Cada 31 de marzo celebramos a San Benjamín, mártir

Cada 31 de marzo celebramos a San Benjamín, mártir

Buenos Aires,31 de marzo (PR/26) .- El rey Yezdigerd, hijo de Sapor II puso fin a la cruel persecución de los cristianos que había sido llevado al cabo en Persia durante el reinado de su padre. Sin embargo, el obispo Abdas con un celo mal entendido incendio el Pireo o templo del fuego, principal objeto del culto de los persas.

El rey amenazó con destruir todas las iglesias de los cristianos, a menos que el obispo reconstruyera el templo, pero éste se rehusó a hacerlo; el rey lo mandó a matar e inició una persecución general que duró 40 años.

Uno de los primeros mártires fue Benjamín, diácono. Después de que fuera golpeado, estuvo encarcelado durante un año, pero obtuvo su libertad gracias al embajador del Constantinopla y prometiendo bajo su responsabilidad que el santo se abstendría de hablar acerca de su religión.

Sin embargo, Benjamín declaró que él no podía cumplir tal condición y, no perdió la oportunidad de predicar el Evangelio. Fue de nuevo aprehendido y llevado ante el rey, quien lo sometió a crueles torturas, siendo luego decapitado. 

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Fuente: Aciprensa

Cada 30 de marzo se celebra a San Juan Clímaco, el monje que nos enseña cómo subir al cielo

Cada 30 de marzo se celebra a San Juan Clímaco, el monje que nos enseña cómo subir al cielo

Para alcanzar el cielo

Aunque a San Juan Clímaco se le conoce también como Juan el Escolástico o Juan el Sinaíta, el nombre con el que más se le recuerda en la cultura popular cristiana es el de ‘Clímaco’ en alusión directa a su famosa obra (‘Escala del paraíso’). El nombre ‘Clímaco’ es la transliteración del griego ‘Klímakos’, ‘escalera’ o, literalmente, ‘de la escala’; de ahí que algunos lo llamen ‘Juan de la escalera’.

Hoy, la más famosa obra de San Juan se divulga en español con títulos menos literales, pero que igual facilitan una primera aproximación al sentido del texto, tales como ‘Escalera espiritual’, ‘Escala espiritual’ o ‘La santa escala’.

En ella se distinguen tres fases sucesivas que debe recorrer el alma para alcanzar la perfección en el amor (beatitud): la primera es la ruptura con el mundo con el fin de volver al estado de infancia evangélica; la segunda está constituida por el combate espiritual contra las pasiones; y la tercera consiste en el estado de perfección cristiana.

Se trata, en consecuencia, de un camino ascendente, paulatino, cuyo único propósito es la perfección de la caridad, que se alcanza en el encuentro pleno y eterno con Dios.

Se cree que Juan nació en Palestina hacia el año 575. No hay muchos detalles sobre su infancia y juventud; tampoco se ha podido establecer una cronología segura sobre su vida. Sin embargo, en líneas generales, se sabe que vivió en Bizancio, capital del Imperio romano de Oriente, en momentos en que se encontraba en franca decadencia a causa de las invasiones bárbaras y la consiguiente pérdida de territorios.

Desde muy joven se formó leyendo a San Gregorio Nacianceno y a San Basilio. A los 16 años decidió ser monje y partió hacia el Monte Sinaí (Egipto), donde se ubicaba uno de los monasterios más influyentes de la cristiandad.

Dios está en el silencio

Al cumplir veinte años empezó un nuevo tipo de vida, más retirada y silenciosa. Fue el inicio de su etapa como eremita. Se mudó a una gruta ubicada a los pies de una montaña, ubicada a ocho kilómetros del hoy monasterio de Santa Catalina (Monte Sinaí).

En el epílogo de su vida fue elegido abad del monasterio del Monte Sinaí por los monjes que lo habitaban. En esos años se dedicó a redactar diversos textos, entre los que precisamente se encuentra la “Escalera santa”, pensando en lo que debía ser la vida de todo monje en búsqueda de la perfección en el amor.

San Juan Clímaco murió cerca del año 650.

Si quieres conocer más sobre este insigne maestro espiritual y su obra, te recomendamos leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan_Clímaco

Más información:

 

Fuente: Aciprensa
Hoy la Iglesia católica celebra a un beato dominico, Enrique Susso, referente místico alemán

Hoy la Iglesia católica celebra a un beato dominico, Enrique Susso, referente místico alemán

Referente de la mística alemana y discípulo del Maestro Eckhart, el Beato Enrique Susso transformó su vida religiosa en un camino de sabiduría celestial. Dedicó sus últimos años a la dirección espiritual y al legado de la Orden de Predicadores, dejando una obra marcada por sus visiones y su profunda devoción mariana.

Buenos Aires, sábado 28 marzo (PR/26) — Hoy la Iglesia Católica celebra al beato Enrique Susso quien fue un prodigio de santidad en un ambiente muy corrompido. Nació en 1296 en Suabia, Alemania.

A los 15 años fue admitido como religioso en el convento de los Padres Dominicos en Constanza. En la comunidad encontró como profesor un místico muy famoso que influyó en él de manera inmensa. Era el Padre Eckart, cuyos consejos seguían muchas personas con gran entusiasmo.

Los primeros años de religioso no fue muy fervoroso; sin embargo, su anhelo de santidad era tan grande e intenso que se propuso empezar una vida espiritual verdaderamente seria. El demonio intentó disuadirlo y desanimarlo con consideraciones de prudencia humana, haciéndole ver que esa conversión era demasiado rápida y que no sería capaz de perseverar en el bien.

Frente a esto, el santo se dedicó a pedir a Dios la sabiduría celestial, siendo un admirador constante de este regalo celestial, y recomendando a sus discípulos implorar mucho a Dios por este magnífico don.

Los últimos años los pasó el Padre Enrique dedicado a dar dirección espiritual a las religiosas, especialmente a las dominicas, las cuales lo consideraban un verdadero hombre de Dios y un guía espiritual sumamente acertado.

Murió en 1365, y dicen que su cuerpo permaneció muchos años incorrupto. Pero después el templo donde estaba enterrado pasó a poder de los protestantes y no se volvió a saber de sus restos.

Tuvo muchas visiones y se le apareció la Santísima Virgen María a traerle mensajes celestiales. Es un referente de la mística alemana.

 

 

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Fuente: ACI Prensa

Cada 27 de marzo se celebra a San Juan de Egipto, el hombre que encontró a Dios en el silencio

Cada 27 de marzo se celebra a San Juan de Egipto, el hombre que encontró a Dios en el silencio

Dios le concedió a Juan el don de profecía, del consejo y el poder de curar enfermedades. Gozó de gran fama en vida y, por eso, fue consultado por emperadores -se dice que profetizó una victoria a Teodosio el Grande-, figuras políticas y religiosas; incluso acudieron a él algunos de los Padres de la Iglesia como San Jerónimo y San Agustín. Este último escribió sobre él y constituye una de las fuentes más seguras para conocerlo.

Florecer en medio del desierto

San Juan el Eremita nació alrededor del año 305 en Tebaida, Licópolis -razón por la que se le llama también ‘Juan de Licópolis’-. Allí aprendió el oficio de carpintero, al que se dedicó durante su juventud. Con solo 25 años decidió renunciar a toda vida mundana para dedicarse a la oración y meditación, lejos de las tentaciones de la ciudad. Se puso entonces bajo la guía de un anciano anacoreta del desierto de Nitria quien, a lo largo de diez años, lo ejercitó en la obediencia y la renuncia de sí mismo.

Una voz del pasado que resuena hoy

El santo aprendió así a obedecer, sin quejarse, con humildad, aun cuando muchas de las órdenes que recibía parecían irracionales. En la antigüedad solían repetirse historias aleccionadoras en torno a él, muchas de ellas muy llamativas como desconcertantes: se dice, por ejemplo, que cultivaba un huerto lleno de árboles muertos o varas de madera.

Una vida hecha conversación incesante con Dios

Se dice que logró permanecer en oración durante todas las horas de la vigilia. La tradición subraya especialmente ese aspecto, porque constituye una excelente inspiración para todo cristiano que desea hacer de su tiempo algo hecho siempre de cara a Dios, una auténtica ofrenda de amor.

San Juan de Egipto falleció a los 90 años. Cuando hallaron su cuerpo, este estaba rígido, en posición de oración. Hoy se le considera como el ‘Padre de todos los ascetas’.

¿Sabías que no toda forma de ascetismo conduce a Dios? ¿Quieres saber más sobre los anacoretas o eremitas? Te sugerimos que leas estos artículos de la Enciclopedia Católica:
https://ec.aciprensa.com/wiki/Anacoretas
https://ec.aciprensa.com/wiki/Ascetismo

     Primicias Rurales
    Fuente: Aciprensa
Cada 26 de marzo celebramos a San Ludgero, gran evangelizador de Alemania

Cada 26 de marzo celebramos a San Ludgero, gran evangelizador de Alemania

Buenos Aires, 26 de marzo (PR/26) .- Hoy, 26 de marzo, recordamos a San Ludgero, gran misionero de la Europa de la Edad Media. Es conocido como el gran evangelizador de los pueblos frisios (Países Bajos) y sajones (Alemania); fue el fundador de la Abadía de Werden y el primer obispo de Münster, Westfalia (Alemania).

Su vida se caracterizó por la entrega y dedicación puestas al servicio del anuncio del Evangelio entre los paganos europeos de su tiempo, y por el impulso que le dio a la fundación de monasterios, iglesias y escuelas. Hoy se le venera de manera especial en Holanda, Dinamarca y Alemania.

Impulso evangelizador

Ludgero -a veces «Lüdiger» o «Liudger»- nació en Frisia alrededor del año 745, en el seno de una familia noble. Vivió en los tiempos de Carlomagno y la expansión del imperio Carolingio, producida entre 772 y el 804.

Aquellos fueron días en los que el cristianismo también se encontraba en proceso de expansión, especialmente en las regiones pertenecientes a la llamada «Germania Magna», provincia romana fundada siglos antes por Julio César. Dicha provincia se encontraba ubicada entre los ríos Rin y Elba.

Se suele decir que la evangelización de aquellas tierras tuvo dos grandes impulsos: el primero, encabezado por San Bonifacio -el gran evangelizador de Alemania-; y el segundo, conducido por San Ludgero.

Misionero de la Gracia en libertad

Su labor allí estuvo marcada por un espíritu de respeto y libertad, a diferencia de otros esfuerzos evangelizadores de la época. Precisamente por eso, la tradición sugiere que San Ludgero tuvo muchísimo éxito, logrando la conversión de muchísimas personas.

La actitud pastoral de Ludgero fue considerada ejemplar y un férreo contrapunto al modo de obrar de Carlomagno, quien en su intento por expandir el cristianismo sucumbió más de una vez al uso de la fuerza.

Tiempo después, haría un viaje a la abadía benedictina de Montecasino, ubicada al sur de Roma, con el deseo de alejarse del conflicto entre las fuerzas de Carlomagno y su principal oponente sajón, el guerrero Widukind. Allí permanecería por un largo periodo, hasta que Carlomagno fue a buscarlo personalmente para pedirle que regrese a Frisia y continúe con la predicación.

El emperador además deseaba que Ludgero asumiera el episcopado de Tréveris, cuya sede estaba vacante. Con esa idea en mente, le solicitó al Papa que nombre obispo a Ludgero. Lamentablemente, el santo no aceptó la propuesta y regresó a Frisia como un sencillo misionero.

En 804 fue designado obispo de Münster y cinco años más tarde falleció, el 26 de marzo de 809. Hoy sus restos descansan en Werden, lugar que se ha convertido en destino de cientos de peregrinos y devotos. El Martirologio Romano señala que su obra apostólica fue muy fructífera gracias a que supo congeniar la predicación, la oración y la acción.

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    Fuente: Aciprensa
Cada 25 de marzo recordamos a San Dimas, el ladrón arrepentido que se ganó el cielo

Cada 25 de marzo recordamos a San Dimas, el ladrón arrepentido que se ganó el cielo

Dimas, a diferencia del otro ladrón crucificado, imploró a Jesús: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”, a lo que el Señor contestó: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 39-43).

Dimas en la tradición

Poco se conoce sobre la vida de San Dimas. La misma Escritura no abunda en detalles y solo aparece en el relato de San Lucas sobre la crucifixión. No obstante, el texto apócrifo denominado Evangelio de Nicodemo aporta algunos detalles interesantes que la tradición ha conservado.

Por ejemplo, allí sí aparece el nombre ‘Dimas’ -ausente en la Biblia-, al que se denomina ‘buen ladrón’. Además, se señala que fue colocado a la derecha de Cristo, mientras que a su izquierda estaba ‘Gestas’, el ‘Mal Ladrón’, crucificado también.

En el evangelio apócrifo denominado Protoevangelio de Santiago, se recoge el siguiente testimonio de José de Arimatea sobre el buen ladrón:

Se dedicaba a saquear a la turba de los judíos; robó los libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hija de Caifás, que era a la sazón sacerdotisa del santuario, y substrajo incluso el depósito secreto colocado por Salomón. Tales eran sus fechorías”.

De acuerdo al Evangelio árabe de la infancia de Jesús -otro texto apócrifo- Dimas tenía, en realidad, otro nombre. En ese relato los ladrones eran ‘Tito’ y ‘Dumaco’. Tito, quien sería el Buen Ladrón, habría impedido que otros salteadores como él robaran a la Sagrada Familia cuando esta huía a Egipto.

En las narraciones de la crucifixión de los Evangelios de San Lucas y San Mateo, se dice que Jesús, estando crucificado, fue blanco de insultos, afrentas y burlas provenientes de la multitud, la soldadesca romana y los maestros de la ley judía.

Apenas lo acompañaban un discípulo suyo, Juan, la Virgen María y algunas otras mujeres. Solo el relato de Lucas describe la intervención de los ladrones con precisión:

Nunca es tarde

Es claro que San Dimas, el buen ladrón, reconoció, en un acto de fe verdadera, al Hijo de Dios. Haberlo hecho lo condujo en seguida a admitir con humildad su pecado, y pedir misericordia.

Dimas había quedado transformado por la presencia de Dios, haciéndose testigo irrefutable de la inocencia de Cristo. Se sabe manchado por sus culpas, mientras ve que en Jesús no hay falta alguna. Al mismo tiempo, deja de pensar en la “salvación” que ofrece el mundo -no pide que lo bajen de la cruz-; no, ciertamente. Lo que quiere ahora es ir al cielo: en el final de su existencia ha puesto la mirada en lo trascendente.

El delincuente que confesó ante el Señor: un santo seguro

Dimas nunca fue “canonizado” de manera formal por la Iglesia. Se le cuenta entre los santos porque ha sido la única persona a quien Jesucristo aseguró explícitamente que estaría en el cielo, compartiendo su gloria.

Si bien no hay certeza sobre su nombre, sí la hay sobre su destino. Que haya vivido como ladrón o criminal para después acogerse a la misericordia del Señor, termina siendo motivo de inspiración y de esperanza para todos los hijos de la Iglesia, porque somos pecadores.

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Fuente: aciprensa