaja en una innovadora técnica para controlar la polilla de la vid, la principal amenaza de los viñedos argentinos. Mediante un método que regula la expresión génica del insecto, se inhibieron sus funciones vitales. Esta solución biotecnológica, desarrollada en el Nodo de Innovación Cuyo del INTA, es un avance hacia una viticultura más eficiente.
Mendoza, martes 8 julio (PR/25) — Uno de los proyectos que se desarrolla en el Nodo de Innovación Cuyo (NiC) del INTA, ubicado en Mendoza, arrojó resultados alentadores. Se trata de Silent, una iniciativa que propone un abordaje biotecnológico sin precedentes para combatir la Lobesia botrana, conocida comúnmente como la “polilla de la vid”, mediante la técnica de silenciamiento génico por interferencia de ARN.
“Elegimos genes que son esenciales para el ciclo de vida de Lobesia botrana y diseñamos ARN de doble cadena para silenciar su expresión. Provocando así un efecto insecticida”, explicó Lucas Resa Jurin, becario del Conicet con lugar de trabajo en el INTA.
En el laboratorio de Fitovirología del INTA de Luján de Cuyo —Mendoza— se llevan a cabo experimentos que analizan el impacto del silenciamiento génico en distintos tejidos y fases del insecto. Las primeras rondas de ensayos, realizadas entre febrero y abril, mostraron resultados prometedores: la inyección de moléculas específicas de dsRNA provocaron entre un 50 % y 80 % de mortandad en larvas.
Actualmente, el desafío es trasladar estos avances al campo. “Estamos analizando cuál es el mejor vehículo para llevar las moléculas de ARN a las larvas en los viñedos. Una de las opciones que barajamos es una solución pulverizable”, señaló Analía Díaz Bruno, directora del Nodo de Innovación Cuyo. A su vez, destacó que el desarrollo, de concretarse, sería una herramienta nacional, con bajo costo y sin impacto ambiental, en contraposición con los métodos actuales, que incluyen insecticidas químicos altamente tóxicos y feromonas importadas de elevado costo.
De cara al futuro, el equipo del proyecto busca asociarse con una empresa del sector agroquímico para avanzar en la industrialización del producto y su posible comercialización. “Desde el INTA no podemos producir a escala, por eso nuestro objetivo es licenciar el desarrollo. Queremos que este biocida esté disponible para los productores como una alternativa efectiva, sustentable y de origen nacional”, concluyó Díaz Bruno.