Universidad Norte Arizona,10 de Abril (PR/20) – Como la demanda de combustibles para el transporte se ha desplomado a un ritmo sin precedentes en el último mes debido a la pandemia de COVID-19, un científico de la Universidad del Norte de Arizona dice que la drástica disminución de la contaminación atmosférica local y de los niveles de dióxido de carbono (CO2) por encima de las ciudades es significativa, medible y podría ser histórica, dependiendo del tiempo que los viajeros y otros conductores permanezcan fuera de la carretera.
El profesor Kevin Gurney de la Escuela de Informática, Computación y Sistemas Cibernéticos de la NAU mide las emisiones de gases de efecto invernadero en las principales ciudades de los Estados Unidos. Dice que el consumo de tres importantes combustibles ha bajado en picada: la gasolina, el combustible para aviones y el destilado (diesel).
«Durante las tres primeras semanas de abril», dijo Gurney, «la gasolina ha disminuido un 43,1 por ciento, el combustible para aviones un 59,3 por ciento y los combustibles diesel un 16,7 por ciento en comparación con las mismas tres semanas de la última década». Si no lo supieras, pensarías que es un error en los datos. Nada como esto ha aparecido nunca en el registro. Nunca».
Gurney dice que los vehículos que circulan por la carretera representan aproximadamente el 20 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono cada año. «La disminución de la gasolina tiene implicaciones tanto para la calidad del aire local como para el cambio climático. Nunca podríamos haber hecho un experimento en el que el público dejara de conducir. El virus COVID-19 ha forzado esto, y nos da una idea de lo que el no conducir le hace a nuestro aire.»
Gurney dijo que los primeros datos de los monitores de satélite y de tierra están mostrando una disminución de la contaminación atmosférica local en varios lugares de los EE.UU., en consonancia con la disminución del consumo de combustible. Basándose en los datos recogidos desde mediados de marzo, Gurney ha proyectado niveles a largo plazo de gases de cambio climático en la atmósfera en caso de que las demandas de combustible para el transporte se mantengan bajas.
«Si se asumiera que la gasolina, el combustible para aviones y los destilados persistieran en los niveles actuales hasta finales de junio, esto resultaría en una disminución anual del 5 por ciento en las emisiones de CO2 de la energía total para 2020. Si los niveles actuales persistieran durante 12 meses, o hasta finales de febrero de 2021, esto resultaría en una disminución anual de las emisiones de CO2 de aproximadamente el 15 por ciento».
Como punto de referencia, Gurney compara los impactos del uso de combustible de petróleo de la pandemia del coronavirus con la crisis financiera mundial de 2008, cuando las emisiones de dióxido de carbono disminuyeron en un 3 por ciento ese año.
«Esto supera con creces ese evento en términos de datos de consumo de combustible que podemos ver, pero sólo hemos tenido unas pocas semanas para medir los resultados. No sabemos cómo va a aparecer esto a largo plazo. Una vez que la pandemia termine, podemos volver a nuestros niveles normales de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, puede que haya resultados positivos para el clima en medio de este devastador evento social y económico. Por ejemplo, los propietarios de empresas pueden ver oportunidades para continuar el teletrabajo con una parte de la fuerza de trabajo y así aumentar la productividad y reducir los costos. Esto podría disminuir el tráfico rodado y aumentar la eficiencia del espacio comercial».
Gurney continúa archivando numerosos conjuntos de datos de emisiones de CO2 como parte de sus proyectos Vulcan y Hestia, que trazan un mapa de las emisiones a escalas finas en todo el paisaje de los Estados Unidos. «Desde el punto de vista del cambio climático, puede haber algunas ideas valiosas sobre el consumo de energía que podemos utilizar al salir de la crisis de COVID-19», dijo Gurney.
Rosario, 9 mayo (PR/20) — Por Gustavo Víctor Necco Carlomagno y José Luis Aiello – La pandemia actual COVID-19 (COronaVIrus Disease – 2019) ha despertado inquietudes sobre causas y factores que provocaron su eclosión y expansión, señalándose entre ellos. en varios medios periodísticos y redes sociales, el cambio climático.
Hemos discutido en diálogos anteriores la definición, características y peculiaridades del cambio climático (ver https://agrolinkweb.com.ar/cambio-climatico-imperdible-entrevista-del-dr-aiello-al-dr-necco-carlomagno/ y https://bcr.com.ar/es/mercados/investigacion-y-desarrollo/informativo-semanal/noticias-informativo-semanal/reunion-sobre).
Recordemos que el cambio climático comparte con la pandemia su carácter global, planetario, pero las tendencias climáticas a largo plazo se caracterizan, como hemos señalado, como abstractas, distantes, graduales y complicadas.
En tanto que los fuertes impactos socio-económicos de los eventos meteorológicos extremos o tiempo extremo (tormentas severas, sequías, inundaciones, olas de calor o frío) explican el interés del público y las autoridades en comprender sus causas subyacentes.
Luego de un evento de tiempo extremo la respuesta típica de los científicos es que el calentamiento global o el cambio climático resultante no “causa” un evento individual en un sentido determinista, pero puede hacer que algunos sean más probables o más intensos.
De la misma forma podemos admitir que no está probado que el cambio climático haya “causado” directamente la pandemia, pero pueden existir relaciones o interacciones, ya sean positivas o negativas.
Han aparecido opiniones en medios periodísticos y profesionales y redes sociales que sostienen que estos problemas no deberían dejarse a los expertos de la física o biología (meteorólogos, climatólogos, biólogos, epidemiólogos) sino exclusivamente a políticos, economistas o sociólogos.
Creemos que en estos problemas tan complejos e interactivos se hace imprescindible un enfoque inter- e intra-disciplinario entre ciencias naturales y socio/económicas si se desean resultados sólidos y realistas.
Se correría un riesgo grave si se excluyen las ciencias llamadas “duras”, que son finalmente las más objetivas, ya que con las otras disciplinas pueden aparecer sesgos subjetivos, en ocasiones interesados, de acuerdo con los grupos que se involucren (lamentablemente esto ha ocurrido en el caso del cambio climático).
Decíamos en una de las entrevistas anteriores que “En este contexto la participación pública efectiva en desafíos ambientales complejos requiere que los expertos técnicos aprendan de las partes interesadas y los tomadores de decisión a través de un auténtico diálogo bidireccional”. Estamos convencidos que en el caso del COVID-19 los enfoques post-modernos serian suicidarios.
Hablando de riesgos, el último informe del World Economic Forum (WEF), “Global Risks Report 2020” incluye al fracaso en la acción climática, la pérdida de biodiversidad, los desastres naturales y los desastres medioambientales producidos por el hombre como los factores de mayor verosimilitud e impacto, en tanto que las enfermedades infecciosas aparecen como de alto impacto y baja verosimilitud (el COVID-19 demuestra que esta evaluación fue demasiado conservadora).
También destaca la fuerte interacción entre estos factores y, particularmente, el fracaso de la gobernanza global. Sobre este último punto recordemos que habíamos expresado en una entrevista anterior, respecto a los pobres resultados de la COP25 en cuanto al cambio climático, que “Una de las serias dificultades es que el tratamiento de este problema global necesita cierta gobernanza global relativamente sólida y los esquemas actuales de la ONU son pesados, engorrosos, reactivos y altamente politizados, que toman mucho tiempo para lograr decisiones (cuando se logran).
Lamentablemente hay una urgencia climática y el sistema político no está respondiendo con el compromiso y la premura que el caso merece. Más aún, en los últimos años se observa una “desglobalizacion”, donde los distintos países dan prioridad a sus intereses nacionales (en criollo, un “tute cabrero”). Queda poco lugar para el optimismo”. Podríamos aplicar este párrafo mutatis mutandis al caso del COVID-19.
Volviendo al tema que titula esta nota analizaremos y comentaremos una serie de preguntas sobre el COVID-19 y el cambio climático guiándonos e inspirándonos en opiniones recientes de expertos de centros de investigación reconocidos (principalmente Harvard, Yale, Cumbria y Scripps – ver referencias).
José Luis Aiello: ¿Afecta el cambio climático la transmisión del COVID19?
Gustavo Víctor Necco Carlomagno: Aunque es demasiado pronto para saber qué impactos directos ha tenido el cambio climático en la propagación del coronavirus, la evidencia respalda que el cambio climático podría afectar indirectamente la propagación de la enfermedad, las enfermedades infecciosas y otros virus con síntomas similares a la gripe en todo el mundo. Con el calentamiento global los animales -grandes o pequeños, terrestres o marinos- se dirigen a las regiones más frías alejándose del calor, toman contacto con otros animales que normalmente no encontraban, creando oportunidades para que los patógenos entren en nuevos huéspedes.
Varios de los factores primarios que provocan el cambio climático también aumentan el riesgo a pandemias. Por ejemplo, la deforestación, que es una de las causas principales de la pérdida de hábitats a nivel mundial, causando que los animales migren, tomen contacto con otros animales o el hombre y compartan gérmenes.
JLA: ¿Puede el calentamiento retrasar la expansión del COVID-19?
GVNC: Todavía no se tiene una idea clara de lo que significará el clima cambiante para el COVID-19 y no se debería confiar en que un clima más cálido pueda reducir las transmisiones. Tenemos que hacer todo lo posible en este momento para frenar la propagación de esta enfermedad, y eso significa que debemos seguir los consejos que los expertos en salud pública nos dicen y practicar el distanciamiento social, la buena higiene de manos con jabón y el uso de barbijos, entre otras acciones.
JLA: ¿Qué posibilidades hay de que se propaguen las enfermedades infecciosas como resultado del cambio climático?
GVNC: El cambio climático ya ha hecho que las condiciones sean más favorables a la propagación de algunas enfermedades infecciosas, incluida la enfermedad de Lyme, enfermedades transmitidas por el agua -como la que produce la bacteria Vibrio parahaemolyticus que causa vómitos y diarrea- y enfermedades transmitidas por mosquitos como la malaria y el dengue.
Los riesgos futuros no son fáciles de predecir, pero el cambio climático ya golpea con fuerza en varios frentes, incluidos los patrones de temperatura y lluvia, que afectan cuándo y dónde aparecen los patógenos. Para ayudar a limitar el riesgo de enfermedades infecciosas, debemos hacer todo lo que podamos para reducir seriamente los efectos futuros del cambio climático y global.
JLA: ¿Aumenta la contaminación del aire el riesgo de COVID-19 o empeora sus síntomas?
GVNC: Por lo que se conoce, es probable que las personas que están expuestas a más contaminación del aire y a los fumadores les irá peor si están infectados con COVID-19 que a quienes respiran aire más limpio y no fuman. La contaminación del aire está fuertemente asociada con el riesgo de las personas de contraer neumonía y otras infecciones respiratorias y de enfermarse cuando contraen neumonía.
Un estudio realizado sobre el SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome), que es provocado por un virus estrechamente relacionado con el COVID, descubrió que las personas que respiraban aire más contaminado tenían el doble de probabilidades de morir por la infección.
JLA: El cambio climático y la política de salud global son tratados en gran medida como asuntos separados por el público y los medios de comunicación. ¿Es correcto?
GVNC: La separación de la política sanitaria y ambiental es una ilusión peligrosa y nuestra salud depende completamente del clima y de los otros organismos con los que compartimos el planeta, por lo que es necesario unir a estas comunidades. Se han hecho algunos progresos en abordar el riesgo de propagación de patógenos de animales a personas, pero en gran medida todavía se ve el medio ambiente y la vida en la tierra como algo separado.
Si se desea prevenir la próxima pandemia infecciosa habría que mejorar esta situación haciendo mucho más para reducir los efectos del cambio climático y para salvaguardar la diversidad de la vida en la tierra, que se está perdiendo a un ritmo no visto desde que los dinosaurios —y más de la mitad de la vida en la tierra— se extinguieran hace 65 millones de años.
JLA: La escala de las acciones para tratar el COVID-19 y el cambio climático son muy diferentes ¿Por qué?
GVNC: Ya hemos tratado el tema en la introducción. Las enfermedades infecciosas dan miedo porque son inmediatas y personales. Cambian radical y rápidamente cómo llevamos nuestras vidas y también son una amenaza inmediata para nuestros amigos y familias. Golpean de la misma forma que los fenómenos extremos de tiempo severo.
El cambio climático parece a muchos un Armagedón en cámara lenta y sus peligros se sienten como impersonales y sus causas difusas. Es fácil pensar «No causé esto» o que «no me afecta directamente».
Pero hay otra forma de verlo. En el grupo de investigación Harvard C-CHANGE muestran que las acciones personales que necesitamos para enfrentar el cambio climático son las mismas que se necesitan para que las personas estén más saludables en este momento, especialmente para enfermedades que causan grandes cargas en la salud, como obesidad, enfermedades del corazón, cáncer o, inclusive, el cisne negro COVID-19.
JLA: ¿Qué implicancias tiene el cambio climático para la salud humana, hoy y en el futuro?
GVNC: El grupo interdisciplinario Yale Center on Climate Change and Health (CCCH) sostiene que: i) los efectos del cambio climático se están sintiendo hoy, y las proyecciones futuras representan un riesgo inaceptablemente alto y potencialmente catastrófico para la salud humana, ii) abordar el cambio climático podría ser la mayor oportunidad de salud mundial del siglo XXI y iii) la comunidad de la salud tiene un papel vital que desempeñar para acelerar el progreso para abordar el cambio climático.
También sostienen que los efectos del cambio climático en la salud actuales o proyectados incluyen:
* aumento de la morbilidad y mortalidad por olas de calor, sequías, inundaciones, incendios forestales y otros desastres naturales;
* aumento de la incidencia de enfermedades transmitidas por los alimentos, el agua y los vectores;
* aumento de la desnutrición y la inseguridad alimentaria;
* aumento de la incidencia y gravedad del asma y otras enfermedades respiratorias;
* conflictos violentos resultantes de la competencia entre naciones por recursos más escasos;
* refugiados climáticos desplazados por conflictos violentos, aumento del nivel del mar o escasez económica, con problemas asociados a los refugiados sanitarios.
Y que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero dará como resultado importantes beneficios colaterales para la salud:
* La disminución de la quema de combustibles fósiles reducirá los contaminantes nocivos del aire.
* Un cambio de la agricultura animal hacia la agricultura vegetal dará como resultado una dieta más saludable.
* Una infraestructura mejorada para caminar, andar en bicicleta y el transporte público aumentará la actividad física.
* La disminución de la extracción de combustibles fósiles reducirá los riesgos laborales y ambientales.
JLA: La visión catastrófica… ¿es el fin de los tiempos?
GVNC: Un conocido profesor en ciencias sociales británico expresó recientemente en una entrevista: “En las sociedades industriales modernas, las consecuencias de COVID-19 se sienten como un ensayo general sobre el tipo de colapso que amenaza el cambio climático » …»Esta crisis revela cuán frágil se ha convertido nuestra actual forma de vida «.
Este académico, ex-consultor de NNUU y del Partido Laborista británico, es bien conocido entre los ambientalistas por su teoría de la «adaptación profunda». En un artículo de 2018, expresa que “había llegado el momento de tomar medidas graduales para combatir el calentamiento global. Sin una transformación brusca de la sociedad, los cambios en el clima del planeta traerían hambre, destrucción, migración, enfermedades y la guerra – el colapso de la civilización – en una década”.
Sostiene también que los efectos primarios del cambio climático son desastres como los incendios forestales en Australia y California, los huracanes africanos, los tifones del sur de Asia y los colapsos de cosechas en el Medio Oriente y cómo estos factores pueden interrumpir la migración de la vida silvestre; los efectos secundarios del cambio climático son las pandemias. Mas aún, que mantener a flote las industrias más contaminantes aumentará la probabilidad de futuras pandemias y que los responsables políticos y los líderes empresariales deben reconocer que el cambio climático será incluso más disruptivo que el coronavirus.
No todos sus colegas académicos concuerdan con su visión apocalíptica. Un experto estadounidense opina que sus trabajos son ejemplos clásicos de catastrofismo climático, donde la ciencia es exagerada a favor de una narrativa apocalíptica.
JLA: La visión conspirativa… ¿es una manipulación genética?
GVNC: Varios rumores en las redes sociales sugieren que el brote fue de origen humano. Algunos dicen que el virus se filtró de un laboratorio chino que estudiaba los coronavirus. Otros sugieren que el virus fue diseñado para propagarse entre los humanos. Incluso los laboratorios más seguros a veces tienen accidentes, y una pandemia de ingeniería humana podría ser identificada como un posible riesgo para nuestra civilización, pero, hasta el momento, no hay evidencia cierta de que esto haya sucedido.
En un trabajo reciente un grupo de investigadores de Scripps sostiene que «al comparar los datos disponibles de la secuencia del genoma para las cepas conocidas de coronavirus, podemos determinar firmemente que el SARS-CoV-2 se originó a través de procesos naturales». Los científicos analizaron la plantilla genética para las proteínas espiga, armaduras en el exterior del virus que utiliza para atrapar y penetrar las paredes externas de las células humanas y animales. Concluyen que el virus es producto de la evolución natural, poniendo fin a cualquier especulación sobre ingeniería genética deliberada.
Comentarios finales
En esta nota hemos tratado de describir y discutir en la forma más compacta y amplia posible las eventuales relaciones entre el COVID-19, otras infecciones y la salud en general, con el cambio climático, basándonos en trabajos recientes de centros de investigaciones acreditados.
Pero esta pandemia excepcional, de tan rápida progresión, excede en mucho el ámbito climático y está sacudiendo todo el espectro socioeconómico planetario, desde las altas esferas político-financieras hasta el ciudadano de a pie. Inclusive hay grupos muy ideologizados que celebran esta pesadilla sanitaria porque estiman que destruirá un esquema social injusto. Una visión de muy cortas miras porque, de ocurrir, sería una victoria pírrica, donde solo habría perdedores.
Esta crisis está mostrando que el ser humano, aunque a veces reacciona en forma individual, cínica y aún desagradable o irracional, también puede llegar a mostrar actitudes solidarias y generosas. Esperemos que esta últimas primen por sobre las anteriores y que los timoneles políticos puedan encontrar un rumbo que nos lleve a puerto minimizando los inevitables daños.
En una sociedad tan compleja y globalizada las incertidumbres son tantas que no es posible saber en qué terminará, pero es un lugar común decir que el mundo no será el mismo, luego de superada. ¡Es difícil aceptar que una minúscula y microscópica bola de ácidos, rodeada de proteínas, pueda producir tal crisis planetaria!
Referencias
WEF Global Risks Report 2020 https://www.weforum.org/reports/the-global-risks-report-2020
Coronavirus, Climate Change, and the Environment, Harvard C-CHANGE, 20 marzo 2020. https://www.hsph.harvard.edu/c-change/news/coronavirus-climate-change-and-the-environment/
Professor Sees Climate Mayhem Lurking Behind Covid-19 Outbreak, 28 marzo 2020 https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-03-28/professor-sees-climate-mayhem-lurking-behind-covid-19-outbreak
Professor Jem Bendell, University of Cumbria UK https://jembendell.com/
No Evidence COVID-19 Coronavirus Was Genetically Engineered in a Lab – Epidemic Has a Natural Origin, 18 marzo 2020 https://scitechdaily.com/no-evidence-covid-19-coronavirus-was-genetically-engineered-in-a-lab-epidemic-has-a-natural-origin/
Yale Center on Climate Change and Health (CCCH) https://publichealth.yale.edu/climate/
Primicias Rurales
Fuente: Informativo Semanal de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Lectura del santo evangelio según san Juan (11,45-57):
EN aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.
La resiliencia climática de plantas como estas flores silvestres de la meseta tibetana podría depender de la salud del banco de semillas del suelo. Foto cortesía de Scott Collins.
Las semillas ofrecen un nivel de resiliencia a los efectos nocivos del cambio climático en los ecosistemas de todo el mundo. Cuando las semillas se dejan caer en el suelo, a menudo permaneciendo inactivas durante muchos años hasta que están listas para convertirse en plantas, pasan a formar parte del almacenamiento natural de semillas en «bancos de semillas del suelo». Se ha pensado que estos bancos soportan mejor las condiciones extremas que la vegetación brotada que existe sobre la tierra.
Un nuevo estudio publicado en la revista de la Sociedad Ecológica de América «Aplicaciones Ecológicas» examina cómo el calentamiento y el aumento de las precipitaciones (lluvia y nieve) dañan las semillas en el suelo de la Meseta Tibetana y en otros lugares.
«Los bancos de semillas del suelo son esencialmente el último recurso de la resistencia natural de los ecosistemas», dice Scott Collins, profesor de la Universidad de Nuevo México y autor del artículo. «Con demasiada frecuencia nos centramos en lo que vemos sobre la tierra y basamos las decisiones de gestión sólo en la apariencia de la comunidad vegetal».
La meseta tibetana, un lugar que ha sido pastoreado durante miles de años, es un lugar ideal para estudiar los efectos climáticos directos e indirectos sobre la vegetación en un entorno frágil. El estudio afirma que como la meseta más alta del mundo, con un promedio de más de 4.000 metros de elevación, se considera el tercer polo de la Tierra. La tasa de calentamiento aquí es casi 1,5 veces mayor que la del calentamiento global debido al cambio climático y las precipitaciones anuales han aumentado en la mayoría de las zonas de la meseta.
Debido a que la temporada de crecimiento es relativamente corta en la meseta, las muestras de suelo y los estudios de las plantas se recogieron en un año. Los investigadores de la Universidad de Lanzhou, en China, visitaron 57 lugares de recogida de muestras a diferentes elevaciones y tipos de ecosistemas en la parte nororiental de la meseta. Recogieron 1026 muestras de suelo y estudiaron la comunidad de plantas de la superficie, que se compone de las plantas cultivadas que reflejan los tipos de semillas que han ido cayendo en el suelo con el tiempo. A continuación, los investigadores hicieron germinar las muestras y las cultivaron en parcelas experimentales para estudiar el crecimiento y las diferentes condiciones que afectan a los bancos de semillas del suelo del Tíbet.
Aunque algunas plantas parecen crecer bien con el aumento de las precipitaciones y el calentamiento, estos cambios tienen efectos diferentes y perjudiciales en las pequeñas semillas que permanecen latentes y resistentes en el suelo.
«El cambio climático afecta a la capacidad de las semillas para germinar, crecer y sobrevivir», dice Collins. «Aunque el cambio climático afecta a las plantas adultas, las plántulas son delicadas y se ven sometidas a estrés por el clima: sequías, heladas, etc. – puede causar una alta mortalidad de las plántulas».
El estudio afirma que la temperatura es un factor primario para controlar la inactividad de las semillas. Con temperaturas más cálidas, las semillas pueden ser desencadenadas para brotar demasiado pronto cuando las condiciones no son ideales para un crecimiento saludable. Un período anormalmente cálido de unos pocos días – que se está volviendo más común – durante un invierno por lo demás duro puede desencadenar que esas semillas crezcan pero en última instancia hacerlas fracasar. Muchas semillas también pueden ser desencadenadas a brotar demasiado pronto por los altos niveles de humedad del suelo.
El aumento de la temperatura y la precipitación también puede afectar indirectamente a las semillas, cambiando el entorno que las rodea. Los patógenos (organismos microscópicos causantes de enfermedades) que son perjudiciales para las semillas pueden crecer más prolíficamente en condiciones de suelo más cálidas y húmedas. La acidez del suelo también puede cambiar, lo que afecta fuertemente a las comunidades microbianas y a la abundancia de esos patógenos. El exceso de nitrógeno en el suelo, también provocado por el cambio de las condiciones, permite que algunas especies de plantas dominen a otras y provoca una disminución de la diversidad general de especies, lo que se traduce en una menor diversidad de semillas en el suelo.
Collins cree que el estudio debería obligar a los administradores de los ecosistemas y a los científicos a prestar atención a los efectos directos e indirectos del cambio ambiental mundial en los sistemas subterráneos. «Incluso cuando la comunidad de la superficie parece estar muy degradada», dice, «el banco de semillas del suelo puede seguir siendo una fuente importante, pero poco apreciada, de resistencia del ecosistema después de una perturbación prolongada».
Sin embargo, con el continuo cambio de las condiciones climáticas, esa capacidad de recuperación sigue poniéndose a prueba.
Este verano fue una temporada récords en la península antártica. El pasado 6 de febrero la base argentina Esperanza anotó 18,3°C, y aunque está en investigación un valor en la región superior a los 20°C, lo cierto es que esas temperaturas quedaron para la historia meteorológica de esa región.
También otros eventos fueron relevantes, como el registrado en los alrededores de la Base de Investigación Vernadsky de Ucrania, ubicada en la isla de Galindez, frente a la costa oeste de la península antártica. Allí la nieve se entremezclaba con segmentos rojos que los investigadores llaman «nieve de frambuesa». De acuerdo a lo informado por LiveScience, el Ministerio de Educación y Ciencia de Ucrania publicó en su perfil de Facebook imágenes que muestran la escena con detalle: rayas de rojo y rosa que cortan los bordes de los glaciares y charcos en las llanuras heladas.
La explicación a lo que ocurría la dio finalmente la biología. Se trata de un tipo de alga pigmentada en rojo llamada Chlamydomonas Chlamydomonas nivalis, que se desarrolla en en campos de nieve y montañas en todo el mundo. Estas algas pueden crecer en en aguas heladas y pasan los inviernos en estado latente en la nieve y el hielo. Al llegar al verano, con el deshielo estas algas pueden hacerse visibles, florecer esparciendo sus esporas de color rojo.
Un fenómeno para nada nuevo
Pero este fenómeno que parece extraño, ya había sido descubierto por Aristóteles tres siglos antes de Cristo. Según la misma LiveScience, este colorido se lo ha conocido en la historia como nieve de sandía, nieve de sangre, o incluso de otras formas menos amables. Y su color tiene el mismo origen que otros elementos muy conocidos por todos.
Se trata de los carotenoides, los mismos pigmentos que hacen anaranjadas a las zanahorias (aunque las hay de otros variados colores), o las calabazas y las zanahorias sean anaranjadas). Estos pigmentos están presentes en los cloroplastos de las algas. Otro dato menos relacionados con su color es que estos pigmentos absorben el calor y protegen a las algas de la luz ultravioleta. De esa manera evitan mutaciones genéticas.
Este proceso no es para nada bueno para el hielo, ya que al iniciarse el ciclo de calentamiento propio del ciclo de las algas, el proceso de descongelamiento se acelera. La longitud de onda de las algas también favorecen esa tendencia. Al ser más oscuras la nieve refleja menos luz, se derrite más rápido y ayuda a que más algas se reproduzcan, en un ciclo creciente.
Las algas aceleran el calentamiento
El ciclo parece perfecto: a más calor absorbido por las algas, más rápido se derrite el hielo circundante. Cuanto más hielo se derrite, más veloz se pueden extender las algas. Eso ayuda a un mayor calentamiento, más derretimiento y más floraciónde algas. Y vuelta a empezar el ciclo. Y este tipo de eventos pueden estar relacionados con el aumento de temperatura de los océanos.
El cálido verano austral multiplica la ‘nieve de sangre’ en la Antártida https://bit.ly/2HWzF26
Aunque de morfología totalmente diferente, la invasión de espuma en las costas de Cataluña durante un gran temporal estaba asociada al aumento en la producción de ciertas algas por mayores temperaturas. La acción del oleaje y los vientos completaron esa imagen que dieron la vuelta al mundo.
Si bien la nieve de sangre es un fenómeno que siempre ha existido, que se reporte tan al sur puede ser un claro indicio de que las temperaturas de mar están elevándose más de lo que se suponía. La gran duda es cómo este proceso puede progresar en el tiempo, y de qué manera ayude a una pérdida de hielo en la península antártica.
Ohio, febrero12, (PR/20) – Un equipo de científicos de la Universidad de Nebraska, la Universidad Estatal de Ohio, y el Instituto Conjunto del Genoma del Departamento de Energía de EE.UU., aseguran en esta prepublicación en la plataforma bioRxiv.org (pendiente de revisión por sus pares), que encontraron congelados en la meseta tibetana a 28 grupos de virus desconocidos, alojados en la capa de 15 mil años de antigüedad.
A unos 6700 metros de altura, al oeste de las montañas Kunlun en la parte china de lameseta tibetana, existe una de las capas de hielo más antiguas de la Tierra. Se trata del casquete de Guliya, unos 200 kilómetros cuadrados de corteza de hielo que comenzó a formarse antes de que finalice la última edad de hielo. Eso lo convierte en un registro de los últimos 130 mil años de la historia de nuestro planeta, o más.
Tomaron dos muestras de núcleos de hielo de 50 metros de profundidad del casquete de Guliya.
El grupo de científicos tomó dos muestras de núcleos de este hielo de 50 metros de profundidad, lo que equivale a testigos de hielo de 15 mil años de antigüedad. Para llegar al núcleo interno del hielo usaron una sierra esterilizada trabajando en una habitación a -5°C, para raspar las capas y acceder al hielo no contaminado. Emplearon etanol y agua estéril para derretir y lavar un centímetro más de hielo, empleando un procedimiento de muestreo microbiano y viral ultra limpio. En su interior encontraron decenas de bacterias desconocidas, y lograron identificar 33 grupos de virus de los cuales 28 eran nuevos para la ciencia.
El investigador Zhi-Ping Zhong, que encabeza este estudio expone: “los glaciares del planeta se están encogiendo rápidamente, y como mínimo esto podría llevar a la pérdida de archivos virales y microbianos (…) de los regímenes climáticos de la Tierra en el pasado; sin embargo, en el peor escenario posible la fusión del hielo podría liberar patógenos al medio”.
Volver del pasado
Los testigos de hielo esconden muchos secretos de la historia de nuestro planeta, podemos descubrir lo que le pasaba a la atmósfera hace incluso medio millón de años atrás. Los científicos comenzaron a estudiar las bacterias encontradas en el hielo glaciar desde principios del siglo XX, y con mayor énfasis desde la década de los ´80. Este tipo de investigaciones, mayoritariamente están enfocadas a conocer cómo fue el clima pasado en la Tierra, a través del estudio de las comunidades microbianas archivadas en los glaciares.
Por otro lado, se ha estudiado muy poco a los virus en el hielo glaciar antiguo, (sólo hay dos informes al respecto), un estudio se realizó en Groenlandia con hielo de hace 140 mil años, y otro en el núcleo de hielo de Vostok.
Calentamiento global: despertar años después
Tal vez recuerden el brote de ántrax en una parte remota de Siberia del año 2016, el cual fue atribuido a las esporas del virus liberado de restos de un reno, enterrados en el permafrost durante 75 años. En aquel momento, una ola de calor fue la responsable de su reaparición por las altas temperaturas registradas en la zona.
Ahora bien, a medida que se comprueba que los glaciares de todo el mundo continúan disminuyendo a un ritmo acelerado, el razonamiento que queda es bastante intuitivo: los virus y microbios congelados en la antigüedad podrían estar quedando expuestos.
Esto trae dos consecuencias, por un lado se teme que se pierdan para siempre si no se catalogan a tiempo (o sea, antes de que los glaciares se derritan); y por el otro lado la peor consecuencia “que la rápida fusión de hielo que experimentamos por el calentamiento global libere patógenos al medio ambiente”, aclararon los científicos.
«La rápida fusión de hielo que experimentamos por el calentamiento global, puede liberar patógenos al medio ambiente”, aclararon los científicos.
El estudio de estos “nuevos virus” que eran parte de nuestro planeta hace 15 mil años, es importante porque le ofrece a los profesionales más detalles sobre el clima de ese momento, qué microbios y virus pudieron sobrevivir a las distintas condiciones extremas; y sobre todo podría ayudar a prevenir futuros brotes de enfermedades.
Aún esta reciente investigación no se ha revisado ni publicado en una revista científica, pero fue realizada por profesionales de prestigiosas universidades.