Festejo del día: San Mauricio de Agauno y compañeros

Festejo del día: San Mauricio de Agauno y compañeros

Buenos Aires, 22 de septiembre (PR/25) .- En Agauno (hoy Saint Maurice d´Agaune), en la región de Valais, en el país de los helvecios, santos mártires Mauricio, Exuperio, Cándido, que siendo soldados, al decir de san Euquerio de Lyon, fueron sacrificados por su fe en Cristo, en tiempo del emperador Maximiano, juntamente con sus compañeros de la misma legión Tebea y el veterano Víctor, ilustrando así a la Iglesia con su gloriosa pasión (c. 302).

Beata María de la Purificación Vidal Pastor (s. XX)

San Ignacio de Sandone (s. XVIII)

Beato Germán Gozalvo Andreu (s. XX)

Beato José Marchandon (s. XVIII)

San Florencio (s. VI)

San Silvano de Levroux (s. V)

Beato Otón de Morimond (s. XII)

Santa Basila de Roma (s. IV)

Santa Salaberga (s. VII)

San Lautón de Coutances (s. VI)

San Emeramo de Ratisbona (s. VII)

Santa Emérita de Roma

Beato Dionisio Pamplona (s. XX)

Beato Juan Agramunt (s. XX)

Beato José Ferrer (s. XX)

Beato Carlos Navarro (s. XX)

Beato Ignacio Casanovas (s. XX)

Beato Francisco Carceller (s. XX)

Beato Matías Cardona (s. XX)

Beato David Carlos de Vergara (s. XX)

Beato Enrique Canadell (s. XX)

Beato Florentín Felipe (s. XX)

Beato Faustino Oteiza (s. XX)

Beato Manuel Segura (s. XX)

Santino obispo

Santa Iraides vírgen y mártir

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Fuente:  Aciprensa

Hoy celebramos la fiesta de San Mateo, apóstol y evangelista

Hoy celebramos la fiesta de San Mateo, apóstol y evangelista

Considerado un personaje corrupto y abusivo por sus coetáneos, su corazón encontró en Jesús la libertad que anhelaba su alma. Al lado del Señor conoció el camino de la redención que lo llevó de la condición de ‘pecador público’ a ‘hombre justo’, según la Ley de Dios, es decir, el mandato del Amor.

Leví, el recaudador de impuestos

Mateo fue hijo de Alfeo y llevó el nombre ‘Leví’ antes de su conversión, según lo atestiguan San Marcos y San Lucas en sus respectivas narraciones del Evangelio. Leví ejerció el oficio de ‘publicano’, es decir, se desempeñó como recaudador de impuestos.

Los publicanos solían ser personajes acaudalados, pero, al mismo tiempo, objetos del repudio general: primero, porque los impuestos que recaudaban eran considerados excesivos e injustos por los judíos (el caudal mayor iba a manos de los romanos invasores); y, segundo, porque a través de su oficio se enriquecían a costa de la miseria de su propio pueblo.

Ambas razones eran motivo más que suficiente para que fuesen considerados “pecadores públicos” y personajes corruptos según la Ley de Israel.

No obstante, nada de lo que acaba de ser mencionado pareció importarle mucho a Jesús, quien, un día mientras caminaba, vio a Mateo sentado cobrando el impuesto, se le acercó y le dijo: “Sígueme”. Al escuchar el llamado del Maestro, sin titubeos, Mateo se levantó y lo siguió (cfr. Mt 9, 9ss). Este significativo episodio aparece relatado también en los otros dos evangelios sinópticos (Mc 2, 14ss; Lc 5, 27ss).

La tradición, por su parte, sugiere que fue Cristo quien le cambió de nombre de ‘Leví’ a ‘Mateo’, que quiere decir “don de Dios”. Siempre aparece en el grupo de los doce. En su propio relato se incluye en la lista de los apóstoles (ver: Mt 10, 2-3); y después de poner su nombre, ensaya una descripción de sí mismo: “Mateo, el recaudador de impuestos” y “el publicano”.

Testigo de Cristo

Después de la Ascensión del Señor a los cielos, Mateo permaneció predicando en Judea, aunque también lo hizo en tierras cercanas de Oriente. Se cree que su evangelio fue escrito en arameo, probablemente entre los años 80 y 90 d.C. Más tarde sería traducido al griego.

Patronazgo

San Mateo es considerado patrono de quienes trabajan en la banca, de los contadores, de las instituciones financieras y de los financistas. También lo es de los que recaudan impuestos y de los servidores públicos. Es patrono de algunas ciudades, como es el caso de Salerno, en Italia.

Se le suele representar con un libro en las manos, haciendo cuentas. Su símbolo es la figura de un hombre alado.

Un día como hoy, pero de 1953, Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, experimentó, tras confesarse, la llamada a la vida religiosa dentro de la Compañía de Jesús. En ese entonces el Pontífice tenía 17 años.

En honor al apóstol, el escudo pontificio de Francisco lleva inscrito el lema: «Miserando atque eligendo» [Lo miró con misericordia y lo eligió], palabras inspiradas en el Evangelio y que describen el momento preciso del encuentro de Jesús con el apóstol San Mateo. Estas fueron escritas por San Beda el Venerable (ca. 672-735), el cual, en una de sus homilías, comentado el evangelio de Mateo, escribió «Vidit ergo lesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me» [Vio entonces Jesús a un publicano y mirándolo con misericordia, lo eligió y le dijo: sígueme).

…Si deseas conocer más sobre San Mateo, te recomendamos leer el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Mateo.

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Fuente: Aciprensa

Hoy celebramos a San Andrés Kim y compañeros, mártires de Corea

Hoy celebramos a San Andrés Kim y compañeros, mártires de Corea

Buenos Aires, 20 de septiembre (PR/25) .- Cada 20 de septiembre la Iglesia celebra a San Andrés Kim, primer sacerdote católico coreano, martirizado a causa de la fe en 1846.

Signo de contradicción

San Andrés Kim Taegon nació en Solmoe (hoy Corea del Sur) en 1821, en el seno de una familia yangban; esto es, perteneciente a la nobleza y, por lo tanto, parte de la clase gobernante del país.

De pequeño, Andrés fue víctima de la intolerancia. Junto a sus padres tuvo que trasladarse a Kolbaemasil (provincia de Gyeonggi), en el intento de huir de la persecución que los grandes señores del país habían organizado contra los cristianos, nacionales y extranjeros. La sociedad coreana era en su gran mayoría confucionista, y marcadamente enemiga de todo tipo de influencia foránea, especialmente la que ejercía la Iglesia Católica.

Heredero de un mártir

El padre de Andrés, San Ignacio Kim, era un converso al catolicismo que hizo de su familia y su hogar una “pequeña iglesia”. En esta, otros cristianos pudieron encontrar apoyo y refugio espiritual. San Ignacio Kim moriría mártir en 1839, víctima del odio contra los católicos.

En 1845 Andrés se traslada a Shanghai, en China continental, donde fue ordenado por el obispo Jean Joseph Ferréol, de origen francés, convirtiéndose en el primer sacerdote originario de Corea.

Misionero en su propia tierra

Kim fue arrestado al tratar de hacer ingresar a la península coreana a un grupo de misioneros franceses provenientes de China. Después de pasar varios meses en prisión, fue condenado a muerte y finalmente ejecutado en 1846. El santo murió decapitado junto con otros mártires.

De acuerdo a las palabras recogidas en el libro Construyendo puentes: ¿Hay esperanza para Corea del Norte? de Alton, David y Chidley, Rob (2013), Kim alcanzó a decir antes de morir:

Andrés Kim, modelo para los cristianos de Asia

San Andrés tenía solo 25 años cuando se le aplicó la pena de muerte. Fue canonizado por el Papa San Juan Pablo II el 6 de mayo de 1984 junto a otros 102 mártires de Corea, entre los que también estuvo San Pablo Chong Hasang (1795-1839). La ceremonia de canonización se llevó a cabo durante la visita del Papa polaco a Corea del Sur.

San Andrés junto al numeroso grupo de mártires coreanos constituyen hoy por hoy no solo modelos de virtud y santidad, también son símbolos de la unidad entre las dos Coreas (antaño una sola nación), la del norte, cuya Iglesia sufre las imposiciones del control estatal, y la del sur, que trabaja por extenderse y fortalecerse.

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Fuente: aciprensa

Hoy celebramos a San Francisco María de Camporosso

Hoy celebramos a San Francisco María de Camporosso

Buenos Aires, viernes 19 de septiembre (PR/25) .- Según el Martirologio Romano hoy se celebra a san Francisco María de Camporosso.

En Génova, de la región de la Liguria, san Francisco María de Camporosso, religioso de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, e fue eximio por su caridad para con los pobres y por su entrega al bien y salvación de sus vecinos enfermos, haciéndose ofrenda como víctima de la peste arrasadora (1866).

Fecha de beatificación: 30 de junio de 1928 por el Papa Pío XI
Fecha de canonización: 9 de diciembre de 1962 por el Papa Juan XXIII

Breve Biografía

En 1804 en Camporoso, una localidad que se encuentra apenas se cruza la frontera francesa-italiana, nació en el seno de una familia humilde un niño a quien pusieron por nombre Juan, quien al igual que sus hermanos, recibió una educación religiosa muy simple, pero eso si, sin descuidar nunca a la Misa y la oración. Como hacia falta manos para el trabajo en campo, apenas tuvo edad para hacer faenas, el padre lo puso a guardar el ganado.

A los 18 años el santo conoció a un hermano del convento de los monjes menores, y despertó en él el deseo de consagrarse al servicio de Dios. Fue admitido como terciario en el convento franciscano de Sestri Ponente y queriendo tener una vida de mayor austeridad, solicitó su ingreso entre los frailes menores capuchinos. Al año siguiente hizo su profesión en Génova, cambiando su nombre a Francisco María, y se le envió a trabajar en la enfermería para el cargo de gestor, cuyo oficio consistía en pedir limosna de puerta en puerta.

En numerosas ocasiones, San Francisco recibió rotundas negativas por parte de los genoveses que no estaban muy dispuestos a ayudar a los religiosos, pero preservó con inagotable paciencia durante 10 años y llegó ser el mejor limosnero conocido en la ciudad donde ninguno de sus habitantes lo trataba mal o le negaba algo. Se le atribuyeron numerosos milagros y curaciones de enfermos, y toda Génova lo llamaba Padre Santo pues él era un verdadero padre para todos los pobres y afligidos que acudían a él.

Una terrible epidemia de cólera devastó la ciudad, y San Francisco, abatido y casi inmovilizado por una dolorosa operación, ofreció al Padre Celestial su vida a cambio del cese de la epidemia. El 15 de setiembre fue atacado por la enfermedad y dos días después falleció, disminuyendo la fuerza de la epidemia hasta que cesó completamente. El Papa Juan XXIII lo canonizó el 9 de diciembre de 1962.

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Fuente: Aciprensa

 

 

Hoy celebramos a San José de Cupertino, el santo que podía volar

Hoy celebramos a San José de Cupertino, el santo que podía volar

¡No te canses de rezar!

“Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el Cielo es de bronce. Todo el que le pide, recibe”, decía este gran franciscano, expresando de manera inmejorable cuánto había hecho Dios en su vida gracias a su oración perseverante.

Como muestra, basta este “pequeño” detalle: José nunca fue bueno en los estudios, pero a pesar de esta dificultad, de Dios recibió las fuerzas y la luz necesarias para seguir adelante. Por eso hoy -y no por azar- se le considera patrono de los estudiantes, en especial de los que pasan por problemas académicos.

“Todo lo puedo en aquel que me fortalece» (Fil 4, 13)

Giuseppe María -José María, su nombre de pila- nació en 1603, en el pueblo de Cupertino, región de Lecce (Reino de Nápoles, hoy Italia), en el seno de una familia muy humilde.

A los 17 años pidió ser admitido por los franciscanos, en la rama de los Frailes Menores Conventuales; sin embargo, fue rechazado. Poco después, solicitó el ingreso a los Hermanos Menores Reformados, otra rama de la Orden de San Francisco de Asís, pero tampoco tuvo éxito. Y es que José casi no había recibido instrucción en su vida y, en lo poco recibido, no ataba ni desataba.

A pesar de estos “fracasos”, José se animó a hacer un nuevo intento. Esta vez con los frailes capuchinos, quienes sí lo recibieron en calidad de hermano lego.

Sin embargo, contra lo que podía esperarse después de tanto luchar, José terminó siendo expulsado del convento al cabo de unos meses. La razón: era muy distraído, y sus superiores lo denunciaron por “ineptitud”. Sus biógrafos suelen dar cuenta de su torpeza: dejaba caer constantemente los platos que llevaba al comedor, se olvidaba los encargos asignados y parecía que siempre estaba abstraído, fuera del mundo, pensando en cualquier cosa.

Ser santo es saber ponerse de pie

San José de Cupertino, entonces, buscó refugio en casa de un familiar adinerado. Pese a la acogida inicial, este también terminaría echándolo a la calle, frustrado por sus continuos yerros. Tras esto, José dejó confirmados con creces los rumores que lo señalaban como “un bueno para nada”. Es entonces que su madre intervino y fue a rogarle a un pariente suyo, un fraile franciscano, que recibiera al muchacho como mandadero de su convento.

Esta vez, José sería aceptado como obrero: como no era bueno para los mandados fue enviado a trabajar en el establo. Y, para sorpresa de muchos, no le fue tan mal. Algo había pasado: a golpes, en su todavía corta vida, San José había quedado firmemente sujeto a la cruz, su ancla y su cimiento. A partir de entonces, el muchacho empezaría a desempeñarse cada vez mejor, mostrando incluso destreza para su noble oficio.

“Vida eterna a los que perseveran en hacer el bien” (Rom 2, 6)

Al poco tiempo, los frailes mayores determinaron que José estudiase para ser sacerdote. Sin embargo, en los exámenes y evaluaciones, José parecía incapaz de salir airoso. Preso de los nervios por lo poco dotado de claridad para expresarse, la mayoría de veces se quedaba en silencio frente a sus maestros, con la mente en blanco.

Así llegó el día del inicio de las pruebas finales, y el examinador anunció que abriría la Biblia y leería un pasaje al azar para escuchar la interpretación del estudiante. José estaba aterrorizado esperando su turno.

En la última prueba -el examen definitivo para definir quiénes serían ordenados-, el obispo a cargo de la evaluación comenzó a preguntar a los primeros frailes del grupo en el que estaba José. Como todos fueron respondieron muy bien, el prelado decidió no seguir examinando al resto porque no lo consideró necesario. San José -el siguiente de la lista de candidatos-, se libró, sin pretenderlo, de la prueba.

El que menos diría que se trató de un “golpe de suerte”, pero quizás no fue así. Pareció, más bien, que Dios quiso aligerarle el día al santo, quien había hecho todos los esfuerzos posibles para llegar bien preparado.

Patrono de los estudiantes

El 18 de marzo de 1628, Fray José fue ordenado sacerdote, muy consciente de que no tenía cualidades especiales para predicar ni enseñar, pero sí el amor debido a la Eucaristía. Decidió también por eso, de manera especial, apuntalar su sacerdocio con penitencias y oraciones por los pecadores.

“¡Quién me diera alas como de paloma!” (Sal 55, 6)

Fue en esa ruta espiritual como San José llegó a abrazar la vida mística. Caía en éxtasis constantemente y en ocasiones sus hermanos lo vieron levitar. Incluso fue visto volando como si de un ave se tratase, yendo de un lado a otro para atender necesidades espirituales de los fieles.

En el libro de la causa de canonización de San José de Cupertino consta que fueron numerosos los testigos que presenciaron los hechos sobrenaturales mencionados. Entre estos se cuenta el del Papa Urbano VIII (p. 1623-1644) y el del príncipe protestante Juan Federico, duque de Brunswick-Luneburgo (1625-1679), quien gracias a Fray José se convirtió al catolicismo.

“Volaría y hallaría reposo” (Sal 55, 6)

San José de Cupertino partió a la Casa del Padre el 18 de septiembre de 1663. Fue beatificado en 1753 por Benedicto XIV y canonizado en 1767 por Clemente XIII.

Es el santo patrono de los viajeros de avión, de los aviadores, de los que tienen alguna discapacidad mental y de los estudiantes que rinden exámenes.

Si quieres saber más sobre este gran santo, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católicahttps://ec.aciprensa.com/wiki/San_Jos%C3%A9_de_Cupertino.

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Fuente: Aciprensa

Hoy celebramos a San Roberto Belarmino, apasionado defensor de la verdad y de la Iglesia

Hoy celebramos a San Roberto Belarmino, apasionado defensor de la verdad y de la Iglesia

Solo hace unos años, en 2021, se celebró el cuarto centenario de su muerte, acontecida el 17 de septiembre de 1621; así como los 90 años desde que fue incluído en la lista de Doctores de la Iglesia, el 17 de septiembre de 1931.

Por el camino estrecho

“Considera auténtico bien para ti lo que te lleva a tu fin, y auténtico mal lo que te impide alcanzarlo”, escribió alguna vez Belarmino, dejando entrever la importancia de buscar siempre los designios de Dios para la propia vida, de manera que el alma pueda recorrer el camino dispuesto por Dios para alcanzar la felicidad, la plenitud y la santidad.

San Roberto fue un valiente defensor de la Iglesia Católica ante quienes quisieron destruirla o dañarla. Eran los tiempos de la Revuelta Protestante, y, contra lo que generalmente se piensa, puede que los enemigos más peligrosos no estuvieran “fuera de la Iglesia” sino dentro. Una profunda crisis del clero y de buena parte de la jerarquía debilitaba el catolicismo desde su propio centro.

No hay mayor tesoro que Cristo

Ya ordenado, se desempeñó como profesor y formador de novicios. Belarmino se sentía muy a gusto como jesuita pues le permitía dedicarse a sus dos grandes pasiones: la oración y el estudio. Pensaba, para sus adentros, que así podría evitar pesados cargos eclesiales o jerárquicos; aunque, como después quedaría en evidencia, ya Dios tenía pensado otro camino para él.

El joven Padre Belarmino amaba profundamente el saber y gustaba mucho de la prédica. Dadas sus dotes naturales para esos menesteres, se afanaba por hacer de sus escritos y homilías auténticas piezas de erudición -manejaba muy bien a los clásicos y era un gran conocedor de la Biblia- hasta que descubrió que la riqueza del mensaje de la Iglesia no reside en los adornos o exuberancias retóricas, sino en mostrar con sencillez y profundidad a la persona de Cristo. Precisamente, con ese espíritu humilde escribió algunas de las versiones más acabadas que existen del catecismo.

San Roberto combatió varias herejías y se convirtió en uno de los más fuertes impulsores del movimiento de la Contrarreforma. Lo suyo no fue precisamente lo que hoy llamaríamos “corrección política”: a los protestantes los trataba simplemente de “herejes”; mientras que sus afanes por dar a conocer la recta doctrina no brotaron ni del desprecio del otro, ni de una falsa conciencia superior. Belarmino solo tenía un “problema”: al error le llamaba “error”, sin ambages ni escrúpulos.

Entre otras responsabilidades, el P. Belarmino sirvió en la curia romana como consultor y prefecto en varios dicasterios. De hecho, debido a sus cargos tomó parte en los procesos que se les siguieron a Galileo Galilei (1564-1642) y Giordano Bruno (1548-1600), en los que actuó con prudencia, caridad y celo por la verdad.

Las enseñanzas de su madre en torno a la humildad y la sencillez repercutieron en su forma de ser, especialmente cuando Roberto entendió de veras que su tesoro estaba en Cristo y no en el reconocimiento o el aplauso de la gente.

Si desde un punto de vista humano podría decirse que sus talentos lo ubicaron en una posición ‘ascendente’ o ‘expectante’ -formado por el mismísimo San Francisco de Borja, luego ordenado con celeridad y, a pedido del Papa, puesto a cargo de la preparación de los sacerdotes de Roma para que aprendieran a enfrentarse a los enemigos de la fe-, sobre su corazón siempre pesaron más las invocaciones de su madre para que pusiera todo de sí, al servicio de quien más lo necesita.

Con la mirada puesta en Roma

San Roberto dirigió una edición revisada de la Biblia (Vulgata) y redactó dos versiones del Catecismo de la Iglesia Católica: el Catecismo resumido y el Catecismo explicado. Ambos textos fueron traducidos a varios idiomas y se les consideró de uso común hasta el siglo XIX. Asimismo, el santo se desempeñó como director espiritual por años sirviendo a distintos tipos de personas. Quizás el más célebre de sus dirigidos haya sido San Luis Gonzaga (1568-1591).

Por razones como esta, San Roberto Belarmino, a pesar de pertenecer a la Compañía de Jesús y haber prometido no aspirar a cargos eclesiales, fue nombrado arzobispo; y no solo eso, sino que años más tarde llegaría a ser creado cardenal.

El Papa Clemente VIII, el 3 de marzo de 1599, declaraba frente a la curia: “Hemos elegido a este hombre porque no hay en la Iglesia de Dios alguien que se le iguale en deseo de aprender”.

“He combatido el buen combate” (2 Tim 4, 7)

Poco antes de morir, el santo escribió en su testamento que sus pertenencias deberían ser repartidas entre los pobres; aunque la verdad era tan poco lo que tenía que al final lo dejado solo alcanzó para costear su funeral. Al momento de su muerte, San Roberto se hallaba retirado en el noviciado de San Andrés en Roma. Desde allí partió a la Casa del Padre el 17 de diciembre de 1621.

El Papa Pío XI lo beatificó en 1923 y lo canonizó en 1930. El 17 de septiembre de 1931 -un año después de su canonización- fue declarado Doctor de la Iglesia por el mismo Pontífice.

Legado intelectual

La obra de San Roberto Belarmino es extensísima, solo comparable con la de santos como San Agustín de Hipona o Santo Tomás de Aquino.

No obstante, al margen de tan llamativa consideración, el santo escribió en su libro De ascensione mentis in Deum (Sobre la elevación de la mente a Dios): “El sabio no debe ni buscar acontecimientos prósperos o adversos, riquezas y pobreza, salud y enfermedad, honores y ultrajes, vida y muerte, ni huir de ellos de por sí. Son buenos y deseables sólo si contribuyen a la gloria de Dios y a tu felicidad eterna; son malos y hay que huir de ellos si la obstaculizan”.

¡San Roberto Belarmino, ruega por nosotros!

Si deseas conocer más sobre San Roberto Belarmino, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Roberto_Bellarmine.

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Fuente: Aciprensa