¿Qué sucede con la necesidad de la adaptación al cambio climático?

¿Qué sucede con la necesidad de la adaptación al cambio climático?

Buenos Aires, 18 de marzo (PR/22) .- Lic. Diego Pontorno (Coordinador) y Lic. Andrés Montenegro (Líder de Comunicación) del Programa de Gestión y Cambio Climático en el Centro de Desarrollo Sustentable GEO de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA

Recientemente fue publicado el Reporte del Grupo de Trabajo II del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático por sus siglas en inglés) denominado “Cambio Climático 2022: Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad”. Es uno de los tres documentos desarrollados por el IPCC, habiéndose presentado en agosto del año pasado el Informe relativo a las Bases Físicas del Cambio Climático.

Existen dos conjuntos de medidas fundamentales para actuar frente al cambio climático. Por un lado, mediante la Mitigación, es decir, la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y el aumento de sumideros que permitan capturar dichos gases de la atmósfera. Por otro lado, a través de la Adaptación, en referencia a la capacidad para limitar los impactos, reducir las vulnerabilidades e incrementar la resiliencia climática de los diferentes sistemas como el ambiental, social y económico. Sobre este último punto es que hace fuerte hincapié el reciente reporte del IPCC.

Relativo a la Adaptación al cambio climático y haciendo foco puntualmente en las consecuencias, los impactos que ya suceden y la necesidad urgente de adaptación, este Reporte nos llama a la acción hoy. El Informe es un reflejo de información que nos muestra cómo nos encontramos a nivel planetario y cuáles son las proyecciones que sucederán respecto al clima y lo que conlleva el cambio con el calentamiento global.

Entendemos que adaptarnos es una de las alternativas para vivir en un planeta que sea habitable para todos, pero ¿qué sucede o cómo se viene trabajando al respecto para prevenir las consecuencias a futuro? Las consecuencias están sucediendo hoy, por lo cual seguir esperando para poner en marcha medidas de adaptación no es parte de la solución. Aunque también se debe tener en cuenta que la maladaptación conlleva a exceder los límites y consecuentemente a concluir también en mayores pérdidas y daños.

Ahora bien, sabiendo que tomar estas medidas nos permitirán reducir vulnerabilidades y vivir de una manera digna para todos los habitantes del planeta, existen ciertos sectores de la sociedad a los cuales se les hace difícil poder afrontarlos. Principalmente, en países en vías de desarrollo, son las poblaciones más vulnerables las que se ven y verán más afectadas.

Por eso, como recalca también el Reporte, la acción climática hoy es clave para sobrellevar el escenario que se avecina. Según la ONU, nos encontramos transitando la década de acción. Pero, ¿realmente estamos actuando? El detalle, y no menos importante, que fue presentado según la ciencia es que nos encontramos en una situación crítica, ya que los impactos del cambio climático se intensifican de manera creciente. Existe, de igual manera, un mínimo de esperanza para lograr que la temperatura no supere los 2°C del planeta. De todos modos, para lograrlo efectivamente, hay que actuar. Mitigar pero, sobre todo, adaptarnos a lo que ya estamos viviendo como consecuencias del cambio climático.

Lo importante es que no hay que actuar con medidas de adaptación que solo sean coyunturales. Esto se debe a que si seguimos permitiendo que se incremente el calentamiento global la capacidad de adaptación y su efectividad disminuirán considerablemente. Sin dudas, quienes ya viven en situación de vulnerabilidad continuarán siendo los más perjudicados. Cabe aclarar que lograr los objetivos del 1,5°C como temperatura promedio no es un escenario en el cual podamos vivir como si nada hubiera pasado. Si no, todo lo contrario. Con las consecuencias que ya suceden (y que seguirán sucediendo) deberemos adaptarnos para (sobre)vivir. Al cual, llegaremos de manera habitable y sostenible, actuando de manera urgente en este momento. Ni ayer, ni mañana. Hoy. Adaptarnos hoy.

Sobre esto, también hay que hacer fuerte hincapié ya que para lograr que los países en desarrollo -los más vulnerables- puedan adaptarse al cambio climático y las consecuencias respectivas, es necesario que exista un financiamiento para implementar políticas públicas que conlleven la mejora del subsistir en esta nueva era a la que nos enfrentamos con la crisis climática. A su vez, para que estas medidas puedan mantenerse a largo plazo y evitar una “mala adaptación” como se hace referencia en este nuevo Reporte del IPCC. También, ese financiamiento debe estar basado en una justicia social y en una equidad, ya que será necesario para la acción, a medida que vayan aumentando las proyecciones.

Algo fundamental, e incluso lo más importante, para que las medidas de adaptación sean realmente efectivas es escuchar la voz de los pueblos originarios y de las comunidades, que son quienes saben realmente cómo subsistir en los distintos ecosistemas y con la biodiversidad de cada uno. Necesitamos que sean parte de la toma de decisiones, porque son quienes tienen el conocimiento suficiente para saber cómo actuar al respecto.

En simples palabras, debemos abordar las pérdidas y los daños que ocasiona la no adaptación. Teniendo en claro que debemos adaptarnos para que los impactos sobre la vida y las actividades sean lo menos devastadoras posibles. Hacer lo que tenemos que hacer, hoy. Involucrarnos en la acción climática, desde el lugar que ocupemos en la sociedad.

Destacadas:

“Las consecuencias están sucediendo hoy, por lo cual seguir esperando para poner en marcha medidas de adaptación no es parte de la solución.”

“Sin dudas, quienes ya viven en situación de vulnerabilidad continuarán siendo los más perjudicados.”

“…con las consecuencias que ya suceden (y que seguirán sucediendo) deberemos adaptarnos para (sobre)vivir.”

Fuente: Centro GEO (UBA-FCE)

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La ola de calor muestra el impacto del cambio climático en América del Norte

La ola de calor muestra el impacto del cambio climático en América del Norte

GILLIAN FLACCUS

Buenos Aires, 2 de marzo (PR/22) .–  El sol brilla cerca de la Space Needle, el lunes 28 de junio de 2021, en Seattle, mientras Seattle y otras ciudades baten récords históricos de calor, con temperaturas que superan ampliamente los 100 grados Fahrenheit (37,8 Celsius). Según un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, en los próximos años aumentará la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos como éste en América del Norte, a medida que se acelere el calentamiento global.Ted S. Warren/AP
PORTLAND, Ore. (AP) – El verano pasado, el noroeste del Pacífico de EE.UU. estaba inmerso en una ola de calor que batió récords cuando una mujer de unos 70 años fue llevada a urgencias con síntomas de un golpe de calor que ponía en peligro su vida.

Desesperado por enfriarla, el Dr. Alexander St. John cogió una bolsa para cadáveres, la llenó de hielo de la cocina del hospital y metió a la mujer dentro. En pocos minutos, su temperatura corporal bajó y sus síntomas mejoraron.

«Nunca había tenido que hacer eso antes. Fue surrealista», dijo St. «Hace veinte años parecía que hablábamos del cambio climático como algo que ocurriría en las próximas generaciones, y de repente parece que se está acelerando hasta el punto de que todos lo estamos experimentando en tiempo real».

La técnica se utilizó para salvar a otros pacientes en el Centro Médico Harborview de Seattle durante la ola de calor de cinco días del pasado mes de junio, en la que las temperaturas alcanzaron los 118 grados Fahrenheit (48 grados Celsius) en algunos lugares y se calcula que murieron unas 600 personas o más en Oregón, Washington y el oeste de Canadá.

El sofocante tramo de la región, normalmente fresco, ofrece una visión de los tipos de fenómenos meteorológicos extremos que se acelerarán en América del Norte dentro de 30 años si no se realiza un esfuerzo coordinado para frenar el cambio climático, según un informe de las Naciones Unidas publicado esta semana. Incluso si el calentamiento global se limita a 1,5 grados centígrados, la población de Estados Unidos, México y Canadá correrá un riesgo cada vez mayor de sufrir fenómenos meteorológicos catastróficos.

El informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático expone cómo el empeoramiento del calentamiento global pondrá en peligro la salud de las personas, impulsará la inseguridad alimentaria, provocará trastornos económicos y desencadenará la migración desde lugares cada vez más inhabitables. Según el informe, las poblaciones de bajos ingresos y las minorías serán las más afectadas, exacerbando las desigualdades existentes.

En el Oeste, el informe prevé la intensificación de la sequía, el calor extremo y los incendios forestales. En la costa del Golfo se prevé un aumento de los huracanes destructivos y del nivel del mar. En el Medio Oeste y el Noreste, se espera que las lluvias más intensas causen más inundaciones y daños en los cultivos.

En el verano de 2019, las inundaciones en el Medio Oeste y el Sur de Estados Unidos interrumpieron el tráfico de barcazas en el río Misisipi y dañaron las tierras de cultivo en Ohio e Indiana. Otro aguacero e inundación meses antes paralizó la base aérea de Offutt en Nebraska.

Las repercusiones económicas serán profundas. El calentamiento del agua y la acidificación de los océanos perturbarán la pesca comercial, el calor extremo supondrá un menor rendimiento de los cultivos clave, como el maíz y la soja, y la sequía provocará pérdidas en el ganado, ya que los animales tienen menos terreno para forrajear, según el informe.

Desde 1980, ha habido 35 inundaciones no asociadas a huracanes en Estados Unidos que han causado más de mil millones de dólares en daños y más de la mitad de ellas han sido desde 2010, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica.

«Estamos expuestos a un daño incalculable», dijo Kathleen Miller, autora principal del capítulo de América del Norte del informe, que estudia los impactos económicos del cambio climático en el Centro Nacional de Investigación Atmosférica.

«Es hora de dar un paso adelante y empezar a pensar en cuáles son nuestras prioridades y cómo podemos hacer frente a estas crecientes amenazas», dijo.

El informe mantiene la esperanza de que la gente pueda frenar el cambio climático, o al menos adaptarse para atenuar sus efectos. Según el informe, dar prioridad a los más vulnerables de la sociedad tendrá el mayor impacto en la resiliencia climática.

El tipo de ajustes citados en el informe ya están en marcha en el noroeste del Pacífico, que no fue construido para el clima cálido. En Seattle, por ejemplo, el 44% de los hogares tienen aire acondicionado.

Tras la mortífera ola de calor del verano pasado, las autoridades de Portland están estudiando la posibilidad de instalar sistemas de alarma en las viviendas públicas que alerten a los administradores de los edificios cuando las temperaturas superen los 100 grados F°. Las autoridades de la ciudad también han aprobado un plan para distribuir 15.000 bombas de calor, que son una forma energéticamente eficiente de enfriar los espacios.

Fuente: Associated Press

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La madera y su aporte a la mitigación del cambio climático y a la economía circular

La madera y su aporte a la mitigación del cambio climático y a la economía circular

Buenos Aires, 26 enero (PR/22) — Este 28 de enero se conmemora el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2 – también llamado Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre. La propuesta central de esta fecha no es sólo crear conciencia sino, especialmente, alertar a ciudadanos y gobiernos para que tomen acciones inmediatas para evitar una catástrofe climática global. Para esto, se requiere el uso de materiales reciclables, reutilizables, renovable y con baja huella de carbono  como la madera y sus derivados.

En esta fecha tan fundamental, la Asociación Forestal Argentina (AFoA) destaca el aporte que hace el uso de la madera en todo el ciclo de vida de un producto, tanto para colaborar en la mitigación del cambio climático, como en una economía más sostenible.

Los árboles son reconocidos ampliamente por su aporte a la mitigación del cambio climático, ya que se aceptan como el sistema basado en la naturaleza más eficiente para absorber CO2 de la atmósfera en su proceso de crecimiento. Esto ha disparado diferentes políticas de plantación de árboles: la promesa de plantación de 3 mil millones de árboles de la UE para el año 2030 (three billon trees); la campaña por 1 trillón de árboles de WWF y Bird Life  (Trillon Trees), la gran muralla verde en África (The Great Green Wall) entre otras iniciativas.

Los inventarios nacionales de CO2 incluyen en su contabilidad a los bosques y los mercados voluntarios de carbono pueden utilizar la plantación de árboles para reducir la huella de carbono de diversas actividades. Esto es aún dinámico y hay muchos aspectos a mejorar, tal como la información y los métodos de contabilidad, pero el aporte de los bosques y los árboles a la mitigación del cambio climático es un hecho ya reconocido en todo el mundo y una herramienta importante para las políticas globales de mitigación.

Por el contrario, es aún menos reconocido e investigado el aporte que el uso de la madera realiza al sustituir productos no renovables y de uso intensivo de energía. La madera no solo tiene la capacidad de almacenar el CO2 en sus usos sólidos (construcción, muebles, pisos, etc.) sino que, además, ofrece alternativas para sustituir productos de origen fósil (combustibles, plásticos, químicos) y no renovables y de alto consumo de energía (cemento, minerales). Por otro lado, para su disposición final, es renovable y reciclable.  Estas características no solo ayudan a la mitigación del cambio climático en toda la cadena productiva, sino, además, a una bioeconomía circular, y con ello, a opciones más sostenibles e inclusivas, dada la alta creació n de empleo que genera, aportando al crecimiento y desarrollo económico.

Recientemente, una investigación realizada por el Comité Asesor en Industrias Forestales sostenibles (ACSFI en sus siglas en inglés) para FAO[1], ahondó en esta línea de trabajo con un documento que explora cómo los productos en base a la madera pueden sustituir a los de origen fósiles e intensivos en uso de energía, reduciendo la huella de carbono de las cadenas de suministro, aportando a una bioeconomía circular global y colaborando en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030 (ODS 2030).

El ciclo de vida de un producto incluye la producción de materias primas, su industrialización, consumo y disposición final. En cada una de estas etapas, el uso de productos forestales y sus derivados colabora con una producción con menos impacto ambiental al ser de base renovable, reciclable y de menor huella de carbono.

El relevamiento de la información disponible incluye productos tradicionales como los papeles y cartones, el uso de madera para la construcción, las fibras celulósicas para textiles y el uso de resinas para químicos. Agrega los nuevos productos a partir de la innovación, como bioplásticos, espuma de madera, nuevas fibras textiles y productos de la nanotecnología y de la bioingeniería que permiten el uso de la madera en múltiples aplicaciones, que incluyen automóviles y satélites.

Mientras que conceptualmente el beneficio ambiental del uso de la madera que proviene de una gestión sostenible es evidente, una de las principales conclusiones del informe, es que la información disponible para medir el aporte en las distintas líneas de productos es aún insuficiente. Está muy bien documentado el aporte de la construcción con madera, que reduce alrededor del 65% de la huella de carbono comparado con los sistemas tradicionales, pero el documento indica que el resto de las actividades requiere aún más información que es difícil de medir por falta de estándares y por la variabilidad que pueden tener las mediciones, dependiendo del origen de la madera, las tecnologías utilizadas y los productos que sustituyen.

Sin dudas, esto presenta una limitación para el uso de las mediciones en los inventarios del balance de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y los compromisos nacionales en la reducción de los mismos mientras se ajustan los sistemas de medición, contabilidad y transparencia.  Pero no debería ser un escollo para que el sector privado avance con las mediciones en las huellas de carbono de sus cadenas de suministro y facilitar que puedan utilizarse dentro de los mercados voluntarios de carbono.  El sector forestal y el uso de la madera permiten créditos de carbono que ayudan en los ciclos productivos. Es imprescindible sumar los compromisos de las empresas y de las personas para la reducción de la huella de carbono y una economía circular, que incluya la medición en las cadenas de suministro desde la cun a a la tumba.

Estos requisitos de medición de huella de carbono y sostenibilidad de los productos y servicios en las cadenas de suministro son requisitos crecientemente solicitados por los bancos (finanzas verdes y finanzas sostenibles), las cadenas globales de producción y aún las normativas de los bloques y países, como ya está avanzando la Unión Europea con la implementación del Pacto Verde Europeo.

El uso de la madera -trazable a una gestión sostenible- como sustituto de productos no renovables y de uso intensivo de energía es un aporte importante para promover cadenas de suministro que vayan reduciendo la huella de carbono y aporten a lograr la carbono neutralidad necesaria para evitar una tragedia climática y, al mismo tiempo, a una bioeconomía circular que colaboren a los objetivos de desarrollo sostenible. Para ello, se requieren políticas públicas que permitan mejorar la información y los incentivos a preservar los bosques, plantar árboles y profundizar el uso de la madera como sustituto de productos con mayor impacto climático y ambiental. Y el compromiso de las empresas y las personas para sumarse a esta necesaria Acción por el clima.

 

Con el asesoramiento de Claudia Peirano

Directora Ejecutiva de la Asociación Forestal Argentina  

AFoA es la única entidad nacional que representa al sector forestal de la Argentina. Está integrada por empresas, productores forestales, estudiantes y profesionales independientes vinculados al sector forestal y a la industria y servicios asociados.

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Fuente: AFoA

Uruguay descarboniza su economía para ser carbono neutral en 2050

Uruguay descarboniza su economía para ser carbono neutral en 2050

Montevideo, 26 enero (PR/22)  — Uruguay se encuentra transitando un camino de descarbonización de su economía, con miras a lograr una meta de ser carbono neutral hacia el año 2050, por lo cual el desarrollo del hidrógeno verde (H2 verde) será un pilar fundamental, dijo el director nacional de Energía, del Ministerio de Industria y Energía (MIEM), Fitzgerald Cantero.

“Para nuestro país posicionarse en el mapa mundial del H2 verde es un paso natural, tras haber logrado un alto grado de penetración de las energías renovables en su matriz energética”, acotó al ser consultado por VERDE.

Agregó que cerca del 70% del consumo de combustibles fósiles proviene del sector transporte. En ese sentido, “el primer hito en la agenda para el desarrollo del hidrógeno verde en Uruguay fue el lanzamiento de un proceso de data room (sala de datos, en inglés), en abril de 2021, para el desarrollo de un proyecto piloto en transporte pesado. Conformamos un equipo técnico interinstitucional, con UTE, Ancap y el MIEM, que llevó a cabo un proceso de entrevistas con diferentes actores nacionales e internacionales de la industria del hidrógeno”, informó.

A partir de ese proceso, “conformamos un directorio de empresas asociadas a la producción de hidrógeno verde, que en definitiva es una plataforma de networking (redes en inglés), para que los distintos proveedores puedan dialogar entre sí y generar sinergias”, señaló.

Cantero explicó que en el corto plazo se realizará un llamado para la realización de un primer proyecto piloto. “Se tratará de un proyecto de pequeña escala, con mínimos de 1,5 MW y 10 buses o camiones, que nos ayudará a empezar el recorrido de la curva de aprendizaje. Tenemos que aprender el uso de la tecnología y nuestra gente se tiene que especializar en este energético”, sostuvo.

Dijo que hasta ahora el proceso viene aportando resultados positivos. “Las empresas interesadas en la exportación de H2 verde también tienen en sus portafolios de inversión la posibilidad de producir sus derivados, combustibles sintéticos, biocombustibles para aviación, amoníaco verde, entre otros”.

En esa línea, destacó la misión del titular del MIEM, Omar Paganini por Europa, que puso a Uruguay en diferentes eventos, en ese mapa del H2 verde que el mundo está empezando a construir. “Tenemos múltiples ventajas que nos permiten posicionarnos en esa carrera. Estamos preparados para el siguiente paso, que es lanzar el plan piloto en los primeros meses de 2022 y definir la hoja de ruta correspondiente”, afirmó el director nacional de Energía.

LA GENERACIÓN DE ENERGÍA ELÉCTRICA 

Cantero indicó que Uruguay cuenta con una capacidad instalada para la generación de energía eléctrica que tiene múltiples componentes que actúan de manera complementaria, potenciando las fortalezas del sistema y disminuyendo sus vulnerabilidades.

El Balance Energético Nacional (2020) marca que la capacidad instalada por fuente de energía es 31% eólica, 31% hidráulica, 24% de combustibles fósiles, 9% de biomasa y 5% solar.

Agregó que, de la misma fuente “obtenemos que la producción de energía eléctrica se comportó de esta forma: 40% eólica, 30% hidráulica, 20% biomasa, 6% fósil y 4% solar”.

Cantero sostuvo que “la producción de energía eléctrica a partir de combustibles fósiles pesa 24% en la capacidad instalada, pero sólo representó el 6% de la producción. Es interesante destacar que, tanto 2021 como 2020 han sido años de baja hidraulicidad”.

Consideró que buena parte de la energía eólica, solar fotovoltaica y de biomasa corresponde a actores privados, que tienen contratos a largo plazo, del tipo take or paid (tomar o pagar, en inglés) con UTE, lo que provoca “algunos sobrecostos en el sistema”.

Sobre la demanda, informó que en el último año se produjeron 12.735,1 GWh; se importaron 0.4 GWh; y se exportaron 2.752,8 GWh,  el 77,8% fue a Brasil y el restante 22,2% para Argentina.

LA MICROGENERACIÓN

Cantero señaló que la Dirección Nacional de Energía (DNE) se encuentra en las etapas finales de un proceso de consultorías energéticas en 100 tambos y 100 establecimientos hortofrutícolas en todo el país. “Con el fin de poder generar la información necesaria para establecer una serie de medidas estandarizadas en el sector, para diseñar posteriormente apoyos directos a estos sectores. Los productores participantes se presentaron a este piloto a través del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y las organizaciones sociales del sector”, comentó.

“Dentro de las medidas que se perfilan como generales, se encuentran –entre otras– la instalación de generación eléctrica fotovoltaica, en el marco de la micro generación (decreto N° 173/2010), que permite al productor generar buena parte de la energía que consume, cumpliendo determinadas condiciones”, acotó.

Asimismo, recordó que existen diversos beneficios comerciales otorgados por UTE a distintas actividades del sector agropecuario, que incluyen precios preferenciales para actividades zafrales o de riego.

LA EFICIENCIA ENERGÉTICA 

Desde la DNE, a través del Fideicomiso Uruguayo de Eficiencia Energética, se trabaja en la promoción de una cultura del uso eficiente de la energía en todos los ámbitos del quehacer nacional, familias, empresas y Estado, explicó.

Como herramienta de fomento, “cuenta con los certificados de eficiencia energética, que premian los ahorros generados por la implementación de las medidas de eficiencia. Este premio es en efectivo y pueden acceder empresas y particulares”, señaló el principal de la DNE.

Como novedad, en 2021 “ampliamos la cantidad de medidas estandarizadas, lo que permite a las personas, a través de un trámite en línea y sin costo alguno, acceder a este beneficio”, destacó.

El director de Energía del MIEM enumeró los programas que están en ejecución en este momento, donde aparecen: Localidades Eficientes, un programa con un apoyo económico directo a proyectos de eficiencia energética, con un monto unitario de hasta US$ 15.000, aproximadamente.

Indicó que localidades de 17 de los 19 departamentos presentaron proyectos cofinanciados, que van dese la movilidad eléctrica en pequeña escala, pasando por la incorporación de paradas de buses eficientes y programas de aprovechamiento de residuos mediante biodigestores.

Otro de los programas es Subite, que “apunta a brindar un subsidio a aquellos ciudadanos u organizaciones que adquieran motos y triciclos eléctricos en cinco departamentos del norte del país. Además de este beneficio directo, los usuarios recibirán un beneficio de la empresa UTE  y además podrán presentarse a certificados de la DNE.

Por otra parte, Ilumina el deporte es un programa en conjunto con UTE y la Secretaría Nacional de Deporte (SND), que consiste en brindar iluminación de calidad (LED de alta performance) a 10 canchas de fútbol infantil en la órbita de ONFI.

Además, en el concurso de UTU-Secundaria el comité evaluador brindó reconocimiento a nueve centros educativos cuyos proyectos se destacaron por diferentes motivos, como el involucramiento de los estudiantes en las diversas acciones ejecutadas; la innovación de sus propuestas; la promoción de hábitos de uso eficiente de la energía, tanto en los propios centros como en la población en general; entre otros.

Los centros ganadores recibirán fondos para ejecutar medidas que contribuyan a un uso más eficiente de la energía. El premio económico asignado a los centros llegó a $ 1.450.000, informó el jerarca.

El Premio Nacional de Eficiencia Energética otorga reconocimientos a las empresas e instituciones que han presentado sus medidas de eficiencia energética, tanto en el sector público como en el privado.

Nota de Revista Verde N°98

En la foto: Cantero

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El cambio climático es hoy: olas de calor, colapsos energéticos, incendios y degradación ambiental

El cambio climático es hoy: olas de calor, colapsos energéticos, incendios y degradación ambiental

Buenos Aires, 22 enero (PR/22)– Según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) se proyecta un incremento en las precipitaciones extremas en el este y sur de Argentina y en la cordillera de los Andes. Además, un fuerte retroceso de los glaciares a causa del cambio climático provocará  un aumento de la temperatura media a una tasa más alta.

Las consecuencias ya son palpables. Hace tan solo unos días, más de 50 ciudades de Argentina superaron los 40 grados Celsius y se batieron múltiples récords de temperaturas máximas. En línea con aquello, Marcelo A. Corti, Director del centro GEO, sostiene que “empezamos a ver, a raíz de los eventos de las últimas semanas, que el cambio climático no sólo tiene efectos lejos de mi círculo, de mi casa, sino que afecta considerablemente nuestra vida cotidiana”.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires las condiciones de colapso energético debido a las altas temperaturas se intensifican año a año. La demanda energética sigue creciendo a niveles que la oferta no puede satisfacer. Los cortes no solo afectan la posibilidad de refrigeración, sino también la provisión de un servicio esencial: el agua. Sin potabilización y distribución el agua no puede llegar, y sin agua por mucho tiempo la ciudad colapsa.
Estos cambios inminentes exigen la necesidad imperiosa de una transición energética, pasar de un sistema energético basado exclusivamente en combustibles fósiles a uno de bajas emisiones o sin emisiones de carbono, basado en fuentes renovables. Cambiar las formas de producción y consumo energético es un hábito no sólo deseable sino necesario que debe comenzar cuanto antes.
Por fuera de la metrópolis se suman otros problemas: la magnitud y frecuencia de incendios. Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, las causas fundamentales de las conflagraciones son la falta de precipitaciones, las altas temperaturas y el bajo porcentaje de humedad, sin dejar de resaltar que el 95 % de los incendios forestales son producto de la intervención humana.

El INTA identifica los incendios como una de las principales causas de desertificación en Argentina. El 70% del país son tierras secas y el 81,5% presenta algún proceso de degradación. La desertificación trae graves consecuencias como la migración, el abandono de tierras, la pobreza y la marginalización, además de un desequilibrio territorial y ambiental.

Los desmontes, sobrepastoreo, mal uso agrícola, y el desarrollo urbano promueven la degradación del suelo al punto de que podría no haber retorno. Cuando el suelo pierde nutrientes y estructura, se ve afectada su capacidad productiva y los servicios ecosistémicos que brinda, como el ciclo de nutrientes, mantenimiento de la diversidad biológica, provisión de agua segura y alimentos.

El cambio climático es hoy y ya no es posible mirar para otro lado.”Antes veíamos catástrofes como el descongelamiento de los polos como algo lejano, que mirábamos con tristeza, hoy nos encontramos con que el cambio climático impacta en nuestro día a día: ya sea en la provisión de servicios públicos o en las temperaturas con las que tenemos que convivir tanto en verano como en invierno. Todo esto resalta la necesidad de ser más conscientes, ni siquiera por una cuestión de conciencia social o climática, sino ya por una cuestión práctica”, añade Corti. Las graves y notorias consecuencias del calentamiento global afectan nuestra rutina como individuos y están empezando a afectar nuestra calidad de vida también.  La alteración en la frecuencia de precipitaciones y temperaturas son un catalizador más de estos cambios, pero no son determinantes, las acciones humanas sí lo son.

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Fuente: Centro de Desarrollo Sustentable GEO, de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.

Argentina y la FAO firmaron acuerdo para apoyar Plan de Acción Nacional de Bosques y Cambio Climático

Argentina y la FAO firmaron acuerdo para apoyar Plan de Acción Nacional de Bosques y Cambio Climático

Lo harán a través de un proyecto con un presupuesto de 82 millones de dólares que apoyará el desarrollo sostenible en el 8.5% del área total de bosques del país.

15 de septiembre de 2021, Santiago de Chile – La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) apoyará a Argentina a impulsar el manejo sostenible de sus bosques para enfrentar el cambio climático, mediante un nuevo proyecto con financiamiento del Fondo Verde del Clima.

El ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto argentino, Felipe Solá, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, y el Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, firmaron un acuerdo para avanzar hacia la implementación del Proyecto de Pagos por Resultados de REDD+ de Argentina, que fue aprobado por el Fondo Verde para el Clima (FVC) en noviembre del año pasado.

El proyecto, que tendrá una duración de seis años y un presupuesto de USD 82 millones, contribuirá al Plan de Acción Nacional de Bosques y Cambio Climático y a que Argentina alcance sus metas del Acuerdo de París y avance hacia el desarrollo sostenible.

“El desarrollo sostenible precisa de políticas coherentes a todos los niveles, del compromiso de todos los actores y de la adecuada movilización de recursos financieros. Solo desde esa coherencia y esa participación vamos a poder abordar las causas estructurales del calentamiento global y plantear las mejores soluciones para combatirlo”, dijo el ministro Solá.

El proyecto de Pago por Resultados apoyará a que 4.5 millones de hectáreas de bosques nativos estén bajo manejo sostenible, lo que representa un 8.5% del área total de bosques del país.

“Este financiamiento será destinado a preservar nuestras cuencas forestales, para extender el área de bosques bajo manejo sostenible, trabajar en la ganadería integrada con bosque nativo y generar mecanismos de integración social para las comunidades que viven alrededor de las cuencas”, dijo Juan Cabandié.

“Nadie va a escapar del impacto del cambio climático. Ya no estamos hablando del futuro, sino de hoy. Y una de las formas que podemos enfrentarlo es conservando la riqueza y la salud de los bosques. Argentina está recibiendo fondos por haber alcanzado resultados: y es una gran señal que dedique esos fondos a impulsar el manejo sostenible de los bosques, en un momento en el cual la crisis de COVID-19 requiere una recuperación económica y social desde la óptica de la transformación climática”, señaló Julio Berdegué.

Un gran impulso al manejo sostenible de los bosques argentinos

Trabajando con comunidades locales, mujeres rurales y pueblos originarios que viven y dependen de los bosques, el proyecto impulsará el establecimiento de 7 cuencas forestales sostenibles, apoyando a 7 mil familias de productores.

El proyecto busca establecer 95 planes integrales de manejo comunitario y 92 planes de manejo de bosques con ganadería integrada que beneficiarán en forma directa a 2.900 familias de comunidades locales e indígenas.

También implementará 6 planes estratégicos de prevención de incendios a nivel provincial y contribuirá a la autonomía económica de las comunidades que viven en el bosque, garantizando su acceso equitativo a los recursos y la posibilidad de decidir sobre su uso.

Además, contribuirá a la recuperación económica post-pandemia a través del fortalecimiento de las economías regionales asociadas a los bosques nativos, mejorando el acceso a los mercados, la generación de empleo y los medios de vida de las comunidades en las áreas rurales.

El nuevo proyecto será ejecutado en forma conjunta por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación y la FAO junto con socios clave en el Gobierno, en la sociedad civil, instituciones de sector técnico-académico y Naciones Unidas; y se encuadra dentro del recientemente firmado Marco Estratégico de Cooperación del Sistema de Naciones Unidas para el Desarrollo (Mecnud).

Pago por resultados

El financiamiento obtenido del Fondo Verde para el Clima -que permite financiar el proyecto REDD+ que apoyará al Plan de Acción Nacional de Bosques y Cambio Climático- fue otorgado como pago por resultados por la reducción de 18 millones de toneladas de CO2 equivalentes.

Esta reducción es parte de un total de 165 millones de toneladas que la Argentina logró disminuir en el período 2014-2016, a partir de la deforestación evitada en las regiones del Parque Chaqueño, en la Selva Tucumano Boliviana, en el Espinal y en la Selva Misionera.

Dicho logro fue posible gracias a los esfuerzos del país en la implementación de políticas que permitieron reducir emisiones, como la Ley de Bosques (N° 26.331) y el Proyecto Bosques Nativos y Comunidad.

Estas son parte de las acciones con que la Argentina da cumplimiento de los requisitos de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) para el proceso de REDD+, que el país alcanzó también con apoyos clave durante los últimos seis años a través de FAO y sus agencias hermanas en el Programa Nacional ONU-REDD así como del Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques (FCPF).

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Fuente: FAO