Jun 22, 2020 | Cambio Climático
22 de junio, (PR/20).- Según estudios de la Universidad de Oxford, para producir 100 gr de proteínas, los bovinos demandan más tierras y agua que los granos, y generan mayor contaminación. Sobre esta base, grupos ecologistas y veganos de la UE proponen desacoplar la producción de carne del uso de recursos naturales. La estrategia para enfrentar esta visión que intentan imponer a nivel mundial, según el investigador Ernesto Viglizzo.
«Hasta hace unos años, la productividad y la rentabilidad eran las mayores preocupaciones de las empresas a nivel global, pero este año por primera vez ganaron posición las variables ambientales», dijo el Ing. Agr. Ernesto Viglizzo, investigador del CONICET, en el webinar Ganadería y Cambio Climático organizado por el Foro Argentino de Genética Bovina, presentado los resultados de una encuesta a empresarios, académicos, referentes sociales y líderes de gobierno, realizada por el World Economic Forum 2020. «La mayor cantidad de respuestas apuntó a los riesgos de ocurrencia de eventos climáticos extremos, pérdida de biodiversidad y desastres ambientales causados por el hombre», detalló.
En cuanto a la ganadería bovina, estos nuevos paradigmas abren un terreno fértil para la visión que intentan imponer ambientalistas y veganos de la Unión Europea.
«Hay que seguir de cerca a estos grupos que yo llamo ‘lobby’ porque son los más poderosos que arremeten contra la carne vacuna y sus opiniones irradian rápidamente a escala global. Sostienen que, más allá de afectar la salud humana, la producción bovina impacta negativamente en el ambiente, en lo que hace al uso y la contaminación de los recursos naturales», planteó el investigador, poniendo sobre la mesa los mitos que afectan a los países ganaderos de Sudamérica, entre ellos, la Argentina que históricamente ha exportado al bloque europeo.
Durmiendo con el enemigo
Los argumentos en contra de la carne vacuna tienen sus años aunque cobraron nuevo brío a partir de un estudio de 2018, realizado por la Universidad de Oxford, Reino Unido, que involucra a 38.700 granjas comerciales, en 119 países. «Según los autores, para producir 100 gramos de proteínas, los bovinos demandan más tierra y agua, y emiten más gases de efecto invernadero y otros contaminantes, que granos como el trigo, maíz, arroz y soja.


«Cuando se publicaron estos trabajos, tuvieron un impacto muy fuerte. El lobby de los veganos puso mucho énfasis en que la población europea abandonara hábitos culinarios e hiciera un viraje hacia dietas vegetales», contó Viglizzo. ¿Que proponen? «Desacoplar la producción de carne del uso de la tierra. Entonces, además de carnes vegetales, impulsan la carne cultivada, que se produce replicando moléculas de ADN, es decir, sacándole unas células a la vaca y desarrollándolas en condiciones de laboratorio. No es el mismo alimento, pero además está avanzando a toda velocidad con este producto, lo que atenta contra un factor de producción del agro tradicional», advirtió.
En paralelo, en diciembre de 2020, el Parlamento Europeo propuso el Pacto Verde que apunta de dejar de producir emisiones netas de gases de efecto invernadero en 2050 y posicionarse como el primer continente neutro.
En materia comercial, esta hoja de ruta señala explícitamente que el precio de los productos comprados a terceros países, deberá reflejar con precisión su contenido de carbono. «Esto significa penalizar aquellas carnes que lleguen a sus góndolas con mayor carga de carbono, más concretamente con mayor huella, una de las causas del calentamiento global y de la fuerte variabilidad climática de los últimos tiempos», alertó, señalando asimismo que promoverán que otros países importadores también adopten estos criterios.
«O sea, que la Unión Europea trata de erigirse en algo así como un líder de la defensa del ambiente global y para eso ejercerá todas las presiones diplomáticas posibles», aseveró.
¿Puede la demanda China liberarnos del lobby de la UE? «Europa busca imponer su posición con datos científicos, que influyen mucho en las negociaciones. Hoy los sistemas satelitales globales están monitoreando cada pixel de la tierra y permiten evaluar rápidamente cambios en la superficie boscosa. Y se entiende que el principal impacto potencialmente negativo de la ganadería está en la desforestación. En el caso de la Argentina, la tasa de desforestación ha bajado significativamente desde 2008 en que entró en vigencia la Ley de Bosques, eso juega a nuestro favor», respondió.
Mitos y verdades
Para Viglizzo, los estudios que sustentan a los ambientalistas no contemplan que la forma de producir carne de los europeos, con predominio de sistemas de tipo industrial, intensivos, difiere de la ganadería argentina que también utiliza el feedlot pero obtiene la mayor parte de los kilos de cada animal sobre pastizales y pasturas.
«En todos los casos los bovinos emiten carbono, pero nuestros sistemas pueden secuestrarlo y los otros no», indicó. ¿Qué hacen las pasturas? «Capturan carbono que ya está en la atmósfera, por fotosíntesis. Ese carbono es consumido por el animal, que lo recicla como metano y luego vuelve al medio. Y si bien el metano tiene un poder calorífico mucho más importante, lo cierto es que la cantidad neta de carbono que se está reciclando es siempre la misma, o sea, no estamos agregando más», explicó.
A nivel global, los mediciones de gases de efecto invernadero se basan en las metodologías desarrolladas por el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que fue creado en 1988. «El problema es que le asigna un valor de secuestro de carbono sólo a las tierras de bosques, algo que debería ser revisado, porque las tierras de pastoreo, bien manejadas, también pueden capturar», opinó, remarcando que esto tiene una enorme importancia para la Argentina donde el 80% de la cobertura territorial corresponde, precisamente, a tierras pastoreo.
La contabilidad del carbono
Seguidamente el investigador definió el balance de carbono, que mide la diferencia entre lo que se emite y lo que se secuestra por hectárea del sistema ganadero. Sin embargo, los estudios de Oxford, que castigaron a la carne vacuna, midieron la huella de carbono que es la cantidad de carbono producido por cada kilo o tonelada de producto. Así las cosas, para explicar cómo juegan los métodos del IPCC, puso un ejemplo de la ganadería local.
Consideró un planteo con 80% de pasturas, 20% de maíz, que fertiliza con 100 kg/ha de urea y obtiene 550 kg de carne por hectárea. ¿Cómo se calcula la huella de carbono? «En primer lugar se le incorporan las emisiones por manufactura de los insumos que consume ese planteo, por combustible, plaguicidas y fertilizantes, que en realidad, deberían cargarse a la industria que los fabricó y no al productor agropecuario. Nosotros, los investigadores, estamos cuestionando este aspecto», aseveró.
Pero también, prosiguió, hay emisiones propias de la ganadería que son las que juegan más fuerte en la contabilidad ambiental: las se producen por excreta, o sea, metano y por orina, es decir, óxido nitroso.
«Si asumimos que el secuestro de carbono en nuestros sistemas es cero, tal como computan todos los estudios europeos, nuestro modelo tendría una huella de carbono de 1.454 kg por tonelada de carne. En cambio, si consideramos el secuestro de las pasturas, vemos un baja sustancial, se capturan 909 kg de carbono y la huella baja a 500 kg. Y no es lo mismo llegar a una góndola europea con 1.454 kg de carbono por tonelada, que hacerlo con 500 kg», reiteró. Y subrayó: «Incluso, es posible que un sistema pastoril de alta productividad pueda tener mayor secuestro de carbono del forraje que emisión por parte de los animales. Hay gran variabilidad de planteos en nuestras latitudes y cada uno tiene su balance»
¿Cómo medir el secuestro de carbono de las pasturas? «Nosotros no disponemos de recursos humanos ni económicos como para llevar adelante los estudios necesarios a campo, que son complejos y demandan mucho tiempo y, en este sentido, debería haber colaboración desde el sector privado. El atajo que hemos tomado es hacer revisiones de la bibliografía internacional aplicables a nuestras regiones ganaderas, pero deberíamos contar con nuestros propios datos para negociar en los foros internacionales», finalizó Viglizzo.
Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne
Primicias Rurales
May 26, 2020 | Cambio Climático
Buenos Aires, 26 mayo (PR/20) — Especialistas del INTA aseguran que es posible intensificar la actividad de los sistemas agrícolas y, a la par, mitigar la emisión de gases de efecto invernadero. Para lograrlo es necesario incorporar herramientas, como la siembra directa, la rotación de cultivos y la integración de la agricultura con la ganadería. Frente a este contexto, Fontagro organiza un ciclo de conferencias que profundizará en las prácticas de manejo que contribuyen a este propósito.
En los últimos 65 años, la actividad humana aumentó en un 80 % las emisiones de dióxido de carbono (CO2), mientras que duplicó la tasa de emisión de metano (CH4) e incrementó entre un 40 y un 50 % las concentraciones atmosféricas de óxido nitroso (N2O).
De acuerdo con el Quinto Informe de Cambio Climático, publicado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), la mayor fuente de incremento de los gases de efecto invernadero (GEI) provino de la generación de energía, el transporte y la industria. Por su parte, la agricultura, la ganadería y los cambios en el uso de la tierra contribuyeron con no más de un tercio de las emisiones.
Ahora bien, ¿es posible reducir la emisión de GEI y mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C? ¿qué rol cumple el sistema agrícola en este objetivo? ¿es posible maximizar la productividad de manera sustentable? ¿cómo impacta el cambio climático en el sector?
Para Miguel Taboada –director del Instituto de Suelos del INTA Castelar–, se puede maximizar la productividad del sistema agrícola y reducir la emisión neta de gases de efecto invernadero, lo que incluye a la captura de CO2 atmosférico por las plantas. Esto es posible y necesario para la adaptación al cambio climático. “Nuestra agricultura debe buscar una intensificación sustentable que reduzca el impacto ambiental y social”, subrayó.
Para esto, es importante incluir las mejores prácticas de manejo de suelos y cultivos que contribuyan a este propósito, según la condición especifica de sitio a nivel de predio, cuenca o región. En este sentido, recomendó las rotaciones de cultivos, la reducción de la erosión hídrica y eólica y la desertificación, la siembra directa, la nutrición de suelos y cultivos con una adecuada tecnología de fertilización, la integración de agricultura con ganadería, entre otras.
“Estas prácticas –eje del ciclo de conferencias “El sector agropecuario frente al cambio climático” organizado por Fontagro para junio y julio– deben resultar en una menor emisión de GEI, mayor captura de carbono en los suelos, mayor eficiencia en el uso del agua, mayor diversidad y actividad biológica en los suelos y uso adecuado y responsable de agroquímicos”, especificó.
Con respecto al impacto del cambio climático en el sector agropecuario, Taboada no dudó en asegurar que “los países de Latinoamérica presentan una marcada heterogeneidad en cuanto a las amenazas de origen climático, clasificadas en tres ejes: los riesgos de exposición a daños, las vulnerabilidades que afectan a las poblaciones y los ecosistemas y, por último, las oportunidades”.
En esta línea, especificó que el riesgo más notorio es el aumento de las temperaturas medias y de los mínimos diarios con noches más cálidas, aunque también pueden esperarse eventos extremos como olas de calor, menor cantidad de días con heladas, sequías y excesos hídricos en forma de tormentas y granizadas.
Para Taboada, “es importante incluir las mejores prácticas de manejo de suelos y cultivos” y recomendó reducir la erosión hídrica y eólica, además de la desertificación.
En cuanto a las vulnerabilidades, Taboada incluyó a los factores que pueden incrementar o agravar la magnitud de los daños y disminuir la capacidad de resiliencia como, por ejemplo, los altos índices de pobreza, la desaparición de bosques y pastizales y la pobre institucionalidad de algunos países que lleva a la falta de marcos regulatorios o de cumplimiento efectivo de la Ley.
A su vez, aseguró que “aun cuando la mayoría de los cambios del clima son negativos, existen algunos aspectos u oportunidades que pueden favorecer las producciones agropecuarias”. Entre ellos, mencionó la tropicalización de las regiones que permiten el cultivo con especies megatérmicas o el aumento de las lluvias, que, bajo ciertas circunstancias, puede permitir el desplazamiento o aumento de las áreas de cultivo.
Entre las principales amenazas climáticas, el especialista del INTA advirtió sobre el impacto del estrés térmico e hídrico para cultivos y ganado, la falta de agua por deshielo, las pérdidas de cultivos y hacienda por los procesos erosivos, como así también las sequías e inundaciones y la mayor diseminación de plagas y enfermedades.
“El nivel de exposición a las amenazas planteadas es muy variable en función, principalmente, del nivel socioeconómico de la población afectada, la rigidez o flexibilidad relativa con que pueden variar sus sistemas productivos o adoptar tecnología y la posibilidad de asistencia o disponibilidad de dicha tecnología”, reconoció.
“Nuestra agricultura debe buscar una intensificación sustentable que reduzca el impacto ambiental y social”, subrayó Taboada.
La mitigación: un cambio es posible
De acuerdo con el director del Instituto de Suelos del INTA Castelar, para que la mitigación del cambio climático sea posible se debe realizar ciertas medidas estructurales, sociales e institucionales.
Entre las estructurales, diferenció entre las que requieren el uso de ingeniería y cambios en el entorno físico como la construcción de sistemas de riego o bombeos de agua, de los que demandan un manejo del ecosistema con un impulso hacia la conservación de corredores biológicos, migración de especies en peligro de extinción, forestación, manejo de tierras protegidas, entre otros.
Además, se refirió a la incorporación de opciones tecnológicas de insumos y de procesos, en beneficio de una mejor gestión de los cultivos, la ganadería y el pastoreo. Entre ellas, destacó la adopción de nuevas variedades y tipos de cultivos y animales, incorporación de mejoras genéticas, el desplazamiento de áreas de cultivo, cambios en las fechas de siembra y adopción de germoplasmas adaptados.
A su vez, destacó los sistemas de cultivo para mejorar la conservación del agua, la captura de nitrógeno de la atmósfera, el reciclaje de residuos, las producciones integradas, los sistemas agroecológicos, el control biológico de plagas, la eficiencia del uso del agua en áreas de secano y regadío, reutilización de agua de drenaje y fertirriego, ajuste de la carga animal, distribución de aguadas, entre otros.
En cuanto a las medidas sociales, destacó la importancia de generar mapas de riesgo y vulnerabilidad, sistemas de alerta temprana y respuesta, monitoreo y uso sistemático de sensores remotos. Además, se requieren cambios en los patrones de comportamiento que fomenten las prácticas de conservación del suelo y el agua con cambios en los sistemas de cultivo, áreas y fechas de siembra y la incorporación de conocimientos tradicionales de los productores.
Por último, con respecto a las medidas institucionales destacó las económicas, como el pago por servicios ecosistémicos o las referidas a tipo de regulación regional, nacional o municipal para el uso de las tierras y los derechos de propiedad y tenencia, como así también aquellas que protejan el uso de los recursos de suelos, aguas y vegetación.
Primicias Rurales
Fuente: INTA Informa
May 10, 2020 | Cambio Climático
Universidad Norte Arizona,10 de Abril (PR/20) – Como la demanda de combustibles para el transporte se ha desplomado a un ritmo sin precedentes en el último mes debido a la pandemia de COVID-19, un científico de la Universidad del Norte de Arizona dice que la drástica disminución de la contaminación atmosférica local y de los niveles de dióxido de carbono (CO2) por encima de las ciudades es significativa, medible y podría ser histórica, dependiendo del tiempo que los viajeros y otros conductores permanezcan fuera de la carretera.
El profesor Kevin Gurney de la Escuela de Informática, Computación y Sistemas Cibernéticos de la NAU mide las emisiones de gases de efecto invernadero en las principales ciudades de los Estados Unidos. Dice que el consumo de tres importantes combustibles ha bajado en picada: la gasolina, el combustible para aviones y el destilado (diesel).
«Durante las tres primeras semanas de abril», dijo Gurney, «la gasolina ha disminuido un 43,1 por ciento, el combustible para aviones un 59,3 por ciento y los combustibles diesel un 16,7 por ciento en comparación con las mismas tres semanas de la última década». Si no lo supieras, pensarías que es un error en los datos. Nada como esto ha aparecido nunca en el registro. Nunca».
Gurney dice que los vehículos que circulan por la carretera representan aproximadamente el 20 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono cada año. «La disminución de la gasolina tiene implicaciones tanto para la calidad del aire local como para el cambio climático. Nunca podríamos haber hecho un experimento en el que el público dejara de conducir. El virus COVID-19 ha forzado esto, y nos da una idea de lo que el no conducir le hace a nuestro aire.»
Gurney dijo que los primeros datos de los monitores de satélite y de tierra están mostrando una disminución de la contaminación atmosférica local en varios lugares de los EE.UU., en consonancia con la disminución del consumo de combustible. Basándose en los datos recogidos desde mediados de marzo, Gurney ha proyectado niveles a largo plazo de gases de cambio climático en la atmósfera en caso de que las demandas de combustible para el transporte se mantengan bajas.
«Si se asumiera que la gasolina, el combustible para aviones y los destilados persistieran en los niveles actuales hasta finales de junio, esto resultaría en una disminución anual del 5 por ciento en las emisiones de CO2 de la energía total para 2020. Si los niveles actuales persistieran durante 12 meses, o hasta finales de febrero de 2021, esto resultaría en una disminución anual de las emisiones de CO2 de aproximadamente el 15 por ciento».
Como punto de referencia, Gurney compara los impactos del uso de combustible de petróleo de la pandemia del coronavirus con la crisis financiera mundial de 2008, cuando las emisiones de dióxido de carbono disminuyeron en un 3 por ciento ese año.
«Esto supera con creces ese evento en términos de datos de consumo de combustible que podemos ver, pero sólo hemos tenido unas pocas semanas para medir los resultados. No sabemos cómo va a aparecer esto a largo plazo. Una vez que la pandemia termine, podemos volver a nuestros niveles normales de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, puede que haya resultados positivos para el clima en medio de este devastador evento social y económico. Por ejemplo, los propietarios de empresas pueden ver oportunidades para continuar el teletrabajo con una parte de la fuerza de trabajo y así aumentar la productividad y reducir los costos. Esto podría disminuir el tráfico rodado y aumentar la eficiencia del espacio comercial».
Gurney continúa archivando numerosos conjuntos de datos de emisiones de CO2 como parte de sus proyectos Vulcan y Hestia, que trazan un mapa de las emisiones a escalas finas en todo el paisaje de los Estados Unidos. «Desde el punto de vista del cambio climático, puede haber algunas ideas valiosas sobre el consumo de energía que podemos utilizar al salir de la crisis de COVID-19», dijo Gurney.
Primicias Rurales
Fuente: NAU research
May 9, 2020 | Cambio Climático
Rosario, 9 mayo (PR/20) — Por Gustavo Víctor Necco Carlomagno y José Luis Aiello – La pandemia actual COVID-19 (COronaVIrus Disease – 2019) ha despertado inquietudes sobre causas y factores que provocaron su eclosión y expansión, señalándose entre ellos. en varios medios periodísticos y redes sociales, el cambio climático.
Hemos discutido en diálogos anteriores la definición, características y peculiaridades del cambio climático (ver https://agrolinkweb.com.ar/cambio-climatico-imperdible-entrevista-del-dr-aiello-al-dr-necco-carlomagno/ y https://bcr.com.ar/es/mercados/investigacion-y-desarrollo/informativo-semanal/noticias-informativo-semanal/reunion-sobre).
Recordemos que el cambio climático comparte con la pandemia su carácter global, planetario, pero las tendencias climáticas a largo plazo se caracterizan, como hemos señalado, como abstractas, distantes, graduales y complicadas.
En tanto que los fuertes impactos socio-económicos de los eventos meteorológicos extremos o tiempo extremo (tormentas severas, sequías, inundaciones, olas de calor o frío) explican el interés del público y las autoridades en comprender sus causas subyacentes.
Luego de un evento de tiempo extremo la respuesta típica de los científicos es que el calentamiento global o el cambio climático resultante no “causa” un evento individual en un sentido determinista, pero puede hacer que algunos sean más probables o más intensos.
De la misma forma podemos admitir que no está probado que el cambio climático haya “causado” directamente la pandemia, pero pueden existir relaciones o interacciones, ya sean positivas o negativas.
Han aparecido opiniones en medios periodísticos y profesionales y redes sociales que sostienen que estos problemas no deberían dejarse a los expertos de la física o biología (meteorólogos, climatólogos, biólogos, epidemiólogos) sino exclusivamente a políticos, economistas o sociólogos.
Creemos que en estos problemas tan complejos e interactivos se hace imprescindible un enfoque inter- e intra-disciplinario entre ciencias naturales y socio/económicas si se desean resultados sólidos y realistas.
Se correría un riesgo grave si se excluyen las ciencias llamadas “duras”, que son finalmente las más objetivas, ya que con las otras disciplinas pueden aparecer sesgos subjetivos, en ocasiones interesados, de acuerdo con los grupos que se involucren (lamentablemente esto ha ocurrido en el caso del cambio climático).
Decíamos en una de las entrevistas anteriores que “En este contexto la participación pública efectiva en desafíos ambientales complejos requiere que los expertos técnicos aprendan de las partes interesadas y los tomadores de decisión a través de un auténtico diálogo bidireccional”. Estamos convencidos que en el caso del COVID-19 los enfoques post-modernos serian suicidarios.
Hablando de riesgos, el último informe del World Economic Forum (WEF), “Global Risks Report 2020” incluye al fracaso en la acción climática, la pérdida de biodiversidad, los desastres naturales y los desastres medioambientales producidos por el hombre como los factores de mayor verosimilitud e impacto, en tanto que las enfermedades infecciosas aparecen como de alto impacto y baja verosimilitud (el COVID-19 demuestra que esta evaluación fue demasiado conservadora).
También destaca la fuerte interacción entre estos factores y, particularmente, el fracaso de la gobernanza global. Sobre este último punto recordemos que habíamos expresado en una entrevista anterior, respecto a los pobres resultados de la COP25 en cuanto al cambio climático, que “Una de las serias dificultades es que el tratamiento de este problema global necesita cierta gobernanza global relativamente sólida y los esquemas actuales de la ONU son pesados, engorrosos, reactivos y altamente politizados, que toman mucho tiempo para lograr decisiones (cuando se logran).
Lamentablemente hay una urgencia climática y el sistema político no está respondiendo con el compromiso y la premura que el caso merece. Más aún, en los últimos años se observa una “desglobalizacion”, donde los distintos países dan prioridad a sus intereses nacionales (en criollo, un “tute cabrero”). Queda poco lugar para el optimismo”. Podríamos aplicar este párrafo mutatis mutandis al caso del COVID-19.
Volviendo al tema que titula esta nota analizaremos y comentaremos una serie de preguntas sobre el COVID-19 y el cambio climático guiándonos e inspirándonos en opiniones recientes de expertos de centros de investigación reconocidos (principalmente Harvard, Yale, Cumbria y Scripps – ver referencias).
José Luis Aiello: ¿Afecta el cambio climático la transmisión del COVID19?
Gustavo Víctor Necco Carlomagno: Aunque es demasiado pronto para saber qué impactos directos ha tenido el cambio climático en la propagación del coronavirus, la evidencia respalda que el cambio climático podría afectar indirectamente la propagación de la enfermedad, las enfermedades infecciosas y otros virus con síntomas similares a la gripe en todo el mundo. Con el calentamiento global los animales -grandes o pequeños, terrestres o marinos- se dirigen a las regiones más frías alejándose del calor, toman contacto con otros animales que normalmente no encontraban, creando oportunidades para que los patógenos entren en nuevos huéspedes.

Varios de los factores primarios que provocan el cambio climático también aumentan el riesgo a pandemias. Por ejemplo, la deforestación, que es una de las causas principales de la pérdida de hábitats a nivel mundial, causando que los animales migren, tomen contacto con otros animales o el hombre y compartan gérmenes.
JLA: ¿Puede el calentamiento retrasar la expansión del COVID-19?
GVNC: Todavía no se tiene una idea clara de lo que significará el clima cambiante para el COVID-19 y no se debería confiar en que un clima más cálido pueda reducir las transmisiones. Tenemos que hacer todo lo posible en este momento para frenar la propagación de esta enfermedad, y eso significa que debemos seguir los consejos que los expertos en salud pública nos dicen y practicar el distanciamiento social, la buena higiene de manos con jabón y el uso de barbijos, entre otras acciones.
JLA: ¿Qué posibilidades hay de que se propaguen las enfermedades infecciosas como resultado del cambio climático?
GVNC: El cambio climático ya ha hecho que las condiciones sean más favorables a la propagación de algunas enfermedades infecciosas, incluida la enfermedad de Lyme, enfermedades transmitidas por el agua -como la que produce la bacteria Vibrio parahaemolyticus que causa vómitos y diarrea- y enfermedades transmitidas por mosquitos como la malaria y el dengue.
Los riesgos futuros no son fáciles de predecir, pero el cambio climático ya golpea con fuerza en varios frentes, incluidos los patrones de temperatura y lluvia, que afectan cuándo y dónde aparecen los patógenos. Para ayudar a limitar el riesgo de enfermedades infecciosas, debemos hacer todo lo que podamos para reducir seriamente los efectos futuros del cambio climático y global.
JLA: ¿Aumenta la contaminación del aire el riesgo de COVID-19 o empeora sus síntomas?
GVNC: Por lo que se conoce, es probable que las personas que están expuestas a más contaminación del aire y a los fumadores les irá peor si están infectados con COVID-19 que a quienes respiran aire más limpio y no fuman. La contaminación del aire está fuertemente asociada con el riesgo de las personas de contraer neumonía y otras infecciones respiratorias y de enfermarse cuando contraen neumonía.

Un estudio realizado sobre el SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome), que es provocado por un virus estrechamente relacionado con el COVID, descubrió que las personas que respiraban aire más contaminado tenían el doble de probabilidades de morir por la infección.
JLA: El cambio climático y la política de salud global son tratados en gran medida como asuntos separados por el público y los medios de comunicación. ¿Es correcto?
GVNC: La separación de la política sanitaria y ambiental es una ilusión peligrosa y nuestra salud depende completamente del clima y de los otros organismos con los que compartimos el planeta, por lo que es necesario unir a estas comunidades. Se han hecho algunos progresos en abordar el riesgo de propagación de patógenos de animales a personas, pero en gran medida todavía se ve el medio ambiente y la vida en la tierra como algo separado.
Si se desea prevenir la próxima pandemia infecciosa habría que mejorar esta situación haciendo mucho más para reducir los efectos del cambio climático y para salvaguardar la diversidad de la vida en la tierra, que se está perdiendo a un ritmo no visto desde que los dinosaurios —y más de la mitad de la vida en la tierra— se extinguieran hace 65 millones de años.
JLA: La escala de las acciones para tratar el COVID-19 y el cambio climático son muy diferentes ¿Por qué?
GVNC: Ya hemos tratado el tema en la introducción. Las enfermedades infecciosas dan miedo porque son inmediatas y personales. Cambian radical y rápidamente cómo llevamos nuestras vidas y también son una amenaza inmediata para nuestros amigos y familias. Golpean de la misma forma que los fenómenos extremos de tiempo severo.
El cambio climático parece a muchos un Armagedón en cámara lenta y sus peligros se sienten como impersonales y sus causas difusas. Es fácil pensar «No causé esto» o que «no me afecta directamente».
Pero hay otra forma de verlo. En el grupo de investigación Harvard C-CHANGE muestran que las acciones personales que necesitamos para enfrentar el cambio climático son las mismas que se necesitan para que las personas estén más saludables en este momento, especialmente para enfermedades que causan grandes cargas en la salud, como obesidad, enfermedades del corazón, cáncer o, inclusive, el cisne negro COVID-19.

JLA: ¿Qué implicancias tiene el cambio climático para la salud humana, hoy y en el futuro?
GVNC: El grupo interdisciplinario Yale Center on Climate Change and Health (CCCH) sostiene que: i) los efectos del cambio climático se están sintiendo hoy, y las proyecciones futuras representan un riesgo inaceptablemente alto y potencialmente catastrófico para la salud humana, ii) abordar el cambio climático podría ser la mayor oportunidad de salud mundial del siglo XXI y iii) la comunidad de la salud tiene un papel vital que desempeñar para acelerar el progreso para abordar el cambio climático.
También sostienen que los efectos del cambio climático en la salud actuales o proyectados incluyen:
* aumento de la morbilidad y mortalidad por olas de calor, sequías, inundaciones, incendios forestales y otros desastres naturales;
* aumento de la incidencia de enfermedades transmitidas por los alimentos, el agua y los vectores;
* aumento de la desnutrición y la inseguridad alimentaria;
* aumento de la incidencia y gravedad del asma y otras enfermedades respiratorias;
* conflictos violentos resultantes de la competencia entre naciones por recursos más escasos;
* refugiados climáticos desplazados por conflictos violentos, aumento del nivel del mar o escasez económica, con problemas asociados a los refugiados sanitarios.
Y que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero dará como resultado importantes beneficios colaterales para la salud:
* La disminución de la quema de combustibles fósiles reducirá los contaminantes nocivos del aire.
* Un cambio de la agricultura animal hacia la agricultura vegetal dará como resultado una dieta más saludable.
* Una infraestructura mejorada para caminar, andar en bicicleta y el transporte público aumentará la actividad física.
* La disminución de la extracción de combustibles fósiles reducirá los riesgos laborales y ambientales.
JLA: La visión catastrófica… ¿es el fin de los tiempos?
GVNC: Un conocido profesor en ciencias sociales británico expresó recientemente en una entrevista: “En las sociedades industriales modernas, las consecuencias de COVID-19 se sienten como un ensayo general sobre el tipo de colapso que amenaza el cambio climático » …»Esta crisis revela cuán frágil se ha convertido nuestra actual forma de vida «.
Este académico, ex-consultor de NNUU y del Partido Laborista británico, es bien conocido entre los ambientalistas por su teoría de la «adaptación profunda». En un artículo de 2018, expresa que “había llegado el momento de tomar medidas graduales para combatir el calentamiento global. Sin una transformación brusca de la sociedad, los cambios en el clima del planeta traerían hambre, destrucción, migración, enfermedades y la guerra – el colapso de la civilización – en una década”.
Sostiene también que los efectos primarios del cambio climático son desastres como los incendios forestales en Australia y California, los huracanes africanos, los tifones del sur de Asia y los colapsos de cosechas en el Medio Oriente y cómo estos factores pueden interrumpir la migración de la vida silvestre; los efectos secundarios del cambio climático son las pandemias. Mas aún, que mantener a flote las industrias más contaminantes aumentará la probabilidad de futuras pandemias y que los responsables políticos y los líderes empresariales deben reconocer que el cambio climático será incluso más disruptivo que el coronavirus.
No todos sus colegas académicos concuerdan con su visión apocalíptica. Un experto estadounidense opina que sus trabajos son ejemplos clásicos de catastrofismo climático, donde la ciencia es exagerada a favor de una narrativa apocalíptica.

JLA: La visión conspirativa… ¿es una manipulación genética?
GVNC: Varios rumores en las redes sociales sugieren que el brote fue de origen humano. Algunos dicen que el virus se filtró de un laboratorio chino que estudiaba los coronavirus. Otros sugieren que el virus fue diseñado para propagarse entre los humanos. Incluso los laboratorios más seguros a veces tienen accidentes, y una pandemia de ingeniería humana podría ser identificada como un posible riesgo para nuestra civilización, pero, hasta el momento, no hay evidencia cierta de que esto haya sucedido.
En un trabajo reciente un grupo de investigadores de Scripps sostiene que «al comparar los datos disponibles de la secuencia del genoma para las cepas conocidas de coronavirus, podemos determinar firmemente que el SARS-CoV-2 se originó a través de procesos naturales». Los científicos analizaron la plantilla genética para las proteínas espiga, armaduras en el exterior del virus que utiliza para atrapar y penetrar las paredes externas de las células humanas y animales. Concluyen que el virus es producto de la evolución natural, poniendo fin a cualquier especulación sobre ingeniería genética deliberada.
Comentarios finales
En esta nota hemos tratado de describir y discutir en la forma más compacta y amplia posible las eventuales relaciones entre el COVID-19, otras infecciones y la salud en general, con el cambio climático, basándonos en trabajos recientes de centros de investigaciones acreditados.
Pero esta pandemia excepcional, de tan rápida progresión, excede en mucho el ámbito climático y está sacudiendo todo el espectro socioeconómico planetario, desde las altas esferas político-financieras hasta el ciudadano de a pie. Inclusive hay grupos muy ideologizados que celebran esta pesadilla sanitaria porque estiman que destruirá un esquema social injusto. Una visión de muy cortas miras porque, de ocurrir, sería una victoria pírrica, donde solo habría perdedores.
Esta crisis está mostrando que el ser humano, aunque a veces reacciona en forma individual, cínica y aún desagradable o irracional, también puede llegar a mostrar actitudes solidarias y generosas. Esperemos que esta últimas primen por sobre las anteriores y que los timoneles políticos puedan encontrar un rumbo que nos lleve a puerto minimizando los inevitables daños.
En una sociedad tan compleja y globalizada las incertidumbres son tantas que no es posible saber en qué terminará, pero es un lugar común decir que el mundo no será el mismo, luego de superada. ¡Es difícil aceptar que una minúscula y microscópica bola de ácidos, rodeada de proteínas, pueda producir tal crisis planetaria!
Referencias
WEF Global Risks Report 2020
https://www.weforum.org/reports/the-global-risks-report-2020
Coronavirus, Climate Change, and the Environment, Harvard C-CHANGE, 20 marzo 2020.
https://www.hsph.harvard.edu/c-change/news/coronavirus-climate-change-and-the-environment/
Professor Sees Climate Mayhem Lurking Behind Covid-19
Outbreak, 28 marzo 2020
https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-03-28/professor-sees-climate-mayhem-lurking-behind-covid-19-outbreak
Professor Jem Bendell, University of Cumbria UK
https://jembendell.com/
No Evidence COVID-19 Coronavirus Was Genetically Engineered in a Lab – Epidemic Has a Natural Origin, 18 marzo 2020
https://scitechdaily.com/no-evidence-covid-19-coronavirus-was-genetically-engineered-in-a-lab-epidemic-has-a-natural-origin/
Yale Center on Climate Change and Health (CCCH)
https://publichealth.yale.edu/climate/
Primicias Rurales
Fuente: Informativo Semanal de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Feb 29, 2020 | Cambio Climático
La resiliencia climática de plantas como estas flores silvestres de la meseta tibetana podría depender de la salud del banco de semillas del suelo. Foto cortesía de Scott Collins.
Las semillas ofrecen un nivel de resiliencia a los efectos nocivos del cambio climático en los ecosistemas de todo el mundo. Cuando las semillas se dejan caer en el suelo, a menudo permaneciendo inactivas durante muchos años hasta que están listas para convertirse en plantas, pasan a formar parte del almacenamiento natural de semillas en «bancos de semillas del suelo». Se ha pensado que estos bancos soportan mejor las condiciones extremas que la vegetación brotada que existe sobre la tierra.
Un nuevo estudio publicado en la revista de la Sociedad Ecológica de América «Aplicaciones Ecológicas» examina cómo el calentamiento y el aumento de las precipitaciones (lluvia y nieve) dañan las semillas en el suelo de la Meseta Tibetana y en otros lugares.
«Los bancos de semillas del suelo son esencialmente el último recurso de la resistencia natural de los ecosistemas», dice Scott Collins, profesor de la Universidad de Nuevo México y autor del artículo. «Con demasiada frecuencia nos centramos en lo que vemos sobre la tierra y basamos las decisiones de gestión sólo en la apariencia de la comunidad vegetal».
La meseta tibetana, un lugar que ha sido pastoreado durante miles de años, es un lugar ideal para estudiar los efectos climáticos directos e indirectos sobre la vegetación en un entorno frágil. El estudio afirma que como la meseta más alta del mundo, con un promedio de más de 4.000 metros de elevación, se considera el tercer polo de la Tierra. La tasa de calentamiento aquí es casi 1,5 veces mayor que la del calentamiento global debido al cambio climático y las precipitaciones anuales han aumentado en la mayoría de las zonas de la meseta.
Debido a que la temporada de crecimiento es relativamente corta en la meseta, las muestras de suelo y los estudios de las plantas se recogieron en un año. Los investigadores de la Universidad de Lanzhou, en China, visitaron 57 lugares de recogida de muestras a diferentes elevaciones y tipos de ecosistemas en la parte nororiental de la meseta. Recogieron 1026 muestras de suelo y estudiaron la comunidad de plantas de la superficie, que se compone de las plantas cultivadas que reflejan los tipos de semillas que han ido cayendo en el suelo con el tiempo. A continuación, los investigadores hicieron germinar las muestras y las cultivaron en parcelas experimentales para estudiar el crecimiento y las diferentes condiciones que afectan a los bancos de semillas del suelo del Tíbet. 
Aunque algunas plantas parecen crecer bien con el aumento de las precipitaciones y el calentamiento, estos cambios tienen efectos diferentes y perjudiciales en las pequeñas semillas que permanecen latentes y resistentes en el suelo.
«El cambio climático afecta a la capacidad de las semillas para germinar, crecer y sobrevivir», dice Collins. «Aunque el cambio climático afecta a las plantas adultas, las plántulas son delicadas y se ven sometidas a estrés por el clima: sequías, heladas, etc. – puede causar una alta mortalidad de las plántulas».
El estudio afirma que la temperatura es un factor primario para controlar la inactividad de las semillas. Con temperaturas más cálidas, las semillas pueden ser desencadenadas para brotar demasiado pronto cuando las condiciones no son ideales para un crecimiento saludable. Un período anormalmente cálido de unos pocos días – que se está volviendo más común – durante un invierno por lo demás duro puede desencadenar que esas semillas crezcan pero en última instancia hacerlas fracasar. Muchas semillas también pueden ser desencadenadas a brotar demasiado pronto por los altos niveles de humedad del suelo.
El aumento de la temperatura y la precipitación también puede afectar indirectamente a las semillas, cambiando el entorno que las rodea. Los patógenos (organismos microscópicos causantes de enfermedades) que son perjudiciales para las semillas pueden crecer más prolíficamente en condiciones de suelo más cálidas y húmedas. La acidez del suelo también puede cambiar, lo que afecta fuertemente a las comunidades microbianas y a la abundancia de esos patógenos. El exceso de nitrógeno en el suelo, también provocado por el cambio de las condiciones, permite que algunas especies de plantas dominen a otras y provoca una disminución de la diversidad general de especies, lo que se traduce en una menor diversidad de semillas en el suelo.
Collins cree que el estudio debería obligar a los administradores de los ecosistemas y a los científicos a prestar atención a los efectos directos e indirectos del cambio ambiental mundial en los sistemas subterráneos. «Incluso cuando la comunidad de la superficie parece estar muy degradada», dice, «el banco de semillas del suelo puede seguir siendo una fuente importante, pero poco apreciada, de resistencia del ecosistema después de una perturbación prolongada».
Sin embargo, con el continuo cambio de las condiciones climáticas, esa capacidad de recuperación sigue poniéndose a prueba.
Primicias Rurales
Fuente: esa