Sep 25, 2026 | Actualidad, Agricultura, Nutricion vegetal y animal
Descubrí cómo el perfil de ácidos grasos y el uso preciso de bioestimulantes permiten potenciar la calidad del maní argentino, garantizando mayor estabilidad y menor enranciamiento desde la cosecha hasta la góndola.
Buenos Aires viernes 25 septiembre(PR/26)– Entre la cosecha y el momento en que el maní llega a su destino final pueden transcurrir entre seis y ocho meses. En ese período, el grano atraviesa distintas condiciones de almacenamiento, transporte y ambiente que pueden afectar su calidad.
Por eso, para José Gamba, docente de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba, uno de los aspectos centrales es trabajar sobre la estabilidad de los ácidos grasos.

“Nosotros arrancamos alrededor de abril-mayo, cosechamos hasta junio y el maní llega a su destino final en diciembre o enero. Pasaron entre seis y ocho meses desde que lo arrancamos”, explicó Gamba de forma detallada.
Oleico y linoleico: la clave fundamental de la estabilidad
Ese período de tiempo hace que la llamada vida útil o vida en góndola sea un atributo clave para toda la cadena manicera. Y allí aparece un protagonista central: el ácido oleico.
Según explicó el especialista, la estabilidad del maní está fuertemente relacionada con su perfil de ácidos grasos, particularmente con la proporción exacta entre ácido oleico y ácido linoleico.
El mejoramiento genético permitió desarrollar materiales con una elevada proporción de ácido oleico, que puede ubicarse aproximadamente entre el 70 y el 78%, mientras que el linoleico se encuentra en torno al 7,5%. “Esto evita de manera contundente que el maní se enrancie”, señaló Gamba al detallar las ventajas de estos avances científicos.

El objetivo de determinadas estrategias de manejo es profundizar todavía más esa característica: incrementar el contenido de oleico y reducir el linoleico, ya que este último está asociado con una mayor susceptibilidad al enranciamiento.
En ese punto exacto, los bioestimulantes aparecen como una herramienta que, de acuerdo con los ensayos presentados por el investigador, puede contribuir a modificar el perfil de ácidos grasos del grano.
“Con estos productos que nosotros decimos biológicos, bioestimulantes, lo que hacemos es que eso siga subiendo: que se modifique el perfil de ácidos grasos, suba el oleico y baje el linoleico”, explicó.
No todos los aminoácidos son exactamente iguales
Sin embargo, Gamba puso el foco en una cuestión que considera fundamental: conocer exactamente qué contiene cada producto biológico y cómo fue obtenido en su proceso de fabricación.
“Cuando uno habla de un biológico, habla en un espectro general. Pero hay que saber qué se utiliza”, remarcó con énfasis el investigador.
En el caso de los productos evaluados en sus ensayos, el trabajo estuvo centrado en formulaciones a base de aminoácidos. Pero, según explicó, no alcanza con conocer simplemente ese componente: también es necesario saber cómo fueron obtenidos.

“No es lo mismo obtener aminoácidos con una hidrólisis química que con una hidrólisis enzimática”, señaló marcando una diferenciación técnica clave.
La diferencia está vinculada directamente con la estructura de los aminoácidos y su capacidad real de ser utilizados posteriormente por la planta. Gamba destacó particularmente el rol de los L-alfa aminoácidos, que pueden participar activamente en la síntesis de proteínas.
“Esas son las cosas que nosotros llamamos hilar fino: empezar a ver qué es y por qué se produce”, sostuvo con firmeza.
De los aminoácidos al perfil definitivo de ácidos grasos
La explicación del investigador apunta a comprender el mecanismo detrás de los resultados y no solamente a observar si un tratamiento genera o no una diferencia superficial.
“Cuando vos aumentás los aminoácidos, las uniones carbonadas que tienen sirven para aumentar la cantidad de ácidos grasos que se sintetizan”, explicó de manera didáctica.

Por eso, el desafío para la investigación científica consiste en determinar qué productos, qué formulaciones y bajo qué condiciones pueden generar cambios concretos en la composición del grano.
En este sentido, Gamba destacó el rol fundamental de la Universidad Nacional de Córdoba como un ámbito de evaluación completamente independiente.

“Al ser una entidad pública, nosotros tratamos siempre de tener un abanico amplio y darle lugar a todos”, explicó sobre la apertura institucional.
La metodología, según detalló, busca analizar cada producto, conocer su composición y determinar qué ocurre efectivamente cuando es aplicado al cultivo en el campo.
“¿Cuál es? ¿Cómo está compuesto? ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que hace? Para que realmente podamos sacar conclusiones y ser totalmente objetivos”, planteó. Y fue absolutamente contundente respecto de los resultados obtenidos: “Si el producto funciona, se dice; y si no funciona, no funciona”.
Un cultivo particular que exige mirar más allá del rendimiento
Gamba también destacó que el maní presenta características productivas muy particulares que lo diferencian de otros granos tradicionales.
“Primero que uno no lo cosecha cuando se cumplió el ciclo: lo arrancamos verde”, explicó detallando el manejo agronómico. Además, se trata de un cultivo de crecimiento indeterminado, que continúa produciendo flores y frutos nuevos durante buena parte de su ciclo vegetativo.
Por eso, los efectos de determinadas tecnologías no necesariamente se expresan en saltos de rendimiento tan visibles como ocurre en otros cultivos masivos. “Algo que mejore un 1, 10 o 15% a lo mejor no es tan llamativo como en maíz obtener 120 quintales con urea”, comparó con claridad.

En el caso específico del maní, entonces, el análisis debe incorporar otros atributos fundamentales: calidad, composición, estabilidad y vida útil, además del rendimiento puro.
El gran desafío: demostrar el beneficio y hacer viable la tecnología
Para Gamba, el desarrollo de los productos biológicos requiere también de un profundo proceso de difusión y formación que permita comprender cuáles son sus verdaderos beneficios en el campo. “Lo que tenemos que hacer es docencia, explicando cuáles son esos beneficios reales”, sostuvo con convicción.
Pero existe otro componente indispensable para que estas tecnologías innovadoras puedan incorporarse masivamente en el sector: el costo. “Después obviamente que se ponga a tono el precio del biológico para poder utilizarlo comercialmente”, señaló con pragmatismo.
En definitiva, la ecuación que plantea el investigador combina evidencia científica, resultados productivos y viabilidad económica. La herramienta debe demostrar qué hace, en qué condiciones funciona y qué beneficio concreto genera, pero también debe alcanzar un costo accesible que permita su adopción generalizada.
Para una cadena agroindustrial tan importante como la del maní, donde pueden pasar varios meses entre el arrancado y el consumo final, trabajar sobre la estabilidad del grano representa una oportunidad estratégica.
Es la vía ideal para seguir agregando valor y sostener firmemente la alta calidad del producto argentino a lo largo de toda la cadena de valor global.
Primicias Rurales
Fuente todomani.com.ar
Sep 16, 2026 | Agricultura, Nutricion vegetal y animal
Reducir las pérdidas por lixiviación y desnitrificación y mantener el nutriente disponible por más tiempo son algunos de los desafíos que adquieren mayor importancia en campañas atravesadas por condiciones climáticas exigentes.
Buenos Aires, miércoles 16 de septiembre (PR/26) . – La eficiencia en el uso del nitrógeno se consolida como uno de los aspectos centrales dentro de las estrategias de nutrición de cultivos. En escenarios de alta variabilidad climática, y particularmente ante las proyecciones de una campaña influenciada por el fenómeno de “El Niño”, que suele traer consigo precipitaciones superiores a lo normal, el desafío no pasa solamente por definir la dosis adecuada. El verdadero reto actual es lograr que el nitrógeno permanezca disponible durante el tiempo necesario para ser aprovechado por las plantas y capturado por las raíces, evitando que las lluvias intensas lo laven del perfil del suelo
Una de las alternativas utilizadas para avanzar en ese objetivo es la incorporación de inhibidores de la nitrificación, tecnologías que permiten ralentizar temporalmente la transformación del nitrógeno amoniacal en nitrato. Este proceso resulta relevante porque, al reducir la fracción de nitratos presentes en el suelo, disminuye también su posibilidad de pérdida por lixiviación (arrastre por agua) y desnitrificación.
La tecnología ARMOUR™, especialmente diseñada para fertilizantes líquidos actúa precisamente sobre ese proceso. Su ingrediente activo, Pronitridine, ocupa temporalmente el sitio activo de la enzima responsable del primer paso de oxidación, y reduce así la velocidad de conversión del amonio a nitrato. Como resultado, el nitrógeno puede permanecer en forma de amonio durante un período hasta tres veces mayor que sin la utilización del inhibidor. Esta entrega gradual de nitrógeno permite incrementar la eficiencia agronómica del uso del fertilizante logrando mayor disponibilidad de nutrientes en estadios avanzados del cultivo
Una nueva generación de fertilizantes

SolMIX ECO POWER, representa un nuevo paso en la nutrición de cultivos. Suma a un fertilizante de baja volatilización un inhibidor que retrasa la nitrificación, logrando un uso más eficiente y sustentable del nitrógeno generando un menor impacto ambiental. Esta formulación líquida combina nitrógeno y azufre, y también puede ser enriquecida con zinc.
Evaluaciones en maíz
La eficiencia de SolMIX ECO POWER, fue comprobado en maíz en una red de 15 ensayos en tres campañas consecutivas. A pesar de que fueron campañas con lluvias moderadas, en esas experiencias, el agregado del inhibidor generó un incremento de rendimiento frente al SolMIX convencional, de entre 300 a 600 kg/ha por/ha. Matias Saks, Gerente de Desarrollo comentó que “la mejora en la eficiencia del uso de nitrógeno fue muy importante entre un 14 a un 70% para las dosis habituales. Dados los precios de maíz y el fertilizante, en un contexto de excesos hídricos es muy razonable utilizar este tipo de tecnologías”.
Los resultados refuerzan una tendencia que gana espacio en el manejo de la nutrición: avanzar desde una lógica centrada únicamente en la cantidad de fertilizante aplicada hacia estrategias que también contemplen la permanencia, disponibilidad y eficiencia de uso de los nutrientes.
“En campañas atravesadas por una mayor incertidumbre climática, optimizar estos procesos es una herramienta fundamental para mejorar el aprovechamiento del nitrógeno y reducir las pérdidas producidas por lluvias excesivas”, cerró el especialista.
Acerca de Bunge
En Bunge (NYSE: BG), nuestro propósito es conectar a los agricultores con los consumidores para entregar alimentos, ingredientes y combustibles esenciales al mundo. Como proveedor líder de soluciones agroindustriales, nuestro equipo trabaja con agricultores en todo el mundo para trasladar productos agrícolas desde donde se cultivan hasta donde se necesitan, de manera más rápida, inteligente y eficiente. Somos líderes mundiales en origen, almacenamiento y distribución de granos, procesamiento y refinación de oleaginosas, ofreciendo un amplio portafolio de aceites, grasas y proteínas de origen vegetal. Trabajamos junto a nuestros clientes en ambos extremos de la cadena de valor para ofrecer productos de calidad y desarrollar soluciones innovadoras adaptadas a las necesidades cambiantes del consumidor. Con más de 200 años de experiencia y presencia en más de 50 países, estamos comprometidos con fortalecer la seguridad alimentaria global, impulsar la sostenibilidad y ayudar a las comunidades a prosperar donde operamos. Bunge tiene su sede registrada en Ginebra, Suiza, y su sede corporativa en St. Louis, Missouri. Más información en Bunge.com.
Primicias Rurales
Fuente: Bunge
Sep 9, 2026 | Actualidad, Agricultura, Agua, Nutricion vegetal y animal
Con buenas condiciones hídricas para el inicio de la campaña, pero con suelos que muestran un progresivo empobrecimiento nutricional, desde FERTILIZAR AC destacan la importancia de realizar análisis de suelos y ajustar la fertilización para aprovechar el potencial del cultivo de maíz.
Una nutrición adecuada permite, además, mejorar la eficiencia en el uso del agua y sostener la productividad de un cultivo estratégico para el país.
Buenos Aires, miércoles 9 septiembre (PR/26) — El maíz se consolida año tras año como uno de los cultivos más estratégicos de la producción agropecuaria argentina, con una superficie sembrada que en la última campaña superó los 10 millones de hectáreas, y una producción cercana a los 70 millones de toneladas.
Además de su importancia en la generación de divisas a través de la exportación de granos, el cultivo tiene un rol fundamental en el agregado de valor en origen y en la producción de proteínas animales. Su utilización resulta especialmente relevante en los sistemas ganaderos y lecheros, donde el silo de maíz representa más del 40% de la alimentación animal. Por eso, mejorar la productividad y la calidad nutricional del cultivo tiene impacto directo sobre otras cadenas productivas.
En este contexto, María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de FERTILIZAR AC, destacó la oportunidad que presenta la nueva campaña: “Tenemos agua disponible y genética con un enorme potencial. El desafío es que la nutrición no se transforme en el factor que limite ese rendimiento. Cuando las condiciones acompañan, es justamente cuando más tenemos que conocer qué nutrientes puede aportar el suelo y cuáles debemos complementar para transformar esos recursos en más producción.”
En las últimas décadas, el mejoramiento genético permitió incrementar sostenidamente el potencial de rendimiento del maíz y otorgarle una enorme versatilidad, posibilitando planteos de siembras tempranas y tardías en ambientes productivos muy diversos.
Genética, requerimientos nutricionales y reposición de nutrientes
Sin embargo, los especialistas advierten que ese avance genético debe estar acompañado por una nutrición adecuada. Independientemente de la fecha de siembra, el cultivo mantiene sus requerimientos nutricionales y necesita disponer de los nutrientes necesarios para expresar su potencial. Según González Sanjuan, un maíz de 120 quintales de rendimiento tiene un requerimiento aproximado de 260 kg de Nitrógeno y 48 kg de Fósforo como nutriente entre otros nutrientes. Si transformamos esos valores a fertilizante, entenderemos que la brecha de aplicación de nutrientes explica, en gran medida, las brechas de rendimientos. A nivel país y en promedio, cosechamos un 30% menos del grano de maíz que podríamos cosechar.
Actualmente, la reposición de nutrientes en los sistemas agrícolas argentinos continúa siendo inferior a la extracción que realizan las cosechas, lo que genera balances negativos en nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo, azufre y zinc. En la última campaña, se repuso menos del 40% de los principales nutrientes exportados con los granos. Esta situación contribuye a ampliar las brechas entre los rendimientos actuales y los que podrían alcanzarse mediante un manejo nutricional balanceado.
El agua y la eficiencia en el uso de los recursos

La nueva campaña comienza, en muchas regiones productivas, con perfiles de suelo recargados como consecuencia de las lluvias registradas durante los últimos meses. Este escenario representa una oportunidad para el maíz, pero también exige acompañar la disponibilidad hídrica con una adecuada estrategia de diagnóstico y de fertilización balanceada. Contar con una buena oferta hídrica no garantiza la oferta de nutrientes.
Por el contrario, una adecuada disponibilidad de nutrientes permite mejorar la eficiencia en el uso del agua y que el cultivo aproveche mejor cada milímetro disponible para transformarlo en rendimiento.
Ensayos de largo plazo de la Red de Estrategias de FERTILIZAR AC muestran incrementos entre 22 y 44% en la eficiencia de uso del agua cuando los cultivos de maíz están bien nutridos, pasando de menos de 12 kg de grano por milímetro de agua caída, a casi 17 kg de grano/mm (en 500 mm representa una diferencia aproximada de 2500 kg de maíz).
“Agua y nutrientes deben pensarse en forma integrada. Un cultivo bien nutrido tiene mejores herramientas para aprovechar el agua disponible. Por eso, frente a perfiles recargados, el diagnóstico cobra todavía más importancia: tenemos una oportunidad productiva que no deberíamos desaprovechar por deficiencias nutricionales que podemos anticipar y manejar”, explicó Esteban Ciarlo, coordinador técnico de FERTILIZAR AC.
El análisis de suelo como punto de partida
A pesar de ser una herramienta de bajo costo en relación con la inversión total del cultivo, los análisis de suelo todavía se realizan en una proporción limitada de los lotes agrícolas del país.
Según la reciente encuesta de FERTILIZAR Asociación Civil, sólo el 26 % de la superficie analizada se muestrea todos los años, mientras que un 9 % nunca se analiza y un 17 % lo hace con muy baja frecuencia.
Esta tendencia se mantiene al analizar por nutriente: el 30 % realiza análisis de nitrógeno todos los años y el 23 % lo hace para fósforo. La adopción es muy dispar por región: mientras que en el sudeste y oeste el 44 % muestrea todos los años, en el norte ese porcentaje cae al 15 % y un 26 % de los productores declara no muestrear nunca.
Para una correcta planificación del maíz, se recomienda evaluar fósforo extractable, zinc y azufre de sulfatos en los primeros 20 centímetros del suelo y determinar la disponibilidad de nitrógeno (nitratos) en pre siembra hasta los 60 centímetros de profundidad. Esta información permite definir con mayor precisión las necesidades reales del cultivo y evitar tanto deficiencias como aplicaciones innecesarias.
“El análisis de suelo es la inversión más pequeña dentro del costo total de implantación y, al mismo tiempo, una de las que más información aporta para tomar decisiones de manejo de gran impacto. Fertilizar sin diagnóstico implica trabajar sobre supuestos, cuando hoy contamos con herramientas para ajustar la nutrición a la realidad de cada lote”, agregó Ciarlo.
Ajuste del nitrógeno y sustentabilidad del sistema productivo

El nitrógeno es uno de los nutrientes que más condiciona el rendimiento del maíz. Para alcanzar un rendimiento objetivo de 12.000 kg/ha, por ejemplo, el cultivo necesita absorber aproximadamente 260 kg de nitrógeno por hectárea. La cantidad de fertilizante a aplicar debe determinarse considerando no sólo el requerimiento del cultivo, sino también la oferta inicial de nitratos del suelo y el aporte proveniente de la mineralización de la materia orgánica.
Para estimar esta última fuente, herramientas como el Nan —Nitrógeno incubado en anaerobiosis— permiten caracterizar el potencial de mineralización del suelo y mejorar el ajuste de las recomendaciones de fertilización según cada ambiente productivo. A su vez, durante el desarrollo del cultivo existen tecnologías que permiten monitorear su estado nutricional.
Sensores de vegetación, clorofilómetros y herramientas para determinar índices como NDVI brindan información complementaria para detectar deficiencias y evaluar la necesidad de realizar aplicaciones posteriores de nitrógeno.
Cerrar las brechas nutricionales constituye una de las principales oportunidades para mejorar los rendimientos y, al mismo tiempo, hacer un uso más eficiente de los recursos disponibles. Los relevamientos sobre balances de nutrientes muestran que la agricultura argentina continúa extrayendo del suelo más nutrientes de los que repone, una tendencia que condiciona su capacidad productiva futura.
Conocer la fertilidad de cada lote mediante análisis de suelo, diseñar estrategias balanceadas de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc y acompañar el desarrollo del cultivo con tecnologías de diagnóstico y monitoreo son herramientas fundamentales para aprovechar el potencial que ofrecen la genética y una campaña con buena disponibilidad hídrica.
“No se trata solamente de pensar cuánto podemos producir esta campaña. Cada cosecha se lleva nutrientes y, si sistemáticamente extraemos más de lo que devolvemos, estamos consumiendo parte de la fertilidad que construyó nuestro sistema productivo. Para quienes administramos recursos naturales en la producción de alimentos, fibras y energías, el manejo de las tecnologías y la preservación del amiente productivo es una responsabilidad”, concluyó González Sanjuan.
Fuente: Paula Vázquez . Más información en: www.fertilizar.org.ar
Primicias Rurales
Sep 1, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Nutricion vegetal y animal
La demanda de insumos en el campo argentino sigue completamente paralizada por los altos costos. Frente a la mala relación de precios, muchos agricultores prevén ‘rascar’ los nutrientes del terreno mientras los mercados globales muestran una marcada brecha geográfica.
Buenos Aires martes 1 septiembre (PR/26)– La demanda argentina de insumos agrícolas sigue sin arrancar al ritmo que marca el calendario habitual de siembra. La campaña de maíz todavía no genera negocios de magnitud, mientras que la refertilización de trigo y cebada resulta insuficiente para sostener un ritmo de ventas continuo en el mercado local.
Las desfavorables relaciones de precios de los fertilizantes fosfatados representan la principal preocupación de todo el sector agropecuario. Al igual que ocurrió con la cosecha fina, los productores no convalidan los valores actuales debido a los ajustados márgenes que dejan los altos costos de producción.

En cuanto a las cotizaciones locales, la semana pasada volvió a cerrar sin grandes cambios en las pizarras. La urea en el mercado mayorista osciló entre los 555 y 570 u$s/tonelada, mientras que el fosfato monoamónico y diamónico (MAP y DAP) cotizó entre 990 y 1025 u$s/tonelada al granel.
Comportamiento dispar en la importación de insumos
Las relaciones insumo/producto exhiben un escenario sumamente contradictorio. La urea se mantiene relativamente barata al medirse en valor cereal, mientras que los productos fosfatados continúan en niveles extremadamente caros para la rentabilidad del agricultor.
El segmento de importación de nitrogenados consolidó su firmeza con la urea granular CFR Argentina sosteniéndose en 460-470 u$s/tonelada. De esta manera, se mantiene una prima de unos 20 u$s/tonelada por sobre los valores registrados en el mercado de Brasil.

Aunque la demanda de reposición sigue activa frente a la ventana de siembra, los importadores evitan aceptar las ofertas más agresivas de origen chino. Por su parte, el valor de importación del MAP y DAP en Argentina se congeló en 880-900 u$s/tonelada en un mercado paralizado.
Los datos aduaneros revelan que en los primeros siete meses de 2026 las importaciones de urea alcanzaron 322.600 toneladas, marcando un derrumbe del 39% respecto a 2025 y ubicándose muy lejos del promedio de 509.000 toneladas del quinquenio anterior.
El desplome también alcanza a las mezclas NPK y NPS con un 43% de caída interanual, mientras que las compras de MAP bajaron un 9% y el DAP se mantuvo estable. La gran excepción fue el súper fosfato triplo (TSP), que con 46.500 toneladas alcanzó un récord histórico.

Para igualar las cifras importadas en 2025, el país requeriría un salto del 21% en urea y 11% en MAP durante los meses de agosto a diciembre. Sin embargo, la apatía compradora indica que los productores preferirán extraer las reservas de nutrientes del suelo.
El escenario internacional y las tendencias globales
En el mercado internacional de nitrogenados se consolidó la tendencia de reactivación iniciada semanas atrás. Tras disiparse la incertidumbre de la licitación india, resurgieron compras de cobertura estacionales muy dinámicas en los mercados de Brasil y Estados Unidos.
A este panorama se suman los elevados costos del gas natural en Europa y la persistente escasez de oferta derivada de complicaciones logísticas en Medio Oriente, lo que permitió a los exportadores elevar con éxito sus precios de reposición.

Por otro lado, el mercado mundial de fosfatados muestra una evidente polarización geográfica. El hemisferio occidental permanece sumido en la apatía del fin de temporada, mientras que India y Pakistán absorben activamente la oferta global defendiendo precios elevados.
En cuanto a los insumos clave, la compañía Yara acordó el precio del amoníaco en 555 u$s/tonelada CFR Tampa, lo que representa un drástico descuento de 80 dólares frente a agosto. Esto alivia costos, aunque la falta de azufre limita la producción mundial.
La empresa OCP lideró ventas de DAP y TSP hacia India y Pakistán desde Marruecos, mientras que las cotizaciones de exportación del DAP chino se mantuvieron estables entre 880 y 915 u$s/tonelada FOB, aprovechando además inventarios antiguos de bajo costo.

Finalmente, en Sudamérica la demanda física de MAP se evaporó tras el avance de la siembra en Brasil, provocando un exceso de inventarios en los puertos. Para mitigar la crisis del sector, el gobierno brasileño anunció un paquete de apoyo financiero de 4.000 millones de reales.
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Fuente: bichosdecampo.com
Ago 26, 2026 | Nutricion vegetal y animal
Investigaciones del INTA Tucumán demuestran cómo la nutrición foliar complementa la fertilización del suelo, corrigiendo deficiencias clave en momentos estratégicos para multiplicar la producción de papa y maní.
Buenos Aires, miércoles 26 agosto (PR/26)– La búsqueda constante por optimizar el rendimiento agrícola suma un aliado clave. Los últimos avances en formulaciones y tecnologías de aplicación ubican a la nutrición aplicada directamente sobre las hojas como una herramienta estratégica fundamental.
Ensayos llevados a cabo por especialistas del INTA Famaillá, en la provincia de Tucumán, comprobaron saltos significativos en la productividad de cultivos regionales emblemáticos como la papa y el maní al integrar este método en un plan integral.
Si bien el suelo mantiene su rol protagónico aportando el mayor volumen de nutrientes, las estructuras foliares poseen una formidable capacidad para absorber elementos esenciales y distribuirlos con rapidez hacia cada rincón de la planta.
Esta destacada cualidad convierte a la fertilización foliar en la respuesta más ágil frente a exigencias nutricionales puntuales, especialmente cuando el sistema radicular enfrenta obstáculos para absorber lo que necesita del terreno.
«La fertilización foliar no reemplaza a la del suelo, sino que la complementa. Su gran virtud es corregir deficiencias con rapidez y respaldar al cultivo justo en sus picos de máxima demanda», destacó el especialista Roberto Sopena.
Factores clave para asegurar una nutrición foliar exitosa
Para garantizar resultados sobresalientes, Sopena remarcó la necesidad de analizar variables cruciales como la edad de la hoja, la temperatura y la humedad ambiental, sumadas a los niveles de radiación solar presentes al momento de la labor.

Lograr una cobertura homogénea sobre el follaje y seleccionar el fertilizante preciso para el estado fenológico exacto definen de forma directa la tasa de absorción y la correcta movilidad interna de las sustancias.
Un aspecto central radica en que no todos los minerales fluyen igual: el nitrógeno, fósforo, potasio y magnesio gozan de alta movilidad, mientras que el calcio y el boro muestran una traslocación marcadamente restrictiva.
Respuestas productivas contundentes en papa y maní
Durante la campaña 2024, los técnicos evaluaron alternativas en lotes de papa primicia en Monte Bello, testeando formulaciones aplicadas desde los 20 hasta los 80 días posteriores a la emergencia del cultivo.
Las pulverizaciones iniciales a base de cobalto y molibdeno impulsaron el asentamiento vegetal, mientras que los aportes posteriores de zinc, nitrógeno, boro, potasio y calcio aumentaron sustancialmente el número y peso de tubérculos.

El esquema de nutrición combinada fue el que alcanzó los rindes más elevados. «Acompañar las necesidades fisiológicas de la planta durante todo el ciclo libera el verdadero potencial productivo», confirmó el investigador.
Por su parte, en los ensayos de maní desarrollados en Graneros durante la campaña 2024-2025, la aplicación dirigida de potasio y zinc superó con claridad a los lotes testigo sin fertilización.
Las combinaciones multinutrientes exhibieron además una sinergia superior a los tratamientos individuales, dejando en evidencia un valioso efecto complementario entre los diferentes elementos esenciales aportados.
Tecnología de precisión al servicio de la salud vegetal
Entre sus principales ventajas, la fertilización foliar brinda una disponibilidad nutricional inmediata, elimina pérdidas asociadas a la fijación en el suelo y maximiza la eficiencia en el aprovechamiento de micronutrientes.
Asimismo, abre las puertas a la incorporación estratégica de aminoácidos, bioestimulantes y reguladores de crecimiento, fortaleciendo las defensas naturales y activando de lleno el metabolismo de la planta.

Su perfecta compatibilidad con herramientas de agricultura de precisión permite calibrar dosis, momentos y zonas exactas de aplicación, garantizando intervenciones agronómicas sumamente eficientes y sustentables.
«Hoy disponemos de formulaciones avanzadas que optimizan la absorción y aseguran respuestas superiores con dosis exactas, siempre enmarcadas en un manejo agronómico planificado», concluyó Sopena.
Primicias Rurales
Fuente: INTA
Ago 10, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Informes Técnicos, Nutricion vegetal y animal
Por Franco Pennino – Bruno Ferrari – Emilce Terré de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
El impacto del conflicto en Medio Oriente y la suba de precios provocaron un sobrecosto de USD 180 millones en las importaciones de fertilizantes durante el primer semestre, mientras se proyecta un salto productivo local con el nuevo proyecto en Bahía Blanca.
Rosario, lunes 10 agosto (PR/26) — En el primer semestre, las importaciones de fertilizantes fueron las segundas más bajas desde 2019. Radiografía del mercado de fertilizantes tras el conflicto de Ormuz. Inversiones y potencial de Argentina en producción de urea.

1. La lupa puesta sobre los mercados globales de fertilizantes
El conflicto desatado en febrero de este año en Medio Oriente tuvo severas consecuencias sobre el mercado energético global, trasladándose a una crisis igual de profunda en el de fertilizantes. Tanto el cierre del Estrecho de Ormuz como los ataques a la infraestructura petrolera regional tuvieron impactos importantes en los precios globales de productos energéticos que son insumos claves para la producción de fertilizantes. A su vez, las restricciones de flujos implicaron una contracción importante de la oferta mundial de fertilizantes e insumos clave salidos desde el Golfo Pérsico.
Los nitrogenados en general y la urea en particular, fueron los más golpeados por la crisis. Previo al conflicto, por el Estrecho de Ormuz pasaba cerca de un quinto del comercio de gas natural del mundo y la cuarta parte del comercio de urea global. Siguiendo al petróleo, el GNL se disparó tras desatada la crisis, generando un efecto dominó sobre los mercados que dependen de los hidrocarburos como insumo clave (como lo son la urea, el amoníaco y el azufre). Debido al uso intensivo de GNL en la producción de urea, el efecto en los costos fue directo, encareciendo el producto final.
Las decisiones de grandes productores y exportadores de urea también tuvieron gran peso: India, uno de los principales productores y mayor importador de este producto, detuvo momentáneamente su producción debido a la escasez de gas; China, uno de los exportadores clave, restringió sus exportaciones temporalmente para asegurar su abastecimiento interno. De esta forma, el mercado global de nitrogenados sufrió un fuerte estrangulamiento de oferta. Por lo tanto, como efecto dominó, el cierre del canal marítimo puso en jaque a la cadena de suministro de la urea tanto desde la producción hasta la logística, resultando en un salto del precio en dicho producto de más del 100% respecto al mes de enero, considerando que los valores ya tendieron a normalizarse.
En comparación con los máximos vistos en 2022, el precio de la urea no llegó a superar este umbral. Según el Banco Mundial, se identifican varios factores que limitaron parcialmente las subas: por un lado, los países productores del hemisferio norte ya habían asegurado gran parte de sus necesidades de campaña; en segunda instancia, el GNL subió menos que durante la guerra ruso-ucraniana; por último, debido al redireccionamiento de los suministros por fuera del Estrecho de Ormuz, aunque afrontando mayores costos logísticos.
En el caso del mercado de fosfatados, los productos están siendo afectados por una combinación de factores. La creciente estrechez en la oferta de azufre —un insumo esencial para producir roca fosfórica — elevó significativamente los costos industriales. Según la FAO, cerca de la mitad del comercio mundial de azufre se concentra en la región afectada por el conflicto.
A ello se sumó la suspensión de la producción de amoníaco en Irán y de amoníaco y azufre en Qatar, luego de los ataques contra sus instalaciones. Como resultado, el precio del azufre llegó a duplicarse respecto de enero, contribuyendo a encarecer la producción de fosfatados. En ese período, el superfosfato triple (TSP) acumuló una suba del 39 %, mientras que el DAP aumentó un 27 %.
Sin embargo, el elevado nivel de precios del complejo fosfatado responde también a factores previos y de carácter más estructural. Desde fines de 2025, el mercado ya se encontraba bajo presión: en septiembre de ese año, el DAP había alcanzado valores incluso superiores a los observados durante la crisis reciente, mientras que el TSP posteriormente superó aquel máximo.
Esta situación se explica por una oferta comercial de azufre cada vez más ajustada, la creciente competencia de la minería por ácido sulfúrico y las restricciones chinas a las exportaciones de MAP y DAP, que redujeron la disponibilidad de producto en el mercado internacional. Sobre esa base, la crisis de Ormuz profundizó el desequilibrio y amplificó la reacción de los precios que se mantienen firmes en el mercado.
2. Las importaciones de fertilizantes en el primer semestre de 2026, muestran el segundo peor desempeño desde 2019
En el marco de un ajetreado primer semestre para el mercado de fertilizantes, los volúmenes importados por Argentina sufrieron la disparada de precios globales.
En conjunto, la importación de fertilizantes en el primer semestre tuvo su segundo peor año desde 2019. En el complejo nitrogenados, se compraron al exterior 437.000 t; en el rubro fosfatados, se adquirieron 767.000 t; en cuanto a los del tipo potásico, las importaciones fueron 39.000 t.
La urea fue el producto que más cayó en volumen, lo cual es lógico pensando en que su precio fue el que más se disparó durante el periodo. Los fosfatados se mantuvieron prácticamente sin cambios entre años.
Cabe destacar que, el mínimo de 2023 se debió a la fuerte sequía que experimentó el país en ese año. Como se explica en el Informativo Semanal N° 2141, el consumo ese año sufrió mermas muy importantes, al igual que las importaciones, al hacerse visibles los resabios del desastre climático.
Medido en términos de valor, el primer semestre de 2026 marcó el segundo registro más alto de la historia con USD 1.762 millones, impulsado principalmente por precios de importación más altos.
La crisis de precios en los mercados globales, como se ve, no fue neutral para la Argentina. Lo peor del conflicto se vio en los meses de abril y mayo, cuando el petróleo alcanzó máximos no vistos desde la guerra ruso-ucraniana. Como se observa, durante esta etapa los precios CIF de importación promedio también llegaron a máximos desde la explosión del conflicto en Europa.
En general, la suba de precios supuso un sobrecoste importante para el sector. Si tomamos los precios promedio de importación del primer semestre de 2025 por producto con las cantidades importadas en esta primera mitad de este año, se arriba a un sobrecoste teórico de USD 180 millones en lo que va del año. Esto sin considerar que la suba de precios también generó una contracción en las cantidades importadas.
El reflejo de los precios excesivamente altos se observa con claridad en los últimos datos mensuales de importación. La importación de nitrogenados para junio es la más baja desde 2015 y 60% inferior al promedio del último lustro. Para los fosfatados la situación es similar: el tonelaje más bajo desde 2018, 34% por debajo del promedio quinquenal.
Mirando hacia adelante, el desempeño importador en los meses que restan del año dependerá de lo que suceda con el conflicto en Medio Oriente. Argentina importa en promedio el 50% de su consumo de nitrogenados (en años de normalidad operativa) y el 80% en fosfatados.
Teniendo en cuenta que, en promedio, tres cuartas partes de la importación de nitrogenados se produce en el segundo semestre del año, en la antesala a la siembra de los granos gruesos, la normalización del comercio y precios relativamente en niveles promedio será esencial para asegurar una rentabilidad de aplicación aceptable para la gruesa 2026/27.
3. Nuevo RIGI: Argentina se encamina a dar un salto en producción de urea granulada
Por último, vale agregar que, en el sector agrícola los fertilizantes son un activo estratégico y fundamentales para garantizar la Seguridad Alimentaria en los países. En el caso de Argentina, se tiene una producción de fertilizantes entre 1,4 y 1,9 Mt según el año bajo consideración. En 2025, se alcanzó una producción de 1 Mt de nitrogenados, 0,4 Mt de fosfatados y 0,2 Mt de azufrados.
Sin embargo, los volúmenes de producción de fertilizantes a nivel doméstico no son suficientes para suplir toda la demanda interna, en línea con los importantes volúmenes de importaciones que realiza el país año tras año. Contemplando que el consumo de fertilizantes se ubica en torno a 5 Mt, se encuentra que solo el 30/35% se explica por producción local.
A esto se agrega que, dada la presión impositiva actual en el sector, existe un subconsumo para reponer los nutrientes que se extraen.
Es en este marco que, la aprobación de un nuevo proyecto de inversión RIGI para la construcción de una nueva planta de producción de urea en Bahía Blanca ante la mayor producción de gas de Vaca Muerta, es una noticia que agrega expectativas muy positivas en post de mejorar el abastecimiento doméstico de este insumo estratégico para el agro argentino.
Con una inversión por USD 2.700 millones, será la mayor planta de urea de Latinoamérica y una de las más grandes del mundo con la expectativa de aportar una producción anual de 2,1 Mt de urea.
Es decir, el país podría dejar de ser un importador neto de este insumo y dependiendo de diferentes factores, abastecer una demanda creciente a nivel o local o encontrar posibilidades de exportación a otros países como el caso de Brasil, el cual es clave como importador mundial de este producto.