El ascenso del océano redefine costas y pone en riesgo territorios enteros. Un especialista consultado por Infobae advierte que los datos confirman un proceso acelerado que forzará migraciones y transformará comunidades
Por Camila Caruso
Buenos Aires, domingo 3 agosto (PR/25) — El aumento del nivel del mar amenaza a millones de personas en zonas costeras de todo el mundo (Imagen Ilustrativa Infobae)
El aumento del nivel del mar representa una de las amenazas más relevantes para las poblaciones costeras en todo el mundo. Desde pequeñas islas del Pacífico hasta grandes deltas asiáticos y regiones litorales de América, la evidencia científica y los análisis de expertos señalan escenarios de creciente preocupación para las próximas décadas.
El caso de Tuvalu, primera nación que inicia una migración planificada por el ascenso del nivel del mar, expone el rostro más urgente del cambio climático. Con sus nueve islas amenazadas por inundaciones y erosión, y más de un tercio de su población solicitando visados para Australia, la experiencia de este país insular anticipa los desafíos crecientes que enfrentan las comunidades costeras a nivel global.
Según informes de la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés), la aceleración de este fenómeno ya afecta a comunidades enteras y obliga a repensar estrategias de adaptación y supervivencia: “Los lugareños se están quedando sin opciones de adaptación, ya que la construcción de diques, la plantación de manglares y la mejora de los sistemas de drenaje ya no son viables”.
La información, también difundida por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), indica que el ritmo de aumento del nivel del mar se duplicó en las últimas décadas, y las proyecciones para 2050 y 2100 anticipan impactos sin precedentes en regiones densamente pobladas.
Tuvalu inició la primera migración planificada por el ascenso del mar, lo que anticipa desafíos globales (REUTERS/Kirsty Needham)
Según indicó el investigador Gerardo Perillo, licenciado en geología y doctor en oceanografía, miembro del CONICET y de la Academia Nacional de Ciencias, en diálogo con Infobae, “el fenómeno no se puede parar”, y la humanidad debe prepararse para convivir con un proceso que avanza sin retorno.
¿Qué es el nivel medio del mar y cómo se mide?
Comprender el nivel medio del mar (NMM) resulta fundamental para dimensionar el problema. Perillo explicó que no es un valor que se pueda observar directamente, sino que se calcula a partir de miles de mediciones de marea realizadas cada año en estaciones distribuidas por todo el mundo.
“La forma más simple es que se toman todos esos valores y se los promedia”, detalló el experto, aunque aclara que el método en realidad es mucho más complejo. Para establecer la variación a lo largo del tiempo, se grafica el NMM anual y se analiza la tendencia, idealmente con más de 50 años de datos.
Además, el nivel del mar no sube de manera uniforme en todo el planeta: existen regiones donde el ascenso es mucho mayor y otras donde incluso desciende, debido a factores locales como la subsidencia del terreno o la extracción de agua subterránea.
La aceleración del aumento del nivel del mar obliga a repensar estrategias de adaptación y supervivencia (Imagen Ilustrativa Infobae)
La NASA señala que el NMM es un indicador esencial del estado del clima, ya que integra información sobre el calentamiento oceánico y el deshielo de masas de hielo. Desde 1993, los satélites permiten medir con precisión el aumento global, que actualmente promedia alrededor de 3,4 milímetros por año, aunque con variaciones regionales significativas.
Causas del aumento del nivel del mar: deshielo, expansión térmica y factores humanos
El ascenso del nivel del mar es consecuencia directa del cambio climático y responde principalmente a dos procesos: el deshielo de glaciares y capas de hielo, y la expansión térmica del agua oceánica. Desde la NASA manifiestan que “las temperaturas oceánicas están aumentando, lo que lleva a la expansión del océano. Y a medida que las capas de hielo y los glaciares se derriten, agregan más agua”.
“Una de las razones del ascenso del NMM es justamente el calentamiento de los océanos que produce una expansión de la superficie del mar. El deshielo, no solo de los polos, sino especialmente de Groenlandia, lo que hace es aportar agua al mar”, indicó Perillo.
La NOAA agrega que, desde 1880, el nivel medio global subió entre 21 y 24 centímetros, y que el ritmo de ascenso se aceleró, pasando de 1,4 milímetros por año en el siglo XX a 3,6 milímetros por año entre 2006 y 2015.
El deshielo de glaciares y la expansión térmica del océano son las principales causas del aumento del nivel del mar (UMA)
Según estimaciones de la agencia, la pérdida de masa de Groenlandia aumentó de 34.000 millones de toneladas anuales en la década de 1990 a 247.000 millones entre 2012 y 2016. En el caso de la Antártida, la pérdida casi se cuadruplicó en el mismo periodo. La NASA advierte que, si todo el hielo terrestre se derritiera, el nivel del mar subiría más de 60 metros, aunque este escenario es extremadamente improbable en el corto plazo.
A estos factores se suma la alteración del ciclo del agua por actividades humanas, como la extracción de aguas subterráneas y la construcción de represas, que modifican el balance entre el agua almacenada en tierra y la que llega al océano.
“Lo que realmente es preocupante del aporte de agua es que disminuye la salinidad del mar, especialmente en las zonas polares y subpolares de los océanos. Allí se forman las masas de agua que luego se hunden y viajan a lo largo del fondo oceánico. Pero como las aguas ahora son menos saladas, la capacidad de hundirse disminuye y eso hace que se ralentice el gran sistema de circulación oceánica que es, en definitiva, lo que controla el clima de la Tierra”, agregó Perillo.
Proyecciones y regiones más vulnerables: islas del Pacífico, deltas asiáticos y costas de América
Regiones como islas del Pacífico, deltas asiáticos y costas de América son especialmente vulnerables al ascenso del mar (REUTERS/Loren Elliott)
Las proyecciones para las próximas décadas varían según los escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero. El Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) estima que, para 2100, el nivel del mar podría aumentar «entre 0,43 m (rango probable de 0,29 y 0,59 m) en un caso de bajas emisiones (RCP2.6) y 0,84 m (rango probable de 0,61–1,10 m) en un escenario de emisiones altas (RCP8.5) para el año 2100 en relación con 1986–2005?.
Perillo afirma que “todos los lugares con costas bajas están sujetos a potenciales inundaciones debido del ascenso del NMM”.
Sin embargo, las diferencias regionales son notables. En el Pacífico Sur, la WMO reportó que el nivel del mar ya supera el promedio global, y amenaza a islas donde más de la mitad de la población vive a menos de 500 metros de la costa. “El ascenso del nivel del mar es una amenaza existencial para naciones insulares enteras”, afirmó la secretaria general de la WMO, Celeste Saulo.
En Fiyi, por ejemplo, la erosión y las inundaciones destruyeron viviendas y cultivos, y la única defensa posible parece ser la reubicación de comunidades, aunque muchas personas se resisten por sus lazos ancestrales con la tierra.
Los habitantes de Fiyi deberían migrar debido a la destrucción de sus viviendas por el avance del mar (REUTERS/Loren Elliott)
En Asia, Bangladesh enfrenta un riesgo extremo: más del 40% de su población vive en el delta del Ganges-Brahmaputra, una zona que se hunde por la extracción de agua subterránea. Según Perillo, “un mínimo ascenso del NMM es suficiente para inundar más del 30% del país”.
En Argentina, donde el ascenso anual en las costas ronda los 2 milímetros, las áreas más expuestas incluyen el delta del Paraná, la bahía Samborombón, el estuario de Bahía Blanca y bahía San Antonio en Río Negro.
En Estados Unidos, la NOAA destaca que casi el 30% de la población reside en zonas costeras, y que el ritmo de ascenso es mayor en el Golfo de México y la costa atlántica media, debido a procesos como el hundimiento del terreno y la erosión. Ocho de las diez mayores ciudades del mundo están cerca del mar, lo que multiplica la vulnerabilidad de infraestructuras críticas.
Consecuencias para las comunidades y estrategias de adaptación
El impacto incluye inundaciones, erosión, salinización y migraciones forzadas, con soluciones que requieren adaptación y mitigación (REUTERS/Mohammad Ponir Hossain)
El impacto del aumento del nivel del mar se manifiesta en inundaciones más frecuentes, erosión de costas, salinización de acuíferos y pérdida de hábitats naturales. La WMO estima que al menos 50.000 habitantes de islas del Pacífico enfrentan cada año el riesgo de desplazamiento.
Perillo advierte que el mayor peligro para las comunidades costeras no proviene solo del ascenso gradual del mar, sino de la combinación con tormentas y fenómenos extremos. “La playa se irá estrechando y cada vez habrá menos.Con el tiempo serán inundados por el mar, no por el NMM sino por las tormentas que pueden superar las defensas costeras que los ingenieros inventen”, explicó el investigador del CONICET.
La migración climática ya es una realidad en lugares como Tuvalu y otras islas de Oceanía, y podría convertirse en tendencia global a medida que más territorios se vuelvan inhabitables. En el sudeste asiático, la intensificación de ciclones y lluvias extremas agrava la situación, como ocurrió en Filipinas en 2024, cuando una serie de tifones desplazó a más de 1,4 millones de personas.
Respecto a las soluciones, Perillo sostiene que “se pueden establecer estrategias de adaptación y mitigación”. Entre ellas, menciona la migración planificada, el abandono de zonas vulnerables y la construcción de defensas costeras. Sin embargo, advierte que muchas de estas infraestructuras, como los muros de cemento, pueden destruir el entorno natural y resultar menos eficaces a largo plazo.
Perspectivas a largo plazo y advertencias de los expertos
El nivel medio del mar se mide con miles de registros y satélites, y muestra un ascenso desigual en el planeta (Imagen Ilustrativa Infobae)
El consenso científico es claro: el ascenso del nivel del mar continuará durante siglos, incluso si se detuvieran hoy las emisiones de gases de efecto invernadero.
La NASA y la NOAA coinciden en que la magnitud y velocidad del fenómeno dependerán de las decisiones que se tomen en materia de reducción de emisiones y adaptación.
La experiencia de Fiji y Filipinas muestra que la adaptación requiere no solo soluciones técnicas, sino también sensibilidad cultural y apoyo internacional. El desafío es global y urgente: preparar a las comunidades para convivir con un mar que avanza, y diseñar políticas que permitan mitigar los daños y proteger a quienes viven en la primera línea del cambio climático.
En base a las medidas tomadas en los últimos 12 meses, como la baja de impuestos, financiamiento a medida, talleres sobre uso eficiente del agua y trabajo con las empresas proveedoras de equipos.
Buenos Aires, jueves 24 de julio (PR/25) .- La Dirección Nacional de Agricultura, dependiente de la Subsecretaría de Producción Agropecuaria y Forestal, participó de la mesa de trabajo Riego: Desarrollo y Estrategia para ampliar la superficie productiva bajo riego, que se realizó en el Pabellón Azul de la Exposición Rural.
En línea con los objetivos del Plan Nacional de Riego, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación, avanza en una política integral destinada a promover la expansión de las producciones agropecuarias bajo riego y a optimizar la gestión hídrica en todo el territorio nacional.
Como resultado de las medidas adoptadas, en los últimos 18 meses se vendieron más de 400 equipos de riego por pivot, con una inversión superior a 90 millones de dólares, lo que permite estimar un incremento de 35.000 has cubiertas. En el mismo sentido, se incorporaron más de 8000 has de riego por goteo, con una inversión de 36 millones de dólares.
La reducción de los costos de importación de equipos de riego con baja de aranceles del 14% al 2%, y la eliminación del impuesto PAÍS permitió una fuerte disminución en el precio final de la tecnología importada, facilitando su acceso a los productores.
Otro eje central ha sido la mejora de las condiciones de financiamiento, en articulación con el Banco de la Nación Argentina. Se extendieron los plazos crediticios hasta 10 años en pesos y 5 años en dólares, con períodos de gracia de hasta 18 meses y financiamiento del 100% de la inversión, incluyendo el IVA. Estas condiciones, aplicadas a las principales líneas del BNA, ofrecen un marco de mayor previsibilidad para quienes apuestan a incorporar nuevas hectáreas irrigadas con rendimientos estables en el largo plazo.
El Plan también contempla acciones de formación y sensibilización dirigidas a alumnos de escuelas agrotécnicas, técnicos y productores, con el fin de construir, junto a los proveedores de tecnología, una nueva generación de líderes agrícolas con conocimientos en uso eficiente del agua.
Estos avances reafirman el compromiso de la Secretaría con el desarrollo de una agricultura tecnificada, posicionando al riego como una herramienta clave para el crecimiento y la adaptación del agro argentino a los desafíos del presente y del futuro.
Pocos saben que al momento de cagar cargar nafta en una estación de servicio están contribuyendo con una alícuota del 5% sobre el valor del combustible que se destina al Fondo Fiduciario de Infraestructura Hídrica. En el caso del gas natural comprimido (GNC), el aporte es del 9%.
Buenos Aires, martes 22 de julio (PR/25) .- Creado en 2001 por el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo, lo recaudado por el instrumento fiduciario se destinó a la financiación de obras de infraestructura diseñadas para mitigar los desastres generados por la gran inundación registrada ese año en vastas regiones productivas de la provincia de Buenos Aires.
Lo que comenzó como una iniciativa para mitigar los excesos hídricos en una de las regiones agrícolas más productivas del país terminó en gran medida desvirtuándose durante el kirchnerismo, ya que, por ejemplo, buena parte de los fondos se derivaron a la construcción de represas en la provincia de Santa Cruz.
A partir de 2017 el gobierno macrista impulsó, con aportes de ese instrumento fiduciario, avances en el Plan Maestro de la Cuenca del Salado y el reacondicionamiento del Canal San Antonio-Arroyo de las Tortugas en el límite entre Córdoba y Santa Fe. Esas obras, con algunos altibajos, fueron continuadas durante la gestión de Alberto Fernández.
Pero durante la gestión de Javier Milei la “canilla” del fideicomiso fue prácticamente cerrada, lo que paralizó gran parte de las obras hídricas realizadas en la zona pampeana. Sin embargo, el flujo de ingresos del fondo jamás se detuvo.
Un documento oficial señala que el Fondo de Infraestructura Hídrica registró en el primer trimestre de 2025 ingresos por 41.201 millones de pesos, la mayor parte de los cuales se explican por los aportes forzosos realizados por propietarios de vehículos particulares y transportistas.
En términos reales, considerando el ajuste por inflación, se trata de un incremento del 304%, lo que se explica tanto por la recuperación del consumo de nafta como por la liberalización del precio del combustible instrumentado por el gobierno de Milei.
Sin embargo, el uso de los recursos del fideicomiso fue insignificante, razón por la cual el resultado del instrumento generó una “ganancia” de 37.948 millones de pesos al cierre del primer trimestre del año.
Vale recordar que esos fondos, por la característica del instrumento en cuestión, no están auditados, lo que implica que el gobierno puede hacer con esos recursos lo que mejor le parezca sin experimentar inconvenientes.
La mala noticia es que mientras que el gobierno se “encanuta” –sin ofrecer explicaciones al respecto– los fondos destinados a financiar obras de infraestructura hídrica, gran parte de la región pampeana experimenta excesos hídricos y la perspectiva climática indica que las lluvias abundantes seguirán presentes.
El Gobierno anunció la venta del 90% de la empresa de agua y saneamiento. Se abre un interrogante sobre el futuro de los usuarios con facturas impagas.
Buenos Aires, sábado 19 julio (PR/25) — El Gobierno Nacional anunció este viernes el inicio del proceso para la privatización de la empresa Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), con el objetivo de transferir el 90% de las acciones a un operador estratégico. La medida abre un gran interrogante sobre el futuro de las tarifas y, principalmente, qué pasará con los usuarios que actualmente tienen deudas en sus boletas.
Según supo Noticias Argentinas a partir del anuncio del vocero presidencial, Manuel Adorni, el Gobierno por el momento no brindó detalles sobre cómo se gestionarán las deudas existentes de los usuarios una vez que la empresa pase a manos privadas. Esta es una de las principales incógnitas que se abre para miles de familias tras la decisión oficial.
Adorni justificó la medida argumentando que desde 2006 la compañía «requirió aportes permanentes del Tesoro Nacional por más de 13.400 millones de dólares» y que «hubo un fuerte deterioro de la infraestructura». Cuestionó además que durante la gestión anterior «se gastaron más de 4.800 millones de dólares en AySA, que funcionó como una plataforma de campaña».
El vocero aclaró que el proceso de privatización incluye la permanencia de los empleados como accionistas dentro del programa de propiedad participada, que representa el 10% del capital social de la empresa. El 90% restante se ofrecerá mediante una licitación pública nacional e internacional y una oferta pública inicial en la bolsa.
Buenos Aires, lunes 7 julio (PR/25) — Millones de argentinos consumen agua contaminada sin saberlo. En muchas localidades, el líquido que llega a hogares, escuelas y centros de salud contiene niveles de arsénico que exceden los valores recomendados por organismos internacionales. A simple vista no tiene color, olor ni sabor, pero su riesgo es real.
En muchas regiones, hablar del agua como un recurso natural disponible y seguro se ha vuelto un privilegio cada vez más restringido. La abundancia aparente contrasta con una realidad compleja, marcada por una distribución desigual, problemas de infraestructura, contaminación de origen natural y humano, y la falta de acceso seguro para millones de personas.
Uno de los desafíos menos visibilizados pero más urgentes es la presencia de arsénico en el agua subterránea, un contaminante natural que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), representa un riesgo severo para la salud cuando se consume en niveles superiores a 0,01 mg/l, especialmente en poblaciones vulnerables (1). En muchas zonas del país, este límite se supera ampliamente.
Según un estudio del Programa de Medio Ambiente de la Universidad Nacional de Rosario (2024), cerca de 17 millones de personas en Argentina —es decir, uno de cada tres habitantes— consumen agua con niveles de concentración de arsénico superiores a las recomendadas (2). La contaminación afecta a unas 12 provincias, entre ellas Buenos Aires, La Pampa y Catamarca, y tiene un origen mixto: procesos naturales como la erosión de rocas en los acuíferos y actividades humanas como la minería y el uso intensivo de agroquímicos.
El arsénico, silencioso y persistente, se ha ido acumulando en las napas a lo largo de más de un siglo.
Frente a este panorama, herramientas como el Mapa Interactivo de Arsénico en Agua desarrollado por el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) (3) permiten visualizar con claridad la magnitud del problema: localidad por localidad, con indicadores en rojo, amarillo y verde, muestran dónde el agua está fuera de los parámetros seguros. Este tipo de plataformas no solo generan conciencia, sino que permiten tomar decisiones más informadas, orientar políticas públicas y planificar intervenciones más urgentes y focalizadas.
La crisis hídrica global ya no es una amenaza del futuro: es una realidad del presente, y Argentina no está exenta. Pero esta situación también representa una oportunidad: repensar la gestión del agua desde una perspectiva más sustentable, equitativa y descentralizada. La innovación tecnológica, la mejora en las regulaciones, y sobre todo la conciencia ciudadana, son claves para avanzar.
En este contexto, el acceso al agua segura no puede seguir siendo una promesa diferida. Es un derecho esencial que demanda no solo soluciones técnicas, sino también una mayor comprensión del problema por parte de los organismos involucrados. Capacitar a funcionarios y equipos técnicos sobre los riesgos del arsénico y las soluciones disponibles para su remoción es un paso crítico para impulsar un acceso más rápido y equitativo al agua segura.
Una parte fundamental de la respuesta es descentralizar el proceso de potabilización, permitiendo que hogares, escuelas y comunidades incorporen sistemas de tratamiento accesibles y efectivos. En regiones afectadas por arsénico, los sistemas de filtración diseñados para remover metales pesados representan una herramienta concreta para mejorar la calidad del agua directamente en el punto de consumo.
Estas tecnologías no sustituyen las soluciones estructurales a largo plazo, pero ofrecen una vía eficaz y complementaria para reducir la exposición y proteger la salud de millones de personas.
El arsénico es invisible. Pero sus consecuencias, si no actuamos, serán visibles, irreversibles y devastadoras. No existe una única solución, ni llegará de forma inmediata. Sin embargo, el primer paso es claro, asumir el problema, visibilizarlo y poner en marcha un nuevo paradigma donde el agua sea entendida como lo que es: un bien común, vital y urgente, que debe ser protegido colectivamente así como a través de decisiones individuales informadas y sostenibles.
1) OMS – World Health Organization. Guidelines for Drinking-water Quality, 4th Edition
(2) Universidad de Rosario (UNR) – Programa de Medio Ambiente – Arsénico en el Agua, la otra pandemia
(3) Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) – Mapa de Arsénico
(4) Observatorio de Recursos Naturales y Agua – Fundación Vida Silvestre / BID / Secretaría de Ambiente – Situación del agua en Argentina
(5) Naciones Unidas (ONU) DDHH al Agua y al Saneamiento – Marco legal y derecho al agua
En el centro-oeste bonaerense los productores y pobladores cuentan que la falta de infraestructura agravó los anegamientos tras las intensas lluvias de los últimos meses; testimonios de una recorrida por Carlos Casares, 9 de Julio y Roque Pérez, donde está frenado un tramo clave del plan de la Cuenca del Río Salado
Carlos Casares y 9 de Julio están entre las zonas más afectadas por los anegamientos.
Por Paula Urien – La Nación
Buenos Aires, Carlos Casares, 29 de junio (PR/25) .- Para transitar por la ruta provincial 50, que es de tierra, entre la localidad de Carlos Casares y Bolívar, hay que subirse a una camioneta y, aun así, las probabilidades de quedarse encajado en medio del barro son muchas. Si esto sucede habrá que teneralgo de suerte y esperar que pase un vecino con un tractor, porque tampoco hay señal para comunicarse por teléfono. Lo sabe muy bien la gente de Ordoqui, una localidad en donde viven 137 personas, lejos de las 2000 que supo albergar en la década del 40, cuando pasaba el tren. “Acá había seis fábricas”, dice Roberto Berardo al recordar viejos y buenos tiempos para una comunidad que estaba conectada con la ciudad. Hoy en esta localidad, sobre el camino de tierra que se vuelve intransitable, se encuentra una planta compresora que lleva gas de Vaca Muerta al AMBA.
Este es uno de los lugares del centro y oeste bonaerense con problemas de inundaciones por las intensas lluvias de los últimos meses, en especial durante abril y mayo, pero también por la falta de continuidad de diversas obras de infraestructura. En total, según la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), unos 2 millones de hectáreas quedaron bajo el agua en toda la provincia en el peor momento del fenómeno. La entidad informó que Carlos Casares y 9 de Julio se convirtieron en el epicentro del problema. Hoy siguen muy afectadas entre 800.000 y un millón de hectáreas, además de Carlos Casares y 9 de Julio, si se consideran Bolívar, 25 de Mayo, Henderson (partido de Hipólito Yrigoyen), parte de Saladillo y General Alvear, entre otras zonas.
Por su parte, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) acortó ya en 100.000 hectáreas, es decir, a 7,1 millones de hectáreas, la siembra nacional proyectada de trigo debido a los excesos hídricos.
Desborde del río Salado, altura de la ruta 5, acceso a Alberti Ricardo Pristupluk
LA NACION hizo una recorrida, en las últimas semanas, de casi 1000 kilómetros por Carlos Casares, 9 de Julio y también Roque Pérez. En Carlos Casares hay por lo menos 82.000 hectáreas inundadas, que se pueden observar por satélite, pero no se ve el agua en aquellas hectáreas que todavía tienen cultivos, por lo que se calcula que es el doble. En 9 de Julio hay 80.000 hectáreas afectadas, pero también pueden ser más. Cayeron por lo menos, en promedio, 800 milímetros en lo que va del año. Roque Pérez y las localidades aledañas también tienen un mar de agua.
La falta de continuidad en el dragado en la zona de Roque Pérez agravó la situación en los camposRicardo Pristupluk
El demorado Plan Maestro
“Lo que da bronca es que pasan los años y las obras están sin hacer. Hay un Plan Maestro para el Río Salado [N.d.R., abarca 17 millones de hectáreas] desde hace 25 años, pero se ha hecho poco. Cuando se proyectó el plan, se comunicó que las obras estarían terminadas en 10 años. La inversión se habría pagado con creces con el resultado de la producción. Sin embargo, seguimos con las pérdidas económicas a causa de las inundaciones reiteradas en la provincia de Buenos Aires», señala Pablo Ginestet, secretario de Carbap. Según la entidad,se ha construido poco más del 50% de la infraestructura planeada.
Área de influencia del Plan Maestro Integral de la Cuenca del Río Salado
Fuente: gobierno de la Provincia de Buenos Aires / LA NACION
Un análisis de la organización reveló que el costo de no haber realizado las obras fue exponencialmente mayor que la inversión en hacerlas: el presupuesto contemplaba un desembolso de US$2000 millones (actualizado, cerca de US$4000 millones). Se estima que los productores de la cuenca han aportado al fisco, principalmente vía retenciones a las exportaciones, una cifra superior a los US$35.000 millones a pesar de tener pérdidas productivas acumuladas de más de US$5000 millones.
Los animales sufren la falta de alimento y parásitos, entre otros males Ricardo Pristupluk
Por el agua, parte de los cultivos de soja no pueden cosecharse, y parte de lo que se levantó tiene humedad Ricardo Pristupluk
El canal Mercante, en 9 de Julio, y los campos anegados
“Desde el Consejo del Salado venimos insistiendo y destacando la necesidad de avanzar con los proyectos de las llamadas obras complementarias [N.d.R, como canales más chicos que conectan con otros más grandes, entre otras], que cuestan mucho menos que el dragado y son imprescindibles, porque permitirían llegar a los rincones de la cuenca y darle así un sentido integral al Plan Maestro para la prevención o mitigación de inundaciones”, dice Alberto Larrañaga, titular del Consejo Asesor del Plan Maestro del Salado.
En la localidad de Alberti, en el kilómetro 193 de la ruta 5, se ve el río Salado y parte del problema: el puente es demasiado estrecho, por lo que, aún realizado el dragado, se desbordaRicardo Pristupluk
Fuentes del gobierno provincial, en diálogo con LA NACION, dijeron que falta parte de la etapa IV del Plan Maestro, a cargo del gobierno nacional, y que espera que se libere el presupuesto necesario para que se retomen las obras. Hasta ahora no hay noticias al respecto. Este medio se comunicó con el Ministerio de Economía de la Nación, pero no obtuvo respuestas.
En Alberti, un puente quedó chico y se produjo el desborde del Río Salado
El día a día con caminos intransitables
El impacto de las inundaciones en la población rural es enorme. A pesar de amar donde viven, confiesan que, en muchas ocasiones, la pasan mal y sienten tristeza por las jóvenes generaciones que emprenden el éxodo. En Ordoqui, en abril estuvieron 17 días sin luz, no tienen señal para el teléfono y es difícil “enganchar” internet.
La falta de mantenimiento de los caminos rurales en general, sobre todo cuando están secos, la falta de reemplazo de las alcantarillas rotas y el escaso tratamiento de los bajos son reclamos generalizados de los usuarios. Las historias se multiplican: se quedan encajados, no pueden entrar a sus propiedades, no pueden sacar la leche, los granos, los animales se mueren o se enferman, no pueden cosechar ni sembrar. Vivir y trabajar en el campo es una odisea. En estas condiciones, por ejemplo, no llegan los docentes ni los médicos. Hay que rezar para no tener un accidente o algún problema grave de salud.
Los chicos se ven afectados. Carolina Bonino, quien vive en Ordoqui, dice que tiene que recorrer 80 kilómetros para llevarlos a una escuela agrotécnica, pero por las vueltas que hay que dar a causa de la inundación se conviertan en 150. Y añade: “Hay niños que directamente no llegan a la escuela”.
“Pasamos 16 inundaciones en cuatro décadas, y nada cambia”, comenta Alicia Sánchez, quien también vive en esta localidad. “Necesitamos que se reactiven las obras de la Cuenca del Salado”, completa. Toda la comunidad está pendiente de esta promesa incumplida.
Carolina Bonino, Alicia Sánchez y Roberto Berardo, pobladores de Ordoqui, afectados por constantes inundaciones que los dejan aislados Ricardo Pristupluk
Es inevitable la discusión entre los que tienen que sacar la producción con vehículos pesados (o intentan hacerlo), y aquellos que piden que no se circule por los caminos de tierra cuando están embarrados porque los “huellones” los dejan intransitables. Los dos tienen razón. Los dos intentan sobrevivir al caos y a los problemas para transitar los caminos a pesar de que una tasa vial rural puede llegar, por ejemplo, a los $4.500.000 anuales para un campo de 300 hectáreas (no importa si es todo productivo o si tiene áreas bajas, como por ejemplo lagunas).
Leonardo Milanessi, encargado de la estancia Fortín Rifle, tuvo que evacuar a una familia de su casa porque le entró agua Ricardo Pristupluk
La historias se multiplican. Matías Santamaría, que tiene un tambo que produce 15.000 litros por día, cuando normalmente llega a los 27.000 litros diarios. Dos veces por día, debe trasladar ida y vuelta a los empleados de Ordoqui en tractor. También fue afectado Leonardo Milanessi, encargado de la estancia Fortín Rifle, que tuvo que evacuar a una familia porque el agua llegó a su casa.
Matías Santamaria, productor tambero, no puede llegar al campo si no es con un tractor por la ruta provincial 50. Dos veces por día, para el ordeñe, debe trasladar a los empleados en ese vehículo desde y hacia OrdoquiRicardo Pristupluk
Federico Ortiz Ham es un productor agropecuario de Bacacay, cerca de 9 de Julio. “Tenemos el 70% de las 1371 hectáreas con agua y perdimos un lote entero de 150 hectáreas de soja. Además tuvimos que malvender los animales. Acá hay gente que tiene el agua adentro de la casa. Nos preguntamos: ¿cómo sigue esto?“, reflexiona.
Fabián Córdoba, que integra la Comisión Vial de Carlos Casares, describe costos ocultos. Entre ellos, que en esta situación, dice, se cosecha la soja con una mayor humedad, por lo que hay que invertir en secado. Por su parte, Mario Reymundo, presidente de la Sociedad Rural de Carlos Casares, resume: “Queremos lograr un cambio de actitud por parte de la política. Que dejen de ver al sector agropecuario solo como una fuente de recursos y nos consideren como un socio estratégico para el desarrollo del país. Este cambio es entender la importancia de la infraestructura, en particular de los caminos rurales, para el desarrollo de toda la comunidad rural”, dice. Alicia Sánchez agrega:“A los políticos no les interesa nuestra realidad”.
Los caminos rurales se encuentran intransitables en muchos lugares Ricardo Pristupluk
“Tenemos los caminos del siglo pasado, cuando se circulaba en carreta o a caballo,con productores que invierten en equipamiento del siglo XXI. Hace muchos años que la política equivocó el camino. Brasil multiplicó seis veces su producción, mientras que la Argentina solo la multiplicó por tres”, sostiene Reymundo.
Nicolas Capriroli, dirigente de Carbap, dice que parte del problema son los canales clandestinos y la falta de mantenimiento de los caminos rurales Ricardo Pristupluk
Más allá de los problemas, el resultado de diversas charlas con quienes viven este drama deja una conclusión: se sienten solos. “No ha venido nadie a intentar colaborar”, cuenta Nicolás Capriroli, de Carbap 9 de Julio, que indica que la mitad de la cosecha en la zona está “muy complicada”. Agrega al pedido de una acción para evitar la proliferación de canales clandestinos, que los caminos rurales estén bien mantenidos por los municipios. En 9 de Julio pusieron en marcha lo que llaman un “semáforo” de los caminos a través de la opinión de los productores sobre su estado. Hoy el 95% de estas vías son un rojo.
Todos piden que se haga especial hincapié en volcar el 100% de la tasa vial al cuidado de los caminos para lograr su transitabilidad, aún cuando hay excesos hídricos.
El Canal Mercante, parte del Plan Maestro, es un alivio para la zona, pero faltan todavía las obras complementarias que desagoten el exceso hídrico Ricardo Pristupluk
Daniel Stadnik, intendente de Carlos Casares, afirma que “los caminos rurales están colapsados” y que “año tras año la erosión eólica los ha desgastado. Están entre 50 centímetros y un metro por debajo del terreno natural de los campos”. También refiere que, en el partido, el 70% de lo recaudado en la tasa vial va para caminos y el resto para un fondo para mantener el municipio. “El presupuesto no alcanza -dice-, ya que el Estado nacional se lleva un porcentaje muy importante del resultado del trabajo del productor y la tasa vial no es suficiente para los períodos de emergencia”.
En 9 de Julio, el 75% de lo recaudado se destina al mantenimiento de los caminos y esto incluye sueldos y gastos administrativos del personal abocado a estas tareas. El 25% restante también va para pagar gastos del municipio. “Durante los últimos 20 años hubo un mantenimiento muy básico de los caminos rurales, y cuando te sorprende una lluvia de 1000 mm en 100 días es una catástrofe”, asegura Juan Pablo Boufflet, secretario de Obras y Servicios Públicos de 9 de Julio. Stagni confirma que “hay un ciclo húmedo preocupante. Sería muy importante que se realicen los dos canales proyectados del Plan Maestro al sur de la localidad”.
Por su parte, el gobierno de la provincia de Buenos Aires oficializó, el 29 de mayo último, a través del Decreto 2025-1180, la declaración del estado de emergencia y/o desastre agropecuario por inundaciones que pospone impuestos o los elimina, para quienes prueban que tienen afectado el 80% del campo. La medida alcanza a las explotaciones rurales en los partidos de Puán, Tornquist, 9 de Julio, Carlos Casares, General La Madrid, Coronel Suárez, Guaminí, Bolívar, Tapalqué, 25 de Mayo, Saladillo y Roque Pérez.
Solo 32 kilómetros
Desde Carbap critican que una obra clave de dragado para evitar el desborde del Río Salado está parada por falta de financiamiento por parte del gobierno nacional. Se trata del Tramo IV, Etapa 2 del Plan Maestro Integral. Son 32 kilómetros entre Roque Pérez y el puente que une los partidos de 25 de Mayo y Lobos. Allegados a las empresas de dragado confirman que registran una deuda que, junto al presupuesto para el tramo que falta, llega a US$120 millones, una partida que, por ahora, no se asigna.
En diálogo con LA NACION, el intendente de Roque Pérez, Maximiliano Sciaini, confirma que, a pesar de que existe un Fondo Hídrico de Infraestructura, la obra está paralizada. “El río se desbordó por todos lados. Esos 32 kilómetros que faltan es un cuello de botella porque a ambos lados está dragado, pero falta este tramo que complica todo”, asegura. También hace referencia a que no haber puesto a punto los puentes, que quedaron chicos, también afecta la zona. “Se nos vino el agua al pueblo y tuvimos que poner bombas para despejarla”, agrega.
Ignacio Iturriaga, administrador de un establecimiento rural de la zona, explica que el río pasó de tener aproximadamente 60 metros de ancho y 1,20 metros de profundidad a alcanzar, con el dragado, 200 metros de ancho con hasta 3,5 metros de profundidad. “Aguas arriba y aguas abajo los trabajos sí fueron completados, pero este tramo intermedio quedó sin resolver. Como consecuencia, el agua que baja con mucha fuerza desde aguas arriba se estanca y se desparrama en la zona, causando inundaciones y anegamientos, antes de volver a encauzarse más adelante”, cuenta.
Las dragas están paradas en una sección del río Salado, en Roque Pérez. Faltan 32 kilómetros para conectar dos tramos clave para el desagote del aguaRicardo Pristupluk
Iturriaga también remarca que “en todo el proyecto de canalización no se contempló la instalación de compuertas, que permitirían regular tanto el ingreso como la salida del agua”, opina.
Roque Pérez
En cuanto a la ejecución de la obra, señala que las dragas comenzaron a disminuir su avance hace más de un año hasta quedar paralizadas. “Un hecho clave que marca la gravedad del evento es que los campos quedaron completamente tapados de agua en apenas 96 horas”, comenta el productor.
Otro de los productores de la zona, Fernando Agustinelli, quien también administra un campo en la cuenca del Salado, confirma que vive la misma situación crítica y que el abandono de las obras genera una gran incertidumbre para todos los que trabajan la tierra en esta región.
Se pierden cosechas, aguadas, alambrados, tranqueras y animales Ricardo Pristupluk
Hay un panorama muy complicado, que no se despeja ya que persisten las lluvias. “El exceso hídrico va a quedar hasta la primavera, por lo menos”, finaliza Ginestet. Mientras, lejos de la comodidad de la ciudad, quienes viven en la ruralidad todos los días encaran desafíos de grandes proporciones que ya deberían ser cosa del pasado.