Barrio, que participó del Congreso de Aapresid, subrayó la importancia de acercar las ciencias agrarias y ambientales a los jóvenes con un mensaje cargado de corazón.

Antonio Barrio acompaña a estudiantes mientras recorren un predio de la FAUBA, mostrando el trabajo en el campo y compartiendo su pasión por la Agronomía. (Foto: Antonio Barrio).
Antonio Barrio acompaña a estudiantes mientras recorren un predio de la FAUBA, mostrando el trabajo en el campo y compartiendo su pasión por la Agronomía. (Foto: Antonio Barrio).

La docencia se convirtió en su mayor satisfacción

Su camino hacia los ámbitos de la biología estuvo marcado por la constancia y la pasión. “Cuando me fui de viaje a Bariloche me quedé enganchado con el bosque, el paisaje más lindo que había visto”, recordó.

A pesar de trabajar en un empleo que no le gustaba y criar a sus hijos, nunca abandonó su sueño: “Siempre tuve ese signo de pregunta de la Agronomía, y mi esposa le puso el agua para sacarla a luz”. Finalmente, “a ritmo lento” logró recibirse de ingeniero agrónomo, mostrando que la perseverancia y el amor por lo que uno hace pueden transformar la vida.

“Todo se enseña en la UBA, cómo acercarse a los productores; la carrera da un abanico de posibilidades”, destacó. Con emoción en su voz también recordó las oportunidades que recibió gracias a la universidad: “Soy primera generación de mi familia que terminó una carrera, me becaron para hacer cursos en China y obtuve una beca para ir a Alemania, todo eso gracias a la UBA”.

Y su mensaje a los estudiantes es directo y esperanzador: “Les digo que se formen y aprovechen la posibilidad de estudiar, porque les cambia la vida”.

Antonio Barrio en clase en un aula de la FAUBA, transmitiendo su pasión por la Agronomía a los estudiantes. (Foto: Antonio Barrio).
Antonio Barrio en clase en un aula de la FAUBA, transmitiendo su pasión por la Agronomía a los estudiantes. (Foto: Antonio Barrio).

“Cuando quería estudiar Agronomía me parecía que era demasiado para mí. Entré a un profesorado de química, pero al año lo abandoné. No fue tan malo porque ahí conocí a mi esposa. Nos casamos, tuvimos dos hijos y valió la pena”, relató.

Antonio Barrio participa de la charla en Aapresid Aprender, compartiendo su experiencia y motivando a los estudiantes pese a la ELA. (Foto: Aapresid).

Su historia profesional es un ejemplo de constancia y pasión por la educación

Con el tiempo, y con el apoyo de su esposa, decidió inscribirse en la carrera de Ingeniería Agronómica, cursando las materias de noche, de 18 a 21, mientras criaba a sus hijos.

“Siempre que entraba a la facultad decía: ‘¡Ay, qué alivio que estoy acá!’”, recordó. “Antes trabajaba como administrativo en un tostadero de café, un empleo que no me gustaba nada, pero cuando llegaba el momento de cursar mis materias de Agronomía me sentía muy bien, muy feliz”, confesó.

Su vínculo con la docencia se consolidó al ser invitado por la cátedra de Cultivos Industriales a colaborar en las clases. “Fue tan grande para mí porque tuve como compañeros a profesores que me enseñaron muchísimo. Entendí que la agronomía no solo es producir: implica economía, sociología, curar y cuidar nuestros ambientes”, afirmó.

Antonio Barrio comparte su pasión por la Agronomía con un grupo de estudiantes de escuela, mostrando experiencias prácticas y motivándolos a conocer la carrera. (Foto: Antonio Barrio).
Antonio Barrio comparte su pasión por la Agronomía con un grupo de estudiantes de escuela, mostrando experiencias prácticas y motivándolos a conocer la carrera. (Foto: Antonio Barrio).

Antonio comenzó trabajando ad honorem, pero pronto obtuvo un puesto full time, donde asegura que su felicidad se consolidó. Desde entonces, se dedicó a acercar la carrera de Agronomía a estudiantes de escuelas secundarias, especialmente urbanos, que desconocen el alcance de esta profesión. “Hacemos biotecnología, rotación de cultivos, cuidamos el ambiente. Enseñamos ecología de malezas para entender el ciclo y tener otras herramientas”, detalló.

Su vocación por inspirar a otros se refleja en anécdotas que lo llenan de orgullo. “Una vez vino una chica a una charla y después me escribió que quería volver. Vino con su hermana, que estudiaba profesorado de biología. Un año después me las encuentro y las dos se habían anotado. Para mí, fue un momento de mucha felicidad”, contó.

En total, más de 2100 estudiantes visitaron la FAUBA en 2023, mientras que más de 75.000 participaron en ferias educativas y encuentros virtuales. Las visitas guiadas, charlas y conversatorios permiten a los jóvenes vivir la experiencia universitaria, tocar el suelo, observar cultivos y aprender sobre clonación y rotación, demostrando que la facultad ofrece un abanico de posibilidades más amplio de lo que se suele imaginar.

El profesor dicta clase en un aula de la FAUBA, transmitiendo su entusiasmo por la Agronomía a los estudiantes.(Foto: Antonio Barrio).
El profesor dicta clase en un aula de la FAUBA, transmitiendo su entusiasmo por la Agronomía a los estudiantes.(Foto: Antonio Barrio).

Pese a la ELA, Barrio mantiene un mensaje de esperanza y motivación: “Estoy en una etapa complicada de la vida, pero mi idea es seguir sembrando. Quiero invitar a las empresas y a los agrónomos a abrir las puertas de sus establecimientos y fábricas, porque los chicos no saben lo que hacemos. Nuestra forma de vivir es hermosa, y tenemos que cambiar el modelo de que sin campo no tiene sentido estudiar Agronomía”.

Antonio enfatizó que la tarea del sector agropecuario es fundamental: “No somos malos, nos gusta producir más y mejor para un mundo que no deja de crecer en población, pero con una superficie escasa”.

A los jóvenes les dijo con convicción: “Son maravillosos, necesitan ser escuchados, tener donde reflejarse. El valor de una vida no es lo que producimos, sino lo que se deja sembrado”.

Con cada charla, visita de estudiantes y anécdota compartida, Antonio Barrio demuestra que la pasión, la vocación y el compromiso pueden superar cualquier adversidad, dejando una huella a las nuevas generaciones de agrónomos a soñar y comprometerse con la educación, el ambiente y la ciencia.

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Fuente: TN Campo