May 6, 2026 | Actualidad, Vitivinicultura
Tras el fin del aporte obligatorio, las bodegas celebran la recuperación de su autonomía financiera mientras la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) enfrenta el desafío de subsistir únicamente mediante la voluntad del sector privado. La medida del Gobierno desmantela un sistema de recaudación coactivo que, tras veinte años, no logró cumplir con las metas de exportación prometidas.
Buenos Aires, miércoles 6 mayo (PR/26) — El ecosistema vitivinícola argentino atraviesa un sismo institucional tras la decisión del Gobierno nacional de desarticular el modelo de financiamiento de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar).
Lo que durante dos décadas fue una estructura sostenida por la obligatoriedad, hoy se enfrenta a un desafío de supervivencia: las bodegas y establecimientos productivos han recuperado la potestad sobre sus recursos, celebrando el fin de una carga que afectaba su rentabilidad y competitividad.
La medida, oficializada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, extingue el flujo de fondos automáticos provenientes de cada litro de vino. Este cambio de paradigma coloca a la Coviar en una posición de examen constante, donde su continuidad dependerá exclusivamente de la voluntad del sector privado para sostenerla mediante aportes voluntarios.
Las bodegas recuperan autonomía frente al «impuesto» privado

Para la gran mayoría de las bodegas, la eliminación de la contribución obligatoria representa un alivio financiero inmediato. El sector privado ha manifestado de forma contundente que el esquema anterior —donde el Estado actuaba como agente de cobro para una entidad privada— era una distorsión que restaba agilidad al mercado.
Desde la perspectiva de los industriales, si la Coviar desea seguir representando los intereses del sector, debe hacerlo bajo las reglas de la libertad de asociación.
«Si una institución aporta valor real, los privados invertirán en ella de forma voluntaria», es la premisa que hoy recorre los pasillos de las principales cámaras bodegueras, quienes comparan este nuevo camino con el éxito de entidades como Wines of Argentina, financiadas genuinamente por sus socios.
Mendoza y la mirada de los directores: «Si no funciona, se cambia»
El pulso de la provincia de Mendoza, motor de la industria, también se ha inclinado a favor del cambio.
El Ministro de Producción local, Rodolfo Vargas Arizu, quien posee una silla en el directorio de la Coviar, fue uno de los más directos al analizar la situación. Reconoció que la corporación no logró cumplir con las metas de exportación y mercado interno planteadas originalmente, y que el estancamiento de los últimos años obligaba a una reforma profunda.

Vargas Arizu ha hecho un llamado a «desdramatizar» la pérdida del financiamiento estatal. Según su visión, este es el momento para que la vitivinicultura argentina demuestre su madurez.
El ministro mendocino sostiene que la industria debe enfocarse en vender más y mejor, dejando atrás las estructuras que no lograron adaptar sus resultados al aporte que exigían de los productores.
Sturzenegger y el cuestionamiento a la gestión de fondos
Desde el ámbito nacional, el ministro Federico Sturzenegger ha sido el principal crítico de la gestión de la Coviar. El funcionario detalló que, bajo el amparo del Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI), se le extrajeron al sector cerca de U$S 300 millones en dos décadas, sin que eso se tradujera en un aumento de la cuota de mercado mundial, que sigue clavada por debajo del 2,5%.

El Gobierno sostiene que la Coviar intentó «autoprorrogarse» facultades y financiamiento sin el aval correspondiente, lo que derivó en la intervención administrativa actual.
Con la nueva resolución, se ordena un cierre administrativo de tres meses para que la entidad rinda cuentas detalladas sobre el uso de los activos percibidos y el cumplimiento real de las metas de competitividad que justificaban su existencia.
El futuro institucional: Entre la judicialización y la unión

Mientras la Coviar evalúa posibles presentaciones judiciales para defender su anterior estatus, el resto de la cadena ya mira hacia adelante. La propuesta de unificar los grandes eventos del sector —como los clásicos almuerzos y desayunos de la Vendimia— gana fuerza como un símbolo de la nueva era: una vitivinicultura unida por objetivos comerciales y no por leyes de contribución forzosa.
La Coviar mantiene su personería jurídica, pero el mensaje de las bodegas y el Gobierno es claro: el tiempo del financiamiento coactivo ha terminado. El éxito de la entidad ahora depende de su capacidad para convencer a los productores de que su gestión es, efectivamente, una inversión y no un gasto.
Primicias Rurales
Abr 22, 2026 | Especial, Vitivinicultura
En Luján de Cuyo, Mendoza, el ingeniero Ricardo «Charly» García lidera un proyecto vitivinícola disruptivo basado en variedades no tradicionales y sistemas de conducción natural. Bajo una filosofía de mínima intervención y solidez técnica, busca consolidar su marca en el mercado local y proyectar sus primeras exportaciones a Estados Unidos.
Luján de Cuyo, miércoles 22 abril (PR/26) — En Mendoza, el empresario CREA Ricardo García apostó por vinos con variedades no tradicionales y sistemas de conducción sin poda, y logró crecer en un contexto de crisis.
Lidera un proyecto creativo en Mendoza basado en experiencias europeas y argentinas.
A Ricardo le dicen “Charly”, y su apellido es García. Pero su camino no siguió la música, sino el vino. Tras años de asesorar viñedos y bodegas, en 2018 inició un proyecto propio junto a su esposa y un amigo, donde volcó su experiencia y exploró nuevas variedades y sistemas de conducción no convencionales, con buenos resultados.
En Perdriel, Mendoza, elaboran vinos a partir de uvas propias, que buscan expresar el carácter de cada ambiente y diferenciarse de las variedades clásicas. Uno de ellos, “El jardín de Alicia”, toma su nombre del universo narrativo de Lewis Carroll, como la canción del popular músico argentino.

Recuperación y resiliencia productiva
La finca se llama Viñedos El Mirlo y forma parte del grupo CREA Vignerons, de la región Valles Cordilleranos. “Somos una empresa muy pequeña, que trabaja con prácticas sustentables”, resumió. “Estamos ubicados en Luján de Cuyo, una zona histórica de producción de uvas, tierra de Malbec. Pero cuando vas llegando a la finca, ves muchas otras que fueron abandonando el negocio en medio de una crisis muy profunda”, lamentó.
García decidió involucrarse de manera directa en la producción junto al productor Pablo Tripodi y a su esposa, Graciana Monneret.
Hace ocho años recuperaron una finca familiar de siete hectáreas que había quedado sin actividad tras la crisis de 1987, aunque se mantuvo en uso mediante alquileres para conservar los derechos de riego.
“Recolonizamos la tierra y plantamos los viñedos, primero con el objetivo de vender uvas. Obtuvimos buenos rindes y calidad, lo que nos permitió abastecer a distintas bodegas”, señaló. Durante los primeros años, la comercialización de uva representó cerca del 50% de los ingresos de la empresa, pero la ecuación empezó a cambiar cuando avanzaron en la elaboración de vinos y ganaron peso en ese segmento.
García advirtió que aún no viven del emprendimiento, aunque es un desafío hacia el futuro, y para eso apuestan a realizar nuevas inversiones. En paralelo, mantiene su rol como asesor en distintas empresas, muchas de ellas vinculadas a la red CREA.
Expresión botánica y variedades alternativas

La finca cuenta con dos viñedos bien diferenciados. Por un lado, el esquema tradicional, con Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Malbec conducidos en espaldero. Por otro, una unidad más pequeña —El Pichón— donde avanzan con manejos orgánicos y biodinámicos, y certifican prácticas junto a un grupo de productores locales.
“Ahí empezamos a probar cosas distintas, sobre todo en variedades”, explicó García. La experiencia acumulada en Europa le abrió otra mirada sobre el potencial de Mendoza. “Veía que había variedades que podían adaptarse muy bien a nuestra zona, pero que no se usaban. Estábamos muy cerrados en el esquema clásico de Burdeos”, señaló.
En esa búsqueda incorporaron nuevas opciones: Garnacha, Monastrell y Carignan entre las tintas, y Roussanne en blancas. Sobre un total de siete hectáreas, la mayor superficie sigue ocupada por Malbec, Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon —unas dos hectáreas cada uno—, mientras que 1,5 hectáreas se destinan a estas variedades alternativas.
Say no more: viñedos en libertad

El cambio no se limitó a la diversidad varietal. También avanzaron sobre los sistemas de conducción, con una lógica distinta a la tradicional. “Trabajamos con formas más libres, con mayor expansión vegetativa, sin poda o con intervenciones mínimas. Buscamos que la planta exprese su hábito botánico”, describió.
Ese enfoque dio lugar a modelos diversos: vasos abiertos, estructuras voluminosas y plantas con mayor desarrollo de madera. La idea es reducir la intervención y acompañar el crecimiento natural de la vid. “Fuimos armando todo con una lógica fisiológica, mirando cómo crece la planta en su estado natural”, agregó.
El concepto también atraviesa a los vinos. El nombre de uno de ellos, “Las lianas de Carignan”, remite a las características botánicas de la especie. “La vid es una liana. Entonces tratamos de copiar ese hábito, dejar menos cortes y que la planta envejezca antes, en un buen sentido”, explicó.
Además, estos manejos generan efectos concretos en la calidad. En Malbec, por ejemplo, comentó que los sistemas libres permiten obtener taninos distintos y mayor frescura, en un contexto donde el varietal suele ser cuestionado por perfiles más redondos o pesados.
En Carignan realizaron ensayos que profundizan esa línea. Este año probaron bajar la poda y trabajar con brotes decumbentes, en lugar de erectos. Esa práctica modificó el tamaño de la uva, con granos más livianos (pasaron de 1,8 a 1,3 gramos) y mayor concentración. Al mismo tiempo, lograron sostener la productividad, ya que el mayor número de racimos compensó esa reducción.
Vinos fuera de la autopista
La empresa lanzó su primer vino en 2022, con una producción acotada. Desde entonces, el crecimiento fue gradual, siempre a partir de uvas propias. “Buscamos elaborar vinos rebeldes, saliendo de la autopista. Esa es nuestra filosofía”, resumió García.
Con el tiempo incorporaron equipamiento, con vasijas de elaboración, ánforas de arcilla y barricas. “En las ánforas pensamos hacer un vino nuevo, aunque sean pocos litros, 250 o 300 botellas, con características totalmente distintas… después me las tomaré yo”, bromeó.
El enfoque está puesto en que cada vino refleje su origen. Para eso, avanzaron en un trabajo más fino sobre el viñedo, diferenciando ambientes dentro de cada lote. “Este año zonificamos recorriendo la viña, caminándola, midiendo vigor y probando uvas”, explicó. A partir de esa zonificación, por ejemplo, en una misma superficie de Garnacha lograron múltiples expresiones. “En 0,3 hectárea hicimos seis tipos de vinos”, señaló.
“Ahora pensamos hacer una pequeña bodega en casa. Así como no compramos uva de otros lados, queremos hacer el vino nosotros”, comentó. El objetivo es consolidar un modelo de trabajo integral, donde el mismo equipo produzca la uva, elabore el vino y comercialice la botella, un concepto asociado a la tradición francesa del vigneron, que hoy ya aplican, aunque mediante elaboraciones a fasón en bodegas de terceros.
La apuesta comercial y el mercado externo

En pocos años lograron posicionar una marca con reconocimiento, aunque todavía en una escala reducida. El crecimiento fue paulatino, acompañado por la demanda. “No tenemos mucho volumen ni vivimos de esto por ahora, pero vendemos todo lo que hacemos”, explicó García. Para este año proyectan unas 5000 botellas, con la intención de escalar a 15.000 o 20.000 en el mediano plazo.
El desarrollo comercial estuvo acompañado por el trabajo en red. El grupo CREA Vignerons fue clave en esa etapa inicial, especialmente en la apertura de mercados. A fines de 2024, por invitación de Andrés Biscaisaque, productor CREA, participaron de una feria en Buenos Aires, donde presentaron vinos de Garnacha y Monastrell. “Nos fue muy bien”, resumió.
La estrategia también incluye una segunda línea más accesible, con un corte de ambas variedades y un varietal de Roussanne. La respuesta del público fue positiva, a pesar de tratarse de cepas menos difundidas. “Invitamos a los consumidores a probarlas y vendimos todo”, señaló. “Hace poco nos quedamos sin ‘La danza de los colibríes’, un blend de esas uvas. Hicimos 1000 botellas, las fraccionamos en agosto y las vendimos desde enero”, contó.
Además de aumentar la presencia en Buenos Aires, donde concentran la distribución, el empresario destacó otras mareas más directas de llegar a sus clientes: “El boca a boca funciona. Cuando alguien prueba nuestros vinos, se convierte en un faro para otros”, afirmó.
La tercera para en el área de comunicación a punta a llegar al mercado externo. En ese sentido, para fines de abril esperan la visita de tres exportadores de Estados Unidos interesados en conocer los vinos.
“Tal vez podamos enviar un pallet. No tenemos mucho volumen, pero es interesante tener un pie afuera”, evaluó. “Estamos replanteando la empresa. Hay que crecer a demanda y ser sólidos en lo técnico y conceptual para permanecer más allá de la novedad”, concluyó.
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Abr 18, 2026 | Ferias / Exposiciones y Cursos, Vitivinicultura
Del 12 al 14 de mayo, Sitevinitech 2026 reunirá en el Complejo Las Naves a los principales referentes del sector para presentar soluciones en competitividad, innovación digital y maquinaria de vanguardia en un mercado global en plena transformación.
Mendoza, sábado 18 abril (PR/26) — La cuenta regresiva para el evento más trascendente de la industria vitivinícola en Latinoamérica ya comenzó.
Con la totalidad de su superficie comercializada y una proyección de más de 10.000 visitantes, la edición 2026 de la feria Sitevinitech se perfila como un termómetro clave para medir el pulso de la producción y los negocios en el Cono Sur.
Renovación tecnológica y eficiencia operativa

En un escenario marcado por la necesidad de optimizar recursos, la feria presentará una superficie de
exposición superior a los 8.000 metros cuadrados. Un dato que resalta el vigor del encuentro es que el 30% de los expositores son nuevos, lo que garantiza una oferta renovada en servicios y desarrollos técnicos.
Frente a la actual coyuntura de baja en el consumo a nivel mundial, la feria se propone como una plataforma estratégica para:
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Reducir costos operativos mediante procesos automatizados.
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Implementar tecnología de precisión, con el uso de drones y software de análisis de fincas.
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Exhibir maquinaria de última generación y sistemas de pulverización de alta eficiencia.
Sitevinitech 2026 es la feria vitivinícola y agrícola más importante de Latinoamérica, enfocada en innovación, tecnología y negocios. Se celebrará del 12 al 14 de mayo en el Complejo Las Naves, Mendoza, Argentina, reuniendo a más de 150 expositores, con demostraciones de drones, maquinaria, y rondas de negocios internacionales para el sector.

Un polo de conocimiento y exportación de servicios
Más allá de los fierros y los insumos, Mendoza reafirma su rol como exportadora de conocimiento enológico. La agenda de este año incluye rondas de negocios internacionales con delegaciones de Uruguay, Perú, Bolivia, Ecuador y México, interesadas no solo en productos, sino en servicios de diseño, marketing y gestión vitivinícola.
Durante las tres jornadas, el predio ofrecerá un ciclo de charlas y talleres de formación en conjunto con entidades como Bodegas de Argentina, enfocados en brindar herramientas concretas para mejorar la productividad y competitividad del sector.
Cómo participar
La organización ha habilitado la pre-acreditación online a través de su portal oficial. Cabe destacar que el acceso será gratuito por tiempo limitado y, debido a la alta demanda esperada, los cupos para las actividades especiales y conferencias serán restringidos.
Este encuentro no solo representa una vitrina para las empresas locales, sino que consolida a la región como un referente ineludible del hemisferio sur en materia de innovación agroindustrial.
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