Por José L. Aiello – Gustavo V. Necco Carlomagno – 23 de Julio de 2021
El tema del cambio climático y los tiempos extremos se ha instalado en todos los niveles de decisión, desde los gobiernos hasta las comunidades locales. El mismo afecta a la producción agropecuaria y a los mercados de granos.
Introducción a cargo de la DIYEE-BCR:
Tenemos el agrado de presentar a dos especialistas de primer nivel para analizar la problemática citada en un conjunto de informes de nuestro asesor científico de Guía Estratégica para el Agro, el Dr. José Luis Aiello y el Dr Gustavo Víctor Necco Carlomagno. Adjuntamos sus antecedentes:
El Dr. Gustavo Víctor Necco Carlomagno es Licenciado en Ciencias Meteorológicas en la Universidad de Buenos Aires y Doctor Sc. (Meteorología) en la Universidad de París VI, Francia. Dirigió el Instituto de Investigaciones Sinópticas del Servicio Meteorológico Nacional. Fue investigador del proyecto francés EOLE, Laboratoire de Meteorologie Dynamique, ENS/CNRS, París, y científico visitante en la División de Desarrollos del NMC (National Meteorological Center), Washington DC, EEUU, entre otras actividades.
Investigador de la Universidad de Buenos Aires, asesor de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y Miembro del Grupo de Expertos sobre Satélites Meteorológicos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Ginebra, Suiza. Fue profesor en el Departamento de Meteorología de la UBA,
Fue miembro «in tuiti Personae», del Conseil de Perfectionnement, de la Ecole Nationale de la Météorologie,(ENM) francesa, situada en Toulouse, y miembro «Ex-oficio», del Comité Coordinador (COCOM) de la Conferencia Permanente de Directores de Instituciones de Formación de los Servicios Meteorológicos Naciones (Standing Conference of Heads of Training Institutions of National Meteorological Services, SCHOTI)
Exdirector del Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI) entre otros cargos de gran relevancia.
El Dr. José Luis Aiello es Doctor en Ciencias de la Atmósfera en la Universidad de Buenos Aires. Post Grado en el International Center for Theoretical Physics, Miramare, Italia y Profesor Titular de Meteorología, Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad Nacional de La Plata.
Experto a cargo de actividades científicas en el Servicio Meteorológico Nacional y en la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, Ex Integrante del Grupo de Investigación de la Organización Latinoamericana de Energía y fue Director Científico del Programa Exametnet en convenio con la NASA de Estados Unidos y Responsable de la Cooperación Espacial Argentina-Alemania.
Fundador de los Proyectos SIBER de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos y de GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario, actualmente con el cargo de Asesor Científico y Presidente de JOLAP S.A. y de CCA, consultoras en temas climáticos aplicados a la Producción Agrícola que asisten a GEA-BCR.
Artículo completo
El cambio climático y los tiempos extremos asociados han producido las mayores volatilidades en la producción de cultivos y en los precios de los cereales y oleaginosas, y así seguirá siendo durante los próximos años.
Las evidencias son contundentes y es necesario disponer de algoritmos que aborden la detección y pronóstico de dichos tiempos extremos. En GEA-BCR venimos trabajando desde hace unos años en estos temas. Los pronósticos de corto plazo (una semana a 15 días) son los utilizados por los usuarios del área de la agricultura, pero no son los más adecuados para tratar precisamente el origen de la volatilidad en la producción y de los mercados.
Lo alarmante de los efectos del Cambio Climático y tiempo extremo, llevaron a que presentemos un informe sobre “Sequías y el sector agropecuario”, tarea que busca informar sobre ésta problemática a través de cuatro notas que se publicarán en el Informativo Semanal de la Bolsa de Comercio de Rosario. Ellas versarán sobre:
• Generalidades y conceptos básicos
• Previsibilidad.
• Efectos del cambio climático
• Impactos en Argentina
El tema del cambio climático y sus implicancias ya se ha instalado en todos los niveles de decisión, desde los gobiernos hasta las comunidades locales, a pesar de la presión de ciertos “escépticos” que niegan o denigran los informes de la comunidad científica, con el fin de defender ciertos intereses económicos y distraer la atención del problema principal. Están aquellos que sin buscar información fáctica (física y biológica) sobre el cambio climático, sencillamente no creen en él. El recrudecimiento reciente de olas de calor, incendios y sequías ha sensibilizado en esos días a la opinión pública sobre estos temas. Lo estamos viviendo en el Gran Rosario con la bajante histórica del Río Paraná.
En un mundo que se calienta, lamentablemente esperamos que aumente el riesgo de que ocurran algunos tipos de eventos meteorológicos extremos. Por ejemplo con el aumento de las temperaturas en la mayor parte del mundo, esperamos más olas de calor. Al mismo tiempo, el aire más cálido puede contener más agua y, por lo tanto, esperamos lluvias más extremas.
Los eventos meteorológicos individuales son, en última instancia, únicos y siempre están causados por una combinación de diferentes factores, incluida la variabilidad local en el clima, las condiciones de la superficie terrestre y sus interacciones con la atmósfera, los patrones a gran escala de las temperaturas oceánicas y los cambios en los forzantes externos (por ejemplo, gases de efecto invernadero, aerosoles). Por lo tanto, no se puede decir que un evento meteorológico extremo fue “causado” por el calentamiento o el cambio climático asociado. Sin embargo, podemos estimar si, y en qué medida, la probabilidad o la intensidad de un evento extremo ha cambiado debido al cambio climático inducido por el hombre.
El creciente impacto de las actividades humanas no solo afecta el clima sino también el medio ambiente global y se habla entonces de cambio medio-ambiental global (GEC – Global Environmental Change) que aborda las perturbaciones químicas, biológicas, geológicas y físicas a gran escala de la superficie de la Tierra, la superficie del océano, la superficie terrestre y el ciclo hidrológico, prestando especial atención a escalas de tiempo de décadas a siglos, a perturbaciones causadas por el hombre y sus impactos en la sociedad.
La acción humana denota un comportamiento reciente caracterizado por la alteración transversal y desproporcionada en todos los ecosistemas de la Tierra, particularmente por el uso de energía proveniente de la extracción y utilización de combustibles fósiles. La situación se relaciona con el incremento de la productividad tecno-industrial, así como al crecimiento desbordado de la población junto a la hiper-urbanización, los cambios en el suelo y la cobertura vegetal. Todo esto impacta en el clima, produciendo cambios que se refuerzan e intensifican por los procesos antropogénicos de diversa índole.
En cuanto a las tendencias futuras del clima, las estimaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), NNUU, basadas en simulaciones numéricas muestran, a pesar de las incertidumbres, que aún en los escenarios más optimistas seguirá el calentamiento (y sus consecuencias climáticas), a menos que se reduzcan fuertemente las emisiones. En la reunión de NNUU sobre cambio climático COP-21, París 2015, el mundo acordó que para fines de siglo el aumento de la temperatura global no debería estar por encima de 2 °C respecto a los niveles preindustriales. El objetivo era limitar el aumento a 1,5 °C, si era posible, pero no hubo avances. Según este acuerdo los países prometieron volver a reunirse cada cinco años y aumentar sus objetivos de reducción de carbono. Por la pandemia la reunión COP-26 de Glasgow, planeada para 2020, se postergó a noviembre de este año.
Según las estimaciones actuales, se espera que el mundo supere el límite de 1,5 °C en 12 años o menos, y que alcance 3 °C de calentamiento para fines de siglo y la reunión de Glasgow podría ser un encuentro en el que se aumenten los recortes a las emisiones de carbono. La situación es urgente (el Secretario General de las NNUU advirtió recientemente que estamos librando una “guerra suicida” contra la naturaleza) y ya hay países que se han comprometido unilateralmente en asumir un compromiso legal de cero emisiones netas (el Reino Unido en 2019, La Unión Europea en 2020 y recientemente China, uno de los mayores emisores).
La pandemia COVID-19 mostró que el mundo no es invulnerable y que se puede afectar en formas que no se pueden controlar. Provocó una conmoción económica que hizo reaccionar a los gobiernos con paquetes de estímulo para reactivar sus economías. Esperamos que una vez superada, a través de programas de vacunación universales, la atención se vuelque a otra inquietud global: el cambio climático, y las acciones para limitar sus consecuencias (por ejemplo la reducción de emisiones, limitación del consumo, uso de energías renovables, tratamiento de desechos, etc.)
Un enfoque “business-as-usual” nos podría llevar a una situación planetaria insostenible.
Fuente: BCR
Buenos Aires, 22 de abril (PR/21) .– Hoy se celebra el Día Mundial de la Tierra, una fecha que ya lleva más de 50 años en la agenda de grupos ambientalistas, organismos internacionales y gobiernos, pero que tomó mayor relevancia en las últimas dos décadas. Este día es un llamado a generar conciencia acerca de la interdependencia existente entre los seres humanos, seres vivos y medioambiente natural; y la importancia de la transición hacia un modelo económico más sostenible.
Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), la pandemia de COVID-19 guarda «una fuerte relación con la salud de nuestro ecosistema». El cambio climático y la pérdida de biodiversidad causada por la deforestación, el desgaste de los suelos y las producciones animales intensivas son solo algunas de las cusas por las que «pueden aumentar el contacto y la transmisión de enfermedades infecciosas de animales a humanos», afirman desde la ONU y también advierten: «De la salud de nuestros ecosistemas depende directamente la salud de nuestro planeta y sus habitantes».
¿Vamos camino a una nueva extinción?
En esta línea, durante la presentación del documental «Una vida en nuestro planeta», David Attenborough afirmó que la Tierra «se encamina hacia el desastre» y llamó a la sociedad a «aprender a trabajar con la naturaleza y no en contra de ella». Con 94 años, el científico y divulgador naturalista británico, ferviente luchador contra el cambio climático; reconoce siempre lo afortunado que es con su trabajo. Desde 1952, trabaja en radio y televisión, y su carrera es la que le ha permitido no solo viajar por los lugares más salvajes del mundo sino también ver cómo, a lo largo de 60 años, el planeta fue cambiando.
El divulgador y científico británico David Attenborough. Foto: Jackie Nickerson para TIME.
Ser un testigo privilegiado de esta mutación no solo lo convierte en un vocero calificado, sino que también en un estudioso de la materia. Basándose en datos científicos Attenborough informa que del 66% de zonas vírgenes en el planeta en 1837, actualmente solo contamos con un 35%. «Desde mi primer programa de televisión, la población humana se ha triplicado y ahora nos damos cuenta del terrible daño que hemos causado al planeta», afirmó en una entrevista a la BBC.
El último documental del periodista tuvo un gran impacto, y a pesar de llevar una larga trayectoria, su primera aparición en redes sociales no lo decepcionó: en solo unos pocos días, sumó cinco millones y medio de seguidores en Instagram. Y esto no se debe a un edulcorado contenido, sino a un fuerte mensaje y a un inmediato llamado a la acción: si no actuamos ahora, para el año 2100 estaríamos al borde de una sexta extinción masiva.
Al respecto también se expresaba Greta Thunberg, la joven sueca que por el 2018 con solo 16 años, comenzó a liderar el movimiento «Viernes por el futuro» y sorprendió a líderes de diferentes países con su mensaje en la Cumbre de Acción del Clima de la ONU de 2019. En en Nueva York, frente a unos 60 representantes del mundo, Greta comenzaba diciendo: «Todo esto está mal. Yo no debería estar aquí arriba. Debería estar de vuelta en la escuela, al otro lado del océano. Sin embargo, ¿ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza? ¿Cómo se atreven?«.
Greta Thunberg. Foto: Guglielmo Mangiapane para REUTERS.
Interpelando a cada uno de los presentes y a cada persona que estuviera escuhándola, siguió: «Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva. Y de lo único que pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?».
En el cambio está la esperanza
Afortunadamente, todavía hay una luz de esperanza. Estamos a tiempo de frenar, cambiar el juego y restaurar los ecosistemas. El Acuerdo de París, el tratado internacional sobre el cambio climático adoptado en 2015 por 196 países en la COP21, es una de las principales señales de compromiso de los Gobiernos para trabajar en esta materia.
Con el objetivo de «limitar el calentamiento mundial a muy por debajo de 2, preferiblemente a 1,5 grados centígrados, en comparación con los niveles preindustriales», los países trabajan en reducir el máximo de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) «lo antes posible para lograr un planeta con clima neutro para mediados de siglo». A 5 años de su puesta en funcionamiento el 4 de noviembre de 2016, hoy los firmantes del acuerdo deben actualizar sus metas y avanzar hacia mayores y mejores soluciones para alcanzar que el valor de emisiones de carbono llegue a cero.
Como ya comentamos en El Agrario, este objetivo plantea nuevos desafíos a nivel agroindustrial y de transporte suponiendo nuevas oportunidades de negocio para quienes avanzan en este camino hacia la sustentabilidad.
Como menciona el video de la ONG Conservación Internacional al inicio de esta nota, es momento de darnos cuenta que la Tierra no nos necesita y es capaz de evolucionar sin los hombres. ¿Nosotros también podremos?
El submarino Ran después de la misión en la Antártida. (Foto: Filip Stedt)
Por primera vez, científicos pudieron obtener datos del subsuelo del glaciar Thwaites, también conocido como “Glaciar del Juicio Final” por su potencial aporte a la subida del mar en la Antártida.
Buenos Aires, 14 de abril (PR/21) .– Los científicos descubrieron que el suministro de agua caliente al glaciar es mayor de lo que se pensaba, lo que hace temer un derretimiento más rápido y una aceleración del flujo de hielo.
Con la ayuda del submarino Ran, sin tripulación, que se abrió paso bajo el frente del glaciar Thwaites, los investigadores realizaron una serie de nuevos descubrimientos, que publicaron en la revista ‘Science Advances’.
El glaciar Thwaites es el responsable de aproximadamente el 4% del aumento de los niveles del mar. (Foto: AFP)
La profesora Karen Heywood, de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido, explica en un comunicado que “esta era la primera incursión del Ran en las regiones polares y su exploración de las aguas bajo la plataforma de hielo fue mucho más exitosa de lo que nos habíamos atrevido a esperar. Tenemos previsto ampliar estos emocionantes hallazgos con nuevas misiones bajo el hielo el año que viene”, anunció.
El sumergible midió, entre otras cosas, la fuerza, la temperatura, la salinidad y el contenido de oxígeno de las corrientes oceánicas que pasan por debajo del glaciar.
El nivel global del mar se ve afectado por la cantidad de hielo que hay en tierra, y la mayor incertidumbre en las previsiones es la evolución futura de la capa de hielo de la Antártida Occidental, señala Anna Wahlin, profesora de oceanografía de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, y autora principal del nuevo estudio.
La capa de hielo de la Antártida Occidental es responsable de alrededor del diez por ciento de la tasa actual de aumento del nivel del mar; pero también el hielo de la Antártida Occidental es el que tiene más potencial para aumentar esa tasa porque los cambios más rápidos de todo el mundo se están produciendo en el glaciar Thwaites.
Debido a su ubicación y forma, el Thwaites es especialmente sensible a las corrientes oceánicas cálidas y saladas que se abren paso por debajo de él. Este proceso puede provocar un deshielo acelerado en el fondo del glaciar y el movimiento hacia el interior de la llamada zona de encallamiento, el área donde el hielo pasa de descansar en el lecho marino a flotar en el océano.
Debido a su ubicación inaccesible, lejos de las estaciones de investigación, en una zona que suele estar bloqueada por el grueso hielo marino y muchos icebergs, ha habido una gran escasez de mediciones in situ de esta zona. Esto significa que existen grandes lagunas en el conocimiento de los procesos del límite hielo-océano en esta región.
La buena noticia es que los datos recogidos ayudarán a calcular mejor el deshielo en el futuro y tomar medidas necesarias para moldear el glaciar. (Foto: EFE)
Aunque la cantidad de hielo que se funde como consecuencia del agua caliente no es mucha en comparación con otras fuentes de agua dulce mundiales, el transporte de calor tiene un gran efecto a nivel local y puede indicar que el glaciar no es estable en el tiempo.
Las observaciones muestran que el agua caliente se aproxima por todos los lados a los puntos de pinzamiento, lugares críticos en los que el hielo está conectado al lecho marino y da estabilidad a la plataforma de hielo. El deshielo alrededor de estos puntos de fijación puede provocar la inestabilidad y el retroceso de la plataforma de hielo y, posteriormente, el desprendimiento del glaciar aguas arriba.
Anna Wahlin destaca que “la buena noticia es que ahora, por primera vez, estamos recogiendo los datos necesarios para modelar la dinámica del glaciar de Thwaite. Estos datos nos ayudarán a calcular mejor el deshielo en el futuro –prosigue–. Con la ayuda de la nueva tecnología, podremos mejorar los modelos y reducir la gran incertidumbre que existe ahora en torno a las variaciones globales del nivel del mar”.
Buenos Aires, 31 de enero (PR/21) .–El Comité Europeo de las Regiones (CDR) y la Comisión Europea (CE) han insistido este miércoles en «acelerar la modernización» de los edificios públicos y privados de las comunidades locales y regionales de toda la Unión Europea para impulsar el empleo en la recuperación de la crisis tras la pandemia y alcanzar «la neutralidad climática» en el año 2050.
En un comunicado, el Comité Europeo de las Regiones ha explicado que la renovación del parque de edificios de la Unión Europea es «clave para alcanzar» la neutralidad climática en el año 2050 y para «impulsar el empleo» en la recuperación posterior a la crisis del Covid-19. El CDR señala que el 75 por ciento de los edificios europeos se consideran «ineficientes» desde el punto de vista energético y solo el 1 por ciento se renueva cada año.
Así, los edificios representan el 40% del consumo energético de Europa y el 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Las rehabilitaciones estiman que puedan crear 160.000 puestos de trabajo adicionales en el sector de la construcción para 2030. En este sentido, desde del CDR recuerdan que la crisis sanitaria ha amplificado «la necesidad de mejorar nuestros edificios y erradicar la pobreza energética, que todavía afecta a unos 40 millones de ciudadanos en la UE».
En una sesión titulada ‘Financiación de la ola de renovación’, los representantes de la UE, expertos y otros líderes locales y regionales debatieron sobre los «retos y las oportunidades» de financiación para que las ciudades y las regiones aceleren en la adaptación de sus edificios. El objetivo es «eliminar» las dificultades en «la renovación de edificios», como «los obstáculos estructurales y administrativos, la escasez de inversiones, las deficiencias del mercado, los obstáculos reglamentarios y la falta de conocimientos especializados».
En el debate, el alcalde de Sevilla y presidente de la Comisión de Medio Ambiente, Cambio Climático y Energía del Comité Europeo de las Regiones, Juan Espadas, ha señalado que «gran parte de la lucha contra la crisis climática debe venir de la reparación de nuestro parque inmobiliario». «La ‘ola de renovación’ es un pilar crucial del Pacto Verde Europeo y representa una ocasión para hacer que nuestros edificios públicos, como escuelas y hospitales, viviendas sociales, y nuestros hogares sean más sostenibles, ecológicos y eficientes desde el punto de vista energético», ha explicado.
En este sentido, Espadas ha abogado que una financiación es «indispensable» para que la «amplia revolución urbana» tenga «éxito», aunque ha incidido que «no es sólo una cuestión de fondos». «Tenemos que mantener unidos los objetivos climáticos y sociales, para asegurarnos de que ningún pueblo o territorio se quede atrás», ha defendido.
Por su parte, el expresidente de la Región de Toscana, Enrico Rossi (IT/PSE), ha destacado que «el 17 por ciento de los europeos vive en casas superpobladas y hay al menos 34 millones de ciudadanos que sufren de pobreza energética». «La ‘ola de renovación’ debe aumentar la solidaridad, la inclusión social y combatir la pobreza aumentando las inversiones en viviendas públicas y sociales eficientes desde el punto de vista energético», ha declarado.
En este línea, Rossi ha apuntado que «los efectos de la crisis sanitaria en la economía son extremadamente graves», por lo que ha pedido el «fomento de la inversión pública en el sector de la construcción» para acompañar en la recuperación económica del Covid-19. Asimismo, el proyecto de dictamen del CDR sobre la ‘ola de renovación’ se aprobará en la próxima reunión de la Comisión ENVE el 1 de febrero, y el texto definitivo se adoptará en el Pleno de marzo de 2021.
Más cogobernanza en los planes de recuperación
El alcalde de Selnica ob Dravi, Vlasta Krmelj (SI/EPP), ha destacado que «las agencias de energía de Europa están listas para traducir la ‘ola de renovación’ en programas concretos, brindando asistencia técnica a municipios, regiones, empresas y ciudadanos, con capacidad para conectar» a distintos «actores y niveles de gobernanza». «Tienen competencia y experiencia en edificios, tecnología, cadenas de valor, así como experiencia en estructura de modelos de financiación con múltiples fuentes de financiación», ha recordado.
Por su parte, el director general de Acción Exterior del Gobierno de Navarra, Mikel Irujo (ES / EA), ha asegurado que su experiencia «de eficiencia energética» en la Agenda Urbana es «muy positiva». En este sentido, ha celebrado que algunas de sus propuestas hayan recibido apoyo por parte de la Comisión Europea, «como la necesidad de crear una ‘ventanilla única’ para empoderar a los ciudadanos a participar activamente en la transición energética sostenible».
El representante del Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha recordado que las inversiones públicas no serían suficientes para colmar el déficit de inversión en eficiencia energética que existe. La semana pasada, el CDR y el BEI renovaron su cooperación con un plan de acción conjunto para 2021.
Por último, el comunicado señala que los estados miembros de la UE «establecerán estrategias nacionales de renovación a largo plazo como parte integrante de sus planes nacionales de energía y clima (PNEC)». «El éxito de las estrategias nacionales de renovación depende en gran medida de la cooperación con las autoridades locales y regionales», ha subrayado el CDR, que ha lamentado que, según un informe de enero de 2021, ha concluido que «muchos gobiernos de la UE están excluyendo a regiones y ciudades de la preparación de los planes de recuperación posteriores» a la crisis del Covid.
Buenos Aires, 15 de diciembre (PR/20) .- A partir de la primera mitad de los 2000, el consumo global de granos sufrió un aumento sin precedentes en la historia, impulsado por una población que crece y, además, come más productos animales. Hoy, la Argentina es uno de los principales países exportadores de soja gracias al aumento del área cultivada y de los rendimientos en la llanura Chaco-Pampeana. ¿Cuáles son las huellas de este proceso en el ambiente? ¿Es la misma impronta que tiene la agricultura en todo el mundo? ¿Cómo se puede mejorar la sustentabilidad de nuestros agroecosistemas? Esteban Jobbágy, profesor de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y de la Universidad Nacional de San Luis, brinda su visión acerca de la impronta de la expansión sobre la naturaleza y señala aspectos clave para generar sistemas más productivos y sustentables.
«Al intentar sintetizar las marcas que los sistemas agrícolas del mundo dejan en el ambiente, en particular los de producción de granos, sorprende ver que en la Argentina, sistemas de cultivo en principio parecidos a los de otros países productores de granos -EE.UU., Europa, India y China, entre otros- impactan en la naturaleza de formas muy distintas. A menudo, lo que colectivamente sabemos del tema se tiñe con el aporte de redes y medios que sugieren una huella global común para la agricultura. Pero nuestros sistemas agrícolas tienen características propias que es fundamental comprender si los queremos mejorar», afirmó Esteban Jobbágy, docente del Departamento de Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información de la FAUBA e investigador del CONICET.
Jobbágy destacó que la Argentina -junto con Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia- se transformó en ‘granero proteico del mundo’ produciendo la soja que hace posible el creciente consumo global de aves y cerdos. «¿Cómo fue que lo logramos? -se preguntó el investigador-. Por un lado, en las últimas tres décadas triplicamos el área agrícola; por el otro, los rendimientos por hectárea también crecieron en casi un 60%, lo que totaliza cerca de 5 veces más producción. En el mundo hay poquísimos ejemplos de un aumento de tal magnitud. Desde lo ambiental, la expansión del área cultivada desplazando bosques y otros ecosistemas es el tema más discutido, pero representa sólo una parte de los impactos en el ambiente».
«A mi modo de ver, en los mayores ‘graneros del mundo’ existen dos formas de hacer agricultura según la cantidad de insumos y la estrategia productiva que se persigue. Los países que mencioné antes apoyan el riego y la fertilización de alta intensidad, incluso bajando el precio de la electricidad para el agro, como hace la India, buscando maximizar la producción total. A esta forma la llamo opulenta, y aclaro que no tiene nada que ver con la forma de vida de sus sociedades», dijo Jobbágy, y añadió. «A la forma de producir en la Argentina me gusta llamarla mezquina por el mínimo nivel de insumos que usamos, que busca reducir los costos y riesgos de la producción antes que maximizarla. También debo aclarar que no me refiero a la forma de ser de los productores, sino al sistema de producción».
«Una de las formas de achicar costos es fertilizar poquito, y una forma de fertilizar poquito es usar una leguminosa como la soja -que fija nitrógeno de la atmósfera-, no regar y tratar de vivir de la lluvia y de la fertilidad del suelo mientras se pueda. Así funciona nuestro sistema», explicó.
Impactos ambientales de una forma distinta de producir
Jobbágy señaló que la baja fertilización de la Argentina tiene una contracara para el ambiente. «Aunque la soja, nuestro cultivo principal, no necesita que apliquemos nitrógeno porque lo captura del aire, sí requiere fósforo del suelo. Y así como la India posee la pérdida de agua subterránea más alta del planeta debido al riego, nosotros tenemos la pérdida más grande del mundo en cuanto a fósforo del suelo». Esteban agregó que de esta manera, los suelos disminuyen su capacidad productiva campaña tras campaña. Nuestro sistema todavía lo permite, pero la fertilidad se está reduciendo a una velocidad preocupante.
«Una de las caras más interesantes de esta forma de producir que yo llamo mezquina es lo que le pasa al agua. Así como la India, China y EE.UU. están consumiendo agua subterránea más allá de la capacidad de renovación, la Argentina tiene un sistema agrícola que apuesta a un uso conservador del agua de lluvia, buscando una mayor seguridad ante sequías. Como resultado, nuestros sistemas generan excedentes muy grandes -‘sobra’ agua-, y esta es una de las razones por las que las llanuras de la Argentina se inundan cada vez más».
«El uso conservador del agua se apoya en el alto uso de herbicidas, pilar fundamental de la agricultura bajo siembra directa, particularmente cuando se apuesta a un solo cultivo al año. Hay que aplicar herbicidas repetidamente para que las malezas no le ‘roben’ el agua a ese cultivo, y así nos fuimos transformando en los campeones mundiales de la aplicación de estos agroquímicos. Ningún otro granero del mundo usa tanto como nosotros, ya sea por tonelada producida o por hectárea. De hecho, EE.UU. emplea entre 3 y 4 veces menos. Y es probable que este sea el punto más sensible para la sociedad», puntualizó Esteban.
Según Jobbágy, cada vez más personas visualizan con temor el uso de agroquímicos y, además, descreen que la renta que genera la agricultura se traduzca en el bienestar del pueblo. Mientras la población argentina se concentra mayormente en las ciudades, la fracción vinculada al quehacer agropecuario decreció notablemente porque la agricultura está cada vez más automatizada y concentrada en menos productores. Los agentes que trabajan de forma directa en la producción agrícola decrecen año a año, y una consecuencia de esto es que la fuerza del vínculo de la sociedad argentina con el sector va perdiendo el vigor de antaño.
Más puentes y menos grietas
«Hace 150 años, la agricultura representaba el 90% del PBI global. Hoy es apenas el 3%. La producción agrícola se volvió invisible en la economía y en la cultura. En aquellos tiempos, casi cualquier persona que te cruzabas caminando por ahí era agricultor o estaba cerca de la actividad. Los pueblos de la gran llanura pampeana eran de agricultores, pero dejaron de serlo, perdieron el vínculo con la actividad y hoy ven en la agricultura más una amenaza que un modo de vida. Por ejemplo, visualizan con temor a los agroquímicos y desconfían de que la renta que genera la agricultura regrese en obras y servicios al pueblo. Esto, obviamente, tiene aspectos técnicos, económicos y, sobre todo, políticos», afirmó el docente.
«Quienes somos agrónomos y trabajamos en los sistemas agrícolas tenemos mucho que hacer para tender puentes y lazos, y que la gente se interiorice más de cómo funcionan los sistemas agrícolas, de los problemas ambientales que generan y de las formas de amortiguarlos. Aunque es importante estar al tanto de los impactos globales de la agricultura, más importante es saber que los sistemas agrícolas de la Argentina tienen una característica propia y una razón de ser muy particular. Son así por una historia extractiva de siglos. Ojalá que podamos pedirle a la agricultura que produzca un poco más y que, a la vez, sea mucho mejor con el ambiente. Para eso tenemos que conocerla mejor, aquí, en casa», sostuvo Jobbágy a modo de cierre.
Buenos Aires, 13 de diciembre (PR/20) .- En esta columna, insistimos que la bioeconomía persigue la máxima eficiencia en la producción y transformación sustentable de biomasa en productos y servicios para todos los sectores de la economía. Quien mejor suele describir la complejidad de los nuevos procesos que involucra este paradigma bioeconómico es el economista Roberto Bisang, quien es además profesor universitario de organización industrial.
Según Bisang, ya no se trata solo de producir maíz, sino de captar la energía del sol, envasarla en el grano de maíz, luego someterlo a un proceso de cracking para transformarlo en alimentos, bioenergías, biomateriales; y, además, generar un servicio ecosistémico de captura de carbono.
Los conceptos del especialista se están aplicando en las nuevas destilerías de maíz que convierten el almidón contenido en el grano en azúcares fermentables, gracias a la acción de los catalizadores biológicos, llamados enzimas. Durante el proceso, los microorganismos liberan dióxido de carbono, que, con tecnología, puede capturarse y utilizarse como un gas industrial en reemplazo de su equivalente fósil. El CO2 se utiliza para carbonatar bebidas, para elaborar hielo seco, y para una gran cantidad de aplicaciones más. Luego los azúcares se convierten en alcohol de diferentes calidades y grados de pureza que pueden utilizarle como combustible, como sanitizante, como solvente o como insumo en la industria alimenticia.
En la misma destilería, se extrae la fibra y la proteína del maíz, que dan origen a la burlanda, un alimento para la nutrición animal de excelentes propiedades nutritivas y alta palatabilidad. Hilando más fino, algunas destilerías mejoran la calidad de la burlanda extrayendo el aceite, que puede utilizarse como materia prima en la elaboración de biodiesel. Los residuos y efluentes de todo este proceso, que se conocen bajo de el nombre de vinazas, pueden alimentar un biodigestor para la producción de biogás, que, en forma de combustible, electricidad o calor puede aportar energía renovable de calidad para la red eléctrica, el transporte, o incluso, a la misma destilería. El biodigestor también suele recibir el estiércol de los animales alimentados con la burlanda. El ciclo se cierra con el digestato, los lodos que quedan en el fondo del biodigestor que produce el biogás, que son utilizados como fertilizante para la producción de maíz.
Concatenación
Este encadenamiento, que surge a partir de demandas de la sociedad de productos con menor huella ambiental, requiere de un complejo acoplamiento de todos los productos y procesos, con políticas claras y perdurables en el tiempo. Porque cuando uno de los engranajes se desacopla, las consecuencias pueden ser inesperadas. Ejemplos abundan. Como el desabastecimiento de cerveza en Inglaterra durante el mundial de Rusia 2018. La industria europea de bioetanol se había preparado durante años para un mandato de biocombustible del 10%. Sin embargo, la Comisión Europea – el órgano ejecutivo del bloque – repentinamente limitó al 7% el uso de etanol obtenido por fuentes como el maíz y el trigo, dejando una gran capacidad ociosa en las destilerías. Para julio de ese año, los stocks del biocombustible eran suficientes para cumplir las obligaciones de entrega acordadas y las plantas estaban paradas. Por lo tanto, no había producción de dióxido de carbono.
La falta del gas limitó la producción de cerveza provocando una escasez en medio de la copa del mundo, cuando la demanda durante un día de partido de la selección inglesa alcanza a 40 millones de pintas. Al mismo tiempo, el Centro de Ciencia Glasgow Science Centre debió cancelar una función ya que no pudo obtener el hielo seco que necesitaba para su nuevo espectáculo.
Otro caso similar ocurrió en Estados Unidos durante el pico de la pandemia. La estrepitosa caída en la demanda de combustibles por las restricciones a la circulación arrastró a las destilerías de etanol, que se vieron forzadas a tener que cerrar por quedarse sin espacio donde almacenar más biocombustible. Esto provocó una fuerte caída en la oferta de burlanda que afectó seriamente a los productores ganaderos, que tuvieron que reformular sus dietas con insumos más costos y no disponibles localmente.
Traer insumos desde localidades distantes en pleno bloqueos al transporte resultó ser un tremendo dolor de cabeza para los farmers. En este caso también hubo faltante de dióxido de carbono que afectó a la industria cervecera, especialmente las cervecerías artesanales. El desabastecimiento hubiera sido un importante cuello de botella si hubiera existido una vacuna contra el Covid.
La Compensación de Carbono
A principios de septiembre, el New York Times había alertado que el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estimaba que las dos vacunas con mayores posibilidades de éxito para el Covid-19 requerirán hielo seco, la forma sólida de dióxido de carbono, para mantener estable las inyecciones durante su transporte.
Retomando las palabras de Bisang, vale la pena detenerse por un instante en ‘el servicio ecosistémico de captura de carbono’. La agricultura es señalada a menudo como uno de los sectores que más contribuye al cambio climático. Sin embargo, con prácticas sustentables como la siembra directa, la rotación de cultivos, los cultivos de servicio y la integración con la ganadería, puede lograr el tan ansiado efecto inverso de secuestrar carbono en el suelo, uno de los métodos más efectivos para combatir el cambio climático. Y a la vez, puede ser una fuente de ingreso para los agricultores a través del mercado mundial de compensaciones voluntarias de carbono (MVC).
Emiliano Huergo
Muchas empresas que quieren mejorar su desempeño ambiental, pero por algún motivo no pueden reducir su huella de carbono en la práctica, están dispuestas a pagarle a un tercero para que neutralice sus emisiones. La Compensación de Carbono (crédito o bono de carbono) es el instrumento financiero, que se mide en toneladas de CO2, que regula estas operaciones. Un crédito de carbono equivale a una tonelada de CO2 secuestrada y certificada por proyectos de carbono válidos y verificados.
Poet-DSM Plant
El pionero en impulsar el mercado de carbono en la agricultura fue la startup de origen estadounidense, Indigo Ag, a través de su plataforma Indigo Carbon. A mediados de octubre, la compañía emitió un comunicado presentando las primeras siete empresas en sumarse a la iniciativa. Acordaron pagar U$S 20 por tonelada de dióxido de carbono (CO2) equivalente secuestrado en el suelo o disminuido durante la campaña agrícola 2020. Para la temporada 2021, Indigo invitó a inscribirse al programa a productores de cereales de 21 Estados de EE.UU., a los que les está ofreciendo un mínimo de U$S 10 por crédito de carbono. La tasa podría subir si hay una mayor demanda de créditos.
Para hacerse del bono, un agricultor debe iniciar sesión en el sitio web de Indigo con las coordenadas de su granja y enviar un conjunto de lecturas a intervalos regulares. Se analizarán estos datos y los del suelo. Luego de una auditoría, realizada por un tercero independiente, se comercializarán los créditos de carbono verificados. De esta forma, un agricultor podría obtener de 5 a 8 créditos o al menos U$S 50-80 por hectárea durante 10 años. Una cifra nada despreciable.
En la misma línea, Bayer anunció que a partir de julio de este año recompensará a unos 1.200 agricultores de Brasil y Estados Unidos, por unas 200 mil hectáreas, por adoptar prácticas sustentables que ayuden a reducir la huella de carbono. La Iniciativa de Carbono de Bayer es el último avance en su camino para lograr los compromisos de sostenibilidad dirigidos a reducir sus emisiones de GEI en 30% para 2030. Durante el Congreso de AAPRESID, celebrado de forma virtual en agosto, el director de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad para América Latina de Bayer, Alejandro Girardi, informó que planea traer este programa a la Argentina a partir del próximo año.
Rastrojos que dan energía
En Canadá, la empresa Praire Clean Energy (PCE), ha creado una nueva fuente de ingresos para los agricultores. Les está comprando a los productores de lino de la provincia de Saskatchewan sus rastrojos en forma de fardos cúbicos o cilíndricos, que utiliza para producir energía. Los ‘farmers’ canadienses suelen quemar la paja de lino de forma controlada luego de la cosecha para evitar incendios mayores durante la época de sequía. PCE retira los fardos del campo del productor y el precio que paga por ellos depende de la distancia a su planta y de si tiene que prestarle o no el servicio de enfardado.
Seeds Energy en Venado Tuerto
Recientemente, en Venado Tuerto, Seeds Energy acaba de inaugurar una nueva central térmica de producción de electricidad a partir de marlos y chala de maíz que descartan los semilleros vecinos. Es la segunda de la empresa y es idéntica a la que posee en Pergamino, que se encuentra operando desde hace unos pocos meses. Ambas plantas cuentan con una potencia instalada de 2,5 MW eléctricos cada una.
El maíz producido para la elaboración de semillas, a diferencia del que se produce para grano, se debe cosechar en espiga y con alta humedad para no afectar su poder germinativo. Para ello se utilizan cosechadoras especiales que cuidan al máximo la integridad de los granos. Una vez que la espiga llega al semillero, ingresa a un proceso de secado muy cuidadoso. Cuando alcanza la humedad requerida, se trilla en forma estacionaria para separar las semillas del marlo y la chala.
El potencial de los rastrojos para generar energía es enorme. Pero una cosa es cuando hay un enorme volumen concentrado, como es el caso de Seed Energy -que ubicó sus plantas en los dos polos semilleros más importantes del país-, y otra cuando la biomasa está desparramada en el campo. Hay que recogerla del suelo y trasladarla hasta su lugar de procesamiento. Y es precisamente este aspecto el que ha hecho fracasar enormes inversiones, como el proyecto Liberty en EE.UU., que demandó casi USD 300 millones para producir 100.000 m3 de bioetanol por año a partir de 285 mil toneladas de rastrojos de maíz. Recientemente POET, la empresa que lo llevó adelante, informó el cierre definitivo de la planta luego de 7 años sin lograr producir más que un puñado de litros.
Algunos ingenieros agrónomos cuestionan la extracción de biomasa de rastrojos de los suelos, por el aporte que tienen a la salud del mismo. Estudios elaborados para las plantas de bioetanol celulósico de EE.UU. indicaron que en la medida que se disminuye la intensidad del laboreo se reduce la tasa de oxidación de la materia orgánica y permite aumentar el volumen de retiro de rastrojo.
Del mismo modo, el creciente potencial de rendimiento de los cultivos, que tiene una relación lineal con la cantidad de rastrojo, brinda mayores posibilidades de extraer biomasa sin afectar la sustentabilidad. Un tema que reviste particular importancia para la Argentina, donde se ha generalizado el sistema de siembra bajo cubierta de rastrojo, al mismo tiempo que se incrementó el potencial de rendimiento gracias a los nuevos paquetes tecnológicos y el mayor uso de fertilizantes.
El marlo y la chala representan apenas el 20% en peso de los rastrojos de maíz. En las casi 6 millones de hectáreas que se sembrarán con maíz, el valor la energía que podría obtenerse de supera ampliamente los USD mil millones. Una cifra muy atractiva. Pero claro, antes hay que superar los desafíos logísticos.