Con el consenso de pensar el Simposio como fuente de información y conocimiento para motivar la innovación, culminó su 17° edición “Nutrir el suelo, alimentar el futuro”, con la participación de 3.000 asistentes, entre presenciales y vía streaming.
Buenos Aires, 11 de mayo (PR/25) .- Al cierre del evento, que tuvo lugar en Rosario, María Fernanda González Sanjuan, Fernando García y Esteban Ciarlo realizaron un repaso por los principales conceptos de los paneles, se entregó el Premio Estímulo Néstor A. Darwich al “Mejor Poster de Investigador Joven” en su 1ra Edición, y se sorteó un dron entre los asistentes acreditados.
Como ya es tradición, esta edición también dejó 10 mensajes claves como visión del trabajo realizado desde la última edición en 2023, y como prospectiva de los desafíos para los próximos años. Esta vez como un mensaje global que expresa el espíritu del Simposio, Fernando García y Esteban Ciarlo, los coordinadores académicos del encuentro, destacaron que “de estas jornadas no te vas a llevar una solución para aplicar en un lote, porque sabemos que no hay recetas mágicas, pero sí generamos un espacio para la generación de información y conocimiento para motivar la innovación”.
En cuanto a las 10 frases de esta edición, García detalló:
1. Los suelos muestran agotamiento de nutrientes, monitorear es clave.
2. Las brechas de aplicación explican significativamente las brechas de rendimientos.
3. VER el Fósforo, VER es Diagnosticar para identificar el problema.
4. Salud del suelo es Salud humana, Nutrición del suelo es Nutrición humana.
5. Sostenibilidad, nuestros manejos impactan nuestros suelos … y mucho más allá del lote.
6. ¡Big data e IA son herramientas claves y ya están disponibles! Educarnos y prepararnos para trabajos abiertos y colaborativos.
7. La inversión en tiempo y recursos para caracterizar la heterogeneidad y trabajar con precisión es una buena decisión.
8. Los bioestimulantes, las especialidades: mejor con adopción basada en evidencia científica.
9. Las brechas de nutrición de los sistemas forrajeros son aún más pronunciadas que las de la producción de granos.
10. No hay una receta única para todas las zonas agrícolas, sólo buena agronomía.
Al final de la jornada, González Sanjuan entregó el Premio Estímulo Néstor A. Darwich al “Mejor Poster de Investigador Joven” en su 1ra Edición, explicando que por “la cantidad de participantes y la calidad de sus trabajos, el jurado decidió otorgar una mención, un segundo y un primer premio”.
La mención fue para Paula Iglesias, que presentó un póster sobre “Gestión del nitrógeno en maíz: balance entre productividad y sostenibilidad”; el 2do Premio fue para Juan Rompani, cuyo trabajo se basó en “Modelos para apoyar el manejo sitio-específico de la fertilización nitrogenada en trigo en el centro oeste bonaerense”.
Finalmente, el 1er Premio se lo llevó Oscar Ávila, con su póster sobre “Calibración de métodos de diagnóstico de potasio basados en el análisis de suelo”.
Cabe recordar que el jurado estuvo conformado por el Dr. Flavio Gutiérrez Boem (FAUBA y CONICET), el Ing. Agr. Andrés Grasso (Representante de la firma RECUPERAR S. A.) y el Ing. Agr. Valentín Bastini (Representante de la firma RIZOBACTER).
El afortunado ganador del sorteo entre los presentes al cierre del Simposio fue Walter Fabbro, oriundo de Rafaela, quien se llevó un dron de última generación.
Reconocimientos a la trayectoria
Como en cada edición del Simposio, se dedicó un espacio especial a reconocer a referentes del sector, aquellas personas y profesionales que, a través de su recorrido, transmitieron conocimientos, inculcaron el apego a la ciencia y a la evidencia, enseñaron que es importante compartir la información, pero por sobre todas las cosas, contagiaron la PASION por la ciencia del suelo y la nutrición de cultivos.
En esta oportunidad, los reconocidos fueron Alberto Quiroga, Ingeniero Agrónomo (UNLPam), Magíster y Doctor en Agronomía (UNSur), quien actualmente se desempeña como profesional consulto del INTA Anguil, continuando su gran labor como extensionista, acercando sin descanso de manera práctica y sencilla, los resultados académicos de las prácticas agropecuarias relacionadas al manejo de los suelos.
El segundo reconocimiento fue para Agustín Sanzano, Ingeniero Agrónomo egresado de la Universidad Nacional de Tucumán. Es Master en Ciencias del Suelo de la Universidad de Buenos Aires, Investigador Principal y Jefe de la Sección Suelos y Nutrición Vegetal en la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres de Tucumán.
Asimismo, Norma Arias y Juan José de Battista fueron homenajeados en el evento. Son dos apasionados de la agronomía que dejaron una huella imborrable en el INTA Concepción del Uruguay.
Sin duda el Simposio FERTILIDAD 2025 constituye el evento de carácter técnico y comercial especializado más importante del sector, trazando una agenda de trabajo y reuniendo a los referentes científicos y empresarios en jornadas que literalmente nutren el conocimiento para lo que se viene en manejo estratégico de los sistemas productivos.
El Simposio contó con la cobertura de más de 90 medios periodísticos y con el apoyo de las siguientes empresas: Agritec Global, Asociación de Cooperativa Argentina Coop. Ltda, Afital, Amauta Agro, Bertotto Boglione, Bunge Argentina, Clarion, Cofco Internationals Argentina, Compo Expert Argentina, Crucianelli, Duraplas Argentina, Easyagro, Fertilab, Jacto, Laboratorios NOVA, Louis Dreyfus Company Argentina, Microessentials, Nitron Group, Nutrien AG Solutions Argentina, OCP, Profertil, Puerto San Nicolás, Timac Agro, Recuperar, Rizobacter Argentina, Spraytec Argentina, SR Industria Metalúrgica, Stoller, Suelo Fértil, Yara e YPF Agro.
Rosario, sábado 10 mayo (PR/25) — Expertos en agronomía digital mostraron cómo el uso de Big Data e Inteligencia Artificial está revolucionando la nutrición de cultivos: desde modelos predictivos de rendimiento y calidad, hasta “gemelos digitales” que simulan escenarios en tiempo real para optimizar decisiones agronómicas.
En el Simposio Fertilidad 2025, el panel sobre “Big Data e Inteligencia Artificial para mejorar la nutrición” reunió a referentes internacionales en el tema, como el argentino Ignacio Ciampitti, investigador de la Universidad de Purdue, y Esteban Tronfi, de la empresa Ravit.
Ciampitti inició con la premisa de que “la tecnología avanza más rápido que la ciencia” y planteó que además de contar con datos hay que integrarlos y darles valor para la toma de decisiones. “La agricultura digital no es nueva, pero aún estamos aprendiendo a usarla bien”. En este sentido recordó que hay herramientas disponibles desde hace décadas -como los monitores de rendimiento- pero recién ahora se usan de forma efectiva “por el desarrollo de plataformas que permiten procesar y transformar esos datos en prescripciones de manejo”.
El profesor universitario planteó la necesidad de construir modelos predictivos a partir de múltiples fuentes de información. Puso como ejemplo a los modelos probabilísticos que permiten ajustar la densidad óptima de plantas según condiciones climáticas, como años secos o húmedos. También ejemplificó con el uso de imágenes satelitales para monitorear cultivos, predecir rendimiento y estimar estados fenológicos. Apuntó que, en ensayos realizados en Estados Unidos y Brasil, el equipo de Purdue logró predecir rendimientos de maíz y trigo con altos niveles de precisión, utilizando índices espectrales de satélites como Sentinel. “Una imagen satelital por semana es suficiente para tomar buenas decisiones”.
Ciampitti compartió avances en colaboración con la NASA, donde a partir de vuelos con sensores hiperespectrales en aviones lograron estimar concentraciones de nitrógeno en maíz y construir curvas de dilución de nutrientes. “Lo que buscamos es saber, en cada momento, cuánta biomasa hay y cuánta concentración de nitrógeno, para ajustar la nutrición de forma dinámica”, explicó.
En una línea más ambiciosa, también mostró avances en la predicción de calidad de cultivos. Con un trabajo basado en más de 300 lotes de productores en Estados Unidos, desarrollaron modelos que permiten mapear proteína y aceite en soja a partir de imágenes satelitales y algoritmos de inteligencia artificial. “La idea es construir una secuencia de datos que conecte satélites, cultivos y modelos de machine learning (aprendizaje automático) para hacer predicciones útiles y transferibles. La imagen satelital sin interpretación agronómica no sirve”, cerró.
Posteriormente, Tronfi, fundador de la Red Agropecuaria de Vigilancia Tecnológica- Ravit-, se refirió a la experiencia de agronomía aumentada: “los gemelos digitales” para aprender y decidir mejor la nutrición de sistemas complejos. Estos modelos de toma de decisión implican “empoderar a quien toma las decisiones, dotarlo de más capacidades”. Para ello -dijo- “necesitamos unir el mundo de las decisiones con el mundo de la realidad”.
“Entendíamos que en la tecnología que manejábamos, los puntos que fundamentaban las decisiones estaban bien, lo que había cambiado era el contexto”. Por eso, dijo que ahora “si queremos aprender de la realidad, tenemos que trabajar en una red de realidades que permitan abordar toda esa complejidad”.
Así con el propósito de trasladar esa red de experiencias reales a la toma de decisiones “con datos anclados”, en la Ravit se propusieron construir “3 convergencias”: de la experiencia a partir de los agricultores; la de la inteligencia colectiva con la integración técnica y científica; y la tecnológica con IA y Big Data.
“A partir de estas convergencias desarrollamos modelos regionales con relación entre el ambiente, las decisiones de manejo y los resultados, conformando 750.000 nodos que llamamos tokens”, detalló Tronfi. “Queríamos llegar al decisor en el lote y dentro del lote en los diversos ambientes, así aparecieron los gemelos digitales”, agregó.
De ahí definió que “un gemelo digital es la representación del lote, es el intermediario entre los datos del lote y el conocimiento científico para la interpretación”, similar a una pantalla de simulación “donde se pueden plantear diferentes situaciones en base a datos reales, como la oferta hídrica y establecer variables de rendimiento y alternativas de fertilización nitrogenada en función de los posibles mapeos”.
“Con esos mapeos se establecen diversas alternativas de manejo con una proyección muy acertada y con un margen de anticipación que puede funcionar en los diferentes escenarios”, concluyó Tronfi.
El Simposio FERTILIDAD 2025 reunió a especialistas para explorar las últimas tendencias en nutrición vegetal, desde el uso de bioestimulantes hasta estrategias para mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes.
Buenos Aires, 9 de mayo (PR/25) .- El Simposio FERTILIDAD 2025 abordó las innovaciones en nutrición vegetal, con presentaciones de destacados expertos como el belga Patrick Du Jardin, Fernando Salvagiotti y Nahuel Reussi Calvo en un panel que fue moderado por César Quintero, de la facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNER.
Du Jardin de la Université de Liége, experto en fisiología y nutrición vegetal, se centró en los bioestimulantes y su rol en la innovación de la nutrición de cultivos. Destacó la importancia de comprender cómo los bioestimulantes pueden mejorar la nutrición vegetal, definiéndolos como productos que estimulan los procesos de nutrición de las plantas, independientemente de su contenido en nutrientes.
El especialista enfatizó que los bioestimulantes son distintos de los fertilizantes en su capacidad para promover el crecimiento de las plantas incluso cuando se aplican en pequeñas cantidades. Pueden ejercer sus efectos a través de la actividad hormonal y la estimulación de antioxidantes en las plantas.
El profesor aportó que los bioestimulantes se definen por sus «declaraciones» o funciones que cumple, más que por su composición o mecanismos de acción. Señaló además que los bioestimulantes se categorizan por separado en microbianos y no microbianos.
Habló del uso de mezclas de bioestimulantes orgánicos (incluidos extractos de algas marinas, ácidos húmicos y aminoácidos) para promover el crecimiento de las plantas al tiempo que se reducen los insumos de fertilizantes. En una investigación se demostró que los bioestimulantes pueden mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes, en lugar de suministrar nutrientes directamente.
Du Jardin citó análisis que demuestran el beneficio promedio en el rendimiento de los cultivos por el uso de bioestimulantes no microbianos en 17,9 % y de los bioestimulantes microbianos en 16,2 %.
El especialista belga remarcó la importancia de utilizar los bioestimulantes de manera estratégica, señalando que «no son soluciones universales» y que su efectividad depende de comprender el problema específico que se busca resolver. En este sentido, destacó su potencial para mejorar la eficiencia en el uso del nitrógeno, o complementar las estrategias de fertilización actuando sobre la fisiología de la planta, la arquitectura radicular y promoviendo el establecimiento de simbiosis microbianas.
Seguidamente, el investigador del INTA Oliveros, Fernando Salvagiotti, planteó una mirada agronómica integral para abordar el manejo de los nutrientes y el rol de las tecnologías biológicas en los sistemas productivos, así como advirtió sobre los límites que aún tienen algunos productos biológicos cuando se evalúan a campo.
“Trabajamos a nivel de cultivos y sistemas de producción. Si bien hay muchos efectos positivos en condiciones controladas, como cambios fisiológicos o morfológicos de las plantas, eso no siempre se traduce a campo si no lo entendemos dentro de una escala más elevada”, explicó.
De ahí que remarcó “los desafíos actuales no pasan solo por aumentar la producción, sino también por optimizar el uso de los recursos, evitar la erosión, reducir la contaminación y lograr un aporte nutricional eficiente”.
Salvagiotti alertó que uno de los problemas estructurales que se repiten en la región pampeana es la baja disponibilidad de nutrientes: “Tenemos deficiencia de fósforo, bajos contenidos de materia orgánica y cambios de pH que afectan el valor nutricional del suelo. Eso limita el rendimiento potencial y profundiza las brechas productivas”.
En ese contexto, destacó que el manejo de tecnologías, incluidos los productos biológicos, debe hacerse” con una base agronómica sólida”. Ejemplificó con los casos de la soja, arveja y maíz y las demandas de nitrógeno. “Cada uno responde en función de su fisiología y de las fuentes disponibles del nutriente”, ya sea por vía sintética, simbiótica o biológica.
Uno de los puntos centrales de su exposición fue el análisis de los inoculantes microbianos. “Un inoculante es una herramienta agronómica basada en microorganismos vivos seleccionados, que pueden aportar nutrientes o promover el crecimiento de las plantas. Pero los efectos a escala de campo suelen ser moderados: rendimientos que suben entre 7 y 10%, con mejoras más visibles en la biomasa radicular durante los estados vegetativos”, precisó.
Finalmente, Salvagiotti mostró un análisis global de los aportes relativos de nitrógeno por fijación biológica. “Una simbiosis como la de rizobios con leguminosas puede aportar hasta 130 kilos de nitrógeno por hectárea al año. Pero otros microorganismos asociados, como los de vida libre o aquellos que habitan en la rizósfera, contribuyen mucho menos, entre 5 y 10 kilos. Por eso es clave entender el impacto agronómico real de cada tecnología”.
En las conclusiones, el investigador del INTA sostuvo que los biológicos no deben ser vistos como soluciones mágicas, sino como herramientas complementarias dentro de un manejo agronómico bien fundamentado. “Este es el campo de juego sobre el que tenemos que trabajar”.
El panel lo cerró Reussi Calvo, de la facultad de Ciencias Agrarias de la Uiniversidad de Mar del Plata, quien encaró la cuestión de los “Fertilizantes de eficiencia mejorada” centrándose en las innovaciones para aumentar la eficiencia del uso del nitrógeno, incluyendo las «4R» de la nutrición, los fertilizantes de liberación lenta y controlada, los fertilizantes estabilizados y los bioestimulantes.
“Son formulados para aumentar la disponibilidad de nutrientes, reduciendo pérdidas por volatilización, lixiviación o desnitrificación”, explicó. Su uso, remarcó, cobra sentido en ambientes con condiciones predisponentes a esas pérdidas.
A nivel global, apuntó que estas tecnologías reducen emisiones de óxido nitroso, pero advirtió, no generan incrementos significativos en el rendimiento. Sin embargo, al medir la intensidad de emisión (cuánto se emite por unidad de producto), sí se observa una mejora.
“Cuando se habla de fertilizantes de eficiencia mejorada en Argentina, aparecen dos grupos: los escépticos totales y los optimistas del gol. Pero la verdad está en el medio”, afirmó. En el país, los cultivos -especialmente el maíz- muestran severas brechas de nutrientes, con dosis ajustadas por debajo de lo necesario. “Ya estamos siendo muy eficientes porque producimos con lo que nos da el suelo, pero eso no significa que estemos bien. Estamos degradando nuestros suelos”, acusó.
En el análisis de la huella de carbono de los fertilizantes, mostró cómo prácticas como fraccionar la aplicación de nitrógeno o utilizar inhibidores pueden reducir las emisiones indirectas sin afectar el rendimiento. “Cuando integramos tecnologías de insumos con tecnologías de procesos, como el manejo del momento y la forma de aplicación, la huella de carbono baja aún más”.
Con la visión puesta en combinar estrategias mecánicas y biológicas para que el suelo exprese su mejor versión
Rosario, viernes 9 mayo (PR/25) — “Sostenibilidad de nuestros sistemas: Suelos y más allá”, fue la temática que abordaron Silvia Imhoff, Alberto Quiroga y Rodolfo Bongiovanni, expositores moderados por Mirta Toribio de FERTILIZAR AC, en la tarde de la primera jornada del Simposio FERTILIDAD 2025.
Con un abordaje integrado desde diversos enfoques, como la composición del suelo, las estrategias de manejo y las oportunidades de agregar valor ambiental, los expositores del panel “Sostenibilidad de nuestros sistemas: Suelos y más allá” brindaron un panorama de las herramientas y tecnologías disponibles que permiten avanzar en el camino para lograr un mayor valor ambiental.
Silvia Imhoff se refirió a la salud física del suelo y a su capacidad continua para funcionar como un ecosistema vivo que sustenta la vida. La investigadora de la FCA de la UNL- CONICET señaló que, como ecosistema complejo, el suelo tiene 4 limitantes importantes desde el aspecto físico: temperatura, impedimento mecánico, oxígeno, cantidad de agua/potencial hídrico. Todos actúan en interdependencia, pero el último es el que condiciona el agua junto con los nutrientes disponibles para la absorción por parte de la planta.
“Cuando el suelo se compacta la humedad a capacidad de campo en términos de aire y poros se reduce”, indicó Imhoff. Es decir, puede haber agua, pero la planta no puede aprovecharla porque no puede crecer debido a la compactación.
Al respecto mencionó ensayos en campos de Santa Fe con suelos hipercompactados con el uso de la maquinaria disponible sin adaptar. La experiencia general arrojó que, a menor compactación, mayores rendimientos. Además, la investigadora comentó que estos componentes asociados con otros, por ejemplo, el aporte de calcio (como sulfato e hidróxido) mejoraron también los niveles de ph y de zinc.
“La interacción entre la estructura del suelo y los nutrientes es directamente proporcional”, precisó Imhoff. De hecho, “en este sistema complejo con características físicas, biológicas y químicas del suelo, todo está conectado”, agregó.
Desde un enfoque del manejo de los suelos, el consultor Alberto Quiroga, planteó el interrogante ¿Qué hacemos mal, qué hacemos bien?. Para pensar en los sistemas de producción y la influencia del manejo de los suelos. “El suelo es lo que es porque se relaciona con lo que hicimos”, sentenció.
En este análisis que recupera un bagaje histórico Quiroga destacó la biomasa de raíces en términos de índice de rotación (IR) y la secuencia de cultivos como un parámetro bastante estable. Otro parámetro de referencia es el tiempo de ocupación (TO), o sea el porcentaje del ciclo productivo en que el suelo está cubierto.
“En lo que respecta a la biomasa de raíces vemos que un buen promedio son las 8 ton/ha., mientras que un buen índice de TO estaría por encima del 60%”, detalló el consultor. Sin embargo, reveló que en los últimos 20 años el IR pasó de 8tn/ha. a 4 tn/ha., y el TO se redujo de 70% a 42%. Entonces “¿cómo mantener los nutrientes si hemos bajado el volumen y el tiempo de raíces activas en el suelo?”, consultó Quiroga al auditorio colmado.
Para él, la estrategia es pensar en combinaciones estratégicas de manejo del suelo, por ejemplo, en la falta de macro porosidad hay 5 factores que entran en juego, hay que identificar cuáles son los que interactúan en cada caso y diseñar la estrategia en base a ello, advirtió.
Según el consultor, “en general, los trabajos de descompactación no se están haciendo bien”, afirmó. Y agregó que eso no requiere grandes inversiones, sino mejor conocimiento del suelo, sostuvo el especialista.
A su turno, Rodolfo Bongiovanni (EEA INTA Manfredi), brindó detalles sobre la Huella de C en sistemas agropecuarios, como práctica de base para pensar en la mitigación de emisiones de GEI.
A nivel mundial, la actividad que más gases con efecto invernadero (GEI) produce es la energética, principalmente el uso de combustibles fósiles. En Argentina, a esta actividad le sigue la agricultura. “En 2018 representaba un 39% del total de GEI y pasó en 2020 al 45%, es decir un aumento de 2,7%, diferencia impulsada por la pandemia”, reveló.
Bongiovanni recomendó informarse sobre las herramientas existentes y la información disponible para evaluar, reducir, secuestrar el carbono de los sistemas. En este sentido, destacó la importancia de contar con información local, ya que los informes europeos, aplican métodos y parámetros que no son viables o representativos para todas las regiones argentinas por igual, por ejemplo, el índice de deforestación.
En esta línea, el referente de INTA señaló que, para los sistemas productivos argentinos, la siembra directa ya no es suficiente, “necesitamos mecanismos que brinden mayor secuestro de C”, sostuvo Bongiovanni.
Dentro de las recomendaciones, además de establecer la huella de carbono, a través de calculadores online desarrollados por INTA/INTI y el programa de las bolsas PACN y otras, el especialista mencionó la importancia de comenzar a secuestrar C mediante protocolos y métodos disponibles, como el de FAO (GSOC MRV) o el test IPCC, que son perfectibles a partir de datos locales.
Otra alternativa son los bonos de carbono (capturado o evitado), mercado voluntario del que ya participan 170 actores. Del mismo modo, Bongiovanni recomendó conocer sobre las certificaciones y trazabilidad como oportunidades de agregar valor ambiental.
En el 17° Simposio FERTILIDAD, que reúne a más de 1.000 personas presenciales en Rosario, y 1.800 conectadas vía streaming, expertos en el área hicieron un llamado a construir una agricultura más sustentable y a ajustar el manejo nutricional para mejorar la productividad de los suelos.
Rosario, jueves 8 mayo (PR/25) — En la apertura del evento, organizado por Fertilizar Asociación Civil, que se realiza bajo el lema “Nutrir el suelo, alimentar el futuro”, la gerente ejecutiva de la entidad, María Fernanda González Sanjuan, destacó que desde 1999 el encuentro buscó compartir conocimiento y brindar herramientas “para hacer la mejor agricultura posible. En estos años hemos compartido más de 300 conferencias y 430 trabajos científicos en formato póster”.
También resaltó que desde la institución se trabaja en iniciativas de divulgación, como un Manual para Escuelas que permita a los estudiantes “conocer qué hay debajo de nuestros pies” y comprender la importancia del suelo en la producción de alimentos.
González Sanjuan fue también la moderadora del primer panel “Nutrición de cultivos ¿Rompimos la inercia o cambiamos la velocidad?”, para el cual contextualizó que las decisiones sobre nutrición impactan en 3 dimensiones: el ambiente, la productividad y rentabilidad del sistema agrícola, y también en la cantidad y calidad de los alimentos producidos.
En este sentido, advirtió que una estrategia deficiente en la provisión de nutrientes puede llevar a un círculo vicioso de suelos empobrecidos, bajos rendimientos y menor oferta de alimentos. En cambio, una estrategia adecuada puede posicionar al sistema en un camino virtuoso. “Aquí vamos a repasar cómo venimos girando y si realmente rompimos la inercia o solo cambiamos la velocidad”, anticipó. Los panelistas fueron Hernán Sainz Rozas, de la facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Mar del Plata, y Martín Díaz Zorita, de la Universidad de La Pampa.
Sainz Rozas presentó los resultados de un estudio iniciado en 2011 que analiza el impacto de la agricultura sobre la fertilidad de los suelos en la región pampeana y las zonas agrícolas del NOA y el NEA. El trabajo, realizado en conjunto con Fertilizar Asociación Civil, incluyó muestreos en 2011, 2018 y 2024 sobre suelos con más de 20 años de agricultura, contrastados con suelos prístinos o poco intervenidos, evaluando variables como materia orgánica, pH, fósforo, cationes (calcio, magnesio, potasio) y micronutrientes como boro y zinc.
Los resultados mostraron una fuerte reducción de la materia orgánica respecto a las condiciones originales, con pérdidas de hasta 40% en algunas zonas. Y aunque apuntó que la situación se estabilizó entre 2018 y 2024, resaltó que los valores siguen siendo bajos, lo cual plantea “la necesidad de mejorar el balance de carbono en los suelos”. En cuanto al pH, se observó un incremento de áreas con valores inferiores a 6,1, especialmente entre 2011 y 2018, manteniéndose estables luego. El fósforo mostró una caída sostenida en su disponibilidad, con casi 60% de la superficie agrícola del país por debajo de 20 partes por millón, un umbral crítico para muchos cultivos.
También se detectó una disminución en los niveles de calcio, magnesio y potasio, en algunos casos hasta del 70% respecto a los suelos prístinos. Esta situación se agravó en zonas del oeste bonaerense, sur de Córdoba y noreste de Entre Ríos. En lo que respecta a los micronutrientes, el zinc y el boro son los que aparecen con más limitantes, con 75% de la superficie cultivada por debajo de 1,2 partes por millón de zinc.
En 2023 se extendió el estudio al NOA y NEA, donde también se evidenciaron deficiencias marcadas, especialmente en fósforo, potasio y zinc, lo que pone en evidencia la necesidad de ampliar los ensayos de respuesta y ajustar la reposición de nutrientes en esas regiones.
Como conclusión, Sainz Rozas subrayó que el deterioro sostenido de la fertilidad de los suelos es una señal de alarma que obliga a revisar las estrategias de manejo nutricional. Si bien se observa cierta estabilización en algunas variables, la reposición de nutrientes sigue siendo insuficiente en gran parte del país, y los sistemas productivos continúan extrayendo más de lo que reponen.
A su turno, Martín Díaz Zorita, de la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Pampa expuso sobre “Brechas de Aplicación”, apuntando al problema de la distancia que existe entre las prácticas actuales de fertilización y el potencial real de rendimiento que podrían alcanzar los cultivos con un manejo más ajustado. “Los cultivos nos están diciendo mucho sobre el estado nutricional del suelo; son verdaderos sensores del sistema”.
Según Díaz Zorita, el crecimiento y el rendimiento están directamente ligados a la nutrición, y esta a su vez depende de la capacidad del cultivo para transpirar y tomar agua del suelo. “La fertilización es la herramienta que tenemos para aumentar la concentración de nutrientes en esa solución del suelo que absorbe el cultivo”, explicó.
Pero advirtió que una parte importante del área agrícola argentina -al menos el 60% en el caso del fósforo, 70% para el zinc y 40% para el potasio en ciertas regiones- presenta niveles de nutrientes por debajo de los umbrales de suficiencia. “Estamos en un punto en el que no se trata solo de decidir si fertilizamos o no. La pregunta es cómo lo hacemos, porque hay muchas decisiones agronómicas que marcan la diferencia”, aseguró.
Seguidamente presentó un relevamiento realizado en conjunto con Esteban Ciarlo de Fertilizar AC que abarcó más de 90 ensayos en 16 sitios de la región pampeana desde 2016, en el cual resalta que la brecha promedio de rendimiento entre una fertilización adecuada y la ausencia total de fertilización puede ser del 32%.
Para concluir, Díaz Zorita remarcó la importancia de adaptar las decisiones de manejo al ambiente productivo: “No se trata solo de aplicar nutrientes, sino de hacerlo en el momento y en la forma adecuada, considerando cuándo y cómo el cultivo los va a necesitar, y si efectivamente van a estar disponibles en el suelo. En definitiva, todo depende de la capacidad del sistema para aprovechar el agua: sigue siendo el factor clave”.
El Simposio cuenta con el apoyo de las siguientes empresas: Agritec Global, Asociación de Cooperativa Argentina Coop. Ltda, Afital, Amauta Agro, Bertotto Boglione, Bunge Argentina, Clarion, Cofco Internationals Argentina, Compo Expert Argentina, Crucianelli, Duraplas Argentina, Easyagro, Fertilab, Jacto, Laboratorios NOVA, Louis Dreyfus Company Argentina, Microessentials, Nitron Group, Nutrien AG Solutions Argentina, OCP, Profertil, Puerto San Nicolás, Timac Agro, Recuperar, Rizobacter Argentina, Spraytec Argentina, SR Industria Metalúrgica, Stoller, Suelo Fértil, Yara e YPF Agro.
Un equipo de especialistas del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola del INTA estudió el digerido de la planta de biogás Ovobrand —ubicada en Coronel Brandsen, Buenos Aires— para evaluar su viabilidad como fertilizante. Luego de dos años de ensayos, lograron optimizar su manejo y aplicación.
Buenos Aires, 07 de mayo (PR/25) .- En la actualidad, la fábrica produce gas y fertilizantes, y busca mejorar su uso en distintos cultivos. Este proyecto promueve un modelo sostenible de producción agropecuaria en el que se transforman los residuos en insumos valiosos para la agricultura.
La empresa Ovobrand, ubicada en Coronel Brandsen —Buenos Aires— es pionera en la producción de huevos y ovoproductos. Con una visión sostenible, la empresa apostó a la implementación de una planta de biogás para gestionar los grandes volúmenes de estiércol generados diariamente. Desde su creación en 2008, trabaja en el desarrollo de un modelo productivo integrado, transformando proteína vegetal (granos) en proteína animal (huevo) con un alto estándar de calidad y eficiencia.
Hace unos años, la empresa solicitó la asistencia técnica del grupo del Laboratorio de Transformación de Residuos del INTA para evaluar el efluente resultante de la planta de biogás y considerar su potencial como biofertilizante. “Nuestro objetivo fue determinar si cumple con los criterios de aplicación agronómica y elaborar un plan de manejo eficiente y ambientalmente sustentable”, explicó Patricia Bres, investigadora del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola (IMyZA) del Centro de Investigación en Ciencias Veterinarias y Agronómicas (CICVyA) del INTA.
A partir de estudios realizados con muestras obtenidas a escala piloto, se identificaron tanto los beneficios como las posibles limitaciones del uso del digerido como fertilizante. “Esto permitió optimizar su manejo, incluyendo ajustes en el sistema de postratamiento y el desarrollo de un plan agronómico adecuado a sus características”, detalló Bres. Para evaluar su eficiencia, el grupo del Laboratorio de Transformación de Residuos del INTA llevó a cabo ensayos agronómicos en parcelas dentro del propio predio de Ovobrand.
Desde hace dos años, Ovobrand mantiene un convenio con el INTA en el marco del cual se concretó esta colaboración. Patricio Gil, gerente técnico de la empresa, destacó la importancia de la caracterización del digerido. “Analizamos su calidad y propiedades físicas, químicas y biológicas para establecer indicadores y un sistema de monitoreo que nos permita aplicarlo de manera eficiente en distintos cultivos”, señaló.
Mientras la planta de biogás estaba en construcción, se adelantaron ensayos a campo con el fertilizante. “El estudio realizado por el laboratorio de Transformación de Residuos del INTA fue clave para poder escalar la producción”, afirmó Gil. Con la fábrica ya en funcionamiento y produciendo tanto gas como fertilizantes, el siguiente paso es intensificar los ensayos en distintos cultivos para perfeccionar el monitoreo y optimizar las dosis de aplicación según las condiciones del suelo y el clima.
Por su parte, Víctor Barbagallo, gerente de la planta de biogás, comentó: “Se realizó un análisis de equipos aspersores para el fertilizante líquido y se optó en lotes cercamos por los pivotes giratorios con boquillas inatacables y lotes más lejos por acoplados regadores con ruedas de alta flotación con tecnología de última generación”.
“El INTA desarrolló un plan agronómico detallado que nos permite definir lote por lote la dosis adecuada de biofertilizante”, explicó Gil. Este plan tiene en cuenta variables como el análisis de suelo, el tipo de cultivo, las precipitaciones y la temperatura. “Nos brindan fórmulas precisas para determinar la cantidad óptima de digerido en función de las características de cada lote”, agregó.
Este trabajo conjunto evidencia las ventajas de la cooperación público-privada en el desarrollo de soluciones innovadoras y sostenibles. A futuro, el desafío es seguir mejorando la valorización del digerido. “Queremos agregar valor tanto al sólido, a través del peletizado, como al líquido, mediante un proceso de stripping de nitrógeno para obtener productos comercializables como sulfato o nitrato de amonio”, anticipó Gil.
El proyecto entre el INTA y Ovobrand refuerza el compromiso con una producción agropecuaria más sostenible, basada en el aprovechamiento eficiente de los recursos y la reducción del impacto ambiental. La incorporación del biofertilizante a la estrategia productiva de la empresa representa un paso clave hacia un modelo circular que transforma los residuos en insumos de alto valor para la agricultura.