Tras años de caída, la forestoindustria argentina muestra una leve recuperación en 2025, pero enfrenta el desafío de reconvertirse, ganar competitividad y fortalecer su perfil exportador en un contexto de cambios tecnológicos, costos internos elevados y debilidad del mercado de la construcción.

Por Gerardo Alonso Schwarz
Economista Jefe del IERAL NEA –  Fundación Mediterránea

Buenos Aires, miércoles 11 febrero (PR/26)  — El sector forestoindustrial argentino, reconocido por su potencial de crecimiento y por contar con una superficie forestada cercana a 1,3 millones de hectáreas —con fuerte concentración en la región Mesopotámica— atraviesa un momento bisagra. Tras varios años de retroceso, aparecen señales de recuperación en 2025, aunque persisten desafíos estructurales que condicionan su capacidad para recuperar empleo, modernizarse y dar el salto hacia una inserción internacional más sólida.

La forestoindustria integra una cadena productiva diversa: desde la silvicultura hasta la industrialización de madera sólida, la producción de pasta celulósica y papel, y la generación de energía a partir de biomasa. Es un complejo con fuerte arraigo territorial, impacto regional y una relevancia estratégica tanto por su capacidad de generar valor agregado como por su contribución a la transición energética y a la economía circular.

Empleo: una década de estancamiento

El sector llegó a superar los 100 mil puestos de trabajo registrados en 2011 y 2012. Sin embargo, desde entonces se observa un proceso de estancamiento que hoy lo ubica en torno a los 90 mil empleos formales.

En los últimos tres años la caída fue generalizada en casi todos los subsectores —silvicultura, aserrado, productos de madera y papel— con retrocesos acumulados de entre 5% y 7%. La excepción fue la industria del mueble, donde el empleo cayó en 2024 pero mostró una rápida recuperación en 2025.

Cuando se compara con el desempeño del conjunto de la economía, la diferencia es clara. Entre 2010 y 2023 el empleo registrado total en Argentina creció 14%, mientras que en la forestoindustria cayó 4%. En los dos años más recientes, la economía en su conjunto sufrió una baja en 2024 y una leve recuperación en 2025 (+0,3%), pero el sector forestoindustrial volvió a contraerse: -3,1% en 2024 y -1,3% en 2025.

Este desempeño abre un interrogante central: ¿por qué un sector con ventajas naturales tan claras no logra sostener su nivel de actividad y empleo?

La dualidad del entramado productivo

Un rasgo estructural del complejo maderero es su fuerte heterogeneidad. Conviven empresas grandes y medianas, con alto nivel tecnológico y orientación exportadora, junto a una extensa red de PyMEs fuertemente dependientes del mercado interno, en especial de la construcción.

Sólo en la industria del aserrado y remanufactura de madera existen más de 750 empresas en la provincia de Buenos Aires, más de 400 en Misiones y más de 200 en Corrientes. Muchas de ellas producen tableros, molduras, madera estructural, pisos y otros insumos directamente vinculados al ciclo de la construcción.

Esta dependencia explica buena parte de la dinámica reciente.

Construcción en caída y exportaciones volátiles

El Índice de Producción Industrial de Madera (IPI Madera) registró en 2023 una caída del 6%, explicada tanto por la baja de la demanda de la construcción (-4%) como por un fuerte retroceso de las exportaciones (-19%).

En 2024 la contracción fue aún más severa: -14% en el índice sectorial. El desplome del 27% en la actividad de la construcción fue determinante, y el crecimiento exportador del 18% no logró compensar la caída del mercado interno.

Recién en 2025 aparece un rebote del 12% en la actividad industrial maderera, apoyado en un mejor desempeño exportador y una leve recuperación de la construcción. También se observa un aumento interanual del 7% en la superficie autorizada a construir, indicador que suele anticipar la demanda futura de materiales.

Sin embargo, el nivel de actividad todavía se encuentra por debajo de los registros previos a la crisis, por lo que la recuperación es incipiente y frágil.

Importaciones y transformaciones del sector

El aumento de importaciones de madera y derivados, concentrado en tableros de fibras y de partículas, creció 114% en el último año, aunque su magnitud sigue siendo relativamente baja (13 millones de dólares en 2025). Por el momento no constituye el principal factor de presión.

Más relevantes resultan los cambios tecnológicos en la construcción: mayor uso de perfilería metálica, sistemas industrializados y viviendas prefabricadas —en algunos casos importadas— que reducen la participación de insumos madereros tradicionales.

Exportar más, pero con reconversión

En este contexto, la expansión exportadora y la apertura comercial, junto con acuerdos con la Unión Europea y Estados Unidos, aparecen como una oportunidad clave para el sector. Argentina posee ventajas comparativas claras en la producción primaria forestal, pero el desafío es trasladar esa fortaleza a la industria, con mayor valor agregado y estándares internacionales.

Para muchas PyMEs orientadas históricamente al mercado local, este proceso de reconversión no es sencillo. Desde el sector se identifican varias líneas prioritarias:

  • Financiamiento para capital de trabajo e innovación tecnológica.

  • Créditos hipotecarios que impulsen la construcción.

  • Reducción de costos logísticos internos hacia puertos como Zárate y Buenos Aires.

  • Menores costos de energía eléctrica.

  • Acceso a certificaciones ambientales exigidas en mercados internacionales, como FSC.

 

RIMI y el rol del Estado

En el plano legislativo, el Régimen de Incentivos a las Inversiones Medianas (RIMI) surge como una herramienta para reducir la brecha con los grandes proyectos alcanzados por el RIGI. Permite amortización acelerada de inversiones y devolución de créditos fiscales, con umbrales más accesibles para PyMEs, desde 150 mil dólares en el caso de microempresas.

Se trata de un instrumento valorado positivamente, pero insuficiente por sí solo frente a la magnitud del proceso de reconversión que requiere el sector.

Aquí también aparece el rol clave de provincias y municipios: reducción de impuestos distorsivos, incentivos fiscales a la modernización, inversiones en infraestructura, modernización del transporte fluvial y esquemas de tarifas energéticas diferenciadas para industrias en transición.

Un sector en redefinición

La forestoindustria argentina atraviesa una etapa de redefinición estratégica. Con exportaciones en crecimiento y un mercado interno aún débil, el sector se ve obligado a mejorar eficiencia, tecnología y sostenibilidad.

El potencial es grande, pero convertir las ventajas naturales en competitividad industrial sostenida dependerá de una articulación efectiva entre empresas y políticas públicas.

La recuperación de 2025 es una señal alentadora, aunque todavía insuficiente para revertir una década de estancamiento.

El verdadero desafío es lograr que el rebote coyuntural se transforme en un proceso de crecimiento estructural, con más empleo, mayor valor agregado y presencia estable en los mercados globales.

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Fuente: Fundación Mediterránea